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“Amigo y consejero del rey”

La defensa de los privados en el Panegírico en epítome apologético de España

Alejandro García Gómez[1]

La naturaleza del Panegírico en epítome apologético de España

Este códice anónimo, inédito y poco conocido puede consultarse en la Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid y fue compuesto entre 1632 y 1634. Consiste en una compilación de un conjunto de escritos dedicados a defender la reputación de la Monarquía Hispánica.

Es una apasionada defensa de la historia, reputación y estatus de la Monarquía dentro de un contexto muy conflictivo: acababa de terminar la desastrosa, en clave española, Guerra de Mantua (1628-1631) y el gobierno de Olivares estaba también inmerso en la Guerra de los Treinta Años. Trata todo tipo de legitimaciones, desde la presencia de la Monarquía Católica en Italia hasta la conquista de América, destacando su papel como principal columna de la fe. Debido a su enconada defensa de la hegemonía hispánica en el país transalpino, choca frontalmente con autores italianos contrarios a la misma, especialmente con Giacomo Castellani, Traiano Boccalini y Alessandro Tassoni.

En el Panegírico destaca su gran animadversión hacia Venecia, una de las grandes rivales de la Monarquía en Italia debido a su vecindad en torno al norte de la Península y los conflictos que protagonizaron ambas potencias a principios del siglo XVII. Otra causa de este odio, prácticamente enfermizo, del panegirista hacia la República se debe a que uno de esos autores antiespañoles mencionados, Castellani, natural de la ciudad véneta de Treviso y conocido por sus traducciones de las obras de fray Bartolomé de Las Casas, fue una importante pluma glorificadora de la Serenísima. El responsable del Panegírico responderá una por una a sus acusaciones contra la Monarquía Hispánica.

El Panegírico en epítome apologético de España y su defensa a ultranza del valimiento

Una de esas reivindicaciones entronca directamente con el asunto que ocupa a esta ponencia: la defensa del valimiento, representada en aquel momento por el conde-duque de Olivares, privado de Felipe IV desde 1622.

¿Por qué realiza una defensa del valimiento? Lo hace por una frase de Giacomo Castellani en Avviso di Parnaso: “che i favoriti il più delle volte sogliono essere traditori”[2] (“que los privados la mayoría de las veces suelen ser traidores”). El autor proveneciano realiza esta afirmación al decir que el dux Enrico Dandolo, con ayuda de los franceses, había quitado del trono bizantino a Alejo III en el contexto de la Cuarta Cruzada. Justifica la acción porque Alejo había cegado, encerrado y quitado el poder a su hermano, el legítimo Isaac II, en 1195, con la ayuda de un favorito suyo. Esto provocó que el hijo de Isaac, Alejo, pidiera ayudara a Occidente, donde se estaba preparando una nueva Cruzada. Alejo convenció a venecianos, el marqués Bonifacio de Monferrato y el conde Balduino de Flandes para que la nueva expedición no tuviera como objetivo Tierra Santa y se dirigiera a Constantinopla para colocarle en el trono.

Sin embargo, el trevisano pasa por alto que Venecia quería controlar Bizancio. Ante la citada situación, Constantinopla se rindió fácilmente ante los atacantes, Alejo III huyó y Alejo IV fue proclamado co-emperador junto a su liberado y ciego padre Isaac II. A pesar de ello, surgieron problemas cuando venecianos y cruzados veían que no eran pagados por haber depuesto a Alejo III. Alejo IV no pudo hacer frente a los pagos y fue asesinado, siendo aclamado un pariente llamado Alejo V como nuevo emperador. De esta forma, los occidentales tuvieron la oportunidad para actuar y sometieron a la ciudad a un gran saqueo durante tres días en abril de 1204. Curiosamente el panegirista no se lo echó en cara a Venecia, seguramente por ser un Imperio no católico. Según Castellani, venecianos y franceses habían actuado justamente al quitar el trono a Isaac y al colocar a Balduino como nuevo emperador con la aprobación del papa Inocencio III, lo que no era verdad porque se quejó de que desviaran la expedición de los Santos Lugares y Egipto, como estaba previsto[3].

En un principio la crítica de Castellani no estaba dirigida directamente a la Monarquía, sino que tenía la intención de legitimar las posesiones levantinas venecianas, como Candía (Creta), ante la acusación de Quevedo en La República de Venecia llega al Parnaso (1617)[4] de que la Serenísima había usurpado territorios: Venecia solo quitó posesiones a los bizantinos de forma justa y en buena lid cuando habían estado en guerra abierta, no de forma traicionera.

De todas formas, el panegirista aprovechó aquella aseveración de Castellani para defender a Olivares y, por extensión, al valimiento en sí. Atacó a Venecia poniendo el ejemplo del noble veneciano Aloisio Gritti[5], de quien dice que fue privado del sultán Solimán el Magnífico y le llama traidor a su padre Andrea, dux entre 1523 y 1538, a su nación y a Dios. ¿Porque Gritti fuera un felón habían de serlo también todos los privados? Todo lo contrario, ya que son remedio de los males de los reyes. Para argumentarlo, se retrotrajo hasta el patriarca José en Egipto. ¿No fueron acaso privados de Dios David, Abraham y otros profetas del Antiguo Testamento? Como es habitual, el panegirista envolvió su obra con ejemplos bíblicos y tono providencialista para reforzar su discurso. También llegó a decir que los apóstoles eran los validos de Dios y a comparar a Olivares con San Juan, “privado de privados”[6]. Sigue con esta retórica: ¿no tiene acaso Dios favoritos iluminando a unos más que a otros, es decir, a los santos? Es una interesante comparación entre la política terrenal y el mundo celestial.

Por esta razón, tiene que haber una jerarquía en la Tierra, de monarcas, de nobles, de cortesanos, etc., como la hay en el cielo. Parece una legitimación sagrada de la figura del valido. Es un amigo con quien el rey puede comunicar y descansar, el ministro más próximo, el más leal, su confidente. Por supuesto, dentro de la confianza del rey también hay escalas. Aquí el autor coincide con otros juristas y escritores políticos del Barroco que justificaban que los reyes tenían derecho a elegir a las personas en que depositaban su confianza por cuestión de amistad[7]. Además, no hay que olvidar la importancia del conde-duque en la formación de Felipe IV. Ante la inmensidad de la labor real, el monarca debe ser ayudado por su privado, que, además, puede decirle cosas al rey que otros no se atreverían. Han de ser ingeniosos, prudentes, tolerantes, experimentados en negocios bélicos y políticos y bendecidos por la fortuna; son los tenientes del rey en caso de enfermedad o indisposición, etc.

Según el Panegírico, la institución del valimiento era, en definitiva, necesaria[8] para el buen gobierno, asó como mostró una visión muy jerarquizada del poder. El valimiento no surgió por indolencia de los reyes, como parte de la historiografía tradicional sobre el tema pontificó[9]. Esta interpretación simplista fue rechazada de plano por Tomás y Valiente en su clásica obra sobre el tema, ya que el Rey Planeta nunca se desentendió por completo del gobierno[10]. El famoso jurista e historiador sigue a Elliott para decir que si Felipe IV eligió a Olivares fue porque estaba convencido de que era el cortesano más adecuado para ejercer tal cargo por su capacidad de trabajo, energía, conocimientos humanísticos[11], etc.

A continuación, pasó a reivindicar a los validos y “ministros” de la Monarquía Hispánica. Todos habían sido valerosos y famosos como los reyes a los que habían servido. Por ejemplo, Álvaro de Luna no fue degollado por traidor, sino que fue víctima de las calumnias de sus enemigos. Según G. Eliszezynski, con Luna comenzó el debate en Castilla sobre la pertinencia de la figura del favorito y la mutabilidad de la Fortuna, que tan pronto encumbra como destroza. Autores como Juan de Mariana y Pedro de Ribadeneyra le tomaron como ejemplo de ello. Este segundo historiador en Tratado de la religion y virtudes que debe tener el Principe cristiano para gobernar y conservar sus estados (1595) también citó ejemplos bíblicos e históricos para explicar el desarrollo del valimiento, aunque no con una intención apologética como el panegirista. Ambos autores intentaron prevenir a los grandes políticos de que su poder era temporal y de que estaba en constante peligro[12]. Por otra parte, Rodrigo Calderón, el famoso “valido del valido” Lerma, favorito de Felipe III, no fue ejecutado por traidor, sino por soberbia y por cometer delitos comunes[13]. El marqués de Siete Iglesias era un nuevo Luna. El paralelismo entre ambos se escenificó en 1619 cuando Calderón fue encerrado en la misma prisión vallisoletana donde permaneció encarcelado el célebre condestable[14]. Según el panegirista, esto demuestra que el rey hace cumplir la ley, sea cual sea la condición del perjudicado. Se apresura a decir que Calderón no fue valido de Felipe III, sino de Lerma.

Sí que fue un traidor Antonio Pérez, el conocido secretario de Felipe II. Este personaje tuvo una gran importancia en la difusión de la “leyenda negra”, ya que atacó de forma personal al rey y a la Monarquía desde el exilio. Lo hizo por motivos políticos debido a su abrupta caída en desgracia después de su encarcelamiento y huida a Aragón, de donde pasará a las cortes de Inglaterra y Francia[15]. Es el único ministro hispánico de toda la historia al que Castellani puede calumniar. Como era de esperar, pasa a legitimar el hecho de que Olivares colocara en puestos de mucha responsabilidad a gente de su entorno, tanto familiares como personas de confianza, lo que le granjeó una enorme oposición dentro de los Grandes. No les concede sus puestos por ser tales, sino por sus méritos, ya que siempre se había mostrado recto y justo.

En definitiva, son innumerables las muestras de afección al régimen por parte del panegirista. Esto hace pensar que seguramente tuviera algún tipo de cargo al servicio de la Monarquía o de miembros destacados de ella, siguiendo el ejemplo de otros autores, como Juan Adam de la Parra o José de Pellicer, entre otros, que se estudiarán más adelante. Aquellos tuvieron el cometido de responder a Francia en la guerra de plumas que se desató entre las dos grandes potencias europeas de la época, que culminaría con la declaración de guerra de Luis XIII contra la Monarquía Hispánica en 1635[16]. Además, la coincidencia de los argumentos del panegirista con los de otras fuentes hacen pensar que se trata de un discurso (para)oficial dirigido desde el poder.

Otras legitimaciones contemporáneas de la privanza

A pesar de la intensidad de los elogios del panegirista al conde-duque, no fue el único autor de la época que utilizó términos similares a la hora de encumbrar la institución del valimiento.

Otro intento por defender a Olivares se encuentra en un escrito de Juan Antonio de Vera, conde de la Roca, embajador de Felipe IV en Venecia (1632-1642)[17], donde tuvo que lidiar con la tradicional animadversión véneta hacia la Monarquía. En su alegato, denominado Papel en defensa del conde duque respondiendo al antecedente con este titulo, la calunia que supone ocupa poco papel da satisfacion que concluye[18], Vera responde a un anónimo noble[19] que ataca furibundamente al conde-duque; le acusa de tener una ambición insaciable y provocar guerras en Italia; de haber tiranizado a la Monarquía y al rey; de provocar la oposición del papa y la opresión de príncipes italianos poco afectos; de colocar en los puestos de gobierno a hechuras y familiares, etc. El conde de la Roca, que formaba parte del entorno del valido desde su juventud, utiliza un método similar al que usa el panegirista para contrarrestar a Castellani: primero copia la diatriba y, después, la refuta.

Además, su defensa de la privanza guarda otras similitudes con el Panegírico. En primer lugar, no se debía dudar de la confianza que el rey depositaba en su valido porque es era su ministro más próximo; Olivares aparece como el mejor privado de los que ha habido en la historia; se elogian las juntas y los consejos, que no solo cuentan con allegados al conde-duque: se exalta a ministros de Felipe II, etc. Por último, en ambas fuentes el valido muestra una verdadera devoción por el monarca, pero no por conservar su poder.

Por estas cuestiones, la reivindicación del conde de la Roca guarda varios puntos en común con la del panegirista, aunque no llega a hacer una exaltación del valimiento tan exagerada. Sí lo hace fray José Laínez, predicador real de la corte de Felipe IV estudiado por Fernando Negredo. Este clérigo agustino descalzo empezó a formar parte de los círculos cortesanos olivaristas entre 1624 y 1625[20] y unos años después escribió una Apología al excelentísimo señor Conde Duque (Pamplona, 1631). En su tiempo tuvo fama de plagiador, ya que llegó a copiar El privado cristiano de su colega y predicador fray Pedro Maldonado. En él, Laínez pontificó sobre las virtudes del valido, su protector dentro de la corte: la presencia de un favorito real se justifica al establecer que los reyes tienen derecho a tener amigos y, por ende, favoritos. Al elegirlo se estaban cumpliendo las leyes divinas. Fue un defensor a ultranza del valimiento y de Olivares, incluso después de su caída en 1643. En su Josue esclarecido (1653) llegó a hacer, como el panegirista, una analogía entre rey-privado y Jesús-San Juan, al que consideraba el valido del Mesías. Como el misterioso autor, utiliza ejemplos bíblicos para legitimar una forma de gobierno[21]. Siguiendo a Negredo, esta práctica también la usó en El Daniel cortesano, siempre con la intención de legitimar al rey y las decisiones del valido.

Sin embargo, no todos los autores auriseculares fueron tan aduladores del sistema de privanza: choca frontalmente con otras figuras como fray Juan de Santamaría, férreo opositor del lermismo, que también se retrotrajo al patriarca José, en este caso como uno de los pocos favoritos que habían sido útiles porque la mayoría buscan su propio beneficio y no el del reino[22]. Según este tratadista franciscano, los ángeles de la guarda habían de ser los únicos consejeros del monarca, que debe ostentar toda la autoridad[23]. Como puede observarse, no existía unanimidad entre los tratadistas sobre la privanza. Quevedo, en su Política de Dios, opinaba que el valido nunca debería intentar gobernar a su señor, sino únicamente, aconsejarlo. Además, consideraba que Jesús no tenía favoritos, sino discípulos, por lo que los reyes debían seguir el mismo ejemplo (he aquí una sutil diferencia con el panegirista y Laínez).

Por otra parte, el famoso tratadista e historiador boloñés Virgilio Malvezzi, perteneciente al círculo de historiadores de Olivares[24], expresó su visión sobre el valimiento en sus Davide perseguitato (1634) y Rittrato del privato politico cristiano (1635), ambos dedicados a Felipe IV y contemporáneos al Panegírico. El autor consideraba que los validos no debían aspirar a sobrevivir políticamente a su señor[25]; que era difícilmente justificable que los reyes estuvieran apartados de la soberanía y que los privados otorgasen a sus parientes cargos y honores. No obstante, sí veía necesario que fuese el valido el arquitecto de la Monarquía, que comparó con una casa que era conveniente que su construcción fuera dirigida y coordinada por el favorito. Sin duda, en el caso hispánico, esta figura es el conde-duque. Era admirable por su plena dedicación al servicio del rey; por premiar con honores a aquellos que se lo merecen y no a miembros de su círculo; por su gestión de la guerra y de la paz; por anteponer el servicio a Dios a la razón de Estado, etc., es decir, todo un verdadero y virtuoso gobernante cristiano.

Conclusiones

A modo de conclusión, puede decirse que el panegirista va un paso más allá que la mayoría de los apologistas de la época en su justificación del valimiento. Como todo el Panegírico, la legitimación está llena de un tono providencialista, en la que se compara a Olivares con los mismísimos apóstoles, los privados de Dios.

Es una defensa a ultranza del hecho de que el rey concentrara buena parte del poder en una figura porque como amigo suyo era su confidente y su mejor servidor. Dejan entrever sus palabras que el valimiento tenía un origen divino. También es otro ejemplo de cómo se utilizaban ejemplos bíblicos e históricos para ilustrar el mundo contemporáneo, como enseñanza e instrumento político. Únicamente las obras del agustino fray José Laínez utilizaron términos y analogías comparables a las que usó el panegirista. Si bien, otros autores, como el conde de la Roca, salieron a defender a la institución cuando las críticas arreciaron: no se debe dudar de quien el rey ha elegido como su mejor amigo y consejero, el más grande que jamás había habido.

Asimismo, de las palabras del panegirista se desprende que no consideraba que la existencia de privados en la Monarquía conllevaba que se encontraba en una mala situación, sino todo lo contrario: el rey tenía derecho a tener un confidente por encima del resto que le ayudara en la titánica tarea de gobernar la inmensidad de sus territorios.

Al mismo tiempo, no parece que la defensa del panegirista se debiera a una reivindicación de la figura del valido contra la leyenda negra, sino que aprovecha las críticas de Castellani a los privados para expresar su apego a Olivares. Sí es cierto que sigue el mismo esquema que el resto del códice a la hora de atacar del trevisano para también reprender a Venecia.

Es, en definitiva, un interesante fragmento de la magna obra de la Biblioteca Lázaro Galdiano, que siguiendo el mismo esquema del resto del códice, defendió a una institución esencial de la monarquía de Felipe IV: el valimiento; y más concretamente, al poderoso Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde-duque de Olivares.


  1. Universidad Complutense de Madrid. Es contratado predoctoral de la Comunidad de Madrid en dicha institución. Está inscrito en el proyecto de investigación “Entre aristócratas y misioneros: saberes, circulación cultural y cosmopolitismo en los mundos ibéricos altomodernos (siglos XVI-XVII)”, con identificación PID2023-147204NB-I00 del Ministerio de Ciencia, Innovación e Universidades.
  2. CASTELLANI, G. (1621). Avviso di Parnaso, Antopoli, nella Stamperia Regia, p. 20.
  3. Véase, por ejemplo, PHILIPS, J. (2022). La Cuarta Cruzada y el Saqueo de Constantinopla, Barcelona, Ático de los Libros.
  4. Para el estudio de la polémica entre Castellani y Quevedo, a quien tradicionalmente se le ha atribuido la obra, véase CAPPELLI, F. (2011). “La República de Venecia… (1617) y el Castigo esemplare de’ calunniatori (1618): ¿una contienda político-literaria entre Francisco de Quevedo y Giacomo Castellani?”. Perinola, 15, pp. 37-55.
  5. Se trataba de Aloisio (Alvise o Luigi) Gritti, hijo ilegítimo del mencionado dux. Llegó a ser un comerciante y político relevante en la corte de Solimán el Magnífico por su amistad con el gran visir Ibrahim Pasha. BRAUDEL, F. (1986). Civiltà e imperi del Mediterraneo nell’età di Filippo II, Turín, Einaudi, Vol. II, p. 701. 
  6. Panegírico en epítome apologético de España. Biblioteca Fundación Lázaro Galdiano (BFLG). M 1- 3-15, p. 265.
  7. TOMÁS Y VALIENTE, F. (1990). Los validos en la Monarquía española del siglo XVII, Madrid, Siglo XXI, pp. 64-65.
  8. Panegírico en epítome apologético de España, p. 267.
  9. FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. (1979). España y los españoles en los tiempos modernos, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, p. 379.
  10. TOMÁS Y VALIENTE, 1990, pp. 32-36.
  11. ELLIOTT, J. (2013). La rebelión de los catalanes: un estudio de la decadencia de España, Madrid, Siglo XXI, pp. 173-175.
  12. MROZEK ELISZEZYNSKI, G. (2016). “From the Bible to Álvaro de Luna. Historical antecedents and political models in the debate on the Valimiento in Spain (1539-1625)”. Mediterránea, 23, pp. 65-67.
  13. Hombre de confianza de Lerma, cuya caída le arrastró. Con la llegada al trono de Felipe IV fue condenado a muerte y ejecutado en la Plaza Mayor de Madrid en octubre de 1621 tras ser acusado de corrupción; de haber participado en el gobierno sin tener los oficios necesarios; de aprovecharse de la confianza de Lerma para enriquecerse; de intentar embrujar al confesor real fray Luis de Aliaga, al duque de Uceda y al Príncipe de Asturias, etc. En el cadalso mostró una entereza que se convirtió en proverbial. Como en el caso de Luna, su ascenso al abrigo del valido provocó mucha oposición en la corte. Una de sus principales detractoras era la mismísima reina Margarita por su presencia en la Cámara real. Véase MARTÍNEZ HERNÁNDEZ, S. (2009). Rodrigo Calderón, la sombra del valido. Privanza, favor y corrupción en la corte de Felipe III, Madrid, Marcial Pons.
  14. MROZEK, 2016, p. 74.
  15. BOER, H. DEN (2015). “Expatriados españoles y leyenda negra”. En: Y. RODRÍGUEZ PÉREZ, A. SÁNCHEZ JIMÉNEZ y H. DEN BOER (Coords.), España ante sus críticos: las claves de la leyenda negra, Madrid-Frankfurt, Iberoamericana-Vervuert, 255-268.
  16. Para este fenómeno es imprescindible la lectura de JOVER ZAMORA, J. Mª. (1949). 1635: historia de una polémica y semblanza de una generación, Madrid, CSIC Instituto Jerónimo Zurita.
  17. Véase, por ejemplo, el estudio biográfico sobre el conde de FERNÁNDEZ-DAZA ÁLVAREZ, C. (1994). Juan Antonio de Vera, I Conde de la Roca (1583-1658), Badajoz, Departamento de Publicaciones, Diputación Provincial; así como los estudios de María Concepción Gutiérrez Redondo, acerca de la recepción europea de su famosa obra El Embaxador, entre los que destaca: GUTIÉRREZ REDONDO, Mª C. (2022). “Una Bibliografía Política para Le Parfait Ambassadeur (1635)”. En: A.P. TORRES MEGIANI y M. MIRANDA (Orgs.), Cultura política e artes de governar na época moderna. Séculos XVI-XVIII, Oporto, Cravo, 223-236.
  18. Papel en defensa del conde duque respondiendo al antecedente con este titulo, la calunia que supone ocupa poco papel da satisfacion que concluye. Biblioteca de Castilla-La Mancha (BCLM). Papeles Varios T. 29. fols 470r. – 501v. Existe otra versión que atribuye la defensa al conde de la Roca: D. Juan Antonio de Vera y Zúñiga […]. Responde a un memorial divulgado contra el conde duque en Fragmentos históricos de la Monarquía de España: sucesos en la privanza del Conde Duque de Olivares Don Gaspar de Guzmán. Biblioteca Nacional de España (BNE). Mss. 23001. fols. 90r. – 106v.
  19. Papel que se dio al señor rey Phelipe Quarto por () de 1626. Contra el (conde) duque de Olivares, 1626. Biblioteca de Castilla-La Mancha (BCLM). Papeles Varios T. 29. fols. 456 r. – 459 v. Es atribuido al conde de Salinas en DADSON, T. J. (1987). “Un memorial inédito del Conde de Salinas en contra de la política del Conde-Duque de Olivares”. Hispania: Revista española de historia, 165, pp. 343-348.
  20. NEGREDO DEL CERRO, F. (2001). Política e iglesia: los predicadores de Felipe IV, tesis doctoral, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, p. 250.
  21. NEGREDO, 2001, p. 260.
  22. MROZEK, 2016, p. 72.
  23. GALEANO CARRETERO, R. (2021). El ángel y el valido. Angeología política en la Monarquía hispánica (1580-1635), Gerona, Documenta Universitaria.
  24. KAGAN, R. (2010). Los cronistas y la Corona. la política de la historia en España en las edades media y moderna, Madrid, Centro de Estudios Europa Hispánica y Marcial Pons Historia.
  25. BENIGNO, F. (2020). “Costruire la figura del valido: il Ritratto di Virgilio Malvezzi”. Cuadernos de Historia Moderna, 45 (2), p. 650.


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