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Anexo[1]

Entrevista a Andrew Feenberg (2018)

Carolina Araujo: En primer lugar, muchas gracias por aceptar esta solicitud. A continuación, le envío algunas preguntas que surgieron a partir del análisis de su trabajo sobre filosofía de la tecnología. El propósito es profundizar en algunos aspectos interesantes de su obra y explorar con mayor vitalidad la lógica subyacente de su teoría.

Producción teórica

Entonces, la primera pregunta tiene que ver con la conexión entre su trabajo sobre la teoría crítica de la tecnología (1991, 1995, 1999, 2002) y el constructivismo crítico de la tecnología presentado en Technosystem. The Social Life of Reason (2017). Al leerlos, noto diferencias en el trasfondo teórico. En el primero, el sello frankfurtiano está claramente presente, mientras que, en el segundo, el constructivismo adquiere un lugar preponderante. ¿Cómo describe usted este cambio? ¿Se trata de la superación de una primera etapa o de algo más?

Andrew Feenberg: No creo que haya nada más en ello que un cambio de enfoque temático. Al escribir Technosystem, quería desarrollar con mucho más detalle ideas que apenas mencioné en trabajos anteriores. Por ejemplo, en Transforming Technology, dedico una o dos páginas a Simondon al final. Pero eso me pareció realmente insuficiente para un concepto tan importante dentro de mi argumento. Si quiero afirmar que la idea de concretización de Simondon es crucial para la política ambiental, entonces debo explicar a Simondon en profundidad. Así que en Technosystem hay un capítulo sobre él para llenar ese vacío. Lo mismo ocurre con el constructivismo. Lo menciono con frecuencia, pero solo en Technosystem explico cuidadosamente mi relación con las diferentes escuelas.

No estoy seguro de a qué se refiere con el “sello frankfurtiano” que, según usted, falta en Technosystem. En mis libros anteriores, me preocupaba más desarrollar la conexión entre mis ideas sobre tecnología y el marxismo, pero ese marco sigue estando presente en el nuevo libro. No rechazo en absoluto mi postura anterior, sino que la amplío a más objetos, como la burocracia y los mercados.

C.A.: ¿Hubo algún acontecimiento académico, histórico o político que motivara este giro en sus escritos?

A.F.: No lo creo. En mi escritura simplemente sigo mis intereses y respondo a invitaciones para hablar y escribir. Los principales acontecimientos históricos que precipitaron mi enfoque fueron los sucesos de mayo de 1968 en Francia y los eventos de la era de Gorbachov en la Unión Soviética. Además, fui influenciado muy temprano por el ambientalismo a través de mi amistad con Barry Commoner. Como verá en mi artículo Encountering Technology, incluido en mi nuevo libro de ensayos Modernity, Technology and Democracy (Rowman and Littlefield), trabajé en varias fundaciones con orientación técnica a fines de la década de 1970 y principios de la de 1980. Esa experiencia fue formativa. Desde entonces, he estado desarrollando un argumento, una idea, en relación con lo que atrae mi interés.

C.A.: En sus primeros libros, se refiere al concepto de “código técnico”, mientras que en los últimos menciona el “código de diseño”. ¿Cuáles son las motivaciones de este cambio semántico?

A.F.: Simplemente quería generalizar desde la tecnología hacia otros aspectos del Technosystem. Las burocracias y los mercados están “diseñados” al igual que la tecnología. Pensé que el término “código de diseño” dejaría más claro que no solo estoy hablando de tecnología.

C.A.: En su trabajo se percibe el intento de superar el pesimismo crítico de la Escuela de Frankfurt, a favor de un proceso de transición al socialismo a través de la transformación tecnológica. En algunos de sus libros de la década de 1990 y principios de los 2000, hace referencia a perspectivas locales de cambio para ofrecer una lectura más optimista de la crítica tecnológica. ¿Cuál es su visión actual sobre las posibilidades político-históricas de este proyecto a nivel global?

A.F.: Me he vuelto más prudente, aunque nunca hice predicciones ingenuas sobre una inminente revolución socialista. Para mí, el problema ha sido cómo relacionar los movimientos que demandan cambios en los sistemas técnicos con el objetivo más amplio de una sociedad socialista. Esto fue lo que también interesó a Marx, aunque los únicos movimientos de este tipo que él presenció fueron en fábricas, lo que le dio una visión excesivamente limitada.

Me impresiona el simple hecho de que los movimientos sociales han logrado avances en muchos dominios técnicos. Por supuesto, la gente se queja de que no se ha hecho lo suficiente, que la contaminación continúa, que la desigualdad crece, etc. Pero eso no contradice el hecho notable de que las personas han ganado cierta influencia sobre el entorno técnico a través de la acción social. Sin embargo, esto no tiene una relación evidente con la idea original de revolución socialista. Así que he trabajado en este problema. En Technosystem concluí que lo que enfrentamos ahora es una nueva relación entre el público y el sistema técnico, un aspecto esencial de cualquier sociedad tecnológicamente avanzada, incluida una sociedad socialista. Este fenómeno podría ser la clave para evitar la burocratización que tanto dañó al socialismo en la Unión Soviética.

C.A.: En sus escritos menciona los conceptos de “autonomía operacional” y “margen de maniobra”, influidos por los aportes de De Certeau. ¿Considera que hay ciertas líneas estratégicas para expandir el “margen de maniobra” de los grupos excluidos del tecnosistema o cree, como el autor francés, que son dispersas y ocasionales?

A.F.: Fui amigo y fan de De Certeau pero nunca acepté su teoría completamente, porque no teorizó la interacción entre tácticas y estrategias. Para mí, este es un punto esencial. La motivación original de introducir la idea de autonomía operacional era encontrar una manera de explicar cómo la búsqueda de eficiencia, tal como se definía necesariamente en las condiciones capitalistas, podría sesgar el desarrollo técnico. Quería alejarme de cualquier noción de que el sesgo capitalista se debe a una ideología o fallo moral. En pocas palabras, en las condiciones del capitalismo, algunos acuerdos sociales funcionan y otros no. Los que funcionan reducen el margen de maniobra o lo canalizan de forma estrecha y eso se debe al problema de controlar el proceso de trabajo desde fuera del proceso de trabajo, desde la posición del capital. Las acciones tácticas en el margen de maniobra pueden erosionar el poder capitalista al reducir la autonomía operativa. Esta es la interacción entre tácticas y estrategias que falta en De Certeau. Esto es lo que está sucediendo en los movimientos sociales mencionados anteriormente.

C.A.: Siguiendo la línea argumentativa de la pregunta anterior, si considera que a nivel general existen ciertas líneas estratégicas de resistencia, ¿podría mencionar algunos rasgos comunes de las estrategias transformadoras concretas? ¿O cree que cada uno se adapta a un contexto diferente (pudiendo tener aspectos contradictorios entre ellos)?

A.F.: La respuesta anterior aborda esta pregunta de manera general. Por supuesto, cada ámbito tiene un carácter diferente, pero las implicaciones para la distribución del poder social siempre se reducen al grado de autonomía operativa del aparato capitalista y estatal. Lo ideal sería impulsar, por ejemplo, en materia de política medioambiental, una densidad de regulación que reformulara la base técnica heredada e introdujera una nueva trayectoria de desarrollo. En qué medida la reducción de la autonomía operacional es compatible con el capitalismo es una buena pregunta que solo puede responderse en la práctica.

C.A.: En referencia a las raíces frankfurtianas de su obra, consideremos que los pensadores de la primera generación habían perdido la confianza en la clase trabajadora como fuerza revolucionaria, mientras que Marcuse vislumbraba a otros actores sociales en su potencial transformador, pero no lo suficiente como para ofrecer una perspectiva realista del cambio. ¿Cuál es su posición respecto de los actores sociales capaces de llevar a cabo el proceso de transformación?

A.F.: No creo que podamos saber ahora la naturaleza de la transición al socialismo. Es un horizonte bajo el cual podemos interpretar nuestra situación y nuestra acción, pero no un objetivo en el sentido normal del término. Si hoy actúas por el socialismo, ¿qué haces? Se propone una ley por la reforma universitaria en oposición a las imposiciones neoliberales, o una ley por controles ambientales sobre los herbicidas que enferman a los trabajadores, etc. Pero por favor no actúen por el socialismo, ya que no saben lo que eso significaría hoy en día. Escribe por el socialismo, habla por él, pero no pretendas actuar por él. ¿Podrían ser diferentes las cosas en Argentina? Tal vez no sé lo suficiente para decirlo, pero sospecho que el ejemplo de Lula supera al de Chávez y la suya fue una “revolución” bastante modesta que solo pudo perturbar a una burguesía de derecha enloquecida.

C.A.: Usted explica en algunos de sus libros un proceso llamado “democratización de la tecnología”. ¿Cómo entender este proceso en el marco de democracias contemporáneas tan diferentes y contradictorias? ¿Podrías describir tu posición sobre esta noción después de Technosystem (2017)?

A.F.: Entiendo por democratización de la tecnología el proceso de someter el desarrollo técnico a objetivos públicos, como la salud humana y la compatibilidad con el medio ambiente. Estos objetivos no están inscritos en la trayectoria capitalista de desarrollo promovida y deben ser impuestos por procesos públicos, como los movimientos sociales y la elección de políticos que apoyan la regulación. La democratización en este sentido no es un concepto constitucional ni una cuestión de instituciones, sino que depende de la acción en la esfera pública y de un aumento de la participación pública en el debate y la acción.

C.A.: Su teoría presenta coincidencias con el enfoque de Langdon Winner. En varias ocasiones se agradece su colaboración. ¿Cuál es su valoración de la obra del autor y podría mencionar los puntos de acuerdo y desacuerdo?

A.F.: El acuerdo clave es su noción de que “los artefactos tienen política”. No creo que Langdon sea socialista. Él y yo estaríamos de acuerdo en la importancia de la participación pública, pero sospecho que él es más escéptico que yo respecto de la posibilidad del socialismo. Pero no puedo estar seguro de esto porque no hemos trabajado juntos en mucho tiempo.

C.A.: Algunas lecturas, como la de André Gorz, enfatizan las lecturas del fin del trabajo y la liberación del tiempo. Dentro de las corrientes neomarxistas se proponen incluso nuevas formas de organización y redistribución del trabajo social y de la renta básica universal. ¿Cuál es su lectura de estas propuestas?

A.F.: Es evidente que los avances técnicos deberían reducir la jornada laboral. Esta fue la suposición universal en el siglo XIX hasta la década de 1930 y, de hecho, la jornada laboral se acortó durante los 50 años aproximadamente que precedieron a la Segunda Guerra Mundial. La invención de la sociedad de consumo ha revertido el proceso. No está claro cómo saldremos de esta dinámica absurda, pero tenemos que hacerlo porque los puestos de trabajo son cada vez más escasos. La consecuencia es una fuerza laboral cada vez más precaria. Pero esa es la peor manera de abordar el problema. Las propuestas que usted menciona son constructivas.

C.A.: En su último trabajo reconoce el aporte de Simondon. El concepto de concretización en la obra del francés se anclaba en el contexto de una teoría que pretendía dar cuenta del sistema técnico en su propia lógica, desde la tecnicidad. Aunque considera que los aspectos sociales son cruciales, no los incorpora en su análisis de la individuación y la concretización. En su trabajo, sin embargo, usted aplica este concepto al análisis de aspectos socioculturales. ¿Cuáles son los matices que tuvo en cuenta al realizar esta integración entre constructivismo y concretización? ¿Hay alguna cuestión hermenéutica a tener en cuenta en su interpretación?

A.F.: Bueno, he travestido a Simondon hasta cierto punto al reinterpretar su noción de “entorno asociado” para incluir aspectos humanos y sociales de los cuales él se abstrajo. Esto tiene el efecto de politizar su argumento en maneras que él no habría reconocido. Además, he señalado las múltiples concretizaciones posibles entre las que las sociedades deben elegir a medida que avanzan técnicamente. Esto introduce la problemática constructivista de la subdeterminación en el esquema más bien determinista de Simondon y abre la dimensión política del desarrollo técnico.

Metodología

C.A.: En referencia a su método de análisis, desde mi punto de vista como lectora, su estilo hermenéutico y literario parece ser la construcción de una constelación de nodos conceptuales a partir de los cuales construye su propia teoría. O tal vez una “sedimentación”, como la que describe en Modernidad alternativa, hablando de integración cultural.

En estas analogías, algunos nodos o capas sirven como fundamento interpretativo y otros complementan y amplían los vacíos teóricos del resto de las nociones (por ejemplo, el caso de Foucault respecto de las lecturas de Marcuse, o las de la teoría del actor-red para la Escuela de Frankfurt). Más allá de estos nichos conceptuales, genera sus propios aportes originales. Estos nuevos conceptos se vinculan a este contexto de apoyo e interconectan autores y enfoques filosóficos que, académicamente, no suelen estar directamente relacionados. ¿Está de acuerdo con esta descripción o la entiende de otra manera?

A.F.: ¡No podría haber encontrado una mejor descripción!

C.A.: Podemos decir que, en el ámbito de la filosofía, la discusión sobre los métodos es siempre válida y abierta. Cada autor propone en su práctica una nueva manera de pensar el objeto de estudio. Algunos autores han construido sistemas, otros desarrollan una primera y una segunda etapa que deben entenderse independientemente. Otros buscan intencionalmente la dispersión, generando lecturas diversas con autonomía propia. ¿Cuál es su enfoque metodológico en su producción filosófica hasta el momento?

A.F.: Soy esencialmente un escritor de ensayos. No soy un pensador sistemático. Tengo intuiciones básicas que debo elaborar mediante la interpretación de textos y el comentario de casos. Temo que esto haya hecho que mi trabajo sea menos efectivo de lo que debería ser, pero es la única manera en que puedo trabajar. No puedo proponer un sistema vasto y abarcador con un vocabulario inventado y eso parece ser lo que mucha gente quiere.

Divulgación y trabajos futuros

C.A.: Respecto a la difusión de su trabajo en América Latina, considerando que la dinámica del desarrollo productivo en los países del sur americano está basada en aportes estatales y marcada por la importación de diseños tecnológicos, ¿considera que es necesario incorporar nuevos conceptos para considerar este caso? ¿O cree usted que el caso latinoamericano puede abordarse aplicando los conceptos ya establecidos?

A.F.: Mi impresión de América Latina es superficial, lo admito de entrada. El hecho llamativo es la persistencia de una burguesía reaccionaria clásica y el desplazamiento de enormes poblaciones campesinas que terminan en barrios marginales urbanos. No hay ninguna manera evidente de limpiar este desastre. Me entusiasmé durante un tiempo con el intento de introducir la agroecología entre los pequeños agricultores de Brasil, pero esa iniciativa parece haber fracasado. El simple crecimiento económico no parece resolver los problemas, sino que provoca cada vez más pobreza en los estratos más bajos de la escala, así como contaminación y riesgos para la salud derivados de la agricultura y la industria. Creo que los conceptos que he introducido son válidos también para América Latina, pero deben complementarse con una forma más tradicional de análisis de clases marxista.

C.A.: Tiene en cuenta en algunas ocasiones ejemplos y contribuciones de los movimientos ecologistas y feministas. ¿Ha considerado incorporar contribuciones de las teorías decolonialistas en sus escritos?

A.F.: No estoy seguro de qué escritos decolonialistas estudiar para descubrirlo. Algunas cosas parecen ser antimodernas y anticientíficas. Con el Hindutva al mando en la India tenemos una idea de los peligros de tales posiciones. He respondido a la apropiación del pensamiento decolonial por parte de Amy Allen en el capítulo final de Technosystem. No me impresiona el rechazo al “universalismo”. Es cierto que los fundadores estadounidenses identificaron al “hombre” con los varones blancos, pero iniciaron un proceso que condujo a una visión más amplia de quién califica como “hombre”. Rechazar los derechos humanos porque la definición errónea de “humano” justifica el colonialismo no tiene sentido para mí. La cuestión es encontrar traducciones radicales que representen los derechos humanos tal como “otros” los entienden, no descartar el concepto. Véase el ensayo de Walter Benjamin sobre la traducción para ver lo que considero un mejor enfoque.

C.A.: Considerando que su teoría de la instrumentalización respondió al propósito de introducir la discusión política en el diseño tecnológico y que aún existe una tendencia general en la opinión pública a pensar en las limitaciones técnicas en términos de medidas éticas, legislativas o estatales, podemos pensar que la difusión de su perspectiva es necesaria en la educación de la población en general, tal como lo ha venido haciendo.

Pero al mismo tiempo, es necesario involucrarse en la formación de ingenieros. ¿Has desarrollado o sido parte de proyectos o investigaciones sobre estrategias para la formación de profesionales basados ​​en este nuevo enfoque?

A.F.: Estoy de acuerdo en que el personal técnico de todo tipo debe ser capacitado para comprender mejor su relación con el público. No se les puede permitir pensar que, al obedecer una estrategia corporativa, están haciendo lo mejor que pueden para cumplir un propósito público. Lo que es bueno para General Motors no es necesariamente bueno para el país, parafraseando un viejo dicho. No he estado involucrado directamente en este trabajo educativo. Mi colega portugués Eduardo Beira, que ha enseñado a ingenieros, hizo una recopilación de mis ensayos para sus estudiantes, que tradujo y publicó en Portugal. Ahora lo hemos publicado en inglés como mencioné anteriormente.

C.A.: Finalmente, ¿cuáles son sus proyecciones futuras de investigación? ¿Continuará con la retórica y el argumento de Technosystem?

A.F.: Por supuesto que seguiré intentándolo. Todavía no sé exactamente cómo. Actualmente estoy trabajando en ensayos sobre Eros y civilización de Marcuse y sobre Internet

C.A.: Muchas gracias por sus respuestas.


  1. Este cuestionario fue respondido vía correo electrónico el 19 de julio de 2018.


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