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6 Nadie emprende en el vacío

Los emprendimientos no surgen de la nada. Eso está claro. Siempre hay un contexto geográfico, social, político, económico y cultural desde el cual emergen las nuevas empresas. Lo que sigue siendo un tema en investigación es el modo en que se vincula el entorno con la identificación, evaluación y aprovechamiento individual de oportunidades de negocios. La relación entorno-individuo es en buena medida opaca en términos de motivación y logro. Las propuestas teóricas son tan diversas como teñidas de supuestos de base que condicionan las aproximaciones empíricas, y se debaten fuertemente entre lo descriptivo y lo prescriptivo.

En cualquier caso, hay condiciones de entorno que son iguales para todos, más allá de las diferencias individuales aplicables a cada emprendedor en términos de capital humano, social, financiero e institucional. Pero a su vez es necesario tener en cuenta que el entorno general incidirá de forma muy diversa de acuerdo con los capitales acumulados de cada emprendedor: quien tenga mayor respaldo económico, formación y redes de apoyo en su punto de partida será menos susceptible a los factores negativos del contexto.

En el presente capítulo les proponemos explorar diversas aproximaciones teóricas que miran el fenómeno emprendedor ‘desde arriba’, tratando de dar cuenta de la dinámica de nacimiento y consolidación de nuevas empresas en entornos nacionales, subnacionales y regionales. Esto nos dará pistas sobre cómo potenciar los factores positivos y minimizar los negativos, tanto a escala emprendimiento como a escala institucional, y nos abrirá paso hacia el próximo capítulo en el que problematizaremos el rol de las organizaciones de apoyo a emprendedores.

Un enfoque sistémico

Las reflexiones sistémicas hicieron un gran aporte al desarrollo emprendedor, en la medida en que pusieron sobre la mesa los factores que potencian o condicionan la empresarialidad en un ámbito regional determinado. Desde esta perspectiva, Kantis et al. (2002, 2004) señalan que el proceso de gestación, puesta en marcha y gerenciamiento inicial de una empresa se da en un contexto influenciado por la estructura y la dinámica productiva del territorio, por el mercado de factores, por las condiciones regulatorias, por los aspectos culturales y educativos, por las redes de apoyo y el capital social, por las condiciones socioeconómicas, y por las características emprendedoras personales o competencias emprendedoras del equipo emprendedor.

Sistema de Desarrollo Emprendedor

Fuente: Kantis et al., 2004.

En la propuesta de los mencionados autores se identifican algunos factores externos a los sujetos (tales como las variables macroeconómicas, la dinámica productiva regional o las condiciones regulatorias), mientras que otros factores son de referencia personal: la formación, la condición socioeconómica de los integrantes del equipo emprendedor, sus capacidades individuales y el capital social o las redes de relaciones estratégicas.

Los aspectos socioculturales y educativos son condicionantes estructurales que jugarán a favor o en contra de la motivación individual a emprender. Y si bien suelen hacerse análisis agregados a escala país, los contextos microrregionales tienen una fuerte influencia sobre la propensión a la iniciativa privada. Es común verificar valoraciones sociales muy diversas en torno a la figura del empresario en localidades relativamente cercanas. Recordamos en este punto la importancia de la ‘ley de los pequeños números’ de Isenberg (2010), en tanto que la presencia de un grupo (aunque fuera pequeño) de emprendedores que ejerzan un rol positivo en el ámbito local contribuirá a fomentar la aspiración social y a despertar vocaciones que quieran seguir su ejemplo.

También la estructura y la dinámica productiva serán factores fuertemente influyentes. Las empresas tienden a replicarse. Demandan bienes y servicios, por lo que requieren de otras empresas para abastecerse. Capacitan trabajadores, que adquieren habilidades y conocimientos en un rubro determinado. También, en la medida en que especializan sus funciones, generan cuadros gerenciales que desarrollan capacidades de conducción y nutren una agenda de contactos que, incluso, pueden luego utilizar para desarrollar sus propios negocios. En definitiva, las empresas son las mejores incubadoras de empresas que se hayan inventado hasta la actualidad.

Pero la dinámica que se despliegue entre ellas es tan importante como la estructura misma. ¿En qué fase de su ciclo de vida están las industrias en las que se insertan las firmas locales? ¿Qué grado de tecnología incorporan en sus procesos? ¿Cuáles son sus escalas de comercialización? ¿Son competitivas en el mercado regional, nacional o global? Y uno de los elementos decisivos: ¿qué tipos de relaciones establecen entre ellas? ¿Existe sinergia y esquemas de cooperación competitiva o coopetición? ¿Institucionalizan sus vínculos en organismos de representación sectorial? ¿Se vinculan con organismos de ciencia y técnica, y con los gobiernos locales? El desarrollo endógeno fue estudiado desde la perspectiva del capital social y las redes de apoyo empresariales que se desenvuelven en territorios determinados. El flujo de conocimientos, recursos e influencias es una de las variables que facilitan o dificultan el ingreso de nuevos jugadores y su desempeño en el campo.

El mercado de factores es otro gran condicionante. Se refiere al acceso a la tierra o a la infraestructura de base para el desarrollo de la actividad, al acceso a capital financiero y a la disponibilidad de mano de obra calificada para trabajar en el rubro. La radicación o surgimiento de empresas estará condicionado por estos factores de competitividad regional, así como por el marco regulatorio aplicable a las empresas en general y al rubro en el que se insertan en particular.

¿Probaron de iniciar una empresa de elaboración de alimentos y les pareció complicado? Prueben con una de cosméticos. O mejor: una de medicamentos o equipamiento de salud. En algunos rubros, las barreras a la entrada de determinadas actividades están ligadas principalmente a las condiciones regulatorias. Las regulaciones son mecanismos mediante los que la sociedad estimula determinadas actividades, previene los posibles daños que podría ocasionar la producción de determinados bienes y servicios, y extrae de las unidades económicas recursos económicos para la generación de bienes públicos. Esto afectará de forma diferente a las diversas empresas, de acuerdo con sus escalas y el tipo de actividad que desarrollan. Para algunos emprendimientos, sortear los procesos de habilitación puede resultar en un derrotero interminable que consume recursos no previstos antes de que la empresa pueda generar ingresos.

Por supuesto también influirán fuertemente las condiciones macroeconómicas, la estructura socioeconómica de la población y el comportamiento de la demanda. Tal como señalamos en el apartado “La escala como limitante” –usualmente– el desempeño económico se corresponde con incrementos en la tasa de emprendimientos por oportunidad y reducciones en la tasa de emprendimientos por necesidad en los ciclos expansivos, y con el incremento de la tasa de emprendimientos por necesidad y reducción de la tasa de emprendimientos por oportunidad en los ciclos recesivos. Si bien a esta correspondencia no puede adjudicársele una relación causal directa por la multicausalidad que opera en el campo emprendedor, es necesario prestar atención a las tendencias de los datos agregados.

Enfocándose específicamente en el emprendimiento por oportunidad con potencial de crecimiento, el equipo del Programa de Desarrollo Emprendedor (PRODEM) de la Universidad de General Sarmiento desarrolló el Índice de Condiciones Sistémicas para el emprendimiento dinámico. Conceptualizaron dicho enfoque siguiendo la propuesta del sistema de desarrollo emprendedor:

cap. 6

Fuente: Kantis, Federico e Ibarra García, 2014, 2015, 2016, 2017.

A partir de dicha conceptualización diseñaron una metodología para medir los diversos factores que condicionan el desarrollo emprendedor, a saber:

  • Cultura
  • Financiamiento, Capital humano emprendedor
  • Capital social, Sistema educativo
  • Plataforma de ciencia, Tecnología para la innovación
  • Estructura empresarial
  • Condiciones sociales
  • Condiciones de la demanda
  • Políticas y regulaciones

La aparición del Índice de Condiciones Sistémicas para el Emprendimiento Dinámico (ICSED) supone un notable avance en términos de disposición de información de base para orientar la toma de decisiones en términos de promoción del desarrollo emprendedor. Si bien esta información resulta más útil a técnicos, académicos y funcionarios que a los propios emprendedores, insistimos en una premisa rectora para estos últimos: conocer las condiciones de las variables de entorno a la creación de la propia empresa siempre reporta algún grado de utilidad, pero resulta esencial esforzarse por mantener un locus de interno y separar tajantemente aquellas variables sobre las que se puede incidir de las que no se pueden controlar a partir de las propias acciones. Llorar porque determinadas condiciones (incontrolables desde la escala micro) no son como deberían, sólo resulta una pérdida de tiempo o termina abonando a la inacción.

Ecosistema emprendedor

“Montemos nuestro propio Silicon Valley”, dijeron. Y trataron de replicarlo en setenta y nueve lugares del mundo. Como si fuera un copycat del famoso valle de silicio. Pero las resultantes fueron invariablemente de mala calidad en relación al original. La vocación de desarrollo regional es un objetivo siempre loable, pero pensar que podremos lograrlo tecleando ‘ctrl+c/ctrl+v’ en el territorio es un pensamiento ingenuo.

Una vez le preguntaron a Daniel Isenberg, desde Corea, cómo podían copiar el modelo de desarrollo emprendedor israelí. Su respuesta fue irónica: “procura que todos tus países vecinos te declaren la guerra”. La lección es clara: no hay dos lugares en el mundo que puedan replicar las mismas condiciones. Sin embargo, al asumir eso, la estrategia resultante es potente: pensar el desarrollo emprendedor en el marco de un ecosistema, una trama viva de interrelaciones, y actuar en consecuencia.

Puedo plantar pinos canadienses en Patagonia. Pero jamás podré replicar las mismas condiciones del ecosistema original. Los bosques serán cualitativamente diversos. No crecerán pastos debajo de los árboles porque no hay especies adaptadas a su resina ácida. Los animales e insectos serán distintos. Los hongos tendrán características propias. Y hasta una empresa local podrá diferenciar sus aceites esenciales de pino porque tendrán trazas propias, distintas del aroma extraído de los pinos crecidos en sus hábitats originales. A los pinos resultantes los habrán afectado las condiciones de temperatura, exposición al sol y fuertes vientos. El comportamiento del ecosistema es holístico: al tocar cualquier pequeña variable, el entorno se modifica impredeciblemente. Un invisible lazo une estrechamente todos los factores. Puedo no ver los hilos, pero allí están, condicionando a la vez lo general y lo particular.

Para explicar el desarrollo emprendedor (nuevamente, ‘desde arriba’), Isenberg (2010, 2011) utiliza el concepto de Ecosistema emprendedor y toma los diversos factores como las fuerzas vivas que operan en el campo de la creación de empresas.

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Fuente: Isenberg, 2011.

Según su propuesta, el emprendedorismo se desarrolla en el centro e interrelación de diversos factores, entre los que se cuentan las condiciones del mercado, las políticas, el capital financiero, la cultura, el capital humano y los medios de soporte de las actividades.

Dentro de estos grandes globos, el autor desagrega los factores más importantes relativos a cada uno de ellos. Las redes entre los emprendedores, los ‘clientes tempranos’, la expertise productiva y los vínculos de exportación serán cruciales para definir las características del mercado. Las instituciones, los organismos de investigación y desarrollo, las legislaciones aplicadas a nuevas empresas, la jerarquización estratégica del emprendedorismo y los marcos regulatorios de las actividades darán el marco político del ecosistema. La disponibilidad de financiamiento apto para diversos estadios y rubros empresariales determinarán las condiciones del capital financiero. La valoración y el estatus social de los emprendedores, la tolerancia al riesgo y al fracaso, los casos de éxito visibles, la aspiración y la reputación internacional de la región configurarán el entramado de la cultura emprendedora local. Las capacidades, habilidades (específicas e inespecíficas), la formación profesional y el entrenamiento emprendedor conformarán el capital humano regional. Y, por último, el soporte al emprendedorismo estará conformado por la infraestructura (telecomunicaciones, transporte y logística, energía, incubadoras, parques industriales, centros), por las organizaciones no gubernamentales (asociaciones sin fines de lucro vinculadas al emprendedorismo, eventos, concursos, conferencias, etc.) y por los profesionales de soporte (abogados, contadores, expertos, asesores, etc.).

Usemos estos criterios como estándar y analicemos cualquier caso de éxito mundial, desde el Silicon Valley e Israel, hasta Suecia o Noruega. Sin dudas, cada indicador dará resultados diferentes y presentará condiciones particulares de acuerdo con la dinámica política, social, económica y cultural del lugar. Tomando las variables aisladas, un mismo indicador puede dar muy mal en un entorno exitoso y muy bien en un entorno que dificulta el desarrollo emprendedor. Es que no importa tanto la parte como el todo. El resultado final depende de cómo interactúan entre sí todos los factores, incluso más allá de los sujetos. Los ecosistemas no son sumas de factores, son un entramado inextricable de relaciones.

Entender que la complejidad es una premisa del enfoque ecosistémico en desarrollo emprendedor ayuda a evitar la infructuosa búsqueda de recetas mágicas. “No hay una política bala de plata”, señala Isenberg (2011). Mejorar el marco regulatorio, fortalecer la formación emprendedora, hacer más accesible el capital emprendedor, brindar apoyo e infraestructura son políticas bien intencionadas, pero su impacto es relativo si se implementan aisladamente.

Monitorear las buenas prácticas de los ecosistemas emprendedores fértiles resulta una estrategia de benchmarking inspiradora. No está mal el reflejo de ‘copiar’; lo que usualmente falla es el proceso para lograr la correcta ‘adaptación’. Con medidas abruptas y aisladas, se apresuran los tiempos institucionales, las prácticas no se condicen con las dinámicas locales, las medidas no se soportan sobre liderazgos locales y se insiste con estrategias impuestas de-arriba-hacia-abajo (top-down), por lo que suelen obtenerse resultados parciales o incluso adversos. En cambio, desarrollar el propio ecosistema, con las condiciones de base de la región, “requiere tiempo, esfuerzo y recursos, así como también experimentación y aprendizaje hasta que evolucionen las configuraciones únicas correctas”, señala Isenberg (2011).

Una lección clave del enfoque ecosistémico

Los líderes políticos suelen pensar el desarrollo desde una perspectiva lineal y buscan potenciar la competitividad en el entorno regional a partir de los recursos disponibles. Y es un buen enfoque. Salvo que en esa linealidad, suelen enfocarse casi exclusivamente en los recursos naturales. Mirado de esa manera, las propuestas de-arriba-hacia-abajo (top-down) resultantes buscarán estimular el desarrollo empresarial encausado en los rieles trazados por dichos recursos.

Analizando el caso de Islandia desde una perspectiva centralizada y de-arriba-hacia-abajo, Isenberg (2011) identifica sus ventajas comparativas con la energía geotermal, la belleza natural y la pesca. Sin embargo, señala que las empresas más competitivas del país tienen que ver con la industria farmacéutica, con los juegos online y con las prótesis médicas. La mente del planificador, característica del paradigma de desarrollo centralizado que estuvo vigente hasta la década de 1960, estalla en este punto.

Y es que faltó incluir en el diagnóstico el principal recurso de los ecosistemas emprendedores: los emprendedores. Que, como todos sabemos, son humanos y, por tanto, difícilmente predecibles. A menudo, los recursos naturales no son un componente clave en los ecosistemas. Por el contrario, las personas siempre lo son. Asumir esto tiene una implicancia práctica directa: hay que estar preparados para la sorpresa. La tarea del gestor del ecosistema emprendedor no tiene que ver con direccionar el campo de oportunidades. Por el contrario, eso puede ‘adormecer’ el olfato emprendedor. En palabras de Isenberg (2011), no es necesario indicarles a los emprendedores dónde están las oportunidades; su trabajo es olfatearlas, y el proceso mismo de intentar, fracasar, reorganizar y volver a intentar agudiza y mejora el espíritu empresarial.

La mundialmente conocida frase de Einstein que reza: “si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” aplica al desarrollo. El fomento de la innovación en el territorio no consiste en tratar de mejorar los procesos tecnológicos para seguir explotando los recursos tradicionales, sino en generar las condiciones para que las personas de la región generen de abajo-hacia-arriba (bottom-up) alternativas que no se les hubieran ocurrido a los planificadores. La planificación es el beso de la muerte de la innovación. En palabras de Pierre Laubies (en Bidwell, 2017): “la disrupción se trata de encontrar nuevas formas de mantenerse relevante y cada empresa humana aspira a ello. Sin embargo, aprendí una cosa sobre la disrupción: no puedes planearla, pero debes organizarte para ella”.

Comunidades startup: el ecosistema desde el punto de vista de los emprendedores

Tal como señalábamos desde las propuestas del sistema y del ecosistema emprendedor, el proceso de creación de empresas se da en un contexto determinado, que puede influir de manera positiva o negativa en los emprendedores. Sin embargo, que el contexto esté determinado no presupone un enfoque determinista sobre el desarrollo emprendedor. Por el contrario, los emprendedores desafían el contexto, rompen los pronósticos y, en tanto lo hacen, son actores de cambio en el entorno. Podemos decir que, en diversas escalas, son influenciados y a la vez influencian el ecosistema emprendedor.

Así como en puntos anteriores problematizábamos la influencia de lo macro sobre lo micro, en este punto tenemos que reivindicar la capacidad de lo micro para incidir sobre lo macro. Lo colectivo afecta lo individual, y a la inversa. Ante el mismo contexto, diferentes personas suelen tomar distintos cursos de acción. En última instancia, esto se debe a que el contexto es en parte un punto de vista[1]. En función de los capitales (humano-cultural, social, económico e institucional), las personas tendrán diferentes percepciones de su entorno y en consecuencia actuarán de distintas maneras.

En un franco acto de egotismo, durante varios años las instituciones que promueven el desarrollo emprendedor se autodenominaron ‘ecosistema emprendedor’, como si el ecosistema pudiera reducirse a un conjunto de instituciones –en el mejor de los casos­– interrelacionadas. No es necesario enfatizar en este punto que existen miles de factores no controlables ni por los emprendedores ni por la mayoría de las instituciones.

Está claro que la existencia de instituciones especializadas que presten servicios de calidad contribuirá al desarrollo emprendedor. Sin embargo, por la diversidad de rubros en que los emprendedores pueden iniciar una actividad económica, y por las diversas etapas que –de manera no lineal– atraviesan en el proceso de fundación de una empresa, sus necesidades son múltiples y superan ampliamente la oferta de cualquier institución y/o programa. Aún más: los emprendedores creaban empresas mucho antes de que surgieran programas específicos para estimularlos. Una confirmación empírica sobre este postulado se encuentra en la publicación Entrepreneurial Ecosystems Around the Globe and Early-Stage Company Growth Dynamics del World Economic Forum (2014). En el marco de la investigación que lo soporta, se demuestra la vinculación e influencia en empresas tecnológicas (de internet y media) en Buenos Aires, desde mediados de la década de 1990 hasta la actualidad. Este ejemplo es puntualmente interesante para ilustrar que en buena medida el desarrollo emprendedor es algo que sucede muchas veces de manera independiente de –y en el peor de los casos, a pesar de– los programas e instituciones.

La dificultad de base en la interacción para potenciar el desarrollo emprendedor en un entorno dado se centra principalmente en el punto de vista que asumen los diversos actores. Mientras que los fundadores están concentrados específicamente en los desafíos intrínsecos a su proyecto, los demás actores (técnicos, políticos, referentes institucionales, representantes de cámaras y organizaciones empresariales, inversores y bancos, etc.) miran el fenómeno ‘desde arriba’ y están atentos a la dinámica general más que a los desarrollos particulares. Los emprendedores se concentran en su árbol, los demás actores están mirando el bosque.

Así y todo, la potencia de una comunidad para fomentar la empresarialidad tiene que ver con la diversidad y con la especialización de funciones. La comunidad startup es ‘alimentada’ por servicios de base prestados por universidades, mentores, el gobierno, grandes compañías, servicios profesionales e inversores. En los ecosistemas maduros, las universidades generan conocimiento e innovación en sus laboratorios de investigación, instituyen programas de emprendedorismo y tecnología, y conectan alumnos y docentes con el ámbito empresarial a través de sus unidades de vinculación. Los mentores brindan conocimientos prácticos y asistencia a los emprendedores por motivaciones extraeconómicas. Las grandes empresas generan espacios de inserción en sus cadenas de valor para nuevas compañías, y lanzan programas para promover startups. Los inversores aportan capital a empresas en distintas fases de desarrollo, y los profesionales brindan servicios contables, legales, comerciales, financieros, etc.

La interacción entre emprendedores e instituciones reviste algunas complejidades por los puntos de vista –focales o globales– que asumen. En particular para el gobierno es aún más complejo, en la medida en que los procedimientos estatales responden a lógicas administrativas de racionalidad causal o planificadora.

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Fuente: Elaborado en base a Feld, 2012.

Mientras que los emprendedores tienen un enfoque autocentrado, el gobierno asume una visión global, de conjunto. Los emprendedores impulsan iniciativas de-abajo-hacia-arriba (bottom-up) mientras que el gobierno propone de-arriba-hacia-abajo (top-down). Los emprendedores mantienen su atención centrada en aspectos micro, y el gobierno mantiene su atención centrada en aspectos macro. Los emprendedores son propensos a la acción, y los gobiernos a la instrumentación de planes y de políticas. Los emprendedores se centran en el impacto, y los gobiernos en el control. Aplicando la propuesta de Sarasvathy (2008), el antagonismo se transforma en una abierta oposición de puntos de vista, dado que los emprendedores mantienen una lógica efectual, centrada en los medios (vínculos y recursos) de que disponen para conseguir resultados abiertos, mientras que los demás actores (programas, gobiernos, bancos, inversores, etc.) imponen una lógica causal centrada en resultados predefinidos y en la planificación de los medios necesarios para alcanzarlos. Teniendo en cuenta esto, el desafío de la comunidad se centra en encontrar puntos de contacto entre ambas lógicas.

En relación al liderazgo de la comunidad startup, Feld (2012) señala sin ambigüedades que quienes deben conducirla son precisamente los emprendedores. Si los demás actores son los que ‘alimentan’ a la comunidad, los emprendedores son los que la lideran. Bajo su conducción recae la articulación y direccionamiento de los recursos del entorno en favor de la fertilidad empresarial. En vez de intentar totalizar la escena, los demás actores deben entenderse como partes de un mecanismo que requiere diversidad y complementariedad, en un sistema complejo cuyo output son nuevas empresas exitosas.

Aplica a las comunidades la misma lógica incremental que expresábamos a través de la curva de Rogers: hasta que no haya una masa crítica de nuevas startups, el fenómeno no logrará escalar. Unos o dos árboles sueltos no constituyen un bosque. Es necesario recordar cuál es la materia prima de los ecosistemas y comunidades emprendedoras: el talento emprendedor. El capital humano emprendedor se consolida a través de la concreción de proyectos exitosos, que a su vez atraen nuevos talentos y estimulan nuevos proyectos. Pero lograr una masa crítica expansiva es el desafío inicial de toda comunidad.

Tenemos una buena noticia: el emprendimiento es contagioso. Su efecto multiplicador se basa en la ley de los pequeños números del desarrollo emprendedor de Isenberg (2010). A través del trabajo conjunto para generar eventos y condiciones sistémicas que fomenten la empresarialidad se generan casos que deben hacerse notorios para ejercer modelo de rol en términos de deseabilidad y viabilidad para nuevos emprendedores. La presencia de talentos emprendedores y de iniciativas consolidadas es el factor dinamizador de la comunidad.


  1. En Epistemología, es una discusión saldada la influencia condicionante que ejerce la carga teórica en la observación (cfr. Popper, K., 1983; Kuhn, T., 1962; Hanson, N., 1958). No existe una “observación pura” sino que, por el contrario, el objeto observable se construye a partir de la carga teórica subyacente en el observador. En emprendedorismo, el concepto de “vigilancia” (alertness, cfr. Kizner, 1973) hace hincapié en cómo determinados emprendedores perciben oportunidades en el mismo ámbito en que otras personas perciben limitaciones o problemas. Si bien Kizner no profundizó acerca de cómo se adquiere o desarrolla esa habilidad, sugiere que, en muchos casos, aquellas personas ajenas a una situación determinada (outsiders) cuentan con una ventaja adicional sobre aquellos involucrados en la situación para identificar posibles oportunidades (Glancey y McQuaid, 2000, citado en Federico, J. 2006).


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