Un análisis comparado de la formación superior
durante la invasión napoleónica en España y Portugal
Sebastián Perrupato[2]
Las universidades fueron entre los siglos XV y XVIII significativos centros de poder cuya importancia radicó mayormente en la formación de una elite funcional al gobierno, contribuyendo de este modo en potenciadores de redes políticas, sociales y culturales que favorecieron a perpetuar una sociedad jerárquica y desigual. Sin embargo, en el transcurso del siglo XVIII, su lugar comenzó a ser resignificado debido fundamentalmente a la afición de la misma por la tradición que entró en coalición con la modernización emergente. Así, pese a los esfuerzos por reformarlas y mantener su influencia, los proyectos derivaron en un significativo fracaso.
Los procesos políticos que se inician con la invasión napoleónica parecieron hacer llegar las reformas que en la península se venían postergando. Pero no todos estaban de acuerdo con estas posturas y, para muchos, las ideas napoleónicas no eran más que la encarnación de las peligrosas doctrinas francesas de la Revolución. En este contexto, surge entre los claustros universitarios una pregunta central: ¿Cuál era el rol que debían asumir las universidades frente al gobierno bonapartista? El presente trabajo retoma este interrogante haciéndolo propio con el propósito de comprender las disputas que, al interior de las universidades peninsulares, se dieron en los tiempos de excepcionalidad propiciando el surgimiento de diversos posicionamientos que convirtieron a las instituciones universitarias en un importante campo de disputa.
La invasión napoleónica pareció poner un freno a los proyectos de reforma universitaria que se venían desarrollando desde la centuria anterior. A diferencia de Portugal donde la universidad de Coímbra se alzaba solitaria y reformada por el Marques de Pombal, en España el excesivo número de universidades, que se distribuían por las cuatro partes del mundo dificultó el control de la enseñanza y la homogeneidad de las reformas. Debido a esto la actitud de estas instituciones ha resultado muy desigual que jugaron un rol significativo en la política local donde la ocupación francesa viró también la política universitaria.
El análisis de las instituciones universitarias en el periodo de la Guerra de independencia ha sido bastante descuidado por la historiografía hace más de tres décadas Aymes[3] reclamaba un estudio integral de las mismas y recientemente nos hicimos eco de este reclamo argumentando la preponderancia de los estudios del largo plazo en los análisis universitarios y la complejidad que conlleva el acceso a las fuentes debido entre otras cosas al estado documental de los archivos y la destrucción de la guerra[4].
Desde la separación de la Monarquía Portuguesa de la Hispánica en la década del cuarenta del siglo XVII, pocas veces ambas Monarquías se han sentido tan hermanadas como con el proceso de independencia. Las cartas publicaciones, odas y discursos en Portugal reivindican permanentemente a los “intrépidos, resolutos e constantes Hespanholes”[5] que se levantan en armas contra el rey intruso. Sin embargo, el patriotismo no fue ni mucho menos el único sentimiento que despertó la invasión y si bien la universidad portuguesa podría un bastión de resistencia como ha señalado Araujo[6] no necesariamente paso igual con todas las universidades españolas[7].
Nos proponemos trabajar sobre el lugar que asumieron de las universidades en la “Guerra contra el francés” en la Península Ibérica. Se trata una primera aproximación y como tal factible de ser complejizada con nuevos planteos a futuro. Para hacerlo recurrimos al estudio de algunos documentos institucionales, cédulas reales, discursos y publicaciones periódicas que permitan comprender a las universidades en tiempos de excepcionalidad en los que el contexto político tensionaba y transformaba las formas educativas[8].
La universidad en la encrucijada
La península Ibérica inicia en el siglo XVIII un proceso de reformas en diferentes ámbitos. La relevancia y el protagonismo del Marques de Pombal en Portugal no la tendrá ninguno de los ministros de Carlos III quien siempre se mostró a sí mismo como el defensor de las ideas de cambio, fluctuando en su gobierno ilustrados de alto rango que tuvieron que hacerse cargo de las desavenencias políticas de un monarca foráneo. La universidad no estuvo ajena a ese proceso de reformas. En Portugal la universidad de Évora cerraba sus puertas en 1759 y los focos de la reforma pasaron a la universidad de Coímbra. Por su parte, en España se suceden desde 1767 múltiples propuestas de reformas, de cuño particular y general, entre ellas cabe mencionar la Idea del nuevo Método que se puede practicar en la enseñanza de las universidades de España de Mayans y Siscar (1767); la propuesta de Olavide para Sevilla en 1769; los planes de Salamanca y Valladolid (1771); los de Alcalá de Henares y Santiago de Compostela (1772) entre tantas otras que buscaron de algún modo modernizar los saberes y las prácticas de enseñanza tensionando la tradición arraigada a la universidad y cuyo éxito conllevó el fracaso de las reformas[9]. Incluso en Coímbra donde las reformas parecen haber tenido más aceptación y la modernización un hecho, la muerte de José I y la consecuente caída de Pombal llevó nuevamente a los claustros universitarios a muchos defensores de las antiguas tradiciones y desterró a otros cuyas ideas renovaron el espectro de las ciencias[10].
Mas allá de las circunstancias políticas particulares no podemos dejar de reconocer la enorme importancia que tuvo la Revolución francesa en el fracaso de las reformas y en la retradicionalización de las mismas. Esto no implica que haya sido este el único motivo, por el contrario, fue también la preparación de los docentes ya sea por su falta de formación (como ha señalado Álvarez Morales) o por su preparación fuertemente escolástica que expulsaba aquellas ideas de una Filosofía moderna, las ciencias experimentales o los nuevos métodos y técnicas de enseñanza[11].
La incursión napoleónica en la península ibérica no solo exacerbó la crisis que afectaba a las instituciones de educación superior desde hacía tiempo, sino que también las colocó frente a una encrucijada. La universidad, como entidad corporativa, debía tomar una posición frente a los acontecimientos, tarea ardua, dado que entre sus miembros coexistían simpatizantes tanto del bando invasor como del mal llamado bando nacionalista. Una pregunta circulaba por los claustros universitarios ¿Traería la invasión consigo las reformas y la modernización que no se habría logrado anteriormente? En cualquier caso, pareciera que el espíritu nacionalista se nutrió de aquellos que creían que correspondía a las dinastías Borbónica y Braganza encarar un proceso de reformas y quienes no veían en ellas más que la encarnación del demonio francés. Por su parte, quienes aceptaron la invasión como legitima se aferraron a la idea de la modernización que traería el imperio francés.
La tradición historiográfica ha señalado con insistencia el lugar que han tenido las universidades en la resistencia “nacionalista”, en el caso portugués esta es quizás más evidente que en el caso español. Hacia Julio de 1808 el Dr. Dionysio Miguel Leitao Couthinho Gobernador y Vicerrector de Coímbra exhortaba a defender la patria y expulsar al invasor.
He tempo de expulsar do nosso Paiz huns Perfidos que a titulo de Amigos, e protectores vierao derribar o throno do nosso Augusto Soberano, profanar os nossos huma contribuçao insuportavel, dissolver os nosso Regimentos, tirar-nos toda as Armas, despoisde se terem nos assim a masis infame pobreza, e a mais abominavel esclavidao. Nao contentes con terem derramado nas caldas a sangue dos nossos soldados, e tenrem feito marchar para Paizes extrangeiros, e os mais remotos as poucas tropas que nos restavao[12].
El caso español es algo más dispar el ejemplo de Salamanca es paradigmático, tal parece que en un principio “Tratándose de la defensa de la Patria, la Universidad salmantina lo ofrecía todo, hombres, dinero, bienes […] hasta la campana”[13]. En este sentido, no corresponde negar el aporte que tanto la Universidad de Salamanca como muchas otras, hicieron a la mal llamada causa patriótica. Sin embargo, tampoco se puede negar que al interior de las universidades operaban diversos mecanismos de poder que llevaron a virar la atención en función de la vida política de la ciudad que la contenía. De este modo, aquella universidad que había sido bastión de resistencia y salvaguarda de la revolución reconocía al nuevo Monarca en Claustro Pleno el 21 de abril de 1808[14].
En España la invitación a participar en los estatutos de Bayona no hizo más que evidenciar la tensión. José I pedía que “cada una de las universidades mayores Salamanca, Valladolid y Alcalá nombre de su claustro un doctor”[15] para participar de la asamblea que tenía por fin la Constitución. Esto era a todas luces un reconocimiento a la entidad que por mucho tiempo se le había negado a la universidad, pero también un compromiso que no muchas estaban dispuestas a asumir. Alcalá y Salamanca presentaron dos respuestas diferentes. Mientras la primera envió a Roque Novella, que no solo participó, sino que incluso generó una serie de observaciones a la constitución[16], Salamanca se mostró más dubitativa designando al Dr. Mintegui para participar, un “octogenario paralitico a quien era imposible emprender en viage” [17]. Las implicancias de este hecho las hemos discutido en otra oportunidad solo mencionaremos aquí que, como consecuencia de esto, la universidad se quedó sin representación en la Asamblea[18].
El proyecto educativo bonapartino para la península fue por momentos bastante ambivalente, si bien se bregaba por cierto modernismo que impulsara el espíritu de las letras y de la ciencia como lo había sido en Francia, ni en España ni en Portugal se llegó a elaborar un proyecto educativo claro. La urgencia era la guerra sobre la cual se destinaban todos los recursos. Tómese como ejemplo el caso español donde el mayor de los Bonaparte concedió casi cuatrocientos reales para el Ministerio del Interior (que incluía entre muchas otras atribuciones la educación) mientras que el de Guerra recibió veinte veces más[19].
Debemos entender que las universidades fueron lugares de interacción permanente con los poderes locales como parte constitutiva de la escala global que por entonces tenía la Monarquía Hispánica. En este sentido, cuesta creer -como ha afirmado De la Fuente- que las mismas hayan permanecido al margen de la guerra producto de la formación jansenistas y volteriana que se impartía en los claustros[20]. Pero tampoco podemos afirmar que hayan sido espacios de embate al poder del emperador[21]. Entendemos entonces que en su interior se articularon tensiones entre los diferentes actores y centros de poder que se mostraron por momentos más cercanos con uno u otro bando.
Durante el primer momento de la invasión muchas universidades parecieron alinearse al bando patriótico, la Universidad de Salamanca, por ejemplo:
Concedía cuantas prerrogativas y privilegios tenía a su alcance, solicitaba de las autoridades militares cuantas distinciones podía apetecer y facilitaba a cada estudiante de su compañía pantalón, chaqueta, botines, un escudo y una canana, aun viéndose en la precisión de hipotecar la propiedad para sufragar estos gastos ‘por no hallar al presente la universidad con el dinero metálico’ necesario[22].
En una línea similar Coímbra publicaba panfletos, hojas, volantes, proclamas y caricaturas en contra del invasor, se calcula que entre dos mil y tres mil panfletos fueron publicados en Portugal, de los cuales poco menos de la mitad se hicieron en la imprenta de la universidad[23].
La intervención de la universidad en la guerra fue sin dudas significativa, ya sea por medio de las letras (a través de publicaciones) o de las armas, no se puede negar la intromisión. Se estima que las universidades españolas aportaron más de setenta estudiantes a los campos de batalla donde muchos de ellos dieron sus vidas en la lucha contra el francés[24]. La Universidad de Salamanca enviaba a la Junta militar
[…] sus deseos de que unos jóvenes destinados a la carrera de letras que saben hacer compatibles con las armas a que hoy están entregados en defensa de la nación, sean distinguidos y que conozcan que van a pelear nada menos que por honor, por la religión y por libertad de la Patria[25].
Es difícil saber hasta qué punto la adhesión fue voluntaria, pero incluía a todos los catedráticos, doctores y licenciados que “estando en la clase de solteros no pasen de los cuarenta años”[26]. Con el llamamiento llegaron también los pedidos de excepción de universitarios que por motivos de “las fatigas del estudio, la debilidad de su constitución y la vida sedentaria”[27] solicitaban que no se los incluyera en la nómina de convocados. El caso de Andrés Ramos resulta interesante, siendo rector de Salamanca fue citado para presentarse en la Junta de alistamiento, en su lugar convocó a reunión de Claustro para el mismo día, donde se acordó un listado de exenciones donde se incluía a si mismo ¿Responde esto a un interés personal de eximirse del servicio de armas o se trata de un posicionamiento que comenzaba a ver con buenos ojos al nuevo gobierno? Probablemente la identificación con el bando patriótico no se mostraba tan clara.
Los posicionamientos no estaban claros. Recordemos que en el momento de la invasión el mismo rector de la Universidad y obispo de Coímbra Francisco Lemos se presentaba junto a una comitiva en Bayona pidiendo la autorización para que vuelva la casa de Braganza, a cambio se ofrecía la corona a Napoleón a condición de que jurara lealtad al ordenamiento legal establecido, como lo había hecho Felipe II a finales del siglo XVI[28]. Pero no fue el único caso en 1809, luego de que las tropas francesas invadieran Salamanca, la universidad -que no hacía mucho había prestado fuerzas a la causa patriótica- envió una comitiva a “Madrid a cumplimentar y besar la mano de S. M. a nombre de la Universidad”[29]. Y fue más lejos aun cuando en 1810 habilitaba recursos para que las tropas francesas se instalen en las localidades aledañas. Como ha señalado Araujo “En esta coyuntura, el colaboracionismo contribuyó a proteger y mantener las instituciones del Antiguo Régimen”[30]. Poco importaba cuál era el bando con el que se pactara mientras la institución pudiera mantener ciertos privilegios.
De aquí que sea complicado establecer posicionamientos sobre las universidades frente a la invasión napoleónica, sino que muchas veces se trataba de voluntades personales. Como señala Araujo para el caso portugués
[…] el grupo afrancesado que defendió la concesión napoleónica de una Constitución para Portugal incluía al médico Gregório José de Seixas, Ricardo Raimundo Nogueira, rector del colegio de nobles, Simão Cordes Brandão e Ataíde, profesor de derecho canónico en la Universidad de Coimbra y Bento Pereira do Carmo, juez extranjero en Ançã y otros jurisconsultos[31].
Estas mismas voluntades individuales son las que operaron al interior de Salamanca cuando el Doctor Salgado propusiera distinguir al gobernador Thiébault, reformador de la universidad[32], con el título de doctor. La particular simpatía de Salgado por el bando josefino no era una sorpresa, aunque si resultase llamativo que fuera el claustro en su totalidad quien decidiera otorgarlo. En este sentido, debemos señalar que el proyecto que había generado colocaba a la universidad a la vanguardia de los estudios europeos, lo que sin dudas influyó en la decisión.
Reflexiones finales
Las universidades fueron, durante gran parte de la modernidad, una corporación con intereses y proyectos comunes. Sin embargo, estos intereses en común se vieron muchas veces sobrepasados por las intrigas individuales e incluso claustrales que se impusieron a las pujas de poder en favor de los proyectos personales. Las configuraciones sociales de la universidad poco se diferenciaban con las de la Corte donde los intereses individuales se mezclaban con los de la Monarquía. El problema era que la invasión ponía en jaque los intereses propios y los de la monarquía que frecuentemente no estaban en claro.
Pese a la diferencia en número que tenían las universidades hispánicas frente a la única universidad lusitana, el análisis del conjunto permite pensar en recorridos similares en los que se colocó la universidad frente a la invasión extranjera. Sin dudas, como ha señalado Amador y Carrandi, las universidades bregaron por continuar su funcionamiento del mejor modo posible[33], pero también resultaba difícil desprenderse de la idea de oportunidad que generaba el periodo de excepcionalidad. En este esquema, no se reparaba mayormente en quién gestionara estos espacios mientras se pudiera mantener la autonomía que había caracterizado a los claustros desde su fundación.
El análisis realizado permite pensar las formas en que la guerra se fue inmiscuyendo en las instituciones educativas cuyos integrantes no se enrolaron necesariamente e indubitativamente en las causas patrióticas como pretendía demostrar la historiografía tradicional. Pero tampoco permanecieron al margen de los conflictos, creer esto sería negar la importancia que las universidades tuvieron en la articulación entre lo local y lo global en los entramados políticos de las monarquías ibéricas.
- Este trabajo se enmarca en el proyecto FAILURE: Reversing the Genealogies of Unsuccess, 16th-19th Centuries (H2020-MSCA-RISE. Grant Agreement, no. 823998).↵
- Universidad Nacional de Mar del Plata.↵
- AYMES, R. (1991) “Universités, professeurs et étudiants espagnols face à l’invasion napoléonienne de 1808: éléments d’une recherche comparative”. En: J. AYMES, E. FELL, EVE Y J. GUEREÑA, (dirs.), L’université en Espagne et en Amérique latine du moyen âge à nos jours, Tours, Presses universitaires François-Rabelais, 203-224.↵
- PERRUPATO, S. (2023a) “De ausencias, deudas y legados: la historiografía sobre la educación en España entre 1808 y 1814”. Estudios de Historia de España, 1, 25, pp. 33-52. ↵
- ProclamaÇao aos Hespanholes (1808) BNP FG 6744//25 V.↵
- ARAÚJO, A. (1985). “Revoltas e ideologias em conflito durante as Invasões Francesas”. Revista de História das Ideias, 7, pp. 7-90.↵
- PERRUPATO, S. (2023b) “Universidades en tiempo de excepción. Posiciones encontradas en torno a la formación superior en la España de José Bonaparte”. En N. De Cristóforis (comp.), Historia de España: Dinámicas y desafíos de sus campos de estudio, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Disponible en https://bit.ly/4apad1D↵
- Como hemos señalado en otra oportunidad es necesario distinguir a la universidad como institución, es decir, como corporación de una elite letrada que articulaba la nobleza y el clero. Y, por otro lado, la universidad como conjunto de actores individuales que, aunque pertenecientes a una institución que tuvo como misión la formación de estos sujetos no logran dar cuenta de un cuerpo homogéneo que actúa según intereses en común asociados a la institución. PERRUPATO, 2023b. ↵
- PERRUPATO, S. (2018) Ilustración, educación y cultura. La Monarquía Hispánica en la segunda mitad del siglo XVIII. Mar del Plata, EUDEM. ↵
- El caso de José Anastasio Da Cunha es paradigmático al respecto. Siendo Profesor de la Universidad llegó a ser enjuiciado y condenado por la inquisición luego de la caída del Marques. Al respecto se puede consultar: PERRUPATO, S. (2023c) “De profesor de Coímbra a hereje condenado. La vida de José Anastacio da Cunha a la luz de las tensiones ilustradas”. En: ÁLVAREZ-OSSORIO, A., AMELANG, J., GONZÁLEZ MEZQUITA, M.L., MARTÍNEZ BERMEJO, S. (Dirs.) Vidas Fallidas. Aproximaciones al concepto de éxito y fracaso individual en la modernidad. Mar del Plata, EUDEM, 155-170.↵
- ÁLVAREZ MORALES, A. (1971) La “Ilustración” y la Reforma de la Universidad en la España del Siglo XVIII. Madrid, Taurus. ↵
- LEITAO COUTHINHO, D. (1808) Discurso que o doutor . Dionysio Miguel Leitao Couthinho Freeire conventual da orden de Chisto prior da Igleja de Alvaia Ere bispado de Coimbra. Fez aos seus Freguezes na EstaÇao da Missa Conventuial do sía 24 de julho de 1808; o qualk Discurso foi despois annotado pelo mesmo Prior. BNP FG 6744//25 V.↵
- AMADOR Y CARRANDI, F. (1916) La Universidad de Salamanca en la Guerra de la Independencia. Madrid, Imprenta Calatrava, p. 29.↵
- Archivo de la Universidad de Salamanca. Libro de Claustros, Fol. 501.↵
- Art. 17 de la Orden de convocatoria a la Diputación General de españoles (19 de mayo de 1808), citado en FERNANDEZ SARASOLA, I. (2007). La Constitución de Bayona (1808). Madrid, Iustel, p. 240-243.↵
- Las Observaciones al proyecto de Constitución de Bayona son de gran interés en lo que se refiere a la teoría del poder constituyente. FERNÁNDEZ SARASOLA, I. (2021) “Política universitaria y universitarios políticos”. Revista española de derecho constitucional, 41, 122, pp. 425-433.↵
- En AMADOR Y CORRANDI, 1916, p. 17.↵
- PERRUPATO, 2023b.↵
- DOMÍNGUEZ NAFRÍA, J. (2009) “La América española y Napoleón en el Estatuto de Bayona”. Revista de Investigación de estudios vascos, 4, pp. 315-346.↵
- DE LA FUENTE, V. (1884-1889) Historia de las universidades, colegios y demás establecimientos de enseñanza en España. Madrid, Imprenta de la viuda e hija de Fuentenebro.↵
- AMADOR Y CARRANDI, 1916.↵
- AMADOR Y CARRANDI, 1916, p. 23-24.↵
- BARTOLOMEU DE ARAUJO, A. (1998) “As Invasoes francesas e a afirmacao das ideai liberáis”. En J. MATTOSSO, Historia de Portugal O Liberalismo. Lisboa. Estampa. ↵
- El número es discutido, mientras hay cierto conceso en señalar que la compañía estaba compuesta por setenta estudiantes, el acta de la Junta del 5 de julio señala que se cortaron noventa y dos uniformes por lo cual algunos autores sostienen que es este el número. AMADOR Y CORRANDI, 1916.↵
- Dirigencia insertada en el libro de claustros de 10 de noviembre de 1806 a 17 de noviembre de 1808, Fol. 540, en AMADOR Y CORRANDI, 1916, p. 25.↵
- En AMADOR Y CORRANDI, 1916, p. 32.↵
- Reunión de Claustro de 1 de agosto de 1808. Archivo de la Universidad de Salamanca. Libro de claustros de 10 de noviembre de 1806 a 17 de noviembre de 1808, Fol. 540↵
- HESPANHA, A. M. (2009). “Bajo el signo de Napoleón. La Súplica constitucional de 1808”. Cuadernos de Historia Moderna, 33, pp. 299-318.↵
- Dirigencia insertada en el libro de claustros.↵
- ARAÚJO, A. (1985). “Revoltas e ideologias em conflito durante as Invasões Francesas”. In: Revista de História das Ideias, 7, pp. 7-90 (21)↵
- ARAÚJO, A. (2012) “Napoleão Bonaparte e Portugal. Patriotismo, Revolução e Memória Política da Resistência”. Carnets, 4, pp. 13-28 (20). La traducción es nuestra. ↵
- El proyecto de reforma emulaba el que había generado en 1807 Caballero y llevaba consigo una reformulación de los contenidos apuntando a disciplinas más modernas como las Lenguas Modernas, Cirugía y Jurisprudencia en lugar de cánones y leyes y era acompañado de una importante dotación de dinero para su ejecución. ESPERABE Y ARTEAGA, E. (1914) Historia de la Universidad de Salamanca, Salamanca. Imprenta Nuñez.↵
- AMADOR Y CORRANDI, 1916. ↵






