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Walsh en Panorama

Julia Cisneros

Sí, las historias existen y no hay más que pararse a escucharlas.

      

R. Walsh, “Viaje al País de Quiroga”, Panorama, n.º 51.

Como sostenemos en el equipo de investigación, la noción de “heterodoxia” se articula de manera compleja y no es privativa de los sectores considerados subalternos. Muchos autores incorporados tradicionalmente al canon produjeron obras cuyas características las ubican en un lugar excéntrico o por fuera de sus textos más reconocidos. Es el caso de una serie de crónicas de Rodolfo Walsh publicadas en la revista Panorama entre 1966 y 1967. Entendemos que estas pueden ser abordadas desde tres aspectos vinculados a la heterodoxia. En primer lugar, estas crónicas se apartan de la producción más reconocida y valorada de Rodolfo Walsh, lo que invita a revisar el contexto de producción en el cual están inmersas. En segundo lugar –por el carácter eminentemente excéntrico del concepto–, la posibilidad de articular las varias capas de enunciación presentadas en las crónicas, las que conjugan diversas formas discursivas –palabra, imagen y testimonio desde sus fronteras–. En tercer lugar, los textos se presentan como heterodoxos y raros leídos en el contexto, el tono y los abordajes de la publicación Panorama. Nos proponemos analizar estos tres desvíos tomando como fuente tanto los textos originales como documentos y entrevistas de Rodolfo Walsh.

Introducción

En las crónicas publicadas en Panorama, Rodolfo Walsh relata sus viajes a Chaco, Corrientes y Misiones junto al fotógrafo Pablo Alonso. Si bien el viaje como acontecimiento no es ajeno a la trayectoria de Walsh[1], el recorrido como enviado de la revista implica observar y escuchar para escribir. En los ocho artículos que componen la serie sobre la que nos interesa indagar, Walsh y Alonso se desplazan por el territorio del noreste en busca de testimonios, creencias y acontecimientos para plasmarlos en diversas crónicas. Mediante imágenes que capturan fragmentos de esa experiencia –como testimonios visuales de esas presencias– y las voces que se incorporan al relato de la crónica, el diálogo entre los lenguajes intenta dar cuenta de un conjunto de tareas, preocupaciones, conocimientos, deseos, desamores y destierros. Walsh desarrolla en estas crónicas una mirada particular del noreste argentino, como ha indicado Jozami:

… aunque no siempre las desarrolle, se advierte que el autor tiene ideas claras sobre las causas de atraso de las regiones que visita […] en la mayoría de los casos, sin embargo, el relato se interesa por las costumbres, las historias de vida (Jozami, 2013, p.189).

En el recorte que hacemos en torno a las crónicas publicadas en Panorama, la noción de “heterodoxia” –entendida como aquello que transita en paralelo al camino normado, “remite a lo que se desvía, se opone, cruza” (Corona Martínez y Bocco, 2015)– circula, por lo menos, en tres niveles. En primer lugar, resultan textos heterodoxos respecto de las claves de lectura en que la crítica ha abordado la producción de Rodolfo Walsh[2], si bien trabajan con el testimonio, no tienen un objetivo explícito de denuncia política. Si “La marca de Walsh”, como sostuvo Piglia, “es la politización de la investigación” (2016, p. 184), estas crónicas son fragmentos de historias y voces populares, de conversaciones y acontecimientos, lugares y tiempos que Panorama lo envía a cubrir. La peculiaridad en las temáticas que aborda –el leprosario, un trencito eterno, el culto popular a san la Muerte, entre otros– se aleja de la producción más reconocida y valorada del autor.

Analizarlas desde la noción de “heterodoxia” –como una herramienta conceptual que habilita modos y recorridos alternativos para leer– implica volver sobre estos textos desde una constelación que contemple la reconstrucción del contexto en que están inmersos. Proponemos entonces abordar la revista en particular y la editorial Abril en general –aunque, como veremos, también aquí son crónicas raras, excepcionales– para recuperar sus particularidades estableciendo diálogos entre estas crónicas y los demás textos de la publicación. Sostenemos entonces sobre este aspecto que resultan heterodoxas en el contexto de la producción de Walsh, pero, leídas en el eclecticismo de temas que presenta Panorama, son coherentes con los intereses de la publicación, y en ese otro “centro” siguen habitando un margen.

En segunda instancia, y considerando las particularidades de estas escrituras, resulta pertinente retomar las reflexiones de Andrea Bocco en su desarrollo en torno a las literaturas fronterizas en vínculo con los testimonios que Walsh recupera. Bocco propone pensar que las literaturas fronterizas constituyen y dan voz a identidades marginales recuperando una historia no contada (Bocco, 2015, p. 65). Las crónicas de Walsh y Alonso en Panorama van en búsqueda de un testimonio que se configura como parte fundamental en el cuerpo del relato. Por momentos el cronista se esfuma y aparece plenamente el discurso del otro –como en el caso del leproso, la enamorada, los peones golondrina sin tierra en Misiones, el escultor de san la Muerte–. Walsh, en este sentido, “cede” en muchos casos el espacio textual transcribiendo –recuperando– la voz de esos otros en un afán de escuchar y registrar cada experiencia de vida.

Esos testimonios, leídos en el contexto de la publicación, entran en tensión con el relato homogeneizador del progreso moderno presentado en las páginas de Panorama. Siguiendo el desarrollo de Bocco, podríamos decir que Walsh realiza en estas crónicas una crítica al discurso oficial, central y hegemónico de la modernidad visibilizando los sujetos y contextos que no se ajustan a las normas del capitalismo, del discurso del progreso ni de sus tiempos. A diferencia de otros textos que circulan por Panorama, los relatos de Walsh no pretenden saldar la historia de esas opresiones en dicotomías maniqueas; por el contrario, en sus crónicas expone los matices y complejidades de esos contextos. En este sentido, las imágenes que acompañan las crónicas, más que ilustrar el discurso verbal, aportan una nueva capa de lectura e interpretación en torno a esa realidad. Los encuadres fotográficos de Alonso no muestran composiciones escenográficas, se detienen en fragmentos, gestos, atmósferas, objetos y situaciones.

Un tercer desvío que aparece en las crónicas, vinculado íntimamente con lo anterior, radica en la lectura de estos textos dentro de la constelación discursiva de Panorama. Si la característica de esta publicación es el eclecticismo de temas, destinado, como analizaremos más adelante, a la atracción de una mayor cantidad de público, las crónicas de Walsh, por su investigación, por el carácter etnográfico, por una escritura de escenas, escuchas y voces, son excepciones en la revista.

Chaco, Corrientes y Misiones

La selección de crónicas que Walsh publicó en Panorama fueron recopiladas en el libro El Violento Oficio de Escribir (1995): “Carnaval Caté” aparecido en el n.º 35 (Buenos Aires, abril de 1966), “La isla de los resucitados”, n.º 37 (Buenos Aires, junio de 1966), “El expreso de la siesta”, n.º 38 (Buenos Aires, julio de 1966), “San La Muerte”, n.º 42 (Buenos Aires: noviembre de 1966), “La Argentina ya no toma mate”, n.º 43 (Buenos Aires, diciembre de 1966), “Kimonos en la tierra roja, n.º 45 (Buenos Aires, febrero de 1967), “El país de Quiroga”, n.º 51 (Buenos Aires, agosto de 1967).

Una segunda serie de crónicas que Walsh escribió para la revista, no abordadas en este trabajo, corresponden a indagaciones centradas en “la vida cotidiana de la gran ciudad”, como señala Daniel Link (1995, p. 240). Estas se ubican principalmente en torno a Buenos Aires[3]. Tampoco incluimos el artículo que publica para la revista Adán “Viaje al fondo de los fantasmas”, porque, si bien hay un desplazamiento, un viaje para conocer el Iberá, el perfil de la publicación es, en palabras de Scarzanella, una “imitación soft de la estadounidense Playboy, de breve vida porque sale en vísperas del golpe de Onganía” (2009, p. 78). Para la editorial Codex[4] escribió los artículos centrados en el delta: “Las ciudades fantasmas”, Georama, n.° 11 (Buenos Aires, agosto de 1969), “Claroscuro del Delta”, Georama, n.º 12 (Buenos Aires, septiembre de 1969). Para la editorial Abril, Walsh volvió a publicar hacia la década de 1970 cuatro artículos de análisis político para Panorama y uno en Siete Días[5].

Walsh antes, durante y después de las crónicas

Intentando reconstruir los momentos previos y posteriores a las crónicas para Panorama, hemos rastreado referencias en los papeles personales, las cartas y las entrevistas de Walsh para entender qué tipo de vínculo mantuvo con la editorial y qué repercusiones sobre su experiencia como escritor tuvieron estos encargos. Resulta reveladora la lectura de Horacio Verbitsky sobre este momento en la trayectoria de Walsh, quien sostiene:

En los años que siguieron a “Esa Mujer”, y a la reescritura de Operación Masacre, Walsh cruzó muy a menudo las fronteras que separaban los géneros, se sintió cómodo en los dos, los tres o los cuatro lados, y se desinteresó por averiguar en cuál estaba en cada momento. Sus reportajes sobre los trabajadores del frigorífico Lisandro de la Torre, sobre los reclusos en el leprosario de la Isla del Cerrito, son espléndidas narraciones que se publicaron con bellas fotos en colores de revistas de lujo. Walsh ya sabía que los personajes que su escritura reclamaba no eran los mismos del nuevo periodismo burgués y de la nueva literatura que entraron en ebullición en los primeros años de la década del sesenta […] y por entonces se cuestionó también sobre los medios en que se difundió su trabajo (Verbitsky, 2007, p. 22).

Entre 1965 y 1967 Walsh mantuvo una intensa actividad literaria, publicó dos libros de cuentos[6] y estrenó la obra teatral La Granada[7]. Lilia Ferreira señala que en 1967

Rodolfo todavía no tenía vinculación con el sindicalismo ni vinculaciones de amistad con gente de los distintos ámbitos políticos. Él vivía en Cangallo entre Montevideo y Rodríguez Peña, y en ese momento trabajaba en una novela y tenía un ingreso mensual como lector en la editorial Jorge Álvarez, leía originales. Y era colaborador en la revista Panorama, en donde escribía esas notas tan largas que a él le demandaban bastante tiempo. Todavía no tenía las vinculaciones que vendrían después (Ferreira, 2006, p. 27).

Finalizadas las crónicas, Walsh viajó a Cuba y España, entrevistó a Perón y, a su regreso, se hizo cargo del semanario de la CGT. A partir de estos últimos viajes, su participación política y los vínculos con el movimiento peronista se profundizaron[8].

En lo que respecta a su trabajo en Panorama, referimos a la carta que Walsh envió a Donald Yates en 1964. De esta epístola, y a los fines de poder situar aproximadamente su ingreso a la publicación, resaltamos el párrafo donde comenta una serie de propuestas laborales que, creemos, podrían asociarse con la editorial Abril:

Durante tres años desde mi regreso de Cuba, nadie me había ofrecido nada. Ahora de golpe me estaban ofreciendo un buen puesto en Primera Plana, la dirección de una revista nueva, y hasta un cargo de “Springer” para Newsweek, donde hay un buen amigo mío, John Gerassi, en el departamento latinoamericano. Al principio me costaba decir que no, pero ya me he habituado (Walsh, 2013, p. 498).

El mencionado John Gerassi era corresponsal de la revista Time[9]. La editorial Abril, a partir de un acuerdo con el grupo Time, Life y Mondadori, compró licencias y fotografías de aquellas adoptando estas publicaciones como modelo para la revista Panorama en Argentina (Scarzanella, 2009, p. 79). No sabemos efectivamente si Walsh comenzó en 1964 a trabajar en algún puesto para la revista porque el cargo de springer no implica la pertenencia al staff de la editorial, sino que es una colaboración externa sin vínculos de dependencia. Serían las crónicas, que comienzan en 1966, el primer indicio de su trabajo en la publicación.

Una segunda referencia en torno a su trabajo como redactor de Panorama la encontramos en sus papeles personales. A pesar de no existir entradas para 1966 y 1967, años en los que escribió las crónicas que analizamos, una anotación del mes de enero de 1969 presenta una opinión negativa respecto a su vínculo con la revista:

Yo entro en Panorama como un derrotado, por causas ajenas a mi voluntad, y porque esa voluntad no es lo bastante fuerte como para buscar otras salidas. Estoy harto de mi pobreza, y siquiera por algunos meses quisiera remediarla (Walsh, 2007, p. 126).

Dos cuestiones respecto a este fragmento: por un lado, considerar que Walsh escribió esta reflexión en 1969, cuando, como dijimos, ya era parte del semanario de la CGT y se había acercado activamente a la militancia peronista. Las relaciones entre el movimiento y la editorial Abril fueron tensas y problemáticas, como ha explicado Scarzanella de manera extensa en el libro Abril (2016). Por esto, entendemos que la revista Panorama se presentaba para Walsh como un medio cuestionable porque no coincidía ni política ni ideológicamente. Aparece en esta entrada el aspecto económico, la falta de recursos que lo llevó a trabajar para la editorial como un medio de subsistencia[10], además del cuestionamiento sobre los medios en que se difundió su trabajo, como indica Verbitsky.

Según la documentación consultada, Walsh trabajó para Panorama hasta 1972, el 31 de marzo de ese año recibió un telegrama donde le notificaban su despido[11]. Un año después, Civita vendió su parte de Papel Prensa a Galería Da Vinci S. A., sociedad del banquero David Graiver (Scarzanella, 2016; Orbe y Napal, 2019, p. 5)[12].

Otro registro relevante que da cuenta de las crónicas en la trayectoria de Walsh lo encontramos en la revista cubana Alma Mater[13], aparecida en 1970. German Piniella entrevista en ella a distintos escritores latinoamericanos entre los que se encuentra Rodolfo Walsh. Piniella propone “conocer su opinión sobre la polémica literatura y periodismo, y también lo relacionado con el testimonio como género literario” (s/p). Transcribimos completa la respuesta de Walsh en cuanto desarrolla en su argumento las experiencias en Chaco, Corrientes y Misiones:

Bueno, podríamos acercarnos al tema a partir de algunas experiencias personales. Yo creo que no es lo mismo razonar sobre el tema en Cuba que en mi país, la Argentina. Evidentemente en la Argentina periodismo y literatura tienden a correr por cuerdas separadas, sin perjuicio de que del sector de periodistas surge cierta cantidad de gente que escribe luego, o que se convierten en escritores. Pero ya cuando se hacen escritores la separación persiste. Hay algunos puntos de contacto, principalmente en algunos semanarios y sobre todo en los últimos diez años. Yo asistí al nacimiento de ese punto de contacto: unas revistas me mandaron a hacer notas al interior, a lugares muy poco frecuentados por periodistas. Uno de estos fue una isla en la confluencia del Paraná y Paraguay, donde estaban, en esa época, concentrados los leprosos en los leprosarios. Nosotros vivimos ahí, con un fotógrafo durante una semana. En otra oportunidad, con ese mismo fotógrafo nos internamos en una zona realmente inaccesible y hasta rodeada de leyendas, en la provincia de Corrientes, donde se decía que no podía entrar. Es una zona muy hermosa con una población reducida a un grupo muy escaso de cazadores que viven prácticamente como en el siglo xix. Mi intención consciente y deliberada fue trabajar esas notas y otras que luego hice con el mismo cuidado y la misma preocupación con que se podía trabajar un cuento o el capítulo de una novela, es decir, dedicarle, por ejemplo a una sola nota el trabajo de un mes, un trabajo intensivo. Eso resultó un poco excepcional dentro de lo que es la práctica allá, porque en general no se considera que un periodista deba dedicarle un mes a una sola nota de 12 o 15 carillas, o de 20 carillas en el mejor de los casos. Se piensa que el periodista debe tomar el avión de esta mañana, viajar 1000 km de distancia, desembarcar dentro de dos horas y a la noche tomar el avión de vuelta, y con esa experiencia reflejar toda la vida de una comunidad, de una provincia, de un pueblo, y opinar absolutamente sobre cada uno de sus problemas políticos, económicos, sociales, de todo. Ese es un poco el criterio que predomina. Salvo esa otra tendencia que aparece en algunas revistas semanales que todavía persisten, periodismo y literatura marchan por carriles totalmente separados. No sé qué es lo que pasa en Cuba; tengo la impresión de que puede ser un poco parecido.

Walsh considera en este documento que sus crónicas para Panorama tendían puentes entre la literatura y el periodismo, se sumergía en ellas como lo haría para la escritura de un cuento o un capítulo de novela. Califica este trabajo como “excepcional” respecto del criterio predominante en la elaboración periodística signada por la velocidad y el escaso contacto de los periodistas con el contexto y la situación que les envían a cubrir. Como veremos, efectivamente sus relatos para Panorama son heterodoxos en lo que respecta a los abordajes periodísticos hacia el interior de la misma publicación.

Del relevamiento anterior podemos decir que, si bien la revista no resultó un espacio de trabajo afín ideológicamente al posicionamiento de Walsh, era un medio de subsistencia, que le permitió, además, adentrarse en “lugares poco frecuentados para periodistas”, al que le dedicó gran cantidad de tiempo, estudio e investigación. Se configura en su escritura como un espacio donde confluyen la literatura y el periodismo.

Panorama

Analizamos a continuación algunas características de la editorial Abril en general y en particular de Panorama para conocer el perfil periodístico en el cual se encuentran inmersas estas crónicas.

Scarzanella indica que 1960 fue la década de mayor expansión de la empresa en cuanto consiguieron licencias de editoriales europeas y estadounidenses. Comenzaron a publicarse dos de las revistas más importantes para Abril: Claudia y Panorama.

Panorama comienza a publicarse en 1964, es una revista de tipo nuevo que no apuesta solo a los servicios fotográficos […] sino que privilegia el texto escrito adoptando un estilo sobrio, llevando a cabo investigaciones, brindando noticias “incómodas” (Scarzanella, 2009, p. 79).

La publicación surgió de un acuerdo con Time-Life. Respecto de la colaboración entre las revistas, se basaba en el envío de información y en la utilización del archivo fotográfico y documental sobre temas estadounidenses y argentinos: “La revista se valía de tres redacciones: una en Buenos Aires, otra en Nueva York y una tercera móvil, constituida por reporteros y fotógrafos” (Scarzanella, 2016, p. 153). Panorama inauguró su primer número en junio de 1963 exponiendo:

PANORAMA es –como reza su lema– la revista de nuestro tiempo: desfilarán por sus páginas las conquistas del hombre de hoy, sus alegrías y sus problemas, sus anhelos y sus diversiones. A la realidad argentina, su análisis, su crítica constructiva y su investigación serena, PANORAMA dedicará sus mejores esfuerzos. Además, tratará de dar al lector una visión verdaderamente panorámica, profunda pero no pesada, de lo que sucede en el exterior (Panorama, 1963, p. 2).

Relevando el contenido de la publicación en la década de 1960, encontramos temas tan variados como los radioisótopos de la Isla Huemul, el folklore de las riñas de gallos, el dinero de los casinos, las loterías y los hipódromos ilegales, “Islas del Tesoro” en el delta del Paraná, los rastrojos de la “enfermedad que acecha el corazón del país”, un artículo sobre Buda, coberturas sobre la muerte de Kennedy, el desarrollo de la industria del vino en Argentina, los problemas familiares vinculados a la televisión, el LSD, entre muchos otros. Estos artículos se combinan con informes sobre deportes y cultura (recomendaciones cinematográficas, bibliográficas y teatrales), un apartado sobre “el mundo” y una sección destinada a cartas de lectores.

Dos temáticas se sostienen desde distintos abordajes en el corpus de publicaciones analizadas: crónicas sobre aspectos productivos de la Argentina y experiencias religiosas heterodoxas[14]. Las crónicas que indagan en algunos aspectos de la Argentina constan de un cronista y un fotógrafo que acompaña el registro de las expediciones. Teniendo en cuenta el eclecticismo de la publicación, en el cual, según el perfil de la revista, están los temas que les interesan a “los Nuevos Argentinos” (Panorama, 1964, n.º 16), los artículos que publicó Walsh sobre sus viajes a Chaco, Corrientes y Misiones son coherentes con el perfil que intentaba mostrar Panorama, en cuanto la revista entiende que “los intereses del hombre común rebasan los límites de su ciudad, su oficio y su clase” (Panorama, 1965, n.º 21). Sin embargo, el tono y la perspectiva en los textos de Walsh tensionaban con el discurso homogeneizador del progreso moderno que promovían sus colegas.

Posibles mapas

En Panorama n.º 35, convive con “Carnaval Caté” de Walsh y Alonso un artículo titulado “Los ex hombres”, que aborda la cirugía de reasignación genital. Le sigue “La Argentina en el cosmos”, que desarrolla el despegue del cohete Orión en Chamical; por su parte, “El hospital de la gloria” se encarga de entrevistar a restauradores del patrimonio escultórico postulando que el “ranking” de vandalizados lo encabeza Domingo Faustino Sarmiento. Otra crónica aborda la experiencia de “una pequeña ciudad del sur de Córdoba que crece con la pujanza de los países más desarrollados”: Laboulaye.

Es interesante analizar “Carnaval Caté” particularmente en contrapunto con esta última nota porque creemos que, por un lado, deja en evidencia dos miradas opuestas en torno a la noción de “progreso”, y, por otro, da cuenta de la rareza de las crónicas de Walsh en la publicación. Si “El boom de Laboulaye” exhibe con orgullo la prosperidad económica de los residentes en la ciudad manifestado en la cantidad de autos, el pavimento y la pujanza de las grandes fortunas, “Carnaval Caté” analiza las tensiones entre la fiesta popular y la distribución de la riqueza dando voz en su relato a los “excluidos de la fiesta”. Es más, uno de los epígrafes para la fotografía de Alonso en la crónica indica: “La otra cara del carnaval: mientras la población urbana danza con desenfreno, llegan los primeros evacuados de la inundación”. La mirada dicotómica sobre Laboulaye contrasta con los matices de la experiencia de viaje narrada por Walsh. La primera crónica de Walsh –como testimonian las cartas de lectores que relevamos a continuación– moviliza halagos y críticas.

Según las fechas que pueden rastrearse en las crónicas, el artículo “El expreso de la siesta” (9 de febrero) deriva del mismo viaje realizado con motivo de “Carnaval Caté” (19 de febrero). En este caso, el artículo se publicó en Panorama n.º 38, la impronta ecléctica es similar al número anterior, se agrega en esta una encuesta a los jóvenes realizada en el Congreso de Tucumán[15].

En este número, entre las cartas de lectores, cuatro de ellas refieren a los textos de Walsh, dos vinculadas con la nota sobre el leprosario (enviadas por Walter Saldivia y Dr. Juan José Sntoyann) y dos sobre “Carnaval Caté” (de Salvador J. Blanco y Jaime A. Elías, ambos de Corrientes). Mientras que Blanco presenta una opinión elogiosa de la nota –“Soy lector de PANORAMA desde su aparición en el escenario periodístico. Siempre me han gustado sus notas. Pero este Carnaval Cate ha colmado la medida de mi entusiasmo y admiración por PANORAMA” (Panorama, 1966, p. 28)–, la carta de Elías, interpreta la crónica como una ofensa:

Señor director: En su artículo titulado “Carnaval Caté” sinceramente se les fué la mano. Desde las primeras hasta las últimas líneas de su artículo, el autor muestra una franca animosidad hacia Corrientes desacreditando sin respeto alguno al pueblo, instituciones y gobierno y dando al resto del país una imagen frívola, displicente e insensible de parte de Corrientes hacia sus hermanos litoraleños sumidos en la tragedia; hecho que gracias al cielo estuvo y esta muy lejos de suceder… (1966, p. 29).

Es la única carta que tiene una respuesta de la redacción. Esta dice:

Las críticas a ciertos aspectos del carnaval fueron enunciadas en primer término por los propios correntinos […] el enviado de PANORAMA se limitó a recogerlos como recogió los argumentos a favor. Lo que el lector Elías interpreta como “animosidad” del articulista contra el pueblo correntino es todo lo contrario: solidaridad con los habitantes de una provincia que tiene el más alto porcentaje de analfabetismo del país, un setenta por ciento de parasitado por la anquilostomiasis y un índice aterrador de migración hacia otras zonas. Lo que difiere, quizá, es la definición de “pueblo”. El carnaval correntino tiene aspectos fastuosos, divertidos y loables-que fueron señalados- pero la realidad es siempre contradictoria y el trabajo del periodista consiste en señalar esas contradicciones (1966, p. 29).

Por su parte, el artículo “El expreso de la siesta” relata el viaje de Walsh y Alonso en el Ferrocarril Económico que conectaba la capital correntina con Mburucuyá. Según los numerosos testimonios que circulan en el documental Rastros de Rodolfo Walsh en el nordeste, realizado por la productora Koldra en 2012, tanto este artículo como “La isla de los resucitados” son los únicos relatos que recuperan, antes de su clausura, los escenarios y la mística de estos espacios[16]. Tanto el ramal del “trencito” como el leprosario de la isla del Cerrito dejaron de funcionar definitivamente en 1968. Respecto del primero, Walsh manifiesta en primera persona el extrañamiento y la sorpresa calificando de genuina y única esta experiencia. Homologa secuencias vividas en el trencito con las “Confesiones de un opiomano” en cuanto el tren, en su recorrido, incluía el paso por el medio de un hospital. Narra también episodios surrealistas como el momento en que el tren pierde los vagones y deben retroceder para acoplarlo, o el paso del tren por una laguna donde los pasajeros bajan para desplazarse en canoa.

Luego de relatar los derroteros de la historia del Ferrocarril Económico y sus ramales, dice Walsh:

Es cierto que el trencito nunca llega a horario. Cuando eso ocurría, en la antigüedad, el paisanaje lo festejaba disparando sus revólveres al aire. Pero también es cierto que siempre llega, porque un tren casi mágico, como este, va tripulado con gente casi mágica, como la que nosotros conocimos. Y es indudable que el día en que desaparezca, desaparecerá también un objeto de cariño para muchos, y acaso el único tema que infaliblemente hace sonreír a cualquier correntino (1966, p. 39).

La crónica “San la Muerte” comienza evocando una escena: palabras borrosas, un temblor en la voz, una vela y la figura esquelética “que en los ranchos más humildes del Paraguay y el nordeste argentino preside el destino de sus habitantes, combina sus amores, los guarda del peligro o los hace ganadores en el juego” (Walsh, 1966, p. 78). En esta crónica se encarga de entrevistar a los fieles de san la Muerte y describir las capillas particulares de Fabiana Irala, Trinidad López, Irma, Cecilia Medina, Asunción Ramírez. Las imágenes de Alonso se detienen en fragmentos de los altares, las personas y las figuras escultóricas talladas a mano. Respecto de estas esculturas, Walsh entrevistó a Carlos Maule y Cirilo Miranda, quien realizaba las estatuillas desde la cárcel. Hacia el final del relato, describe Walsh el “Retablo insólito” realizado por Miranda: “Puestos sobre el banco los santitos hablan desde el fondo de una mitología inédita, de un pueblo ignorado. El preso de tez oscura les presta su voz” (1966, p. 84).

Las tres notas centradas en Misiones publicadas en Panorama corresponden a “Kimonos en la tierra roja”, “El País de Quiroga” y “Argentina ya no toma mate”. En estos tres relatos, aborda distintas problemáticas, las migraciones, los rastros de Horacio Quiroga y la denuncia por la explotación que sufren los tareferos, el primer eslabón de la producción de la yerba mate.

En Panorama n.º 51, se publicó el último de estos viajes. La crónica “El país de Quiroga” convive con “El Boom de la Cesárea”, un artículo sobre la vida en Alemania oriental, con otro sobre computadoras (“Las futuras maestras”), uno de opinión titulado “De qué se quejan los porteños”, otro que aborda las mujeres en las orquestas sinfónicas y se pregunta si “son más o menos eficaces que los hombres”. El artículo “¿Existen los milagros?” recopila un conjunto de visiones místicas y apariciones tanto en Argentina como en Europa. Al igual que en el contexto de “Carnaval Caté”, uno de estos artículos puede leerse en contrapunto con el de Walsh: “Patagonia no más tierra maldita”. Mientras que este último aborda el potencial de progreso mediante la extracción petrolera, el artículo de Walsh es un perfil sobre un olvidado y excéntrico Quiroga en la memoria de San Ignacio donde se cuelan reflexiones productivas sobre los yerbatales.

Fin del recorrido

La noción de “heterodoxia” ha resultado operativa para reflexionar en torno al conjunto de crónicas de Walsh que recorren aspectos de Chaco, Corrientes y Misiones porque estas se colocan por fuera de distintos “centros”. Habitan temáticas en los bordes, indagan voces e historias en los márgenes –de las creencias oficiales, de los tiempos del capitalismo, de la productividad, de las migraciones, entre otros–. Esas crónicas nombran y visibilizan, aportan datos en números y cifras, transcriben anécdotas, recorren la historia de esos espacios y tiempos, citan, parafrasean, recurren a la metáfora, matizan; son, en este sentido, fronterizas. Cuestionan los relatos totalizantes, eligiendo situar y contextualizar en vez de generalizar. En la articulación y modulación de estas voces, Walsh consigue mostrar las fisuras de un sistema que se presenta como único. Mediante las crónicas, apelando a las experiencias, las entrevistas y los testimonios, visibiliza un modelo de progreso que expulsa, explota y pretende unificar la experiencia del espacio, el tiempo, los afectos, la cultura.

Una segunda operatividad del concepto de “heterodoxia” en nuestra lectura se orientó a distinguir el corrimiento de estas crónicas del mapa más amplio que es la revista Panorama. Relevamos el perfil de la publicación y su historia caracterizando las principales temáticas y artículos que circularon por sus páginas. Intentamos dar cuenta de que las crónicas de Walsh, por el tiempo que les dedica, la investigación y el estudio con el que se abocó a ellas, son excepcionales leídas respecto del trabajo de sus pares.

En tercer lugar, decimos que las crónicas analizadas se apartan de la producción más reconocida del escritor, pero implican un movimiento hacia el centro del periodismo. En palabras de Walsh, el “nacimiento de ese punto de contacto” entre la literatura y el testimonio. Volver sobre ellas para analizarlas en clave heterodoxa nos permitió reconstruir la constelación con la que dialogan, el contexto en que fueron producidas y la implicancia de estos textos en una historia más amplia de las literaturas de la Argentina.

Bibliografía

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Corona Martínez, C. y Bocco, A. (compiladoras) (2015). Más allá de la recta vía. Córdoba.

Jozami, E. (2013). Rodolfo Walsh. La palabra y la acción. Buenos Aires: Edhasa.

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Scarzanella, E. (2016). Abril. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

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Walsh, R. (1995). El violento oficio de escribir. Planeta: Buenos Aires. Compilación a cargo de Daniel Link. Prólogo de Rogelio García Lupo.

Walsh, R. (2013). Cuentos completos. Ediciones de la Flor: Buenos Aires.
Edición y prólogo de Ricardo Piglia.

Corpus

Revista Panorama. Buenos Aires, n.º 35, abril de 1966; n.º 37, junio de 1966; n.º 38, julio de 1966; n.º 42, noviembre de 1966; n.º 43, diciembre de 1966; n.º 45, febrero de 1967; n.º 51, agosto de 1967.


  1. Viajó a Cuba en, por lo menos, dos ocasiones, visitó Medio Oriente, Europa, Chile y Bolivia. Nació en Río Negro, pero se trasladó a Buenos Aires, vivió un tiempo en La Plata, en Córdoba, en tres casas sobre la vera del Delta, entre otros lugares.
  2. Siguiendo a Luppi: “Está restricción de lo literario al género testimonial es efecto de la misma acción lectora de Walsh, quien en la coyuntura de fines de los 60 revisó con rigor no exento de condena su obra ficcional, y tomó distancia de la institución literaria. La inserción del escritor en agrupaciones políticas y su muerte en 1977 provocada por la represión estatal, han contribuido a escindir biografía y producción (haciendo depender esta de aquella) replicando lo dicotómico en pares como literatura y política, palabras y acción, pluma y fusil, ajedrez y guerra, en una compartimentación persistente en la recepción contemporánea” (Luppi, 2015, p. 97).
  3. Estos son “El matadero”, Panorama, n.º 52 (Buenos Aires, septiembre de 1967), “Las carnes que salen del frío”, Panorama, n.º 53 (Buenos Aires, octubre de 1967), “Magos de agua dulce”, Panorama, n.º 55 (Buenos Aires, diciembre de 1967).
  4. “La editorial Codex se dedicaba, desde el año 1944, a la impresión y publicación de enciclopedias, textos escolares, diccionarios, revistas y obras bibliográficas de diferente tipo. Fue una de las empresas más importantes en su género y estableció compañías asociadas o controladas en varios países de América y en España, aunque luego acabaría siendo puesta en venta por licitación pública internacional en 1978, tras pasar por la quiebra y la absorción por parte del Estado” (Padula Perkins, 2009).
  5. Corresponden a “La luz nuestra de cada noche”, Siete Días, n.º 148 (Buenos Aires, del 9 al 15 de marzo de 1970), “Bolivia: el general proletario”, Panorama, n.º 182 (del 20 al 26 de octubre de 1970), “Chile: La muerte de Anaconda”, Panorama, n.º 192 (Buenos Aires, 29 de diciembre de 1970), “Chile: la carrera contra el reloj electoral”, Panorama, n.º 204 (Buenos Aires, 23 de marzo de 1971), “40 tigres de papel”, Panorama, ix, n.º 218 (Buenos Aires: del 29 de junio al 5 de julio de 1971).
  6. Los oficios terrestres (1965, Ed. Jorge Álvarez) y Un kilo de oro (1967, Ed. Jorge Álvarez- De la Flor).
  7. Estrenada el 22 de abril de 1965 por el Grupo del Sur (integrado por Osvaldo Bonet, Héctor Givone, Oscar Viale, Arturo Maly y Alfonso de Grazia).
  8. Ver Eduardo Jozami (2013).
  9. John “Tito” Gerassi (Francia, 1931-Nueva York, 2012) trabajó como editor para Time y, más tarde, Newsweek, antes de servir como corresponsal en el extranjero para el New York Times.
  10. Ha señalado Patricia Walsh que Elina Tejerina, su primera esposa, lo asistió económicamente en reiteradas oportunidades a pesar de estar separados. Entrevista a Patricia Walsh publicada en Arrosagaray (2006).
  11. Ver nota de Daniel Link en Walsh (1995, p. 143).
  12. Indican Orbe y Napal que, “luego de la muerte de Perón y el alejamiento de Gelbard del gobierno, la empresa se convirtió en un blanco de la AAA. El 28 de abril de 1975, la organización paramilitar hizo estallar una bomba lanza panfletos ante el edificio de la editorial, conteniendo amenazas a escritores, periodistas y a la familia Civita, la cual decidió abandonar el país y dar por terminada la edición de Panorama. Los Civita se trasladaron primero a Brasil y luego a Montevideo y dejando la presidencia de la editorial en manos de Raúl Burzaco, quien se había desempeñado como director de dicha publicación desde 1972” (Orbe y Napal, 2019).
  13. Disponible en bit.ly/40gRlwx (consultado el 23/09/2020).
  14. Por nombrar algunos títulos: “Psicoanálisis en el convento” (n.º 34); “Sotanas a la izquierda” (n.º 35); “¿Dónde está Dios?” (n.º 38); “Embajadores del más allá” sobre viajes ovnis (n.º 37); “San la Muerte” (n.º 42), “¿Existen los milagros?” sobre estigmas, apariciones y curaciones (n.º 51).
  15. Respecto de los demás artículos del número, comienza con la pregunta por la existencia de dios, la violencia en Francia (“París canalla”), la ocupación del Peñon de Gibraltar, las “víctimas de un error terapéutico”, el “dilema del hombre en la luna”, “Sexo en Las Vegas” y “Paraíso de Siberia”.
  16. Rastros de Rodolfo Walsh en el nordeste consta de cuatro capítulos, y recopila testimonios en el mismo recorrido que realiza Walsh y Alonso. Dirigido por Marcel y Yoni Czombos. Puede verse online en bit.ly/3YeGWzu (consultado: 22/09/2020).


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