Un análisis comparativo en la historia reciente de Chubut
Jessica P. Murphy [1]
Resumen
El trabajo se interesa por reconstruir cómo fue “ser joven” en la historia reciente de Chubut. Indaga en aspectos de la cultura juvenil desde una mirada comparativa entre dos regiones y localidades al interior de la provincia: Trelew (región noreste) y Comodoro Rivadavia (región sur). Tiene entre sus objetivos analizar cuáles fueron los modos de habitar la juventud de los y las jóvenes, las percepciones y vivencias compartidas, los consumos culturales, y las experiencias de sociabilidad y de participación de las que fueron parte los y las jóvenes.
Palabras claves: juventud, sociabilidad, cultura, Chubut.
Introducción
El presente trabajo indaga en la cultura juvenil chubutense adoptando una mirada comparativa entre dos regiones y sus respectivas localidades: Trelew (región noreste) y Comodoro Rivadavia (región sur) en el período que va de mediados de 1960 a comienzos de 1970.[2] Con el foco puesto en los jóvenes y sus vivencias, sus experiencias y espacios de sociabilidad y participación el objetivo es reconstruir la cultura juvenil y la forma en que se habitó a la juventud como categoría en ambos lugares. Entre las preguntas que guían la indagación, destacamos: ¿Qué redes, espacios de sociabilidad y participación signaron la dinámica de este grupo social en Chubut? ¿Cómo vivenciaron y habitaron la “juventud” como categoría los y las jóvenes de ambas regiones? ¿Cuáles fueron los principales temas o tópicos que sellaron el activismo y proceso de activación y movilización juvenil en la etapa?
Al interesarnos por la cultura juvenil, cabe aclarar, que con ello nos referimos al nivel en que los grupos sociales desarrollan distintos patrones de vida y dan forma a su experiencia de vida material y social. La cultura de un grupo o clase es su modo de vida particular y distintivo, los significados, valores e ideas que encarnan en instituciones, relaciones sociales, sistemas de creencias, convenciones y costumbres (Clarke, Hall, Jefferson y Roberts, 1993). Por juventud(es) referimos a determinado grupo o condición social con características propias que se manifiestan de modos diversos, más allá y más acá de la edad, según los espacios sociales donde se encuentran y de los contextos históricos y sociales situados (Pérez Islas, 2008). Se trata, como sostiene Vommaro (2015), de una noción dinámica, socio histórica y culturalmente construida, que es siempre situada y relacional. Asimismo, no adscribimos a entender por juventud a una identidad ligada a la edad biológica, sino más bien, a una de conformación de opiniones, actitudes y situaciones de sujetos (Criado, 1998). En definitiva, al hablar de juventud(es) referiremos a un constructo cultural, socio histórico y político que trasciende lo etario y la contemporaneidad cronológica, articulándose social y culturalmente en función de diversas variables que incluyen la edad, pero también otras dimensiones, como la clase social, el género, la etnia, los consumos culturales y el momento histórico en que se socializa y desarrolló cierto grupo social etario (Manzano, 2017; Margulis y Urresti, 1996).
Es así como para considerar a determinados sujetos como jóvenes y parte de una generación no se trata simplemente de que estos compartan la edad puntual o contemporaneidad cronológica. Una generación se convierte en “generación efectiva” en tanto exista una experiencia común de ciertas dinámicas sociales, no se trata de un grupo concreto, sino un grupo delimitado por compartir determinadas condiciones de existencia (Mannheim,1993). Finalmente, siguiendo los planteos de Valeria Manzano usaremos la categoría de juventud como un “recurso estratégico para explorar las historias de la política y la cultura” (2017, p. 30) en Chubut desde mediados de la década del sesenta a los primeros años de la década del setenta, o en el período que la autora denominó como “segunda era de la juventud” (1966 a 1974).
Finalmente, la elección de una indagación comparativa entre dos regiones al interior de la provincia responde a un interés por incorporar una perspectiva territorializada y localizada de los procesos culturales juveniles. Siguiendo con los planteos de Gilberto Giménez (2016), entendemos que los territorios hacen al complejo simbólico-cultural compartido. En tal sentido, los jóvenes de la época socializaron, actuaron y se relacionaron en función de un contexto y pertenencia socio-territorial determinada, la cual, se articuló desde ya con otra multiplicidad de pertenencias de carácter no territorial (Giménez, 2016) [3]. Los territorios considerados en diferentes escalas para Gilberto Giménez (2016) funcionan como espacios estratégicos y soportes privilegiados de la actividad simbólica y cultural y objeto de inversiones estético-afectivas. Se trata -para el autor- de un soporte de las identidades individuales y colectivas, una especie de pantalla sobre la que los actores proyectan sus concepciones del mundo (Giménez, 2016). El trabajo se nutre de la consulta a documentación alojada en el Archivo Nacional y Provincial por la Memoria, artículos de revistas y prensa de la época, como también de la publicación centenaria del Diario Crónica denominada “Comodoro Rivadavia-Crónicas del Centenario (1901-2001)” y fuentes orales.
Condiciones materiales, territoriales y sociohistóricas de los y las jóvenes chubutenses
[…] todo lo que es joven resulta sospechoso, que de “jóvenes inquietos”, pasan a ser conspiradores y subversivos, comunistas y zurdos. Reina una moral de comisaría. Quien se dejaba la barba seguro que simpatizaba con la guerrilla, ni imaginar si además andaba de mochilero, era el mismísimo Che reencarnado que había que patearle los dientes. Si hacía poesía o teatro o pintura o frecuentaba un cineclub, segurísimo que era “raro” o directamente puto. Si le gustaba el rock era un hippie roñoso. Está claro que en un ambiente social de sospechas hacia cualquier manifestación de libertad juvenil desalentaba a los más inseguros. ¡Cómo no exiliarse en Buenos Aires!, por lo menos allá, en la gran urbe, nadie se conoce.[4]
Enrique M. Criado sostiene que, en sociedades completamente estáticas, donde las condiciones sociales y materiales con que se encuentran los nuevos miembros son idénticas a las que se encontraron los viejos en su tiempo, no habría “generaciones” y, por ende, las diferencias entre jóvenes y viejos serían meras diferencias etarias (1998, p. 37). En tal sentido, para caracterizar a los jóvenes del período como generación debemos tener en cuenta cuáles fueron las condiciones sociales, materiales y culturales de vida que los produjeron como sujetos y grupo social. Las formas en que habitaron la categoría de juventud, sus modos de sentir y pensar en los 60-70 en Chubut resultaron de una amalgama de procesos socio históricos y culturales trasnacionales, nacionales y regionales-locales[5]. Resulta necesario así, explorar acerca de la juventud considerando la situación, el tiempo y territorio-espacio situado en que los jóvenes experimentaron sus vidas y socializaron en su tiempo.
Para el análisis, partimos de sostener que Comodoro Rivadavia y Trelew más allá de pertenecer a la misma provincia, se tratan de dos espacios locales situados en regiones con características socioeconómicas y poblacionales distintas[6].
En el gobierno de Frondizi (1958-62) recursos como el petrolero fueron centrales para atraer capitales extranjeros destinados a la explotación extractiva. En Comodoro Rivadavia, ello se reflejó en la década del 60 ́ en un auge de la industria petrolera que se conoció como primer boom petrolero (1958-63) (Barrionuevo, 2019). Cinco intensos años de producción en torno a la actividad trajeron consigo diversos cambios en la ciudad como resultado de la llegada de inversiones y empresas estadounidenses, de la presencia de sus empleados extranjeros, la expansión del mercado laboral y el aumento en el consumo que todo ello conlleva. Ahora bien, los cambios no se reflejaron únicamente en el campo económico, sino también en lo socio cultural como resultado de la importación de yanquilandia; y en lo demográfico, ya que el lugar desde entonces atrajo una migración significativa de población chilena y del norte argentino en búsqueda de trabajo (Barrionuevo, 2019).[7]. El Diario Crónica recuperó algunos testimonios ilustrativos sobre esta etapa:
Los yanquis además de copar la actividad petrolera se ponen de moda. “La gente empezó a imitarlos, primero con la ropa, los blue jeans hicieron su propio boom […] También hubo imitación en la música, del Saratoga pasaron a fumar toscano y de la ginebra y el vinito al whisky. […] también hubo imitación de la música […] fue un momento cultural muy difícil, por toda la influencia que tuvieron[8]
La otra cara del boom petrolero y los contratos con las empresas norteamericanas fue un crecimiento de barrios populares y asentamientos en varias zonas de la ciudad, la autorización municipal de los night club como el Moulin Rouge, South Land y American Bar y en el mediano plazo una pobreza y desigualdad que incidió en la población juvenil y en diversos sectores que fueron quedando postergados en el acceso a determinados bien de consumo y sobre todo a condiciones de hábitat y vivienda dignas[9]. En 1963, cuando finalizaron los contratos petroleros a partir de la asunción de Illia (1963-66), quedó en evidencia la problemática del crecimiento brusco y sin planificación mencionada, de la mano del comienzo de una fuerte recesión y falta de empleo.
Por otro lado, los primeros años de la década del sesenta en Trelew, tuvieron una impronta similar de rejuvenecimiento económico y demográfico, pero con algunos matices respecto de Comodoro, ciudad con una marcada matriz petrolera. Para empezar, en el noreste de la provincia, las innovaciones productivas más sobresalientes fueron las de hilado de nylon y tejidos sintéticos (Dumrauf, 1991). Asimismo, en Rawson (a menos de 20 kilómetros de Trelew) se instaló, desde 1957, la capital política de la provincia, por lo que en el noreste se terminaron concentrando los principales organismos públicos del Estado provincial y la región se consolidó como “nudo” provincial. Para G. Giménez (2016) las prácticas de producción territorial por parte de los poderes pueden reducirse a una serie de operaciones y delimitación de superficies creando “mallas”, “nudos” y trazado de “redes”. Los nudos, para el autor, refieren a aquellos centros de poder que simbolizan la posición relativa de los actores sociales dentro de un territorio, ya que todo actor se ve y se representa a sí mismo a partir de un “centro”, en este caso político[10]. En tal sentido, considerando el papel del territorio como espacio de sedimentación simbólico-cultural, que representa un soporte de las identidades individuales, colectivas y pantallas sobre las que los actores proyectan sus concepciones del mundo (Giménez, 2016), no resulta irrelevante que Comodoro Rivadavia fuese un territorio signado mayormente por actividades económico productivas y por sentidos ligados a su característica extractiva y, por otro lado, que la región noreste estuviera signada por sentidos ligados a una circunscripción político-administrativa, la capital provincial y por otras actividades económicas productivas e industriales.
Para Ana Julia Ramírez (2006) el rejuvenecimiento poblacional que se produjo en la región noreste a mediados de los sesenta fue acompañado de una sociedad altamente permeable y sensible a nuevas experiencias culturales, sociales y políticas[11]. Entre las principales hipótesis de Ibarra y Hernández (2003) se destacan que el proceso de provincialización se dio en un período muy corto lo que hizo que faltase tiempo para desarrollar y formar recursos humanos de la provincia que pudieran asumir tareas inmediatas en la administración pública provincial. Por tal motivo, Trelew se vio atraída por una migración de población que estaba conformada en parte por migrantes internos, de zonas rurales del interior de la provincia, que poblaron las periferias de la ciudad convocados por los proyectos industrialistas y de desarrollo de la región. Y otra corriente migratoria provino de algunos de los principales centros urbanos del país, muchos de ellos eran profesionales y cuadros técnicos que se vieron convocados en pos de asumir funciones en distintos niveles de la administración pública del Estado provincial. En tal sentido, Ibarra y Hernández (2003) sostienen que hubo una mixtura o pertenencia a diversas categorías o segmentos sociales en quienes fueron poblando la región, una porción de obreros, pero también de profesionales de otras provincias. En Comodoro Rivadavia, por el contrario, hubo una migración significativa de población de países limítrofes, puntualmente de Chile y otro porcentaje del norte del país; la mayoría llegó a la ciudad convocada por la actividad petrolera.
En ambas regiones existió entonces una renovación y crecimiento de la población durante los sesenta que ofreció matices entre sí tanto respecto a los lugares de procedencia como a la extracción social de buena parte de la población que llegó. En este marco, la relación con el mundo del trabajo y el territorio fueron, por lo ya mencionado, distintas para los habitantes y jóvenes de ambas regiones.
En función de esta distinción, entre otras, es que Comodoro ha sido percibido como un lugar para el trabajo físico en la industria petrolera, mientras que los profesionales, la cultura y la historia fueron asociados comúnmente a la región noreste y cordillerana (Muriete y Barros, 2018).
La juventud del sur de Chubut
Situándonos en lo que Valeria Manzano denominó “segunda era de la juventud” (1966-74), repondremos a continuación algunas dimensiones de la vida social, cultural, asociativa de los y las jóvenes, los espacios de activismos, de encuentro y de participación que nos permiten indagar en las especificidades del ser joven en Comodoro Rivadavia durante estos años.
Vemos que entre los espacios de encuentro y actividades de consumo recreativo estaban aquellas ligadas a los clubes deportivos barriales.[12] A su vez, las Uniones Vecinales -como la del Barrio Laprida- el salón Luso, el Club Huergo con sus matinés y el Centro Catamarqueño eran, entre otros, ámbitos recreativos y de sociabilidad juvenil en donde transcurrían actividades de ocio, festivas, musicales y los bailes populares locales. En el Centro Catamarqueño de hecho se hacían los bailes del estudiante en septiembre y en los setenta eran numerosos en concurrencia también los del Club de la Juventud que se realizaban en el mismo lugar[13]. Muchos de ellos eran ámbitos en donde los y las jóvenes, a partir de su participación, también construyeron pertenencias y distinciones o fronteras de clase en la ciudad. Algunos testimonios diferencian los espacios de ocio y recreación entre sí, y distinguen al Pinguin del Centro Catamarqueño, ya que al primero iban “los del centro, que se vestían como voltop”[14].
Por otro lado, a comienzos de los sesenta emergieron varias bandas locales, en un primer momento, más ligadas a un estilo de consumo del rock de Estados Unidos y a artistas como Elvis Presley. Encontramos a “Los Cometas” que hacían jazz, los “Black Stars”, conformada por un grupo de estudiantes de 5° año del colegio Perito Moreno que “hacían música para los yanquis”; y de la ENET N°1 estaban “Los Diamantinos” que llegaron a hacer giras por varias ciudades al sur de Comodoro. El rock que buscaron expresar estas bandas y el estilo de consumo cultural propuesto produjo una reacción conservadora y tradicionalista hacia los estilos culturales juveniles que fueron emergiendo en la ciudad. Esta reacción la encarnaron algunos grupos folclóricos aglutinados alrededor del Centro Tradicionalista Martín Fierro, los cuales se proponían preservar las tradiciones y para ello, entre otras actividades, organizaban jineteadas y festividades en las fechas patrias.
Palito Ortega, el Club del Clan y músicos italianos como Rita Pavone, Gianfranco Pagliaro, entre otros, irrumpieron desde 1964 en la radio y televisión y fueron llegando a Comodoro a través de LU4. Valeria Manzano, de hecho, sostiene que el Club del Clan fue un episodio central en la transformación y juvenilización de la cultura de masas, ya que inundó la esfera audiovisual y fue un telón de fondo para las primeras críticas sistemáticas a las industrias culturales (2010, p. 22). En 1964 se inauguró la transmisión oficial local de la televisión, pero muy pocas personas tenían acceso al dispositivo por lo que la radio continuó siendo el medio preponderante para acceder a la música durante buen tiempo. Y finalmente, a fines de los sesenta aparecieron los Beatles y con ellos la invitación al pelo largo, la ropa ajustada, el jean, la camisa y una nueva moda o estética juvenil[15]. “Los Cadáveres” fue la banda local que desde 1965 en un baile del estudiante comenzó con el look Beatle y a cantar sus temas[16]. Coincidimos con Julián Delgado (2023) acerca del rol que tuvo la cultura de masas en las transformaciones socioculturales protagonizadas por la juventud durante los años sesenta. El autor sostiene que:
[…] la influencia de los Beatles fue concreta y material y colaboró con las transformaciones socioculturales protagonizadas por amplios sectores de la juventud argentina de los años sesenta, en particular en la popularización de estilos y prácticas culturales que desafiaban los patrones más tradicionales sobre el gusto musical, las formas de vestirse, comportarse y relacionarse socialmente (2023, p. 81).
A comienzos de los 70 las bandas que más presentaciones tenían en la escena cultural local eran Quinto, Luz Verde y Grupo Uno. Luz Verde estaba conformada por jóvenes del barrio La Loma que hacían canciones de Aquelarre, Sui Generis, entre otras bandas emergentes del rock nacional. Los asaltos y cumpleaños de quince eran también una alternativa de encuentro para los menores de dieciocho años, así como los festejos del día del estudiante. El Cine Coliseo, el bowling y el bar Alhambra, eran lugares recreativos que facilitaban los vínculos interpersonales, de hecho, algunos testimonios los señalan como espacios de pertenencia de la juventud más “transgresora” de la ciudad.
Vemos así que, al interior de la cultura juvenil local, como de los distintos consumos culturales y musicales, se fueron construyendo a su vez subculturas ligadas al under y a la pertenencia a una juventud percibida como rebelde o transgresora. Se delimitaron, en la cultura juvenil local, algunas fronteras signadas por los consumos y estilos musicales específicos, por el tipo de público consumidor o receptor de las propuestas culturales, por los lugares de asistencia a las fiestas y los bares o ámbitos en los que se transitaba el tiempo libre. Sin embargo, las fronteras entre estas subculturas no eran cerradas o rígidas entre sí [17].
En otro orden, algunos de los testimonios relevados, indicaron que la aproximación a un pensamiento crítico y político en la ciudad se dio a partir del colegio secundario. Por un lado, estaba el Colegio Perito Moreno, un ámbito educativo caracterizado como de aliento a una actitud contestataria y crítica en los estudiantes. Y a su vez, por otro lado, se creó durante el gobierno dictatorial de Onganía el Liceo Militar, destinado a la formación castrense de los jóvenes patagónicos.
En el Colegio P. Moreno encontramos, a diferencia del Liceo, que permitió un diálogo intergeneracional con profesores de pensamientos progresistas, muchos docentes figuran como formadores de opiniones y facilitadores de un pensamiento crítico, el cual se apoyó en tradiciones sobre todo izquierdistas[18]. Al respecto, una de las entrevistadas indicó:
Nuestro colegio era un colegio emblemático, el más grande, el más importante de la Patagonia, de Bahía Blanca para el sur, un colegio muy grande que tenía comercial, nacional y normal que eran los docentes digamos. Era un colegio por donde pasaron, yo te diría, el 90 por ciento de los comodorense estudiaron el secundario ahí (…) Además de tener profesores en ese colegio de historia, de literatura, este … que pensamiento crítico, pensamiento crítico. Nosotros tuvimos tres o cuatro docentes, que incluso los persiguieron por zurdos y todo eso porque eran tipos que nos bajaban línea viste (…) entonces todo eso me fue formando. (…) Yo te digo, estos profesores, M. E. S., S. A., S. G., H.P. que fue rector de la universidad, todos tipos formados de izquierda viste, eran de la izquierda, no eran peronistas.[19]
Valeria Manzano afirma que las escuelas secundarias fueron espacios donde los alumnos convivían con prácticas autoritarias y jerárquicas, pero a la larga también reaccionaron contra ellas (2017, p. 37). En ese marco, encontramos también algunas demandas estudiantiles hacia la institución y ciertas críticas, entre ellas a la exigencia de vestir guardapolvos y prohibir a las mujeres el uso de pantalones, a la falta de participación en el “gobierno de los establecimientos” y en las decisiones sobre medidas disciplinarias y hacia algunos de los métodos pedagógicos concebidos como “arcaicos”. Estos, entre otros, fueron algunos de los nudos críticos de la agenda y demanda juvenil vinculada a la enseñanza media.
En el diagnóstico que realizaban los jóvenes sobre los establecimientos de enseñanza media en la ciudad, en 1974 enfatizaban principalmente su carácter conservador y la matriz carcelaria del régimen disciplinario signado por una lógica de vigilancia y amonestaciones a “tontas y a locas”; indicaban que:
Hay muchas injusticias y deficiencias en los colegios, por ejemplo, en el Perito Moreno el problema creado en torno del pelo largo y los pantalones (prohíben a las mujeres vestirlos). (…) En el turno noche enfrentamos también el régimen de asistencias, que determina que muchos compañeros queden libres ya que deben trabajar y a veces llegan tarde[20]
En paralelo a ello, los estudiantes universitarios de la Universidad Patagónica San Juan Bosco (UPSJB), creada en 1961 por la congregación salesiana, comenzaron a demandar a comienzos de los 70 no solamente mayor participación en los asuntos universitarios sino también a denunciar irregularidades académicas. Esto generó un conflicto entre el movimiento estudiantil organizado como Centro Universitario Patagónico y las autoridades universitarias que con el paso del tiempo fue ampliándose a diversos sectores de la sociedad local (Carrizo, 2023). Este conflicto fue un disparador para la articulación entre estudiantes secundarios y universitarios.
Podemos sostener que la expansión de la matrícula estudiantil secundaria, la demanda de los universitarios por la nacionalización y la aproximación a un pensamiento crítico y progresista a través de algunos docentes del Colegio P. Moreno, entre otros factores, produjeron un marco de posibilidades para que la juventud asumiera un cuestionamiento respecto a algunas rutinas y prácticas cotidianas jerárquicas y autoritarias de la vida local y escolar[21]. Los y las jóvenes -más allá de los agrupamientos políticos y sociales específicos de pertenencia- se movilizaron y opusieron a comienzos de los setenta a la congregación salesiana y a los sectores militares que mancomunadamente a ella lideraban el proyecto educativo en la ciudad. A raíz de ello se delineó una cultura juvenil contestataria principalmente enfocada en la crítica al modelo pedagógico y educativo de los sectores conservadores eclesiásticos y militares de la ciudad.
Finalmente, encontramos que en septiembre de 1973 se hizo en Comodoro el primer Patagonia Rock. Y a su vez, en diciembre del mismo año se presentó en el Club Ing. Luis A. Huergo de YPF la cantata-espectáculo visual y musical “Hombre Sur”. Esta buscó replicar el estilo de la cantata Santa María de Iquique de Quilapayún, pero relacionada con las matanzas en Patagonia. Fue un evento que, en palabras de Ángel Uranga, expresó el permanente reclamo por:
[…] los que siempre pierden en la historia, en las revoluciones, en las reformas, en las organizaciones y reorganizaciones, y en el día después de las elecciones; me refiero a la mínima gente, la gente simple […] inauguraron un canto polifónico, un nuevo contar la Historia de nuestro Sur […] una cantata, una especie de oratorio in memoriam de los primeros, de quienes nunca tuvieron reivindicación histórica ni social ni cultural[22].
El texto de la cantata estuvo compuesto principalmente por el poeta local Omar Terraza y la música era de Tono Terraza, no obstante, colaboraron en esta obra colectiva Jorge Seckar, Marcelo Falcón, Eduardo Uranga, Oscar Ghirimoldi, entre otros. Omar escribió la mayor parte de su obra entre 1971-77, participó en el Colegio P. Moreno del Grupo Vocacional de Teatro y ganó el primer premio de poesía en el año 1972 de dicho colegio, murió prematuramente el 3 de julio de 1977 a los 23 años en la ciudad. Sobre Omar y su obra, Ángel Uranga planteó en su libro lo siguiente:
¿Se puede ser joven y a la vez no rebelarse con ese tiempo de mil demonios en una ciudad que sólo sabe de horarios de trabajo (entonces había), de ganar mucha guita y programar el exilio? ¿Se puede ser joven en tal lugar y, además, hacer poesía?, ¿no es acaso la locura total? ¿No es un gesto genial contra el gris sentido común, la normalidad y el conformismo? Insisto en rescatar la visión, su compromiso poético de cambiar la vida, así como su concepción militante de cambiar la Historia. Hacer a la primera más simple, más bella, más buena, y a la segunda, tomarla más justa, más libre, más solidaria. […] Omar inaugura un canto nuevo para una tierra nueva, para una raza nueva, la nuestra, hija de dos raíces; canto al mestizaje, al origen cultural de nuestro ser, que no puede, no debe escindirse ni mutilarse nuevamente, porque: es necesario comprender la sideral distancia entre enemigo y extranjero…
[…] Hombre Sur conoció el favor y el fervor del público, porque fue en realidad un espectáculo que integró la poesía y el canto, lo escenográfico y lo teatral, en el que participaron jóvenes artistas de la ciudad. En ese mismo año obtiene el primer premio en el certamen de poesía del Centro de Escritores de Comodoro Rivadavia con la obra Epitafio para un siglo. Tuvo la urgencia de decir lo que era necesario decir en aquel fugaz despertar social y político que se inició poco antes de las elecciones de marzo de 1973 y que el cruento golpe militar del ‘76 interrumpiera abruptamente.[23]
Asimismo, en 1975 se destacó la visita de Charly García y Nito Mestre, quienes dieron shows en la confitería Géminis y en el baile de la primavera del Centro Catamarqueño. En “Crónicas del Bicentenario (1901-2001)” uno de los testimonios mencionó sobre ello: “una vez vino Charly García y fue a jugar al metegol con Nito Mestre y ahí estábamos todos… guau”[24]
Y finalmente, desde 1970 encontramos algunas expresiones de actividad teatral de la mano de Gustavo Bove Bonnet quien organizó la Primera Muestra Teatral Patagónica en la ciudad. De esta participaron elencos juveniles, entre ellos el de estudiantes del Colegio Nacional Perito Moreno y de la UPSJB. Eran ámbitos culturales de encuentro para jóvenes sobre todo de sectores medios y también intergeneracionales. Asimismo, las obras eran parte de los consumos culturales locales, pero para el caso notamos que tuvo una menor centralidad a la que adquirió en la dinámica de Trelew. En el siguiente fragmento de una entrevista a Gustavo Bove podemos ver reflejados algunos de los tópicos y discusiones de la época en el activismo teatral[25]:
[…] yo soy un total convencido de que el teatro debe obedecer a las necesidades de un pueblo, debe ser un reflejo del momento en que está viviendo el país, culturales, sociales, políticas […] fundamentalmente politizado, donde la misión en este caso sería no diría aclarar las cosas que todo el mundo sabe ya que el teatro es una manifestación popular sino tratar de esclarecer lo que todo el mundo no sabe muy bien. Es decir, esa es para mí mi misión ante el teatro fundamentalmente, concientizar, esclarecer, hacer tomar conciencia en conjunto, es decir, actores, gente de teatro y público de los fenómenos por los que estamos atravesando y que todo lugar es bueno para poder decir lo que uno quiere […] pretendo un teatro clarificador, yo soy un convencido que a partir del teatro, pese a lo revolucionario que sea un estilo de teatro no podes intentar la revolución, pero si decir cosas, se puede concientizar. [26]
La cultura juvenil en la ciudad y la juventud como actor cultural se caracterizaron por diversas prácticas y ámbitos de recreación, de esparcimiento y de consumo cultural. Estos, al decir de Valeria Manzano (2017), influyeron en las identificaciones de pertenencia generacional que se construyeron, así como en las distinciones o fronteras que establecieron las juventudes entre sí y con otras generaciones. Mencionamos algunos espacios recreativos y de ocio, la presencia de bares y centros barriales o uniones vecinales, la música, fiestas y numerosas bandas que se formaron, y destacamos expresiones muy novedosas como el espectáculo Hombre Sur que sintetizó música, poesía y teatro, entre otros. Todo ello signó en parte la dinámica y juvenilización de la cultura local desde mediados de los sesenta a mediados de los setenta. Entre las particularidades, destacamos la impronta underground del circuito musical, no solo por la música que sonaba y los lugares a donde asistían los jóvenes (por fuera de lo más comercial o “de moda”) sino también porque en ellos marcaron algunas fronteras incipientes entre sí, a partir de las pertenencias sociales y territoriales en la ciudad, entre los “rebeldes”, “transgresores” y los que no y entre los diversos gustos artísticos y musicales[27].
La juventud del noreste de Chubut
La ciudad de Trelew, ubicada a 20 km de la capital de la provincia, Rawson, a principios de los 70 era una ciudad dinámica y con grandes proyecciones socioeconómicas. Entre los espacios de encuentro y de actividades ligadas a consumos más recreativos encontramos: la biblioteca Agustín Álvarez[28], el Teatro Español y Verdi, la Plaza Independencia[29] y ámbitos asociativos y distendidos vinculados a eventos festivos, deportivos y de distracción como los carnavales y festejos locales.
En el Colegio Nacional de Trelew y el Comercial se crearon centros de estudiantes y hubo alumnos que se agruparon y conformaron a comienzo de los 70 el Movimiento de Estudiantes Secundarios (MES) (González Canosa, 2005), asimismo, en el Colegio Nacional se conformó la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).[30] Encontramos, al igual que con el caso del Colegio Perito Moreno en Comodoro, un ámbito educativo que aproximó a los jóvenes a ciertos docentes y activistas de otras generaciones y que se configuró, a través de ello, en una fuente de aproximación a ideas y pensamientos críticos.
Por otro lado, en la región se creó a mediados de la década del 60, el Instituto de Estudios Superiores, dependiente de la Universidad Nacional del Sur que, a poco de ponerse en marcha, recibió a varios docentes prestigiosos expulsados de Buenos Aires luego de la “Noche de los Bastones Largos” (González Canosa, 2005, p. 38). En el mismo se formaron los centros de estudiantes de Humanidades, Ciencias Económicas, Ingeniería y Oceanografía. Encontramos así, a comienzos de los 70 diversas expresiones organizativas juveniles en el ámbito educativo local.
Algunos estudios sostienen que la juventud, ante el ambiente represivo y autoritario que se exacerbaba cada vez más en el país, extremó los sentimientos y las acciones de descontento con los términos de una cultura y sociedad conservadoras. De este modo se fue cuestionando “lo conservador” en diferentes ámbitos y con diversas prácticas (Binder, 2012; González Canosa y Murphy, 2019). Ahora bien, lo cierto es que a diferencia de Comodoro Rivadavia donde, como hemos visto, la universidad salesiana resultó ser uno de los espacios que concentró el rechazo a la rigidez autoritaria y jerárquica y representó los valores conservadores con los cuales confrontaron los jóvenes de la ciudad. En el caso de esta región, notamos que los discursos críticos respecto de “lo conservador”, así como la movilización y protesta a nivel local, tuvieron centralmente a la cárcel de Rawson, los presos políticos y el accionar de las fuerzas de seguridad en el foco del rechazo y movilización juvenil. Fue la cárcel y todo lo que implicó en términos del arribo de presos políticos, la “masacre de Trelew” y la persecución del activismo local solidario en octubre de 1972, lo que la volvió uno de los epicentros del sentir antiautoritario y de radicalización juvenil. A partir de lo ocurrido alrededor de la universidad en el sur, como de la cárcel en el noreste, los y las jóvenes fueron acumulando una experiencia política de oposición (Binder, 2012) en la medida que también tejían redes y vínculos interpersonales e intergeneracionales con sectores sociales y políticos diversos, los cuales ofrecían distintas alternativas y posibilidades para la acción política.
Mora González Canosa (2005) afirma que la sociedad trelewense en particular tenía una importante actividad cultural. A fines de los sesenta y principios de los setenta, quienes tenían ciertas inquietudes artísticas hallaron diversos ámbitos de sociabilidad donde canalizar sus intereses. En el transcurso de los sesenta y setenta aparecieron en escena en Trelew nada más: El Grillo, Teatro Nuevo Grupo, Terke, La Rayuela, y Teatro Estudio Trelew[31]. Asimismo, entre 1969 y 1971 se realizaron en la provincia tres muestras de teatro con participación de grupos de todo el país[32]. Las experiencias teatrales fueron espacios de socialización, de circulación de ideas y de encuentro para los jóvenes con fuerte dinamismo, en donde además se promovieron debates en torno al combate y la crítica hacia la autodenominada “Revolución Argentina”[33]. Hubo distintos perfiles de grupos y líneas teatrales, en algunos de ellos, predominó un sentido ligado a la noción de teatro independiente, mientras que en otros se relacionó la actividad más con la idea de teatro del pueblo y en casos como el del TET, observamos una búsqueda y horizonte de expectativas destinados a propiciar la convergencia entre la actividad teatral y la organización y lucha revolucionaria. Más allá de los matices, en su mayoría fueron experiencias de activismo cultural con una posición crítica frente al sistema y el contexto dictatorial e impulsaron distintas propuestas y obras teatrales que mostraban un teatro crítico y con compromiso social.
Finalmente, entre los acontecimientos relevantes del período, cabe destacar la muestra de Teatro de Verano que organizó el grupo TET en 1971 en Trelew. Al respecto, la Revista “Teatro 70” indicaba: “En Trelew nació una posibilidad de organización revolucionaria”.[34]Esta contó con la participación de distintos conjuntos teatrales de Buenos Aires y de directores de otros lugares del país que tuvieron a su cargo mesas redondas y el dictado de seminarios sobre teatro[35]. Uno de los testimonios destacó respecto de la muestra que en ella: “se discutía la revolución, y si el teatro sí o no para la revolución y cómo y cuándo y por qué”[36]. La relación entre arte, política y revolución y el compromiso que debían asumir los actores en el momento histórico que estaban viviendo fueron, entre otros, ejes transversales en la instancia (Perea, 2007).
Y, por otro lado, entre los acontecimientos más significativos del período en esta región destacamos: la fuga del penal de Rawson, la “masacre de Trelew” y la pueblada que se conoció como “Trelewazo”.
La dinámica que adquirió la cárcel de Rawson a partir del mayor reclutamiento de presos políticos desde 1969 (y en adelante) afectó la cotidianeidad de los habitantes de la región y produjo diferentes reacciones y posiciones alrededor de ello: por un lado, una reacción social en contra de la presencia de presos políticos y la renovación de la población carcelaria. Y, por otro lado, quienes se solidarizaron con los presos y sus familiares, no solo desde el posicionamiento discursivo o político, sino desde la práctica y los repertorios de acción concretos.
Uno de los resultados de este proceso fue que, en contraposición a los objetivos de la dictadura, la cárcel se convirtió en un lugar de politización para los jóvenes. Se generó a su alrededor un movimiento de defensa de los derechos humanos que se articuló en torno a la defensa de estos y la demanda por la libertad de los presos políticos. Esto dio forma a una identidad opositora a la dictadura en la región, que incluyó a las juventudes entre sus filas. A nivel organizativo, se expresó en la creación de las Comisiones de Solidaridad de Presos Políticos (CSPP) (Piccolo, Wester y De Oto, 1991; Binder, 2019).
El 15 de agosto de 1972 un grupo de presos políticos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros efectivizaron un plan de fuga preparado durante meses desde dentro y fuera del penal de Rawson. El 22 de agosto, en Trelew, se produjo la masacre, y el fusilamiento de 19 presos políticos de distintas organizaciones político-militares por parte de la Armada Argentina[37]. Debido al contexto represivo y de militarización que este hecho inauguró, se dio un breve período de reflujo del activismo social, político y cultural en general. A casi dos meses de ocurrido el hecho, el 11 de octubre de 1972, se llevó a cabo el “Operativo Vigilante”, un contingente de diversas fuerzas represivas llegó por sorpresa a la región, secuestrando a un grupo de activistas y militantes políticos que habían formado parte de las CSPP[38]. Ante ello, en Trelew, se suscitaron asambleas, marchas y huelgas que se sintetizaron en el nombre de “Asamblea del Pueblo”. En ella participaron un conjunto heterogéneo de sectores mancomunados por la demanda de liberación de los presos de la región[39]. Esta pueblada fue uno de los puntos más álgidos de descontento con el régimen militar y a partir de la cual, se aceleraron los tiempos y el pasaje a la acción política de varios sectores de la juventud. En algunos casos, iniciando desde entonces una disputa específica por la representación política en algunos espacios políticos, entre ellos el peronismo.
A la luz de lo planteado, podemos observar que los y las jóvenes de Trelew y Comodoro Rivadavia experimentan conflictos diferentes en sus respectivas ciudades durante el período relevado. También, sus consumos culturales mayoritarios, espacios de socialización y politización variaron, al igual que los eventos represivos de cada lugar, que influyeron en sus trayectorias y en la conformación de sus percepciones y sentimientos. Además, no compartieron las mismas demandas en las principales movilizaciones sociales y políticas de cada localidad y como vimos, tampoco se enfrentaron a los mismos adversarios, quienes representaban lo conservador, autoritario o dictatorial.
Sin embargo, más allá de los matices, había una sensibilidad, pensamiento y perspectiva generacional compartida que, a su vez, era relacional, y confrontaba con otros pensamientos y posiciones generacionales. Y en cuanto a la cultura juvenil y los consumos culturales vimos que la música y el circuito underground musical fueron distintivos en Comodoro. Mientras, en Trelew, si bien hubo bandas musicales, notamos que la cultura juvenil contestataria estuvo más ligada a lo teatral. Fue en el teatro donde las juventudes construyeron también algunas fronteras a raíz de estilos diferentes, de las discusiones sobre la función social y política de la actividad, sobre las obras, las muestras y las distintas prácticas teatrales. Distinciones que por lo que vimos tuvieron una impronta ideológica y política respecto de la actividad y su función en la etapa.
Por último, resulta importante dejar planteado, aunque no podamos profundizar en ello ahora, que, en paralelo a esta activación y las características reseñadas en torno a la cultura juvenil y sus especificidades, la prensa en muchas de sus notas editoriales desde fines de los sesenta volvió una constante de sus líneas editoriales el planteo disciplinador hacia la juventud y se mostró al respecto con vocación de disputar los sentidos de esta categoría social. Por ejemplo, el Diario Jornada planteaba una posición optimista y amigable con la juventud paciente y disciplinada en contraposición a la rebelde e impaciente que iba adquiriendo cada vez más notoriedad en los inicios de la década del 70 en Chubut:
Como fue expresado al comienzo de la nota, la juventud elige el diálogo, base de todo entendimiento. Elige el razonamiento, base de todo acto de tolerancia. Elige la autoridad de los padres, base de la armonía familiar. Es cierto que estas declaraciones que comentamos pertenecen a una juventud disciplinada pero que de todos modos entiende que se avecina un cambio que debe ser controlado, con intervención de los jóvenes y no con su oposición, por cuanto esa oposición determina la violencia que es el medio que los impacientes y los revoltosos consideran el mejor camino para llegar. Otras juventudes eligen, directamente, el camino de la violencia , del cambio a su gusto, a su manera, no se basa en el diálogo sino en el rechazo del mismo.[40]
Reflexiones finales
A partir de lo revisado, observamos que, en Chubut durante el período de interés, los y las jóvenes fueron actores culturales y políticos dinámicos tanto en Trelew como en Comodoro Rivadavia. A fines de los sesenta y principios de los setenta estos se conocieron y socializaron alrededor de diversos ámbitos, muchos de ellos organizados a partir de los consumos e intereses por la música, la poesía, el teatro, entre otros. En suma, habitaron distintos espacios de sociabilidad y recrearon prácticas de consumo cultural diversas, configurando en ambas regiones comunidades de pertenencia y una cultura juvenil con su impronta distintiva.
Observamos que, en ambas regiones, las condiciones materiales, sociales y culturales que signaron las vidas de los y las jóvenes en el período presentaron matices entre sí. No solo en lo referido a la actividad económica que predominó, y los mundos laborales posibles que ofrecía cada región a la juventud. Sino también respecto de las principales actividades culturales y ámbitos de ocio o recreativos que habitaron los y las jóvenes, las acciones y hechos traumáticos o represivos que vivenciaron en sus lugares, como también en cuanto a los adversarios y sectores con los que confrontaron.
Señalamos a su vez, que se cuestionaron de igual modo diversas prácticas autoritarias o jerárquicas arraigadas tanto en escuelas como en universidades, vimos que se construyeron vínculos intergeneracionales con diversos sectores sociales y políticos que brindaron a las juventudes diversas herramientas para el pensamiento crítico y la acción. Y destacamos que confrontaron en distintos momentos y de diversos modos con actores caracterizados como autoritarios o conservadores en sus localidades, entre ellos, las fuerzas militares, los sectores políticos conciliadores y colaboradores con la dictadura y los sectores eclesiásticos salesianos.
En lo que respecta a la cultura juvenil contestataria, vimos que la música y el circuito underground fueron dinámicos y marcaron muchas prácticas y consumos de los y las jóvenes socializados en Comodoro Rivadavia mientras que en Trelew tuvo más significancia la actividad teatral. Valeria Manzano (2010) sostiene que la expansión de la música orientada a la juventud -en especial el rock- constituyó un punto de referencia central para la organización del ocio y el consumo juvenil en Argentina, sin embargo, su traducción en bandas y una cultura juvenil autónoma a nivel musical, con organización de espacios para el ocio ligados al baile, presentación de bandas, festivales, etc., notamos que tuvo más desarrollo durante el período en Comodoro Rivadavia. En Trelew, fue la actividad teatral la que tuvo más significancia como punto de referencia, esta a su vez vimos que estuvo atravesada por varias discusiones ideológicas y políticas.
Y, por último, notamos que la cárcel de Rawson en el noreste y la UPSJB en el sur de la provincia, fueron dos ámbitos de politización significativos para las juventudes, alrededor de los cuales a su vez giraron las principales demandas y movilizaciones del período de las que los y las jóvenes participaron.
Comodoro Rivadavia, en la historiografía del período pareciera de a momentos figurarse como un lugar donde, a diferencia de Trelew y la región noreste, tuvo un carácter menos dinámico en lo cultural y más tradicional u ortodoxo en su cultura política. Lo cierto es que en dicha ciudad existió una cultura juvenil con una impronta distinta en la época, y consideramos que a medida que los avances del campo lo permitan iremos conociendo también algunas dimensiones que hacen a su dinámica cultural y política específica.
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- Profesora y Licenciada en Sociología. Pertenencia institucional: IESyPPat- CONICET. El presente trabajo se enmarca en una tesis de doctorado en curso por la UNQ y en el proyecto de investigación “Exploraciones sobre prácticas y políticas en Comodoro Rivadavia. Miradas desde la Historia y la Sociología” (PI 1681- UNPSJB).↵
- La historia reciente en Chubut se ha estudiado mayormente desde un recorte de la problemática provincial que -siguiendo los planteos de Leoni (2015)- puede resultar generalizador, ya que se ha sustentado mayormente estudios empíricos de casos localizados centralmente en la región noreste. Es mucho menor el desarrollo del campo de estudios en la región sur. Por tal motivo, proponemos una perspectiva comparativa que contemple un estudio “a ras del suelo”, situándonos en las experiencias juveniles de dos localidades ubicadas en regiones conceptualizadas de manera heterogénea más allá de la pertenencia común a la provincia. ↵
- Gilberto Giménez considera que “el territorio desempeña un papel simbólico relevante en el contexto de la acción y de las relaciones humanas, y no simplemente el papel de “condición” Las culturas e identidades sociales descansan también en el sentimiento de pertenencia socio-territorial (2016, p. 127-128). ↵
- Fuente: Uranga, Á (1997, p. 25).↵
- En Argentina entre 1966 y 1975 aproximadamente, la movilización social y la protesta obrera, estudiantil y popular se mancomunó a modos diversos de crítica social y a nuevas formas de la “cultura juvenil de masas” que se inclinaba con facilidad a alguna forma de crítica social (Cattaruzza, 1997). Asimismo, los años sesenta y setenta en Argentina aparecen vinculados a un clima y fenómeno eminentemente transnacional, que tuvo entre sus hitos al Mayo Francés de 1968, el triunfo de la revolución cubana, el auge del tercermundismo, las luchas y procesos de liberación y descolonización de Asia y África, entre otros hitos. Algunos de ellos, para Valeria Manzano (2017) fueron anunciando a escala global una nueva dinámica de politización social expansiva cuya protagonista estelar era la juventud. ↵
- Si bien por la extensión del trabajo no podremos dedicar en las páginas siguientes un apartado a la reflexión teórico conceptual sobre lo local y regional, cabe aclarar que existen al interior de la provincia de Chubut (entendida como unidad territorial y jurisdicción común) distintas regiones geográficas y sociales plausibles de conceptualizarse como regiones económicas, históricas, político institucionales y geográficas distintas. Algunos autores partiendo de una mirada patagónica las han conceptualizado como subregiones (Raffaele, 2012; Márquez y Palma Godoy, 1993). Sin embargo, en nuestro caso, al poner el foco (no en la Patagonia) sino específicamente en Chubut, optamos por el par regional-local. En la provincia numerosos estudios advierten procesos diferenciados entre regiones en su interior (Sur, Noreste y Noroeste o Costa, Valle y Cordillera). Esto complejiza la posibilidad de un discurso integrador u homogeneizador respecto de la provincia y en tal sentido, definidas las regiones en su interior, optamos también por un recorte y escala espacial local ya que nos interesa explicar y analizar a la juventud en dos localidades de dos regiones distintas entre sí. ↵
- El aumento de la inmigración, especialmente chilena a escala masiva como ya se indicó, fue impulsado además por los terremotos de 1960 en el país vecino y por el auge de la industria de la construcción como consecuencia de las grandes obras de infraestructura de la Gobernación Militar años antes. Al no ser mayormente empleados por YPF debido a una cuestión nacionalista, y al no tener documentación, eran contratados por las empresas del primer boom (especialmente, aquellas norteamericanas) como mano de obra barata. (Barrionuevo, 2019, p. 54-55).↵
- Héctor Oyarzún y Ovidio Zandomeni en Comodoro Rivadavia-Crónicas del Centenario, p. 357, 358. ↵
- Los nombres de los clubes fueron extraídos de: Comodoro Rivadavia– Crónicas del Bicentenario, p. 358. ↵
- Chubut ingresó a los sesenta, a diferencia de otros lugares del país, recientemente configurada como provincia y territorio autónomo; por tal motivo, muchos derechos políticos y ciudadanos estaban restringidos hasta entonces. En ese sentido, el camino o recorrido político institucional como provincia comenzó en 1957, y fue en ese marco que hubo que unificar dos entidades político-administrativas distintas: la Gobernación Militar, a la que pertenecía Comodoro Rivadavia y el Territorio Nacional de Chubut, donde se ubicaba Trelew.↵
- La explosión poblacional se concentró sobre todo en las cuatro ciudades costeras: Comodoro Rivadavia, Trelew, Rawson y Puerto Madryn (Trelew y Rawson están a menos de veinte km. entre sí). ↵
- Funcionaba desde 1962 una Liga de Fútbol local. En 1963 se organizó la Copa Crónica que fue el primer campeonato, siendo el Club Alem el primer campeón. En 1965 hubo algunas diferencias entre los clubes barriales y la liga se partió, y se formó la Liga Independiente de los Barrios (Comodoro Rivadavia– Crónicas del Bicentenario, p. 408). ↵
- Diario Crónica, 1-6-1974, p. 7. En el Centro Catamarqueño también se realizaron algunas asambleas populares en el marco del conflicto universitario. ↵
- Voltop era un programa de televisión. Testimonio extraído de Crónicas del Bicentenario, p. 393. ↵
- Los Beatles se presentaron al público argentino por parte de la industria discográfica y los medios de comunicación entre los años 1964 y 1966, en este período se instalaron de modo contundente en el país a través de sus discos, sus películas y cientos de imágenes y textos sobre ellos, y gracias a la intensa mediación de la industria discográfica y los medios de comunicación. Dicha presencia fue determinante para la elaboración del vínculo entre juventud, música, flequillos y rebeldía cultural (Delgado, 2023). ↵
- Crónicas del Bicentenario, p. 392. ↵
- Para profundizar en el análisis de las subculturas véase: Cattaruza (1997), Clarke, et al. (1993). ↵
- En el Perito Moreno existía en julio de 1972 la Asociación de Educadores Secundarios de Comodoro Rivadavia (A.E.S.C.R.). (Fte.: “Prefectura Naval -Doc. 72 p. 113-123”-ANM). ↵
- Entrevista a Estrella Jerez, realizado por la autora, abril de 2021. Cabe aclarar que colocamos las iniciales de los y las docentes con motivo de confidencialidad. ↵
- Afirmaciones de alumna de cuarto año del turno noche del Colegio Perito Moreno. Fuente: Diario Crónica, 16/1/1974, p. 3.↵
- El fenómeno es tardío quizás si comparamos con otros casos del país en los que el movimiento estudiantil secundario tuvo su auge después del golpe de 1966, pero tiene mucho sentido a partir de lo que significó el conflicto universitario y la motivación que este pudo generar en los estudiantes secundarios. ↵
- Uranga, Á. (1997).↵
- Uranga, Á (1997). ↵
- Testimonio disponible en: “Crónicas del Bicentenario”, p. 393. ↵
- En líneas generales, el teatro chubutense de estos años se caracterizó por la realización de giras e intercambios entre grupos provinciales, regionales y nacionales; la concreción de cursos y seminarios en dirección, puesta en escena o actuación; la asistencia de directores y directoras locales como becarios/as del Fondo Nacional de las Artes a cursos de perfeccionamiento dictados en Buenos Aires y por la realización en la provincia de encuentros y festivales regionales y nacionales de teatro (Perea, 2007).↵
- Diario Crónica, 5/12/72, p. 10. ↵
- La relación de los jóvenes con las subculturas existentes puede ser pasajera, permanente, marginal o central (Clarke, et al., 1993, p. 279). Asimismo, es interesante que los autores plantean que en muchas ocasiones estas subculturas sirven para marcar o apropiarse de “territorio” en localidades. ↵
- Luis Molina recuerda: “tenía un teatro donde yo he actuado varias veces también, más pequeño claro, pero era un lugar de encuentro, ahí hacíamos festivales por Vietnam para juntar plata…” (Entrevista realizada por la autora, julio 2019). Asimismo, el 11 de junio de 1970, se realizó en la Biblioteca Popular “Agustín Álvarez” de Trelew, el “Primer Encuentro de Escritores de la Patagonia”. ↵
- En mayo del 69 con motivo del Cordobazo los estudiantes del IDES se concentran en ella para pedir un minuto de silencio como expresión de duelo y repudio a los hechos de violencia (Binder, 2014). ↵
- Durante la dictadura iniciada en septiembre de 1955 en el mismo se generó una huelga estudiantil ante la intervención y el desplazamiento del rector (peronista) que estaba en ese momento. ↵
- Realizó obras catalogadas como “izquierdistas y comunizantes” por los Servicios de Inteligencia. (“Legajo de actividades culturales N° 15” ANM-Ex Esma).↵
- Primera muestra patagónica de teatro (Comodoro Rivadavia, 1969), Primera muestra nacional de teatro en Patagonia (Comodoro Rivadavia, 1970) y la Muestra de teatro Trelew 71 (Trelew, 1971) (Perea, 2007).↵
- Perea (2007) señala que el teatro chubutense de los años sesenta se caracteriza por la realización de giras e intercambios entre grupos provinciales, regionales y nacionales; la concreción de cursos y seminarios en dirección, puesta en escena o actuación; la asistencia de directores y directoras locales como becarios/as del Fondo Nacional de las Artes a cursos de perfeccionamiento dictados en Buenos Aires y por la realización en la provincia de encuentros y festivales regionales y nacionales de teatro.↵
- Teatro 70, 1971, n° 8-9, abril- mayo,17/18. Los consensos y debates transversales a la muestra se reflejaron en el N° 8-9 de la Revista Teatro 70, publicación del Centro Dramático Buenos Aires dirigido por Renzo Casali, páginas en las que circuló con centralidad la idea de relación entre arte y política. Fue una revista pensada como sostén económico de su grupo y un modo alternativo de producción. En el número 6/7 de febrero-marzo de 1971 se incorporaron a su redacción el Teatro de la Alianza, en Bahía Blanca; Teatro La Antorcha en Junín y Teatro Estudio de Trelew.↵
- Se planteó a Trelew cómo un intento por prefigurar algo distinto a las muestras clasificadas como reformistas. “El sistema tiene para su defensa espejismos de falsas revoluciones que le permiten neutralizar y canalizar inquietudes peligrosas. El espejismo del sistema en arte tiene también su nombre: vanguardia. (…) Vanguardia es el traje que arrojamos a la basura todos los años siguiendo los dictámenes de la moda nacional e internacional de los grandes modistos del arte. (…) La vanguardia produce la reforma, porque esencialmente vanguardia es reforma. Pero una cosa es reformar y otra muy distinta, revolucionar.” (Revista Teatro 70 “Trelew, muestra y propuesta”. N° 8-9-Abril-Mayo 1971). ↵
- Entrevista a Mauricio Fernández Pícolo, realizada por la autora, 2019. ↵
- 16 mueren y 3 sobreviven. ↵
- El número de secuestrados no parece casual, azaroso o arbitrario: se trata de la misma cifra de quienes habían sido asesinados el 22 de agosto de 1972, en la Base Almirante Zar de Trelew (Binder y Pérez Álvarez, 2019, p. 5).↵
- Para profundizar en las características y lo que implicó dicho operativo véase: Binder, 2019.↵
- Diario Jornada, 14-5-1970. ↵






