El día del estudiante en Comodoro Rivadavia durante el terrorismo de Estado (1976-1983)
Paula Zuluaga[1]
Resumen
En el presente trabajo nos proponemos rastrear las miradas y discursos desplegados desde el poder dictatorial hacia las juventudes en los medios de comunicación locales, centrándonos en un evento tradicional para la juventud comodorense: la farándula estudiantil. Nos preguntamos acerca de cómo se construyó una narrativa sobre los y las jóvenes en la prensa gráfica local en el contexto del Terrorismo de Estado (1976-1983). A través del análisis de la revista Cono Sur y los diarios Crónica y El Patagónico, pretendemos dar cuenta de la visión de las Fuerzas Armadas sobre los festejos del Día del Estudiante como un festejo ordenado. Buscamos identificar las actitudes y prácticas que reflejan la intencionalidad del gobierno dictatorial de atraer y apelar a las juventudes como parte del apoyo social del proceso y de clasificar entre una juventud deseada y otra indeseada. En un primer momento del trabajo, describiremos los principales antecedentes de la investigación, las coordenadas teóricas y los medios de prensa analizados. Y en un segundo momento, caracterizaremos el contexto local, a la juventud comodorense y el festejo del día del Estudiante. Finalmente, presentaremos los hallazgos surgidos del trabajo de campo.
Palabras clave: juventudes, dictadura, Día del Estudiante, prensa gráfica.
Introducción
En el presente trabajo nos proponemos rastrear las miradas y discursos desplegados desde el poder dictatorial hacia las juventudes en la prensa local, centrándonos en un evento tradicional para la juventud comodorense: la farándula estudiantil. Nos preguntamos acerca de cómo se construyó una narrativa sobre los y las jóvenes en la prensa gráfica local en el contexto del Terrorismo de Estado (1976-1983)[2]. Para esto, nos enfocaremos en el análisis de la revista Cono Sur y los diarios Crónica y El Patagónico.[3]
Por un lado, a través del análisis de las notas disponibles en las publicaciones mencionadas, pretendemos dar cuenta de la visión de las Fuerzas Armadas sobre los festejos del Día del Estudiante como un festejo ordenado (Álvarez, 2018, p. 8). Por otro lado, buscamos identificar las actitudes o prácticas que reflejan la intencionalidad del gobierno dictatorial de, en primer lugar, atraer y apelar a las juventudes como parte del apoyo social del proceso y, en segundo lugar, clasificar una juventud deseada y otra indeseada.
El trabajo está estructurado en tres partes: en la primera describiremos los principales antecedentes de la investigación, las coordenadas teóricas que sostienen a la misma y un breve comentario sobre los medios de prensa analizados. En un segundo momento, caracterizaremos el contexto local, las juventudes comodorenses de aquellos años y el festejo del Día del Estudiante entendido como una tradición. Finalmente, presentaremos algunos hallazgos surgidos del trabajo de campo, en relación con los modos en que la última dictadura militar desplegó una mirada sobre un sujeto joven ideal en contraposición a una juventud militante indeseada.
Se trata de un tema de vacancia, ya que los antecedentes enfocados en los estudiantes secundarios en Comodoro Rivadavia durante la última dictadura son escasos, por ello la importancia de producir conocimiento acerca de las juventudes a nivel local. A su vez, esperamos contribuir a la comprensión de los mecanismos por los cuales el poder dictatorial buscó construir consensos en la sociedad civil, apelando e intentando interpelar entre ellos a los y las jóvenes.
Antecedentes de investigación, coordenadas teóricas y la prensa gráfica local
En cuanto a los antecedentes de investigación, podemos referenciar a aquellos que analizan la relación entre prensa y dictadura. No agotamos aquí todas las producciones, sino que destacamos las más cercanas a este trabajo por su perspectiva histórica o por su análisis de los medios periodísticos locales. En primer lugar, Marina Franco (2002), aborda el rol de los medios de comunicación durante la última dictadura militar para obtener legitimidad y consentimiento por parte de la sociedad civil. Según la autora, en los medios gráficos informativos de la época se pueden identificar elementos del discurso militar que contribuyeron a la creación de una división entre un nosotros y un otros, siendo este último definido en términos negativos.[4]
Gabriel Carrizo (2021 y 2021b) por otro lado, realiza un análisis de la revista Cono Sur y de las conmemoraciones y monumentos durante el período de la última dictadura militar en Comodoro Rivadavia. De la primera publicación, destacamos el propósito de posicionar a la revista Cono Sur como un medio de comunicación local que buscó dar visibilidad y exaltar el trabajo territorial de las Fuerzas Armadas para buscar consenso social. Este planteo es sostenido también en el segundo texto, incorporando a su vez el rol de los homenajes y efemérides llevados adelante por el gobierno de facto. Además, introduce la idea de interpelación del poder dictatorial hacia la juventud, en este caso a los jóvenes conscriptos.
También destacamos el trabajo de María Laura Olivares (2015) quien analiza las posturas tomadas por los diarios Crónica y El Patagónico durante la Guerra de Malvinas en los meses de abril, mayo y junio de 1982. Sostiene que el diario Crónica colaboró en la difusión del espíritu triunfalista del gobierno militar, mientras que el diario El Patagónico fue más moderado y crítico con el contexto. (Olivares, 2015)
Por otro lado, encontramos diversos estudios que hacen referencia a la dictadura y la juventud, a los festejos por el día del Estudiante o a la relación entre esta celebración y el poder dictatorial, (Lago, 2011; González, 2012; Luciani, 2017; Álvarez, 2018).
El trabajo de Luciana Lago (2011) caracteriza el evento de la farándula estudiantil en Comodoro Rivadavia como una tradición, en tanto “[…] implica reconocer la existencia de ciertas prácticas ritualizadas cargadas de simbolismo, que, al realizarse repetidamente, desarrollan un conjunto de convenciones.” (p. 141). Además, destaca el rol de los jóvenes estudiantes de la ciudad en mantener e impulsar esa tradición, ya que la misma no está vinculada a las esferas de poder.
Laura Luciani (2017) analiza el discurso que se instituyó respecto a los jóvenes en los años de dictadura. En ese sentido, la autora sostiene que el poder dictatorial construyó la idea de un nuevo sujeto social joven: portador de los ideales y beneficiario del proceso (p. 15) Para el gobierno de facto, según la autora, el joven era un sujeto político que debía ser desactivado, por lo que apelaría a diferentes mecanismos discursivos y también represivos tendientes a este fin (Luciani, 2017). Justamente, el segundo objetivo del libro es analizar esas estrategias de intervención direccionadas hacia los jóvenes.
Silvia Álvarez (2018) en su tesis, por otro lado, hace foco en los festejos del Día del Estudiante en Buenos Aires durante el Terrorismo de Estado. La autora se propone analizar las diversas estrategias que buscaron los militares para legitimarse entre los estudiantes de nivel medio. Y señala que los mismos suponen una tradición que permite dar cuenta de las tensiones entre juventud y gobierno militar. Su investigación se centra en explorar las perspectivas de las autoridades en relación con los festejos, analizando qué perfil de la juventud delineó la dictadura y qué significados incorporaron los jóvenes a esta celebración. El estudio se enfoca en las razones detrás de la decisión del gobierno de facto de permitir la celebración del Día del Estudiante en lugar de prohibirla. La hipótesis planteada sostiene que las Fuerzas Armadas presentaron el evento como un festejo ordenado, resultado de un exitoso disciplinamiento social y del intento de homogeneización cultural de los jóvenes.
El trabajo de Alejandra González (2012), aborda los festejos por el Día del Estudiante del año 1982 en Córdoba, convertidos en evento oficial, como una estrategia desde el gobierno dictatorial para interpelar a una juventud considerada modélica y también para domesticar a los cuerpos juveniles. La autora sostiene que, durante la última dictadura militar argentina, la juventud fue clasificada en tres grupos: enemigos-subversivos, heroicos-virtuosos e indiferentes-desorientados, por lo cual fueron blanco de diferentes representaciones y medidas que buscaban su control o exterminio o su glorificación y adhesión (González, 2012).
Nuestro trabajo se sitúa en el campo de la Historia Cultural, Social y la Historia Reciente. Las principales coordenadas teóricas que lo guían son el concepto de juventudes (Chaves, 2004; 2009; Manzano, 2017), de tradición (Hobsbawm, 1983) y de núcleos de sentido (Carrizo, 2021; Risler, 2019). Para definir la noción de juventud nos basamos en los aportes de Mariana Chaves (2004 y 2009) y Valeria Manzano (2017) que coinciden en entender a la juventud como una categoría analítica. La misma, entonces, no debe ser analizada como una entidad estática ni limitada por la edad, sino que se construye en el juego de las interacciones sociales (Chaves, 2009, p. 10).
Sobre la noción de tradición, Eric Hobsbawm (1983) sostiene que las tradiciones inventadas son aquellas prácticas diversas, de naturaleza simbólica o ritual que son aceptadas abierta o tácitamente, que implican una continuidad con el pasado (muchas veces ficticio) y se repiten periódicamente para inculcar determinados valores o normas (p. 8). Desde esta perspectiva, la farándula estudiantil de Comodoro Rivadavia puede ser entendida como una tradición inventada, en tanto implicó una continuidad en el tiempo, tuvo elementos rituales y simbólicos y fue un evento sumamente esperado por la comunidad local, tal y como veremos a partir del análisis y revisión de la prensa local.
Para el análisis de la prensa gráfica local en tiempos de dictadura, recurrimos al concepto de núcleos de sentido (Carrizo, 2021; Risler 2019). Este supone la construcción de un sentido común público durante el golpe de Estado de 1976, atravesado por diversas mediaciones e intereses que contribuyeron a legitimar y construir consenso en torno al nuevo orden impuesto (Risler, 2019, pp. 183-184). Estos sentidos se originaron desde el poder dictatorial y se transmitieron a través de los medios de comunicación. En el presente trabajo, analizaremos los discursos dirigidos hacia los jóvenes por parte del régimen y cómo se reflejaron en la prensa local.
En lo que respecta a los medios gráficos que utilizamos como fuentes en este trabajo: los diarios Crónica y El Patagónico y la revista Cono Sur, nos valdremos de los aportes de Gabriel Carrizo (2021) para caracterizar a la revista Cono Sur y de María Laura Olivares (2015) para realizar lo mismo con los diarios Crónica y El Patagónico. En lo que a la revista Cono Sur, fue una publicación mensual editada hasta el año 2015 en Comodoro Rivadavia, la cual trataba de diversos aspectos de la realidad patagónica. Contaba con 30 páginas que alternaba editoriales, notas sociales y de interés general y algunas columnas fijas. Se presentaba a sí misma como una “Revista de Comodoro Rivadavia por la Patagonia y para el país” (Carrizo, 2021, p. 8). Carrizo explica que la misma fue concebida en el contexto del conflicto con Chile por el Canal de Beagle en 1978 y que tendió a darle importancia a la voz militar, visibilizando las acciones del gobierno dictatorial en la región patagónica con el objetivo de captar la aprobación y el apoyo de la sociedad.
Respecto a los diarios Crónica y El Patagónico, Olivares (2015) reconstruye que ambos surgen en la década de 1960, en el contexto de la provincialización de Chubut (1955) y el boom petrolero (1958-1963). Además, destaca que para el año 1982 eran los dos únicos diarios que se publicaban en Comodoro Rivadavia. Aunque menciona que no hay análisis de sus posicionamientos históricos o de su vinculación con el poder dictatorial, la autora destaca que el diario Crónica seguía una línea similar a la del gobierno militar, mientras que El Patagónico se mostraba más moderado.
Caracterización del contexto local en la última dictadura militar, las juventudes comodorenses y el festejo del Día del Estudiante
No es objetivo de este trabajo profundizar en las causas o consecuencias de la última dictadura militar (1976-1983). Sin embargo, es preciso caracterizarla brevemente para contextualizar su transcurso en Comodoro Rivadavia. La dictadura se ha considerado como un parteaguas o ruptura en la historia argentina (Águila, 2023). Aunque desde 1930 se había experimentado una alternancia periódica entre periodos de dictaduras y momentos de democracia o democracia restringida, el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional instaurado el 24 de marzo de 1976, supuso un quiebre con respecto a las experiencias dictatoriales anteriores. Entre sus aspectos distintivos se destacan, fundamentalmente, el desarrollo de un plan sistemático de desaparición y exterminio de personas, la persecución dirigida hacia lo que el régimen identificaba como la subversión; el despliegue de centros clandestinos de detención en todo el territorio nacional y la ejecución de un plan sistemático de apropiación de bebés.
El mismo dejó un saldo de víctimas de violaciones a los derechos humanos sin precedentes, entre los que destacan 30.000 detenidos-desaparecidos/as y más de 400 bebés apropiados; causas que aún hoy son materia de diversos procesos judiciales en búsqueda de Verdad, Memoria y Justicia.
Las Fuerzas Armadas organizaron la represión a escala nacional, por lo que establecieron un esquema de división del territorio que constaba de cinco Zonas de Defensa. La provincia de Chubut integraba la Zona 5, correspondiente al V Cuerpo de Ejército con sede en Bahía Blanca (Águila, 2023, p. 81). Por lo tanto, se puede decir que la ciudad de Comodoro Rivadavia, ubicada en Chubut, no estuvo ajena a este proceso histórico.
Gabriel Carrizo (2021b) analiza cómo la ciudad estuvo atravesada históricamente por diversas experiencias que la posicionaban como un centro de interés por parte de las Fuerzas Armadas. Algunas de ellas son la gestión del general Enrique Mosconi en la Dirección de YPF, la creación en 1944 de la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia o la instalación del Liceo Militar General Roca en 1966. De esto se desprende que la tradición militar no fue algo extraño para la sociedad comodorense[5].
Para sumar a lo ya mencionado por dicho autor, Daniel Marques (1993) recupera algunas dimensiones del conflicto por el Canal de Beagle de 1978, y destaca que, durante la última dictadura militar, se llevó adelante en el espacio patagónico un fuerte control sobre la población chilena, en línea con la filosofía de la “Doctrina de Seguridad Nacional” (p. 134). Además, a ello se sumó el asentamiento del primer Consejo de Guerra constituido en el país por la Junta Militar, realizado en el Comando de la IX Brigada de Infantería el 4 de abril de 1976. En el mismo se trató el juzgamiento a gremialistas por “hechos terroristas”[6].
Entre el 15 y el 19 de octubre de 1976, se realizaron fuertes operativos en donde se detuvo a 352 personas entre dirigentes gremiales, estudiantes y políticos o simpatizantes.[7] Otros hechos son referenciados como parte de los operativos de persecución y represión desplegados por las fuerzas armadas en la ciudad. Entre ellos, la herida a un dirigente estudiantil de la toma de la Universidad en un control vehicular, los operativos en los barrios, la detención del exintendente Alberto Lamberti o el secretario de Bienestar Social Aníbal Sassi y el funcionamiento de un Centro Clandestino de Detención en el Regimiento de Infantería 8 “General O’Higgins”. La prensa local fue también objeto de censura, en tanto el propio diario Crónica fue clausurado durante dos ediciones.[8] Notamos así que la última dictadura militar impactó también en la dinámica de Comodoro Rivadavia. Aunque la ciudad, ya había experimentado la intervención e influencia de las Fuerzas Armadas en ocasiones anteriores, durante el terrorismo de Estado padeció un aumento del control y la represión.
En este marco histórico convulsionado, para situar a la juventud comodorense del momento y caracterizarla, conviene primero recuperar los aportes de Valeria Manzano (2017) acerca de lo que denomina distintas eras de la juventud. En su libro, la autora realiza una periodización de las coyunturas históricas que dan lugar a diversas configuraciones y experiencias de la juventud como categoría o de los jóvenes como actores sociales. Para los fines de este trabajo nos centramos en dos momentos que delimita la autora: el que va de 1966 a 1974 y el de 1974 a 1983.
Manzano sostiene que entre 1966 y 1974 se da la emergencia de una cultura contestataria multifacética a partir de la interacción entre tres figuras: el militante revolucionario, el pibe rockero y la joven erotizada. Los mismos eran resultado de la modernización sociocultural a la que se venía asistiendo en ese contexto (2017, p. 20). Además, en este contexto emerge también el ascenso de la politización de la cual la juventud va a ser protagonista, engrosando los partidos políticos y las organizaciones estudiantiles y guerrilleras. En palabras de la autora, este periodo es “el apogeo de la juventud en la vida política y sociocultural de Argentina (2017, p. 22)”.
La siguiente coyuntura abarca de 1974 a 1983 y se caracteriza por una reacción a la cultura contestataria del periodo anterior, buscando restaurar la autoridad y transformar las condiciones para la sociabilidad, la sexualidad y la política de los jóvenes (2017, p. 21). El corolario de esta reacción fue la irrupción de la última dictadura militar, que, a través de sus prácticas represivas, la persecución, el secuestro, la tortura y las desapariciones puso fin, para la autora, a la era de la juventud (Manzano, 2017). Ella destaca que el 70% de los desaparecidos eran jóvenes entre 16 y 30 años, con lo cual el impacto del Terrorismo de Estado sobre la juventud no es algo que pueda soslayarse.
Retomando los aportes de Jessica Murphy (2023) podemos decir que, en Comodoro Rivadavia, este proceso marcado por la cultura contestaría multifacética tuvo también su correlato, como se ve reflejado en la reconstrucción realizada por “Crónicas del Centenario” (2001, pp. 391-394) [9]. A partir de las prácticas socioculturales y la cultura de los jóvenes comodorenses, podemos encontrar algunas referencias a las figuras descriptas por Manzano para la era que va desde el año 1966 a 1974, como el joven rockero o el militante. Entre los espacios y momentos de sociabilidad juvenil del período se destacan: los asaltos, los picnics, los bailes, los clubes, etc. Emergen las primeras bandas de rock entre las que destacan: Los Diamantinos, Grupo Uno, Dulce Azúcar, Luz Verde y el Patagonia Rock, un festival musical realizado en 1973. Y se destacan los colegios secundarios como el Perito Moreno, la ENET N° 1 y los colegios salesianos: el Colegio Salesiano Dean Funes y el Instituto María Auxiliadora. Se destaca en dicho análisis la existencia de un cruce entre las condiciones juveniles y las clases sociales, en tanto existía una separación entre las prácticas y los espacios reservados para “los chicos del centro” (p. 393) como el club Pinguin, el parque Astra, Saavedra, Manantiales Behr y F de Diadema y los que eran para los otros, como los bailes del salón Luso, el Centro Catamarqueño o La Pulga Azul.
Además del rock más ligado a la escena nacional, aparece también la cumbia tropical, llevada adelante por los chicos que “bajan” del barrio La Loma[10]. “La realidad de los chicos de este sector de la ciudad es otra, muchos trabajan, no pueden estudiar en la secundaria y obviamente tienen otra forma de vida (…)”.[11] Este sector de la juventud comodorense se convierte en objeto de persecución y marginación, así como también los que se mostraban comprometidos con las causas políticas del contexto. Particularmente se iba en contra del pelo largo como rasgo característico del arquetipo del joven rockero y revolucionario.
La juventud comodorense y sus prácticas socioculturales no solo se manifestaban en su vida cotidiana, sino también en un evento tradicional que congregaba a los estudiantes. Nos referimos en concreto a los festejos por el día del Estudiante, conocido también como la farándula estudiantil. A continuación, realizaremos una descripción de la historia del evento y de sus características, valiéndonos del ya mencionado trabajo de Luciana Lago (2011) y de algunas notas periodísticas que dan cuenta de sus principales hitos.[12]
Los festejos del Día del Estudiante en Comodoro Rivadavia pueden rastrearse desde el año 1959, vinculado a otras celebraciones realizadas a lo largo del país cada 21 de septiembre, combinándose con el cambio de estación de la primavera. En la década de 1970 se incorporan las carrozas alegóricas, que eran concretamente estructuras instaladas en camiones con diferentes temáticas o mensajes que desfilaban por las calles de la ciudad. Las mismas eran realizadas por los propios estudiantes de los colegios secundarios, entre los que destacan el Colegio Salesiano Dean Funes, el Instituto María Auxiliadora, el Perito Moreno y la ENET N° 1. A lo largo de los años, este evento se convirtió en una verdadera tradición, siguiendo los planteos de Hobsbawm (1983) ya mencionados. Implicó desde la práctica de rituales año a año y generó una participación y expectativas en toda la comunidad local, en especial entre los y las jóvenes. Se celebró desde 1959 hasta 2012, año en el que cesó y no se ha reanudado desde entonces.
El evento contaba con uno o dos meses de preparación previa, en donde la organización estudiantil, la planificación, la selección de mensajes, la obtención de los camiones y la gestión de los permisos municipales para la utilización del espacio público fueron esenciales. Muchas de estas actividades eran coordinadas y llevadas adelante por los diferentes delegados estudiantiles, miembros de los Centros de Estudiantes y por la Federación de Estudiantes Secundarios (FES). En un principio el desfile se realizaba en la calle San Martín, aunque con los años se trasladó a la avenida Portugal. Acompañaban a los festejos centrales, la realización de bailes en el Club Huergo, la Federación Deportiva o el Club Gimnasia y Esgrima. En este momento se elegía la carroza ganadora y a la reina de los estudiantes secundarios.[13]
A lo largo de este apartado, intentamos situar históricamente a la juventud comodorense de la década del 60 y 70, en el marco de la cultura contestataria multifacética que se estaba viviendo a nivel nacional. Este proceso se vio interrumpido por la última dictadura militar que, como vimos, desplegó también la represión y la persecución en la sociedad local. En este marco, describimos los festejos del día del Estudiante, conocidos como la farándula estudiantil, a la cual caracterizamos como una tradición que unía a los estudiantes en torno a la celebración. En la siguiente sección profundizaremos en cómo este evento fue alcanzado por los límites impuestos por el gobierno militar, según se desprende de la revisión de la prensa gráfica, y cuáles fueron los discursos o núcleos de sentido vertidos acerca de la juventud comodorense por parte de la dictadura.
Hallazgos de la revisión de la prensa local
A través de la revisión de los diarios Crónica y El Patagónico y la revista Cono Sur, hemos encontrado diversas notas periodísticas que permiten dar cuenta de las miradas que el poder dictatorial extendía hacia la juventud comodorense, en particular con relación al festejo del Día del Estudiante.
En primer lugar, estas fuentes sugieren que la farándula estudiantil se desarrollaba bajo los parámetros impuestos por el régimen, presentándose como un “festejo ordenado” (Álvarez, 2018). Esto se traducía en un control ejercido desde las autoridades militares y policiales durante el desarrollo de la celebración. Por ejemplo, en una nota del día 22 de septiembre de 1979 se puede leer, en referencia al desfile de los estudiantes, que el mismo se desarrolló “(…) bajo la vigilancia de serviciales agentes del orden y efectivos militares”.[14]
Otras notas nos permiten observar la intervención del régimen militar no sólo en cuanto a la vigilancia del festejo, sino en la coordinación y organización del evento. Al respecto es sugerente una nota del diario Crónica, que da cuenta de una reunión para organizar los festejos por el día del estudiante en la IX Brigada de Infantería, llevada adelante por el titular del comando, general Osvaldo Jorge García, el teniente coronel Esteban Alberto Solís, empresarios y representantes de la Unión de Estudiantes Secundarios de Comodoro Rivadavia.[15] Otro ejemplo es la participación de la comisión de padres del Liceo Militar General Roca en el jurado de la elección de la Reina de la Primavera de 1978[16], o la celebración de un “homenaje a la juventud” realizado en el teatro Español por parte del Ejército Argentino. Esta consistió en una gala con bandas musicales y un desfile de estudiantes que marcó el inicio de las celebraciones por el Día del Estudiante[17].
Estos ejemplos permiten pensar que, durante la dictadura, la farándula estudiantil fue alcanzada también por los mecanismos de vigilancia y control llevados adelante por las Fuerzas Armadas, y que las mismas participaron activamente en la organización y promoción de esta celebración, junto con las instituciones educativas y la juventud.
Se destacan también la incorporación a los festejos de rituales propios de la lógica castrense o de los actos escolares, como por ejemplo la entonación del Himno Nacional y el izamiento de la bandera[18]. Esto solía formar parte de las primeras actividades en el marco del cronograma estipulado por el Día del estudiante. En algunas oportunidades se observa también la celebración de misas por el Día del Estudiante[19], reforzando así la interpelación a la juventud patriótica y cristiana a la que la dictadura solía dirigirse.
La presencia de estos ritos o prácticas en el marco de los festejos nos permiten dar cuenta de una intencionalidad por parte del poder dictatorial de transmitir valores relacionados a lo patriótico y la moral cristiana en la juventud, reforzando la idea de que la dictadura no buscaba sólo controlar las acciones de los jóvenes, si no sus creencias y valores. Vale preguntarse al respecto por el grado de consenso que tendrían este tipo de medidas por parte de los y las estudiantes, lo cual deberemos (en un futuro) contrastar con otras fuentes.
El festejo del día del Estudiante en Comodoro Rivadavia durante la última dictadura supuso un mecanismo de apelación a la juventud por parte de las Fuerzas Armadas, en línea con lo planteado por Silvia Álvarez (2018) o Alejandra González (2012). Así, podemos inferir que la razón del sostenimiento de la tradición estudiantil comodorense durante la dictadura respondió al interés de las fuerzas armadas no sólo de disciplinar a la juventud, sino también de interpelarla y atraerla. La celebración entonces no solo era impulsada por los y las estudiantes y sus representantes, sino que también era organizada por miembros de las fuerzas de seguridad, el ejército e incluso la Iglesia, siendo por ejemplo las misas parte del cronograma de las celebraciones. Otros rituales como la entonación del himno nacional o el izamiento de la bandera, propios de la lógica castrense o de los actos escolares, también formaron parte de estos eventos.
En segundo lugar, identificamos a partir del análisis de los medios ya mencionados, diversos núcleos de sentido desplegados sobre la juventud de parte del poder dictatorial. Estos son reproducidos en las diferentes notas periodísticas y dan cuenta de la intencionalidad del gobierno dictatorial de atraer a las juventudes comodorenses como parte del apoyo social al régimen. Además, se puede observar un esfuerzo, tanto de parte de la prensa como de la dictadura, en clasificar a la juventud entre una “deseada” y otra “indeseada”. Creemos que esto colaboró en la construcción de una narrativa acerca de los y las jóvenes comodorenses durante la dictadura, en la que, como sostiene A. González (2012) en su estudio sobre el caso de Córdoba, se valorizaba a aquellos/as jóvenes considerados por el gobierno como los “heroicos-virtuosos” en contraposición al “enemigo subversivo”. Al respecto, destacamos la siguiente cita textual que corresponde al titular del comando de la IX Brigada de Infantería, general Osvaldo Jorge García, en donde describe a la juventud participante de los festejos del Día del Estudiante de la siguiente manera: “[…] es la juventud estudiosa de nuestra ciudad, quien desea celebrar jubilosamente su día y es a ella a quien debemos apoyar, porque todos deseamos que nuestra esperanza de hoy sea la realidad de mañana.” [20]
Otro ejemplo de estos llamamientos hacia un tipo de juventud “deseada” lo encontramos en una cita que pertenece al gobernador de Chubut en el año 1978, el general Julio Etchegoyen, en donde pide que la juventud “[…] participe en el Proceso y los incitó al estudio, las responsabilidades, el cultivo del sentimiento de Patria y a plantar en sus corazones la modestia y el desinterés.”[21] En esta nota, se hace referencia a una reunión que tuvo lugar entre el gobernador y estudiantes de Trelew y Rawson para “dialogar por temas planteados por los jóvenes”.[22] Aunque los y las jóvenes que participaron de este encuentro no eran exclusivamente de Comodoro Rivadavia, resulta significativo que el gobernador de la provincia -designado por la Junta Militar y también militar- busque convocar a la juventud a que “participe” en el proceso. Esto nos indica que el poder dictatorial buscaba involucrar e interpelar a la juventud en búsqueda de su apoyo social, pero, en realidad, se dirigió a una juventud estereotipada, a un nuevo tipo de joven que se buscaba construir: responsable, patriótico, con valores modestos y desinteresado (Luciani, 2017).
Respecto a la revista Cono Sur, el ya citado trabajo de Gabriel Carrizo nos ofrece unas pistas en relación con los núcleos de sentido y las estrategias discursivas de la revista para interpelar a los/as jóvenes. El análisis del autor se centra, por un lado, en las visiones de la publicación en torno a los jóvenes conscriptos y sus madres y, por otro lado, en visibilizar la acción cívica implementada por las Fuerzas Armadas. Así, por ejemplo, sostiene que la revista buscaba presentar a los jóvenes conscriptos como “serios”, “responsables”, “decididos”, y sobre todo “felices” (Carrizo, 2021, p. 10). En este apartado, además de continuar por esa línea, intentaremos mostrar también los núcleos de sentido vertidos en la revista sobre las juventudes en general, que, al igual que los discursos realizados desde el poder dictatorial, clasificaba a esos/as jóvenes entre una juventud deseada (los conscriptos, los estudiantes, los deportistas) y una juventud indeseada (el vago, el rebelde, el drogadicto, el promiscuo, etc.).
A lo largo de la revista, notamos una cierta imposición de valores morales y éticos en relación con las juventudes. Lo observamos, por ejemplo, en una extensa nota titulada “Nuestra juventud y la responsabilidad materna”[23]. En la misma, además de la línea editorial, que establece una opinión acerca de la juventud y el rol de las madres en su crianza, se incluyen breves entrevistas a sectores de la sociedad que aparecen como voces autorizadas de opinión acerca de este grupo social: jóvenes modelo (secretarias, reina de los estudiantes, estudiantes) docentes y directores de escuela, comisarios, jefes de la policía y sacerdotes. A continuación, citamos algunos textuales de la nota que nos parecen sugerentes de esta imposición de valores morales y éticos sobre las juventudes:
Obviamente no se trata de cercenar la libertad de nuestra juventud. Pero sí de encaminarla desde sus mismas bases con las limitaciones lógicas en sus derechos y obligaciones […]
Allí está la función de los padres. No con un control estricto que sea acicate para el que se siente asediado, huya hacia el desborde ansioso de revancha, sino guiado amigablemente con el amor sano, formativo del adolescente, descendiendo el mayor para escuchar los problemas e inquietudes del joven.
También la juventud de hoy tendrá que rendir cuentas el día de mañana. Pero ella todavía está a tiempo de justificarse amparada en su condición, mientras que nosotros -sus mayores- no tendremos disculpa ni perdon si en lugar de capitalizar sus virtudes las dejamos que se pierdan por senderos tortuosos donde los jóvenes penetran cuando no ven mejor camino. (Cono Sur, febrero de 1981, n° 27, p. 10)
En ello podemos dar cuenta de una narrativa editorial sobre la juventud que va en línea con ciertos estereotipos también sostenidos por la dictadura: una juventud que debe ser encaminada, tutelada y formada por los mayores, en este caso los padres. Otra expresión de esto la podemos encontrar en un breve recuadro en referencia a la participación juvenil en la actividad deportiva, en el marco del Plan de Acción Cívica llevado adelante por el comando de la IX Brigada de Infantería en Comodoro Rivadavia. Allí se destaca que gracias a la iniciativa del Ejército “(…) los jóvenes de la Patagonia confraternizaban sanamente.”[24] otorgándoles a las fuerzas armadas un rol tutelar sobre esa juventud patagónica.
Asimismo, destacamos las visiones de sectores sociales pertenecientes a las fuerzas represivas del Estado o de la Iglesia. En relación con algunos hechos no especificados que tuvieron como protagonistas a jóvenes comodorenses, el jefe de la Unidad Regional de Comodoro Rivadavia, Guillermo Jones sostuvo que los mismos fueron consecuencia de “una excesiva libertad de la que fueron víctimas [las jóvenes] y que debimos caratular como corrupción” y lo diagnosticó como un “[…] flagelo que está afectando a nuestra juventud”. Sobre los padres de estas jóvenes sostuvo que “[…] no se preocupen únicamente por el estudio de sus hijas, por las notas que traen del colegio, sino también con quién están, qué hacen y brindarles desde el hogar una educación paralela a la escolar.” [25]
El vicario de la diócesis de Comodoro Rivadavia, Monseñor Pedro Ronchino comentaba en una entrevista: “[…] me contaron de madres que pusieron anticonceptivos en las carteras de sus hijas (¡!). Hay muchas cosas que van más allá del embarazo ¿Quién preserva en esos casos la sensibilidad de la chica, su capacidad de cariño, su conformación…?”. También coincidía en el rol de los padres y la familia en la crianza de los/as jóvenes: “Ese es uno de los argumentos fundamentales para que la iglesia defienda la indisolubilidad del matrimonio. Porque el crecimiento de los muchachos requiere de la colaboración de los dos que lo han traído al mundo”[26]
Observamos en estos comentarios una continuidad entre los valores expresados por los entrevistados y los valores que se buscaban inculcar y promover en los/as jóvenes “heroicos-virtuosos” por parte del poder dictatorial. Las palabras de Jones anteriormente citadas remarcan la necesidad de control y los peligros de una “excesiva libertad” para los y las jóvenes, un discurso que iba en línea con el desplegado por el régimen autoritario. Por otra parte, lo expresado por Ronchino acerca del rol de la familia y de los valores morales que esta inculca, refleja también los discursos morales que la dictadura, en comunión con la Iglesia, buscó promover en la juventud.
Otro ejemplo de núcleos de sentido en torno a la juventud, los podemos encontrar en entrevistas realizadas a diferentes músicos y folcloristas, donde expresaban opiniones y nociones sobre la juventud y sus consumos culturales. En ocasión de una entrevista realizada a Eduardo Falú, folclorista, llama la atención un destacado con el siguiente título: “Se les oculta el folclore a los jóvenes”[27]. Él mismo sostiene que: “[…] en las radios sólo se transmitía música moderna. Estridencia y ruido de la mañana a la noche” y continua: “[…] de un tiempo a esta parte silenciaron bastante el folclore y la gente joven no sabe de él porque no se lo hicieron escuchar”. Ante la pregunta de si se ha “desvirtuado la cosa folclórica en relación con quienes se hacen llamar folcloristas” Falú responde: “¡También! También hay un poco de esa culpa. Incluso en cierto modo se lo tomó como bandería política, con cierta demagogia panfletaria”.
Es sugerente también una entrevista realizada a los músicos Eddie y Leslie Burón titulada “Buscando música argentina sin agresividad y sin sangre” [28]. En la misma, se toma a estos músicos comodorenses como referentes que “[…] ejercen profesionalmente el género musical de alguna manera emparentado con aquel al que aludían nuestros lectores”, es decir, el rock. En esta nota, los músicos realizan una crítica a ciertas expresiones musicales que notaban como agresivas, que nacían de un descontento por parte de la juventud sobre problemas económicos, morales y políticos. Para ellos este desencanto pesaba “sobre lo que verdaderamente debiera ser el basamento de la sociedad, en este caso la nuestra, occidental, cristiana […]”. Ante la pregunta por su rol para contrarrestar esas influencias negativas respondían:
Nosotros cantamos en castellano y estamos con lo rescatable y positivo que dejo la generación del 60. Surgimientos como el de Kiss, no son más que piratas del espectáculo, con esas bocanadas de sangre artificial, cadenas colgando, adornándose con cananas plateadas, gestos grotescos, rotura de los instrumentos y todo ese cúmulo de agresividad. (Cono Sur, 1981, p. 34)
Como opinión acerca de la juventud sostienen: “[…] la juventud argentina no es tonta y sabe distinguir. Creemos que no peligra, cuando pasada la pubertad aprende a elegir”.
En ambas notas vemos reflejada una preocupación por los consumos culturales juveniles, concretamente en lo relacionado a la música, entendida esta última como un vehículo de ideas contrarias a los valores conservadores. Se habla de un folclore politizado, desvirtuado, de un rock violento, agresivo, que va en contra de las bases de la sociedad occidental y cristiana. No es difícil encontrar en estas expresiones también una continuidad con el discurso de las fuerzas armadas, y la necesidad de inculcar a los y las jóvenes consumos culturales que fueran en consonancia con la moral occidental, patriótica y cristiana, que intentaba promover la dictadura.
Creemos que no es casual la inclusión de estas notas como contenido de la revista, considerando lo analizado por Carrizo en relación con las claras intenciones de la publicación de generar consenso en torno a los núcleos de sentido que sostenía.
Para la dictadura, había una juventud positiva, a la que se tenía que atraer a la causa, pero había también otra juventud: la rebelde, la subversiva, a la que había que eliminar. Ello se ve reflejado en el dato cuantitativo acerca de los y las jóvenes desaparecidos durante la última dictadura militar a nivel nacional[29]. Aunque es difícil discernir el grado de consenso que estimularon estos núcleos de sentido, creemos que sí colaboraron en la construcción de una mirada acerca de los buenos jóvenes y los malos jóvenes a los que había que disciplinar y desactivar, justificando así la represión sobre los mismos. Comodoro Rivadavia no escapaba a estos dispositivos de control desplegados sobre la juventud.
En síntesis, podemos sostener que la fiesta del Día del Estudiante en Comodoro Rivadavia durante la última dictadura militar constituyó un escenario controlado y dirigido por las fuerzas militares, buscando no sólo disciplinar a la juventud, sino también inculcar valores afines a los intereses del régimen. Es por esto por lo que se la presentó como un “festejo ordenado” (Álvarez, 2018, p. 8), en donde la juventud deseada celebraba su condición estudiantil. Asimismo, creemos que esta festividad sirvió como un medio para cohesionar a la juventud, promoviendo una imagen estereotipada de lo que se consideraba una juventud aceptable para el régimen. Esto, a su vez, formó parte de un entramado más amplio de miradas sobre la juventud, como bien pudimos observar en los núcleos de sentido dispuestos en la prensa gráfica, que buscaron generar un consenso en la población civil acerca de la necesidad de tutelar a los sectores juveniles y –como sostiene Luciani (2017)- desactivarlos políticamente.
Conclusiones
A lo largo de este trabajo nos propusimos rastrear las miradas y discursos desplegados desde el poder dictatorial hacia las juventudes en la prensa local, centrándonos en un evento constituido como tradición para la juventud comodorense: la farándula estudiantil. A través del análisis de la prensa gráfica local, concretamente de los diarios Crónica y El Patagónico y la revista Cono Sur, intentamos dar cuenta, por un lado, de la visión de las Fuerzas Armadas sobre los festejos del Día del Estudiante como un “festejo ordenado” (Álvarez, 2018, p. 8). Y, por otro lado, buscamos identificar las actitudes o prácticas que reflejaron la intencionalidad del gobierno dictatorial de atraer a las juventudes como parte del apoyo social al proceso y de clasificarlas con las categorías de deseada e indeseada.
Así, encontramos que la celebración del Día del Estudiante durante el Terrorismo de Estado (1976-1983) supuso una instancia de influencia y control ejercido por las fuerzas armadas sobre las juventudes comodorenses. El régimen dictatorial impuso su mirada y sus directrices sobre esta festividad, buscando inculcar en la misma valores patrióticos, morales y cristianos a través de rituales, eventos organizados y discursos enfocados en una juventud deseada. La intervención militar no se limitó solo a vigilar el desarrollo del evento, sino que también participó activamente en su organización, incluyendo dentro del cronograma de los festejos rituales como misas o prácticas propias de actos militares o escolares.
También destacamos la creación de una narrativa impuesta por el régimen dictatorial, la cual se reflejaba a través de la prensa gráfica y que clasificaba a la juventud en dos grupos: aquellos considerados deseados y heroicos-virtuosos, frente a aquellos señalados como indeseados o enemigos-subversivos, (González, 2012). Esto lo observamos en los discursos de figuras jerárquicas como el titular de la IX Brigada de Infantería, el gobernador militar de la provincia de Chubut, los jefes de policía de Comodoro Rivadavia o las autoridades eclesiásticas, pero también en otros sectores sociales o referentes culturales como estudiantes, ex-reinas, docentes o músicos. Vislumbramos, de esta manera, la imposición de valores éticos y morales sobre la juventud y la necesidad de tutela y formación por parte de figuras adultas, como los padres o el propio Ejército. Esto se alineaba con los discursos promovidos por las fuerzas armadas y la Iglesia.
Como líneas a seguir desarrollando en futuras investigaciones, cabe la pregunta por cómo las miradas o prácticas represivas sobre los festejos del Día del Estudiante eran percibidas y experimentadas por la juventud comodorense. Sería interesante analizar las experiencias juveniles puestas en diálogo con estos núcleos de sentido desplegados por las fuerzas armadas y la prensa gráfica. Para esto, las herramientas de la historia oral, la realización de entrevistas y la mirada cualitativa para contrastar con otras fuentes o documentos serán fundamentales. De esta manera, podríamos comprender la experiencia juvenil de celebrar durante dictadura, y además analizar las respuestas o resistencias (si es que las hubo) a esas imposiciones, teniendo en cuenta que, en Comodoro Rivadavia hubo una larga tradición de presencia de las fuerzas armadas en diferentes ámbitos. Además, sería interesante realizar un análisis comparativo entre la celebración antes de la dictadura y luego de ésta, a fin de establecer cambios y continuidades en los rituales del festejo.
Bibliografía
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Fuentes consultadas
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Diario El Patagónico, 1976-1983. Disponible en Hemeroteca del Centro de Información Pública de Comodoro Rivadavia. Consultados entre marzo y septiembre de 2023.
Revista Cono Sur, 1978-1982. Disponible en Hemeroteca del Centro de Información Pública de Comodoro Rivadavia. Consultados entre marzo y septiembre de 2023.
Diario Crónica, Crónicas del Centenario, 2001.
- FHCS- Departamento de Historia- UNPSJB. Este trabajo se encuentra enmarcado en un Proyecto de Investigación titulado “Exploraciones sobre prácticas y políticas juveniles en Comodoro Rivadavia. Miradas desde la historia y la sociología”.↵
- En línea con lo planteado por las normas editoriales, se aclara que se acuerda con el uso de un lenguaje no sexista, respetuoso de las diversas formas de vivenciar el género. Sin embargo, para agilizar la lectura, se optará por utilizar la fórmula de “los” y “las” o en menor medida, el recurso de “es/as”.↵
- Disponibles en la Hemeroteca del Centro de Información Pública de Comodoro Rivadavia. Consultados entre marzo y septiembre de 2023.↵
- En concreto, Franco nombra los siguientes elementos: “la subversión”, “el terrorismo”, la “amenaza interna” y “externa” (2002, p. 1). ↵
- Gabriel Carrizo (2021) menciona que los núcleos de sentido desplegados por la revista Cono Sur se hacían en un “campo fértil” de lectores que habían experimentado los beneficios tangibles de las administraciones militares, en referencia a la experiencia de YPF o la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia (p. 18).↵
- Crónicas del Centenario (2001), p. 442.↵
- Crónicas del Centenario (2001).↵
- En el comunicado número 10 del Comando Subzona 53, firmado por el coronel Arturo Armando Corbetta se expresa que la clausura del diario por dos días respondió al descontento de las autoridades militares por la inclusión de una entrevista a la madre de uno de los acusados por el Consejo de Guerra junto con otra nota que resume las tareas de este. (Crónicas del Centenario, 2001, p. 442).↵
- Esta idea respecto a la presencia juvenil en Comodoro Rivadavia se amplía en el capítulo de la misma autora que se incluye en este mismo libro.↵
- El uso del verbo tiene que ver con que el barrio se encuentra en las zonas altas de la ciudad, en donde frecuentemente habitaban los sectores populares. Es una expresión recuperada del libro ya citado. (p. 393).↵
- Crónicas del Centenario (2001, p. 393) ↵
- Garolini, Mariela (30 de octubre de 2021). “El desfile de carrozas que cada primavera unía en una farándula a los estudiantes de Comodoro”. Recuperado de: http://bit.ly/3SSrQQO ↵
- Cabe aclarar que la selección de la carroza ganadora fue haciéndose en los últimos años previos al 2012 durante el mismo desfile. En ese contexto, se establecía un palco donde un representante comentaba el mensaje de la carroza. Desde allí, un jurado elegía cuál sería ganadora. Los bailes y la elección de la reina que antes formaban parte de los componentes rituales del festejo gradualmente fueron también desapareciendo, dejando únicamente el desfile de carrozas como evento central. ↵
- Diario Crónica, p. 8.↵
- Diario Crónica, 10 de septiembre de 1977, p. 4.↵
- Diario Crónica, 21 de septiembre de 1978, p. 6.↵
- Diario Crónica, 20 de septiembre de 1980, tapa.↵
- Diario Crónica, 21 de septiembre de 1977, p. 9.↵
- Diario Crónica, 10 de septiembre de 1977, p. 4.; El Patagónico, 22 de septiembre de 1980, p. 3.↵
- Diario Crónica, 10 de septiembre de 1977, p. 4.↵
- Diario Crónica, 22 de septiembre 1978, p. 3.↵
- Ibid.↵
- Revista Cono Sur, febrero de 1981, n° 27, pp. 8-14.↵
- Revista Cono Sur, septiembre de 1979, n° 10, p. 35. ↵
- Ibid., p. 12.↵
- Ibid., p. 13.↵
- Revista Cono sur, abril 1981, n° 29-30, p. 8 y 9.↵
- Revista Cono sur marzo 1981, N° 28, p. 34.↵
- Valeria Manzano sostiene que el 70% de los/as desaparecidos/as en dictadura eran jóvenes de 16 a 30 años (2017, p. 22).↵






