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Educación, trabajo y género:
claves para el análisis

A modo de introducción

Verónica Millenaar,[1] Delfina Garino,[2] Eugenia Roberti[3]
y Claudia Jacinto[4]

Presentación

Este libro busca plasmar más de quince años de acumulación en investigación llevados a cabo en el marco del Programa de Estudios sobre Juventud, Educación y Trabajo (PREJET-CIS-IDES/CONICET). De la mano de nuestros estudios sobre educación, trabajo y trayectorias juveniles, emergió años atrás la necesidad de incluir una perspectiva de género tanto en las preguntas que nos hacíamos, como en los trabajos de campo que realizábamos. El género se transformó en una dimensión necesaria para desagregar, problematizar, comparar y también desplegar nuevas líneas de indagación. No obstante, a medida que se sumaban interrogantes, bibliografía y metodologías de trabajo, también comenzó a ganar claridad la certeza de que la inclusión del género no podía constituirse únicamente como estrategia de adición de una dimensión de análisis más, sino que debía dar lugar a una más profunda interpelación al propio campo de estudios.

Como plantea Marcela Lagarde (1996), el género es más que una categoría. Es una teoría que abarca conceptos, hipótesis e interpretaciones acerca de todos los aspectos del mundo social y sus relaciones. La formación para el trabajo, históricamente, se pensó, abordó y planificó a partir de la división sexual del trabajo y en función de las jerarquías y desigualdades que esa división conlleva. Interpelar a la formación para el trabajo desde el género es una tarea de reinterpretación y reproblematización de sus distintas aristas: sus objetivos, las articulaciones entre sus actores, los aprendizajes que allí se imparten, el modo en que se desarrolla la formación, a quiénes va dirigida, qué incidencia produce en las trayectorias de sus estudiantes, de qué modo esa experiencia educativa dialoga con las desigualdades existentes en el mundo laboral. 

Pero el género no involucra solamente una perspectiva teórica y epistemológica: es también una posición política. Interpelar a la formación para el trabajo implica además asumir una postura política en pos de una mayor justicia e igualdad en este campo específico de formación. En este sentido, el viraje político hacia la extrema derecha que se viene produciendo en nuestro país pone en tensión el trabajo de visibilización, conquista de derechos e implementación de políticas en este campo. La realidad actual de Argentina, entonces, hace que este libro también cobre el sentido de sistematizar lo que sabemos sobre las relaciones y las desigualdades de género en la formación para el trabajo, en nuestro contexto, así como en otros, para reconocer los avances y desafíos pendientes, pero también para advertir la necesidad de cuidar y sostener lo que ya se ha logrado. 

1. El género: una perspectiva que interpela a la formación para el trabajo

Los párrafos que siguen buscan reconstruir la trayectoria de una agenda de investigación centrada en el género, desde la cual estudiamos la formación profesional, la educación y el trabajo en nuestro contexto. A partir de un abordaje conceptual construido a lo largo de los años de trabajo en equipo, hemos relacionado el nivel de análisis macro de políticas públicas con dispositivos institucionales y trayectorias educativo-laborales de los sujetos, en particular de jóvenes (Jacinto, 2010, 2016, 2018). En esta publicación, recuperaremos ese andamiaje y recorrido teórico y empírico, centrándonos en dar cuenta de los recorridos, las derivas y las reformulaciones de nuestra propia caja de herramientas conceptual a partir de la incorporación de la dimensión de género transversalmente. La publicación de este libro demanda estas reflexiones ya que aquí conviven capítulos que proponen diferentes perspectivas metodológicas, niveles de análisis, sectores de actividad y contextos territoriales, como así también distintas aristas de lo que entendemos, más generalmente, como formación para el trabajo. Pero esta variedad deja entrever los diversos modos en que el género interpela a la formación para el trabajo que, de por sí, se caracteriza por su heterogeneidad, complejidad e intersección de marcos regulatorios, instituciones y actores. También vislumbra el valioso aporte de los diálogos con otros equipos de investigación radicados en contextos heterogéneos; interlocuciones que contribuyeron a enriquecer y consolidar la línea de trabajo en el marco de nuestras propias investigaciones.

Inicialmente, en los estudios sobre trayectorias educativo-laborales de jóvenes, el desafío que teníamos era el de configurar una propuesta teórica y epistemológica que involucrara lecturas bibliográficas para analizar las relaciones entre los géneros. Una de estas lecturas fue la de Chantal Nicole-Drancourt (1994) y su investigación de trayectorias laborales de jóvenes franceses. Para esta autora, las representaciones sociales de los y las jóvenes sobre el empleo y el trabajo, así como la imagen de sí mismos como mujeres o varones y sus creencias en torno al lugar que debían ocupar como trabajadores o trabajadoras, resultaban elementos fundamentales para interpretar sus diversas trayectorias de inserción laboral. La autora examinó, por ejemplo, que, en algunas trayectorias femeninas, que el empleo fuera sinónimo de una ruptura con el mandato social asignado a la mujer y, por lo tanto, una forma de realización personal permitía que, a pesar de trayectorias precarias al comienzo, la socialización laboral se acumulase en un sentido positivo y derivara en trayectorias más estables a lo largo del tiempo. En estas mujeres, la fuerte disposición hacia el trabajo por fuera del hogar, acompañada por una posición que cuestiona el mandato de género, posibilitaba configurar una trayectoria laboral estable y acumulativa. Esto era diferente en el caso de otras mujeres con una posición de género tradicional, cuyo vínculo con el trabajo se encontraba subsumido al proyecto de maternidad. Con esta autora, comprendimos que era insuficiente pensar a los varones y a las mujeres como grupos homogéneos en sí mismos, y que era fundamental dar lugar a los diversos modos subjetivos de interpretación de sus propias trayectorias, experiencias y expectativas desde una perspectiva de género (Jacinto, 2010; Millenaar, 2012; 2014; Jacinto, Roberti y Martínez, 2022).

Paralelamente, y siguiendo un importante acervo de investigaciones cuantitativas que mostraban las discriminaciones sufridas por las mujeres tanto en la educación como en el mercado de trabajo, nuestro equipo estudió desigualdades de género en el acceso a la educación técnico-profesional (ETP) a partir de los sistemas de información educativa. Dicha modalidad, orientada a brindar los conocimientos y las habilidades para el trabajo, se organiza a partir de las mismas segregaciones de género que persisten en el mundo laboral. Si bien las estadísticas educativas incluyen una diferenciación por sexo en sus indicadores, esto no es suficiente para dar cuenta de las desigualdades de género. Por ejemplo, esto ocurre con el análisis más desagregado de las diferentes especialidades que se ofrecen en las formaciones. Podemos conocer cuántas mujeres y varones hay en la modalidad, pero, si buscamos enmarcar los estudios sobre educación y trabajo en sectores de actividad específicos, se requieren procesamientos estadísticos que avancen en comparaciones de género al interior de estos sectores. Esto fue abordado, por ejemplo, en los estudios sobre la formación específica hacia sectores como la construcción y la informática (Sosa, 2019). Por su parte, otras fuentes de información son también necesarias para aproximarse a problematizaciones más complejas desde el género, como aquellas que permiten identificar la compatibilización del trabajo con las tareas de cuidado y la articulación de diferentes esferas de la vida (Ferraris y Martínez Salgado, 2022).

En diálogo con el análisis de trayectorias, los aportes de Judith Butler (2005, 2007) fueron fundamentales para comprender que no es posible pensar las identidades de género como algo acabado, sino como un proceso en constante transformación. El género, que se produce permanentemente a través de nuestras prácticas, deja de pensarse como aquello que se “es” y se “tiene”, para considerarse como un proceso, un permanente “hacer”. Para Butler, la identidad de género y nuestro modo de dar una significación a nuestros cuerpos son posibles y cobran existencia a través de prácticas discursivas, dentro de cierta matriz de inteligibilidad. Rita Segato (2003) propone que el género puede pensarse como una gramática: se trata de un mapa cognitivo a partir del cual los sujetos operan. En este sentido, para Segato, la interpretación de ese mapa cognitivo es siempre una instancia individual y puede ser bastante aleatoria y diversa. Por ejemplo, el mercado de trabajo es un espacio social que evidencia de forma clara una gramática que plantea caminos laborales diferentes para varones y mujeres; pero también se vislumbran variadas identificaciones subjetivas relacionadas con estos caminos esperados. Volviendo a Butler, si bien las identidades generizadas son producidas por las prácticas reguladoras de esa gramática, al mismo tiempo, se construyen performativamente. La gramática se sostiene gracias a su poder reiterativo, y la performatividad de género garantiza esa reiteración. Las identidades que no se ajustan a esas normas reguladoras, en su insistencia y proliferación, terminan mostrando los límites mismos de ese campo de legitimidad, y proponen posiciones diferentes y subversivas que colaboran en el desorden de género.

En los estudios de trayectorias que realizamos desde el PREJET, si un primer nivel de análisis está centrado en las trayectorias de los sujetos, un segundo nivel se orienta a analizar los dispositivos institucionales. El nivel de análisis institucional de la formación para el trabajo se vuelve clave para comprender, desde el género, el modo en que se construyen identidades, sentidos sobre el trabajo y proyectos laborales. En este punto, la lectura del trabajo de Beverly Skeggs (1997) fue orientadora para comprender cómo el género opera a nivel de las instituciones y en la socialización profesional. La autora realizó una investigación con mujeres que participaron de cursos de formación laboral orientados al cuidado de personas. Su objetivo apuntó a reconocer el modo en que las mujeres de clase trabajadora, tanto a lo largo de su experiencia formativa, como en sus experiencias de empleo y de conformación de sus familias, construían una subjetividad de clase y de género, en la cual el “respeto” se volvía un valor fundamental. En su investigación, ella muestra que, en el diseño y la implementación de los programas de formación de estos cursos, primaba un discurso moral en relación con las tareas “respetables” para mujeres de clase obrera. Entonces, de acuerdo a Skeggs, podemos postular que la formación no se constriñe a impartir saberes específicos vinculados a una práctica, sino que las mujeres construyen también una imagen de sí mismas como mujeres respetables: con altruismo, entrega, relegación personal y disposición a las relaciones emocionales íntimas. Sin embargo, esto no conduce a una adopción automática de esos imperativos y muchas veces no es más que una puesta en escena estratégica de acuerdo a los requerimientos laborales que genera resistencias de parte de las propias mujeres. 

Así, el aporte de Skeggs nos sumó más elementos para abordar el género desde el nivel institucional de la formación para el trabajo: en la medida en que se trata de un espacio formativo estrechamente vinculado al mercado laboral, se evidencian estrategias de mediación institucional entre los requerimientos existentes en el mundo del trabajo y las expectativas, aspiraciones y representaciones de los y las cursantes. En las instituciones no se produce únicamente una transmisión directa y lineal de reglas y requerimientos en relación con los empleos, sino asimismo procesos de subjetivación, de apropiación y también de resistencia.

Las lecturas mencionadas fueron claves para comprender los diversos modos de habitar los múltiples espacios de formación para el trabajo, en donde las desigualdades de género se construyen y reproducen, pero también se subvierten y resisten. A raíz de un proyecto que nos permitió investigar en red junto a otros equipos del país y desde el cual también establecimos diálogos con equipos en el exterior, sumamos lecturas para comprender las lógicas institucionales desde las cuales, en la ETP, se construyen y reproducen “códigos de género” (Subirats, 1986), pero también formas diferentes de apropiación y resistencia de esos códigos por parte de sus estudiantes (Jacinto et al., 2021; Jacinto et al., 2020; Jacinto et al., 2019; Martínez, Garino y Giampaoletti, 2020; Martínez et al., 2020).

En los distintos trabajos de campo, pudimos analizar experiencias de varones y mujeres que, con su participación, tensionan lo que es esperable en las instituciones (Millenaar, 2017; 2022; Giampaoletti y Garino, 2021; D’Andrea, Buontempo y Pozzer, 2019; Freytes Frey y Barbetti, 2020). Si la formación para el trabajo está sostenida desde una gramática basada en la división sexual, estas lecturas nos dieron pistas para analizar las experiencias de mujeres estudiando en áreas masculinizadas como la mecánica, la electromecánica o la programación, así como las de los varones estudiando en áreas feminizadas como la estética personal. Asimismo, nos permitió analizar, también desde una perspectiva de género, los diferentes saberes que brinda la formación, considerando no solo los contenidos técnicos, sino también aquellos que se orientan, en particular, a los que Arlie Hochschild (1983) llama “trabajo emocional”. El trabajo emocional remite a la naturalización de cierta entrega y disponibilidad asociada a las tareas feminizadas que se exige como una obligación y que, al mismo tiempo, se vincula a las formas precarizadas de trabajo en actividades feminizadas (Millenaar, 2019).

Respecto al nivel de análisis de las políticas, tal como se verá en los contenidos de los capítulos, aún no está saldado el debate de lo que implica desarrollar políticas de formación para el trabajo con enfoque de género. Las posturas son variadas y diversas. Los aportes de Nancy Fraser (1997, 2008) fueron fundamentales porque muestran cómo las concepciones de las políticas desde una perspectiva de género pueden estar orientadas a procesos redistributivos (cuando ponen el énfasis en las injusticias económicas y de protección social), al reconocimiento de las identidades (cuando ponen el énfasis en las injusticias a nivel de las discriminaciones culturales) y a la representación (cuando ponen el énfasis en las injusticias de falta de representación o participación política). Para Fraser, la desigualdad de género atraviesa todos los terrenos mencionados, pero muchas veces las políticas que buscan morigerar una dimensión terminan desatendiendo las otras. Estos desequilibrios entre diferentes dimensiones de la justicia han sido observados también respecto a las agendas de género de las políticas orientadas a la formación para el trabajo en la Argentina (Millenaar y Jacinto, 2022).

Los tres niveles de análisis, el de las trayectorias de los sujetos, el de la socialización profesional en las instituciones educativas y laborales, y el de las políticas públicas, están presentes en las investigaciones recientemente desarrolladas e incluidas en esta compilación. Los diferentes capítulos, desde metodologías cuantitativas y cualitativas, utilizando estrategias de análisis diversas y situados en diferentes contextos y sectores de actividad, conforman una propuesta de abordaje de las relaciones y desigualdades de género en la formación para el trabajo que profundiza en distintos ejes analíticos. Cada uno de ellos abona a alguno de los debates específicos mencionados. Por eso, a continuación, se presentan los capítulos que componen este volumen, en función de las contribuciones que realizan a tres ejes de análisis en los que el género interpela a la formación para el trabajo: 1) las políticas, 2) las trayectorias, y 3) la socialización profesional. 

2. Contenidos y ejes analíticos del libro

2.1. Políticas de formación e inserción al trabajo: reconfiguraciones y cuestiones pendientes en las agendas de género

Uno de los ejes analíticos que aborda este libro se refiere a las políticas y los programas orientados a revertir las desigualdades de género. En términos generales, puede decirse que la agenda pública de género viene siendo impulsada en distintos contextos, a partir del movimiento internacional de mujeres, así como por consensos en acuerdos internacionales, como es el caso de las metas de la Agenda 2023 de la Unesco y de otros organismos multilaterales (Bereni, 2009).

La agenda de género “procura incidir sobre la igualdad de género, la autonomía y los derechos de las mujeres, pero también cuestiona el orden social imperante en términos de jerarquías patriarcales tradicionales” (Millenaar y Jacinto, 2022: 7). Además, supone la incorporación de las problemáticas de género a las agendas institucionales y la búsqueda de respuestas a las desigualdades y violencias desde el Estado por medio de la generación de políticas y programas (Alzate Zuluaga y Romo Morales, 2017).

Los casos y análisis que se presentan en este libro corresponden particularmente al período 2018-2023. Las disputas por la igualdad de género, en un clima de época marcado por la denuncia de las desigualdades desde el movimiento feminista y parte de la sociedad, se tradujeron en, y a la vez fueron reforzadas por, una nueva legislación y políticas públicas, pero también contribuyeron a la revisión y disputa de las prácticas de instituciones educativas y laborales. 

En este sentido, se visualizan avances en las instituciones de la ETP, una modalidad históricamente masculinizada (Martínez et al., 2020; Jacinto et al., 2021) a través de distintos tipos de acciones, algunas orientadas a favorecer la incorporación de mujeres en carreras y cursos donde predominan varones, pero también a generar espacios de participación de mayor igualdad o con menores episodios de violencias. Estos procesos algunas veces son traccionados desde las propias estudiantes, que disputan espacios y sentidos al orden tradicional (Martínez et al., 2020), pero otras veces son habilitados por líneas de acción que buscan la discriminación positiva en el marco de programas (por ejemplo, a través del establecimiento de cupos para mujeres y disidencias) y que favorecen la incorporación de mujeres en ocupaciones no tradicionales, a las que en general acceden varones (Millenaar y Jacinto, 2022). 

En el ámbito empresarial, también se observan avances en la materia, aunque incipientes. Algunas compañías de sectores masculinizados establecen cuotas de trabajadoras y acciones tendientes a promover las carreras laborales de mujeres, incluyendo licencias y reducciones de jornadas laborales por maternidad y paternidad, así como herramientas para disminuir las discriminaciones y violencias en el trabajo (canales de denuncias, campañas de visibilización, capacitaciones internas en materia de género, entre otras). Como es de esperar, cuando estas políticas son promovidas a través de legislaciones desde los Estados, se generan abordajes de género más amplios e integrales en las organizaciones productivas que cuando las decisiones son voluntarias por parte de las empresas (Latura y Weeks, 2023). Además, muchas veces estas políticas son desarrolladas por la exigencia de organismos internacionales de crédito (Garino, en este volumen).

De esta manera, se plantearon problematizaciones y estrategias en torno a las políticas públicas y privadas vinculadas a la educación y al mundo del trabajo tendientes a la igualdad de género. Sin embargo, como se verá en distintos capítulos de este libro, los avances, si bien son importantes, resultan parciales, y están vigentes discriminaciones, hostigamientos y violencias contra las mujeres y disidencias. A pesar de que la temática de las desigualdades de género en las políticas es un contenido transversal en este volumen, en tres de sus capítulos, que se presentan a continuación, resulta un foco específico con abordajes diferenciales.

El capítulo “Las mujeres en la educación técnico-profesional orientada a las tecnologías en Argentina, Chile y Colombia. Entre la escasa participación y las iniciativas para alcanzar una mayor equidad de género”, de Verónica Millenaar, pone el foco en los niveles secundario, superior y formación profesional de la ETP orientadas a tecnologías en Argentina, Chile y Colombia. En concreto, el capítulo busca analizar la segregación de género en el acceso a la oferta formativa, así como relevar distintas iniciativas presentes en políticas y programas de formación dirigidos a ocupaciones en el sector IT, que incorporan una perspectiva tendiente a favorecer la igualdad de género y amplían la participación de las mujeres.

Como hallazgos principales, el capítulo muestra la baja participación que presentan las mujeres en la formación orientada a tecnologías, tanto en el nivel secundario como en el superior de la ETP, en los tres países. En la formación profesional (FP), con un enfoque hacia puestos de trabajos específicos de nivel operativo, las brechas de género también son evidentes.

Respecto de los programas de formación que presentan acciones orientadas a la igualdad de género, la autora identifica distintas estrategias, algunas de las cuales buscan revertir la distribución desigual de las matrículas, democratizando el acceso de mujeres y otros géneros a la formación en tecnologías. Otras estrategias también se proponen valorizar los saberes y las capacidades de las mujeres para desempeñarse en tareas del sector, usualmente menospreciados. Entre las acciones impulsadas, la autora destaca campañas de difusión para atraer mujeres a formaciones masculinizadas, establecimiento de cupos para mujeres y otros géneros con una lógica de discriminación positiva, desarrollo de formaciones específicas focalizadas en mujeres y otros géneros para fortalecer las experiencias de aprendizaje, la incorporación de mentores/as que acompañan a mujeres en sus procesos de formación y de inserción laboral. 

Finalmente, la autora plantea que, si bien estas acciones resultan avances significativos en la participación de mujeres y otros géneros en la formación orientada a tecnologías en los tres países, los desafíos para alcanzar la igualdad de género persisten. En este marco, se requiere una mayor sensibilización y capacitación de la comunidad educativa respecto de las desigualdades de género, la necesidad de evaluar los logros de las acciones impulsadas en los programas, así como el desarrollo de sistemas de información públicos con una perspectiva de género.

El capítulo “‘¿Cómo me quieren mujer si no aceptan que sea mujer?’. Políticas empresariales de género en Vaca Muerta”, escrito por Delfina Garino, también se enfoca en analizar políticas orientadas a la igualdad de género, pero focalizándose en las políticas empresariales en el sector hidrocarburífero en Argentina. Para ello, propone un análisis de las políticas de género impulsadas por el sector empresarial, considerando los tipos de compañías, así como las experiencias de género relatadas por trabajadoras petroleras.

A partir del análisis de las políticas empresariales de género disponibles, la autora propone una clasificación en tres líneas principales: orientadas a las carreras laborales (como programas de ingresos y ascensos para mujeres), a la conciliación (extensión de licencias y reducción de jornadas laborales por maternidad y paternidad) y a la visibilización de las desigualdades (campañas y capacitaciones sobre género, códigos de ética y canales de denuncia). Ahora bien, el capítulo destaca que estos avances son desiguales y las deudas pendientes son importantes: las empresas grandes con origen de capital internacional muestran mayores líneas de acción. En el caso de las empresas nacionales, algunas operadoras han avanzado fuertemente, e incluso YPF marca la tendencia en la materia dentro del sector. En cambio, empresas operadoras más chicas y las de servicios de origen nacional no presentan líneas de acción orientadas a disminuir las desigualdades de género. 

Además, a partir de relatos de trabajadoras del sector petrolero, se muestra que estos avances en las acciones para reducir y erradicar las desigualdades de género en el sector son relativos. Estos se asocian especialmente a las mejoras en los ingresos al sector para mujeres, aunque aún se evidencian segregaciones horizontales y verticales y desigualdades en los requerimientos de formación que las perjudican. Además, las violencias y discriminaciones ejercidas por varones aún están a la orden del día. Finalmente, se muestra que la maternidad afecta fuertemente las carreras laborales de las trabajadoras, mermando sus posibilidades de ascenso, implicando descensos laborales e incluso renuncias, mientras que la paternidad no afecta de esta manera a las carreras laborales de los varones petroleros.

El capítulo “Políticas para la igualdad de género en la educación y en la formación profesional en España”, escrito por Francesca Salvà-Mut y Elena Quintana-Murci, focaliza en las desigualdades de género en la oferta de FP española, mostrando las deudas pendientes en la materia en esta oferta formativa. Para ello, las autoras realizan un racconto y una descripción de las normativas que se orientan a la igualdad de género en España, particularmente en el sistema educativo. Sin embargo, muestran que, a pesar de estos avances, y tal como sucede en la Argentina, la FP sostiene una segregación por sexo elevada, en diálogo con la división sexual del trabajo. En este sentido, las mujeres predominan en las familias profesionales feminizadas o que sostienen estereotipos de género, como las carreras orientadas al trabajo de cuidados, a la imagen personal y a la moda, disminuyendo su presencia en formaciones masculinizadas, con mejores perspectivas laborales. 

Además, destacan la importancia de la coeducación como modelo educativo que busca superar el androcentrismo en los contenidos formativos de la educación mixta, orientándose a la construcción de una sociedad igualitaria en la que varones y mujeres sean valorados y respetados en igualdad de condiciones. Ahora bien, postulan que, mientras que otros niveles educativos (como la educación inicial, la primaria y la secundaria general) han logrado una educación mixta que les permite avanzar hacia la coeducación, la FP aún presenta un modelo segregado por sexo, así como un menor corpus teórico-práctico con una perspectiva tendiente a la igualdad de género que aquellos niveles, lo cual favorece la reproducción de las discriminaciones presentes en el mercado laboral, convirtiéndose en espacios de socialización profesional sexistas, en los que se aprende la división sexual del trabajo y las relaciones de género tradicionales.

A partir de estos desarrollos, las autoras concluyen que la FP en España presenta el doble desafío de disminuir la segregación por sexo y de construir un currículum coeducativo, mostrando la persistencia de las desigualdades de género en sociedades formalmente igualitarias.

2.2. Trayectorias educativo-laborales desde una
perspectiva de género: experiencias, obstáculos y estrategias

Otro eje analítico del libro son las desigualdades de género desde la perspectiva de las trayectorias biográficas, lo cual constituye un tema de renovado interés en la investigación de las ciencias sociales en los últimos años. A través del análisis de trayectorias, se introducen nuevas dimensiones analíticas que permiten abordar y problematizar estas desigualdades no solo atendiendo a su carácter interseccional, sino también dinámico.

En este marco, dicha perspectiva adquiere centralidad para abordar la investigación sobre las desigualdades de género como un campo de estudio situado en la intersección entre las estructuras sociales en constante transformación y los cursos de vida que delinean los individuos, planteando interrogantes específicos de gran importancia para abordar problemas fundamentales de la sociedad actual, en general, y de la formación para el trabajo, en particular.

No obstante, a pesar de su relevancia, la investigación de las desigualdades de género desde una perspectiva multidimensional de las trayectorias se encuentra aún en una etapa de incipiente desarrollo en el contexto iberoamericano, presentando significativas vacancias de conocimiento y escasas iniciativas para orientar las políticas de formación para el trabajo. Un conjunto de trabajos que se ubican en esta segunda parte del libro buscan ser un aporte en ese sentido. Estos se orientan a profundizar en el análisis de las trayectorias educativo-laborales desde una perspectiva de género, a partir de aproximaciones novedosas y con nuevas herramientas teórico-metodológicas, que aportan al conocimiento de aquellas dimensiones menos estudiadas de dichas desigualdades para el contexto argentino. Se destacan, aquí, las estrategias metodológicas de investigación social que incluyen las encuestas longitudinales (véase, para este caso, el capítulo de Ferraris y Sosa) o las entrevistas biográficas o entrevistas de tipo cualitativo-longitudinal (presentes en los trabajos tanto de Roberti, Martínez y Jacinto, como también de Millenaar, Pozzer y Maccarini, que forman parte de este volumen).

Estos capítulos constituyen un esfuerzo por brindar herramientas conceptuales y metodológicas para abordar el cruce entre género y trayectorias en sociedades dinámicas y cambiantes, representando un aporte invaluable para el conocimiento y el debate en torno a cómo se vivencian objetiva y subjetivamente las desigualdades de género a lo largo del tiempo biográfico.

En este sentido, las segregaciones de género existentes en el mundo del trabajo, como la división sexual entre el ámbito productivo y reproductivo, aparecen como referencias indiscutidas para comprender las restricciones y habilitaciones con las cuales se encuentra un individuo en su devenir biográfico. Así, ser mujer o varón implica estar posicionado de diferente manera en relación con las oportunidades y limitaciones vinculadas a las ofertas de empleo disponibles y a la propia proyección en términos laborales. Comúnmente se aborda el género como un dato objetivo de las personas, que plantea una posición ventajosa o desventajosa en relación con un esquema binario y jerarquizado entre varones y mujeres. Sin embargo, con menos frecuencia se identifican estudios de trayectorias educativo-laborales que se interroguen y problematicen en torno a la relación directa entre el marco estructural (las segmentaciones de género y la división sexual del trabajo) y las posiciones subjetivas.

Un desafío que propone este libro es complejizar esta aproximación basada en indicadores estadísticos del género, para problematizar los modos diversos en que los individuos se constituyen y piensan como mujeres y varones en relación con sus experiencias educativas y laborales. En este sentido, tal como mencionamos en el primer punto de esta introducción, la contribución de la perspectiva analítica de género a los estudios de trayectorias puede reconocerse en dos aspectos (Millenaar, 2017). En primer lugar, permite profundizar y complejizar el papel del género, contribuyendo a comprender el modo (diverso) en que varones y mujeres lo experimentan. La perspectiva relacional del género se vuelve una estrategia en el análisis de trayectorias educativo-laborales porque propone una lectura biográfica, a la vez que estructural, de los procesos y fenómenos que buscan estudiarse a lo largo del tiempo, contribuyendo a comprender el modo en que varones y mujeres reproducen y transforman y, a veces también, resisten las normatividades hegemónicas de la masculinidad y feminidad (Elizalde, 2011).

En segundo lugar, la perspectiva de género, con su lente puesto en las subjetividades, contribuye a abordar las relaciones entre las múltiples desigualdades, que tienen un peso relevante en las experiencias biográficas. La perspectiva interseccional (Dorlin, 2009), que propone una mirada desde el género, resulta una estrategia analítica para comprender las múltiples formas de desigualdad en su complejidad y dinamismo, con especial foco en los procesos de identificación que realizan los propios sujetos.

Considerando la complejidad que significa llevar a cabo un análisis más integral de las desigualdades de género, algunos capítulos de este volumen proponen abordar la manera en que se construye, reconstruye o busca revertir dicha desigualdad desde la perspectiva de las trayectorias. Desde aproximaciones distintas, que permiten ampliar la mirada e interpretar con mayor profundidad, se presentan a continuación los tres capítulos que abonan a esta temática. 

El capítulo titulado “Nueve años después de la escuela técnica. Aspiraciones y expectativas de varones y mujeres en ciudades pequeñas”, de Eugenia Roberti, Silvia Martínez y Claudia Jacinto, reconstruye las trayectorias postsecundarias de egresados/as de la educación secundaria técnico-profesional en Argentina. Específicamente, el capítulo se basa en un estudio cualitativo de seguimiento de egresados/as efectuado en 2018 (que complementa un estudio cuantitativo longitudinal) de la cohorte que terminó de cursar la educación técnico-profesional de nivel secundario en 2009. Ubicándose específicamente en el análisis de casos de jóvenes que habitan en pequeñas ciudades con estructuras de oportunidades educativo-laborales reducidas, las autoras focalizan en egresados/as mujeres y varones provenientes de familias con bajos capitales socioeconómicos. En particular, el capítulo de este libro se centra en las relaciones entre aspiraciones, expectativas y género en condiciones de alta desigualdad. Para ello, se examinan en profundidad las decisiones de los/as egresados/as, su capacidad de interpretar las oportunidades y desarrollar estrategias adaptativas frente a las aspiraciones iniciales. En este sentido, se aporta a la indagación de trayectorias en contextos geográficos escasamente estudiados en nuestro país, como son las pequeñas ciudades, contribuyendo además a la perspectiva multidimensional de las trayectorias al abordar las desigualdades de género, territorio y capital social y cultural (Jacinto, Roberti y Martinez, 2023).

Entre los principales hallazgos de las autoras, se argumenta que las condiciones contextuales, geográficas y familiares, limitadas en servicios y recursos, llevan a que las aspiraciones juveniles resulten más un signo de época que una expectativa que unos y otras puedan llevar adelante. Los efectos del contexto y el capital socioeconómico y cultural del hogar tienen un lugar determinante, limitando las trayectorias postsecundarias, a la vez que se conjugan con los roles que asumen los/as jóvenes al interior de sus estructuras familiares. Ahora bien, varones y mujeres delinean, según su condición de género, estrategias adaptativas diferenciales en el marco de los recursos materiales y simbólicos que los rodean y de sus credenciales y saberes previos. En este sentido, se concluye que las alternativas de resistencia a patrones tradicionales de género, aunque aparecen condicionadas para todos/as, se plasman diferencialmente no solo entre varones y mujeres, sino al interior del grupo de mujeres. Mientras que los varones suelen reforzar sus roles tradicionales de sostén desde sus masculinidades, las mujeres pueden sostener aspiraciones educativas más altas que las llevan a persistir en el estudio. Sin embargo, cuentan con opciones laborales más acotadas, fuertemente sesgadas por género. Aún así, las autoras encuentran que algunas de ellas logran movilidad ocupacional y un nuevo reconocimiento a partir de estas estrategias adaptativas que cuestionan los estereotipos, aunque esto no implique delegar su rol en la esfera doméstica.

En el capítulo “Desigualdades de género en trayectorias laborales del sector TIC en la Ciudad de Buenos Aires”, Mariana Lucía Sosa y Sabrina Ferraris analizan las trayectorias laborales de varones y mujeres ocupados en la rama TIC (tecnologías de la información y la comunicación), residentes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). En especial, se indagan las desigualdades de género con respecto al nivel educativo y la calificación de la ocupación al ingresar a la rama TIC, para luego abordar las desigualdades de género en torno a las características del empleo en el sector durante toda la trayectoria laboral. Para ello, utilizan como principal fuente de datos a la Encuesta Demográfica Retrospectiva de CABA, realizada en 2019.

Dentro de los principales hallazgos, cabe destacar que, en cuanto al nivel educativo, el análisis muestra que las mujeres ocupadas en el sector poseen niveles educativos más altos que sus pares varones. En simultáneo, se observa que la brecha entre mujeres y varones con relación a la calificación del puesto se mantiene desde el ingreso al sector y a lo largo de la trayectoria, en detrimento de las primeras. Razón por la cual, a partir de los datos analizados, las autoras plantean como hipótesis la existencia de un sesgo de género en la rama: a las mujeres se les estaría exigiendo un mayor nivel educativo para ingresar al sector, y ello no necesariamente se condice con una tarea de mayor calificación en el puesto obtenido; por el contrario, en las trayectorias laborales, se sostiene la tendencia de una desigual inserción en puestos de calificación entre varones y mujeres del sector.

Finalmente, a modo de complemento de los hallazgos anteriores, el capítulo “Trayectorias de mujeres en tecnología: la elección, las estrategias de formación y las desigualdades de género”, de Verónica Millenaar, José Pozzer y Luciana Maccarini, problematiza el lugar de la formación para el trabajo en la construcción de trayectorias de mujeres en el sector de las tecnologías de la información, el cual se caracteriza por su alta masculinización, segmentación laboral y marcadas brechas de género. En especial, los/as autores/as se preguntan cómo se configuran las trayectorias de formación de las mujeres en el campo del desarrollo de software, cómo surge en ellas el interés por vincularse con esta actividad, y qué experiencias y desigualdades de género vivencian en sus trayectorias de formación. A partir de una investigación cualitativa, basada en entrevistas con mujeres trabajadoras del sector (o que aspiran a serlo), el capítulo procura analizar las trayectorias de formación de mujeres programadoras desde una perspectiva de género, para profundizar en el modo en que se configura la elección por esta actividad y las estrategias que se adoptan para alcanzar ese propósito. Como parte de los principales aportes, se concluye que, en los deseos, las decisiones y las prácticas educativas de estas mujeres, las desigualdades de género ocupan un rol determinante como elemento obstaculizador o ralentizador de sus carreras profesionales y que, como consecuencia, exigen de estrategias de formación complementaria, de fortalecimiento subjetivo y de autoconvencimiento acerca de las propias capacidades.

2.3. Mujeres en profesiones masculinizadas: socialización profesional y género 

Un último eje analítico transversal del libro es la socialización profesional desde una perspectiva de género. En principio, apoyándonos en una concepción desarrollada por Dubar (1991), consideramos la socialización profesional como el proceso de construcción de identidades ocupacionales que se desarrolla a lo largo de las biografías con la intervención de múltiples agentes. El estudio de la socialización profesional ha llegado a conformar un subcampo de estudios dentro de la sociología del trabajo: la sociología de las profesiones. En esta subdisciplina, los objetos de indagación han ido pasando desde los puestos de trabajo y los empleos (incluyendo la identificación y clasificación de las tareas, las formas de organización del trabajo y su función en la división social del trabajo) a los sujetos y los perfiles profesionales. En relación con estos últimos, se consideran elementos distintivos, del campo específico, las problemáticas de la credencialización, la delimitación de las competencias de cada profesión y el pasaje por la educación superior en un campo disciplinar (Panaia, 2008). Aportaciones más recientes colocan al sujeto, sus percepciones, sentidos y prácticas como parte constitutiva de los procesos a través de los cuales se deviene “profesional” en un determinado campo.

Según mencionan Jacinto y Schwartz en este volumen, un autor central del campo, Claude Dubar (1991, 2001), distinguió tres fases o hitos de este proceso biográfico: las experiencias previas al estudio de la profesión (la socialización primaria en el hogar y la secundaria, en particular en el sistema educativo), la experiencia institucional durante el estudio de una carrera, y la fase en la que ya se produce la inserción en el campo profesional, en la instancia posterior a la graduación. De este modo, el proceso de socialización profesional se imbrica con el desarrollo de trayectorias planteado en el punto anterior. Ahora bien, estudiar la socialización profesional abre interrogantes sobre las trayectorias en el marco de los campos profesionales específicos (como sistema de posiciones sociales estructurado en términos de relaciones de poder) donde se desenvuelven las estrategias de educación y trabajo.

La introducción de la dimensión de género en el estudio de los procesos de socialización profesional es relativamente reciente. En principio, desde hace varias décadas, se comenzaron a reconocer las discriminaciones que sufren las mujeres en el mercado laboral en el marco de los estudios sociales del trabajo. Como ya se ha hecho referencia, la división sexual del trabajo, o sea, la inserción diferenciada de varones, mujeres y disidencias en los espacios de la reproducción y la producción social, ha sido considerada, junto con otras dimensiones de las desigualdades (étnicas, territoriales, etarias, etc.), uno de los dispositivos mediante los cuales se producen y reproducen diferencias y desigualdades en la participación laboral y en las remuneraciones (Goren, 2021). Uno de los fenómenos a los que se hace frecuentemente referencia es a la masculinización y feminización de las ocupaciones, es decir, a la fuerte concentración de varones o mujeres en diferentes ocupaciones. Al respecto, a pesar de algunos cambios leves en las tendencias, existe aún múltiple evidencia sobre la persistencia de la segregación ocupacional, que perpetúa empleos de “dominación masculina” (Gonzalez Velez, 2022). En efecto, estudios en diferentes contextos geográficos siguen mostrando que las ocupaciones con sobrerrepresentación de varones tienen, en promedio, mayor reconocimiento salarial y social y más oportunidades de promoción (Díaz, Aguado Bloise y Galán Carretero, 2022).

Ahora bien, más allá de estos análisis basados en datos cuantitativos sobre masculinización por ocupaciones y sectores de actividad, ha sido relativamente reciente la investigación en profundidad sobre los mecanismos de socialización profesional desde el punto de vista de género. Es más, según Pozzio (2012), algunos autores centrales y clásicos de la sociología de las profesiones, si bien contribuyeron a la comprensión de los grupos profesionales como conjuntos dinámicos, segmentados y atravesados por procesos de estratificación interna, soslayaron el género como dimensión analítica para explicar esa segmentación.

Más recientemente, el análisis de las profesiones desde la perspectiva de género ha ido acumulando aportes significativos, en particular en el análisis comparativo de diferentes campos ocupacionales. Por ejemplo, Ibañez, Mingo y Aguado (2022) proponen el concepto de “cierre social de género” para analizar los mecanismos que están impidiendo que las mujeres accedan a ocupaciones mayoritariamente masculinas. A partir del estudio de siete ocupaciones con estas características en España (informáticas, mecánicas en pequeños talleres de reparación de vehículos a motor, oficiales de la construcción, estibadoras portuarias, maquinistas de tren, pilotos de aviación comercial y Policías Nacionales), concluyen que las imágenes estereotipadas de las ocupaciones son el mecanismo de cierre que comparten todos los casos analizados. Otra cuestión debatida en torno a la segmentación sexual de la socialización ocupacional concierne a las oportunidades diferenciales de acceso y desarrollo de carrera hacia puestos de mayor jerarquía, poder y salarios, aun en ocupaciones feminizadas, como por ejemplo en el sector de cuidados (López Fernandez, Candela Soto y Sánchez Pérez, 2022) y el propio campo docente.

Los capítulos de este libro que problematizan diferentes aspectos de la socialización ocupacional desde la perspectiva de género presentan configuraciones heterogéneas en términos de relaciones con la formación para el trabajo y el campo profesional. Aunque se suele enfatizar la segregación bastante lineal entre varones y mujeres por especialidades de ETP y posteriormente por ocupaciones, la masculinización-feminización ha cambiado histórico-espacialmente. Por ejemplo, profesiones como la informática, que en sus comienzos tuvieron importante presencia de mujeres, actualmente muestran alta proporción de varones. Pero, además, la democratización del acceso a la formación –e incluso a títulos en un campo profesional– no necesariamente implica la democratización en el mundo laboral. Así como hay campos profesionales ampliamente masculinizados tanto en la formación como en el trabajo (como la informática, el petróleo, los videojuegos), en otros casos, desde el punto de vista de la formación, son más equitativos (como la arquitectura). Pero, a pesar de la paridad de género en el acceso a formación y títulos, en el mercado de trabajo persisten diferentes formas de discriminación, incluyendo dificultades para acceder a puestos acordes con las credenciales obtenidas. Estas señales sustentan el interés de nuestra investigación por explorar diferentes campos profesionales específicos, lo que abarca tanto los capítulos incluidos en relación con este eje analítico, como otros ya presentados en la segunda parte con eje en las trayectorias.

En la tercera sección del libro, se incluyen los casos de la docencia técnica en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, por sus siglas en inglés). En particular, se analizan la arquitectura y la producción de videojuegos, ilustrando las tensiones en términos de masculinización-feminización de las profesiones. De este modo, se verá que, mientras que la arquitectura se caracteriza por ser un campo donde existe cierta paridad de género a nivel de acceso y terminación de estudios superiores, el mundo laboral en la profesión muestra alta masculinización. En cambio, en las otras ocupaciones estudiadas (videojuegos y también informática y petróleo, como se vio con anterioridad), la masculinización abarca tanto el pasaje por la oferta educativa y formativa, como la participación en el mundo laboral. En el caso de la docencia técnica en áreas STEM, las mujeres navegan en un campo laboral altamente feminizado donde, sin embargo, los varones dominan los cargos más altos y la enseñanza de los espacios curriculares propiamente técnicos.

Las diferentes configuraciones educación-empleo en el desarrollo de trayectorias ocupacionales abren interrogantes fecundos para indagaciones comparativas sobre los procesos de socialización profesional. Por ejemplo, ¿cómo inciden dichas configuraciones en las experiencias subjetivas y procesos de construcción de identidades profesionales? Las experiencias educativas compartidas en instituciones o carreras donde mujeres y varones se distribuyen equitativamente, ¿anticipan o generan recursos en las mujeres para enfrentar las discriminaciones posteriores en el mundo del trabajo? Y, en ese mismo sentido, ¿cómo incide también el pasaje por programas o intervenciones orientadas hacia la equidad de género durante la socialización profesional? Esa oportunidad producida durante una primera etapa del proceso de socialización laboral, ¿permite ampliar y diversificar el aprendizaje y la resistencia en las prácticas por la oposición a otras identidades genéricas?

Dos de los artículos contenidos en esta sección, los que analizan la arquitectura y los videojuegos, así como los presentados anteriormente sobre informática y petróleo, incumben profesiones que se relacionan a los campos aplicados de las áreas STEM, donde muchos antecedentes de investigación han dado cuenta del agudizamiento de mecanismos y acciones simbólicos que contribuyen a la reproducción de una cultura institucional masculinizada. De este modo, cabe interrogarse sobre las siguientes cuestiones: ¿en qué forma y medida se fueron transformando los procesos de socialización profesional en sectores altamente impactados por el cambio tecnológico como los estudiados en este libro: petróleo, informática, arquitectura, videojuegos?; ¿qué sucede en estos distintos campos profesionales STEM, que además gozan de una alta valoración social (Basco y Lavena, 2019), respecto al eje masculinización-feminización del empleo y cuestionamiento de los patrones de género?

Entre los sectores y profesiones analizados, en la arquitectura, profesión de larga tradición e institucionalización, recién en la última década han aparecido políticas de género a nivel universitario y algunas organizaciones de la sociedad civil que se enfocan en las mujeres. Una encuesta a mujeres profesionales en el campo realizada por la organización Soy Arquitecta junto con el Conicet (Soy Arquitecta y otros, 2023), mencionada por el capítulo de Jacinto y Schwartz, muestra que 75,8 % del total de encuestadas declaró haber sufrido algún tipo de violencia en sus espacios de trabajo. E incluso más de la mitad creen que han perdido oportunidades laborales, ya sea por preferencia de contar con varones en puestos de tomas de decisiones, como por no poder combinar la vida familiar con el desarrollo profesional.

Del mismo modo, en el mundo altamente competitivo y vertiginoso de los videojuegos, Bachmanovsky señala que ha ganado cierta visibilidad la necesidad de desplegar estrategias específicas de cuidado orientadas a la participación de mujeres. Es así como dicho capítulo estudia el caso específico de una organización de la sociedad civil, Women in Games Argentina, que despliega una estrategia de “espacio seguro” destinado a acompañar a las mujeres que incursionan en el campo de los videojuegos.

Ahora bien, la presencia de estas organizaciones de la sociedad civil interviniendo en estas estrategias de sororidad y acompañamiento permite reflexionar sobre la necesidad de relevar este tipo de espacios en las instituciones de la educación y formación para el trabajo. En efecto, el concepto de “espacio seguro” tiene larga vigencia dentro de las prácticas del feminismo. En el caso de las profesiones analizadas en este libro, también los casos estudiados en el campo de la informática y el petróleo dan cuenta de dispositivos de socialización que asumen el supuesto de que es preciso contar con un espacio cuidado específicamente orientado a las mujeres, donde puedan compartir, discutir, evidenciar y ser acompañadas respecto a sus vivencias de discriminación en el mundo laboral de cada profesión o sector.

A continuación, presentamos una breve síntesis de los capítulos de este libro que abordan desde diferentes ejes e interrogantes aspectos de la socialización profesional.

El capítulo “Docentes mujeres en sectores de educación técnico-profesional masculinizados. Motivaciones para el ejercicio de la docencia”, de María Paola Sevilla y María Jesús Montecino, aborda la cuestión de las docentes mujeres en las áreas STEM de la ETP en Chile. Las autoras enfatizan la relevancia del tema en la evidencia previa de que la presencia de una docente mujer mejora el rendimiento de las estudiantes en matemáticas y ciencias.

En este caso, se indaga en las motivaciones para el ejercicio de la docencia de profesionales mujeres de áreas STEM que eligieron la docencia en la ETP secundaria o postsecundaria como carrera alternativa, comparándolos con los varones y con mujeres en servicios. Para ello utiliza el modelo de medida FIT-Choice (factors influencing teaching choice) referenciado en el capítulo respectivo, complementado con entrevistas semiestructuradas a una muestra de estas docentes mujeres.

Entre los hallazgos del estudio, se muestra que las docentes mujeres en áreas STEM reportan niveles de satisfacción relativamente más bajos que las mujeres de programas de servicios, pero iguales a los de sus pares varones en sus mismos campos. La narración retrospectiva de ciertos hitos de sus trayectorias y procesos de socialización profesional mostró que acceder a la docencia en áreas STEM fue considerado un espacio de protección y de utilidad personal por las condiciones de empleo en el sector docente. En muchos casos, las mujeres buscan en la docencia la posibilidad de equilibrar aspectos familiares con sus intereses profesionales en áreas altamente demandadas. Al mismo tiempo, la docencia femenina en campos altamente masculinizados fue considerada exigente y en la cual “hay que ganarse un espacio” tanto dentro como fuera del aula. Por otra parte, coincidiendo con otros estudios previos, las autoras señalan que los relatos de las entrevistadas mostraron que verse a sí mismas como modelos de referencia para sus estudiantes desempeña un papel fundamental para dar sentido y satisfacción en este subcampo específico de su profesión. 

El capítulo “‘Me tuve que imponer’. La socialización profesional de género en una carrera STEM”, cuyas autoras son Claudia Jacinto e Iris Schwartz, se pregunta por el proceso de socialización profesional de jóvenes arquitectas (o estudiantes avanzadas) desde una perspectiva de género. La arquitectura se caracteriza por ser un campo profesional dentro de las carreras consideradas STEM donde existe cierta paridad de género a nivel de acceso y terminación de estudios, pero en el mundo laboral se muestra masculinizado. El interés teórico del capítulo estuvo puesto en las sucesivas transiciones en el curso de las trayectorias educativo-laborales, proponiéndose contribuir a la comprensión de las disposiciones, los arreglos y las resistencias de las mujeres en el curso del proceso de socialización profesional. En particular, se analizó la incidencia de la experiencia en la escuela secundaria técnico-profesional como dimensión de la socialización profesional desde una perspectiva de género en el campo de la arquitectura. El abordaje metodológico fue cualitativo, a partir de una muestra construida estratégicamente que diferencia a las egresadas del nivel secundario de escuelas técnicas (en general, maestras mayores de obra) y a las egresadas de bachilleres de diferentes orientaciones. Las entrevistas fueron realizadas a estudiantes a punto de egresar y graduadas recientes de la Carrera de Arquitectura de la UBA en 2022-2023. 

Se ha identificado que las jóvenes con formación secundaria técnica previa reconocen el valor de la experiencia escolar durante sus estudios secundarios sobre sus trayectorias durante etapas posteriores: tanto en la educación superior como en el mundo laboral. Estas entrevistadas señalan que, en esa primera etapa, adquirieron tanto saberes técnicos como generales y sociales que les permiten transitar con “otros recursos” los estudios universitarios en el campo, especialmente los primeros años, ya que, al promediar la cursada de la carrera, las otras estudiantes logran nivelar dichos saberes. En cambio, respecto de los saberes relacionales, cuentan con una ventaja respecto a las egresadas de otras modalidades de educación secundaria, ya que el hecho de haber compartido con varones el cursado de la escuela técnica las fortalece para enfrentar diferentes tipos e intensidades de micromachismos durante la carrera académica. Sin embargo, en los procesos de inserción laboral en el campo profesional de la construcción (en particular, en el trabajo de obra), estas jóvenes profesionales, independientemente de su formación secundaria, identifican segregaciones de género y micromachismos implícitos y naturalizados, y también explícitos. Pero, a esa altura, se observa que aquellas que han logrado terminar sus carreras e insertarse en los nichos ocupacionales más desafiantes en términos de obstáculos vinculados al género han logrado acumular capacidades para hacer frente a responsabilidades acordes a su formación en los procesos de socialización educativos y laborales previos.

El capítulo “Las Women Game Jam: un análisis etnográfico sobre su dimensión emocional”, de Ivana Bachmanovsky, explora la industria de los videojuegos. Este campo laboral constituye el más reciente de los indagados en esta publicación, y se encuentra atravesando, desde hace ya varios años, un enorme crecimiento tanto en Argentina como en el resto del mundo. Como en otras profesiones STEM analizadas en este libro, las mujeres representan apenas un cuarto del total de quienes se desempeñan en esta actividad. En particular, el capítulo analiza una experiencia de organización, Women in Games Argentina (WIGAr), la única que nuclea a mujeres y disidencias del sector. Tratando de favorecer vocaciones y vínculos con empresas del sector para estas minorías, la agrupación organiza diferentes actividades, con la finalidad de construir una “comunidad” que se propone ser un “espacio seguro”, dos categorías nativas íntimamente relacionadas. Una de estas actividades es la organización local de las Women Game Jam (WGJ), una maratón a nivel mundial de desarrollo de videojuegos que posee una duración de un fin de semana y se realiza anualmente.

La perspectiva metodológica del capítulo se enmarca dentro de la etnografía digital debido a que en Argentina las WGJ son totalmente virtuales. A su vez, se complementa el trabajo de campo con entrevistas en profundidad a las integrantes de WIGAr. El artículo resalta la dimensión emocional de las WGJ tanto en el fuerte acompañamiento que realiza la organización, como en la experiencia de las jóvenes que perciben la participación en una “comunidad”. Al mismo tiempo, otra faceta por la que la experiencia socializadora contribuye al “aprendizaje” en la profesión se relaciona con que las empresas de videojuegos que la apoyan las familiarizan con las prácticas denominadas cruncheo, que implican dedicaciones al trabajo sin límites horarios. En efecto, quienes trabajan en el desarrollo de videojuegos, como ya ha sido detectado en otras especialidades del campo de la informática y otros, trabajan por encima de las horas establecidas en sus contratos, en general sin cobrarlas siquiera como horas extras. De modo que los hallazgos son paradójicos en tanto y en cuanto las WIGAr favorecen la idea de “comunidad” como un “espacio seguro” para sus integrantes, como ocurre en las WGJ que organizan, en donde mujeres y disidencias se transforman en mayoría por única vez. A su vez, ese “espacio seguro” se tensiona en cuanto las participantes de las WGJ reproducen, por diversos motivos, prácticas como el cruncheo, expresando las relaciones de poder en juego.

Estos capítulos, como así también otros en este libro, muestran algunos hallazgos que suelen coincidir transversalmente en las distintas profesiones estudiadas. Mirados desde la socialización profesional en perspectiva de género, profundizan hallazgos de investigaciones anteriores del equipo PREJET y otros trabajos sobre hostigamientos y machismos basados en la condición de género. Más allá de los estereotipos y de la división genérica de las especializaciones técnicas (más o menos masculinizadas), también se producen negociaciones con las normas de género (arreglos, estrategias, resistencias).

Las trabajadoras en ámbitos masculinizados están atravesadas por vivencias de alta exigencia, donde permanentemente tienen que “demostrar”. Ello se evidencia en varias de las profesiones analizadas en este libro. Sevilla y Montecino comprueban que la docencia femenina en campos fuertemente masculinizados resulta una profesión exigente, en la que hay que ganarse un espacio tanto dentro como fuera del aula. En su trabajo sobre la participación en jornadas de desarrollo de videojuegos, una suerte de socialización profesional en el campo, Bachmanovsky muestra que, a pesar de que se intenta generar condiciones cuidadas para las mujeres, las emociones como el estrés, el colapso, y la angustia sobresalen entre las percepciones subjetivas de las participantes. En este caso, la exigencia no es particularmente relacionada con la presencia de varones, sino con la competencia establecida para lograr visibilidad en un espacio donde también participan las empresas del sector observando su desempeño. Los trabajos de Jacinto y Schwartz, de Millenaar y otros y Garino ponen de manifiesto también esta permanente necesidad de demostrar y de realizar el “esfuerzo” al que se sienten sometidas las profesionales mujeres en ámbitos de alta masculinización.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando en etapas previas de socialización profesional se ha experimentado ya esa convivencia con varones? El estudio de caso de las jóvenes arquitectas que realizaron estudios secundarios técnicos llevado a cabo por Jacinto y Schwarz mostró que ellas vivenciaron micromachismos y tuvieron que enfrentar estereotipos acerca de la masculinidad y femineidad en aulas y sobre todo en talleres de la ETP. Pero, al mismo tiempo, se fortalecieron sus subjetividades, posicionándolas en una condición aventajada respecto a quienes no pasaron por vivencias similares de formación técnica previa al ingreso a la educación universitaria. En la experiencia escolar, desarrollaron actitudes y recursos para hacer frente a situaciones de aprendizaje en ámbitos institucionales donde predominan los varones. Estas actitudes incluyen la capacidad de comunicarse, escuchar, confrontar, crear vínculos de cooperación con los varones en ámbitos habitualmente estereotipados como masculinos, como el taller. Estas jóvenes técnicas lograron incluso movilizar sus saberes previos, sin identificar la necesidad de duplicar esfuerzos respecto al desempeño académico debido justamente a ese acervo acumulado durante la escolaridad secundaria. La disposición subjetiva de estas jóvenes hace que, durante los primeros años de carrera universitaria, perciban desafíos menores que sus pares que no cuentan con estudios técnicos previos. De este modo, un hallazgo paradójico es que el hecho de que las técnicas sufrieran situaciones de segregación y acoso, así como cuestionamientos sobre sus capacidades para aprender y poner en práctica saberes técnicos, fue configurando sus identidades profesionales. El “ser técnica” formó parte justamente de una incipiente identidad profesional. Y desde el punto de vista subjetivo, ello amasó disposiciones y prácticas valoradas en las transiciones futuras hacia la carrera universitaria y el mundo laboral.

¿Desempeñarse en ámbitos predominantemente masculinizados constituye un desafío al mismo tiempo que una oportunidad de reconfigurar la identidad profesional? Al respecto, es sugestivo el hallazgo de Sevilla y Montecino respecto a las profesionales en STEM que incursionan en la docencia. Desde el punto de vista subjetivo, sus testimonios muestran una redefinición de los perfiles profesionales a través de la docencia, ya que el desempeño como docentes se transforma en una manera de renovar el sentido de sus trayectorias como mujeres en áreas masculinizadas, ofreciéndoles la posibilidad de practicar sus saberes profesionales en STEM. En la misma línea, para las jóvenes profesionales en arquitectura estudiadas por Jacinto y Schwarz, la confianza en sí mismas forjada a lo largo de diferentes experiencias de socialización profesional con varones fue configurando disposiciones subjetivas para confrontar el “cierre social de género”. E incluso algunas llegan a romper barreras propias del campo profesional, pudiendo ingresar y desempeñarse en las obras en construcción, que constituyen universos de varones. Del mismo modo se podrían recorrer las otras profesiones. Sin embargo, este hallazgo sobre la visibilización de las discriminaciones y, al mismo tiempo, las fortalezas desarrolladas por las mujeres a lo largo de las experiencias educativas y laborales en ámbitos masculinizados (o subsectores masculinizados, si se piensa en las docentes de áreas STEM en la escuela técnico-profesional) no puede perder de vista que muchas mujeres terminan saliendo de los campos profesionales más hostiles, sobre todo por la asunción simultánea de roles domésticos y profesionales.

Para cerrar esta introducción, el libro es una invitación a complejizar los análisis sobre las relaciones entre educación y trabajo desde una perspectiva de género, a partir de resultados de investigaciones que abordan distintas problemáticas del campo, como un aporte también para generar procesos de mayor igualdad.

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  3. UNAJ-CONICET/FaHCE-UNLP/IDES-PREJET.
  4. PREJET/CIS-CONICET-IDES.


2 comentarios

  1. ismaelarodrigo 23/10/2024 15:26

    buenos días. No puede bajarse el archivo ni como pdf ni como epub. gracias!

  2. librolab 23/10/2024 16:57

    Gracias por avisarnos! Recién actualizamos el archivo y ya funciona bien.

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