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La derrota negada de Mostaganem
del 26 de agosto de 1558

Bernard Vincent[1]

Los enfrentamientos entre el Islam y la Cristiandad en el mundo mediterráneo en los siglos XV y XVI son bien conocidos. Desde la toma de Ceuta en 1415, portugueses y españoles intentaron continuamente controlar plazas del Magreb y del Machrek hasta los años 1510. Entre las principales están de un lado Mazagán y Safi y del otro Orán, Mazalquivir y Bugía. Más tarde ocurrieron grandes expediciones que provocaron grandes batallas, en Túnez en 1535, delante de Argel en 1541, en los Gelves en 1560, en Malta en 1565, en la Goleta en 1573 y 1574, en Ksar el Kebir (batalla de los Tres Reyes) en 1578. Para cada una de ellas disponemos de sólidos estudios. Sin embargo, queda otro acontecimiento fundamental: la batalla de Mostaganem de 1558 que ha sido extrañamente olvidada. Me gustaría aquí intentar cubrir esta laguna.

Es necesario remontarse a los años 1530 y más concretamente en 1534 cuando fue nombrado gobernador de las plazas de Orán y Mazalquivir y reino de Tremecén y Ténez Martín Alfonso de Córdoba Montemayor y Velasco, conde de Alcaudete. Es interesante subrayar lo que revela el título completo del gobernador: la ambición de conquistar una parte importante del territorio del reino de Tremecén que pertenecía entonces a la dinastía de los zayanes. Pero el reino, que correspondía a la zona central del Norte de África, suscitaba también la envidia de los otomanos representados por los hermanos Barbarroja que habían conquistado Argel en 1516 y la de los saadíes que se hicieron definitivamente dueños de Fez en 1554. Mientras los españoles se apoderaron provisionalmente de Tremecén en 1543, los marroquíes la ocuparon en 1550 y los turcos, después de un primer intento en 1517, instalaron una guarnición permanente en 1555.

Mostaganem, situada a unos 90 kilómetros al este de Orán, era un puerto importante del reino de Tremecén que los turcos utilizaban a menudo. El conde de Alcaudete intentó dos veces, en 1541 y 1547, tomar la plaza, pero fue en vano. Sin embargo, el gobernador no abandonó su proyecto y cuando el berleybey de Argel, Salah Rais, conquistó Bugía el 28 de septiembre de 1555, fomentó recuperarla y hacerse dueño de Argel.

Alcaudete y Salah Rais prepararon su campaña. El argelino quiso tomar Orán pero murió de forma repentina, víctima de la peste. Su sucesor, Hasán Pasha, se retiró de las afueras del presidio español en agosto de 1556. Mientras el conde de Alcaudete intentaba convencer a la princesa Juana de Portugal, hermana de Felipe II y regente de España, de emprender una gran expedición reclutando miles de solados y buscaba el concurso del sultán marroquí y de tribus de alárabes del Magreb. Ya en 1555 el gobernador de Orán había mandado emisarios a Fez para negociar con el jerife Sadi Muhammad al-Sayi con el fin de expulsar los otomanos del Norte de África. Pero el sultán de Marruecos había sido asesinado por soldados turcos infiltrados en su ejército. Los argelinos invadieron el territorio de los saadíes y tras una batalla a la orilla del Wadi al-Laban, no lejos de Fez, tuvieron que retirarse en abril 1558. Sin embargo, no hubo alianza entre marroquíes y españoles.

Alcaudete llegó en agosto de 1557 a Valladolid y encontró también muchas dificultades para conseguir la autorización de Juana de Portugal y del Consejo de Castilla para levantar tropas. Si Juan de Vega, presidente del Consejo era favorable, Luis Hurtado de Mendoza se oponía. Finalmente, el reclutamiento pudo hacerse durante la primavera de 1558. Se enrolaron muchos andaluces, manchegos y castellanos. Los valencianos fueron excluidos porque la epidemia de peste cundía en su reino. Alcaudete se embarcó en Cartagena con 6.000 hombres y llegó a Orán el 6 de julio de 1558. El 23 del mismo mes llegaron otros 5.000 soldados provenientes de Málaga.

El gobernador emprendió hacia el sur una expedición destinada a conseguir el apoyo de las tribus “de paz” locales. La empresa no dio grandes resultados y agotó a los soldados expuestos a calores extremos. El comisario real Francisco de Benavides aconsejó renunciar a este intento pero Alcaudete no le escuchó y el 14 de agosto dio la orden de salida hacia Mostaganem. Entre 11 y 12 mil hombres –unos 10.000 voluntarios venidos de España más unos mil doscientos miembros de la guarnición de Orán– se pusieron en marcha con víveres para seis días. Parte del material y del avituallamiento fue transportado por barcos hasta el campo del asedio de Mostaganem.

El ataque contra Mostaganem se saldó en una tremenda catástrofe, producto según Miguel Ángel de Bunes y Mercedes García-Arenal de la desorganización, de la falta de una flota, del estado lamentable de los presidios y sus tropas y, en última instancia, de la falta de apoyo y del desinterés de la Corona. Y podemos añadir, de la ceguera del Conde de Alcaudete, incapaz de escuchar consejos y de analizar la situación. Disponemos al respecto del excelente testimonio de soldados, así el del asturiano Diego Suárez Montañes cuya Historia del Maestre último que fue de Montesa cuenta la historia de Orán durante el siglo XVI. Escribe

Donde (Mostaganem) le desbarataron (los moros y turcos) en torpe huida y desorden, un viernes, a veintiséis de agosto del dicho año mil quinientos cincuenta y ocho, con la muerte del mismo conde y la mayor parte de su ejército, y el demás, cautivo, con su hijo don Martín, de quien no quiso tomar el conde el parecer que le dio y más convenía.

Suárez añade

Empero el conde, su padre, siguió otros pareceres de pusilánimos capitanes que le aconsejaron a contrario, con que le quitaron la vida y a todo su ejército de doce mil hombres españoles que así llevó, porfiando con su Mostagán donde le llamaba la muerte. En que es cierto que no le sucediera tan mal la jornada si siquiera al parecer del hijo que, aunque mozo de poca edad, era prudentísimo soldado, experimentado en la guerra de aquel reino con moros y turcos, y en todo más astuto y plático que el conde, su padre, en cuyas ausencias hasta en este año había él tenido casi en todos a cargo el gobierno de Orán y su reino[2].

El segundo testimonio es el del solado Diego Cruzado preso durante 4 años en Fez después de la contienda. Describe al Conde “hombre alto, belicoso, soberbio, amigo de su parecer, y codicioso, y ambicioso; parecíole que el solo bastaba para ganar toda la tierra; era cruel, y para la edad que tenía era suelto y se manejaba bien”. Al final de su largo alegato, Cruzado establece el catálogo de los errores del Conde,

traer los soldados por montañas en que ‘la gente se gastó’; no proveer bien de lo necesario el comer; no buscar alárabes con bueyes que le tirasen el artillería; no arremeter a Mostaganem luego cuando llegó; no dar la gente que le pedía su hijo; no tener espías para saber lo que pasaba en Argel; no ir sobre el Rey de Argel; no enclavar parte de su artillería[3].

De hecho, los víveres escaseaban y los barcos tuvieron que afrontar un mar revuelto y a las galeras turcas. Hasan Pacha que había llegado de Argel en cinco días con 10.000 hombres podía contar con el apoyo de 3.000 hombres en Mostaganem y de socorros preparados en Tremecén. Después de un primer choque favorable a los españoles que Alcaudete no supo aprovechar se supo que los barcos españoles habían sido presa de los turcos. El conde ordenó una desordenada retirada. Los argelinos persiguieron y cautivaron a los huidos y mataron a los heridos abandonados. Centenares de soldados murieron a consecuencia de la explosión de barriles de pólvora. El conde de Alcaudete murió aplastado por su caballo y su hijo, Martín, que dirigía la retaguardia, fue herido, capturado y llevado a Argel como miles de soldados que se habían rendido el 26 de agosto.[4] El 30, dos caballeros moros llevaron a Orán el cuerpo del conde, devolviéndolo a cambio de 2.000 ducados. Martín fue rescatado por su hermano mayor, Alonso, nuevo conde de Alcaudete y gobernador de Orán, a finales de 1561 por una cantidad superior a 23.000 ducados.

La nueva de la catástrofe no tardó en estar conocida. El contador de Orán, Juan Bautista de Cepeda, escribe el 29 de agosto “de la gente que salió de Orán con el señor Conde no escapó nadie que hasta hoy lunes 29 de agosto a la una del día no ha llegado nadie” y precisa “serían cantidad los que de Orán salieron con el Señor Conde 9.000 hombres antes más que menos… y quedaron en Orán 4 Banderas de gente con hasta 200 hombres estos de Orán de la gente nueva y vieja y de las banderas que vinieron de España quedarían de pérdidas y gente ruin 800 hombres todos enfermos, y sin armas y los más picaros…”.[5] El mismo día, 29 de agosto, él que hacía función de gobernador de Orán, Rodrigo Clavijo, indica la inminencia del peligro

estuvieron todo el día en esta baya quatro galeotas de turcos la noche pasada. Han llegado acerca de esta ciudad muy gran cantidad de alarabes de pie y de cavallo y algunos se han desvergonçado a llegarse hasta el agua y rompieron las acequias de los molinos y esto causa no thener aquí gente de cavallo ninguna para poderselo resistir y con todo esto saque una compañía de arcabuceros y fuy en persona a echar de la fuente a los moros y hanse pasado la mayor parte dellos a la sierra para quitarnos la leña con que se provee esta ciudad y los hornos donde se cuece el pan que es la mayor falta que podemos tener porque las huertas quedaron taladas quando los turcos sitiaron esta ciudad[6].

Todavía el 29 de agosto el proveedor y pagador de las plazas de Orán y Mazalquivir, Cristóbal Rejón de Silva, da cuenta de su gestión. Empieza diciendo

por los del gobernador entera Vuestra Alteza el triste suceso que dios nuestro señor a sido servido dar al conde y a toda su gente pues en breves palabras no quedó hombre de todos ellos que no fue muerto o herido y de los muertos lo cupo la suerte al dicho conde y pues es así que en esta ciudad quedo poca gente y esa flaca y no expertos en la guerra y es de creer que el turco seguirá nuestra desaventura pues hallo municiones en Mostagan y el trae buen poder de gente pues pudo lo que vemos. Conviene vuestra alteza mande socorrer esta frontera con toda brevedad pues esta en tan evidente peligro.

Y termina Rejón de Silva insistiendo: “nos ponemos en orden lo mejor que pudieremos pues es razón esperando hasta la muerte a todo que sucediese. Don Martin de Córdoba esta preso”[7].

Pero finalmente Hasan Pacha renunció a asediar Orán. En una carta a Francisco de Ledesma, secretario del consejo de Guerra, mandada el 3 de septiembre de 1558, Francisco de Benavides escribe

ayer se tuvo nueva aquí de la vuelta del rey de Argel a Argel con todo su campo y hoy se ha confirmado con la venida de otros dos cautivos que han llegado y nunca creí que fuera el Rey tan loco ni tan mal aconsexado que habiendole dado nuestro señor tan grande victoria por nuestros pecados y credito con estos moros y alarabes de Berbería aventurase a perdello en ninguna cosa que tan dudosa podía tener que en tomar esta ciudad por mas desprovida y sin gente que quedase…[8]

A continuación, se toman medidas para defender Orán y abastecerla. Por Real Cédula del 13 de septiembre de 1558 se nombra a Iñigo López de Mendoza capitán general de una nueva expedición. La continuidad del cargo de gobernador en Orán fue asegurada con Alonso, el hijo mayor de Martín Alfonso, que lo ostentó hasta 1564. Le sucedió durante un año como interino su primo Andrés Ponce de León.

Mientras la ciudad de Orán reclamaba refuerzos y dineros, la mayoría de los cautivos fueron llevados a Argel y otros a Tremecén, Tetuán, Fez o al Peñón de Vélez de la Gomera. Casi todos eran personas modestas que habían sido seducidos por las posibles ganancias. Numerosos eran marineros y familias enteras, padres e hijos, se alistaban juntos. Disponemos en el archivo de la Alhambra que ofrece cantidad de datos. El rey otorga a los habitantes del reino de Granada que están cautivos una cédula de 50 ducados. Los interesados deben presentarse a la Alhambra en un plazo de 180 días después de su liberación. Tenemos casi 300 dosieres de individuos que describen la situación de cada uno, sus actividades, las negociaciones con su dueño, el precio del rescate, los pedidos de sus familiares, las declaraciones de los testigos[9].

La documentación enseña la existencia de múltiples formas de salida del cautiverio. Lo más frecuente era simplemente la muerte rápida.[10] Así, en 1558, el almeriense Juan Gallego y sus tres hijos han muerto en el cautiverio. De la misma manera el malagueño Juan Pérez y el habitante de Berja Antonio de Molina perecen también. Otro malagueño, Alonso de Trillo, murió en Tetuán en 1559. Otros renegaron como el habitante de Dalias Melchior de Martos o el malagueño Juan de Alcazar. Varios cautivos consiguieron huir. Fue el caso de Juan Descalma de Vélez Málaga, de Baltasar Cantero de Marbella o de Gaspar Rodríguez de Motril. O tuvieron la suerte de remar en una galeota y de liberarse. Fue el caso del malagueño Juan Cicate. A menudo los cautivos reciben la cédula y pueden negociar su libertad con su dueño.

Sin embargo, el camino puede ser largo. La pareja de los malagueños Andrés Gandolfo y Catalina de Robles tiene 6 hijos. El cautivo ha estado en Argel donde echaba agua al jornal, en Tetuán, en Vélez de la Gomera. Catalina de Robles busca dinero para comprar un esclavo o una esclava. Según una testigo Andrés Gandolfo fue preso a pedimento de Juan Ximenez que le había prestado dinero. Ximenez le dio un plazo. Otro malagueño, el hombre de la mar Gaspar Méndez, ha tenido ocho hijos y 2 de ellos han muerto[11]. Hernando de Cuevas Carrillo y sus hijos Hernando, Agustín y Gabriel deben pagar 1.600 ducados. Hernando hijo tiene el permiso de ir a España a buscar la cantidad necesaria mientras su padre y sus hermanos quedan como rehenes. El mercader granadino Diego de Almorox queda como fiador.

En Argel hay mercaderes que intentan rescatar a cautivos. Hernando de Jaén es uno de ellos. Saca a Domingo Despin de una galera que lo llevaba a Constantinopla. Tomó dinero a intereses del renegado Hasan Corzo. El dinero tardó 22 meses en llegar y huyeron hacia Orán.

Alonso de Buitrago es un joven de 14 años. Pertenece a un renegado mallorquín y el mercader Martín de Baeza intenta liberarlo, pero el almirante de la mar lo quiere guardar para él. Otro joven, 16 años, Lucas de Sevilla renegó. Un fraile lo convenció de volver a la Cristiandad 26 años más tarde. En cuanto a Alonso de Buitrago, vino a robar un galeote y con esclavos huyó. Fue admitido por la Inquisición de Toledo en San Pedro Mártír[12]. Un morisco de Zujar, Andrés el Coayz participó en la expedición del Conde de Alcaudete en 1558. Y el granadino Pedro Lopez Caybona fue fiador para Luis hijo de Juan de Astorga.

La batalla de Mostaganem del 26 de agosto de 1558 ha sido olvidada por no decir ocultada. Carlos V murió menos de un mes después, el 21 de septiembre, sin saber nada del desastre que su entorno se guardó de anunciarle. Si Orán no sufrió el asedio de los otomanos, la batalla de Mostaganem, que había sido precedida por el saqueo de la ciudad menorquina de Ciutatela a principios de julio con la deportación de tres mil habitantes a Constantinopla, fue el principio de una década de enormes dificultades desde la derrota de Los Gelves en 1560 hasta la rebelión morisca de las Alpujarras en 1569-1570. Hubo que esperar 1571 y la victoria de Juan de Austria en Lepanto para recuperar un equilibrio en el mundo mediterráneo.


  1. École des hautes études en sciences sociales.
  2. Diego Suarez Montanés, Historia del Maestre último que fue de Montesa y de su hermano Felipe de Borja. La manera como gobernaron las plazas de Oran y Mazalquivir, reinos de Tremecen y Tenez, B. ALONSO ACERO y M. A. de BUNES IBARRA (eds). Valencia, Instituto Alfons el Magnanim, 2005, p.184-185.
  3. Biblioteca Nacional, Madrid, mss. 20476. Debo el conocimiento de este documento a Luis Fe Canto que agradezco por su generosidad.
  4. Archivo General de Simancas (A.G.S.), legajo 484 fol.136.
  5. A.G.S., legajo 484, fol.138.
  6. A.G.S., legajo 484, fol. 144-145.
  7. A.G.S., legajo 484, fol.134-1.
  8. A.G.S., legajo 484, fol. 151.
  9. Archivo de la Alhambra (A.A.), legajos 6, 18, 58, 59, 60, 114.
  10. A.A., legajo 58 /3.
  11. A.A., legajo 59 /25.
  12. A.A., legajo 60 / 71.


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