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Activismos por la justicia socioambiental y climática

Socialización, trayectorias y compromisos de juventudes católicas y sin religión en Argentina, siglo XXI

Natalia Soledad Fernández[1]

Resumen

Este trabajo se propone realizar un análisis comparativo de los compromisos juveniles por la justicia socioambiental y climática en Argentina entre los movimientos Laudato Si’ y Jóvenes por el Clima, desde una dimensión biográfica y procesual (Fillieule, 2013). Para ello, se abordan las trayectorias de los y las activistas, las redes sociales que establecen con miembros de otras organizaciones y movimientos y cómo sus compromisos con problemáticas socioambientales se relacionan con su previa socialización educativa, profesional, política y/o religiosa. También, se indagará sobre el rol de las juventudes en ambos movimientos, su configuración y transformación entre los años 2015 y 2022. De esta manera, nos proponemos dar cuenta de un objeto de estudio complejo y en permanente transformación en un escenario contemporáneo de luchas juveniles argentinas, en articulación con distintas generaciones y actores sociales.

El trabajo se realiza desde un enfoque cualitativo en base al análisis de entrevistas en profundidad a jóvenes de distintas regiones argentinas, observación participante en manifestaciones realizadas en la Ciudad de Buenos Aires y análisis de fuentes secundarias de los movimientos (propuestas fundacionales, notas periodísticas y redes sociales virtuales).

  

Palabras clave: jóvenes, ambiente, religiones, Argentina.

Introducción

A raíz del deterioro ambiental y el incremento de catástrofes climáticas a escala global en el siglo XXI, distintos actores sociales desplegaron compromisos y acciones colectivas (protestas, movilizaciones, huelgas y difusión de información permanente) desde organizaciones y movimientos por la justicia socioambiental y climática[2]. El objetivo de estos colectivos es alertar a las sociedades sobre la gravedad ambiental y presionar a los responsables políticos para que ejecuten políticas ambientales globales que mitiguen la crisis climática.

En el año 2018, la joven Greta Thunberg realizó sentadas frente al parlamento en el horario escolar desde el 20 de agosto hasta las elecciones generales del 9 de septiembre, ante una ola de calor e incendios forestales que tuvieron lugar en Suecia. La joven demandaba al gobierno la reducción de emisiones de carbono según lo establecido en el Acuerdo de París[3]. Luego de las elecciones, Thunberg sostuvo sus manifestaciones todos los viernes y desde sus redes sociales virtuales convocó a las juventudes del mundo a participar de distintas huelgas ambientales[4]. Las manifestaciones se realizaron en rechazo a la falta de respuestas de los gobiernos mundiales para aplicar políticas y leyes que protegieran al medio ambiente y considerasen los efectos generados ante el cambio climático como los desastres naturales, las temperaturas extremas y la escasez hídrica, entre otros. La difusión mediática de las “Huelgas de los viernes” (2018) realizadas por la joven activista posicionó a las juventudes como protagonistas del movimiento global por la justicia climática (Svampa, 2020). Esto habilitó importantes alianzas entre millones de jóvenes del mundo y el surgimiento de diversas organizaciones juveniles aunadas bajo el “efecto Greta”.

La emergencia del movimiento puso en evidencia el fracaso de dos objetivos trazados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y distintos gobiernos hace medio siglo en las cumbres climáticas: el desarrollo sustentable y el pacto intergeneracional que debía garantizar la calidad de vida de las futuras generaciones (Svampa, 2020).

En Argentina, la convocatoria de Greta tuvo fuerte resonancia entre jóvenes de sectores medios y altos que se involucraron de manera individual y orgánica en el año 2019 desde incipientes movimientos ambientales como Jóvenes por el Clima, Viernes por el Futuro, Rebelión o Extinción y Alianza por el Clima[5]. A diferencia de perspectivas ambientales antropocéntricas -preocupadas por resolver los desajustes provocados por los seres humanos en la naturaleza para garantizar la existencia y el progreso tecnológico-, los movimientos por la justicia climática conciben una interrelación entre la naturaleza y las especies humanas y no humanas. Consideran que el deterioro de los ecosistemas impacta directamente en la calidad de vida de las personas y en sus derechos de segunda y tercera generación[6], en especial, en las sociedades del sur global y en los sectores sociales más vulnerados.

En términos discursivos, los movimientos juveniles se enmarcan en las luchas ambientales que tuvieron lugar en Argentina desde principios del siglo XXI (asambleas vecinales por el “No a la mina” -2002-, movilizaciones contra las papeleras frente a Gualeguaychú, Entre Ríos -2005-, etc.) y pueden comprenderse desde la perspectiva teórica del altermundismo. Dicha perspectiva surge del movimiento internacional heterogéneo de fines del siglo XX que propone que “otro mundo es posible” basado en valores sociales y ambientales, distintos a los propios del neoliberalismo o el “capitalismo depredador”[7].

Los problemas ambientales también han sido centrales para distintos actores del mundo religioso en Argentina. Entre los siglos XIX y XXI, el catolicismo fue reticente a limitarse al espacio cultual privado, aspecto que se tradujo en un enfrentamiento hacia valores modernos y en la persistencia para instaurar un catolicismo integral en la vida de los argentinos desde una creciente presencia e influencia pública sobre distintos temas sociales (Poulat, 1977; Mallimaci, 2015; Esquivel y Mallimaci, 2017). Su preocupación por el desarrollo humano y la ecología integral como núcleos del desarrollo sustentable adquirieron un lugar destacado en importantes documentos eclesiales publicados en los años 60 del siglo XX[8] que consideraban que el sistema capitalista engendraba injusticias y representaba una estructura de pecado (Morello; 2007, 2010; Löwy, 1999). En la encíclica Laudato si’ (2015) el Papa Francisco refuerza una línea de memoria vaticana frente a problemáticas ambientales y enmarca la situación ecológica en una crisis ética, espiritual y cultural derivada del desarrollo industrial de la modernidad capitalista, enlazándola con la cuestión social (Esquivel et al., 2017). Además, en los últimos treinta años, el catolicismo se involucró en problemas socioambientales, promoviendo grupos comunitarios de incidencia en el desarrollo sustentable, la calidad de vida y la construcción de un universo de sentido vinculado a la protección del medioambiente, la defensa de pueblos originarios y la mejora en las condiciones del hábitat en espacios rurales y urbanos (Esquivel et al., 2017).

En las últimas décadas, líderes religiosos y laicos se han organizado[9] para concientizar y actuar contra el cambio climático (Parker, 2020). En Argentina, el Movimiento Laudato Si’ (ex Movimiento Católico Mundial por el Clima, 2015) responde al llamado del Papa Francisco de “escuchar el clamor de la tierra y de los pobres” (Laudato Sí’, 49) a partir de compromisos climáticos. Allí destaca el rol de laicos y líderes religiosos y su trabajo conjunto con organizaciones y colectivos sociopolíticos de distintos territorios.

Este trabajo se propone realizar un análisis comparativo de los compromisos juveniles por la justicia socioambiental y climática en Argentina entre los movimientos Laudato Si’ y Jóvenes por el Clima, desde una dimensión biográfica y procesual (Fillieule, 2013). Esta perspectiva habilita el análisis de “las formas en que el compromiso político genera o modifica las disposiciones para actuar, pensar y percibir, ya sea, en consonancia o en contraste con los resultados de la socialización previa” de los individuos (Fillieule y Neveu, 2019, p. 3). Para ello, tendremos en cuenta las trayectorias de los y las activistas, las redes sociales que establecen con miembros de otras organizaciones y movimientos y cómo sus compromisos con problemáticas socioambientales se relacionan con su previa socialización educativa, política, profesional y/o religiosa. También, se indagará sobre el rol de las juventudes en ambos movimientos, su configuración y transformación entre los años 2015 y 2022. De esta manera, nos proponemos dar cuenta de un objeto de estudio complejo y en permanente transformación en un escenario contemporáneo de luchas juveniles argentinas, en articulación con distintas generaciones y actores sociales.

Este artículo se enmarca en una investigación postdoctoral en curso. Parte de un diseño de investigación cualitativa que consta de 24 entrevistas en profundidad realizadas entre los años 2021 y 2022 a jóvenes y adultos/as de distintas ciudades argentinas[10], observación participante en manifestaciones realizadas en la Ciudad de Buenos Aires y análisis de fuentes secundarias de los movimientos (propuestas fundacionales, notas periodísticas y redes sociales virtuales). La selección de los casos responde a un criterio de significación teórica a partir de la consideración de trayectorias de activistas comprometidos con problemas socioambientales y climáticas que integran los dos grupos religiosos con mayoría juvenil en Argentina: el catolicismo y los sin filiación religiosa. De esta manera, se indagarán las estrategias y compromisos juveniles sobre diversos problemas ambientales, según sus trayectorias, identificaciones y cosmovisiones.

Los materiales de investigación se organizan en base a los siguientes ejes de análisis: 1. Emergencia y transformación de los movimientos (en qué contexto surgen y a partir de qué actores, qué roles desempeñan las juventudes y cómo es su composición sociodemográfica), 2. Compromisos, sociabilidad y redes sociales (cómo es la dinámica orgánica de los movimientos y con qué capitales sociales cuentan) y 3. Representaciones sociales sobre la participación en los movimientos.

Emergencia y transformación de los movimientos

El Movimiento Laudato Si’ (MLS, en adelante) surgió en el año 2015 con la denominación Movimiento Católico Mundial por el Clima (MCMC) por iniciativa de Tomás Insúa -un joven laico de la orden de los Franciscanos- y Pablo Canziani -físico investigador principal del CONICET, miembro del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático-.

Según refieren sus fundadores, el movimiento comenzó a gestarse a partir de la llamativa relevancia que los problemas ambientales y la crisis climática tenían entre los sectores no confesionales, a diferencia de lo que ocurría en sectores católicos. En paralelo, el papa Francisco se reunió con distintos especialistas para redactar la encíclica “Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común” pero al momento de fundar el movimiento, Insúa y Canziani desconocían el título del documento papal. Finalmente, en el año 2021 el MCMC cambió su denominación a Movimiento Laudato Si’ para enfatizar los contenidos de la encíclica y la figura del papa como guía y referente.

La misión del movimiento es “Inspirar y movilizar a la comunidad católica para cuidar nuestra casa común y lograr la justicia climática y ecológica, en colaboración con todas las personas de buena voluntad”[11], es decir, en vínculo con actores del mundo no religioso. Tanto en la fundación del movimiento como en la redacción de la encíclica, es imprescindible destacar el rol del catolicismo en articulación con las ciencias exactas, sociales y jurídicas para fundamentar sus posicionamientos y prácticas sobre el cambio climático.

El MLS está conformado por laicos, religiosos y sacerdotes de distintos movimientos, órdenes y organizaciones católicas[12]. Presenta una composición etaria similar a la población católica argentina, con mayoría adulta y femenina (Giménez Béliveau y Fernández, 2020; Fernández, 2022). Por ello, se decidió ampliar el corpus de entrevistas también a adultos activamente comprometidos con causas ambientales. Las juventudes del MLS representan un sector minoritario del catolicismo argentino: los denominados “militantes católicos” con trayectorias previas en distintas organizaciones y grupos eclesiales.

Durante los primeros años, el MLS contaba con el grupo juvenil Generación Laudato Si’. Por lo que, en principio, el movimiento no fue pensado como un espacio juvenil sino de composición más amplia, pese al énfasis del papa Francisco en que las juventudes debían involucrarse especialmente con los problemas ambientales. Finalmente, el grupo juvenil no logró desarrollarse ni tener una propuesta sólida en el tiempo y actualmente no ha logrado impulso ni autonomía respecto a versiones del MLS de otros países. Una posible explicación de esta situación, además de la propia composición católica en Argentina, es el escaso interés y resistencia de obispos y sacerdotes de introducir contenidos y actividades socioambientales en sus comunidades y las tensiones que experimentan las juventudes en organizaciones vinculadas con las jerarquías de la Iglesia Católica y con mayorías adultas para incluir temas innovadores en las agendas eclesiales (Fernández, 2020). Por ende, los compromisos más destacados se observan entre adultos de entre 50 y 70 años y jóvenes-adultos de entre 25 y 35 años, de sectores medios, mujeres en su mayoría, con trayectorias eclesiales previas y profesiones relacionadas a temas ambientales y sociales.

Las y los entrevistados se formaron o cursan sus estudios superiores en disciplinas como la física, ingeniería, la docencia, las políticas públicas, el periodismo, la teología y la economía, entre otras. La mayoría trabaja o trabajó en sus profesiones, estudia o están jubilados como es el caso de algunos miembros fundadores.

Jóvenes por el Clima Argentina (MJC, en adelante) es un movimiento social y político cuyo objetivo en el año 2019 era “movilizar a la población contra la desidia estatal y la depredación empresarial en materia socioambiental”[13]. El movimiento se consolidó luego de que un grupo de jóvenes estudiantes del colegio ORT[14] de la ciudad de Buenos Aires organizara la versión local de la 2° Marcha Internacional por el Clima el 15 de marzo de 2019, haciéndose eco y representante en Argentina de la convocatoria de la activista sueca Greta Thungberg, como también lo hicieron las organizaciones que integran la Alianza por el Clima y finalmente, Viernes por el Futuro (versión argentina de Fridays for Future), cuya conformación es posterior a estos dos colectivos.

El MJC está conformado por juventudes urbanas de un promedio de 20 años. En su mayoría son mujeres y estudiantes universitarias de sectores sociales medios y altos. Se realizaron entrevistas a jóvenes de entre 16 y 24 años, con estudios secundarios completos, en su mayoría, y universitarios en curso en las áreas de las Ciencias Sociales y Humanidades, Ingeniería, Ciencias básicas y aplicadas, Economía y Administración. En general, las juventudes sólo estudian y quienes trabajan lo hacen en movimientos políticos (Movimiento Evita), pasantías y docencia universitaria, negocios familiares o programas radiales[15].

El grupo fundador está conformado por jóvenes egresados del colegio judío ORT (Belgrano) pero desde su percepción: “el judaísmo no tiene nada que ver en nuestra militancia en Jóvenes por el Clima, […] la gran mayoría de los que somos judíos no somos judíos religiosos, ni a palos, [estamos] bastante lejos de eso”[16]. De todas formas, se observan tránsitos entre los espacios de socialización educativos y sus compromisos ambientales, en tanto algunas y algunos de ellos reconocieron que los voluntariados que realizaron desde el colegio fueron las primeras experiencias militantes donde adquirieron “conciencia social” al conocer realidades distintas a las propias.

El resto de las juventudes entrevistadas fueron bautizadas en el catolicismo, tomaron la comunión y la confirmación, asistieron a colegios confesionales o participaron de movimientos y grupos juveniles católicos. Al momento de entrevistarlas mencionaron que no se sentían “representados”, “identificados por” o que la Iglesia Católica como institución no las “regía”[17].

Los activismos y militancias en el MJC se desarrollaron al calor de las luchas juveniles por los derechos de las mujeres y las diversidades de género, desplegadas desde el año 2015 que han sido ampliamente enfrentadas por importantes sectores de la Iglesia Católica. En este sentido, las juventudes critican la persecución de la Iglesia a la comunidad LGTBIQ+, su oposición a la ley de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), los casos de pedofilia de la institución, el rol político de las religiones sobre distintos temas que, en sus palabras, “a través de un discurso, intentan coartar las libertades de las personas”[18] y “no practican lo que predican”[19] como los valores cristianos del amor y el respeto. Estas percepciones sobre las instituciones religiosas y sus posiciones respecto a la religión católica permiten ubicar a las juventudes al interior del segundo grupo religioso mayoritario en Argentina: los sin filiación religiosa[20], cuyo número se ha incrementado exponencialmente desde mediados del siglo XX en Latinoamérica, en especial, entre los sectores juveniles de las sociedades.

En comparación al MLS, cuyo grupo juvenil Generación Laudato Si’ nunca se consolidó, el MJC sí tuvo una presencia pública importante en manifestaciones y distintos medios de comunicación durante los primeros años de su conformación, en especial, entre los años 2019 y 2020. Sin embargo, debido a la pandemia por covid-19 las restricciones de circulación limitaron el despliegue de estos activismos a nivel mundial, en especial en cuanto a las dificultades de “poner el cuerpo” (Vázquez y Vommaro, 2011) en territorios en conflicto ambiental. Por lo que, los y las activistas realizaron actividades y difundieron información especialmente a través de medios virtuales. Luego, ante la reducción de los contagios del virus y las habilitaciones para circular en distintas ciudades, las juventudes volvieron a las calles, pero mantuvieron la virtualidad como parte integrante, aunque no suficiente, de sus activismos.

En línea con el trabajo realizado por Vázquez y Cozachcow (2020, p. 191), coincidimos en que “las medidas de aislamiento no pueden pensarse solamente como un contexto de restricción a las movilizaciones”. En nuestro estudio se reconocen tres momentos en los que se desarrollan estrategias de organización colectiva entre la ASPO y la DISPO en los que se combinan las modalidades en línea, en vivo y presenciales entre todos o parte de los y las integrantes del movimiento. Se destacan la formación virtual, las actividades solidarias dirigidas a personas en situación de calle, movilizaciones a favor de la interrupción voluntaria del embarazo, reuniones entre algunos miembros amigos, aunque manteniendo las pautas de cuidados y uso de barbijos, además de la difusión permanente de información sobre conflictos ambientales. Se trata claramente de un movimiento afín al gobierno nacional al adherir a las medidas de aislamiento.

Con el paso de los años que van entre 2019 y 2023, Jóvenes por el Clima fue cambiando su tono confrontativo a “la desidia estatal y la depredación empresarial en materia socioambiental”[21], comenzó a vincularse con actores políticos como el Presidente Alberto Fernández, el Ministro de Ambiente Juan Cabandié y reconocidos periodistas, entre otros, y adoptaron una perspectiva más cercana a las políticas ambientales vigentes. Esto generó un distanciamiento con movimientos como Rebelión o Extinción y Viernes por el Futuro, periodistas, artistas, mediáticos abogados ambientalistas y sectores partidarios de izquierda involucrados con la defensa de sectores populares y comunidades originarias donde se vulneraban sus derechos humanos de segunda y tercera generación.

Los movimientos socioambientales que surgieron en los últimos años resaltan su carácter anti-partidario. Sus reclamos se aúnan a los realizados por poblaciones afectadas en distintos territorios rurales y urbanos y proponen una transformación del sistema capitalista del modo en que se conoce actualmente: “depredador”, “salvaje” y “poco solidario” con los sectores desfavorecidos, las mujeres, los niños y el ecosistema en su totalidad.

El deslizamiento de la propuesta inicial del MJC hacia una mirada más conciliadora con el Estado y las empresas constituye una estrategia para permanecer en el escenario político, a diferencia de los movimientos y actores mencionados previamente, quienes, por lo general, se reconocen como desencantados de la política estatal y partidaria en materia ambiental[22]. En efecto, estos movimientos posicionan a los problemas ambientales por encima de las elecciones partidarias, en tanto buscan garantizar la calidad de vida de las poblaciones vulneradas. En este sentido, comparten la misma perspectiva que integrantes del Movimiento Laudato Si’, quienes consideran que debe prevalecer una “cultura del cuidado” en las sociedades, en oposición a una “cultura del descarte” de los seres humanos, no humanos y de los ecosistemas.

Compromisos, sociabilidad y redes sociales

Los compromisos en el MLS se comprenden desde una doble dimensión: contemplativa y activista. Contemplativa, desde el desarrollo de una “espiritualidad ecológica” que les permite a sus miembros reflexionar y orar a un “ritmo lento” y activista, en tanto se comprometen a un “ritmo rápido para estar a la altura de la urgencia de la crisis climática”. Además, la esperanza cristiana, centrada en la creencia de que es posible una reversión de los conflictos ambientales, guía los compromisos católicos, al encomendarse al “Espíritu Santo y a María Reina de la Creación”.

Las metas del movimiento están trazadas en tres niveles que incluyen las dimensiones contemplativa y activista antes mencionadas: 1) la “conversión ecológica” o reconocimiento de un vínculo entre Dios-creador y su creación humana y no humana, 2) la “sostenibilidad total” que refiere a los cambios personales que deben realizar los católicos y personas interesadas en integrar el movimiento sobre sus estilos de vida y colectivos en relación al ambiente, y 3) la “defensa profética” o denuncia de situaciones injustas ante el cambio climático (inundaciones, incendios, contaminación, etc.).

Los miembros del MLS se organizan según sus compromisos como Animadores Laudato Si’, integrantes de los Círculos Laudato Si’ y Organizaciones miembro.

Los Animadores Laudato Si’ (ALS) realizan una formación virtual sobre la historia del movimiento y la encíclica papal para integrar la organización. Esta última se concibe como una comunidad de oración y de acción con dimensiones globales que “anima a sus parroquias y comunidades locales a participar en la espiritualidad ecológica, los estilos de vida sostenibles y la defensa del clima y la justicia ecológica”[23]. Además, una vez que se ingresa al movimiento, el objetivo es que los animadores trabajen “para dar vida a la encíclica Laudato Si’ y cuidar nuestra casa común”[24]. Luego de realizar la formación, los ALS integran un grupo de whatsapp, de acuerdo con su región (NEA-NOA, Cuyo, Pampeana o Patagonia) y participan de reuniones mensuales del movimiento.

Los Círculos Laudato Si’ (CLS) son pequeños grupos conformados por, al menos, un animador que se reúnen periódicamente para “profundizar su relación con Dios como Creador y con todos los miembros de la creación. Juntos, oran con y por la creación, reflexionan sobre su conversión ecológica en curso y toman medidas”[25]. Por lo cual, los círculos tienen una dimensión espiritual y otra social.

Por último, las Organizaciones miembro (OLS) no participan de los círculos ni realizan el curso de animadores, sino que se asocian con el Movimiento Laudato Si’ “para inspirar y movilizar a la comunidad católica, cuidar de nuestra casa común y lograr la justicia climática y ecológica”[26] mediante su respaldo y/o financiamiento de proyectos socioambientales.

El MLS está formado por más de 8.000 Animadores Laudato Si’ en todo el mundo organizados en 30 capítulos (o sedes en distintos países) y cerca de 900 Organizaciones Miembros de 115 países. Sin embargo, de acuerdo con los relatos de los entrevistados, quienes participan de las reuniones mensuales no superan las 20 personas en Argentina y, a lo sumo, participan 50 en ocasiones especiales. Por lo que, al interior del grupo de animadores también se observan distintos tipos y grados de compromiso. Esto ocurre por el escaso tiempo disponible, ya que, en algunos casos se trata de militantes católicos o voluntarios de otras organizaciones católicas y, en otros, de católicos que no participan activamente de la Iglesia (incluso, presentan miradas críticas sobre la Iglesia, aunque conservan sus creencias) pero no cuentan con el tiempo suficiente para reunirse debido a sus responsabilidades laborales, educativas o familiares. También se registraron miembros del MLS que, en paralelo, integraban asambleas ambientales en sus regiones y/o desempeñaban importantes actividades académicas en Universidades vinculadas a temas ambientales[27].

Un aspecto que resaltan sus miembros más activos es que luego de 8 años de su fundación, el movimiento no ha logrado articular los aspectos espiritual y social en los que se funda. Ya que, si bien se registran miembros individuales comprometidos en distintos territorios y comunidades, el movimiento carece de herramientas y alcance a poblaciones afectadas ante distintos conflictos ambientales como producto de la crisis climática. En este sentido, tiene repercusión en términos comunicativos y presencia pública dentro del mundo católico y también por fuera de él (en universidades, escuelas, colegios, el Estado, etc.) y se destaca en su trabajo de tipo académico, informativo, educativo y espiritual, dejando a un segundo plano el compromiso social en términos orgánicos.

De todas formas, se observan trayectorias de católicos insertos en asambleas vecinales o ambientales que participaban en distintas problemáticas en sus regiones. Estos compromisos se realizan siguiendo la encíclica y su formación como animadores, además de contar con su experiencia en distintos espacios eclesiales (grupos de base, movimientos, pastorales, organizaciones, etc.). Sobre este punto, resulta llamativo que las personas no se presentan en las asambleas como católicos sino como vecinos o ambientalistas para evitar tensiones con quienes no comparten su fe. Excepto que el propio contexto requiera del apoyo y pronunciamiento de la Iglesia Católica en ciertos conflictos ambientales y entonces allí, utilizan sus capitales eclesiales para convocar a especialistas religiosos (sacerdotes o religiosas) cercanos a los territorios. A su vez, en ocasiones las parroquias funcionan como espacios “neutrales” (no partidarios) para reunir a los miembros de las asambleas ambientales y lograr así una mayor convocatoria y participación de los vecinos a quienes no les interesa involucrarse en política partidaria.

El ingreso al MLS se diferencia según las generaciones, pero, en cualquier caso, no se relaciona directamente con un interés inicial por la encíclica Laudato Si’ sino con una preocupación por el ambiente desde ámbitos familiares, laborales y/o educativos. Este interés se fortalece a lo largo de los años y se encauza finalmente en los temas abordados en la encíclica, al ingresar al movimiento y formarse por invitación de alguno de sus miembros.

Los adultos más comprometidos con el MLS trazan el origen de sus trayectorias ambientales entre los años 1990 y 2000. De hecho, los fundadores del movimiento asocian su preocupación por problemas socioambientales con la crisis del año 2001. Destacan así tanto su participación en la Mesa de Diálogo Argentino o actividades sociales en barriadas de sectores populares como el rol de obispos que “ayudaron a incluir temas ambientales en la Iglesia desde principios de los años 2000 como Jorge Lugones (La Plata, Buenos Aires), Monseñor Esteban Karlic (Paraná, Entre Ríos), Jorge Lozano (San Juan), Luis Scozzina (Santa Fe) y Fernando Maletti (Bariloche, Río Negro)”[28].

Entre las juventudes comprometidas, su inserción en el movimiento se produce luego de su interés por temas ambientales en encuentros de juventud (diocesanos, nacionales o internacionales), donde algún miembro del movimiento los invitó a hacer el curso de Animadores Laudato Si’.

En todos los casos es importante señalar que los entrevistados reconocieron que durante su infancia o juventud comenzó a desarrollarse en ellos una sensibilidad ambiental, aspecto que también se observó en los movimientos no confesionales. Entre los católicos dicha sensibilidad se destaca por una valoración, contemplación y admiración por la naturaleza concebida como creación divina que se enmarca en la espiritualidad franciscana. Entre las juventudes sin filiación religiosa la sensibilidad se traduce en una preocupación y angustia respecto de los problemas ambientales y la imposibilidad para solucionarlos que desarrollaremos más adelante.

Las juventudes católicas participan de diversos espacios eclesiales como pastorales, movimientos y organizaciones mediante compromisos intensos y extensos, con un promedio de 10 años, incluso en el caso de los más jóvenes. Distinto fue lo observado entre las y los adultos, quienes, si bien han participado activamente de espacios católicos en otras etapas de sus vidas, al momento de realizar las entrevistas no participaban activamente de ámbitos eclesiales y presentaban miradas críticas sobre ciertas dinámicas institucionales. En especial, destacaron su alejamiento de la Iglesia por no coincidir con pujas de poder entre laicos y especialistas religiosos (sacerdotes y religiosas) al coordinar grupos o realizar actividades.

En línea con un tipo de catolicismo integral (Mallimaci, 2015), el ingreso al movimiento propone la conciencia de una “ecología integral” que interrelaciona los problemas ecológicos, culturales y sociales. Esta articulación también es común en los movimientos socioambientales no confesionales que surgieron en los últimos años, pero al interior del catolicismo se observa una perspectiva moral respecto de la concepción sobre el inicio de la “vida”. En este sentido, sus compromisos para proteger “toda vida humana” se reconocen “desde el útero hasta la tumba y en otras especies”.

La encíclica y el MLS se desarrollaron en el marco de una crisis de la Iglesia Católica ante la imposibilidad de aggiornarse a las transformaciones sociales en materia de género y derechos reproductivos (Dos Santos, 2019). En este sentido, la mirada integral en la “defensa de la vida” abarca aspectos morales y doctrinales relacionados también a la concepción de inicio de la vida humana y posiciones en contra del aborto. A su vez, se considera como vínculo “natural” sexoafectivo, el que se establece entre un hombre y una mujer para dar vida humana.

Los compromisos ambientales están relacionados a una “conversión ecológica”, concebida como un proceso continuo que requiere la transformación de los hábitos individuales de los creyentes, la toma de conciencia, la valoración de la creación divina (seres humanos y no humanos) y la acción. Esta conversión supone una revisión espiritual de la fe católica que es la base de la conversión ecológica, no solo centrada en Dios sino también en la valoración de “la creación”. En línea con la espiritualidad franciscana, los miembros del movimiento destacan “nuevas formas de vivir de manera simple y en solidaridad con la creación”[29] mediante la reducción del consumo de alimentos y vestimentas, la reutilización de envases, el reciclado y el compostaje, entre otras prácticas.

Las juventudes del MJC iniciaron sus militancias socioambientales en el año 2019 a partir de la 2° Marcha Internacional por el Clima, aunque reconocen su interés por los problemas ambientales desde su infancia (alrededor de los 7 años), adolescencia (12 años) y primeros años de juventud (16 años).

En la infancia su interés parte de algún disparador audiovisual (documentales, películas o videos) o material de lectura (libros infantiles, contenidos escolares) sobre contaminación del mar y el aire en las ciudades, deshielo de los polos y calentamiento global, entre otros. A medida que conocían más información sobre estos hechos, comenzaron a sentir miedo, angustia y culpa al no comprometerse con sus preocupaciones ambientales. En algunos casos, realizaron actividades en sus escuelas y barrios para enseñar a otros niños a no arrojar papeles en el suelo o a vecinos y a familiares a separar residuos. También, se registraron períodos de desinterés o alejamiento de las preocupaciones ambientales que se retomaron más adelante.

En la adolescencia o juventud surgieron nuevos compromisos vinculados a la alimentación vegetariana o vegana. Al acceder a nueva información, reconocieron que sus hábitos alimenticios no respondían sólo a aspectos éticos sobre los animales. Aquí se apropiaron de posiciones críticas sobre la industria agrícola-ganadera, denominada como “agronegocio”[30], por representar uno de los mayores causantes del calentamiento global debido a las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. En este sentido, la formación sobre problemáticas ambientales constituye un elemento clave en un proceso de concientización de los activistas que no finaliza en ellos mismos. Los conocimientos se transmiten a otras personas en redes sociales virtuales como parte de su militancia y son comprendidos como una forma de “liberación” y de concientización sobre diferentes conflictos socioambientales.

La 2° Marcha Internacional por el Clima representó para ciertos sectores juveniles una oportunidad para pasar desde las acciones individuales que ya realizaban, pero consideraban insuficientes, hacia acciones colectivas. Incluso, las juventudes expresaron que, en la primera etapa de su activismo, a raíz del caudal de información que consumían sobre diversos problemas ambientales, padecieron estrés, “ansiedad climática”, rabia o angustia que canalizaron mediante la “salida a las calles”, “la lucha colectiva” y el ingreso al movimiento. En sus palabras:

[…] la ansiedad climática es la preocupación que tenemos la juventud por el cambio climático. O sea, por todo lo que pasa que uno va leyendo en las noticias. Tampoco es cuestión de ser apocalíptico, pero por esas preocupaciones yo tenía estrés, rabia… y no sabía cómo canalizarlo… hasta que uno se forma, sale a las marchas… esa energía, esa adrenalina que uno tiene en las marchas, que después uno sale tan cansado y tan feliz… eso es cómo sacar esa ansiedad, esas ganas de hacer algo y expresarte.[31]

En este sentido, los compromisos juveniles incluyen tanto la formación y difusión permanentes sobre diversos problemas ambientales como la movilización y las acciones individuales comprendidas desde una dimensión colectiva. A diferencia del Movimiento Jóvenes por el Clima, en el Movimiento Laudato Si’ las juventudes no suelen participar de marchas en un sentido orgánico sino de manera individual, aunque esporádicamente, ya que consideran que este tipo de manifestaciones no logra obtener una respuesta a sus reclamos de parte de los responsables políticos.

A partir de las redes sociales que el MJC (en CABA) tendió con distintas organizaciones estudiantiles, ONGs y espacios políticos, la 2° Marcha Internacional por el Clima (marzo, 2019) tuvo amplia repercusión social en distintos medios informativos. Los fundadores del MJC compartían espacios de sociabilidad estudiantiles en voluntariados[32], encuentros sobre el modelo de Naciones Unidas[33] y por fuera del ámbito educativo, en Amnistía Internacional[34], movimiento desde el que reclutaron a los primeros miembros.

Quienes no formaban parte del grupo fundador participaban de distintas organizaciones y movimientos ambientales, sociales, educativos, religiosos y/o políticos (Animal Libre, Alianza por el Clima, Salvarnos Salvando, Revolución Verde, Greenpeace, asambleas ambientales vecinales, Techo, Anonymous, centros de estudiantes secundarios y universitarios, Movimiento Círculos de Juventud, parroquias, Movimiento Evita, entre otros). En algunos casos las juventudes abandonaron estos espacios y en otros, los mantuvieron en paralelo a sus compromisos con el MJC.

Debido a la articulación con distintas organizaciones del mundo ambiental y al alcance social del MJC, las juventudes comenzaron a seguir las redes sociales virtuales del movimiento ante la difusión de la marcha de marzo (2019) para consultar si la misma se organizaba en sus regiones. En los casos donde esto no ocurría, los fundadores motivaban a las juventudes interesadas a organizarlas, quedando luego como referentes para la conformación de distintos grupos locales.

Otro modo de captación del movimiento es mediante una convocatoria de voluntarios difundida en su sitio web y en redes virtuales donde se invita a completar un formulario para registrar las habilidades y trayectorias de los nuevos miembros. A medida que estos ingresan, se organizan reuniones y se comentan los lineamientos del movimiento presentes en su manifiesto ideológico.

En el MJC no existen roles delimitados entre los activistas sino una distribución de tareas según las actividades emergentes en distintos contextos y de acuerdo con las habilidades juveniles. Esto responde a una perspectiva de organización asamblearia y horizontal donde no se reconocen líderes sino “referentes” o “guías”. Entre las actividades se destacan las tareas de comunicación (difusión permanente de información en redes sociales), formación, acciones territoriales y articulación/negociación con decisores políticos ante distintos problemas ambientales. No obstante, se observa un fuerte compromiso de ciertos jóvenes a cargo de múltiples actividades que realizan en simultáneo y, sobre todo, de aquellas que implican la toma de decisiones sobre el desarrollo de los grupos. Estos jóvenes son justamente quienes conformaron los grupos de Jóvenes por el Clima en distintas regiones.

Representaciones sociales sobre la participación en los movimientos

El MLS se presenta como un espacio en vínculo con los distintos miembros de la Iglesia Católica (jerarquía, bases, clero, religiosos y laicos) y “el mundo”, en tanto buscan “construir relaciones entre la Iglesia y el movimiento ambientalista”[35]. En este sentido, formalmente el movimiento adopta una definición regulable a los contextos en los que se insertan sus miembros como “ambientalistas cristianos” que deben presentarse como “ambientalistas entre cristianos” y “cristianos entre ambientalistas”. Estas delimitaciones expresan las tensiones al interior del mundo católico sobre la inclusión de temas ambientales, ya que, todavía no son centrales en las actividades de base ni en las realizadas por el clero[36]. También expresa de qué manera, por fuera de la Iglesia, los católicos deben impregnar con sus valores y dogmas las decisiones que se adopten en materia ambiental. Sin embargo, en ocasiones, ocultar su inserción eclesial en asambleas ambientales, vecinales u organizaciones que acompañan a comunidades originarias, campesinas o a barrios afectados por distintos conflictos ambientales, funciona como estrategia de integración de los católicos en sectores no religiosos, críticos a la Iglesia Católica.

Entre las trayectorias juveniles, se registraron tres grandes representaciones sobre sus compromisos socioambientales. Por un lado, desde una perspectiva más alineada al movimiento, se observa una imposibilidad de algunos jóvenes de autodefinirse. En tanto la “conversión ambiental” implica un proceso constante, desde una especie de “santidad ecológica”, se evita el etiquetamiento o la utilización de categorías como “ambientalista católico” o “católico ambientalista”:

[…] dentro de los católicos soy más abierto en el lado ambiental, sí, pero decir soy católico ambientalista, ufff, me parece un montón esa etiqueta, pero es algo más personal, quizás hay gente que te dice sí de una. […] no me considero ejemplo de nada, […] la verdad que me cuesta porque es como un proceso largo porque para mí para ser ambientalista me faltan siglos de rearmarme, porque vas aprendiendo cosas día a día.[37]

Además, debido a que los miembros del MLS participaron previamente de otros espacios eclesiales, se reconocen, en primer lugar, como católicos y dentro de esa identificación integran sus intereses por el “cuidado de la casa común” entendida como “creación divina”. También se observaron representaciones de jóvenes con trayectorias en espacios político-partidarios donde aparece la categoría “militante” y trayectorias juveniles en espacios eclesiales (diocesanos, nacionales e internacionales) que se definen como “servidores/as” y “voluntarios/as”:

[…] yo creo que es más una militancia y se enmarca en esta idea de militar los proyectos a fuego y con pasión. Yo creo que lo diría como una militancia social y, en cierto sentido, también política, porque todo lo que hacemos es también político, no es estrictamente partidario, pero es político, todo lo que hacemos, no hacemos esa diferencia.[38]

  

[…] cuando yo me presento y digo que soy Milagros, soy militante católica, territorial, y política, toda la gente me mira cómo…[sorprendida] jajaja, ¡¿todo eso junto?! [me dicen], todo eso junto [les respondo], y para mí todo eso junto se conecta, así como lo estuvimos hablando que hay un poco de todo en todo lo que hago. Desde la militancia en Cuidadores [de la casa común] hay un poco de política y un poco de territorio, y de todos lados así, es como de todo un poco, no es que lo hago una cosa por separado, sino que está todo unido.[39]

  

Es un voluntariado, orientado a la parte ecológica, yo creo que [me considero] como servidora voluntaria, me gusta.[40]

Las autodefiniciones sobre el tipo de práctica que realizan los católicos no constituyen un elemento característico de los miembros del MLS, a diferencia de lo que ocurre en el MJC, donde las juventudes se definen como militantes, activistas o voluntarios según sus autopercepciones sobre la intensidad de sus compromisos con el movimiento y de acuerdo con sus propias experiencias políticas en espacios partidarios o no partidarios (educativos, religiosos, sociales).

Algunos jóvenes consideran que la categoría militancia responde a una tradición latinoamericana partidista y se definen como militantes para diferenciarse del concepto activismo, considerado “europeo” o “estadounidense”. Quienes se reconocen como militantes tienen una concepción política sobre su participación en el movimiento y este concepto se explicita en su discurso, lo que denota un proceso de reflexividad sobre sus propias trayectorias y una demarcación respecto de otros movimientos ambientales.

Entre las juventudes que participan de distintos espacios emerge también la concepción de “militancia social integral”, entendida como una forma de compromiso con amplias causas sociales en clave intersectorial.

Yo creo en la militancia como una forma de vida, entonces cuando ya militás por una causa social y… militás por todas, por la educación. […] quienes luchamos, luchamos por un mundo mejor, entonces tiene que ver con todo, con una educación mejor, con una salud mejor y con un ambiente sano, claramente.[41]

Además de los temas ambientales, estas juventudes militan y se manifiestan por los derechos humanos en general, destacando los derechos de las mujeres y las diversidades sexo-genéricas.

Por otro lado, quienes militan en espacios político-partidarios conciben sus acciones en el movimiento como un “activismo socioambiental” porque consideran que el espacio de militancia es el político-partidario. En general, las juventudes entienden que su práctica es además voluntaria, al no recibir dinero por su participación en el movimiento y debido a que sus compromisos ambientales están destinados a otras personas. Explorar estos sentidos, permite observar distintos perfiles juveniles: los/as “recién llegados” y los “expertos”, así como también procesos reflexivos diferenciados según la intensidad de los compromisos ambientales.

En la muestra seleccionada, la participación en los movimientos se concibe como “política no-partidaria” para evitar divisiones internas entre sus miembros al abordar distintos problemas ambientales. Sin embargo, muchos jóvenes se identifican con espacios y movimientos de izquierda, peronistas y kirchneristas (Frente Patria Grande, Frente de Izquierda y de Trabajadores, Movimiento Evita, Frente de Todos, entre otros) e incluso algunos militan en estos espacios y lo mismo sucede en el movimiento católico.

Quienes se reconocen como apartidarios también por fuera de los movimientos critican a los partidos políticos porque no defienden las causas ambientales o porque están disconformes con la totalidad de sus propuestas. Un joven del MJC comenta que “es muy fuerte la identificación partidaria” porque debería aceptar todo de ese partido “como la religión” y considera que “ningún político hace algo interesante”, dando cuenta del desetiquetamiento como una marca de época. De todas formas, para los movimientos la política constituye una herramienta central para “transformar el mundo”.

Reflexiones finales

En este trabajo hemos analizado el surgimiento, composición, compromisos y representaciones de integrantes de los movimientos Laudato Si’ y Jóvenes por el Clima. El MLS está conformado mayoritariamente por adultos interesados en temas ambientales con trayectorias previas en espacios eclesiales (pastorales social, ambiental y juvenil, grupos parroquiales, instituciones, movimientos, etc.). Algunos de ellos son militantes católicos, políticos o católicos críticos a las propuestas y jerarquías eclesiales.

Si bien el movimiento cuenta con un importante número de miembros, luego de ocho años de vigencia, no ha logrado alcanzar de manera orgánica a comunidades o territorios afectados por la crisis climática ni tampoco contar con un número importante de activistas juveniles. Esto se debe a la diversidad de espacios de los que participan sus miembros y a la complejidad para proponer una estrategia de acción conjunta. Sin embargo, el movimiento ha logrado un reconocimiento público en el mundo católico y se registran miembros que participan activamente de asambleas ambientales, comunidades campesinas o barrios afectados por la crisis socioambiental y climática. Estos últimos toman al movimiento como respaldo de sus acciones, aunque no se presentan como católicos en esos colectivos para evitar tensiones con sectores no religiosos. De todas formas, la pertenencia eclesial constituye una estrategia que estos actores utilizan ante momentos críticos en diversos conflictos ambientales en los que se involucran.

En el MJC se destaca la preocupación de las juventudes por problemas ambientales desde su socialización previa en espacios educativos (voluntariados, centros de estudiantes), ONG y militancias políticas vinculadas a derechos humanos, de las mujeres y diversidades sexo-genéricas. También se registraron importantes trayectorias juveniles en instituciones católicas y judías (colegios, parroquias, grupos juveniles, etc.) desde donde capitalizan formas de hacer y de ver el mundo desde una impronta solidaria y de cuidado. Se caracteriza a este colectivo como parte del segundo grupo religioso mayoritario en Argentina y otras latitudes, al considerarse “sin religión” desde posiciones contrarias a las jerarquías de las instituciones religiosas.

Las juventudes del MJC se identifican desde una demarcación progresista y a favor de los derechos humanos respecto de otros actores (“jóvenes libertarios”, “agronegocios”, “instituciones religiosas”, “apolíticos”, entre otros) que se distancian de sus principios, reclamos y valores.

Estudiar movimientos de estas características resulta un objeto complejo. Si bien ambos colectivos trazan su origen en luchas ambientales previas en Argentina, tanto desde el mundo religioso como no religioso, su conformación es incipiente. Por ello, es necesario reconocer las propias trayectorias de los y las activistas comprometidos con las causas socioambientales y considerar las redes que establecen con distintas organizaciones y movimientos para dar cuenta de su complejidad. Las autopercepciones sobre la participación en ambos movimientos (como militantes, activistas y voluntarios) expresan justamente la fluidez, la intensidad y las representaciones de los compromisos ambientales de acuerdo con los tránsitos de sus miembros por instituciones educativas, profesionales, religiosas y/o políticas.

Referencias bibliográficas

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  1. CEIL-CONICET. Programa Sociedad, Cultura y Religión. Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). El trabajo se enmarca en el proyecto de investigación postdoctoral “Activismos y militancias juveniles por la justicia socioambiental y climática. Un análisis comparado entre el Movimiento Católico Mundial por el Clima y Jóvenes por el Clima Argentina (AMBA, 2015-2022)”, financiado por el CONICET entre los años 2021-2023.
  2. La noción de “justicia climática y ecológica” se asemeja al concepto de justicia social, en tanto los problemas ambientales son concebidos desde su dimensión social. Es decir, se considera que la crisis climática impacta en general en la vida de todos los seres humanos, pero de una manera más crítica sobre las poblaciones empobrecidas que viven en condiciones de vulnerabilidad social (cerca de las crecidas de los ríos, de basurales, etc.) lo cual constituye un escenario injusto. En este sentido, desde ambos movimientos se promueve la igualdad de oportunidades y de derechos humanos y el mejoramiento de las condiciones sociales tal como se encuentran actualmente.
  3. Acuerdo realizado en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que establece medidas para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Busca que las partes del acuerdo mantengan la temperatura global promedio por debajo de los 2 °C para reducir significativamente los riesgos y efectos del cambio climático.
  4. En la 1° huelga global (diciembre, 2018) participaron más de 20 mil estudiantes de 270 ciudades incluida Argentina; en la 2° huelga (15/3/2019) se manifestaron 1,4 millones de jóvenes de 2.083 ciudades y en la 3° huelga (20/9/2019), 4 millones de jóvenes de 163 países (Svampa, 2020).
  5. Las versiones argentinas de los movimientos internacionales Fridays for Future (2018) y Extinction Rebellion (2018) se desarrollaron en el año 2019; y Alianza por el Clima (2019) que reúne a un conjunto de ONGs que cuentan con participación juvenil y que surgieron antes y después de las Marchas Internacionales por el Clima (entre las que se destaca Eco-House, 2016), pero se aliaron para “luchar por la crisis climática” a partir de la convocatoria de Greta Thunberg (https://alianzaxelclima.org/).
  6. En especial se destacan el acceso al trabajo, a la salud y a un ambiente sano.
  7. “El altermundismo propone la unión de distintos actores sociales que se manifiestan marchando en las calles mediante acciones directas de desobediencia civil para repudiar la actual estructura de dominación mundial, responsable de la exclusión económica y el dominio político prevalecientes en todo el planeta” (Batta Fonseca, 2008, p. 159).
  8. Se destacan la Constitución pastoral Gaudium et spes que surge del Concilio Vaticano II en 1965: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html), la encíclica Populorum Progressio. Sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos publicada en 1967: https://bit.ly/42RQDHP, y la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano publicada en 1968: https://www.celam.org/documentos/Documento_Conclusivo_Medellin.pdf entre otros documentos eclesiales.
  9. Entre las organizaciones más relevantes se encuentran el Movimiento Laudato Si’ (https://laudatosimovement.org/es/) con sede en Argentina: https://www.instagram.com/vivelaudatosiargentina/?hl=es; la Red Judía de Acción Climática (https://www.jewishclimate.org/) y la Ayuda Musulmana Cambio Climático (https://www.muslimaid.org/what-we-do/global-advocacy/climate-change/).
  10. En el MJC se realizaron entrevistas en Córdoba, CABA, La Costa, Rosario-Santa Fe, La Plata, El Tigre, Tandil, Salta, Tucumán y Esquel (Chubut). En el MLS se realizaron entrevistas en AMBA, CABA, Santiago del Estero, Córdoba y Neuquén. En este trabajo se citaron los fragmentos más significativos sobre los temas analizados.
  11. Sitio web oficial del Movimiento Laudato Si’: https://laudatosimovement.org/es/
  12. Entre los que se destaca la participación de miembros de Acción Católica Argentina y de Scouts de Argentina, organizaciones estudiadas en mi investigación doctoral (Fernandez, 2020b). Además, se registraron miembros de las siguientes organizaciones y movimientos: Renovación Carismática Católica, Orden Salesiana, Movimiento de los Focolares, Movimiento de Schöenstatt, Cuidadores de la Casa Común, Exploradores de Don Bosco, entre otros.
  13. Manifiesto ideológico del Movimiento Jóvenes por el Clima, 2019.
  14. Para más información, ver https://www.ort.edu.ar/ort-argentina
  15. Se destaca el trabajo de militantes del MJC de CABA que participan de programas radiales en Nacional Rock (“Qué mundo nos dejaron” conducido en 2022 por Mercedes Pombo, Montse Tolaba y Ana Julia Anaise) y en Futurock (“Permitido pisar el pasto” -2021-, programa conducido por el abogado ambientalista Enrique Viale y los activistas del movimiento Nicole Becker y Bruno Rodríguez).
  16. Entrevista a Ezequiel, 20 años, CABA, 12/5/2021.
  17. Entrevistas a Jimena, 24 años, Rosario (Santa Fe), 8/6/2021; Daniela, 19 años, Córdoba, 4/6/21; Mariana, 19 años, CABA, 11/5/2021.
  18. Entrevista a Jimena, 24 años, Rosario (Santa Fe), 8/6/2021.
  19. Ídem.
  20. Para más información sobre este grupo ver Mallimaci et al. (2020) y Esquivel et al. (2020).
  21. Manifiesto ideológico del Movimiento Jóvenes por el Clima, 2019.
  22. Las juventudes que integran estos colectivos se identifican con distintas líneas político-partidarias entre las que se destacan quienes se orientan al peronismo, kirchnerismo o la izquierda. De todas formas, los movimientos no se presentan de manera orgánica ni pública desde un partido político en particular.
  23. Programa de Animadores Laudato Si’: https://laudatosianimators.org/
  24. Ídem.
  25. Ídem.
  26. Ídem.
  27. Algo a destacar en el MLS es su importante articulación entre algunas Universidades confesionales y laicas donde se realizan Diplomaturas, seminarios y proyectos ambientales basados en la encíclica Laudato Si’.
  28. Entrevista a Pablo Canziani, físico del CONICET, católico, miembro del MLS, 22-8-2022.
  29. https://laudatosianimators.org/
  30. Entrevista a Trinidad, MJC, Salta, 14-6-21.
  31. Ídem.
  32. En el colegio judío ORT formaban parte del Proyecto Causa-Efecto basado en metodologías pedagógicas de aprendizajes significativos mediante servicios solidarios que desempeñan los/as estudiantes poniendo en práctica sus conocimientos, práctica comprendida como “aprender-haciendo”. https://campus.ort.edu.ar/aprendizajesolidario/noticia/920532/proyecto-causa-y-efecto
  33. Conferencias que simulan el funcionamiento de las Naciones Unidas para involucrar a jóvenes estudiantes en debates diplomáticos. Ayuda a los estudiantes a desarrollar habilidades para hablar en público, escribir e investigar, y los involucra y forma en temas como: paz y seguridad, derechos humanos, medio ambiente, género, asuntos humanitarios y cuestiones jurídicas de la agenda de la ONU. https://argentina.un.org/es/126247-modelos-onu
  34. Movimiento internacional fundado en 1961 en Londres (Reino Unido) para reconocer y garantizar el respeto por los derechos humanos. En Argentina está presente desde 1976, año en que documentó los primeros y denunció las violaciones producidas a los derechos humanos durante la última dictadura cívico-militar. https://amnistia.org.ar/nosotros/historia/
  35. Movimiento Laudato Si’, Valores: https://laudatosimovement.org/es/quienes-somos/
  36. Podemos asociar entonces esta dificultad de incluir la agenda socioambiental en los grupos de base del catolicismo a un desconocimiento y/o a un desinterés por incorporarlos en sus actividades. Para miembros del clero, la pobreza es uno de los temas centrales de los que se debería ocupar la Iglesia católica. Esta mirada justamente indica el desconocimiento que algunos sacerdotes y obispos tienen de la encíclica Laudato Si’ donde se aclara que la pobreza es una de las consecuencias de la crisis climática y que los problemas ambientales están relacionados con los problemas sociales. Por su parte, para otros sacerdotes y obispos la tarea central de la Iglesia es la formación religiosa-espiritual. Este punto también está integrado en la encíclica desde la valoración y contemplación de la naturaleza, carisma franciscano que no comparten todos los miembros del clero.
  37. Entrevista a Mauricio, ACA, Mesa Laudato Si’ y MLS, Longchamps (Gran Buenos Aires), 23-8-2022.
  38. Entrevista a José María, La Plata, CCC, 1-9-2021.
  39. Entrevista a Milagros, La Plata, CCC, 15-9-2021.
  40. Verónica, Berazategui (Gran Buenos Aires), Pastoral de Juventud, MLS, 4-10-2022.
  41. Entrevista a Laura, MJC, Esquel (Chubut), 7/6/2021.


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