Aspiraciones y expectativas de varones y mujeres en ciudades pequeñas
Eugenia Roberti,[1] Silvia Martínez,[2] y Claudia Jacinto[3]
1. Introducción
Este capítulo reconstruye las trayectorias postsecundarias de egresados/as de la educación secundaria técnico-profesional en Argentina. En especial, se sigue a jóvenes que habitan en pequeñas ciudades (hasta 30.000 habitantes), en un período clave de sus biografías. Se analizan los procesos de toma de decisiones y de configuración de aspiraciones y expectativas comprendidos entre el momento de finalización del nivel secundario y a nueve años del egreso, desde una mirada longitudinal de las trayectorias que articula datos primarios cualitativos y secundarios cuantitativos.
Específicamente, el capítulo se basa en un estudio cualitativo de seguimiento de egresados/as efectuado en 2018 (que complementa un estudio cuantitativo longitudinal) de la cohorte que terminó de cursar la educación técnico-profesional de nivel secundario en 2009. Se entrevistó a jóvenes de diferentes provincias, lo cual permitió analizar las trayectorias tanto laborales como educativas a lo largo de un periodo donde las relaciones entre las desigualdades, la reproducción y las oportunidades de movilidad social aparecen como fuertes condicionantes de aspiraciones, expectativas y prácticas sociales.
Partiendo del enfoque biográfico, adscribimos a una perspectiva multidimensional que habilita a superar algunas de las limitaciones de los tradicionales seguimientos de egresados/as, que presuponen relaciones lineales entre educación y trabajo (Gallart, 2002). Sostenemos que las trayectorias postsecundarias se desarrollan frente a opciones biográficas más amplias o más estrechas ante la desigualdad social en los recursos y las oportunidades. Desde nuestra perspectiva, la capacidad del individuo de gestionar sus propias transiciones depende fundamentalmente del capital social y cultural, del apoyo recibido por su familia y de las oportunidades o restricciones relativas a la educación, el género, el origen social y el contexto geográfico (Jacinto, Roberti y Martínez, 2022). Para aquellos/as con menos oportunidades, se configuran, así, “constelaciones de desventajas”, entendidas como las complejas relaciones entre los factores socioeconómicos, institucionales e individuales (Walther y Pohl, 2005).
Apuntando a los sectores más afectados por estas constelaciones de desventajas, se seleccionaron egresados/as varones y mujeres que poseen capitales socioeconómicos bajos y que habitan en pequeñas ciudades, con estructuras de oportunidades educativo-laborales reducidas, alejados/as de las grandes capitales. En este marco, el capítulo busca efectuar un aporte a los estudios de trayectorias, centrándose en las relaciones entre aspiraciones, expectativas y género en condiciones de alta desigualdad. Para ello, se examinan en profundidad las decisiones de los/as egresados/as y su capacidad de interpretar las oportunidades y desarrollar estrategias adaptativas frente a aspiraciones iniciales.
Se argumentará que las condiciones contextuales, geográficas y familiares, limitadas en servicios y recursos, llevan a que las aspiraciones juveniles resulten más un signo de época que una expectativa que unos y otras puedan llevar adelante. Los efectos del contexto y el capital socioeconómico y cultural del hogar tienen un lugar determinante, limitando sus trayectorias postsecundarias, a la vez que se conjugan con el rol que asumen al interior de sus estructuras familiares. Ahora bien, varones y mujeres delinean, según su condición de género, estrategias adaptativas diferenciales en el marco de los recursos materiales y simbólicos que los rodean y de sus credenciales y saberes previos. Veremos que las alternativas de resistencia a patrones tradicionales de género, aunque aparecen condicionadas para todos/as, se plasman diferencialmente no solo entre varones y mujeres, sino al interior del grupo de mujeres. Mientras que los varones suelen reforzar sus roles tradicionales de sostén desde sus masculinidades, las mujeres pueden sostener aspiraciones educativas más altas que las llevan a persistir en el estudio. Sin embargo, cuentan con opciones laborales más acotadas, fuertemente sesgadas por género. Aun así, algunas de ellas logran movilidad ocupacional y nuevo reconocimiento a partir de estas estrategias adaptativas que cuestionan los estereotipos, aunque no implique delegar la esfera doméstica.
2. Referentes teóricos y antecedentes
La reconstrucción de recorridos biográficos proporciona una mirada diacrónica sobre las decisiones de los/as egresados/as, rescatando sus subjetividades junto con los constreñimientos estructurales e institucionales en los/as que se encuentran inmersos. En consecuencia, las biografías de los/as jóvenes están condicionadas por el contexto social al cual pertenecen, pero también dan cuenta del ritmo distintivo que imprimen las propias decisiones y estrategias individuales (Jacinto, 2010; Roberti, 2017).
En este marco, la salida de la escuela se presenta como un momento privilegiado donde se ponen en juego las imbricaciones entre las diferentes dimensiones de las desigualdades. Las transformaciones contemporáneas en las relaciones educación-trabajo realzan el interés sobre las trayectorias postsecundarias (Verdier y Buechteman, 1998; Casal et al., 2006; Bendit et al., 2008). El contexto actual lleno de incertidumbres requiere complementar los seguimientos de egresados/as con nuevos abordajes, distanciados de una presunción de linealidad. En efecto, las mayores exigencias de credenciales y las dificultades de inserción laboral crean desafíos para los/as jóvenes, quienes no solo se adaptan a lógicas diversificadas y mundos del trabajo cambiantes y flexibles (Longo, 2018), sino que también producen un ajuste desde aspiraciones a largo plazo –con pocas posibilidades de concreción– hacia expectativas a corto plazo –más pragmáticas–, especialmente, para el caso de los sectores bajos (Elías et al., 2020).
Precisamente, mientras que el concepto de “aspiración” se referencia en el largo plazo, teniendo un carácter idealista en términos de futuro deseado, las expectativas se configuran en el corto plazo, siendo más realistas en función de las capacidades de los individuos y las posibilidades del entorno. Si las aspiraciones son muy elevadas y sus posibilidades de concreción reducidas, se produce un ajuste entre aspiraciones y expectativas, que da lugar a estrategias adaptativas por parte de los individuos (Elías et al., 2020). La cuestión de las aspiraciones al finalizar los estudios obligatorios ha sido debatida en estudios recientes, mostrando la relevancia de comprenderlas como lógicas sociales que orientan el quehacer de los/as actores en relación con sus alternativas y posibilidades educativo-laborales futuras (Sepúlveda y Valdebenito, 2014). En este sentido, cabe destacar que, en el mundo contemporáneo, los sujetos aumentan sus aspiraciones, ampliando sus alternativas posibles de vida. Pero la capacidad para cumplir tales aspiraciones no es igualitaria. Así, las aspiraciones deben redefinirse, conformando expectativas que pueden aparecer más acordes respecto a sus posibilidades de concreción.
Las nuevas complejidades abarcan así múltiples dimensiones y, en paralelo, las trayectorias postsecundarias tienden a diversificarse desigualmente. De acuerdo a investigaciones previas, los distintos capitales con los que cuentan los/as jóvenes, y sus vinculaciones, constituyen una dimensión central de las desigualdades (Wyn et al., 2017). Entre ellos, cabe señalar el capital económico (vinculado a los recursos para dar soporte a las expectativas juveniles), el social (que incluye no solo redes familiares que se heredan, sino también experiencias y relaciones propias), y el cultural (el título técnico, los recursos cognoscitivos, así como aquellos saberes y expectativas heredados durante el proceso de sociabilización). Estos capitales están íntimamente ligados al hogar de origen, variable que aparece fuertemente en la literatura sobre las trayectorias juveniles (Jacinto, Roberti y Martínez, 2022).
En particular, varios antecedentes latinoamericanos han dado relevancia a las familias en la toma de decisiones y en la configuración de aspiraciones por parte de los/as jóvenes, tanto como soporte socioeconómico como también socioafectivo (Sepúlveda, 2017; Pérez Islas, 2006). Más aún, la familia sirve de sostén por un periodo prolongado de tiempo, ante la extensión de los años de estudio postsecundario. Ahora bien, el apoyo que pueden dar padres a hijos se encuentra condicionado; así, el capital social, económico y cultural de los hogares, y sus posibilidades de dar soporte o no a las decisiones de los/as jóvenes, constituyen una dimensión central de las desigualdades.
Por su parte, otras investigaciones muestran que la desigualdad en la experiencia educativa incide positivamente o no, amplía el horizonte de aspiraciones, y aporta nuevos recursos personales y capacidad de agencia en las trayectorias (Sepúlveda y Valdebenito, 2014; Elías et al., 2020). Esto se expresa tanto en los aprendizajes como en el valor de la credencial educativa (el título), que a su vez se vincula a las instituciones y a los circuitos educativos a los que han tenido acceso. Precisamente, un estudio anterior referido a la cohorte bajo estudio (Binstock y Cerruti, 2017) encuentra que la calidad de las escuelas influye en las aspiraciones postsecundarias de los/as egresados/as de escuelas técnicas.
El género ha sido considerado, por parte de la literatura, otra de las dimensiones clave en la construcción de aspiraciones desiguales a lo largo de las trayectorias. Las desigualdades de género en el mercado de trabajo se explican no solo por las oportunidades laborales (caracterizadas por la segregación de género que las atraviesa), sino también por la disponibilidad subjetiva que emplearse en determinadas actividades y en diferentes condiciones de acuerdo al género (Faur et al., 2008). Sobre todo, una cuestión relevante resulta ser la propensión a trabajar fuera del hogar y las relaciones que varones y mujeres entablan con el trabajo: la posición masculina ha estado históricamente vinculada al rol de provisión y al ámbito público, a diferencia del rol asignado a la mujer, vinculado a la crianza de los hijos y al cuidado del hogar (Millenaar y Jacinto, 2015).
Respecto a ello, los estudios evidencian que las mujeres siguen en desventaja en todos los indicadores laborales y continúan enfrentándose a discriminaciones explícitas o encubiertas, tanto en sus procesos de inserción, como en la posibilidad de construir carreras profesionales (Jacinto et al., 2020). Más aún, la desigualdad se manifiesta en las oportunidades, los salarios y la estabilidad de los empleos entre varones y mujeres jóvenes que tienen el mismo título educativo y la misma formación técnica (Sosa, 2016). Asimismo, en la elección de la oferta formativa, aún persisten las segregaciones de género vinculadas a la división sexual del trabajo. Todas estas diferencias están, como ha sido profusamente demostrado por las investigaciones, atravesadas por la condición socioeconómica, generando mayores o menores espacios de libertad en las trayectorias postsecundarias tanto respecto a lo educativo como a lo laboral.
Finalmente, el contexto geográfico adquiere particular relevancia en la reconstrucción de las trayectorias postsecundarias desiguales, al resultar una dimensión estructurante tanto en la calidad y amplitud de la oferta educativa, y de otros servicios básicos y de infraestructura, como también en las oportunidades laborales y en el acceso a las diferentes políticas y recursos públicos que inciden en el desarrollo (Cetrángolo, Steinberg y Gatto, 2011). Casi siempre, la distribución de los servicios socioeducativos es desigual desde el punto de vista espacial, lo cual se vincula (aunque no de manera lineal) con circuitos de diversa calidad (Jacinto, Roberti y Martínez, 2022). A su vez, el acceso a diferentes recursos está atravesado por la cercanía o lejanía a grandes centros urbanos; aspecto que se vincula a las condiciones socioeconómicas y socioculturales de los hogares (los recursos disponibles para la movilidad, las redes sociales y de apoyo).
3. Metodología
En términos metodológicos, la investigación utilizó un diseño cualitativo generando datos primarios del Seguimiento Cualitativo de Egresados de ETP de nivel secundario, vinculado al Seguimiento Cuantitativo de Egresados del INET, realizado a través de encuestas en 2009, 2011, 2013, 2017.[4] La principal técnica de investigación fue la entrevista en profundidad. Se realizaron un total de 32 entrevistas a egresados/as (mujeres y varones) de secundaria técnica que habían terminado de cursar sus estudios en el año 2009. Los casos fueron seleccionados con los criterios de cubrir tanto distintos contextos geográficos, como situaciones respecto a estudio y trabajo según datos del seguimiento cuantitativo de 2017. El trabajo de campo se efectuó durante el año 2018 y adoptó un carácter federal, al desarrollarse en trece provincias de la Argentina. Se trató de una muestra particularmente heterogénea, que cubrió un amplio espectro de contextos geográficos; desde zonas rurales y pequeños poblados, hasta ciudades intermedias, grandes ciudades y periferias de grandes aglomerados urbanos.
Sobre la base de tipos de trayectorias identificados en la etapa cualitativa, el capítulo focaliza en aquellos/as jóvenes con menos oportunidades, que traslucen “constelaciones de desventajas” (Walther y Pohl, 2005) en el desarrollo de sus recorridos postsecundarios. De este modo, se delimitó un muestreo intencional a partir de seleccionar a los/as entrevistados/as que residen en ámbitos rurales o en ciudades pequeñas con baja densidad poblacional (hasta 30.000 habitantes) y que se encuentran alejadas de las capitales (a más de 40 km), y que, al mismo tiempo, provienen de hogares con capitales socioeducativos medios-bajos (donde al menos alguno/a de los progenitores terminó el nivel secundario) o de hogares donde ambos padres poseen bajo capital educativo (hasta primaria completa). En suma, la particular conformación de la muestra de este estudio se propuso realizar aportes respecto a la estructura de oportunidades que signaron las trayectorias postsecundarias de aquellos/as egresados/as provenientes de las condiciones socioeconómicas y los contextos más adversos.
4. Resultados
A continuación, se describen de modo general las trayectorias educativo-laborales de los/as jóvenes egresados/as de la cohorte estudiada. En particular, se busca comprender las elecciones y tomas de decisiones que atravesaron las trayectorias postsecundarias, condicionadas por la estructura de oportunidades en función del contexto geográfico, el género y el capital socioeconómico y cultural del hogar. Seguidamente, a partir de una selección de biografías, se ilustra y examina las relaciones entre aspiraciones y expectativas, profundizando en las estrategias adaptativas desiguales que desarrollan el conjunto de varones y mujeres egresados/as de la escuela técnica, que viven en ámbitos geográficos rurales, rurbanos y en ciudades pequeñas.
4.1. ¿Estudiar o trabajar luego de la escuela técnica? Condicionantes de género, origen social y contexto geográfico
Como un signo de época ante la expansión de los años de escolaridad, la aspiración de proseguir estudios superiores a la finalización de la secundaria fue compartida por la gran mayoría de los/as jóvenes de la cohorte estudiada (un 87,6 %, según datos del CENUAETP 2009). Sin embargo, esa misma cohorte mostró fuertes desigualdades según contexto geográfico, género y perfiles socioeconómicos (Binstock y Cerrutti, 2017), presentando diferentes grados de dificultad para la concreción de dicha aspiración: a ocho años del egreso, solo el 17,7 % había culminado sus estudios postsecundarios (Álvarez, 2015).
En este marco, las características del contexto geográfico ocupan un lugar central en la estructura de oportunidades en que se desenvuelven los/as egresados/as y en el modo en que trazan sus trayectorias (Cetrángolo, Steinberg y Gatto, 2011). En especial, los procesos de movilidad horizontal se producen mayoritariamente por la falta de ofertas educativas y laborales en las localidades en donde habitan (Martínez, 2016). Aun así, el desarraigo que conlleva la migración requiere de soportes sociales, institucionales y subjetivos para afrontar los múltiples cambios y desafíos en el nuevo lugar de residencia. Cuando no pueden recurrir a la migración, los/as jóvenes deben adecuarse a las posibilidades del contexto, que resultan muy dispares ya sea que se trate de una gran ciudad, una ciudad intermedia o un pequeño poblado.
Ahora bien, las ciudades pequeñas que son foco de este capítulo están lejos de constituir un todo homogéneo, más allá de su escasa cantidad de habitantes. La oferta de servicios educativos, las actividades económicas que constituirán el horizonte laboral, las distancias a localidades de mayor envergadura (o el aislamiento) y la infraestructura vial y de transporte condicionan de modo más específico las trayectorias. Por ejemplo, se observan casos donde la localidad aparece con buenas comunicaciones que facilitan la posibilidad de desplazarse, pero las condiciones socioeconómicas bajas y las trayectorias educativas erráticas previas van a configurar aspiraciones y expectativas limitadas.
En general, la mayor parte recurre a servicios educativos de pueblos cercanos, donde adaptarse implica adecuar sus aspiraciones, eligiendo muchas veces una carrera o un curso que no era “exactamente” lo que se quería estudiar, pero que está cercano al hogar. Por su parte, los estudios superiores presentan nuevos desafíos vinculados al tránsito de un nivel a otro y a los diferentes grados de exigencia; así, las interrupciones, los abandonos y las dificultades para aprobar se observan en las trayectorias postsecundarias (Martínez, 2013). Además, el peso del capital socioeconómico y cultural atraviesa estas trayectorias, moldeando las expectativas y elecciones. Por ejemplo, en el caso de jóvenes provenientes de origen social bajo, las decisiones de carrera terminan siendo más inestables y transitorias y menos predecibles que las de sus pares de posiciones más aventajadas, quienes cuentan con mayor capital cultural a disposición (Atkins, 2017) y desarrollan una mayor concordancia entre expectativas y aspiraciones educativas (Elías et al., 2020).
Asimismo, la aspiración de dedicarse solo al estudio presenta una desigual concreción. La combinación estudio-trabajo demora las carreras, especialmente en los varones, configurando una fuente de desigualdad: para quienes cuentan con capitales socioeconómicos medios y altos, implica postergar la finalización del nivel postsecundario; en cambio, los que provienen de hogares con bajos capitales no inician o abandonan al poco tiempo (por la dificultad de conciliar con un trabajo), tal como se ha observado también en otros estudios (Miranda y Córica, 2015, 2024). A su vez, las trayectorias postsecundarias se caracterizan por desarrollar una multiplicidad de formaciones simultáneas (Córica, Otero y Merbilhaá, 2017). Al mismo tiempo que hay una persistencia de aspiraciones educativas universitarias (aunque una alta proporción abandona), la existencia de una oferta ligada a la educación técnico-profesional terciaria y la formación profesional hace que estas formen parte de las estrategias adaptativas realizadas por los/as jóvenes de la cohorte analizada.
Las trayectorias laborales son diversas aunque la mayoría de los empleos están vinculados a estas dos variables:
- la necesidad de trabajar sin posibilidad de elección (particularmente en los varones de origen social bajo);
- hacer sinergia entre estudio y trabajo, en la búsqueda por valorizar el título técnico o –en el mejor de los casos– el diploma postsecundario.
Cabe destacar que las desigualdades de género se manifiestan especialmente en la esfera laboral. Mientras que los varones asumen el papel de proveedores económicos, conformando trayectorias postsecundarias más cortas o erráticas, las mujeres, en cambio, dedican mayores esfuerzos en la continuidad educativa, pero encuentran condiciones más adversas para trabajar en profesiones técnicas, tanto por discriminaciones en el acceso como respecto a las oportunidades de desarrollar carreras tecnológicas, según se ha constatado también en otras investigaciones (González Ramos et al., 2017; Martínez García, 2019).
Finalmente, son las madres o las egresadas mismas (al haber constituido su propio hogar) las que están a cargo de las tareas domésticas y de cuidado, en muchas ocasiones, con exclusividad. En especial, se reproducen patrones tradicionales de género en aquellas egresadas que provienen de hogares de origen social bajo, donde las rupturas en las trayectorias laborales se produjeron a causa de una maternidad temprana. Precisamente, el seguimiento cuantitativo de la cohorte del grupo entrevistado constató que los mayores tránsitos de las mujeres hacia la inactividad están asociados a las tareas que realizan vinculadas al cuidado del hogar (Álvarez y Fernández, 2012).
4.2. Las relaciones entre aspiraciones y expectativas: delineando las estrategias adaptativas de los varones
En el período posterior a la finalización del secundario, según la información del seguimiento cuantitativo, todos los entrevistados varones de la muestra seleccionada tenían la aspiración de continuar estudios universitarios y desempeñarse en un trabajo técnico. Más allá de que, a nueve años del egreso, habían solo trabajado, en los años posteriores persistía aún la aspiración de “estudiar en algún momento”, aunque con reducidas posibilidades de concreción. En este marco, a continuación, profundizamos en la relación entre aspiraciones y expectativas de aquellos jóvenes varones que se encuentran radicados en pequeñas ciudades.
Las biografías de estos varones están, por un lado, más orientadas al mercado laboral, al subrayarse la preeminencia de su papel como proveedores económicos; y, por otro lado, trazan expectativas educativas de corto plazo, al decidir continuar estudios terciarios o cursos de formación laboral, que no siempre logran culminar. Sin embargo, frente a condicionantes estructurales similares, elementos subjetivos y relacionales aportan virajes y singularidades en las trayectorias. Mientras que, para un grupo de estos jóvenes, la trayectoria educativa regular y el título técnico adquieren un lugar importante en la configuración de expectativas y elecciones adoptadas, logrando valorizar el diploma secundario para acceder a un trabajo registrado ligado a la formación recibida (como muestra la biografía de Mario), en otros casos, se conforman trayectorias laborales precarias e, incluso, se asumen tareas de cuidado al interior del propio hogar de origen (biografías de Álvaro y Roberto).
Mario vive en Morteros, una pequeña localidad ubicada a 260 km de Córdoba capital, cuya actividad principal es el tambo y la producción de alfalfa, con algún peso de la industria agroalimentaria. Estudió en una escuela técnica agropecuaria, desarrollando una trayectoria regular. Al momento del egreso, tenía la aspiración de ir a estudiar a la capital, pero siguió los consejos de sus padres y se trasladó a un pueblo ubicado a 100 km para estudiar una tecnicatura en automotores; sin embargo, abandonó durante el segundo año: “Me di cuenta que esa carrera me iba a hacer cagar de hambre, porque iba a tener un taller y era una carrera que estaba atrasada”. Ya de vuelta en su pueblo, decidió estudiar administración de empresas, pero abandonó a los pocos meses por cuestiones de trabajo y porque “no le agarraba el ritmo”.
Tuvo trabajos de diversa calidad, en ocasiones ligados a su formación técnica y de contratación temporal; también pasó por períodos de desocupación. Valora especialmente la posibilidad de acceder a bienes personales a través del trabajo, en pos de ir construyendo su independencia económica y residencial: “La primera vez que trabajé, que tengo memoria, fue a los 14 años […] quería una moto”.
Señala la importancia del título postsecundario y los condicionantes del entorno:
Si de algo estoy arrepentido en la vida es de no haberme recibido […]. Acá en Mortero hay trabajo, pero no son muchas las opciones que tenés de un buen trabajo. Hay muchos lugares donde podés trabajar, pero que tengan un buen sueldo, no […] sin haberte recibido son contadas las empresas.
Al momento de la entrevista, Mario trabajaba hacía ya tres años en la cooperativa de luz del pueblo, en el sector de telefonía e internet. Es un trabajo técnico y estable que cumple con sus expectativas, razón por la cual señala:
No volvería a retomar los estudios […] [pero] me llegué a preocupar mucho porque no me recibí, volví y conseguía trabajos temporales o changas, […]. [Quería] laburar de lo que sea, que me pongan en blanco, no renegar más. Tuve suerte, ahora con la empresa en la que estoy, estoy cómodo.
A diferencia de la biografía que acabamos de examinar, donde se observa el apoyo del hogar en la posibilidad de acceder a una formación postsecundaria, una trayectoria educativa regular y una valorización de los estudios técnicos junto con readecuación de aspiraciones educativas, las siguientes trayectorias de Roberto y Álvaro vislumbran una constelación de desventajas típicas de las condiciones de vida de sectores bajos. Las características aisladas de los pueblos en donde viven, signados por la escasez y debilidad de recursos institucionales y de políticas públicas, el hecho de provenir de hogares con bajo capital socioeconómico y cultural, y, finalmente, el desarrollo de una serie de eventos personales y familiares los ubican en el lugar de apoyo de sus propios padres o familiares, acentuando las desigualdades.
Roberto vive en Jachal, pequeña ciudad de 21.000 habitantes en la provincia de San Juan. Egresó como técnico químico, desarrollando una trayectoria escolar irregular con abandonos. En relación con la escuela técnica, si bien arguye que le gusta, señala que eligió la institución educativa más cercana: “Tenía otras opciones, la de agropecuaria, que es más divertida que esa, pero tenía que ir al centro y quedaba muy lejos”. Aún en la presentación de la entrevista, sostiene la aspiración de continuar sus estudios superiores, cuestión de difícil concreción en relación con la oferta educativa que presenta la sede de la Universidad Nacional de San Juan ubicada en Jachal, y la ausencia de un soporte económico.
Me gustaría estudiar, pero por ahí uno no puede porque está muy lejos la universidad, y tiene uno que irse de acá, del departamento. Por eso, por ahí hay que buscar estudios por acá cerca, pero bueno, hay carreras, pero es muy difícil para uno.
Más allá de estas dificultades, Roberto hizo un intento de estudiar instrumentista en la capital de una provincia vecina (donde habitaba una de sus hermanas), pero volvió al pueblo el mismo año: “Fui a estudiar a La Rioja […], pero no me dio para seguir estudiando porque mis viejos no tenían presupuesto y salí mal en una materia, así que […] no quise estudiar más”.
Si bien señala tener opciones para estudiar otra cosa, la situación al interior del hogar funge como obstáculo: “De ahí en más, no hice más nada, me quedé en casa nomás. Quería hacer otras cosas, pero no se podía”. Dejando a un lado el rol de proveedor económico y sin margen para adecuar sus aspiraciones y expectativas, Roberto decidió abocarse al cuidado del hogar, luego del fallecimiento de su madre:
[Me hubiese gustado] estudiar en una escuela, preceptor o profesor de primaria. Tenía opciones, solo que no las ejercía porque no podía […]. Por cuidar a mi familia, tengo un hermano discapacitado, ahora no está mi vieja. Está mi padre, pero a veces no está, por eso, por todas esas cosas de la casa, uno no puede.
En términos laborales, había comenzado a trabajar por temporada durante el secundario en la cosecha de membrillos y cebolla –“Cuando se podía trabajar, trabajaba”–; sin embargo, caracteriza este trabajo como “muy sufrido”. También pasó por reiterados períodos de desocupación. Más allá de que señala expectativas laborales que se ajustarían al contexto geográfico, como trabajar de operario en una fábrica o ser profesor, no desarrolla estrategias para alcanzar dichos objetivos; al momento de la entrevista, “ayuda” a su padre en la siembra y desarrolla el rol de cuidador al interior de su familia de origen.
Álvaro vive en Tudcum, un muy pequeño poblado (800 habitantes) al noroeste de la provincia de San Juan, que se destaca por la producción de dulces artesanales. Su vida, como él dice, “sencilla” siempre transcurrió en el pueblo en el seno de una familia humilde, junto a sus siete hermanos, todos adoptados, como él. Fue a un colegio agrotécnico con albergue, que era la única escuela cercana al pueblo, ubicada en las afueras, en una localidad próxima de 3.000 habitantes que funciona como lugar de referencia (consumo, acceso a servicios). Presenta movilidad educativa, ya que logra culminar la secundaria, más allá de adeudar por un tiempo materias del último año; su trayectoria postsecundaria resulta, en cambio, reproductora de la condición familiar, intentó estudiar ingeniería, pero tuvo un paso muy breve. Manifiesta que hubiera querido seguir estudios universitarios, aunque para ello tenía que desplazarse. En sus propias palabras: “Sí, obstáculos sí hubieron… más que nada, la parte económica, por ahí no ayudaba demasiado, y la parte distancia”. Los efectos del contexto y el capital socioeconómico y cultural del hogar tienen un lugar determinante, limitando su trayectoria postsecundaria, que se conjugan con el rol que asume al interior de su estructura familiar:
Pensé en intentar buscar una carrera, estudiar algo. Justo en ese momento, se enferma mi mamá […]. Tuve que decidir entre hacerme más hombre de la casa o tratar de buscar la oportunidad de seguir estudiando. Aporté por quedarme en casa.
De este modo, la difícil situación económica familiar, la enfermedad de su madre, el mandato de “ser el hombre de la casa” vinculado a patrones patriarcales y la falta de opciones de educación superior en su contexto determinaron la asunción de responsabilidades de cuidado en el hogar.
Siguió varios cursos de formación profesional, en la búsqueda por ampliar las oportunidades para acceder a un empleo: “Trataba de acumular conocimiento […] es un punto extra”. No obstante, su trayectoria laboral está signada por trabajos de baja calificación. Desde pequeño “ayuda” a su padre en la finca –a “trabajar la tierra, sembrar, criar animales”–, actividad que desempeña hasta el día de hoy. En la actualidad, también es empleado municipal –en trabajos de limpieza– y DJ, aunque lo considera un hobby. Sin embargo, tiene la aspiración de “tratar de conseguir un trabajo estable” que, dadas las características del contexto, se oriente hacia la minería o la docencia. Con su historia biográfica fuertemente condicionada, su gama de oportunidades queda reducida, sin delimitar una estrategia adaptativa en el corto plazo para alcanzar dichos objetivos:
Cada obstáculo que tengo que evadir, a veces por la situación y donde yo vivo, no es fácil conseguir las metas que uno quiere alcanzar, por ejemplo en el caso del trabajo […] conseguir un buen trabajo. Actualmente en el trabajo que tengo no es un sueldo sustentable, lamentablemente es bajo.
4.3. Las relaciones entre aspiraciones y expectativas: delineando las estrategias adaptativas de las mujeres
En el período posterior a la finalización del secundario, según los datos del seguimiento cuantitativo, todas las entrevistadas mujeres de la muestra seleccionada compartieron la aspiración de continuar estudios universitarios. Sin embargo, a diferencia de los varones, las aspiraciones en el ámbito laboral fueron diversas. Específicamente, a nueve años del egreso, se observa, por un lado, mayores aspiraciones educativas por parte de las mujeres, como mecanismo de compensación para superar las barreras que se presentan en el mercado de trabajo (Elías et al., 2020); sin embargo, persisten estereotipos de género en las elecciones educativas y estrategias ocupacionales desarrolladas (como se observa en las biografías de Eugenia, Marta y Cecilia).
Por otro lado, otras egresadas reprodujeron patrones tradicionales de género, donde las rupturas de las trayectorias postsecundarias se producen por una maternidad temprana combinada con la condición de pobreza y el provenir de hogares con bajo capital cultural. En este caso, el pasaje por la escuela técnica fue la última instancia educativa, a partir de ese momento prima la constitución de una nueva familia –trabajo errático, no estudio– (como se observa en la biografía de Elba).
Así, algunas de las mujeres trazan aspiraciones educativas a más largo plazo, es decir, más allá de que dichas aspiraciones no se concreten a causa de abandonos, esbozan rumbos ligados a la educación superior. Cabe señalar que estas aspiraciones, en términos laborales, están sesgadas por género: se desarrollan trayectorias erráticas (ama de casa, al igual que sus madres) o feminizadas que vislumbran la segregación laboral horizontal. Se observa al respecto que políticas públicas de educación y salud han abierto a lo largo de las décadas opciones educativas terciarias que muchas mujeres en lugares más alejados de los grandes centros han podido elegir.[5] Así es como el magisterio o la enfermería son posibilidades concretas en las que se formaron las mujeres entrevistadas de ciudades con pocos habitantes. Es importante destacar que tanto la formación docente como la formación en enfermería han sido parte de la elección de poblaciones de origen social medio y bajo (Martínez, 2011).[6]
Ante la falta de otras opciones de carrera postsecundaria, algunas de las entrevistadas egresadas de escuelas técnicas con orientaciones industriales o agropecuarias optan por continuar una carrera de magisterio o enfermería. Sus aspiraciones de seguir estudios terciarios o universitarios se van adaptando a las alternativas que les plantea su medio cercano. Son destacables los intentos de estudios (ya sean carreras o cursos) que hacen muchas de ellas, asociando la educación a una mejor calidad de vida. Estos intentos, sin embargo, deben articularse con sus necesidades económicas y de su rol de cuidado en la familia.
Las historias de vida de las mujeres dan cuenta de estas opciones que se promueven desde las instituciones educativas públicas. También, de la persistencia a lo largo de los años en intentar estudiar en su mayoría carreras no afines con los estudios secundarios. Los casos de Eugenia, Mónica y Cecilia ilustran este devenir esforzado y condicionado: al momento de las entrevistas, habían culminado o estaban por finalizar las carreras de educación o de enfermería. Las trayectorias escolares previas como técnicas no parecen ser vinculantes en estos casos a las trayectorias posteriores. Lo que se muestra es una búsqueda constante, con gran cantidad de cambios, de carreras, residencias, familiares, y una multiplicidad de obligaciones y tareas a la vez que de estrategias para terminar los estudios.
Eugenia vive en Media Agua, una ciudad pequeña ubicada en el centro sur de la provincia de San Juan, comprendiendo una región que se caracteriza por la producción vitivinícola, hortícola y minera. Tuvo una trayectoria secundaria irregular ya que emigró a Buenos Aires luego del fallecimiento de su padre y volvió unos años después para concluir la secundaria. Intentó estudios terciarios (seguridad e higiene, enfermería) y realizó un curso de depilación que le permitió aportar a la economía familiar. Luego de varios intentos, logró entrar a la Carrera de Enfermería en la Universidad Nacional de San Juan (a 70 km), que le permite hacer las prácticas a 5 km de su lugar de residencia. En el momento de la entrevista, le resta aprobar solo una materia. Destaca el cuidado de su familia como prioridad; sin embargo, realiza múltiples tareas tanto para la subsistencia como para el estudio, se refiere a sus prioridades:
Principal la familia, la casa, el trabajo por supuesto. Brindarle lo mejor a mi hija, hoy en día mi prioridad es mi hija y de ahí todo lo demás que hago […]. Hoy por hoy me levanto, estudio, mando a mi hija a la escuela, vuelvo a sentarme a estudiar. Hoy en día estoy yendo a la facultad, pero los días que no voy a la facultad, trabajo. Soy depiladora y a la vez vendo ropa. Y tenemos el lubricentro que lo atendemos [con mi pareja].
Marta vive en Animaná, un pueblo pequeño de aproximadamente 1.700 habitantes ubicado a 200 km de Salta capital, abocado a la industria vitivinícola. Esta joven tuvo una trayectoria escolar regular, logrando egresar en la primera cohorte de un anexo de escuela agrotécnica (única escuela local). Su infancia transcurre en un hogar humilde con muchas responsabilidades (cuidado de hermanos menores y de su padre, debido a una situación de invalidez). En su relato destaca el cuidado que debió realizar en su casa:
Lo que pasa es que yo tuve a mi papá no vidente. Cambiás totalmente […] tuve que ayudar en la cocina, en lavar ropa […]. Yo era sus ojos porque quien lo traía y lo llevaba era yo.
Respecto a su trayectoria postsecundaria, Marta muestra una fuerte voluntad de estudio. Más aún, sus decisiones de residencia y convivencia fueron promovidas por su deseo de estudiar. Como su familia no podía costearle su continuidad educativa, la solución provino de su pareja, un peón rural del pueblo, que se había mudado a la periferia de la capital provincial por trabajo. Allí realizó el profesorado de escuela primaria y, cuando estaba por empezar las prácticas de la carrera, quedó embarazada sin planificarlo: “Venía bien, pero mi hijo fue un stop en mi carrera, más que vino con problemas de salud”. Pero ni siquiera la maternidad discontinuó su firme voluntad de estudiar: “Tuvimos que ver la forma de seguir, quería terminar mi carrera, era lo que más me gustaba”. En una localidad cercana a su pueblo, abrió un instituto de formación docente, por lo que regresó junto a su pareja y su hijo para aprovechar esa oportunidad. En la trayectoria de Marta, las dificultades económicas llevaron a que, en sus decisiones educativas, se priorizase la opción más económica y cercana geográficamente. Tal como expresa ella en la elección de su carrera:
Me gusta mucho el trabajo de enseñanza, también me gustaba psicología, pero no se pudo, quizás en el futuro. Primero, porque me gustaba la carrera en sí y, segundo, porque era lo más oportuno para la situación en la que yo me encontraba.
Así, esta entrevistada enfrentó distintos obstáculos estructurales y biográficos: las limitaciones del contexto geográfico, la escasez de recursos económicos familiares, las enfermedades de su padre y su hijo, la maternidad no planificada. Sin embargo, Marta fue readecuando sus expectativas y enfrentando las adversidades con decisión. Incluso, realizó varias capacitaciones y cursos, e inició otras carreras y posgrados, recibiendo ayudas económicas estatales para estudiar. Por su parte, en el ámbito laboral, muestra un firme deseo de ejercer su profesión. Luego de experiencias laborales esporádicas, se inició como maestra de su pueblo.
Cecilia vive en Zapala, una pequeña ciudad de aproximadamente 30.000 habitantes orientada a la actividad minera, que se ubica a más de 190 km de la capital neuquina. Desarrolló una trayectoria escolar irregular, luego de repetir un año, se cambió a la modalidad técnica, donde egresó de la especialidad electromecánica. Comenta que es una especialidad que le gusta: “Yo decidí irme a electromecánica porque me gustaba trabajar en el torno”.
Realizó intentos de estudios de nivel universitario en relación con su carrera de técnica, en un principio, en ingeniería en sistemas, trasladándose a otra provincia ubicada a 800 km (Bahía Blanca); luego se mudó a Plaza Huincul (80 km) para estudiar Ingeniería Química en la UTN; sin embargo, debido al fallecimiento de su padre, decidió volver a su ciudad –“No quería dejar sola a mi mamá”–. Allí, comenzó una tecnicatura en minas, pero finalmente terminó un curso de topografía.
En relación con su trayectoria laboral, se desempeñó como docente de matemática y física, luego de realizar un curso de didáctica en la UNT. Luego de un tiempo, decidió continuar el profesorado de matemática en una localidad aledaña ubicada a 50 km de Zapala. Eligió la docencia como alternativa disponible, donde el título de técnica y los saberes de esta carrera le permitieron ejercer dicha profesión. Muestra, al igual que las otras mujeres, una cantidad de intentos que contribuyen a una continuidad de estudios diversos.
En cambio, la historia de Elba expresa cómo los determinantes del contexto geográfico, el débil capital social y cultural de su familia y la falta de apoyos de las políticas públicas condicionan fuertemente su trayectoria postsecundaria, debiendo asumir exclusivamente responsabilidades reproductivas en su hogar.
Elba vivió toda su vida en Los Sarmientos, un pequeño pueblo agrícola de 3.000 habitantes, ubicado en la provincia de Tucumán (a 100 km de la capital). Desde muy chicas, Elba y sus hermanas quedaron a cargo de la casa y de las tareas domésticas. Por cercanía, concurrió a la escuela agrotécnica de su localidad, única opción institucional disponible. La extensión de la jornada escolar y la conciliación entre el estudio y las labores domésticas hicieron que aquellos años fueran cansadores: “Era llegar a la tarde, reagotadas, y nos tocaba la limpieza porque mi mamá trabajaba en la Comuna”.
Elba tenía la expectativa de “seguir estudiando, terminar [su] carrera, trabajar de eso y recién formar una familia”. “Pero bueno, no se ha dado”, aclaró. Desarrolló una trayectoria postsecundaria con reiteradas idas y vueltas, signada por la situación económica de su familia, la cual volvió difícil concretar dichas expectativas. Estudió, por un breve lapso de tiempo, programación –“Mi mamá me quería mandar ahí”–, pero decidió no continuar por razones económicas: “No me alcanzaba”. Se observa en este caso que la familia, si bien impulsa la continuidad educativa, no cuenta con un capital cultural y social que le facilitase un acompañamiento a esa trayectoria.
Al año siguiente se inscribió en un Profesorado de Educación Especial, en la ciudad cabecera de su localidad. Durante esos años, Elba se casó y se mudó con su marido. Sin embargo, la situación económica continuaba fungiendo como obstáculo y, mientras transita su tercer año de carrera, quedó embarazada, por lo que tomó la decisión de no continuar con el estudio: “Me hubiera gustado terminarla […] tenía que dejar sí o sí por la situación económica. Después no tenía quien me la cuide a ella [su hija]”.
Asimismo, la posibilidad de estudiar se vio coartada por el hecho de vivir en un pequeño pueblo y tener que desplazarse hacia la ciudad cabecera: “Es como que este lugar es algo olvidado”. Respecto a su trayectoria laboral, resulta breve y está signada por la informalidad –a través de la realización de “changas”–, junto con periodos de desocupación y la obtención temporal de planes sociales, que no guardan relación alguna con la formación técnica. Al momento de la entrevista, Elba se desempeña como ama de casa –“Le dedico el mayor tiempo a la limpieza”– y al cuidado de su hija. También ayuda a su madre, abuela y hermanas.
5. Conclusiones
El capítulo analizó, a partir de una base de datos longitudinales cualitativa (que complementó un seguimiento cuantitativo), las relaciones entre aspiraciones y expectativas que despliegan los/as jóvenes, atendiendo a las decisiones y estrategias adaptativas que desarrollaron en el período comprendido entre el momento de culminación de la escuela técnica y la situación a nueve años de su egreso.
Lejos de aprehender las trayectorias postsecundarias como resultado de un proceso mayormente individual, libre y racional (Tarabini, 2020), se ha vislumbrado cómo persisten desigualdades sociales ligadas al género, el contexto geográfico y el origen social en la configuración de aspiraciones y en las elecciones que finalmente toman los/as jóvenes. En efecto, el carácter multidimensional de las desigualdades sociales se refleja en las oportunidades educativo-laborales, los soportes subjetivos, el ajuste de expectativas y las elecciones que finalmente realizan de los/as egresados/as, quienes se inscriben en escenarios profundamente dispares para alcanzar la concreción de aspiraciones.
Los hallazgos de esta investigación permiten sostener, en primer lugar, que las mujeres y los varones egresados/as, más allá de provenir de hogares con bajos capitales socioeducativos y entornos con escasas ofertas formativas, comparten la aspiración de continuar estudios superiores una vez finalizada la secundaria técnica. Esto parecería indicar que la mayoría de los/as jóvenes aún confía en la inversión educativa como medio de movilidad social. Dicha aspiración a la continuidad de estudios, sin embargo, presenta diferentes niveles de concreción, al vislumbrar las oportunidades formativas que ofrece el contexto, las mayores exigencias académicas y la eventual necesidad de articulación con actividades laborales.
Varones y mujeres trazan, según su condición de género, estrategias adaptativas diferenciales en el marco de los recursos materiales y simbólicos que los rodean y de sus credenciales y saberes previos. En el caso de los varones, se destaca tanto la mayor importancia que asumen como proveedores económicos de sus hogares (al insertarse laboralmente de forma exclusiva o anticipada, en comparación a sus pares mujeres), como la menor persistencia en el estudio.[7] Así, el alejamiento del ciclo formativo en el nivel superior (aunque con posibilidad de continuidad en la FP) y el ingreso temprano al mundo del trabajo es una decisión que atañe sobre todo a los varones de la muestra, condicionados por residir en pequeñas ciudades y por la falta de recursos económicos. No obstante, en ocasiones han logrado valorizar el título técnico, al desarrollar ocupaciones afines al interior del mercado de trabajo.
Un hallazgo interesante estuvo vinculado al lugar que cumplen estos jóvenes en las tareas de cuidado al interior de sus hogares de origen en el contexto geográfico en que residen, donde la provisión de este tipo de servicios es prácticamente inexistente. El desarrollo de las trayectorias postsecundarias se ve supeditado, de esta manera, al cuidado de familiares (a causa de enfermedades o fallecimientos), que conlleva un cambio en la posición del hogar.
Pero no solo aparecen las limitaciones en las alternativas de sostén con las que cuentan estos jóvenes varones en estas localidades. También los mandatos asociados a las masculinidades tradicionales hacen emerger sentimientos de desilusión o fracaso frente al desajuste entre aspiración y condiciones adecuadas para realizarla. Así, aunque a veces registran intentos poco sostenidos de estudios lejos de sus hogares, terminan priorizando sus roles en cuanto sostén económico.
En el caso de las mujeres, se evidencia una persistencia en seguir estudiando, aun cambiando de carreras, con muchas interrupciones y obstáculos. En su mayoría, logran sostenerse en circuitos formativos que muchas veces les permitirán una mejora de vida económica, aunque no implica que deleguen o compartan la esfera doméstica. A diferencia de los varones, el título de técnica no parece central en sus trayectorias educativas ni laborales postsecundarias. Sin embargo, los saberes adquiridos en el paso por la escuela son valorizados e incluso considerados un capital cognitivo (saberes técnicos, transversales y con relación al saber-hacer) puesto en juego después del egreso. Otro grupo de mujeres se encuentran constreñidas por situaciones familiares con necesidad de cuidados que obligan a relegar aspiraciones, siendo la maternidad el eje de bifurcación de sus trayectorias.
En la construcción de estas trayectorias, confluyen, también, políticas públicas que ampliaron las posibilidades formativas en gran parte del territorio nacional, habilitando una formación postsecundaria en sectores más desfavorecidos. Así, las carreras de magisterio o profesorado y la enfermería constituyen una de las opciones para las mujeres que permitieron el acceso a estudios profesionalizantes, aunque alejados de los perfiles profesionales que les ofreció la escuela técnica.
En última instancia, los hallazgos permiten reflexionar sobre las relaciones entre aspiraciones, expectativas y género en condiciones de alta desigualdad. En un contexto geográfico condicionante en términos de escasez de opciones en que se desenvuelven las trayectorias, las aspiraciones y expectativas van adecuándose a través de estrategias adaptativas que tienen como sostenes subjetivos tanto posibilidades materiales como simbólicas (Martuccelli, 2007). Mientras que los varones tienden a reproducir fuertemente patrones tradicionales de género, las mujeres, aunque atravesadas por los estereotipos esperables, resisten a través de decisiones de continuidad de estudios, dando primacía a la esfera educativa. Como aporte de la mirada longitudinal, lo que se observa está lejos de la linealidad. Más bien, se trata de una búsqueda constante, signada por gran cantidad de cambios: de carreras, de lugares de residencia, de configuraciones familiares con una multiplicidad de obligaciones, a la vez que se visualizan estrategias persistentes para culminar los estudios.
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- UNAJ-CONICET/FaHCE-UNLP/PREJET.↵
- FACE-UNCo/IPEHCS-CONICET-UNCo.↵
- Prejet/CIS-CONICET-IDES.↵
- La investigación cualitativa constituyó la última etapa del Seguimiento de Egresados/as realizado por el INET. Este se conformó mediante el Censo Nacional de Alumnos de último año –CENUAETP 2009–, la Encuesta Nacional de Inserción de Egresados –ENIE 2011– y la Encuesta Nacional de Trayectoria de Egresados –primera onda ENTE 2013 y segunda onda ENTE 2017–. ↵
- En la Argentina, a partir de la creación del Estado nación, se priorizó la educación primaria como formación para la ciudadanía de una nación nueva. Así fue como se crearon escuelas primarias a lo largo de todo el país (ley Láinez 1905). Esto conllevó la necesidad de maestras en cada localidad. En provincias y ciudades pequeñas e intermedias, fueron generando escuelas secundarias que brindaban la posibilidad de estudiar la carrera docente en el último año (maestras normal nacional), que años después se profesionalizaron pasando a nivel terciario con los institutos de formación docente (Birgin, 2020). Por su parte, durante las décadas de 1940 y 1950, fue la formación de enfermeras una necesidad nacional que promovió formaciones profesionalizantes en todo el país. En un principio como cursos cortos de oficio en instituciones de salud, gremios, etc., para luego formalizarse y regularse por los Ministerios de Educación y Salud (Valobra y Ramacciotti, 2015).↵
- Un estudio en la UNCo con un seguimiento de 15 años da cuenta de que las/os estudiantes que ingresan a las carreras como enfermería o profesorados se asocia con padre o madre con bajo nivel educativo, con categorías ocupacionales obrero o jubilados, o desocupados, es decir, con familias con bajo sustento económico y también con estudiantes con familia propia. A la vez, estos estudiantes en general trabajan (Lavalle y Curia, 2011).↵
- Según datos del ENIE 2011-INET, casi a dos años de finalizada la escuela técnica, se observan grandes diferencias por género en relación con la continuidad educativa: mientras que más de la mitad de los varones no estudia, en el caso de las mujeres, el 42 % se dedica al estudio con exclusividad y un 20 % completa dicha actividad con un trabajo.↵








