Esta investigación, como casi cualquier libro, empezó como una idea que luego se convirtió en proyecto y un proyecto que se escribió en un contexto determinado. A pocos años de su gestación, ese momento parece muy lejano y resulta apropiado tener en cuenta algunas consideraciones para adentrarnos en esta lectura. El cine del que escribí es un tipo de cinematografía que nació como analógica, que vio crecer la digitalidad y que pasó de un esquema de mundo al otro. Eso era visible y fue tenido en cuenta a la hora de escribir. Ahora, gran parte de este libro se realizó durante la cuarentena por la pandemia de COVID-19, situación que marcó distancias insalvables con un formato del contenido audiovisual y de los modos de consumo que ya estaba creciendo previamente y que terminó por instalarse tras estos hechos.
Algo de todo ese proceso fue abordado hacia los capítulos finales pero hoy en día parece ineludible mencionar la convergencia audiovisual como un fenómeno cuyo desarrollo progresivo atravesó todo el período estudiado y que fue una parte importante del mismo. El tema de la marginalidad urbana ha estado presente en el cine y en la TV argentinas a lo largo de estas décadas y hoy se hace evidente con series como El Marginal o el reestreno de Okupas, que integran la oferta de contenido nacional en plataformas de distintas pantallas del mundo.
Por otro lado, las políticas de Estado que en lo que es trabajado aquí acompañan el desarrollo de este contenido han ido en desmedro del cine nacional, generando la paralización de producciones nacionales durante la pandemia y el desfinanciamiento feroz del sector en los años posteriores. Con esto, la introducción de las plataformas con roles de producción y distribución se volvió preponderante, lo que no era aún tan evidente durante el curso de escritura de este trabajo.
De alguna manera, lo que empezó como una idea de encontrar un lugar de desanclaje crítico sobre la marginalidad urbana en Argentina, se volvió una suerte de camino hacia comprender la espectacularización de la marginalidad que se desarrolló progresivamente y cuyo crecimiento se encuentra detallado a lo largo de estas páginas.
Estamos en arenas del post-cine, del cine ampliado, en medio de un mundo global de plataformas audiovisuales que muestran la crudeza de lo que el algoritmo demanda y exige. Los márgenes estéticos tienen poco lugar en esas vidrieras y la masividad de los multiversos ya no suele posarse sobre el cine independiente con frecuencia.
Nos queda pensar si el cine sigue siendo un refugio para hacer emerger otro tipo de visualidades, tan necesarias como urgentes.







