Wilson Enrique Genao
Introducción
La esclavitud constituye uno de los fenómenos que marcó la historia de África, América y el Caribe en todas sus dimensiones. Durante el proceso de colonización se construyó una idea de raza y de jerarquización social asociada al color cuya herencia llega hasta el presente, manifestada en discursos y prácticas sociales que se dan en mayor o menor grado en las sociedades caribeñas. A su vez, la racialización de la sociedad “permitió que la adscripción racial de las personas fuera utilizada como elemento o categoría explicativa de la cultura y de la identidad pasando a ser un elemento central del discurso civilizatorio e identitario, así como de las narrativas nacionales” (Naranjo Orovio y Puig-Samper, 2022, p. 10).
En sintonía con esa idea, en los procesos de construcción de los Estados nacionales en América Latina el tema racial fue clave en la discusión sobre la identidad nacional. De acuerdo con Bello y Rangel (2000):
La construcción del Estado-nacional significó no sólo el sometimiento de los pueblos indígenas que hasta ese momento y por varios siglos habían quedado fuera del alcance de los poderes luso e hispano-criollos. También significó la construcción y legitimación de una nacionalidad homogénea, que excluía y negaba lo indígena y lo negro como forma de reconocimiento de la pluralidad cultural existente en el seno de los países americanos. En efecto, los nuevos Estados republicanos nacidos del orden colonial, se empeñarán en el proyecto moderno de constituir y dar forma a la nacionalidad acudiendo a un conjunto de argumentos prácticos y simbólicos, donde el objetivo principal era alcanzar, a través de la identificación entre esas dos entidades, una sola y homogénea identidad nacional (p. 12).
La República Dominicana, que había logrado su independencia el 27 de febrero de 1844 y restaurado su soberanía en el marco de la Guerra Restauradora (1863-1865), no estuvo exenta de estas discusiones en las últimas décadas del siglo XIX. El presente estudio pretende realizar un acercamiento a la idea de raza y su vinculación con el progreso y la inmigración en el discurso de dos representantes cuyas ideas tuvieron un impacto significativo en el pensamiento social a finales del siglo XIX: Alejandro Angulo Guridi y José Ramón López. Para el desarrollo de esta contribución nos limitaremos fundamentalmente a sus obras del siglo XIX a pesar de que ambos escritores, especialmente José Ramón López, tendrán una amplia producción durante el siglo XX. Primero se realiza una breve revisión bibliográfica de algunos escritores que han trabajado el tema de raza o racialización en la sociedad dominicana. En el segundo apartado se aborda la visión de raza y la cuestión de la racialización en el discurso de Guridi y López, enfatizando la influencia del darwinismo social. En el siguiente apartado se vinculan las concepciones de raza y racialización con la idea de progreso y la promoción de la inmigración como componente de regeneración y modernización, y por último unas reflexiones de cierre orientadas al impacto de las ideas de ambos intelectuales en la historia del siglo XX.
Raza y racialización en la historiografía del pensamiento dominicano
En la historia del pensamiento dominicano la cuestión racial ha sido abordada en obras generales y en algunos casos en aspectos específicos y desde disciplinas diferentes. En el campo de la literatura, desde la poesía y el ensayo está presente el tema racial. En el ámbito de la poesía, en el trabajo de Abreu-Torres (2014), se reflexiona sobre la visión de la cuestión racial de la escritora Chiqui Vicioso, especialmente a través de sus poemas representativos “Viaje desde el agua”, “Un extraño ulular traía el viento” y “Eva/Sión/Es”. Desde el ensayo, el escritor Rodríguez (2004) estudia la obra de Manuel Arturo Peña Batlle y Joaquín Balaguer, especialmente en el marco de la dictadura de Trujillo.
En el campo de la filosofía, Santos Cueto (2021) aborda el caso del escritor Francisco Moscoso Puello (1885-1959). Siguiendo el método hermenéutico, el autor trabaja lo que él llama “la conciencia escindida o la angustia del mulato”. Defiende la idea de que el determinismo geográfico y racial influyó en la producción de Moscoso Puello, quien
[…] realizó una práctica escrituraria con la intención de sobrellevar la angustia existencial de ser un mulato en un país mulato; aunque no como todos los mulatos dominicanos dado su acercamiento privilegiado con el mundo europeo a través de su formación académica (p. 57).
En el campo de la historia y la sociología, los trabajos de Andújar (2006), Deive (1999), Fennema y Loewenthal (1987), Franco (2012), San Miguel (1992) y Tolentino Dipp (1974) hacen un abordaje general del fenómeno racial en la sociedad dominicana. De su parte, Mayes (2014) establece la relación entre nación, raza y género, mientras que Turits (2004) estudia diversos aspectos relacionados con la esclavitud, la población libre de color y la estructura racial del Santo Domingo colonial.
El concepto de raza y su vinculación con el tema haitiano no ha estado exento del abordaje de los intelectuales Carrolle (1992) y Dore Cabral (1995). Abordan respectivamente la raza como una categoría significativa en el proceso de inserción de los trabajadores haitianos en República Dominicana y la cuestión de la migración, raza y etnia al interior de la periferia y el perfil cuantitativo y analítico de los dominicanos de ascendencia haitiana.
Utilizando la categoría de racialización se han ido desarrollando varios trabajos desde diversas disciplinas. Desde un enfoque interdisciplinar, Núñez Ureña (2009) analiza la correspondencia entre la racialización de la población de color y la racialización de los nombres de origen africano en el escenario dominicano. Más reciente y centrado en un estudio de casos, Mendoza-Vargas y Garibay-Orozco (2024) analizan la racialización económica del trabajo en la frontera dominico-haitiana a partir del caso de la empresa textil Compagnie Développement Industriel (CODEVI). Desde el campo de la historia y el pensamiento, González (2024) parte del criterio de que la racialización del trabajo fue la base del sometimiento de las poblaciones nativas y de los contingentes africanos esclavizados en las colonias americanas. El autor
[…] revisa los modelos propuestos para el estudio de relaciones raciales en el siglo XIX y sus antecedentes en el periodo tardocolonial, poniendo énfasis en continuidades y cambios que muestran las diversas realidades de esas relaciones en el contexto dominicano hasta inicios del siglo XX (p. 67).
Sin embargo, sigue siendo necesario abordar el tema de la raza y la racialización específicamente en el contexto de finales del siglo XIX, en que la sociedad dominicana atravesaba, de la mano de los gobiernos azules, un proceso de transición hacia una economía insertada en la dinámica del comercio internacional, y en el ambiente donde las ideas del positivismo y del darwinismo social ejercieron influencia teórica en los discursos que se fueron construyendo en materia social y cultural. De igual forma, quienes se han dedicado a estudiar el pensamiento de Alejandro Angulo Guridi lo hacen desde un enfoque biográfico (Cassá, 2019) o como un acápite dentro de una obra general. El caso de José Ramón López ha sido trabajado en los temas de ideología y campesinado (Baud, 1986) y los fundamentos del pesimismo dominicano en su obra (Canela, 2016). Más allá de referencias generales, el abordaje de la cuestión de la raza y la racialización de manera específica y sistemática en ambos pensadores ha estado ausente.
Raza y racialización en el pensamiento de Alejandro Angulo Guridi y José Ramón López
En la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX, la raza era concebida como una
[…] realidad biológica con características físicas y culturales específicas, dominó el pensamiento social latinoamericano e influyó en las políticas económicas. Coaliciones elitistas a menudo dirigidas por dictadores militares se fundaron sobre el positivismo de Comte, el darwinismo social de Herbert Spencer y el racismo seudocientífico para elaborar estrategias que debían sacar a América Latina del “atraso” y llevarla al “progreso” o la modernidad (Helg, 2022, p. 180).
Alejandro Angulo Guridi y José Ramón López, en el contexto de finales del siglo XIX, estuvieron influenciados por las ideas provenientes del positivismo, del darwinismo social y de la eugenesia. Dicha influencia se expresa en la noción de raza, degeneración y regeneración, teniendo en cuenta que el concepto de “degeneración va acompañado del de regeneración racial, de eugenesia, de mejora de la raza” (Casaús Arzú, 2009, p. 9).
La visión de la existencia de diversas razas y su jerarquización al amparo epistemológico del racismo científico de finales del siglo XIX aparece, aunque no de forma sistemática, en la obra del jurista, diplomático, periodista, filólogo, educador, sociólogo, analista político, poeta y crítico literario Alejandro Angulo Guridi (1823-1906). Su producción intelectual es diversa. Publicó la novela La joven Carmela (1841), La venganza de un hijo (1842) y Los amores de los indios (1843). En 1854 publicó el relato costumbrista “El Garito”, considerado por muchos como el primer cuento dominicano. En 1857 publicó en Santiago Observaciones sobre la reorganización política. En 1864 escribió su ensayo Santo Domingo y España. En Venezuela publicó el ensayo Examen crítico de la anexión de Santo Domingo a España. En 1902 publicó su libro Observaciones críticas sobre un libro de Mr. D. I. Burton. Sus artículos de los periódicos en los que colaboró, las cartas y otras obras fueron recogidos por Andrés Blanco Díaz y publicados por el Archivo General de la Nación en 2006, bajo el título de Obras escogidas, en tres tomos.
En 1891 Guridi publicó en Santiago de Chile su obra Temas políticos en dos tomos. Con respecto a la publicación de esta obra, Hostos la considera de alto valor literario y científico:
Como obra literaria, es muy amena, está escrita en buena lengua castellana y avivada por ingenio muy de hombre de mundo, de vida y de experiencia. Como obra científica, es una contribución considerable a los estudios de legislación comparada que cada día va popularizando más la cada día más obvia idea de que los estudios experimentales, en los cuales se procede por comparación, analogía y confrontación, son procedimientos equivalentes al experimento de laboratorio en los estudios cosmológicos (Hostos, 1942, pp. 27-28).
En la obra se “plasman perspectivas sistematizadas de sus concepciones de la teoría política, vinculada con los ordenamientos constitucionales y otros aspectos de la evolución política de las repúblicas de América Latina a lo largo del siglo XIX” (Cassá, 2019, p. 108).
A pesar de que fundamentalmente aborda su teoría política, en ella también aparece su visión de la raza permeada por el organicismo spenceriano. Defiende la existencia de una jerarquización racial. Explicando el origen de la sociedad, afirma:
Decir que el hombre es orgánicamente sociable o que la gran mayoría de las razas humanas, así de las inferiores como de las superiores, ha dado siempre evidencia varia de ingénita inclinación a la sociabilidad, no es un argumento que excluye la idea del contrato social (p. 12).
Partiendo del presupuesto de la existencia de razas superiores e inferiores afirma:
Está probado que las razas inferiores difieren entre sí en tamaño y estructura, y que asimismo existen entre ellas grandes diferencias del doble aspecto emocional é intelectual y es innecesario añadir que tales razas ofrecen notables desventajas, en todos esos respectos, con relación a las razas superiores, siendo la principal la falta de un organismo de vida asociada semejante al de los pueblos cultos de ambos hemisferios (p. 14).
Cinco años después de la publicación de Temas políticos, el escritor, cuentista, periodista y educador José Ramón López (1866-1922) publicó su obra más importante del siglo XIX: La alimentación y las razas. López cultivó el cuento y la novela. Publicó Cuentos Puertoplateños (1904) y la novela Nisia (1898). Sus ensayos incluyen Geografía de la América y en particular de la República Dominicana (1915); La paz en la República Dominicana. Contribución al estudio de la sociología nacional (1915); Censo y catastro en la común de Santo Domingo (1919); Manual de agricultura (1920), entre otros.
Su amplia obra fue compilada y publicada por el Archivo General de la Nación en 2005 bajo los títulos Escritos dispersos (Tomo I, 1896-1908); Escritos dispersos (Tomo II, 1909-1916) y Escritos dispersos (Tomo III, 1917-1922). De igual forma en 2011, bajo el cuidado de edición de Andrés Blanco Díaz, se publicó Más escritos dispersos. Tomo I, Más escritos dispersos. Tomo II y Más escritos dispersos. Tomo III.
La obra de mayor éxito (Mateo, 2004, p. 84) e influyente de López es La alimentación y las razas, publicada en Cuba en 1896. La idea central que guía el discurso de la obra es que una nación que no se alimenta adecuadamente está destinada a terminar en la miseria y la decadencia. Los principales elementos teóricos de este ensayo provienen del positivismo, del darwinismo y de las concepciones biologistas de Spencer, corrientes filosóficas que alcanzaron gran arraigo en toda América Latina (Puig-Samper, 2002 y Puig-Samper, 2019).
La idea de la existencia de diversas razas y que existen razas superiores e inferiores, así como el amplio manejo de conceptos de degeneración y regeneración están presentes en la obra. En los apartados iniciales utiliza con frecuencia la noción de degeneración de la raza y expresiones como: “En aquellas regiones de la Europa meridional, donde no es nutritiva, o se verifica con irregularidad, la alimentación de las masas, estas han degenerado visiblemente, perdiendo el vigor y muchas de las facultades útiles que antes poseían” (López, 1896, p. 14). De igual manera sostiene: “los rasgos principales que la degeneración ha impreso en el carácter de los campesinos son: la imprevisión, la violencia y la doblez” (López, 1896, p. 35).
Defiende la noción de que las naciones no están eximidas de la inexorable ley de la naturaleza, “que no tolera nada inútil, cumpliéndose hasta en los seres orgánicos la fatal sentencia que condena a invalidez o a muerte todo lo que no sirve” (López, 1896, p. 56).
Conectando la historia con la biología y la antropología, afirma: “Toda raza que degenera pierde la independencia, de hecho, o de derecho, y cae en poder de otra más vigorosa”. Incluye como ejemplo los casos de Asia y África. En su visión, “[e]l Asia entera, poblada por hombres que han entrado en la decadencia física e intelectual, yace enervada, bajo el dominio de la Europa”, mientras que “[e]n África no queda un territorio que no sea colonia o zona de influencia de algún poder extraño. En la Oceanía sucede lo mismo” (López, 1896, p. 56).
El darwinismo social se aplicó a las relaciones internacionales y al dominio colonial, a finales del siglo XIX. La idea de la superioridad de la raza más fuerte como parte de su discurso la explica utilizando la historia. Afirma:
El mundo ha sido siempre del más fuerte, intelectual y materialmente, porque conviene a los intereses y al destino de la humanidad que no impongan su molde los de entendimiento y fisicoraquítico. Asirio, faraónico, griego, romano, ibérico, inglés, el mundo ha cambiado sucesivamente de dueño, pero siempre ha confiado el cetro a la raza más fuerte, al tipo que reuniese en esa hora de la historia las condiciones étnicas más recomendables (López, 1896, p. 57).
El concepto de racialización conlleva imputar un origen hereditario a ciertas características intelectuales, emocionales o conductuales de un individuo en función de su pertenencia a un grupo considerado “racial” (Duany, 2022, p. 278). En esa línea argumentativa, López criticó las raíces que forman lo que algunos escritores llamaron posteriormente como matriz de la identidad nacional: la herencia aborigen, africana y española bajo el criterio de la alimentación. Consideró que la raza fue degenerando, perdiendo en tamaño, en vigor físico, en potencia mental. Sin embargo, será en el ensayo La paz dominicana donde utilizando un lenguaje mucho más crítico y riguroso volverá a defender la noción de la degeneración sobre la base de lo que ha conformado el ser dominicano. En el capítulo II, titulado “Quiénes somos étnica y moralmente”, afirma refiriéndose a los aborígenes que la
[…] población que encontraron en la isla los Descubridores era mentalmente de una inferioridad Desesperante. Era un estado social rudimentario, absolutamente primitivo, en el cual la vida no contaba con el esfuerzo inteligente y sistemático del hombre. De esa raza nada, o muy poco, había que esperar para el progreso (López, 20081, p. 11).
Por su parte:
El español que vino a Santo Domingo no era del tipo que nos pintaron Calderón y Lope de Vega, hidalgo rancio, florecimiento de virtudes manchadas tan sólo por el predominio de las ideas de violencia, de la razón de la espada y del orgullo satánico. Principalmente era, salvo las honrosísimas excepciones que registra la Historia, el soldado ignorante y el vicioso holgazán licenciado de presidio (López, 2008, p. 11).
Mientras que refiriéndose a la población africana que fue transportada como esclava durante la colonización, señala:
El negro traído de la costa occidental de África en la sentina de los buques que hacían la trata, era miembro de tribus salvajes, absolutamente ignorante, incapaz de comprender una organización social elevada y de sostenerla. La idea de la justicia estaba aún amorfa en su cerebro. La de libertad era una niebla. La económica no pasaba de proveer al propio consumo quitándole en el combate al vecino lo que éste hubiera producido. Su religión no respondía a una finalidad social estimable, pues no era un código de Moral, por lo menos como la entendemos ahora, sino un estúpido fetichismo que aspiraba a recabar extranaturalmente ventajas ilícitas en favor del profesante contra los demás hombres (López, 2008, p. 12).
Evidentemente, en la visión de López ese proceso de mestizaje, ese proceso de degeneración racial y social como efecto de la mala alimentación conforma el ser del dominicano. En ese sentido, “una inadecuada nutrición condenó a las tres razas que forman nuestro origen étnico, y en lo sucesivo la historia dominicana estará protagonizada por gente débil y degenerada” (Canela, 2016, p. 291).
Las ideas de la superioridad racial, la degeneración y la regeneración no fueron exclusivas de estos autores. En diversos países latinoamericanos estuvo gravitando en el ambiente intelectual y político de finales del siglo XIX y las primeras décadas del XIX (García González y Naranjo Orovio, 1998; Olaya Peláez, 2023; Pérez Vejo y Yankelevich, 2018; Reggiani, 2019). Para muchos intelectuales el atraso de sus sociedades era consecuencia de la población latinoamericana, compuesta principalmente por razas inferiores de negros, indios y mestizos.
La solución que propusieron fue la de “mejorar”, “blanquear la raza”. De acuerdo con Helg (2022):
Para los gobiernos de “orden y progreso”, el progreso, en términos socio-raciales, implicaba la confiscación de las tierras en las manos “ineficientes” de campesinos y de comunidades indígenas en provecho de latifundistas, la marginalización de los afrodescendientes y mestizos en los mercados de trabajos y la promoción de la inmigración europea para “blanquear la nación” (p. 180).
En el contexto dominicano y siguiendo esta visión con algunos matices, autores de orientación liberal pero también conservadora defendieron la idea de incentivar la inmigración caucásica como requisito que consideraron indispensable para colocarnos en la senda del progreso. El tema “migratorio devino así en eje del ideario que tuvo el progreso como base del pensamiento de los sectores intelectuales y dirigentes políticos” (Féliz y Castro, 2019, p. 11).
Raza, inmigración y progreso en Guridi y López
En el pensamiento social dominicano de finales del siglo XIX, migración, nación, orden y progreso estarán gravitando en las reflexiones de los intelectuales liberales, conservadores y positivistas. Sus análisis en el marco del proceso de construcción del Estado nación y de los debates en torno a la construcción de la identidad nacional y a los componentes que identifican el ethos dominicano (Ferrán, 2019) ejercieron una gran influencia en las reflexiones que en las primeras décadas del siglo XX marcaron el discurso sobre la sociedad dominicana, y pusieron en el tapete la cuestión de la racialización.
En el pensamiento latinoamericano en general –y gran parte de los liberales dominicanos se adscribieron a esa visión– predominó una concepción donde el progreso venía de fuera. De acuerdo con González (1987), en el pensamiento predominó la idea de que
[…] nuestros pueblos no estaban preparados para él; que la fusión de razas, culturas, religiones, constituían obstáculos; a ello se agregaba la existencia de una moral que contradecía las normas del trabajo y de la industria; todo ese conjunto que constituye el aporte de nuestras herencias vernáculas no era sino elementos sospechosos, para alcanzar el progreso. Estaba la pereza aprendida del español, agregada a la pereza de la raza indígena, o del mestizo enervado por el clima, la presencia de un conjunto poblacional negro sin aptitud para la vida civilizada; todos esos factores explican la miseria de estas regiones. Era por tanto necesario importar las instituciones, las ideas, las técnicas, los implementos, y hasta los hombres para emprender el camino de la civilización (p. 5).
En ambos pensadores, la inmigración, el progreso y la regeneración formarán parte de sus discursos en parte de sus obras del siglo XIX, y en el caso de López con mayor énfasis en su producción publicada en el siglo XX.
El tema de la inmigración aparecerá en gran parte de la obra de Guridi, especialmente en sus publicaciones en la prensa (Guridi, 2006a). Establece como modelo el caso chileno, donde vivió gran parte de su vida. A través de la inmigración europea y al amparo de las leyes liberales, consiguió la sociedad chilena quienes la ayudasen a regenerarse, ilustrarse y enriquecerse. Ese impulso hizo posible que lograran progresar en Chile:
[…] el comercio, las artes y oficios, la industria agrícola, la fabril y las ciencias; por eso la riqueza pública se ha aumentado de una manera satisfactoria; por eso las líneas de telégrafos, y de caminos de hierro se multiplican sin treguas; por eso el gobierno puede desembolsar gruesas sumas para ayudar a los empresarios de esos adelantos; y por eso, en fin, como que el pueblo tiene tanto extranjero laborioso a quien imitar en sus honradas y pacíficas faenas, todos están ocupados con provecho de la sociedad; y las máquinas y trenes de los ferrocarriles, y las oficinas telegráficas, y los grandes talleres, y los campos y los muelles, hacen que allí los hombres no estén ocupándose, como en las demás repúblicas hispano-americanas, en continuas revoluciones, en guerras fratricidas (p. 30).
En 1854 Guridi publicó en el periódico El Orden su ensayo Exclusivismo y fraternidad. En la obra concibe el exclusivismo de los pueblos, en el que ubica a Haití como “la tendencia a vivir incomunicado de los demás, valiéndose para ello de malos resortes sociales y de leyes restrictivas respecto al ejercicio que de los derechos civiles y políticos pueden gozar entre ellos los extranjeros” (Guridi, 2006b, p. 13).
Valora el mestizaje chileno (con inmigración blanca europea) como fuente de civilización, riqueza, paz y progreso. Él mismo se pregunta y a la vez se responde:
¿qué serán los hijos de esos cosmopolitas, de esos extranjeros, si como es de suponer nacen en el territorio de aquella República? Es claro que serán chilenos; y, lo que es más, chilenos más sanos, más robustos, porque o bien descenderán por entero de alguna raza menos raquítica de lo que es la española en América, como, por ejemplo, de la germana o la sajona, o bien serán el fruto de la mezcla de nuestra raza con alguna de esas, u otra extranjera, lo que es bien sabido que regenera la especie (Guridi, 2006b, pp. 30-31).
La idea de progreso en boga en la intelectualidad de finales del siglo XIX se conectará con la promoción de la inmigración blanca, aunque en cuanto a la preferencia no existía una posición homogénea. Escritores liberales como Ulises Francisco Espaillat favorecían la entrada de migrantes europeos teniendo a la migración alemana como la ideal (Sang Ben, 2013, p. 233), mientras que Francisco Gregorio Billini (2009) propugnaba por la migración belga (p. 213).
Guridi, de acuerdo con la historiadora Carmen Durán (2006), será un:
Abanderado de la idea del progreso. La inmigración caucásica y el mestizaje los plantea como panacea para la “civilización”, la “riqueza”, la “paz”, el “progreso”, la “prosperidad”, el “sosiego”; y como solución a los males morales, materiales y culturales de las sociedades aquejadas por el exclusivismo y la intolerancia (p. 22).
En el pensamiento social dominicano del siglo XIX, no toda la migración era portadora de civilización y progreso, lo que implicó el desarrollo de prácticas de racialización que incidieron en el campo de la política. En el caso de Guridi, critica por ejemplo la posible entrada de antiguos esclavos. En una carta de respuestas al cónsul dominicano en New York fechada el 11 de noviembre de 1878, afirma:
El Gobierno dista mucho, desgraciadamente, de estar en aptitud de contraerle a promover la inmigración de extranjeros que tan necesaria le es, costeando el transporte de ella a los puertos de la República, y si pudiera hacerlo así de seguro que aspiraría a traer inmigrantes de mejores condiciones para el desarrollo de la riqueza agrícola que los aspirantes a que usted se refiere, quienes por el estado servil en que han vivido hasta hace muy pocos años no son los más a propósito para satisfacer las legítimas aspiraciones del país en ese sentido (Guridi, 2006c, p. 223).
En la intelectualidad dominicana de finales del siglo XIX, pero también a principios del siglo XX y bajo la influencia de la ideología de progreso, el campesinado, con excepción de la visión de Pedro Francisco Bonó, será visto en general de forma negativa y por tanto era necesario someterlo a procesos de regeneración y civilización. De acuerdo con González (1987), este
[…] fue la base social del proceso de constitución del pueblo-nación durante el siglo XIX, y sin embargo ninguno de los proyectos políticos que entonces formulan los intelectuales toman en consideración al campesinado. Antes, al contrario, lo consideran sólo de manera negativa como obstrucción en el camino del progreso (pp. 6-7).
Sobre el campesinado abundaron los estereotipos. De acuerdo con Baud (2020), “los contemporáneos estaban constantemente quejándose del frívolo estilo de vida de la población rural, sus continuas fiestas, su inclinación a perder el tiempo y la ausencia de civilización” (p. 417). Esta noción del campesinado se compartirá en gran parte del pensamiento latinoamericano de finales del siglo XIX.
En La alimentación y las razas de López, aparece una valoración negativa del campesinado. De acuerdo con García González y Naranjo Orovio (1998), la raza no es solo “una construcción social, sino cultural, política y científica […] es una categoría social y una construcción política y cultural” (pp. 267-268). Dicha visión se ve reflejada en la concepción del campesinado como retranca para el progreso y por tanto en la necesidad de regenerarlo. La idea de regenerar a la población campesina, caracterizada como “una raza de ayunadores, hundidos en las tinieblas de su miseria física moral, aproximándose más cada día a la animalidad, naciendo toda generación con menos vigor mental, que su predecesora” (López, 1896, p. 13), forma parte del eje central de la argumentación en esta obra.
En el marco del debate del binomio civilización y barbarie, el autor refleja cierto escepticismo con respecto al campesino. Afirma:
Amargas dudas se ofrecen respecto a la eficacia de las ideas para civilizar esta masa incapacitada por el hambre, y toda esperanza de regeneración se vuelve hacia el alimento, porque el camino de la cabeza en las razas exhaustas va por el estómago y hay que fabricarles antes la cocina que la escuela, para el esfuerzo mental complicado, constante y poderoso que exige la civilización presente. ¿Qué ideal de nacionalidad, qué ideal de raza podrá servir de faro en lo sucesivo a esa abrumadora mayoría rural que en cada generación abdica de un capítulo de la vida del espíritu? Retrocederá sin rumbo ni conciencia, falta de objeto su vida nacional, arrastrándonos a todos en su miseria crónica, si los que aún tienen serenidad para prever el naufragio cercano, no reaccionan con todas sus fuerzas, no predican con ardor otra higiene (López, 1896, pp. 19-20).
Su preocupación y crítica al campesinado, a sus costumbres y alimentación se traducen en una propuesta general. Considera que
[…] el interés patrio exige con urgencia la regeneración de nuestra raza, su reconstrucción física, su retrotraimiento al vigor antiguo, para que sea capaz de intelectualismo elevado, compense con él la desventaja de fuerzas materiales, que quizás tengan en la cuestión a que está abocada, y que según puede aplazarse para muchas décadas puede surgir imponente, inevitable, de un momento a otro (López, 1896, p. 58).
La escasa población será un argumento presente en los pensadores y promotores de la inmigración. A propósito de la aplicación de las ideas de promover la migración para aumentar la población, Jarvis Luis (2019) señala que en el
[…] Estado dominicano entre 1870 y 1950 desarrollaron políticas enfocadas a atraer inmigrantes europeos hacia la República Dominicana, con el doble propósito de aumentar el número de habitantes para incrementar la densidad de población y contribuir al progreso socioeconómico, mediante la presencia de trabajadores extranjeros (p. 109).
El argumento para promover la inmigración como portadora de civilización y de progreso tiene un componente de racialización y aparece de manera general en esta obra, aunque será en sus obras del siglo XX que abordará de manera más rigurosa esta noción. Considera:
La República tiene todavía poca población para el sostenimiento de grandes empresas. Pero en estos tiempos un pueblo industrioso, un pueblo resuelto a convertir la patria en activa factoría, puede contar con el consumo de los otros, con que el mundo entero es un mercado abierto a su diligente inteligencia. Estamos en el centro de América, entre una nidada de pueblos que casi nada fabrican de lo que consumen, o que no tienen clima apropiado a los frutos de nuestra agricultura; y haciendo sacrificios, concediendo franquicias excepcionales, podemos obtener nuestra parte en esa animada y vasta feria. Será esa, la de dar exclusiva preferencia a la formación de riqueza, la mejor manera de aumentar rápidamente la población. Los brazos van donde el trabajo abunde, y según sea el número de talleres que abramos será el de inmigrantes que desembarquen en nuestros puertos (López, 1896, p. 63).
Reflexiones finales
En las últimas décadas del siglo XIX, en el contexto histórico en que la República Dominicana iniciaba en términos socioeconómicos un proceso de transición y de inserción en el mercado internacional a través de la industria azucarera, mientras que en términos sociopolíticos se iban construyendo las narrativas de los Estados nacionales, el factor racial y el legado de la colonización estuvo presente en las reflexiones que fueron desarrollando los pensadores de la época, entre los que se incluyen Alejandro Angulo Guridi y José Ramón López.
En sus reflexiones tanto el positivismo y el evolucionismo spenceriano como la teoría eugenésica y de la regeneración serán la base conceptual más importante de la visión que desarrollaron sobre la raza. En ese sentido, la idea de progreso presente en ambos pensadores está imbuida del positivismo. De igual forma, estas tendencias en el campo del pensamiento filosófico, antropológico y científico y su visión de las diferencias étnico-raciales y sociales entre los grupos humanos fue un factor –no el único– que incidió en la visión de la migración blanca como prototipo de civilización y progreso, y en consecuencia, en la visión del campesinado que sustentó López.
Tanto Guridi como López en sus discursos hacen presente la jerarquización y el lenguaje de la decadencia y la regeneración. En dicha visión no solo se hace presente la concepción de raza como una realidad biológica con características físicas y culturales específicas, sino también la visión de la raza como una categoría social y una construcción política y cultural. De ahí que es necesario señalar que estas ideas presentes en la obra, especialmente de López, tendrán un impacto significativo en el pensamiento social y político del siglo XX, fundamentalmente en la visión sobre Haití y en el fortalecimiento de la concepción de la supuesta degeneración nacional, que será uno de los componentes característicos del llamado “pesimismo dominicano”.
Bibliografía
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