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Representaciones históricas de la antropofagia literaria en los cuentos de Charles Perrault (Francia, siglo XVII)

Silvina Mariel Herbez[1]

La antropofagia, hecho o práctica de comer el ser humano carne de su propia espe­cie[2], y la hematofagia, el hábito de alimentación de aquellos que se nutren con sangre[3], son considerados dos formas aberrantes de consumo humano.

Teniendo en cuenta este sentido sobre la antropofagia, analizaremos estas prácticas aberrantes que tres de los cuentos de Perrault mencionan y es colocada en los mismos como algo monstruoso y aterrador, según concepciones de época y de prácticas que en el siglo clásico era usual.

Los cuentos que mencionan la práctica de antropofagia son tres. En primer lugar, La be­lla durmiente del bosque, episodio que se da cuando la reina madre del príncipe que rescató a la princesa dormida del Castillo, es presentada como de la raza de los ogros y que ahora ella desea comerse a la princesa Aurora junto con sus dos nietos[4]. El segundo cuento es Caperucita roja. El lobo, que aparee en el bosque de incógnito cuando Caperucita esta cami­nado, está considerado como animal, pero también como un hombre, por su personificación, habla, etc., es un compadre, que tiene deseos de comerse a Caperucita y para lograrlo se come a la abuela de la niña, para luego engañándola y vistiéndose de abuela el lobo termina comiéndosela a ella también[5]. Finalmente, el tercer cuento, Pulgarcito, en don­de el ogro de la casa del bosque a la cual llega Pulgarcito con sus hermanos quiere comerse a los niños y las siete hijas del ogro quieren chuparles la sangre[6].

El sentido de la antropofagia en el cuento parecería que todo tiene que ver con un argumento simbólico o figurado, sin embargo, la práctica de la antropofagia o canibalismo en el siglo XVII y siglos anteriores era considerada frecuente y tenía muchas expresiones tanto históricas como simbólicas. La lógica interna de los cuentos, leyendas y, en general, narraciones tradicionales, hace que en estos relatos tan solo exista un grado de convergencia relativo entre las prácticas alimentarias que se relatan en ellas y las que son más reales o habituales del grupo social que las elabora, transmite y recrea. La manera en la que este acto antropofágico se encuentra inserto en la lógica del relato, no obstante, admite mu­chas posibilidades. Y aunque sea frecuente adjudicarle una más que notoria pátina de horror con la que se caracteriza al villano o al monstruo que es necesario derrotar, en ocasiones se presenta como uno de los elementos básicos mediante los que el héroe supera los obstácu­los que se encuentra en su camino y derrota a sus enemigos. Pese a que no es habitual que en una misma narración convivan ambas caracterizaciones de la alelofagia[7], hay algunas excepciones que, precisamente por su carácter poco corriente, resultan de un gran interés para comprender cómo se conceptualiza el canibalismo en las culturas y grupos sociales que elaboran, reciben, reproducen y recrean los discursos simbólicos vinculados a este fenómeno[8].

Gómez Canseco en su análisis sobre el sentido literario de la antropofagia en el Siglo de Oro español, comenta que la antropofagia literaria vertía en palabras, según la preceptiva aristotélica, una realidad que no fue ajena a una Europa devastada por el hambre y por las guerras. Pero la repetida aparición de la temática caníbal en la literatura española del Siglo de Oro tuvo, al menos, dos de sus razones señaladas en la renovación del dogma eucarístico y en las noticias que llegaban desde los territorios americanos. La Contrarrefor­ma se esforzó en subrayar la materialidad de la eucaristía e insistió en la transformación del pan y el vino en carne y sangre reales de Cristo; esa misma metamorfosis tuvo su continuación metafórica en el uso de la antropofagia sagrada como mecanismo de representación del sacramento[9]. Por consiguiente, creemos que esta línea de pensamiento estará también anclado en la literatura del clasicismo francés del cual estamos analizando.

La antropofagia se presenta como un proceso de degradación del ciclo alimenticio por el que la nutrición humana pasa de lo comestible, es decir, de lo aceptado socialmente como comestible, a lo no comestible, a lo repugnante. Tras esa división se es­conde otra distinción social e ideológica, que separa al nosotros, con el que se representa la civilización, el orden y la verdad comúnmente aceptada por un colectivo, de los otros, donde se ubica no sólo lo exótico, sino también lo ilícito[10].

El tema de la antropofagia estará en concordancia con prácticas ancestrales que los cuentos retomarán en sus relatos. Por ejemplo, en la crónica de Hidacio de Chaves, obispo e historiador hispano romano del siglo V, comentó sobre la problemática del hambre asociada a la antropofagia:

A medida que los bárbaros arrasan atravesando España y, no obstan­te, la peste extiende sus estragos, la riqueza y los suministros almacenados en las ciudades son extorsionados por el tiránico recaudador de impuestos y agotados por el soldado. Una terrible hambruna asola, tanto que los huma­nos devoran carne humana bajo la presión del hambre, las madres también se alimentan de los cuerpos de sus hijos a los que han matado o cocinado. Las bestias feroces, acostumbradas a los cadáveres de las víctimas de la espada, del hambre o de la peste, matan también a los hombres más fuertes y, hartos de sus carnes, se desatan por doquier para el aniquilamiento del género humano. Así, por las cuatro plagas de hierro, hambre, pestilencia y bestias feroces, que azotaron por todas partes en todo el mundo, se cumplen las cosas anunciadas por el Señor por medio de sus profetas[11].

Un autor cristiano culto que escribe en latín a mediados del siglo V tiene varios modelos literarios famosos en lo que respecta al canibalismo de supervivencia. Numerosos ejemplos tanto en la Biblia como en diferentes crónicas antiguas se obser­van datos y eventos sobre el problema del canibalismo de supervivencia o de problemas con guerras, ataques y hambruna.

Las reflexiones realizadas por los histo­riadores sobre las hambrunas medievales generalmente tienen como objetivo comprender los mecanismos del hambre, sus causas y su impacto a más largo plazo. El problema de la an­tropofagia tiene que ver con las estrategias de supervivencia, de la experiencia inmediata del hambre. Por lo tanto, es importante comprender cómo evoluciona el comportamiento social de los grupos humanos bajo la presión de la hambruna.

Hay diferentes crónicas medievales sobre el problema del canibalismo, aunque era con­siderado tabú el mencionarlo. Los cronistas y analistas son generalmente poco locuaces. De los cuatro autores que mencionan las fames máxima de 793, sólo uno Anónimo Mosellan relata escenas de canibalismo: “El hambre que empezó el año anterior aumentó tanto por causa de nuestros pecados que hizo que los hombres no sólo se alimentaran de cosas inmundas, sino que se comieran a otros hombres”[12].

En el año 896 aún se encuentra al azar de notas locales que se revelan prácticas caní­bales que, sin embargo, en esta fecha debieron afectar a muchos países europeos: “En el país Augsburgo desgracia hambre y mortalidad cristianos comie­ron la carne de los demás (Anales de Augsburgo). Había tal escasez de trigo y de todos los demás alimentos que es horrible escuchar que los hombres se vieron obligados a comerse a otros hombres” (Gesta de la Iglesia de Sens)[13]. En la crónica de Raoul Glaber entre 1032 y 1033, se observan algunas escenas de antropofagia que podrían implicar la idea el Ogro, de hombres o monstruos que atacan a otros hombres para comerlos:

En aquel tiempo- ¡oh desdicha! –la furia del hambre obligó a los hom­bres a devorar carne humana, algo de lo que en el pasado apenas se había oído hablar. Los caminantes eran atacados por hombre más fuertes que ellos, descuartizados, asados y devorados. Muchos de los que se desplazaban a otros lugares huyendo de la inanición fueron degollados por la noche en las casas donde se alojaban, sirviendo de sustento a sus hospedadores. Muchas personas atraían a los niños con el señuelo de una fruta o un huevo, los lleva­ban a algún lugar apartado, los asesinaban y se los comían. En innumerables lugares hasta los cadáveres fueron desenterrados y devorados para aplacar el hambre[14].

Este último relato bien puede aplicarse al contexto de los cuentos tanto de Caperucita Roja como de Pulgarcito. En Caperucita Roja se observa el episodio en el cual el lobo que transita el bosque o está en el bosque busca y ve a Caperucita para comerla.

Los misioneros jesuitas enviados al Brasil escribieron cientos de páginas en cartas o informes sobre esta práctica. En 1554 el padre José de Anchieta, que dominaba el tupí-guara­ní, dijo lo siguiente sobre el canibalismo: “Si capturan a cuatro o cinco enemigos suyos, regre­san para devorarlos en un gran festín, tal que no siquiera las uñas se desperdician”.[15]

Volviendo al concepto de la antropofagia literaria, que seguramente estuvo nutrida por estos hechos y relatos, pero se observó por ejemplo que, durante el Siglo de Oro, formas que se adaptaron a los distintos géneros en que tuvo cabida. Inicialmente, pueden distinguirse dos modos básicos de antropofagia: la de antropofagia metafórica y la antropofagia real o, al menos, expuesta como verosímil.

En los cuentos de Perrault, creemos que la antropofagia y hematofagia allí descritas están relacionadas más allá de los contactos con relatos ancestrales sobre estas prácticas, son escenas de prácticas metafóricas. En el caso de Caperucita Roja, el mismo autor da a entender el simbolismo de quién representa al lobo cuando escribe en la moraleja final:

Vemos aquí que los adolescentes

y más las jovencitas

elegantes, bien hechas y bonitas,

hacen mal en oír a ciertas gentes,

y que no hay que extrañarse de la broma

de que a tantas el lobo se las coma.

Digo el lobo, porque estos animales

no todos son iguales:

los hay con un carácter excelente

y humor afable, dulce y complaciente,

que, sin ruido, sin hiel ni irritación

persiguen a las jóvenes doncellas,

llegando detrás de ellas

a la casa y hasta la habitación.

¿Quién ignora que lobos tan melosos

son los más peligrosos?[16]

En la moraleja Perrault da a entender que el lobo son hombres que de una forma muy amable y complaciente se aprovechan de la virginidad de las niñas y se inmiscuyen hasta meterse en su habitación y allí en el acto sexual las devoran, se las comen y nada más. Erich Fromm en El Lenguaje olvidado. Introducción a la comprensión de los sueños, mitos y cuen­tos de hadas, realiza una aproximación simbólica sobre el cuento, basándose que los mitos o cuentos, como los sueños, presentan relatos de hechos, ocurridos en el tiempo y el espacio, que expresan en lenguaje simbólico ideas religiosas y filosóficas, experiencias anímicas en las que reside su verdadero significado[17].

Si bien la versión del cuento que analiza Fromm es el de los hermanos Grimm, en el cual los leñadores tendrán un protagonismo final en el cuento y matarán al lobo sacando de su estómago a Caperucita y a la abuela; la forma de entender el simbolismo de este no dista mucho de la intención que el mismo Perrault tuvo cuando escribió el cuento. Según Fromm la “Caperucita roja” es el símbolo de la menstruación, por eso la caperuza es roja como la sangre de la menstruación. La niña ahora se ha convertido en una mujer madura, cuando la madre le compra la caperuza, y debe afrontar el problema del sexo, o el problema de las relaciones con el sexo opuesto. A la vista de la niña se despierta el apetito sexual del lobo, es en la ocasión cuando aparece el lobo en el bosque, y el cuento dice que tuvo muchas ganas de comérsela. El varón aquí es presentado como un animal astuto y cruel, y el acto sexual descrito como un acto de canibalismo en el que el macho devora a la hembra. Es una expresión de hondo antagonismo a los hombres y al sexo, y en cierta forma se ridiculiza la capacidad de procrear que tiene la mujer, asumiendo que el lobo tiene a seres vivos en su vientre[18].

Esta antropofagia metafórica tiene que ver con la compostura que las señoritas deben tener respecto del sexo opuesto. No olvidemos que Perrault está inserto en el contexto de la Corte, la cual va tomando una forma de modales y maneras civilizadas para demostrar el contraste de la gente bien, con la gente común. Las señoritas que ahora pertenecían a la corte debían tener un comportamiento acorde al mismo, debían ser precavidas a la hora de mostrarse con un caballero y por lo menos en las formas y maneras que estaban a la vista debía ser todo con decoro. Es por ello por lo que en la corte tendremos a diferentes moralistas como a Jean de La Bruyere (1645-1696) o François de La Rochefoucauld (1613-1680), que escribirán cómo debe ser el comportamiento de un cortesano, las virtudes de este, en el amor, afecto, amistad, etc. Por ejemplo, en relación con los hombres, La Bruyere describirá su conducta: “Inquietud mental, irregularidad de temperamento, inconstancia de co­razón, incertidumbre de conducta: todos los vicios del alma, pero diferentes, y que, con toda la relación que entre ellos aparece, no siempre se suponen unos a otros en el mismo tema”[19]. De esta manera entendemos que Perrault tenía una intención expresamente didáctica para las doncellas de la corte, teniendo en cuenta que la moral de los hombres en ese con­texto podía ser peligrosa para las niñas que no tomaran la decisión correcta respecto al sexo opuesto y especialmente a la sexualidad.

Otro episodio sobre la antropofagia metafórica en los cuentos de Perrault es sobre el cuento La Bella Durmiente del bosque, será en relación con la situación de po­der que la reina ogresa tiene en el contexto del cuento que presenta Perrault. Pero también aparece la figura de Ogro en el cuento Pulgarcito, lo cual amerita explicar y entender primero quién es el Ogro y la ogresa de estos cuentos. A qué se refiere esta figura o idea de Ogro que aparece en los cuentos, y que, así como parecen dan a entender que los de “esta raza”[20], como dice en La Bella durmiente, comen carne humana.

El tema de la reina ogresa en el cuento La Bella durmiente del bosque, en el cual es enfático que ella quiere comerse a su nuera, la joven reina Aurora y a sus dos nietos, pero que finalmente su deseo no es concedido, primero porque el mayordomo la engaña con un cordero del corral, luego con un cabritillo y finalmente con una cierva. Evidentemente el canibalismo que presenta Perrault en esta ocasión tampoco tiene que ver con un canibalismo de subsistencia, sino que esta antropofagia literaria metafórica tal vez tiene que ver con cuestiones de poder, salud y belleza.

Así como los caníbales americanos se devoraban al europeo, en donde tie­ne un valor simbólico, hace referencia a la asimilación de culturas extrañas, a una digestión metafórica de parte de la cultura a la que pertenecemos. La idea de comer y absorber a estos extranjeros con el afán en cierta forma de dominar al europeo. Pero también hay otros aspec­tos de estos canibalismos, el exocanibalismo, ingerir al enemigo para incorporar sus virtudes; y por las mismas razones de incorporar virtudes, ya sean de belleza, juventud, o virtudes sim­bólicas, el endocanibalismo, consumir el cuerpo de sus propios muertos[21].

Otra explicación sobre el canibalismo del ogro, en el cuento Pulgarcito, la obtenemos de Louis Marin, el cual atribuye la explicación del Ogro, también como una sim­bología de poder, en cuanto es representación del Rey. El Ogro al fondo del bosque, marcando la cesura, sin olvidar, como hacen los análisis demasiado superficiales, las secuencias finales dominadas por la figura del Rey rodeado por su corte. En otras palabras, si la organización estructural del relato despliega en su relato un dispositivo de transformación, este lleva narrativamente al lector de la casita del leñador al patio del Rey, del lugar donde el hambre es tan grande que empuja a sentimientos contra natura, en el espacio donde el lenguaje posee un dominio tan grande que se somete al principio mismo del poder político, el Rey[22].

Cuando el Ogro recibe a los niños perdidos en el bosque, se produce el reencuentro del Ogro y luego la huida de Pulgarcito y sus hermanos constituyen, la gran bisagra narrativa que une entre ellos las dos partes del cuento. En un sentido esta articulación central se repite hiperbólicamente y en otro espacio y en otro lugar lo que hemos evocado con el banquete en la cabaña familiar, en los dos casos son momentos de exceso de nutrición, pero entre que el primero es un episodio de cuento y de escena narrativa de la saciedad del que está lleno y el segundo expone la figura de esta saciedad, amenaza contra la figura del hambre, del absoluto comer del hombre, del Ogro. Marin comenta: no es que no existe interés sobre el plan narrativo y retórico, sino que es sobre el plan contextual de analizar el funcionamiento de la contrafigura del hambre, que de aquella del absoluto comer. Aparece en efecto que la abundancia de la comida no es imaginable, solo es comparado a la saciedad, y que ella describe que es una trasgresión a las leyes sociales del régimen alimenticio, eso que está de nuestro lado en el exceso negativo de la escasez y del hambre. El Ogro puede así aparecer –y es por eso por lo que nosotros la calificamos de contrafigura– no como una figura de un ensueño feliz de un imaginario de saciedad, pero como una pesadilla inversa a lo negativo del horror del hambre[23].

La transgresión del exceso como contrafigura negativa del hambre está indicada de manera precisa por lo que dice en la cena el Ogro. Éste se sienta a la mesa, el cordero estaba todavía sangrando, pero a él no le pareció nada mejor. Él se floreaba a derecha e izquierda diciendo que sentía la carne fresca. El Ogro es figura narrativa antropológica y revela su naturaleza transgresiva del buen régimen alimentario. Interrumpe los procesos culinarios para regresar a la homofagia (o antropofagia), él come su cordero medio crudo y huele la carne fresca humana como una bestia salvaje. Su esposa intenta detenerlo teniendo un discurso culinario civilizado, el ternero que ella puso en el asador, pero al Ogro no le importa nada. Los chicos, carne humana fresca, son parecidos a la carne salvaje de la caza: aquí está la caza que me viene a propósito para tratar a tres Ogros de mis amigos que deben venirme a ver estos días, y de nuevo la esposa se interpone para mantener un discurso normalizador del exceso: que tiene todavía allá tanta carne, un ternero, dos corderos y la mitad de un chancho y sirve para los tres ogros[24].

Perversión y transgresión entonces son totales, la homofagia ficticia es al mismo tiempo anticipación culinaria. La cocina de la carne humana se da como preparación de vianda salvaje y la vianda de la carnicería se asemeja a la carne de la cacería menor. Pero al leer la figura del Ogro como la contrafigura del hambre descubrimos que la situación de absoluta escasez hace aparecer no solamente un riesgo sino una casi necesidad de volver salvaje a lo humano. De una inminente regresión a los regímenes alimen­tarios prohibidos, incluso absoluta y universalmente prohibidos por la humanidad.

El Ogro es homofagio y alelo­fagio,[25] pero él no practica nunca el endocanibalismo. Sin embargo, el cambio sustitutivo de Pulgarcito hace pasar las identidades en las diferencias, comunicar los opuestos: el vuelve obligatorio lo prohibido, ciertamente lo excluye y el Ogro debería prepararse para comer sus propias hijas ahorrándose la caza que no había hecho[26].

“La hematofagia, en la cual se observa en Pulgarcito, cuando se detalla que las hijas del Ogro tenían la tez muy bonita porque comían carne fresca como su padre y ya mordían a los niños pequeños para chuparles la sangre”[27]. El mismo autor hace re­ferencia al aspecto simbólico de la antropofagia que otorga belleza, pero es peculiar que el autor aquí también resalta el tema de la ingesta de la sangre. En los ritos que los acompa­ñan, la sangre está presente tanto en la idea de que hay personas que se alimentan de sangre humana como en la idea de que una ofrenda de sangre puede purificar a una persona o a una comunidad y contribuir a su salvación[28].

Concluimos que estas ideas históricas sobre la antropofagia real que luego se hizo literaria y que tiene tantas connotacio­nes sobre imaginarios históricos, se fueron plasmando en la literatura popular y en ello Perrault no será la excepción.


  1. Universidad Nacional de Tucumán.
  2. Diccionario de la Real Academia Española, edición online.
  3. Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Hematofagia. Consultado el 06-04-23.
  4. PERRAULT, Ch. (2001) Cuentos completos. Biblioteca Juvenil. Madrid. Alianza Editorial, pp. 116-19.
  5. PERRAULT, Ch. (2001), pp. 120-22.
  6. PERRAULT, Ch. (2001), pp. 168-71.
  7. Empleo el término “alelofagia”, no recogido por la RAE, como el acto de devorar a los semejantes. Fuente: Fernando Notario, “¿Caníbales, dioses y reyes? Acerca del canibalismo y los conflictos divinos en la Teogonía (453-47 y 886-900)” Arys, Núm. 11 (2013): 96.
  8. NOTARIO, F (2013). “¿Caníbales, dioses y reyes? Acerca del canibalismo y los conflictos divi­nos en la Teogonía”. Arys. Núm. 11, 93-114 (96).
  9. GÓMEZ CANSECO, L, (2004-2005) “A otro perro con ese hueso. Antropofagia literaria en el siglo de oro”, Etiópicas, Núm. 1, 1.
  10. GÓMEZ CANSECO, (2004-2005), 2.
  11. Citado de la edición de referencia (con traducción al inglés) de Richard W. Burgess, ed., The Chronicle of Hydatius and the Consularia Constantinopolitana. Two Contemporary Accounts of the Final Years of the Roman Empire, Oxford, 1993, p. 82. La traducción es una versión revisada y corregida de la de las Fuentes cristianas: Hydace, Chronicle, intr., text and trans. Alain Tranoy, París, 2 vol., 1974 (SC 218-219), cita vol. 1, pp. 116-117. Citado en: Vandenberg, Vincent, “Fames facta est ut homo hominem comederet: l’Occident médiéval face au cannibalisme de survie (Ve-XIe siècle)”, p. 217 Ces recherches sont menées à l’Université Libre de Bruxelles grâce à un mandat d’Aspirant du FRS – FNRS et trouvent leur origine dans un mémoire de licence en Histoire médiévale : Vincent Vandenberg, Quand l’homme mange l’homme : une aproche de la question du cannibalisme dans l’Occident médiéval, Bruxelles, 2005 (mémoire de licence en Histoire, ULB, sous la direction d’Alain Dierkens.
  12. BONASSIE, P, (1989) “Consommation d’aliments immondes et cannibalisme de survie dans l’Occident du haut Moyen Âge,” Annales. Économies, Sociétés, Civilisations. Año 44, Núm. 5: pp. 1035-1056.
  13. BONASSIE, P, (1989).
  14. MONTANARI, M, (1993) El hambre y la abundancia. Historia y cultura de la alimentación en Eu­ropa. Barcelona. Crítica, p. 49.
  15. MONTANARI, (1993), p. 261.
  16. PERRAULT, (2001), p. 123
  17. FROMM, E (2012), El Lenguaje olvidado, Buenos Aires, Paidós, p. 221
  18. FROMM, E (2012), pp. 264-65.
  19. LA BRUYERE, J de. (1876) Oeuvres complètes de J. de La Bruyère. Garnier Frères, p. 346.
  20. PERRAULT, (2001), p. 116.
  21. ROSSI, P (2013), Comer, Necesidad, Deseo, Obsesión, Buenos Aires. Fondo de Cultura Econó­mica, p. 78; pp. 81-82.
  22. MARIN, L, (1998) “L’ogre de Charles Perrault ou le portrait inversé du roi” En: Revel, Jacques y Shmitt, Jean Claude, L’ogre historien. Autour de Jacques le Goff. Gallimard, Paris, pp. 289-90.
  23. MARIN, L., (1998), pp. 294-95.
  24. MARIN, (1998), p. 295.
  25. Empleo el término alelofagia, no recogido por la RAE, como el acto de devorar a los semejantes. Fuente: Notario, Fernando, “¿Caníbales, dioses y reyes? Acerca del canibalismo y los conflictos divinos en la Teogonía (453-47 y 886-900)” Arys, 11, 2013, (93-114), p.96
  26. MARIN, (1998), p. 297.
  27. PERRAULT, (2001), p. 170
  28. ROSSI, P (2013), p. 89


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