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Entre lo público y lo privado

Las epístolas como un modo de reflejar servicios y relacionarse con el poder

María Isabel Becerra[1]

Introducción

La importancia de las epístolas en la Edad Moderna permite a algunos autores a describir la época como un mundo de cartas. Para Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana y española (1674) se puede definir a las cartas como: “la mensajería que se embía al ausente por escrito”. Este riquísimo corpus es estudiado desde la perspectiva de la Historia social de la cultura escrita y permite conocer circunstancias históricas, personalidades, costumbres y usos sociales.

Esta corriente historiográfica se enmarca en la renovación propuesta por Annales, a partir de una mirada de lo social teniendo en cuenta individuos (micro) pero pertenecientes a diferentes espacios de sociabilidad y contextos (macro). Líneas de investigación que se complementan con los estudios paleográficos de Armando Petruci, quien renueva la metodología al tener en cuenta no solo las habilidades necesarias para comprender la grafía antigua sino también su contexto social.

El tema ha tenido un importante desarrollo bibliográfico a partir de los estudios sobre lectores y escrituras de Roger Chartier y sobre el género epistolar específicamente como los de Antonio Castillo Gómez, Verónica Sierra Blas, Carmen Serrano Sánchez, Pedro Cátedra y Fernando Bouza por citar algunos.

Nos interesa en este trabajo un modo particular que tiene que ver con las epístolas intercambiadas con el poder. En este sentido hemos analizado el Epistolario del humanista valenciano Honorato Juan, muy cercano de la corte de Carlos I y Felipe II.

Desarrollo

La comunicación siempre ha sido clave para el ejercicio del poder en todas las épocas, en el caso de la España del Antiguo Régimen fueron las cartas las encargadas de informar y, en eso agradecemos los historiadores, de registrar esas noticias. Vamos a estudiar el caso de la familia Juan de Valencia, específicamente los epistolarios de Honorato Juan quien dejó un importante número de cartas intercambiadas con diferentes autoridades, desde el Papa y los reyes, como con otras dignidades de la época que le concernió vivir.

Al considerar el poder de las cartas, observamos su capacidad de hacer presente al ausente como también ser un medio para lograr una imagen o estatus a partir de las noticias de los servicios prestados. No podemos dejar de pensar en el aparato burocrático español que crecía en esa época y se servía de los escritos para mantener la comunicación e informarse de lugares lejanos.

Ese tipo de cartas tenían su estilo y formulario, un modo particular de tratar a las autoridades que demuestra que fue una práctica social y un instrumento político. Por esto interviene el poder tanto en su normativa[2] como en su circulación.

Una vida cercana a los reyes

Honorato Juan fue un destacado humanista, muy cercano a Carlos V y a Felipe II. Como maestro, se ganó la confianza y el cariño del conflictivo Príncipe Juan, heredero del rey “prudente”. Su familia se había destacado en diferentes servicios en el Reino de Valencia por lo que nació en un hogar dedicado a las armas y el gobierno.

Poco se sabe de sus primeros años de vida, los datos más ciertos son recién cuando viaja a Lovaina en 1522 para completar sus estudios humanísticos junto a Erasmo y bajo la custodia de Luis Vives. El famoso humanista, valenciano como él, era una de las figuras más destacadas, formado en el pensamiento del príncipe de los humanistas. La fama de Vives y Erasmo no solo respondía a cuestiones intelectuales sino también por su cercanía a la Corte del emperador. Esto le valió entrar al servicio de los reyes, en ese círculo de amigos también se encontraba Diego Gracián quien escribió sobre Honorato Juan, su compañero de estudio lo siguiente:

Varón prudente u señalado en virtudes, en ciencia y doctrina, como saben los que le conocen y conversan e yo entre muchos años a esta parte, desde aquel tiempo que juntamente estudiamos en la Universidad de Lovaina en Flandes[3].

Destacamos por otra parte su amistad con Reginaldo Pole, Juan Estrany y Juan de Borja. Quien también demostró su admiración por Honorato Juan fue Lucio Marineo Sículo quien en 1530 escribió: “Más a estos dos varones que hemos nombrado, Honorato Juan, mancebo muy noble, con grande estudio de día y de noche trabaja, seguíalos y si fuese posible alcancarlos”[4].

Hacia 1530 lo encontramos sirviendo en el ejército, gracias a estos servicios obtuvo el título de Gentilhombre hasta llegar a ser integrante del Consejo del Emperador. Luego vuelve a Valencia por la muerte de su padre, para hacerse cargo de la herencia. De regreso en sus tierras se dedica la tarea intelectual de mejorar los estudios humanísticos, especialmente del latín al que se critica mucho. Luis Vives le escribe la siguiente carta, muestra de su amistad:

Desde que te marchaste de aquí recibí dos cartas tuyas, la primera escrita en Paris, la segunda desde nuestra común patria, cuya vista te envidiaría. ¿Qué has hecho en Paris y como te has divertido? Pienso que estarás preocupado de lleno por la idea de tomar esposa. Por favor querido Honorato ten en cuenta no el dinero ni el deleite fugaz sino la buena reputación que te hará feliz en esta vida y en la otra. No antepongas lo efímero a lo duradero […][5].

Es un momento conflictivo desde el punto de vista intelectual, por la influencia y luego rechazo del erasmismo en España, cuyas ideas se mezclaron con los problemas iniciados con la Reforma luterana, causando la condena de sus ideas en España[6]. Como consecuencia, con el tiempo se consolidó un grupo anti erasmista en Valencia en el que los documentos sitúan a Honorato Juan.

[…] desconocemos el momento en el que se inicia su proceso que le coincidirá a integrarse en aquella facción de pensadores y teólogos que detectan en la obra de Erasmo la semilla de lo ambiguo y la herejía y que por ello se van a convertir en detractores [7].

Comienza su servicio a la corona como militar acompañando a Carlos V en la expedición a Argel. Al terminar la expedición forma parte del grupo de los maestros de Felipe II en 1541. ¿Por qué Carlos V lo convocó? En primer lugar, por su fama como humanista y militar, pero también se ve la necesidad de pensar en alguien que incorpore la influencia del Humanismo del Norte de Europa, distanciándose de la sospechosa influencia de Erasmo y los erasmistas. Consta en los documentos que ya reside en la corte en forma permanente. Por su posición resultan interesantes las cartas que recibe y que le piden información sobre el rey y la corte, por ejemplo, Juan Ginés de Sepúlveda le escribe:

[…] Estoy muy interesado en conocer las actividades actuales del emperador Carlos. Si está empeñado en alguna guerra, bien sé que no le arredran las dificultades que siempre afronta a pesar de la crudeza del tiempo invernal, o si más bien se ha retirado con sus tropas a los cuarteles de invierno. […] También quiero estar informado sobre la vida del príncipe Felipe […][8].

Intenta acrecentar su posición solicitando la Orden de Santiago al Emperador quien asumirá una política de dilación, a pesar de los reiterados pedidos por ejemplo el que consta en la carta del alcalde de Valladolid al Emperador en 1545:

Aunque su Magestad remita para más adelante lo de los ábitos, no puedo dexar de supplicar a Vuestra Magestad se resuelva el de Onorato Juan, pues vuestra Magestad ha hecho a otra semejante merced, que él es tal persona que merece que se le haga en particular. Y yo la rescebiré en ello d Vuestra Magestad[9].

Como no hay mención al asunto con posterioridad, suponemos que la gracia no la obtuvo, de todas maneras, recibe las siguientes mercedes: Escribanía de la Justicia Civil y Militar de la ciudad de Alicante. Queda registrado en una carta del rey el mandato:

Al Ilustrísimo duque don Fernando de Aragón,

nuestro muy caro y muy amado primo,

lugarteniente y capitán general de su Magestad en el Reyno de Valencia
El príncipe Ilustrísimo duque, nuestro muy caro y amado primo, lugarteniente y capitán general con el privilegio que con esta os será presentado veréis como havemos hecho merced a Honorato Juan, gentilhombre de su Magestad, de la escribanía de la Corte Civil y criminal de la ciudad de Alicante (…)[10].

Otra carta de un amigo de las épocas del viaje a Italia, es la de Juan Poggio en la que se piden más reconocimiento a Honorato Juan. En las cartas no solo se pide por mercedes para Honorato Juan, sino que se lo utiliza como intercesor ante el rey por la cercanía con este. La condesa de Oliva envía en 1552 una carta al rey Felipe II donde informa sobre el casamiento de su hijo y a la vez pide:

Por donde, humildemente, suplico a Vuestra alteza que, acordándose desto y de mi soledad, me haga las mercedes que de sus reales manos confío, mandando dar crédito a Honorato Joan en lo demás que de mi parte dirá a Vuestra alteza[11].

Llegamos a la etapa en que, ya terminada la educación de Felipe, Honorato Juan permanece en la corte a la espera de un nuevo cargo. La oportunidad se presenta al marcharse Felipe Inglaterra para desposar a María Tudor. Queda su primer hijo, don Carlos huérfano de madre. De ahí la importancia de quien se ha de ocupar de su educación. Es llamado quien más confianza despierta en el rey, por su propia experiencia. En una carta de 1554, el mismo príncipe Felipe le encomienda el cargo:

Amado nuestro Onorato Juan,

Maestro del Infante Don Carlos,

Nuestro muy caro y amado hijo El Príncipe

Amado nuestro, por lo que tengo conocido de vuestra bondad y letras del tiempo que habéis estado en servicio del Emperador, mi señor, y mío os he escogido para maestro del Infante Don Carlos, mi hijo, como os lo dirá don Antonio de Roxas. Yo os encargo mucho que travajeis de sacarle tan aprovechado en virtud y letras, como lo deveis a la gran confianza que yo de vos he hecho en nombraros para cargo de tanta importancia. De la Coruña a III de julio de 1554[12].

El maestro tiene un ambicioso plan para la educación del príncipe que se resume en el siguiente poema de Arias Montano dedicado a Honorato:

Y en impulsos perfectos

Repita con las obras los preceptos

Que agora, o docto Joan, están labrando,

Tus sutilezas en su pecho blando

Donde tu acierto con saber profundo

Forjando agora un rey, compone un mundo[13].

Utiliza fábulas conocidas o inventadas para motivar los buenos ejemplos. Considera fundamental el conocimiento de la Historia, el arte de polemizar y discutir, así como el arte de la guerra. Él se dirigía al rey solo para referirse a los estudios, el resto de los temas que tenían que ver con el príncipe los comunicaba a Don Antonio Rojas.

La primera tarea del maestro es conocer a su discípulo para identificar sus dotes naturales y así promoverlos, cuidando de educar en el bien y la virtud. Honorato envía cartas al rey, que conocemos por las respuestas de este. Por ejemplo, en 1556 envía una carta informe al rey y este le contesta con alegría: “holgué las nuevas que me dais de los estudios del príncipe, mi hijo y de lo bien que aprovecha, que no había cosa que me pudiese dar mayor contentamiento que ver, que del trabajo que tomáis, sale el fruto que yo deseo”[14].

Desde 1557, las cartas empiezan a ser menos entusiastas por la falta de atención del príncipe en el estudio. También el carácter es díscolo, con este joven se encuentra el emperador Carlos a su vuelta después de abdicar, y la impresión no pude ser peor: de aspecto extraño, precipitado, dado a la cólera y la crueldad. Una nueva carta informa sobre esta situación:

[…] yo hago en sus estudios lo que puedo y hasta más de lo que otros maestros quizás hicieran y con arto trabajo. Pésame que no aproveche tanto este como yo deseo… Pésame en el alma que el aprovechamiento de su alteza no sea al respecto como cuando comenzó y fue los primeros años, que fue el que aquí vieron todos y allá entendió Vuestra Majestad[15].

Es un período triste y complicado, que llega a su cenit en 1560 cuando es jurado como heredero en las Cortes en Castilla. Allí realizo diversas manifestaciones que pusieron en alerta sobre su estado. El rey decide enviarlo a Alcalá a donde partirá también su maestro, quien observa como cada vez más se va acentuando su enfermedad.

Hacia 1563 empiezan las tratativas para que Honorato Juan sea nombrado Obispo de El Burgo de Osma, aunque todavía sigue junto al príncipe. Al ser nombrado Obispo tenía que renunciar a sus oficios civiles, esta época queda reflejada en las cartas que intercambia con Ruy Gómez da Silva.

Finalmente, al rey no le queda otra que quitar a su hijo Carlos de la línea sucesoria y la tarea del maestro se da por finalizada.

Un humanista multifacético

No hay que olvidar sus escritos y cartas en los que se plasma sus inquietudes intelectuales, uno de sus interlocutores es Jerónimo Zurita. Cuando este publica sus Anales de la corona de Aragón el rey pide una opinión a Honorato.

Como funcionario se encargó de La Ceca o casa de la Moneda, institución medieval que desde 1552 fue puesta al mando de Honrato Juan hasta 1564, aunque en realidad según los documentos el verdadero regente de la casa de la Moneda fue Gaspar Juan. Es interesante que las monedas acuñadas bajo el mandato de los Juan llevan los emblemas familiares el águila o las siglas de su nombre: OJ. Queda registro de una serie de conflictos con otras instituciones de gobierno y del traslado de la Ceca al domicilio de Gaspar Juan.

Una vez terminadas sus responsabilidades en la Corte finalmente fue consagrado como Obispo de Osma, con sede en El Burgo y pertenece a la provincia eclesiástica de Toledo. Pensemos que la figura del Obispo era fundamental tanto en la Iglesia pos tridentina como para el rey quien heredaba el regio Patronato y tenía la enorme responsabilidad de proponer los nombres de los futuros obispos. Para Honorato Juan, además de representar una cierta renta monetaria, el Obispado era importante porque era cede del Colegio Universidad Santa Catalina, estudiándose en él fundamentalmente Gramática, Dialéctica, Cánones y teología. La formación y capacidad del humanista y maestro son puestos al servicio de este Colegio.

En diferentes ocasiones y a pesar de tener ya otras responsabilidades fue convocado a la corte, cuando se originaba alguna crisis del príncipe Carlos que provocaba duras riñas con su padre. Al reencontrarse es recibido con cariño y demostraciones de afecto por parte del príncipe, a continuación, el antiguo maestro logra convencer al príncipe de que pida perdón a su padre y se reconcilien.

Finalmente vuelve a su obispado para recibir los Breves del 4 y 6 de marzo de 1564, por la que el Papa autoriza a tomar posesión del cargo. Una vez en el cargo se produce un conflicto por un decreto de Felipe II sobre la aplicación de Trento y el llamado a concilios en las provincias eclesiásticas. Todo esto provoca mucho revuelo y se plasma en una carta el parecer del Obispo Honorato Juan:

Cesarea Magestad, La carta que Vuestra Magestad me mando a escrivir cerca de los agravios que los cabildos de las Iglesias pretenden tener de algunos decretos del Concilio Provincial de Toledo […] digo que me an parecido muy bien los dichos apuntamientos y dignos de ser aprobados […] de Madrid 6 de julio de 1567[16].

Durante su obispado nunca se desentendió del problema del príncipe. Pero desde 1566 su salud se va afectando por lo que pide licencia para retirarse a Jaraiz de la Vega. Su último documento fue el Codicilo de 1566 en el que hizo Testamento, según el modelo cristiano y sobrenatural de su estado y fe. En julio muere de causa desconocida, muchos de sus bienes fueron heredados por el príncipe Carlos quien muere poco después en 1568, pasan a propiedad del rey y finalmente forman parte de los libros y anticuarios que llegan a San Lorenzo del Escorial.

Conclusiones

Mediante el estudio de las epístolas de Honorato Juan y sus interlocutores, desde el rey hasta funcionarios menores, hemos comprobado un registro sobre los intereses y funciones de los protagonistas. De esta manera hemos realizado un recorrido por los hitos más importantes de su vida y como telón de fondo de los intereses y problemas públicos y privados que tan solo las cartas personales permiten reflejar. De esta forma hemos podido demostrar el valor de este tipo de comunicación tan propia de la Edad Moderna, como un modo de presentarse frente a las autoridades para rendir cuenta de los oficios y responsabilidades. El interés de crear una imagen de funcionario leal a partir de las noticias que se envían en forma escrita ha quedado plasmado en este trabajo que se propone continuar con la figura un sobrino Antonio Juan de Centelles, quien recopila las cartas de su famoso tío para demostrar los servicios prestados como argumento para aspirar a otras funciones en el gobierno en el siglo XVII.


  1. Universidad Nacional de Cuyo.
  2. Es riquísimo el corpus de Manuales y Protocolos sobre la escritura de cartas en la Edad Moderna, se puede consultar Bouza F. (2022) “Un gobierno en cartas: la correspondencia entre información, despacho y memoria en los siglos XI y XVII”. Hipogrifo, pp. 241-259. Castillo Gómez, A.; Sierra Blas V. (ed.) (2014) Cinco siglos de cartas: Historia y prácticas epistolares en la época moderna y contemporánea. Huelva, Universidad de Huelva. Adámez-Castro G. “Las cartas al poder. Definición y evolución de una práctica epistolar (siglos XVI al XX)” Historia Social 38 (enero- junio de 2020) pp. 46-70. Serrano Sánchez C. (2008) Los Manuales epistolares en la España Moderna (siglos XVI- XVII). Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá.
  3. SANCHÍS MORENO F. J. (2002) Honorato Juan: vida y recuerdo de un maestro de príncipes. Valencia, Biblioteca Valenciana, p. 48
  4. SANCHÍS MORENO F. J. 2002, p. 52.
  5. SANCHÍS Moreno, 2002, p. 299
  6. Para este tema BATAILLON, M. (1956) Erasmo y España. México, Fondo de Cultura Económica.
  7. SANCHÍS MORENO, F. J. 2002, p. 60.
  8. SANCHÍS MORENO, F. J. 2002, p. 301.
  9. SANCHÍS MORENO, F. J. 2002, p. 142.
  10. SANCHÍS MORENO, F. J. 2002, p. 303.
  11. SANCHÍS MORENO, F. J. 2002, p. 145.
  12. SANCHÍS MORENO F. J. 2002, p. 305.
  13. SANCHÍS MORENO F. J. 2002, p. 162.
  14. SANCHÍS MORENO, F. J. 2002, p. 171.
  15. SANCHÍS MORENO, F. J. 2002, p. 182.
  16. SANCHÍS MORENO, F. J., 2002, p. 377.


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