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Prólogo

Felipe César Londoño[1]

Antes de abordar lo propuesto en este libro, me gustaría poner en discusión varias nociones que pueden contribuir al análisis en torno a la relación contextual entre apropiación creativa, tecnología y educación. E iniciaré citando a Lucía Santaella, quien, en un reciente libro, menciona, como hipótesis central, que la inteligencia del ser humano sigue un proceso progresivo de complejidad que vincula la multiplicidad de lenguajes heteróclitos y mestizos con los medios sociotécnicos que hacen posible su producción y transmisión.[2] Para Santaella, no se puede establecer una separación entre la cognición, los lenguajes que transitan (por ejemplo, en los ámbitos educativos) y las tecnologías que se constituyen en formas exteriorizadas de la inteligencia humana. La evolución de lo cognitivo en el ser humano, por tanto, está estrechamente relacionada con los dispositivos que han existido a lo largo de toda la historia, pero sobre todo ahora, con la aparición de las “máquinas cerebrales” y la inteligencia artificial.[3] Ello hace parte, propone Santaella, de la séptima revolución cognitiva de los sapiens, una que se enmarca en lo informacional y la mezcla de los datos, más allá de épocas culturales anteriores, dominadas por la oralidad, la escritura, los libros, las masas, los medios y lo digital. Épocas que, como se manifiesta, no desaparecieron, sino que fueron readaptadas en composiciones renovadas, siempre inacabadas, que Santaella llama de hiperhibridación”,[4] que al final marcan la denominación de los tiempos actuales, sintetizada por ella con el nombre de la “cultura de los datos”, por la importancia y lo innegable de esta nueva materia de la que ahora está hecho el mundo.

La tecnología desempeña un papel crucial en la cultura de los datos al permitir su recolección, almacenamiento, procesamiento y análisis eficiente. De ello se ocupan, en parte, las humanidades digitales, al analizar el potencial de la tecnología para recopilar datos de diversas fuentes, como sensores, dispositivos móviles, redes sociales, registros transaccionales y más, para aplicarlos a procesos que vinculan las ciencias humanas y la educación. La evolución tecnológica ha ampliado las capacidades de recolección de datos, y ello ha permitido el surgimiento de los nuevos repositorios dinámicos de información, que hoy son fundamentales para la indagación en diferentes ámbitos. Por ello, el avance en términos de capacidad de almacenamiento y gestión de datos es importante para los sistemas sociales y educativos en el mundo, y la computación en la nube permite que cualquier persona acceda a la información en tiempo real, y desde cualquier lugar, para aplicarla en diversos campos. Las tecnologías hacen posibles el procesamiento y el análisis de datos, a través de la computación distribuida y los algoritmos de aprendizaje automático, que permiten realizar análisis complejos en grandes conjuntos de datos de manera eficiente, identificar patrones y tendencias, y generar información accionable. Por otra parte, las herramientas de visualización permiten representar los datos de manera gráfica e interactiva, lo que facilita la comprensión y la comunicación de la información contenida en los datos. La tecnología también es fundamental en la cultura de los datos en términos de seguridad y privacidad y las soluciones tecnológicas, como la encriptación, los protocolos de seguridad y las políticas de acceso, y es necesaria para proteger los datos sensibles y garantizar que se utilicen de manera ética y conforme a las regulaciones vigentes. La tecnología, en síntesis, es una forma exteriorizada de la inteligencia humana, y un habilitador fundamental en la cultura de los datos para tomar decisiones e impulsar la innovación.

Sin embargo, cada vez es más evidente que hablar de tecnología y de cultura de datos es poner en contextos asuntos que se relacionan con apropiación en realidades situadas y en acceso a una información que debe ser necesaria para enfrentar los grandes desafíos de la sociedad contemporánea. Si entendemos la tecnología como una forma exteriorizada de la inteligencia humana, comprendemos que ella hace parte de una “realidad” que se reconoce en su presencia permanente en diferentes aspectos de la vida cotidiana. La tecnología está, en síntesis, en interdependencia con nosotros mismos, a partir de las interacciones que realizamos con ellas. En este sentido, y tomando como base visiones como las de Arturo Escobar[5] o Maturana y Varela,[6] podemos afirmar que las tecnologías y sus realidades no están fuera de nosotros, porque como organismos interactuamos en un pluriverso que transformamos de manera permanente, en una interdependencia sistémica, que es en sí misma creativa. Al indicar que el observador no preexiste a lo que observa, Maturana y Varela dan a entender el devenir de las cosas creadas a partir de lo que somos y cómo nos reconocemos a nosotros mismos en esa implicación. Y esto es relevante para la tecnología en su dimensión sistémica, dada la necesidad de reconocernos no como sujetos separados de ella, sino integrados a los lenguajes que la hacen posible.

Y en ello considero que se encuentra el mayor aporte del libro La apropiación creativa de la tecnología en educación. Claves para su comprensión. A pesar de la enorme desigualdad en el acceso a los avances en el desarrollo tecnológico por parte de la población en América Latina, fenómeno agravado, además, por la pandemia del covid-19, los autores proponen, desde una perspectiva crítica, una “sostenibilidad de procesos de apropiación creativa y producción de tecnología/conocimiento que garanticen equidad en los procesos de desarrollo sustentable contextualizados”. En el texto se formulan dos fundamentos epistemológicos centrales, vinculados, en parte, con lo enunciado antes: no es posible separar lo biológico de lo cultural, y no hay distinción entre tecnología y sociedad, lo que conlleva a pensar que la apropiación de las tecnologías reconfigura los sistemas que las componen. En esta línea, es posible afirmar, con Maturana, que somos sistemas moleculares que nos producimos a nosotros mismos, y el mundo externo, en el que se encuentra la tecnología, hace parte de ese devenir. Es en esa dinámica corporal donde es posible observar la clase de seres que somos, resultado de una modelación mutua de manera generativa. Es decir, vivimos en una dinámica relacional donde diseñamos el mundo y sus dispositivos, y al diseñar nos diseñamos también a nosotros mismos, mediante sistemas cíclicos y autónomos.

Más allá de imposiciones tecnológicas externas, vinculadas en ocasiones a intereses particulares de organizaciones globales, esta dinámica relacional entre tecnología y cultura debería propiciar la “coconstrucción socioeducativo-cultural que trascienda el mero uso instrumental de los artefactos tecnológicos o su adopción acrítica”. Opciones como el desarrollo de tecnologías alternativas adaptadas a las necesidades de las comunidades o la construcción colectiva de algoritmos son propuestas que se realizan en el texto, con el objeto de reivindicar el derecho de empoderar a las personas en la construcción de sus propias tecnologías.

Desde el arte, acciones de apropiación creativa de las tecnologías se han llevado a cabo, sobre todo con comunidades indígenas y poblaciones vulnerables en distintos países de América. En Colombia, es muy destacado el trabajo que realiza Barbara Santos en el ámbito de la comprensión de la tecnología y sus usos por parte los indígenas del Pirá Paraná en la selva amazónica del país.[7] Ciencia y tecnología han sido avalados como analogías del saber ancestral por distintos sabedores tradicionales, y esos conceptos los han adaptado para la preservación del hábitat, para la regeneración del conocimiento y para el cuidado de las comunidades, generación tras generación. De forma similar, Santiago Echeverry, artista y profesor de nuevos medios en la Universidad de Tampa, en Florida (EE. UU.), se ha dedicado a la exploración de las posibilidades creativas del video, la performancia y las tecnologías digitales, apropiando lenguajes complejos de programación para transmitirlo a las comunidades LGBTI y desarrollar, a partir de procesos creativos, acciones de resistencia.[8] Es esto lo que, desde otras experiencias cercanas al ámbito académico, se describe en el libro: la importancia de

escuchar con amplitud y aprender –sin etiquetas– de aquellas personas (portadores) que, si bien no se inscriben en una tradición disciplinar, no por ello carecen de conocimientos y prácticas específicas tradicionales que resultan, en muchos casos, imprescindibles para el abordaje de las diversas problemáticas del hábitat comunitario local y global.

El libro La apropiación creativa de la tecnología en educación. Claves para su comprensión parte de la base de las desigualdades y dificultades que en América Latina han existido para introducir las tecnologías en el campo educativo y, con fundamento en unas muy amplias referencias teóricas, propone diversas rutas para desarrollar estrategias que hagan posible la apropiación de tecnologías desde enfoques sociotécnicos y metodologías interdisciplinares. Todo ello con el fin de aportar principios que guíen los procesos de coconstrucción creativa, adaptados a los contextos regionales.

En el marco del proyecto que guía la investigación llevada a cabo en el Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación (IRICE: CONICET-UNR), se ha propuesto el análisis de los makerspaces como el lugar de la confluencia interdisciplinar donde se promueve la creatividad y el aprendizaje colaborativo y en red. En perspectiva multidimensional, se menciona, estos espacios promueven distintas dinámicas metodológicas que son de gran utilidad para las prácticas educativas, al igual que motivan el empoderamiento comunitario en los campos de las tecnologías avanzadas. Todo ello para concluir en la necesidad de conceptualizar la tecnología desde una mirada compleja, que trasciende sus aspectos técnicos, para vincularla a los enfoques “intersaberes” y a otros factores socioculturales que determinan su uso.

La relación entre apropiación creativa, tecnología y educación se observa, por tanto, como una interacción de sistemas que, desde una perspectiva ética, abre la posibilidad de relacionar las diversas formas de representación, artefactos, lenguajes, herramientas y espacios, así como servicios, instituciones y organizaciones, hacia un objetivo común de transformación del espacio educativo latinoamericano a partir del uso de una tecnología apropiada para los contextos regionales. Esta perspectiva ética es relevante en la preocupación que Humberto Maturana expresa por la urgencia que tenemos como sociedad y como especie de comprender el impacto de las tecnologías en las personas. Pero no solo eso, sino también en la posibilidad que nos brinda la comprensión de la creatividad como la construcción de un espacio meta que otorga consistencia al ser, para dimensionar desde allí nuestros deseos en este momento de nuestra historia. Su inquietud, como se expresa en el presente libro, es no solo tener en cuenta las necesarias imbricaciones de lo que creamos, sino también reflexionar sobre la ética de nuestras actuaciones y sobre la responsabilidad que asumimos en lo que conservamos y en lo que creamos.

     

Bogotá, junio de 2023


  1. Arquitecto, PhD en Ingeniería Multimedia (UPC Barcelona, España). Investigador en temas de creación digital, industrias creativas, diseño, educación y nuevas tecnologías. Es vicerrector académico de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, director del Doctorado en Diseño, Arte y Ciencia y del Festival Internacional de la Imagen, que se realiza en Colombia desde 1997. Fue rector de la Universidad de Caldas en el período 2014-2018.
  2. Santaella, L. (2022). Neo-humano: a sétima revoluçao cognitiva. San Pablo: Paulus. Coleçao Comunicaçao.
  3. Santaella, L. (2023). A inteligencia artificial é inteligente? San Pablo: Almedina.
  4. Santaella, L. (2021). Humanos hiper-híbridos. Linguagens e cultura na segunda era da internet. San Pablo: Paulus.
  5. Escobar, A. (2016). Autonomía y diseño: La realización de lo comunal. Colombia: Universidad del Cauca. Sello Editorial.
  6. Maturana, H. y Varela, F. (2003). De máquinas y seres vivos: autopoiesis, la organización de lo vivo. Buenos Aires: Editorial Lumen.
  7. Santos, B. (2019). Curación como tecnología. Bogotá: IDARTES.
  8. Ver https://echeverry.tv.


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