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6 Dinámica de red
y acción colectiva transnacional

En este capítulo se profundiza en la comprensión de la acción colectiva con carácter transnacional y las conexiones que fomenta su dinámica en red. Así mismo, se reflexiona sobre las implicaciones y el aporte de este tipo de red en la construcción de una propuesta para la incidencia política. En términos de la influencia que ha tenido la agenda común del movimiento en la formulación de políticas de base comunitaria. Se finaliza con el planteamiento del alcance de la ley de cultura tanto en Argentina como en el caso de Costa Rica.

Acción colectiva transnacional

Se le llama acción colectiva transnacional a las acciones que se realizan en nombre del MLCVC y que tienen un carácter político. Algunos ejemplos son: actividades en el marco de los congresos latinoamericanos donde las decisiones se toman como colectivo independientemente del país de origen. Además de las acciones desde el movimiento latinoamericano para que el país anfitrión del respectivo congreso logre visibilidad política en territorio. También se reconoce como tal a las vinculaciones post congresos para proyectos, festivales, capacitaciones o intercambios entre organizaciones de diferentes países o provincias, y al seguimiento y cumplimiento de la agenda común a través de los acuerdos alcanzados en los círculos de la palabra.

Los resultados de esta investigación evidencian que en este caso en particular la articulación en red fomenta el empoderamiento en las organizaciones territoriales que la conforman. Esto debido a que potencia el acompañamiento y el intercambio de conocimiento que fortalece los procesos territoriales. El carácter latinoamericano de este movimiento le otorga la legitimidad a las organizaciones que participan al validar y difundir sus prácticas en territorio, misma legitimidad que hasta la fecha muchos de los estados latinoamericanos les niegan. Este hecho dificulta el apoyo del gobierno local y por ende la legitimación de las organizaciones en las comunidades a las que pertenecen.

El trabajo en red incentiva a las organizaciones comunitarias vinculadas a accionar en redes nacionales y regionales en miras de unificar su criterio de acción para que pueda compartirse a nivel latinoamericano y sumar a la agenda común. Lo que estimula un compromiso de participación a pesar de las debilidades de las organizaciones y de las dificultades del entorno socioeconómico y cultural.

La conexión transnacional generada por el convivio en el marco del MLCVC permite que organizaciones pequeñas o nuevas sean acompañadas por otras con mayor trayectoria, lo que reconoce un accionar local desde una perspectiva regional, nacional y continental que no era posible con anterioridad. Bajo el amparo de la CVC el intercambio y la convivencia se facilitan tanto en territorio como entre colectivos de países distintos.

Si se visibiliza la red como una telaraña, los vacíos entre el tejido permiten flexibilidad y le dan resistencia a la hora de exponerse a las adversidades del contexto. La red atrapa a las organizaciones con similitudes y deja pasar las organizaciones que no tienen la resiliencia para esta propuesta colectiva de habitar el espacio. A su vez, organizaciones que se (re)encuentran en el sentir latinoamericano poco a poco empiezan a tejer nuevos caminos para quienes se sumen o quieran transitar por espacios desconocidos. Se evidencia así que hay partes que no se tienen mapeadas o que sirven de escape cuando todas las necesidades de las organizaciones no se pueden contener.

Lo interesante de la articulación en red como estrategia de vinculación de los colectivos que conforman el movimiento cultural de estudio, es que siempre está sujeta al cambio. Al ser un tejido vivo no adquiere una forma definida sino que puede llegar a ser otras cosas siempre y cuando no se rompa. Esa idea de movimiento contenido plantea ser inclusivo e integra de una manera muy orgánica a nuevos integrantes y sus experiencias.

El accionar en red a través de la adquisición de compromisos por medio de una agenda común y desde una visión continental, amplía enormemente la mirada regional. La mirada latinoamericana hace que las acciones locales estén cargadas de un constante intercambio que trasciende las fronteras desde una visión ampliada y diversa. Por ejemplo, a través de la propuesta del “Pasaporte Comunitario Latinoamericano”[1], se propone el reconocimiento de que las fronteras entre países no deberían existir y que las comunidades en red trascienden el territorio para compartir un sentir continental que les da un nuevo sentido de pertenencia.

¿Cuándo la acción colectiva es trans?

A partir del análisis del tejido de CVC se pudo reflexionar con mayor claridad cómo es su acción colectiva. Esto con el fin de comprender que la frontera del territorio se rompe cuando se piensa desde lo continental, en lo continental, lo regional y local. Esto no ocurre en el plano de lo nacional, debido a que interfiere la articulación bajo la concepción del Estado-Nación. Allí se sostiene la premisa de que la validación en la toma de decisiones se da desde la representatividad y no desde la deliberación y el consenso. Lo que sugiere la consideración de las propuestas desde grupos minoritarios y diversos y donde lo substancial no es el respaldo mayoritario sino la decisión discutida y consensuada como la mejor para la comunidad.

Desde esta investigación se acentúa la visión de lo transnacional y no lo intercultural, porque la evidencia empírica resalta que, aunque los colectivos involucrados habiten distintos espacios, se comparte una misma cultura en la práctica, más allá del territorio. Es así como expresiones locales pueden adquirir características continentales, al dirigir el discurso de su organización hacia la cultura viva, que los contiene y delimita su identidad.

La generación de expresiones identitarias propias de la red desde lo continental como eje, pero compartidas desde lo local, se posicionan desde lo que se comparte al vivir en comunidad. Diferente de la concepción de lo popular desde un enfoque de estratificación de clases o desde la visión del patrimonio intangible, o en contraposición con el aporte a la cultura desde las Bellas Artes. La categoría de lo comunitario permite englobar todas estas prácticas sin distinción.

Este aspecto desde el punto de vista antropológico resulta interesante en cuanto la valoración de lo territorial condiciona los productos culturales que se comparten y se generan en colectivo. Una territorialidad expandida a través de los espacios virtuales y los contextos transnacionales reconoce otras formas de sociabilidad, que ya no dependen de con quién comparto físicamente un espacio sino con quién comparto intereses y visiones de mundo.

Esta propuesta contribuye en la generación de una cultura transnacional, con una acción colectiva pensada desde una perspectiva latinoamericana y articulada en red con fines de incidencia política. Se evidencia cómo las relaciones geopolíticas no están adscritas solo al plano institucional. Producto de ello es la proliferación de manifestaciones culturales como la CVC que buscan ampliar el espectro de convivencia en miras de generar nuevos productos culturales y dinámicas que legitimen su dinámica y confronte los sistemas hegemónicos.

Esta posibilidad de cimentación de nuevas hegemonías, que incentiva otro orden para el diálogo institucional desde la sociedad civil como actor político, evidencia que otras formas de gestión cultural no solo son posibles sino que conciben una contribución más comprometida y equitativa para la construcción de políticas culturales de base comunitaria. No como respuesta ante su ausencia generalizada, sino como precedente de que la cultura no es estática ni se puede contener, sino que está en constante transformación y regeneración. Por lo tanto, las políticas culturales no pueden mantenerse detenidas en el tiempo o amparando solo a ciertos sectores privilegiados por la historia.

Es importante que los Estados latinoamericanos acepten que la cultura es esencial en el desarrollo humano, social y económico de las naciones. Y que a pesar de las carencias económicas que impiden un apoyo más firme y permanente para el desarrollo de políticas culturales, estas deben ser desarrolladas con los recursos que se tienen actualmente. Las experiencias de CVC a lo largo del continente evidencian que el éxito de su mirada y de la gestión comunitaria no depende de los recursos económicos con que se cuente sino con la voluntad política para se dé un acompañamiento significativo en las comunidades y sus procesos por parte de los referentes estatales.

Articular lo local desde lo continental con un alcance transnacional

Al articular lo local desde lo continental con un alcance transnacional, se ha generado una posibilidad de gestionar lo regional más allá de los alcances de los Estados. Pareciera ser que los aprendizajes puestos en práctica van de lo específico hacia lo continental como meta. Los intentos de articular una red nacional para la representación continental no cesan, dado que deben responder a las demandas de los Estados para ser legitimados como actores sociales y políticos. A su vez, se plantea una interpretación regional y local de los acuerdos continentales pues siempre hay alguien que recuerda los acuerdos continentales pero también alguien que los desconoce o no los utiliza de referencia.

En cuanto al intercambio que se produce dentro de la red continental, la colaboración trasnacional de seguimiento y de carácter virtual es elemental. Aunque siempre es sostenida por pocas personas como en ambos casos analizados. La estructura de red es compleja y envuelve a muchos otros colectivos que accionan en otros niveles y frecuencias, debido a que la red todavía está en desarrollo y no hay un flujo armonioso de la información entre los colectivos más antiguos y los nuevos que se suman.

También ocurren algunos malentendidos a raíz de los colectivos que se suman. Algunos colectivos apenas están interiorizando que su participación alimenta el objetivo político del movimiento y que no se trata solo de compartir experiencias como testimonio. Muchas organizaciones se acercan por considerar que su hacer lo amerita pero no necesariamente con una conciencia política que implica la voluntad para enmarcar sus acciones con contenido para diversos públicos y fines. Poco a poco las organizaciones van socializando sus actividades en nombre del movimiento. Lo que resulta mucho más funcional en términos del tiempo invertido y las posibilidades reales de las personas participantes.

Conexiones transnacionales en las dinámicas de acción colectiva en red

Dinámicas culturales y experiencia en ambas redes

Desde la experiencia de los y las participantes de la red en Costa Rica se destaca que el integrarse a Cultura Viva les ha dado un sustento teórico más fuerte, al confrontar sus prácticas en territorio para poder nombrarlas. El encontrarse con otras experiencias, no solo del país de origen, permite que se desarrollen procesos que desde sus colectivos no necesariamente se pueden lograr pero que con un apoyo ampliado sí. Ha sido primordial reconocer que a pesar de la diversidad, se encuentran similitudes en problemáticas, valores comunitarios y formas de trabajo que han tenido impacto real en la vida de las personas y las comunidades.

La Asociación hizo un cambio epistemológico al ver ya el swing no como un baile X, sino como expresión de la cultura popular. Ese cambio amplió completamente el horizonte para nosotros en la Asociación. Y eso me permitió vincularme con personas de la cultura popular. Hace tres años logré llevar el curso de Formación en Gestión Sociocultural para fortalecerme. Como soy ingeniero químico, esas cosas son extrañas para mí pero dije: si esta es nuestra nueva visión del swing entonces yo necesito irme preparando todo lo que pueda para que las palabras de la Asociación tengan fortaleza (Vocero Asociación Cultural de Swing y Bolero de Costa Rica. Conversación personal, 17 de febrero de 2019).

Por otro lado, desde la red en Argentina sobresalen aspectos como el potencial de la cultura como eje de acción político y la construcción de nuevas hegemonías. Este posicionamiento sugiere una mirada distinta del papel de la cultura en la sociedad, ya no vista como complemento desde el plano recreativo sino como herramienta de reflexión e intercambio. La cultura y el arte como intermediarios para la transformación social.

Estar en el movimiento es como viajar. Te permite eliminar los prejuicios y abrirse al diálogo, a saber que hay otro u otra que piensa las cosas distintas y se puede caminar en conjunto. Es uno de los aprendizajes más grandes el hecho de compartir experiencias y vivir la metodología diaria de otras organizaciones y experiencias. Creer en la esperanza de que el mundo puede ser un lugar más lindo. El sistema neoliberal y capitalista genera pobres y la CVC puede ser una herramienta de transformación del sistema. Esto de creer que la cultura es algo vivo, que tiene vitalidad, que puede ser transformadora, genera fuerza. Me parece que el mayor aprendizaje es creer que otro mundo es posible (Director de Formación y Diversidad Cultural. Entre Ríos-Paraná. Conversación personal, 8 de junio de 2019).

Velar por un encuadre distinto para gestionar proyectos desde una mirada más integral de lo que es ser latinoamericano/a. Pensar el sostenimiento de distintas formas colectivas posibles, no solamente tiene que ver con obtener fondos económicos o subsidios, sino también con crear contingencias y dar acompañamiento a través del respeto y el reconocimiento de la diversidad del otro/a.

El congreso me dejó la visión clara de lo local, regional y lo latinoamericano y ahora todo el tiempo pienso de esa manera. Me veo pensando en escala y me parece que lo que dejó fue esa potencia de visibilizar esas formas de funcionamiento que pueden convivir y no tenemos que perdernos de ahí (Vocera Organización Argentina para Sociedades Inclusivas (OASI). Moreno, Buenos Aires-Argentina. Conversación personal, 5 de junio de 2019).

La posibilidad de encontrar espacios para la construcción y aceptación desde la diversidad y la equidad de condiciones sociales, genera mucha esperanza en términos de una colectividad que unida puede encontrar soluciones alternativas a los problemas que les competen. Además, la voluntad de agruparse y de reivindicar los saberes de los demás refuerza la disposición de vincularse desde lo común para encontrar otras opciones que cuestionen las maneras tradicionales y aún viciadas por un sistema partidista.

Lo que me transmite más que todo el movimiento de cultura viva comunitaria es voluntad de construir. El movimiento tiene la riqueza de poder mostrar cómo viven y desarrollan su labor las comunidades. Esto no es de todo el mundo, pero la idea es acercar la gente para que vea que esto es un movimiento vivo y tiene la capacidad de transformar. Estamos en un movimiento y ya su propia construcción es políticamente una cosa poderosa en un continente donde las políticas neoliberales de hoy en día son muy fuertes (Vocero Biblioteca Popular Caminantes. Paraná, Entre Ríos-Argentina. Conversación personal, 28 de octubre de 2018).

Aportes del intercambio en ambas redes

Desde la visión de los participantes de la red en Costa Rica el intercambio desde las redes potencia una empatía mayor al darse cuenta de la realidad de las otras organizaciones. Se busca la formulación de proyectos integradores, que sean beneficiosos para los intereses principales de los colectivos. Es significativo el intercambio y la participación donde el concepto de resonancia es clave, ya que es necesario estar en sintonía para que se den condiciones de escucha y reflexión.

Tenemos afinidad con las personas que participan, conocemos los espacios, sus vivencias, se conecta la red con una perspectiva latinoamericana y también se va adquiriendo una identidad regional (…) A nivel afectivo somos como una manada. Siempre nos saludamos de abrazo, eso pasa dentro de la organización, círculos de conexión, mirada a los ojos. Trabajamos todo el día, en la noche tomamos vino, cantamos y en la mañana estamos trabajando de nuevo. Es una convicción política con la que podemos fluir (Representante de Guanared. ECOARTE. Costa Rica. Conversación personal, 19 de marzo de 2017).

La cultura comunitaria genera convivencia e incentiva a que los espacios sean inclusivos. Compartir experiencias a nivel internacional evidencia la perspectiva de que en muchos lugares suceden situaciones similares, pero se están implementando soluciones distintas a esas situaciones. Conocer otras formas de trabajo para potenciar la visión colectiva desde lo que se implementa o innova en otros lugares.

Fortalecer los lazos para empoderarnos como un solo territorio a nivel ideológico. Porque cuando usted está ahí en un congreso no hay fronteras de nada. Cuando usted está conviviendo con las personas o viajando, ahí no hay fronteras, somos de verdad hermanos, como una familia (Vocera Yarä Kanic. Costa Rica. Red de fotógrafos de CVC. III CLCVC Ecuador. Conversación personal, 20 de febrero de 2019).

La vinculación desde el abordaje del arte y la cultura evita pasar por lo partidario. Tejiendo redes desde abajo hacia arriba para que esa vinculación tenga movimiento y demuestre que la red posee utilidad y que puede generar propuestas apropiadas y acordes con la realidad actual. Esto es relevante en el entendido que más allá del apoyo estatal con que se cuente esta propuesta de gestión en comunidad, es exitosa ya que es funcional, orgánica y tiene arraigo.

Precisamente por la heterogeneidad que tiene el movimiento se crean expectativas a la hora de pensar como organización. Esto tiene que ver con el deseo de que el movimiento se convierta realmente en una herramienta política de disputa, de presión y de fortalecimiento de las organizaciones que lo componen. Poder ser un instrumento político que les contenga y a su vez respete sus identidades, es una manera de disputar con los poderes para aportar calidad de vida a sus comunidades.

Que sesenta vecinos hayan podido ir a Bolivia, compartir su comida, su intimidad, sus casas, bañarse, compartir con sus familias, eso hace que luego esos compañeros que vuelven, si alguien va a hacer un comentario racista, le va a parar la mano y va a decir: “Pará, yo compartí, viví, es mi hermano y no te permito que digas eso de un compañero de Bolivia, o uno de Paraguay o de otro lugar”. Entonces creo que va más profundo. Creo que el movimiento latinoamericano lo que tiene es que como trabaja desde lo cultural, desde la identidad, está aferrado en cosas muy viscerales, muy de sentimiento, que van más allá de lo racional y eso es lo que lo hace fuerte. Y lo que hace que hayamos realizado cuatro congresos ininterrumpidos y que el movimiento tenga una potencia que aún desconocemos porque va a seguir creciendo (Vocera Cooperativa La Comunitaria. Rivadavia, Buenos Aires-Argentina. Conversación personal, 24 de mayo de 2019).

Implicaciones de la acción colectiva de carácter transnacional en la dinámica local y continental

El sentirse parte de un mismo continente desde la práctica, compartir sus vivencias desde una visión macro de la región, demuestra que existe una construcción a cargo de muchos colectivos de diferentes países quienes han ampliado la mirada que originalmente manejaban de lo territorial.

Ellos no van a venir acá a trabajar con nosotros pero podemos absorber su conocimiento, lo que está vivo. Como cuando uno aprende de las abuelitas. No es repetir es recordar que ya sabemos, fortalecerlo y llevarle a la parte ecológica que nos conecta con la tierra. A través del conocimiento ancestral toda esa sabiduría que uno ve desde el que está rapeando, a quien está haciendo su altar con sus ofrendas. Eso siempre se ha hecho y en muchos lugares se ha perdido. Volver a empoderarnos y crear una sola red. El hecho de convivir, de ver sus costumbres, de no avergonzarse, de no tener miedo de lo que uno es (Vocera Yarä Kanic. Costa Rica. Red de fotógrafos CVC. III CLCVC Ecuador. Conversación personal, 20 de febrero de 2019).

Poder armar una red desde México hasta Tierra del Fuego, tomando en cuenta los aspectos culturales es una propuesta superadora desde lo político. Lo cultural estuvo antes que los países, por lo que de ahí se pueden tejer uniones y alianzas que hagan fuerza para mantener vivas a todas las culturas originarias y a nuevas formas de hacer colectivamente que son necesarias para la transformación que surge en el continente. Las políticas culturales deben considerar que la cultura es vida y que por ende se debe ampliar su cobertura ya que no solo se debe velar por el aspecto conservacionista de los productos culturales sino por el entendimiento de nuevas expresiones identitarias que se articulan a partir de nuevas dinámicas relacionadas con el arte y la cultura.

Somos locos soñadores, del sí fácil, nos gusta hacer. Creemos mucho en la gente y lo demostramos. Dijimos que queríamos un congreso para la gente del territorio, que no fuera únicamente para los latinoamericanos, porque acá todos somos hermanados, tenemos de todos los lugares: bolivianos, venezolanos, cubanos. Abrirnos sin fronteras. Demostrarle a Latinoamérica que se puede y que estamos laburando para que existan otras oportunidades para nuestros pibes, para nuestro territorio. Convocamos a todo el territorio y respondió bien. Una respuesta a lo malo de las comunidades. Una política humana de quienes vivimos acá la cultura viva (Vocero Radio FM. Reconquista. José León Suarez, Buenos Aires-Argentina. Conversación personal, 11 de junio de 2019).

Aportes de la transnacionalidad en red

Los congresos latinoamericanos sirven para el intercambio y el convivio pero también para acuerpar. La constancia y el fortalecimiento de esta iniciativa con la adición de colectivos les da legitimidad. No hay reciprocidad sin redistribución, por lo que el congreso amparado en la organización de red se enfoca desde el cuidado, la contención y el afecto de reencontrarse en un lugar distinto cada dos años. Esta manera de vincularse, ya sea como colectivo que participa por primera vez, así como colectivo que ya ha generado otros afectos, es muy asertiva. Ya que hace circular la información para integrarse a la propuesta de una forma orgánica y valorando el aporte particular de cada iniciativa que se incorpora.

El aporte es enorme en ese reconocerse pares con otros que vienen con lógicas similares pero acciones diferentes. No hay otra red como la Guanared, o no hay otro Culebrón Timbal como el de Argentina. Ese descubrimiento de tener tantos pares ha sido un respaldo enorme porque eso sí empodera. Y ese acervo teórico es una fuente inagotable de crecimiento (Vocera Guanared. Costa Rica. Conversación personal, 11 de febrero de 2019).

La posibilidad de ubicar el trabajo territorial dentro del tejido latinoamericano para trazar una ruta más clara basada en lo común y en las experiencias exitosas que dan esperanza y animan a quien no ha transitado por los mismos lugares con anterioridad. Con el movimiento nacional en territorio, el aporte se da desde la práctica y su legado es a nivel comunitario. Mientras que en el ámbito latinoamericano se sopesa la incidencia política a partir de la trayectoria y la experiencia.

Ilustración 9. Dinámica de la red continental y las redes de Costa Rica y Argentina

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Elaboración propia.

Democracia deliberativa y acción colectiva en la red continental

El carácter latinoamericano enfatiza la carencia de políticas culturales de base comunitaria como un problema de la región. Esto con el propósito de que se unifiquen criterios para avanzar como un todo. Ya que el objetivo común no se logra en un país por separado, pero la expresión cultural particular de un país sí se llega a sumar a la red continental.

En el caso de El Culebrón, lo latinoamericano ya forma parte de nuestra identidad, todo lo que hacemos forma parte de CVC, somos eso. Así que diría que toda mi formación, nuestra política se hizo en la construcción de este movimiento, junto con la cuestión de la economía social y de la democracia participativa como conceptos complementarios. Son para nosotros los ejes de un proyecto político que puede ser no capitalista (Vocero El Culebrón Timbal. Moreno, Buenos Aires- Argentina. Conversación personal, 12 de junio de 2019).

Lo latinoamericano es central en este proceso, porque pensarlo fuera dejaría de tener sentido. Cuando se acercan al gobierno local ya no se negocia desde el colectivo aislado sino desde la red continental. Por lo tanto, se adquiere una dimensión exponencial más potente donde el pertenecer a la red empodera y fortalece el quehacer local. Este es un acierto muy significativo de la articulación en red, es una estrategia considerada por otras redes pero es particular en este caso en cuanto las fuerzas en pugna se debaten como demanda hacia los Estados latinoamericanos y desde el plano de la acción colectiva en miras de una participación más activa de la sociedad civil.

Esta reivindicación tiene que ver con historias colectivas, trayectorias y modos de pensar el mundo indígena, el campesinado, medio ambiente, toda una serie de postulados vinculados a vivir dignamente con sentido en comunidad que por mucho tiempo fueron desestimados e invisibilizados. No es lo mismo decirle a un grupo nuevo que no conoce que es CVC, que se involucre desde lo local, a cuando se presenta la propuesta de una conexión latinoamericana. Se apuesta a que la participación de una experiencia singular esté acompañada y articulada con un montón de experiencias bajo un paraguas potente que llama la atención y que puede sobresalir de otras luchas.

Esta articulación continental es claramente política desde su origen. Por eso el énfasis sobre lo comunitario, sobre lo territorial, sobre lo vivo. Esa articulación funciona a ratos como red. Una red lo que te permite es construir una morfología, un cuerpo sobre el cual asentar la acción. Eso no configura otro tipo de institucionalidad pero funciona como red, como la capacidad de establecer vínculos. Eso es lo que hace la red, generar modos de que unos se encuentren con otros (Vocero de la Red de la Diversidad. Bolivia. Conversación personal, 3 de noviembre de 2018).

Red continental para la incidencia política

A través de la deliberación y el consenso en las plenarias de los congresos latinoamericanos, la red hace un esfuerzo por accionar colectivamente la estrategia de una agenda común representada en la instancia de los Círculo de la Palabra como ejes temáticos para la acción colectiva.

El formato de agenda común permite avanzar en política sin desgastarse. Se logra consenso y se avanza sobre eso. Es una herramienta para que las cosas no se estanquen. Además, permiten que si en el gobierno central no hay resonancia, podemos tocar otras puertas en universidades, otras instituciones o gobiernos locales (Vocera Guanared. Costa Rica. Conversación personal, 11 de febrero de 2019).

A nivel territorial, como se explicó con anterioridad, esa agenda no ha encontrado un sentido común en las redes nacionales, es más una exigencia de ambos Ministerios de Cultura como mecanismo de apertura al diálogo y a la construcción con el movimiento de CVC como actor social visibilizado. La agenda latinoamericana es la que marca la pauta de manera lenta pero segura, pues es en esa instancia donde la participación se vuelve interesante, estimulante y hay un sentido más práctico del aporte posible desde la gestión cultural.

El instaurar espacios para la cultura viva dentro de los respectivos Ministerios de Cultura es fundamental para la incidencia política. Sin embargo, la burocratización de las instituciones crea una brecha desafiante entre las organizaciones comunitarias y el Estado. Lo que dificulta el interés en concretar presupuestos que se destinen para atender esta demanda.

La crisis económica y ahora sanitaria por las que atraviesan la mayoría de los países de Latinoamérica, hace que el escenario en este momento no sea positivo para aprobar una Ley General de Cultura. Ya que eso implicaría la asignación de recursos asociados para su desarrollo y actualmente ni Costa Rica ni Argentina, desde sus gobiernos de turno, presentan esa línea como su prioridad.

Sin embargo, la participación de sus miembros en procesos vinculados con el Estado incentivó una apertura de la comunicación donde se está siendo más consciente como red de que es necesario dialogar con el Estado. Esto, aunque deba llevarse a cabo desde sus propias pautas. De manera que las demandas se clarifiquen a través de una agenda del movimiento que active este canal y posicione el tema desde las posibilidades de cada país.

Hay que seguir explorando porque no es fácil. En mi caso que venía de la sociedad civil y entrar a la institucionalidad, a los lenguajes y lógicas institucionales fue muy difícil. Creo que en general para todos. Después uno va aprendiendo herramientas, lenguajes, maneras de operar culturas. Yo creo que sí fue un éxito porque posicionó una agenda como política pública. Y ese es el objetivo del movimiento, la incidencia. Puntos de Cultura, el programa de formación de gestores, los mapeos. Esa agenda avanzó mil desde hace cinco años y eso es producto de la inserción en el Estado (Vocera Guanared. Costa Rica. Conversación personal, 11 de febrero de 2019).

Desde los casos analizados se han desarrollado muchas propuestas en busca de insertarse de manera más activa en la construcción de políticas culturales. Aunque muchas veces en términos de política pública son los Estados los que parecieran llevarse el crédito de los resultados de la lucha de la sociedad civil.

Que se hagan cosas desde el Estado siempre es algo bueno, ayuda porque es resultado de la lucha nuestra, el cuidado que hay que tener es que no todo se convierta en acción estatal. La CVC es un concepto político, es patrimonio del pueblo, se tiene que expresar en el Estado pero también en otros ámbitos cotidianos y en la política pública, es más importante el pueblo que el Estado” (Vocero El Culebrón Timbal. Moreno, Buenos Aires- Argentina. Conversación personal, 12 de junio de 2019).

Aun así, por ser colectivos que accionan muchas veces desde del desamparo del Estado, existen aún resentimientos que impiden un verdadero diálogo entre ambas instancias. La formalidad del Estado los obliga a sumir ciertas posturas que no les resultan naturales a las mismas organizaciones. Algunas veces se rebelan, se resisten o no están de acuerdo con los lineamientos que exigen las mismas administraciones.

Esa autonomía deseada debilita la lucha política de la red. Debido a que aunque muchas organizaciones participan en la red continental con el deseo de lograr incidencia política dentro de sus municipios y países, su manera de accionar todavía está muy centrada en la acción local. Las condiciones económicas y políticas de sus contextos no les ha permitido pensar en estrategias que los lleve a lugares comunes de una manera fortalecida. A su vez, no por ser colectivo quiere decir que no existan disputas, contradicciones y formas opuestas de accionar.

El movimiento todavía está muy débil. Esa es la parte más difícil, sobre todo involucrar al gobierno porque algunos compas rechazan al gobierno. Yo lo veo diferente, como una oportunidad que hay que aprovechar para hackear al sistema. Al final de cuentas nadie te va a dar nada. Armar un concierto se saca, pero la parte política es la más difícil porque hay que concientizar a las demás personas y eso solo se logra desde adentro tocándoles el corazón (Vocera Yarä Kanic. Costa Rica. Red de fotógrafos CVC. III CLCVC-Ecuador Conversación personal, 20 de febrero de 2019).

A pesar de que el camino hacia la incidencia política tiene bases sólidas desde la práctica, esta propuesta requiere de más tiempo para madurar y encontrar no solo las acciones que les resulten cómodas u orgánicas en el sentido cotidiano, sino que sirvan como herramientas de lucha ante sistemas estructurados y poco receptivos desde la figura estatal.

Cultura Viva Comunitaria y políticas culturales de base comunitaria en Costa Rica y Argentina

Ley General de Cultura

El debate de la Ley General de Cultura inaugura un momento en la historia del sector cultural que evidencia la carencia de herramientas legales que contengan a la cultura viva comunitaria como expresión propia de los pueblos latinoamericanos. El inicio de la red continental surgió con el fin de luchar por alcanzar esta demanda de política pública.

Como se ha comentado con anterioridad, en un escenario continental altamente complejo, con trazos de neoliberalismo y estructuras conservadoras, esta demanda es bastante ambiciosa en torno a las posibilidades reales de presupuesto que tienen los gobiernos latinoamericanos. Esto no solo tiene que ver con la parte económica, sino con la disposición del personal de las instituciones correspondientes de los estados latinoamericanos, de involucrarse en su apoyo.

Desde los primeros intentos por instalar la ley en la agenda política de los países latinoamericanos, se ha discutido si Cultura Viva Comunitaria debería ser un capítulo en la ley general de cultura o más bien, dejando de lado su especificidad, ser el espíritu de la ley misma. La experiencia ha demostrado que existen muchas áreas de la cultura desamparadas por la ley en ambos países analizados, por lo que sumar fuerzas es apropiado con el fin de proponer una Ley General de Cultura, que albergue un capítulo exclusivo para la Cultura Viva y no una ley exclusiva.

Actualmente los esfuerzos que se están realizando en territorio, al menos en los casos de las redes en Costa Rica y Argentina, están dirigidos a desarrollar políticas y decretos de carácter municipal, que potencien el tema de la CVC como una estrategia de acción más concreta, pero nunca abandonando el objetivo continental mayor de una ley nacional, que aunque es difícil de concretar, es necesaria para la permanencia en el tiempo.

Es significativo señalar que aunque muchas organizaciones pertenecen a la red para accionar la cultura viva en sus comunidades, no todas han interiorizado el discurso político necesario para teñir sus acciones en territorio y proclamar la cultura viva como opción de desarrollo a largo plazo. Muchas veces se cree que se debe construir una agenda concreta desde sus redes nacionales para trabajar la incidencia política. Pero si se hicieran efectivos los acuerdos continentales a nivel territorial, también se podría incidir sin doblar esfuerzos por parte de los colectivos involucrados.

A continuación se detallan los casos específicos de Costa Rica y Argentina a partir de la vinculación de sus respectivas redes con los gobiernos de turno.

Proyecto de Ley en Argentina

En Argentina el proyecto de “Ley de Apoyo a la Cultura Viva Comunitaria Autogestiva e Independiente”, se ha presentado al Congreso de la Nación en dos ocasiones. La primera vez fue en el año 2011, amparado por Pueblo Hace Cultura.

En Argentina para que una ley sea sancionada, la sociedad puede presentar proyectos en la mesa de entrada del Congreso de la Nación sobre temáticas determinadas y luego se deriva a la comisión que corresponda. Ahí lo diputados la valoran, se aprueba o modifica. Para cuando la comisión de cultura la aprueba, la llevan al recinto donde están todos los diputados y se agenda hasta que le llegue el día de ser discutida. Se trata en el recinto y puede pasar varias cosas: se piden modificaciones, se debate, se rechaza o se aprueba. Si se aprueba luego va a la Cámara de Senadores que hacen lo mismo y si ellos lo aprueban vuelve y se sanciona la ley (Vocera Grupo de Teatro Comunitario Mate Murga. Buenos Aires-Argentina. Conversación personal, 4 de junio de 2019).

En el año 2015, se apoyó el proyecto nacional de “Ley Federal de la Cultura”, pero este no logró entrar al congreso porque justo coincidió con el cambio de gobierno. Es así que durante la realización del IV Congreso Latinoamericano de CVC en mayo de 2019 en Argentina, se presentó nuevamente la propuesta bajo el nombre de “Ley de Apoyo a la Cultura Comunitaria, Autogestiva e Independiente”.

En esta ocasión se complementó la entrega del proyecto de ley con una encuesta barrial para difundir la propuesta en el marco del congreso latinoamericano y así poder valorar su aceptación en los territorios donde la propuesta tuvo visibilidad por el paso de la caravana. Además, se incluyó un artículo que tiene que ver con el reconocimiento del rol de trabajador y trabajadora de la cultura comunitaria, muchas veces realizado de manera voluntaria y sin amparo de la ley.

El proyecto se presentó nuevamente por mesa de entrada, pero en esta oportunidad fue distinto ya que se tuvo una entrevista previa a la realización del congreso, con el presidente de la Comisión de Cultura, el diputado Daniel Filmus. Esto reconoció la aprobación de la declaración de interés cultural del IV CLCVC en Argentina.

Filmus trabaja sobre una Ley Federal de Culturas y se interesó por el tema. Así que se acordó que el último día del congreso recibiría el proyecto de ley. Que era el mismo proyecto presentado en las veces anteriores pero esta vez con una delegación con acompañamiento de la comitiva latinoamericana. Ahora se va a seguir intentando entusiasmar a otros diputados de la Comisión de Cultura, como parte de la primera etapa para que se pueda tratar y aprobar. Empezamos por el presidente de la Comisión de Cultura y tratamos de llegar a otros diputados de otros partidos para que se pongan de acuerdo. En materia de sanción de leyes hay que tener mucha paciencia (Vocera Grupo de Teatro Comunitario Mate Murga. Buenos Aires-Argentina. Conversación personal, 4 de junio de 2019).

El propósito en esta ocasión fue apostar por que el proyecto se considerara dentro del marco general de la Ley Federal de la Cultura, donde se pueda introducir el reconocimiento y apoyo a la CVC. Se deberá esperar para saber el desenlace de este nuevo intento. Sin embargo, desde la red se han realizado aportes al borrador y se ha dado seguimiento al desarrollo de esta iniciativa que sigue vigente.

Además, ya existen casos exitosos similares de participantes en la red continental como precedente dentro de organizaciones comunitarias en Argentina. En el año 2017, en la ciudad de Buenos Aires, integrantes de la Red Nacional de Teatro Comunitario trabajaron dos años con una diputada para generar una Ley de Apoyo al Teatro Comunitario. Finalmente no se consiguió que se aprobara la ley tal cual, pero sí se logró que se modificara la Ley de Proteatro y se incluyera un presupuesto estable para los grupos de teatro comunitario de la ciudad de Buenos Aires. Esta lucha no quedó acá sino que sigue en la búsqueda de más apoyo económico y visibilización de las necesidades propias de este sector.

También como parte de los logros obtenidos con el último congreso latinoamericano, las provincias de Entre Ríos y Mendoza y los Municipios de San Francisco, Hurlingham y San Martín de la provincia de Buenos Aires, lograron el aval de interés cultural para efectos del paso de la caravana latinoamericana por el territorio y el reconocimiento de las respectivas redes regionales que formaron parte de la organización.

A pesar de la motivación que producen estos logros, se reconoce que todavía falta mucho camino para que la red Argentina de CVC sea apreciada a nivel nacional y pueda reclamar al Estado su debida atención de una manera exitosa. Para eso la red nacional debe fortalecerse primero internamente, para luego encontrar una estrategia para acatar las demandas del Estado y disponerse al diálogo.

Es imperante definir una herramienta más orgánica de dialogar con el Estado sin comprometer su postura como red en lo relacionado a mantener su autonomía y forma de trabajo colectivo. Sin embargo, a pesar de su ideal, se debe ser conscientes de que para poder incidir en las estructuras del Estado, se debe gestionar a partir de sus parámetros para llegar a acuerdos entre las demandas de ambas partes.

Más allá de la necesidad de mejorar la vinculación estratégica con el Estado, algunas de las organizaciones locales de CVC han empezado a trabajar con sus respectivos gobiernos locales en la construcción de espacios de diálogo para la acción colectiva. En el caso de Argentina, la oportunidad que brindó el congreso latinoamericano fue enorme, ya que generó una excusa para accionar concretamente y gestionar con gobiernos locales a partir de necesidades específicas en torno al paso de la caravana del congreso latinoamericano.

En el marco de la legislación en torno a las políticas de cultura, la discusión se da a partir de la actualización de leyes aprobadas como “Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual” y la “Ley de Centros Culturales” en contraposición con leyes aún no existentes como la “Ley de Puntos de Cultura”, “Ley Federal de la Cultura” y la “Ley de Apoyo a la Cultura Comunitaria Autogestiva e Independiente”. Esto con el fin de fortalecer herramientas de construcción colectiva en distintos niveles como el nacional, provincial y municipal, que demuestren el interés desde expresiones más concretas como los Consejos Culturales o la asignación de presupuestos participativos.

Proyecto de Ley en Costa Rica

En el año 2011, se realizó un Diagnóstico del Movimiento de Cultura Viva Comunitaria por parte de la señora Fresia Camacho, en ese momento asesora del Ministerio de Cultura y miembro del movimiento. Esto con el fin de exponer esta propuesta y elaborar una agenda de trabajo del sector, que le facilitara dialogar con otras instituciones públicas en torno a su interés en la gestación de una Ley General de Cultura.

Así comienza un trabajo en conjunto con el Ministerio de Cultura y Juventud para la formulación de la propuesta de “Ley General de Derechos Culturales”. Primero se confeccionó un diagnóstico como una de las acciones impulsadas por el núcleo intersectorial de cultura viva comunitaria. Dicho análisis se sustentaba en el “Proyecto de Fortalecimiento de las Organizaciones Comunitarias” del Teatro Popular Melico Salazar (TPMS) y en la participación y aporte de los actores clave del sector. Tenía como objetivo diseñar políticas culturales que reconocieran el aporte y las iniciativas que, desde la sociedad civil, dinamizan la cultura viva comunitaria como expresión clave de la diversidad, motor de desarrollo y derecho humano.

El proyecto se fundamentó en diversos acuerdos internacionales, firmados por Costa Rica, tales como la Carta Cultural Iberoamericana firmada en Montevideo en noviembre del año 2006[2]. Seguidamente durante el año 2012, se enfocaron en incidir en materia de diseño de la política con el apoyo de varias municipalidades. Así, el trabajo de fortalecimiento interno parte de su reconocimiento como un nuevo actor del sector cultural.

En el año 2013, el cantón de El Guarco de Cartago se convirtió en el primero del país en aprobar una Política Pública de Apoyo a la Cultura Viva Comunitaria. Tras el inicio de la caravana nacional de CVC que se dio a partir de la coyuntura el Festival Cultural Amubis[3]. La política pública, redactada en conjunto por la Asociación Amubis y la Juventud Progresista de Cartago (agrupaciones participantes del movimiento de Cultura Viva Comunitaria), fue aprobada de manera unánime durante una sesión extraordinaria del Concejo Municipal de El Guarco el 17 de marzo de 2013. La sesión contó con la participación del Ministro de Cultura y Juventud de ese momento, Manuel Obregón y del alcalde del cantón, Víctor Luis Arias.

Además, en diciembre de 2013 fue aprobada la Política de Derechos Culturales (2014-2023) por medio de Decreto Nacional (expediente ejecutivo N0.19054)[4]. Esta Política es un instrumento fundamental en el reconocimiento y garantía por parte del Estado de los derechos culturales de los costarricenses. Actualmente cuenta con el compromiso de ejecución del gobierno del Partido Acción Ciudadana.

Esta política se plantea con una vigencia de 10 años (2014-2023) y se sustenta en la legislación nacional vigente y en los convenios internacionales ratificados por el país, los cuales definen los derechos humanos culturales que el Estado costarricense está en la obligación de garantizar, mediante el desarrollo de políticas culturales que promuevan y protejan la diversidad de expresiones culturales. Además, esta política reconoce y afirma la especificidad de los bienes y de los servicios culturales, en tanto portadores de valores e identidades. Asimismo, se complementa con otras políticas dirigidas al cumplimiento de los derechos de grupos específicos, con mención especial a la Política Pública de la Persona Joven, la Política Nacional para la Igualdad y Equidad de Género, la Política Nacional para Niñez y Adolescencia, y el Convenio 169 de la OIT que trata sobre los derechos de los pueblos indígenas (Política Nacional de Derechos Culturales, 2014, p. 11).

Seguidamente en marzo de 2014, el proyecto de “Ley General de Derechos Culturales” fue presentado por única vez por el Poder Ejecutivo al Poder Legislativo, después de un proceso liderado por el Ministerio de Cultura y Juventud y con la previa consulta a tres mil personas de la sociedad civil y el apoyo de alrededor de cien agrupaciones de CVC. Sin embargo, la iniciativa no tuvo éxito por esa vía.

La construcción de una ley aún pendiente es necesaria para darle permanencia a este apoyo. Parte de las acciones para ampliar el concepto de cultura que ha promovido la actual administración y que incluye otras leyes para brindar mayor coherencia a dicha visión. Entre estas están la “Ley de Aprobación de la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales” (Ley #8916), la “Ley de Premios Nacionales de Cultura” (Ley #9211) y la “Ley de Aprobación de la adhesión de la República de Costa Rica al Convenio de Integración Cinematográfica Iberoamericana” (Ley #18.002).

Aunque se han efectuado intentos por reactivar la iniciativa de la ley y volver a motivar al Ministerio de Cultura y Juventud de presentarla, existen otras preocupaciones más urgentes de la red como la activación de los Círculos de Resonancia a nivel nacional y el restablecimiento de los canales de comunicación con el Ministerio de Cultura. Esto a partir de la activación de convenios previos y la propuesta de una agenda política por parte de la red nacional.

Ese diálogo es una necesidad. Se han roto bloqueos, porque es vital la participación de la gente organizada en la construcción de las agendas públicas. El resultado continental ha sido muy interesante. Pero el tema de lo intersectorial a nivel nacional es un logro importante, esa nueva manera de actuar con el otro en el mismo territorio (Vocera Guanared. Costa Rica. Conversación personal, 11 de febrero de 2019).

Todavía existen bastantes organizaciones comunitarias en Costa Rica dentro de CVC que desarrollan actividades en su comunidad sin orientarlas hacia la incidencia política. Esto debido a que consideran que la trayectoria de sus colectivos en la comunidad les brinda el reconocimiento suficiente. La permanencia en la comunidad no es garantía de atención por parte de las personas encargadas de las áreas culturales y se percibe un desinterés generalizado, en apoyar y facilitar la existencia de más agrupaciones comunitarias. Además, son pocas las municipalidades que cuentan con la figura de gestor/a cultural. En algunos casos las personas funcionarias asumen el reto con recargo de tiempo y con la limitante de horarios institucionales que no permiten el diálogo con las agrupaciones, sino a través de sus representantes.

Este panorama muestra rutas que todavía están en evaluación y que dependen mucho de las condiciones reales de cada localidad. Sin embargo, el interés no ha desaparecido y la articulación continúa lentamente y con momentos esperanzadores. Es importante aclarar que no solo se trata de lograr el reconocimiento del gremio de la cultura viva, sino de legitimar formas de gestión cultural que generen un cambio estructural.

Desde la práctica se perciben transformaciones en la manera de valorar la cultura comunitaria que también son ineludibles para que la propuesta pueda permanecer en el tiempo. El reconocimiento de esta iniciativa también tiene que darse desde las mismas comunidades. El que sean los mismos vecinos y vecinas quienes naturalicen la labor de quienes realizan cultura viva en su comunidad es fundamental para ampliar las posibilidades y abrirse a otros roles de la cultura dentro del plano de la incidencia política.

Es primordial mencionar que a pesar de que todavía no se ha alcanzado el proyecto de una ley nacional, la Política Nacional de Derechos Culturales (2014-2023) ha servido como un referente medular para la formulación de proyectos cantonales. Como lo fue en el caso de la Alajuelita o en las provincias de Heredia y Puntarenas donde se están gestando líneas de acción similares.

Sin embargo, el interés del Ministerio de Cultura y Juventud en este momento, así como el de otros gobiernos latinoamericanos como el argentino, va dirigido a priorizar en el tema del papel económico de la cultura[5]. De manera que se pueda cuantificar su utilidad en relación a otros rubros. La influencia de la visión desde las industrias culturales y la economía naranja va en detrimento de esta propuesta acá presente que encuentra la relevancia en el arte y la cultura a través de otras concepciones de desarrollo.

Cultura Viva Comunitaria y políticas culturales de base comunitaria en Latinoamérica

Red en Costa Rica

Desde las organizaciones de base comunitaria involucradas en la red en Costa Rica existe un deseo de que se brinde un mayor apoyo a sus actividades dentro de las comunidades desde los gobiernos local y nacional. A pesar de que se han dado avances en reconocer al sector a partir del Programa Puntos de Cultura y el apoyo estratégico del Programa IberCultura Viva, es fundamental que se pueda concretar en algún momento una ley que deje en firme el apoyo a recibir por parte del Estado.

A pesar de que las organizaciones comunitarias desde sus orígenes han trabajado con autonomía del Estado, siempre es necesario contar con su apoyo para lograr legitimidad dentro de la comunidad y poder tener visibilidad dentro de ella. El Programa Puntos de Cultura ha fomentado ese reconocimiento hasta cierto punto, ya que también ha generado nuevas obligaciones en las organizaciones que pasaron de gestionar sus propios procesos a adaptarse a las demandas del programa para contar con un subsidio económico. Este aspecto, aunque no es visto como negativo en términos operativos, relenta el proceso propio de la red.

La estructura burocrática del Estado costarricense y la presencia de un gobierno de turno de carácter neoliberal han dirigido la atención hacia la necesidad de justificar a la cultura como un bien cuantificable. En estos términos el sector cultura debe justificar su productividad y alcance, para poder mantener un presupuesto y no verse violentado con recortes que sobrelimitan su capacidad operativa.

Entonces uno ya ve la realidad, uno ve que los gobiernos locales no invierten en cultura y uno dice claro, es un espejo. Lo que le está pasando a los compañeros en otros lugares nos está pasando a nosotros y de repente no lo mirábamos o pensábamos que todo lo que estaba pasando era por el Ministerio de Cultura que tenía que invertir en todo lado y cuando uno mira que hay que comprometer a los gobiernos locales para que inviertan en cultura eso uno lo aprende de cultura viva. Es un planteamiento que yo no había reflexionado antes, pero cuando lo escuché por primera vez me convencí (Ex asesor del Ministerio de Cultura. Vocería de Cartago-Costa Rica. Conversación personal, 13 de marzo de 2017).

Las organizaciones de base comunitaria buscan reconocimiento, legitimidad y permanencia. Ser reconocidas como instrumentos de transformación a través del arte y la cultura para que el Estado comprenda que en realidad son un aliado de contención de los problemas sociales de la comunidad como la violencia de género, la pobreza, el racismo, el machismo y la xenofobia, entre muchas otras aristas de la diversidad. Sin embargo, por el grado de autonomía con el que han sido concebidas, muchas veces desde espacios marginales, donde la presencia del Estado es casi nula, es complicado encontrar los mecanismos de diálogo con el Estado para la apertura a sus demandas y el trabajo colaborativo.

Inclusive existen casos de persecución donde las actividades culturales son vistas con una connotación negativa (casi terrorista) y prejuiciada. Esto debido a que los procesos comunitarios buscan una manera distinta de accionar que no responde a liderazgos y representaciones tradicionales. Únicas maneras posibles de dialogar con las estructuras obsoletas de un Estado más preocupado por la fuga de capital y la corrupción en sus propias instituciones, que por el compromiso adquirido para el bienestar de la sociedad civil. Ante esta incapacidad de diálogo verdadero y horizontal, muchas de las organizaciones se adscriben a las vías disponibles, en lugar de exigir comprensión de los procesos culturales que forman su identidad colectiva.

La propuesta de una red continental busca el reconocimiento de los países hermanos que los mismos Estados no dan. Permite ser un espacio de contención y de apoyo de quienes indagan su camino al hacer. El compartir experiencias de manera solidaria, como consejeros de los procesos comunitarios, es un camino que la sociedad civil ha encontrado para no desanimarse ante la indiferencia de los Estados. Y se habla desde la visión del Estado y no de los gobiernos locales porque son las estructuras estatales obsoletas las que le impiden, inclusive a los diferentes gobiernos de turno, realizar cambios estructurales que fomenten resultados más eficientes en torno a las necesidades sociales preponderantes.

Yo creo que el movimiento tiene mucho potencial para ser un actor político legítimo en el Ministerio de Cultura y en las comunidades. Lo tiene porque lo ha demostrado. Pero necesita gente que se tire a poner el cuerpo. Y que eso puede tener consecuencias laborales para vos, pero tenés que hacerlo y estar (Vocera Guanared. Costa Rica. Conversación personal, 28 de febrero de 2019).

Red en Argentina

En el caso de Argentina, la organización del IV Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria significó un avance muy importante en la organización de la red y en la conformación de fuerzas regionales en torno a la CVC. Generaron un diálogo interesante con sus gobiernos locales en miras del paso de la caravana por sus territorios. Su deseo de descentralizar el congreso y llevar a territorio a los congresales desde sus propias posibilidades e invitarles a convivir en su comunidad, empoderó a quienes participaron de la caravana, tanto a quienes la transitaron como quienes la organizaron en territorio.

Falta muchísimo pero a partir del hecho de reconocerse como sujeto político capaz de generar transformaciones me parece que es un buen comienzo. Yo creo que sí se puede. En Entre Ríos tenemos un mapeo que indica que hay más de trescientas organizaciones que hacen CVC, por más que todavía algunos no se reconozcan como tal. Para una población de un millón doscientos mil habitantes, que haya más de trescientas organizaciones habla de una opción concreta y real de transformar realidades (Director de Formación y Diversidad Cultural. Entre Ríos-Paraná. Conversación personal, 8 de junio de 2019).

La declaración de interés cultural del congreso, así como los procesos locales que ya se venían dando desde los propios colectivos o a raíz de los dos años de planeamiento, lograron dar rostro y cuerpo a la iniciativa. Con ello el apoyo municipal y regional se hizo presente.

A pesar del fortalecimiento de la red en territorio argentino y el exitoso encuentro latinoamericano bajo su organización, se reconoce la necesidad de encontrar una manera más orgánica de trabajar a nivel nacional. Por las dimensiones del territorio y las complicaciones políticas y económicas de organizaciones acostumbradas a trabajar desde la acción colectiva local, todavía no se cuenta con un plan de trabajo nacional. Es muy probable que las distintas organizaciones accionen los acuerdos tomados de los Círculos de la Palabra desde sus posibilidades locales. Es probable que, cercano a la fecha del próximo congreso, se vuelvan a reactivar como fuerza nacional cada vez más organizada y en miras de la construcción del movimiento latinoamericano.

Creo que el movimiento tiene que ir avanzando en un debate sobre en qué condiciones y cómo va generando su modelo organizativo y su forma de crecer. Y eso está en pleno debate. Hay un plan de laburo de cuatro años que es Perú y México, hay mucha turbulencia en el continente. Lo importante es que logramos hacer una actividad muy útil en un tema muy importante y ahora es ver cómo lo tratamos de hacer crecer (Vocero El Culebrón Timbal. Moreno, Buenos Aires- Argentina. Conversación personal, 12 de junio de 2019).

Argentina es uno de los principales países en impulsar la creación de esta iniciativa continental. El trabajo en territorio evidencia la trayectoria de una gran diversidad de organizaciones comunitarias que accionan desde hace muchos años en sus comunidades y que han generado vínculos con otros sectores de la cultura que pueden también, desde sus espacios, apoyar la propuesta. Esta es una estrategia efectiva en la solución de necesidades básicas y cotidianas.

Las organizaciones territoriales hacen posible sus proyectos la mayoría de veces sin la ayuda del Estado. No es solo el apoyo económico el que los aqueja. Esta mirada expone la necesidad de nuevos espacios para la vinculación y la demanda de estos colectivos de ser tomados en cuenta como sujetos de cambio por su aporte en el desarrollo de sus comunidades. Es interesante valorar su deseo de participar, de construir en conjunto y no como se cree de solo demandar a los Estados caprichos de clase. Todo lo contrario, hay un deseo de comprender el poder para poder ejercerlo (Rosanvallón, 2015). De ejercer su derecho como ciudadanos/as activos/as y trabajar desde la deliberación y el consenso como mecanismos de adquisición de legitimidad por ambas partes.

Desde lo político la orgánica va desde la confianza y no desde la lógica de la representación. El cambio de nombre viene con las políticas públicas, con la desmesura, con la alianza con otros movimientos sociales, con la organicidad de la cultura viva. Esa diversidad ya se había trabajado en el origen, en el momento de los viajes sinérgicos. Pero ahora valoramos las políticas públicas donde cruzamos lo público con lo comunitario, que no es privado ya que el Estado no tiene que inventar la cultura sino atenderla. Entonces es ahí donde nosotros empezamos a pensarnos como cosmos, donde hay una situación marginal periférica pero nosotros estamos en la transformación del mundo (Vocera Crear Vale la Pena. Buenos Aires-Argentina. Conversación personal, 24 de junio de 2019).

Si bien falta mucho camino por recorrer, en definitiva se puede decir que la organización de los congresos ayuda mucho a los países anfitriones a instalar y visibilizar el movimiento en territorio. Viene a ser el aporte más concreto en cuanto a incidencia política del MLCVC, ya que incentiva que lo continental acuerpe a la red en territorio y potencia el empoderamiento para gestionar acciones concretas en el ámbito de lo cotidiano. Esta vez con contenido consensuado, que adquiere más relevancia no solo para las mismas organizaciones sino también para las comunidades y gobiernos locales.

Conforme pasa el tiempo se reconoce a los colectivos independientes como parte del entramado latinoamericano. A su vez, el acompañamiento a partir de la experiencia misma de los otros congresos es una manera de construir un discurso continental compartido que disminuya los posibles errores en la ejecución y orienten a acciones más asertivas en el plano organizativo.

Los compañeros de Perú van a hacer un congreso considerando las cosas que no hay que hacer. Igual después en México. Esto es lo bueno, que se va corrigiendo conforme se realizan los congresos. Y que se vaya renovando la gente permanentemente, eso va a dar otra mirada, más horizontal y abarcativa (Vocero Convocados por Lúdica. La Plata-Argentina. Conversación personal, 31 de mayo de 2019).

Se podría decir que en pleno siglo XXI, los medios digitales y los avances en la comunicación han logrado acortar las brechas a través del intercambio. Esta ampliación del alcance de nuestras acciones cotidianas a través de la articulación en red es un trayecto apenas sugerido pero que cuenta con muchísimo potencial a futuro. Prueba de ello es la situación en la que nos ha dejado la pandemia del COVID-19, donde pasamos de utilizar los medios digitales como complemento a casi sustituir de manera forzada la mayoría de interacciones presenciales por las virtuales.

Unos cuantos años atrás, cuando nació esta investigación, todavía se cuestionaba si la interacción por medios virtuales efectivamente era significativa en términos de constitución de vínculos y compromisos. Hoy no cabe duda que la vinculación entre diversos colectivos para la construcción de la red es una realidad plausible. En el capítulo siguiente se discute cómo se lleva la práctica a la concreción de una política cultural de base comunitaria y cuál es el sentido cultural e identitario de esta propuesta de conexión Latinoamérica.


  1. Otro ejemplo es la propuesta de la “Pluriversidad”. Es un espacio de intercambio donde los saberes y conocimientos dialogan en condiciones de apoyo mutuo y reciprocidad, donde diversos actores sociales, mujeres, campesinos, activistas, universitarios buscan formas de diálogo horizontal con las comunidades. Ellos pueden permitirse construir otra forma de compartir conocimientos y saberes para validar sus prácticas comunitarias. En I CLCVC.
  2. Señala que la participación ciudadana es esencial para el desarrollo de las culturas en los ámbitos nacionales y en el espacio cultural iberoamericano. Deben existir marcos normativos e institucionales que faciliten dicha participación en todas sus manifestaciones.
  3. AMUBIS fue también una de las primeras organizaciones en vincularse con el MLCVC. Para conocer más el trabajo de esta iniciativa visite http://www.amubis.org
  4. Costa Rica es considerada como república presidencialista constituida por tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, siendo inherencia del poder legislativo la creación, modificación y derrogación de leyes en Costa Rica. Un proyecto de ley es presentado por un diputado ante el presidente de la Asamblea Legislativa y éste a su vez lo traslada a la comisión correspondiente para su análisis de forma y fondo.
  5. En Costa Rica se está incentivando desde el Estado la apertura y aceptación de la economía naranja como una estrategia de mercantilización del arte y la cultura en términos de rentabilidad. Es cuestionable en términos de que las competencias de la cultura son medibles en términos cuantitativos.


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