Iniciativas para una mayor equidad de género
Verónica Millenaar[1]
1. Introducción
La transformación a partir de los avances tecnológicos y la digitalización es un fenómeno de escala mundial. En regiones como América Latina, esto se produce de un modo muy dispar, en un contexto en donde las desigualdades estructurales siguen resultando un enorme desafío (CEPAL, 2022). Se interpela con fuerza a las instituciones de educación técnico-profesional (ETP) porque se considera que pueden contribuir a atenuar el impacto de estas transformaciones, brindando formación de diferentes niveles educativos que permita el desarrollo de estas habilidades, tanto en términos de formación técnica y específica, como así también en el marco de la difusión de habilidades transversales, para todos los sectores de actividad (CINTERFOR, 2017).
En este contexto, cabe señalar que la ETP, no solo en América Latina, sino a nivel global, se caracteriza por presentar un desafío no resuelto en términos de la igualdad de género. Esto es así porque las propuestas de formación en este nivel tienden a reproducir las segregaciones derivadas de la división sexual del trabajo, muchas veces acríticamente. En general, ello se acompaña por un imaginario colectivo en el cual persiste la idea de que la formación técnica y tecnológica es “asunto de varones”. Las mujeres se enfrentan a limitaciones de acceso en esta modalidad en general, pero sobre todo en las especialidades que están directamente orientadas a ocupaciones masculinizadas, como es el caso de las tecnologías.
Centrado en tres estudios de casos nacionales (Argentina, Chile y Colombia), este capítulo[2] tiene el objetivo de identificar la segregación de género en el acceso a la ETP orientada a las tecnologías en sus distintos niveles: secundario técnico, superior técnico no universitario y de formación profesional (FP). Al mismo tiempo, busca relevar y analizar diferentes iniciativas, programas y políticas de formación, dirigidos a esta ocupación específicamente, que incorporan un enfoque de género y contribuyen a ampliar la participación de mujeres.
Desde una estrategia metodológica exploratorio-descriptiva, el presente trabajo sistematiza la información disponible sobre la participación de las mujeres en la especialidad de las tecnologías en los diferentes niveles de la ETP en los tres países, así como respecto al avance en materia de inclusión de componentes de género en estas formaciones. Para ello se procedió al relevamiento de sistemas de información de datos educativos y documentación vinculada a políticas y programas, que se complementó con la realización de entrevistas semiestructuradas con informantes clave[3] para validar, en los tres casos, la información relevada.
Si bien no es posible realizar una comparación entre los tres países porque cuentan con sistemas educativos diferentes, la propuesta del artículo es poner en diálogo lo encontrado para cada nivel y, de este modo, analizar las segregaciones de género en términos de sus accesos a esta especialidad en el conjunto de los casos nacionales. Por su parte, el relevamiento de iniciativas y programas de género permitió identificar cierto avance en esta materia y posibilitó la clasificación de estrategias diferenciadas con las que se realizan las intervenciones.
La selección de Argentina, Chile y Colombia como casos de estudio responde a que presentan diferencias entre sí en cuanto a sus sistemas de ETP.[4] Argentina, siendo un país federal, se caracteriza por que la ETP depende de cada jurisdicción educativa, pero al mismo tiempo cuenta con espacios de concertación de las políticas educativas y con un organismo específico (el Instituto Nacional de Educación Tecnológica [INET]) que regula la modalidad. En el caso de Chile, dentro del sistema educativo formal, se encuentra delimitada la ETP en el nivel secundario y superior. Es importante considerar que, en este país, la presencia de instituciones públicas de ETP es escasa, observándose el peso del sector privado en este nivel educativo. En Colombia, se observa el peso significativo que tiene el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) como organismo principal en la provisión de formación para el trabajo, de nivel superior técnico y de FP. El SENA es un organismo que cuenta con participación no solo del Estado, sino también de las empresas.
Debe señalarse que, aun con sus diferencias y particularidades, que responden a tradiciones e institucionalidades diferentes, en los tres casos se vislumbra el rol y valor otorgado a la formación técnica y su articulación con actores del mundo del trabajo. Pero, como veremos, dicha tradición presenta también, en todos los casos, arraigados y significativos sesgos de género.
2. Desigualdades de género en la ETP en América Latina: un estado de la cuestión
Las desigualdades de género resultan un desafío histórico para los sistemas de ETP a nivel global. Tanto es así que la democratización del acceso a esta modalidad educativa ocupa un capítulo específico en la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que apela a la igualdad de género en general, pero, en especial, a eliminar las disparidades de género en la educación técnica y en la formación para el trabajo.
Como ha mostrado largamente la sociología clásica, todas las instituciones educativas tienden a reproducir las desigualdades de género y clase. Sin embargo, tal como lo señalan diferentes estudios, en la ETP los procesos de segregación por género son particularmente evidentes (Ray y Zaretsky, 2022; Lamamra, 2017; Imdorf, Henga y Reisel, 2015; Niemeyer y Colley, 2015; Saturnino y Merino, 2011), y se ven plasmados en el acople entre lo que sucede en las aulas y las desigualdades que se observan en los mercados de trabajo. El ámbito laboral se caracteriza por presentar persistentes segregaciones de género (mujeres y varones se ocupan mayoritariamente en actividades diferenciadas y en condiciones laborales desiguales). La gramática de género (Segato, 2003), que asigna destinos esperables para varones y mujeres, opera como base sociocultural y discursiva desde la cual varones y mujeres eligen sus carreras y especialidades formativas. La elección vocacional y los recorridos formativos se ven atravesados por estas arraigadas construcciones de género que contribuyen a reproducir esas diferencias y desigualdades.
En nuestra región, se ha avanzado en los últimos años en la producción de mayor conocimiento sobre la construcción de estas desigualdades, que tiempo atrás se encontraba poco problematizada. Diferentes estudios han señalado las inequidades existentes en la modalidad, particularmente en relación con la distribución de estudiantes entre las distintas especialidades, pero también en las experiencias de socialización y aprendizaje desarrolladas en las propias instituciones en donde se reproducen los estereotipos de género (Sevilla, 2021; Jacinto et al., 2020; Sevilla et al., 2019; Buquet y Moreno, 2017; Bloj, 2017). Esto se suma a las investigaciones centradas en las experiencias de mujeres en carreras masculinizadas en el nivel superior, que ya cuentan con algo más de recorrido en la región (Panaia, 2018; Arango Gaviría, 2007).
Como primer punto, las investigaciones relevadas sostienen que la oferta educativa de esta modalidad se encuentra en sí misma segregada en términos de género. Las especialidades que se ofrecen, en todos los niveles de la ETP, reflejan el patrón de división sexual del trabajo existente en el mercado laboral. De este modo, incluso cuando no hay prohibiciones o regulaciones en términos de qué carreras son para un género y otro, persiste una división tradicional de género en las especialidades elegidas. En lo que respecta a la formación en tecnologías, en un reciente estudio en la región (Sevilla, 2021), centrado en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), fuertemente demandadas en la actualidad por los avances tecnológicos y la digitalización, se encuentra que la formación impartida en estas áreas continúa siendo visualizada como tradicionalmente masculina.
Como segundo punto, las investigaciones relevadas señalan que, en el caso de especialidades en donde las mujeres son minoría, es allí donde se evidencian prácticas sexistas que se constituyen en obstáculos muy difíciles de sortear para ellas y que desalientan las carreras educativas. Son muchas las referencias a prácticas discriminantes para con las mujeres, además de situaciones explícitas de hostigamiento, acoso e incluso maltrato. Algunos de estos ejemplos pueden verse en diferentes capítulos de este mismo libro (ver Millenaar, Pozzer y Maccarini, y Jacinto y Schwartz en este volumen). Las acciones explícitas de discriminación y violencia se suman a otras múltiples prácticas cotidianas, naturalizadas y muchas veces invisibles para los propios actores de las instituciones. El diseño curricular de contenidos de las clases, la disposición de los espacios, los horarios de cursada, las relaciones entre docentes, alumnos y alumnas, los chistes y las burlas, los entornos de práctica son ejemplos de los contextos en donde, de forma muchas veces solapada, se producen y reproducen las desigualdades entre varones y mujeres (Merino, 2023; Millenaar, 2017).
Ahora bien, la cuestión de género viene ocupando un lugar relevante en la agenda de las políticas públicas y particularmente en aquellas orientadas a generar procesos de mayor equidad educativa. Se reconocen algunos hitos recientes en este sentido que también tienen sus efectos, aunque de forma incipiente, en la ETP.
En Argentina, debe resaltarse la Ley de Educación Sexual Integral (Ley n.º 26.150 del año 2006), que tiene carácter obligatorio para todos los niveles educativos y modalidades y que permite abordar contenidos vinculados a la salud sexual y reproductiva, pero también a aspectos que hacen a la convivencia y las dinámicas vinculares entre los géneros dentro del aula. Además, garantiza la capacitación docente en estas materias, que es fundamental para lograr la implementación de estos contenidos curriculares. Debe decirse, no obstante, que en la ETP la implementación de esta ley se ve muchas veces dificultada por los imaginarios tradicionales de sus instituciones. En este sentido, la Ley de Capacitación Obligatoria en Género (conocida como la Ley Micaela, Ley n.º 27.499), sancionada en el año 2019, obliga a capacitar en temas de género y violencias a todas aquellas personas que se desempeñen en la función pública, y esto alcanza a los equipos técnicos vinculados a la modalidad de la ETP que, por primera vez, en muchos casos, se encuentran con una formación específica al respecto. Desde el ámbito nacional, y específicamente en relación con la ETP, es de destacar en este país la creación a partir del año 2018 de la Comisión de Equidad de Género en el INET. Su objetivo es promover acciones destinadas a incorporar la perspectiva de género de forma transversal, en toda la modalidad.[5] Cabe señalar, además, que el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTEySS), que también tiene a su cargo parte de la oferta de FP desde su sistema de formación continua, incorpora un enfoque de género desde hace varios años.[6] Más recientemente, la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad (que funcionó entre los años 2019 y 2023) contribuyó a ampliar los importantes avances en materia de políticas de género. Lamentablemente, a partir del cambio de gobierno en el año 2023 y la orientación política que lo atraviesa, se evidencia un sensible retroceso de estos avances.
En Chile, el Ministerio de Educación, en el año 2014, creó la Unidad Equidad de Género, como una estructura permanente y transversal para incorporar la perspectiva de género en las políticas de ese ministerio. Otro paso importante fue la creación, en el año 2016, del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género. Este, solo o en acuerdo con otros ministerios, organismos internacionales y empresas privadas, impulsa una serie de programas, como el Plan de Equidad Laboral 2021-2030, que busca que varones y mujeres tengan las mismas oportunidades, derechos y responsabilidades en el ámbito laboral, desde una perspectiva interseccional. En el año 2023, desde dicho organismo y junto al Ministerio de Educación, se lanzó el programa Más Mujeres Científicas, que busca reducir las brechas de género en las carreras STEM del nivel superior. Otro hito importante en este país ha sido el lanzamiento del Plan de Acción Equidad e Igualdad de Género en la Formación Técnico-Profesional. Dicho plan, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la Universidad Alberto Hurtado para el Ministerio de Educación, aborda una serie de nudos críticos que se han identificado a partir de investigaciones nacionales en materia de género. Se parte de la evidencia de que, en la educación superior técnico-profesional, muchas de las desigualdades de género remiten a la segregación de su oferta formativa, entre carreras con predominio masculino o femenino. El plan propone enfoques, principios y estrategias para el desarrollo de iniciativas orientadas a transformar la realidad de las instituciones ETP con relación al género y la inclusión.
Por su parte, en Colombia, la agenda de género se refleja en el marco normativo y en el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022: Pacto por Colombia, pacto por la equidad que, por primera vez, incluye un capítulo específico de género denominado Pacto de Equidad para las Mujeres. Previamente, el Ministerio de Trabajo –en el marco de la Ley n.º 1.257 de 2008– ya venía implementando el Programa Nacional de Equidad Laboral con Enfoque de Género, que desarrolla líneas estratégicas para promover el reconocimiento social y económico del trabajo de las mujeres. El programa Equipares es liderado por este ministerio (con el apoyo de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer y el PNUD) y desde el 2013 trabaja con las empresas y organizaciones para cerrar las brechas de género en el lugar de trabajo. Actualmente, los temas de género en el país son competencia de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer (CPEM), que es una dependencia adscrita al Despacho de la Vicepresidenta de la República.[7] Con el cambio de gobierno en agosto del año 2022, se constituyó el Ministerio de Igualdad y Equidad, el cual también incluye un abordaje integral de las problemáticas de género. Debe señalarse también que el SENA cuenta con algunas iniciativas que incorporan componentes de género y que alcanzan a la formación en tecnologías.
De este modo, puede observarse un marco de avances significativos, aunque incipientes, en la agenda pública de género, que se constituyen en un encuadre propicio para avanzar en la definición de estrategias concretas para revertir las desigualdades de género en la formación para el trabajo. En este escenario, se comienzan a identificar programas e iniciativas específicos de formación en tecnologías que incluyen algún tipo de componente o perspectiva de género (Millenaar y Jacinto, 2022).
A continuación, se avanza en la sistematización de datos disponibles sobre la participación de estudiantes mujeres en la ETP de los tres países, de acuerdo a sus distintos niveles: secundaria técnica, nivel superior técnico y FP. Esta sistematización busca hacer foco particularmente en la especialidad de la informática para conocer las segregaciones existentes en el acceso a esta formación específica. Luego, en el apartado siguiente, se analiza el relevamiento de programas e iniciativas orientados a la formación en tecnologías que incorporan componentes de género, desde estrategias diferentes.
3. Menos mujeres en la ETP orientada a las tecnologías: los datos disponibles
El conocimiento sobre la participación de mujeres en las diferentes ofertas de ETP en los tres países, centrado en la formación orientada a las tecnologías, presenta una complejidad inicial referida a la falta de datos estadísticos consolidados. Tal como también lo menciona Sevilla (2021), las estadísticas de esta oferta educativa (cuando están disponibles) se reportan y discuten por género solo a nivel global, desatendiendo las diferencias entre varones y mujeres a nivel de los programas de estudio que son marcadamente masculinizados o feminizados. De todos modos, aun considerando esta advertencia, los datos disponibles permiten visibilizar las desigualdades de género en cada uno de los niveles de formación.
3.1. Argentina
En lo que respecta a la ETP de nivel secundario, en Argentina, la modalidad técnica, de acuerdo a su configuración histórica, se encuentra orientada a la formación para el sector productivo y se resalta su matrícula predominantemente masculina. De acuerdo a datos del INET (2022), de un total de 767.401 matriculados en la escuela secundaria técnica, solo el 34,1 % eran mujeres. No solamente es baja la participación de mujeres en la modalidad, sino que estas se distribuyen de manera segregada en términos de género en las diferentes especialidades que se ofrecen, en el marco de sus diferentes orientaciones. Dentro de las especialidades que ofrece la secundaria técnica, se encuentra la de “informática” (o “computación”, de acuerdo a la jurisdicción educativa). Según el marco de referencia correspondiente, el título certifica habilidades para desempeñarse en el desarrollo de software en roles que tienen por objeto producir programas, módulos o componentes de sistemas de computación. Como se observa en la tabla 1, la matrícula femenina en esta especialidad alcanza el 30,1 %. Esto contrasta con otras especialidades con mayor presencia de mujeres (como el sector agropecuario, con 46 % de mujeres, o el sector del turismo, con 63 %).
La Encuesta Nacional de Trayectoria de Egresados 2013 se realizó sobre una muestra de los jóvenes (4.500 casos) que completaron el secundario técnico en 2009. Se realiza un seguimiento de trayectorias educativo-laborales, a cuatro años de haber cursado en instituciones de la modalidad. Es interesante observar que solo el 9 % de las mujeres que terminaron la escuela secundaria técnica en el año 2009 se encontraban realizando estudios postsecundarios orientados a la especialidad de la informática cuatro años después. Esto muestra que, además de que son pocas las que terminan esta especialidad, son menos las que continúan estudios relacionados con este sector.
En el caso del nivel superior técnico, de acuerdo a datos del INET (2021), el 63,9 % de la matrícula del nivel superior técnico son mujeres. No obstante, cuando se desagrega la matrícula de este nivel de formación por especialidad, la segregación por género es evidente. Por un lado, en ciertas especialidades hay más presencia de mujeres, como por ejemplo en hotelería y gastronomía, que constituyen el 66,1 %. A su vez, en el sector de la salud, representan el 80 % de la matrícula. Por otro lado, también se observan especialidades altamente masculinizadas. En el caso de la especialidad en informática, solo el 29,8 % son mujeres, como muestra la tabla 1.
Tabla 1. Estudiantes de ETP (nivel secundario, nivel superior técnico y FP). Total y sector de informática, por sexo. Argentina, 2021
Sector | Total | Varones | Mujeres | % de mujeres |
| Nivel secundario técnico | ||||
Total | 312.218 | 210.867 | 101.351 | 32,4 % |
Informática | 32.860 | 22.939 | 9.921 | 30,1 % |
| Nivel superior técnico | ||||
Total | 242.589 | 87.375 | 155.214 | 63,9 % |
Informática | 20.439 | 14.341 | 6.098 | 29,8 % |
| Formación profesional | ||||
Total | 594.779 | 276.597 | 316.381 | 53,1 % |
Informática | 33.960 | 17.546 | 16.336 | 48,1 % |
Fuente: RFIETP – Área de Gestión de la Información – INET – Ministerio de Educación de la Nación – Año 2021.
La segregación por género de acuerdo a los sectores ocupacionales de la formación también se refleja en las propuestas de FP. Esta es una oferta educativa orientada al trabajo, que no requiere necesariamente la culminación del nivel secundario. Se trata de cursos cortos, profesionalizantes, que forman para roles ocupacionales específicos. En Argentina, las propuestas de formación están organizadas en familias profesionales y se dictan en centros públicos “puros”, pero también conveniados con sindicatos, cámaras empresariales u otras organizaciones. De acuerdo a datos del INET (2021), la matrícula total era de 594.779 estudiantes, de los cuales un 53,1 % eran mujeres. Aquí también la segregación es evidente en las diferentes áreas de formación (con enormes contrastes: por ejemplo, con un 6 % de mujeres en el sector automotriz y con un 92 % de mujeres en el sector textil e indumentaria). Como se observa en la tabla 1, la FP de la especialidad informática cuenta con 48,1 % de estudiantes mujeres. Hay que aclarar que, en el caso de la FP, la familia profesional orientada a la informática incluye a todos esos cursos para usuarios/as de PC (utilización básica de Word, Powerpoint, XLS, etc.), que están incluidos en esta gran categoría “informática”, y de ahí se explica esa proporción de mujeres.
Esta información se complementa con la oferta de FP del Ministerio de Trabajo en el país. De acuerdo con los datos brindados desde el MTEySS (2019), de la prestación de cursos de FP, el 58 % provino de la operatoria del Crédito Fiscal (51.919 personas), y el resto corresponde a los cursos encuadrados en acuerdos con transferencias (sectoriales y territoriales) (89.196 personas). Entre los cursos ofrecidos por los acuerdos sectoriales y territoriales, se observa que la mayor matrícula se concentra en la especialidad construcción, seguida por metalurgia, electromecánica y metalmecánica, luego por informática y tecnología digital (6.860 personas). Solo un 34 % de esa matrícula (informática y tecnología digital) fueron mujeres.
3.2. Chile
En el caso de Chile, el nivel secundario comprende a la educación media técnico-profesional (EMTP), que en el año 2021 matriculó 157.085 estudiantes (considerando aquellos que cursan los últimos dos años del ciclo diferenciado), de los cuales el 46,5 % eran mujeres. Si desagregamos la matrícula general de la EMTP atendiendo exclusivamente al sector de tecnología y telecomunicaciones (tabla 2), vemos que el total de estudiantes era de 9.144, lo que representa solo un 5,82 % de la matrícula total, de los cuales las mujeres eran únicamente el 23,9 %. Este dato contrasta, por ejemplo, con la matrícula de mujeres en el sector de química e industria, que llegaba al 64 %.
Tabla 2. Estudiantes Escuela Media Técnica-Profesional (ciclo diferenciado). Total y por sector de tecnología y telecomunicaciones, por sexo. Chile, 2021
Sector | Total | Varones | Mujeres | % de mujeres |
Total | 157.085 | 83.970 | 73.115 | 46,5 % |
Tecnología y telecomunicaciones | 9.144 | 6.950 | 2.194 | 23,9 % |
Fuente: Centro de Estudios- Ministerio de Educación de Chile- Año 2021.
Tal como muestra Sevilla (2021), es posible observar brechas de género con relación al acceso a carreras STEM (ya sea universitarias o técnicas de nivel superior) entre egresados y egresadas del nivel medio de acuerdo a los tipos de programa (académico, ETP afín a áreas STEM y ETP en otras áreas). Con datos de la cohorte de egreso de secundaria 2015 y la matrícula de educación superior de 2016 y 2017, la autora muestra que las tasas más altas de continuidad de estudios en carreras STEM están entre los graduados de especialidades de ETP afines a estas áreas, aunque evidenciando una desigualdad de género: el 45,8 % de varones egresados de ETP continúa carreras STEM contra un 23,9 % en el caso de las mujeres. En este sentido, incluso en aquellas mujeres que ya completaron una formación de nivel medio en el área de las STEM, se observan obstáculos a la hora de poder continuar en este recorrido de formación masculinizado.
Por su parte, la matrícula total de la educación superior técnico-profesional, en lo que hace a las carreras ofertadas por los centros de formación técnica y los institutos profesionales (que ofrecen carreras cortas orientadas al perfil técnico), es de 528.580, de la cual las mujeres representan el 52,24 % (SIES, 2022). Pero, más allá de que la matrícula es casi equitativa entre varones y mujeres, los datos muestran que gran parte de los programas de estudio son altamente segregados por género al asociarse a campos ocupacionales específicos donde prevalecen los roles tradicionales. De este modo, la matrícula de mujeres, respecto de los varones, representa el 11,3 % en tecnología y telecomunicaciones –aproximadamente 4.000 mujeres– (contra el 88,7 % de varones), el 4,4 % en electricidad y electrónica, el 5 % en mecánica y automatización, el 19,2 % en construcción, y el 29,8 % en minería (Sevilla y Farías, 2022).
En cuanto a la capacitación laboral y la formación en oficios, impartidas fuera del ámbito educativo formal, estas se encuentran bajo la tutela del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE), dependiente del Ministerio de Trabajo.[8] En la tabla 3, puede observarse el alcance, en términos de inscriptos, de los diferentes programas financiados por el SENCE (este alcance resulta algo limitado en comparación con Argentina y Colombia). Puede observarse también que, mientras que en algunos casos el porcentaje de mujeres es significativo en los cursos de tecnología, en otros, dicho porcentaje disminuye cuando se trata de cursos orientados a esta especialidad.
Tabla 3. Participación de mujeres en los diferentes programas del SENCE y en los cursos vinculados a las tecnologías. Chile, 2021
Programa | Inscriptos totales | % de mujeres | Inscriptos en cursos de tecnología | % de mujeres |
| Despega MIPE | 5408 | 63,25 % | 839 | 62,33 % |
| Reinvéntate | 2431 | 43,72 % | 1362 | 37,44 % |
| Becas Laborales | 24387 | 70,38 % | 2935 | 51,20 % |
| Fórmate para el Trabajo | 13502 | 34,53 % | 448 | 41,29 % |
Fuente: Anuario SENCE- Año 2021.
3.3. Colombia
En Colombia, a diferencia de los casos anteriores, en el nivel secundario técnico no se observa una brecha de género marcada. La matrícula de la educación media en Colombia en 2021 fue de 1.381.469 estudiantes, de los cuales el 53,2 % son mujeres (DANE, 2022). De acuerdo a datos relevados por Sevilla (2021), dentro de la educación media técnica orientada a las áreas de la industria, la producción y las tecnologías, el 45,4 % son mujeres, evidenciándose una distribución equitativa en términos de género. No obstante, no se cuenta con datos que desagreguen todas las áreas disciplinares en las que se forman varones y mujeres, que sería el modo de ver la segregación de género de forma más completa y comparativa para este nivel.
A pesar de ello, si bien a priori no se evidencian segregaciones de género en el nivel medio, sí puede observarse esta brecha en la formación técnica profesional y tecnológica de nivel superior (pregrado), que constituyen las vías de formación dentro de lo que se considera la ETP en dicho país. De acuerdo a los datos del Sistema Integrado de Información de la Educación Superior (SNIES), en el año 2020 se contabilizaron un total de 1.189.426 matriculados/as a las carreras de formación tecnológica y técnico-profesional, de los cuales el 48,8 % fueron mujeres. Si se especifica el total de inscriptos/as atendiendo a las diferentes áreas disciplinares, se observa una segregación por género. Como puede verse en la tabla 4, en las carreras orientadas a las tecnologías de la información y las comunicaciones en 2020, solo el 25,4 % son mujeres. De modo contrastante, otras especialidades muestran más matrícula de mujeres, como salud y bienestar, con un 67,7 %, o servicios, con un 57,1 %.
Tabla 4. Estudiantes de las carreras de formación tecnológica y técnico-profesional de la educación superior técnica (pregrado). Total y por sector de TIC, por sexo. Colombia, 2020
Sector | Total | Varones | Mujeres | % de mujeres |
Total | 1.189.426 | 608.498 | 580.928 | 48,8 % |
Tecnologías de la información y las comunicaciones | 146.464 | 109.148 | 37.316 | 25,4 % |
Fuente: SNIES – Sistema Nacional de Información de la Educación Superior- Año 2020.
Con respecto a la FP en Colombia, el principal proveedor en el país es el SENA. Dentro de la formación titulada que provee la entidad, existen programas, que llevan al título de “técnico laboral”, que duran aproximadamente 15 meses y buscan capacitar a personal para el desempeño en oficios requeridos por el sector productivo. De acuerdo a datos del SENA (2021), en el marco de esta titulación, se atendió a 852.038 aprendices, de los cuales el 54,7% fueron mujeres. En lo que respecta a los programas en tecnologías de la información y comunicación, se evidencia una predominancia de varones sobre mujeres en la mayoría de las ofertas. Como muestra la tabla 5, el porcentaje de cursantes mujeres en cursos de programación y software asciende al 37,9 %. Lo mismo ocurre con la formación de tecnólogos de la institución (que remite al nivel superior técnico). En el SENA, las mujeres representan solo el 25,4 % de la matrícula en programas orientados a las TIC, y los varones siguen siendo mayoría (SENA, 2021).
Tabla 5. Estudiantes del SENA en formación técnica laboral (total y en cursos de programación y software) y estudiantes en formación tecnológica (total y en cursos orientados a TIC), por sexo. Colombia, 2021
| Matriculados en formación técnica laboral | Total | Varones | Mujeres | % de mujeres |
| Total | 852.038 | 385.649 | 466.389 | 54,7 % |
| Cursos de programación y software | 166.199 | 103.106 | 63.093 | 37,9 % |
| Matriculados en formación tecnológica | Total | Varones | Mujeres | % de mujeres |
| Total | 462.039 | 224.170 | 237.869 | 51,4 % |
| Formación orientada a TIC | 244.137 | 182.065 | 62.072 | 25,4 % |
Fuente: Base de datos abiertos del SENA. Año 2021.
Como puede observarse, existen evidentes inequidades de género en cuanto a la masculinización de las formaciones orientadas a las tecnologías en la ETP. La poca participación de mujeres en las formaciones repercute en que se sigan reproduciendo las desigualdades en los espacios de aprendizaje, como se ha mostrado en estudios anteriores (Jacinto et al., 2020; Sevilla et al., 2019). En este sentido, se postula que es importante avanzar en prácticas que fomenten el acercamiento de más mujeres a estas áreas, así como su permanencia y logro en los espacios de formación (Ojeda Caicedo et al., 2023). Nos proponemos, entonces, observar qué acciones se desarrollan para promover la participación de mujeres en estas formaciones.
4. ¿Con qué estrategias se incorporan enfoques de género en los programas e iniciativas de formación en tecnologías?
A continuación, y con base en un relevamiento sobre programas e iniciativas de formación en tecnologías, buscamos identificar qué avances se evidencian en la incorporación de enfoques de género y qué estrategias son las que se adoptan para llevar adelante esa incorporación. El relevamiento tuvo el objetivo principal de detectar programas orientados a estudiantes de la ETP que incorporan una perspectiva de género y ofrecen formación en tecnologías, así como otros programas e iniciativas que se orientan a la formación en habilidades digitales y que se dirigen específicamente a las mujeres y adoptan un enfoque de género. Del conjunto de diversos programas y políticas relevados, fueron identificadas 22 iniciativas y programas vigentes durante el año 2022 que muestran algún enfoque de género como parte de sus componentes. Estos programas e iniciativas fueron identificados a partir de la información disponible en diferentes organismos públicos en Argentina, Chile y Colombia, así como a través de las entrevistas con informantes clave.
Como puede verse, es posible afirmar que, todavía de modo incipiente, existe cierto avance en la incorporación de un enfoque de género en estas intervenciones, aunque las estrategias con las que se incorpora esta perspectiva son variadas y orientadas de acuerdo a diferentes objetivos de género. En este apartado, se procura mostrar estas diversas estrategias que, tal como lo plantea Fraser (2008), buscan dar respuesta a los aspectos de las injusticias de género: por un lado, la necesidad de democratizar el acceso de las mujeres en un espacio masculinizado y desigual para ellas; por otro lado, la revalorización y el fortalecimiento de sus experiencias, capacidades y saberes como estudiantes y trabajadoras de la actividad.
Debe señalarse que no se trata de un relevamiento exhaustivo, sino que aspira a contribuir con una caracterización general del panorama respecto de las propuestas existentes desde el ámbito público en relación con las nuevas tecnologías y el género. En términos metodológicos, para la tarea se revisaron las páginas web de organismos clave ministeriales, así como de otros organismos gubernamentales y no gubernamentales. La escala de la búsqueda en un primer momento fue de nivel nacional y luego se amplió también hacia el nivel subnacional o local, a medida que aparecían nuevas pistas para la búsqueda. En cuanto al recorte temporal, el relevamiento se limitó a la información disponible en las páginas web al momento de la revisión. No obstante, cabe indicar que algunas de las políticas relevadas existen desde años atrás y, al mismo tiempo, algunas otras pueden haberse interrumpido recientemente. La identificación de las políticas, los programas y las acciones mencionados implicó la búsqueda de sus documentos respaldatorios cuando esto fue posible (decretos, resoluciones y disposiciones que crean, fundamentan y describen las acciones por implementar). Así, una vez identificados los programas, se procedió a analizar el contenido de estos y a ordenar y clasificar esa información a partir de los siguientes ítems:
- organismo del que depende el programa;
- acciones que se realizan;
- modalidad de cursada (virtual o presencial);
- articulación con empresas;
- articulación con organismos internacionales;
- alcance nacional o local;
- si se dirige a varones y mujeres, o a mujeres y disidencias exclusivamente;
- si se orienta a que haya más mujeres en las formaciones;
- si incorpora un cupo de género;
- si cuenta con acompañamiento a mujeres;
- si brinda apoyo en la inserción laboral.
El relevamiento permitió construir una tabla clasificatoria que muestra las principales estrategias a la hora de incorporar un enfoque de género (tabla 6). De este modo, se proponen las siguientes diferentes líneas estratégicas (ver tabla abajo) que se implementan, tanto para estudiantes de ETP, desde los organismos tradicionales vinculados a la modalidad, como desde otras acciones de formación en habilidades digitales implementadas por otros ministerios y actores sociales. Dichas líneas involucran acciones que procuran alcanzar objetivos de género diferentes.
Tabla 6. Estrategias de incorporación de enfoques de género en la formación en tecnologías. Argentina, Chile y Colombia, 2022
Características | Objetivos de incorporación de enfoque de género | |||
| Promoción de la participación de más mujeres | Ofrecimiento de un cupo de género | Fortalecimiento de la experiencia de formación de mujeres | Acompañamiento de la experiencia de formación de mujeres | |
Destinatarios/as | Estudiantes de ETP. También presente en programas con niños/as de nivel primario. | Estudiantes de FP (ETP). | Estudiantes de ETP y público en general (programas de formación en habilidades digitales). | Estudiantes de ETP y público en general (programas de formación en habilidades digitales). |
Principales acciones | Campañas de difusión, de sensibilización con las tecnologías, historias de vida de mujeres egresadas, etc. | Se establece una cuota específica para mujeres en cursos orientados a la especialidad. | Se conforman espacios de aprendizaje exclusivos para mujeres y disidencias, que generan mayores lazos de solidaridad y confianza. | Se incorporan dispositivos de “mentoría” (orientación y guía de mujeres ya insertas en el sector de la informática, que se vuelven figuras de referencia). |
Algunos ejemplos de programas | Voces de mujeres en la ETP (Argentina), Aprendé Programando (Argentina), Chicas STEAM (Colombia). | Codo a Codo 4.0 (Argentina), SENA/Tigo (Colombia). | Tic Tac ¡Hora de Innovar! (Argentina), Club de Chicas Programadoras (Argentina), Mujeres Digitales (Argentina), Espacio Mujeres TEC (Argentina), SENA/Sheworks (Colombia), Mujeres TIC para el Cambio (Colombia), Mujer Digital (Chile), Tu Oportunidad (Chile). | Mujeres Digitales (Argentina), Chicas STEAM (Colombia), Tu Oportunidad (Chile). |
Fuente: elaboración propia con base en el relevamiento de programas e iniciativas, año 2022.
Como muestra la tabla 6, un primer objetivo de género en la formación en tecnologías es la promoción de que más mujeres se animen a formarse en esta especialidad. Se busca que se democratice el acceso a estas formaciones en términos de género. La estrategia que se desprende de este objetivo, entonces, es la de un trabajo de promoción, difusión y sensibilización al respecto. Se aspira a despertar nuevas vocaciones vinculadas a las disciplinas tecnológicas en chicas y mujeres, muchas veces dentro de campañas más amplias de promoción de carreras STEM. Por ejemplo, en Argentina, en el marco de la modalidad de la ETP, el INET viene desarrollando una iniciativa llamada Voces de la ETP, en la cual se recopilan y difunden historias de vida de egresadas de la modalidad con el fin de promover vocaciones en estudiantes para que elijan la escuela secundaria técnica. En el marco de esta campaña, también se incluyen historias de vida de mujeres programadoras e informáticas. Se trata de pequeños audiovisuales que se difunden desde la página web del organismo y entre las escuelas técnicas del país y se orientan a generar inspiración en nuevas estudiantes.
Otro ejemplo en la misma dirección es el programa llevado adelante por el Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El programa se llama Aprendé Programando. Cuenta con distintos componentes que apuntan a que los y las estudiantes, de diferentes niveles, adquieran conocimientos de programación. Como parte de sus componentes, se organizan, en escuelas primarias públicas de la Ciudad, clubes de robótica para chicas, con el fin de inducir a las mujeres en las prácticas tecnológicas. Se trata de espacios optativos a contraturno del horario escolar en los que, a través de estrategias lúdicas, se promueven estas habilidades en las chicas interesadas, brindando conocimientos básicos y un primer acercamiento al mundo digital.
Desde esta misma estrategia, un último ejemplo similar lo constituye el programa Chicas STEAM, dependiente del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia. El programa promueve que niñas de instituciones educativas de todo el país se acerquen a las disciplinas STEM, con énfasis en las tecnologías. En este caso, se ofrecen espacios de formación virtuales para las chicas.
Un segundo objetivo de género, si bien también busca que más mujeres dentro de la FP se acerquen a la formación en esta especialidad, procura que lo hagan a partir de una estrategia de discriminación positiva, al establecer un cupo específico para cursantes mujeres. En este caso se busca incidir directamente en la distribución desigual de las matrículas de las formaciones, garantizando que ellas ocupen mayores lugares en las formaciones masculinizadas. Se trata de una política afirmativa en términos de género que busca intervenir en las consecuencias derivadas de la división sexual del trabajo, alterando los estereotipos respecto del género en esta actividad. Este es el caso del Programa Codo a Codo 4.0[9] del Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se enmarca dentro de la educación no formal, y su objetivo es brindar a personas con título secundario las herramientas de formación que faciliten la inserción laboral en el sector de la informática y, en particular, fomentar la participación de las mujeres con el fin de mejorar su empleabilidad. Para ello se establece un cupo del 50 % de vacantes destinadas a mujeres en cursos de programación, desarrollo de software y otras habilidades digitales. El programa es altamente solicitado. En su convocatoria de 2023, se recibieron 80.730 postulantes varones y mujeres para las 18.800 vacantes disponibles, evidenciándose la alta demanda que tiene el programa y la importancia del establecimiento de un cupo de género para garantizar la presencia de mujeres (Gowland et al., 2023).
Por su parte, en Colombia, dentro de las diferentes acciones de género del SENA, se resalta una en particular, en alianza con la empresa Tigo de telecomunicaciones. A través de esta alianza, el SENA brinda una formación gratuita a la medida de los requerimientos de la empresa, para que sus egresados/as puedan luego realizar prácticas profesionalizantes allí, y eventualmente quedar como trabajadores/as. El programa de formación incluye el otorgamiento de un cupo del 40 % de las vacantes a mujeres para su formación en tecnologías (analítica de datos, programación de software y control de la seguridad digital). En el año 2022, más de 150 mujeres de Medellín habían sido incorporadas como aprendices en el programa.
Un tercer objetivo de género apunta a que la experiencia de formación de las mujeres no conlleve las prácticas sexistas que suelen percibirse en las formaciones tradicionales. De este modo, se procura fortalecer la confianza de las estudiantes en sus propias capacidades y valorar sus saberes. Este objetivo involucra, por lo tanto, una estrategia de focalización en mujeres para facilitar dicha experiencia. Esta es una estrategia frecuente en programas de formación en habilidades digitales y se visualizan ejemplos en los tres países. En el caso de Argentina, algunos ejemplos se reconocen en el Club de Chicas Programadoras implementado en la provincia de Corrientes, que se orienta a la formación exclusiva de mujeres en programación. Una estrategia similar la lleva adelante la provincia de Tierra del Fuego con el programa Mujeres Digitales. Ambos constituyen ofertas de capacitación no formal, ofrecidas de forma gratuita por los gobiernos provinciales.
En Argentina, a nivel nacional y desde la modalidad de la ETP, también constituye un ejemplo el concurso llevado adelante por el INET nominado Tic Tac ¡Hora de Innovar! Se trata de un concurso anual para mujeres estudiantes de escuelas secundarias técnicas, con el fin de que constituyan grupo entre ellas. El concurso consiste en brindar una solución tecnológica a algún problema de la escuela o comunidad, y el premio consiste en el otorgamiento de insumos y kits tecnológicos para las estudiantes. En los concursos, varios grupos de mujeres estudiantes han desarrollado soluciones a partir de habilidades digitales.
Otro ejemplo lo constituyen los programas que ofrecen apoyo a las mujeres a partir de la provisión de insumos específicos (computadoras u otros dispositivos), así como espacios de trabajo. Esta estrategia puede reconocerse en el programa Espacio Mujeres TEC en la provincia de Córdoba, Argentina, desarrollado por el Ministerio de la Mujer, Ministerio de Ciencia y Tecnología y la organización civil Mujeres en Tecnología. Se trata de espacios de co-working ofrecidos a las mujeres, sala de reuniones, biblioteca y espacio de cuidado para niños y niñas destinado a facilitar las posibilidades laborales de las mujeres.
En el caso de la ETP de Colombia, desde el SENA, en alianza con la plataforma SheWorks (plataforma de formación y orientación para contribuir a la empleabilidad de las personas), se desarrollan cursos dirigidos exclusivamente a las mujeres, para que adquieran herramientas y habilidades para el teletrabajo. Se trata de cursos virtuales exclusivos para mujeres donde se abordan habilidades digitales, pero también toda una serie de habilidades blandas que facilitan la organización de las mujeres para el trabajo remoto. Los certificados de la formación son provistos por el SENA. Por su parte, el Ministerio de las Tecnologías de la Información y la Comunicación de Colombia implementa el programa Mujeres TIC por el Cambio, con cursos gratuitos y con certificación del propio ministerio, en modalidad virtual, para mujeres en habilidades digitales y de emprendimiento.
Por su parte, en Chile, el SENCE, junto al Ministerio de la Mujer y empresas de tecnologías, implementa el programa Mujer Digital, que ofrece cursos en línea gratuitos a mujeres mayores de 18 años, privilegiando a aquellas que llevan adelante sus emprendimientos. En la misma línea, se implementa el programa Tu Oportunidad, que tiene como objetivo brindar herramientas de formación para la autonomía y el empoderamiento económico de las mujeres a través de tecnologías de la información y en colaboración con instituciones públicas y privadas. El programa recibe apoyo de ONU Mujeres y es promovido por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia del país.
Un cuarto objetivo de género es el de acompañar y guiar a las mujeres en sus recorridos formativos, para que vean facilitadas sus experiencias de aprendizaje y de inserción al mundo laboral. La estrategia que involucra este objetivo consiste en brindar dispositivos de acompañamiento y mentoreo de cursantes mujeres, desde una perspectiva que supone que las mujeres se enfrentan a mayores obstáculos a lo largo de la formación. De este modo, se ofrecen tutorías y espacios permanentes de consulta para ellas, así como charlas con mujeres empresarias o en carreras exitosas en el sector, para promover el incentivo a la formación. Las mentoras se constituyen en figuras referenciales que guían, aconsejan, recomiendan y también forman a las estudiantes. Cuando estos dispositivos están atravesados por una perspectiva de género, significa contar con una referente mujer ya inserta en el sector que se vuelve una figura de identificación clave en el propio recorrido educativo y laboral.
Este objetivo muchas veces acompaña a ciertos programas de los ya mencionados y complementa los componentes de género que se adoptan. Es el caso, por ejemplo, de la iniciativa Mujeres Digitales, implementada por el Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que complementa los programas ya mencionados: Aprendé Programando y Codo a Codo 4.0. La iniciativa busca incorporar nuevas habilidades de autoconocimiento y liderazgo para que las estudiantes de ambos programas puedan apostar a su formación e inserción laboral en áreas tecnológicas. Mediante acciones de mentoreo, llevadas a cabo por profesionales del mundo tecnológico, con experiencia en empresas de renombre nacionales e internacionales, buscan acompañar a las mentoreadas en su experiencia de aprendizaje, y brindar conocimientos que ayudan a la adaptación y a fortalecer el rol de la mujer en la industria. Las mentoreadas suman, a la experiencia de aprendizaje técnico, el desarrollo de habilidades laborales blandas que potencian su perfil profesional y facilitan el acceso a redes y comunidades profesionales y la participación en ellas.
En el caso de Colombia, el programa Chicas STEAM ya mencionado también incluye entre sus componentes de género la posibilidad de contar con mentoras que brindan charlas y espacios de encuentro que permitan inspirar a las niñas participantes. Del mismo modo, el programa Tu Oportunidad de Chile ofrece, como parte de los beneficios del programa, la conexión con mentoras para que compartan sus conocimientos como mujeres más experimentadas en su desarrollo profesional.
Debe decirse que, incluso cuando los programas combinan sus estrategias de género, lo cierto es que se identifican ciertos objetivos que predominan sobre otros a la hora de implementar enfoques de género, de acuerdo a los lineamientos generales de los programas, sus públicos destinatarios y sus alcances. Estos diversos objetivos podrían plantearse más integralmente si se avanzara en incorporar la perspectiva de género como política transversal en la modalidad de la ETP. Esto implicaría que dicha perspectiva debe considerarse en todas las áreas y acciones que se desarrollen en el marco de los organismos ministeriales, pero también en el marco de los propios centros educativos. Si bien hay algunos avances, aún falta un camino por recorrer. Los programas orientados a promover la formación en tecnologías desde una perspectiva de equidad de género tienen, hasta el momento, un alcance limitado y se constituyen en experiencias aisladas que, en la mayoría de los casos, son recientes. De todos modos, la sistematización de estas iniciativas en conjunto muestra cierto avance en la incorporación de una perspectiva de género, aunque aún de modo algo desarticulado y no del todo consolidado.
5. Conclusiones
A partir de tres estudios de casos nacionales (Argentina, Chile y Colombia), el capítulo se propuso evidenciar la problemática de género que atraviesa a la formación en tecnologías en la región. A partir de una sistematización de datos disponibles, el artículo muestra que, en la ETP de cada uno de los países, se observa una escasa participación de las mujeres en las especialidades orientadas a las tecnologías. En el nivel secundario, la propia modalidad ya muestra una baja presencia de mujeres como ocurre en la Argentina, con solo un 34 % de mujeres en la secundaria técnica. En el caso de Chile, la participación de mujeres en el nivel secundario técnico es mayor (46,5 %). No obstante, en tecnología y telecomunicaciones, las mujeres representan solo el 24 %. Lo mismo ocurre en el nivel superior técnico. Cuando se analiza la matrícula de los cursos y las carreras orientados a las tecnologías, se vuelve evidente la brecha de género. Por ejemplo, en Colombia, en las carreras orientadas a las tecnologías de la información y las comunicaciones, solo el 25,4 % son mujeres. En Argentina, las estudiantes en Informática en este nivel educativo, no llegan al 30 %. En el caso de la FP, más orientada a la formación para puestos de trabajo específicos, debe considerarse la diferencia en las propuestas de formación en los diferentes países, con más alcance y centralidad de la oferta pública en los casos de Argentina y Colombia. No obstante, en los tres países, las brechas siguen siendo evidentes en esta propuesta de formación que apunta a un tipo de puesto laboral más operativo.
Por su parte, desde una revisión de los programas de formación que vienen siendo implementados en la región, pueden resaltarse diferentes estrategias de incorporación de enfoques de género, que se llevan adelante en el marco de las propuestas formativas orientadas a las tecnologías:
- el desarrollo de campañas de difusión y convocatorias a mujeres para que se acerquen a formaciones “típicamente masculinas”;
- el establecimiento de cupos específicos para mujeres y otros géneros, a través de una lógica de discriminación positiva, que garantice su participación en determinadas formaciones;
- la focalización en mujeres (y otros géneros) para el desarrollo de formaciones específicas, que permitan fortalecer la experiencia de aprendizaje;
- la inclusión de mentorías como un componente de género en los programas de formación, orientadas al acompañamiento de estudiantes mujeres y al apoyo en sus procesos de inserción laboral.
Como puede verse, los objetivos de género detrás de estas acciones son diversos y apuntan a revertir diferentes aspectos de las desigualdades de género. Las cuatro estrategias diferenciadas (en ocasiones, complementarias) buscan intervenir, tal como lo plantea Fraser (2008), tanto en los aspectos de la redistribución como del reconocimiento de las injusticias de género.
Por un lado, las estrategias se orientan a intervenir en la distribución desigual de las matrículas en esta formación y buscan democratizar el acceso de las mujeres en estos espacios en los que tradicionalmente han tenido una participación limitada. Esto se lleva adelante con campañas y acciones de difusión y sensibilización, pero también, desde una política afirmativa, con la implementación de cupos para mujeres desde una estrategia de discriminación positiva.
Por otro lado, las estrategias se orientan a revertir otro tipo de injusticia presente en esta especialidad, vinculada a la desvalorización de los saberes y las capacidades de las mujeres para desarrollarse en la tarea. Para ello, entonces, las estrategias que se implementan apuntan a generar espacios de aprendizaje exclusivos, en donde las mujeres estudiantes se sientan cómodas, en confianza y en entornos formativos menos hostiles para ellas. Si bien esta estrategia contrasta con la realidad del mercado de trabajo, en donde las mujeres empleadas en el sector son una minoría (como se ve en los artículos de Sosa y Ferraris, y de Millenaar, Pozzer y Maccarini, en este volumen), lo cierto es que esa estrategia implementada puede constituirse en un recurso de revalorización y fortalecimiento de sus experiencias, capacidades y saberes, para que ellas lidien con mayores herramientas en los espacios del ámbito laboral. Complementariamente, este objetivo también incluye una estrategia de acompañamiento y orientación de las estudiantes a través de los dispositivos de las mentorías. Estas permiten que las estudiantes construyan una identificación con mujeres que han transitado por el mismo camino. Esto puede constituirse en un valioso apoyo para sus carreras educativas y animarlas a continuar su trayectoria profesional en el ámbito de la tecnología.
Ahora bien, incluso cuando se han producido avances en la incorporación de la perspectiva de género en las políticas de ETP y específicamente en la formación en tecnologías, aún quedan muchos desafíos por delante. Debe señalarse, por ejemplo, que estas acciones se implementan venciendo muchas resistencias propias de un sistema que tradicionalmente ha tendido a reproducir sesgos sexistas. Esto requiere que se sumen esfuerzos para lograr una mayor sensibilización y capacitación en temas de género en toda la comunidad educativa. También debe señalarse que es una deuda pendiente la realización de un balance de las diferentes iniciativas y estrategias que se están llevando adelante para evaluar cuáles son sus efectos y contribuciones. Por lo tanto, es necesario también contar con sistemas de información públicos que incorporen una perspectiva de género. La inclusión de una agenda de género en las políticas de ETP no puede realizarse desde acciones aisladas, sino que exige compromisos y esfuerzos de forma coordinada.
Referencias bibliográficas
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Otras fuentes de información
Anuario del SENCE
Base de Datos Abiertos del SENA
Centro de Estudios, Ministerio de Educación de Chile
DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística)
ENTE-Encuesta Nacional de Trayectorias de Egresados (INET)
RFIETP-Registro Federal de Instituciones de Educación Técnico-Profesional (INET)
SIES (Servicio de Información de Educación Superior)
SNIES (Sistema Integrado de Información de la Educación Superior)
SITEAL-UIS (Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina de la UNESCO)
- Prejet/CIS-CONICET-IDES.↵
- El relevamiento que aquí se presenta, desarrollado entre los años 2022 y 2023, fue parte del proyecto de mayor alcance “Género y habilidades en la economía digital”, de Red Sur-JustJobs Network y financiado por IDRC, con el fin de proporcionar evidencia en torno de las habilidades que son necesarias de cara a la nueva ola de cambios tecnológicos. Se agradece la colaboración de Luciana Belén Maccarini en el relevamiento documental.↵
- Se realizaron siete entrevistas con especialistas académicas vinculadas a las temáticas o responsables de áreas de ETP en cada uno de los países. ↵
- En Argentina la educación técnico-profesional (ETP) es una de las modalidades del sistema educativo que abarca, articula e integra los diversos tipos de instituciones y programas de educación por y para el trabajo, regulados desde el INET, y se rige por la Ley de ETP n.º 25.058 (nivel secundario técnico [ISCED 2 y 3], nivel terciario técnico [ISCED 5] y FP). Además, existe una oferta de FP brindada en el marco del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. En Chile, la ETP se ofrece en los niveles medio (educación media técnico-profesional [EMTP]) (ISCED 2 y 3) y superior (ISCED 5). La educación superior, bajo la Ley n.º 21.091 promulgada en el año 2018, se compone por dos subsistemas, el universitario y el técnico-profesional. El último incluye a los centros de formación técnica e institutos profesionales, que son el nivel terciario comprendido en este informe. En lo que respecta a la formación profesional continua, también debe considerarse la capacitación laboral y la formación en oficios ofrecida desde el Ministerio de Trabajo, a través de la Secretaría Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE). En Colombia la educación media se divide entre la académica y la técnica, con una duración de dos grados (ISCED 3). La Ley de Educación Técnica y Tecnológica n.º 749 del año 2002 organiza la educación superior en las modalidades de formación técnico-profesional (ISCED 4 y 5) y tecnológica (ISCED 5 y 6). El SENA es el principal proveedor público de formación para el trabajo del país y ofrece títulos técnicos (que exigen para el ingreso la secundaria básica y ser mayor de 16 años) (ISCED 4 y 5) y tecnológicos o especializaciones (que exigen la secundaria completa) (ISCED 5 y 6).↵
- En particular, el área se enfoca en dos líneas complementarias: incorporar la perspectiva de género en la ETP, e incrementar la matrícula de mujeres y otras diversidades en la ETP. Para esto, se organizan actividades de capacitación y sensibilización, se difunden datos estadísticos, se producen materiales de consulta específicos y se organizan diferentes actividades.↵
- La primera estrategia del MTEySS fue la de incorporar dicha perspectiva en el marco de acciones de diálogo social entre diversos actores de relevancia. Esto permitió la conformación, en el año 2005, de una Comisión Tripartita de Igualdad de Oportunidades en el Trabajo, que buscó vincular a los sindicatos, las empresas y el Estado. Su rol fue fundamental en la promoción de políticas tendientes a la igualdad y a la erradicación de la discriminación por razones de género en el mercado de trabajo. Además, a partir del año 2008, se desarrolló una línea llamada “Formación con equidad para el trabajo decente”, que recupera programas anteriores (como el FORMUJER) y se enfoca principalmente en la formación y profesionalización de trabajadoras de casas particulares y del cuidado de personas. Más recientemente, junto a nuevas oficinas como la de la Asesoría de Género y Diversidad Sexual, se ha permitido que la perspectiva de género cruce todas las definiciones y acciones políticas, diseñando propuestas de acción para cada programa en ejecución por parte del ministerio. ↵
- Dentro de las funciones de la CPEM, se destacan las siguientes: diseñar estrategias culturales y comunicacionales para promover la igualdad de género para las mujeres y su empoderamiento; participar en el diseño y la implementación de los mecanismos de seguimiento al cumplimiento de la legislación interna y de los tratados internacionales que tengan que ver con la igualdad de género para las mujeres; coordinar el Observatorio de Asuntos de Género; y fomentar las alianzas estratégicas con otros sectores de Gobierno, con el sector privado, con organizaciones de mujeres, con ONG, universidades y centros de investigación, para la implementación de la política pública de género.↵
- Si bien el SENCE posee oficinas propias alojadas en las principales ciudades, no ofrece cursos de capacitación de modo autónomo, sino a través de los organismos técnicos de capacitación (OTEC). Aunque los cursos que ofrecen los OTEC son privados, una parte de la matrícula puede ser utilizada por el SENCE para direccionar a postulantes de sus programas para que obtengan capacitación gratuita. Por su parte, los OTEC, generalmente vinculados a las empresas, pueden hacer uso del Programa Franquicia Tributaria, a partir del cual pueden descontar parte del costo de brindar los cursos del pago de impuestos.↵
- Debe señalarse que, en el año 2024, los programas Aprendé Programando y Codo a Codo 4.0 se fusionan en un nuevo programa llamado Talento Tech.↵








