Redes, afiliaciones y profesionalización en La Pampa
Graciela Salto, Diana Moro, Sonia Bertón, María Pía Bruno, María Virginia González y Rosario Pascual Battista[1]
La literatura latinoamericana es una categoría inestable que varía sus fundamentos y alcances en distintas épocas y contextos. Desde los orígenes del profesorado, creado en la década de 1960 e integrado en la Universidad de La Pampa en el año 1970,[2] se enseña con distintas denominaciones. En el plan inicial de 1971, se destina a su estudio un único espacio anual llamado Literatura Hispanoamericana. A partir del plan de 1975, se segmenta en dos espacios curriculares cuatrimestrales, como en la mayoría de las carreras de Letras del país: uno, con contenidos desde el siglo XV hasta fines del siglo XIX y, con escasas variantes, otro, con los del siglo XX y, ahora, del XXI. Los cambios en las políticas y las sucesivas readecuaciones a las demandas socioeducativas no pusieron en discusión la validez de esta división. Se amplió, en cambio, la extensión a dos espacios anuales, se modificó la denominación y se complejizaron los contenidos y las estrategias didácticas acordes a los nuevos escenarios. Hasta 1983, las asignaturas se denominaron Literatura Hispanoamericana I y II; desde 1984, Literatura Iberoamericana I y II; desde 1998, Literatura Americana I y II; desde 2011 hasta la actualidad, Literatura Latinoamericana I y II. Estos nombres describen los cambios producidos en la conceptualización de lo latinoamericano en estos años. La categoría Literatura Hispanoamericana de los inicios enfatiza la dimensión hispana que, en los albores de la democracia y en búsqueda de la integración regional con el Mercosur, se considera insuficiente para abarcar Brasil y así se extiende a Iberoamericana. No obstante, ya por entonces se discutía el sustrato colonial de los dos nombres.[3] A fines de la década de 1990, la denominación pierde toda referencia que pueda connotar colonialismo y se llama solo Literatura Americana. Walter Mignolo era uno de los referentes del decolonialismo leído en la época y la decisión se celebra en otras universidades por su audacia epistemológica.[4] Sin embargo, una década después, se hace evidente que la categoría no era la más adecuada, ya que la universidad comienza su camino de internacionalización, el estudiantado comienza a trasladarse de un espacio institucional a otro y se hace necesario revalidar áreas curriculares. Por esta razón, se considera más pertinente equiparar la denominación a la usada en el resto de las instituciones y, en el nuevo plan, se adopta la actual de Literatura Latinoamericana.
Más allá de la oscilación propia de categorías inestables, no es hasta los años de la transición democrática cuando comienza una renovación curricular acorde al estado de los avances teóricos y una gradual profesionalización del plantel docente.[5] Estos dos factores son determinantes en la mejora de las prácticas de enseñanza, que se vinculan, desde entonces, con la investigación y la transferencia en actividades editoriales, de extensión y de formación de recursos especializados junto a un intenso trabajo de religación nacional e internacional. En las páginas que siguen nos interesa contribuir a la explicación de “cómo se fue constituyendo y fortaleciendo esa amalgama que subyace en la construcción del objeto que denominamos literatura latinoamericana” (Zanetti, 1994, p. 489) en una universidad de provincia. A tal efecto, se establecen cuatro etapas en la institucionalización de estos estudios.
De los comienzos
Una primera etapa (1970-1979) se caracteriza por un nivel de institucionalización leve o inicial que contrasta con la relevancia de los estudios latinoamericanistas en una época signada por el fervor revolucionario en la región.[6] Prevalece una planta docente con título terciario, sin especialización, programas de estudios descriptivos, sin categorías teóricas ni analíticas y escasa disponibilidad de materiales bibliográficos. Esta precariedad tiene rasgos intrínsecos a la zona –como la escasez de docentes con titulación universitaria o la falta de acceso a materiales bibliográficos– y otros, que no se diferencian en mucho del estado de situación en instituciones con mayor antigüedad, como la falta de un marco teórico actualizado para el análisis de los temas y contenidos propuestos. La bibliografía se reduce, en general, a manuales de autores americanos o españoles que, desde las universidades estadounidenses, publicaban repertorios orientados a situar autores y textos entre estudiantes de ese hemisferio: Enrique Anderson Imbert, Luis Alberto Sánchez, Arturo Torres Rioseco, Ángel Valbuena Briones, entre los más difundidos. Los programas de estudios se limitaban, en consecuencia, a una lista de textos canónicos divididos en unidades temáticas ordenadas con un criterio historicista. Desde 1971, es decir, desde la creación de la Facultad de Ciencias Humanas, los dos espacios curriculares están a cargo de la profesora Luisa María Pérez de Monti quien cesa en sus funciones en 1986 sin que, en quince años, los programas tengan alguna variación o actualización bibliográfica documentada.[7] Durante ese extenso período, la licenciada Susana Petrey, de la Universidad Nacional de Córdoba, suple algunas licencias de la titular (1978-9; 1985), sin modificar los programas.[8] Por este motivo, la modernización de los estudios de literatura latinoamericana muestra sus primeros indicios por fuera de las cátedras.[9] La nacionalización de la universidad en 1973 ofrece la posibilidad de otorgar una incumbencia universitaria al título de Profesor en Enseñanza Media, Normal y Especial en Literatura y Castellano vigente. Entre 1974 y 1975, se organiza un curso nivelador para la obtención de una licenciatura dividido en cuatro seminarios, dos para el área lingüística y dos para los estudios literarios. Los seminarios se dictan entre abril y septiembre de 1975 y, entre los docentes convocados, Néstor García Canclini se ocupa de “Metodología de la literatura”. Esos seminarios marcaron un punto de inflexión en el enfoque sociológico de los estudios literarios y, aunque su desarrollo se truncó antes de 1976, implicaron una apertura de las perspectivas teóricas y metodológicas para el estudio de la literatura latinoamericana.[10]
De agentes y redes estructurantes
Una segunda etapa (1980-1985) corresponde al llamado período de transición hacia la democracia que coincide, en la carrera de Letras, con la puesta en funcionamiento de la primera cohorte de la licenciatura en Letras, una iniciativa promovida en el año 1975 de la cual solo se dictan los seminarios referidos y que, tras el colapso institucional de 1976, se concreta con un plan de estudios aprobado en 1977 que recibe su primera cohorte en 1980. Estos nuevos seminarios pueden visualizarse como un gozne que, junto a una ampliación teórica inusitada en una universidad alejada de los centros académicos, promueve la profesionalización e internacionalización de la futura planta docente de las asignaturas y delinea áreas temáticas y metodológicas reconocibles, incluso, en los desarrollos de los últimos años. En 1980 viaja desde Buenos Aires Silvia Calero para dictar “Literatura Comparada II” y “Literatura Americana Contemporánea”, dos de las asignaturas que integran el plan de licenciatura rediseñado en esos años. Entre julio y octubre de 1981 lo hace Enrique Pezzoni para dictar “Literatura Contemporánea Universal”. Ambos vienen del prestigioso Instituto Superior del Profesorado “Joaquín V. González”, fundado en 1904, y presentan modos de leer, de enseñar y de trabajar con la literatura inéditos en una universidad de provincia. El grupo inicial de estudiantes reúne a docentes de la carrera que intentan validar con un título universitario sus credenciales de planes anteriores que habilitaban para la docencia en “el nivel secundario y especial en Castellano y Literatura”; a personas que buscan repetir la experiencia transformadora de 1975; y, también, a las primeras egresadas del profesorado en curso. La propuesta tiene excelentes resultados por los motivos que se detallan a continuación. Silvia Calero era la profesora de Literatura Latinoamericana en el casi centenario instituto de formación docente del que provenía. Los seminarios que dicta ofrecen, por lo tanto, un corpus literario muy moderno a un auditorio con escasa formación en la crítica literaria que tiene la oportunidad de atisbar en esas clases otros modos de acercamiento a los textos. Uno de los seminarios lo dedica por entero a analizar la obra del cubano Alejo Carpentier; otro, a la del chileno José Donoso. En conjunto, ofrece un panorama de la literatura latinoamericana que prefigura el seminario que dicta Pezzoni al año siguiente.
Este fue un acontecimiento sin precedentes para la universidad. “Todas las instituciones conocen momentos privilegiados en que las circunstancias, la justicia y a veces el mero azar ponen en puestos clave a personas que hacen estallar su productividad real y su potencialidad” (Louis, p. 61).[11] Es muy posible que para los estudios latinoamericanos de la UNLPam ese momento privilegiado se haya vivido en 1981, con la llegada de uno de los productores culturales más influyente de esos años.[12] Pezzoni se había formado con Raimundo Lida, María Rosa Lida, Amado Alonso, Pedro Henríquez Ureña, Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges, José Bianco, Ana María Barrenechea y otras tantas figuras. Entre 1969 y 1973 había sido secretario de redacción de la mítica revista Sur; desde 1974 trabajaba como asesor literario de la editorial Sudamericana y alternaba sus clases en profesorados de la Argentina con frecuentes estadías en el exterior. Elsa Drucaroff recuerda que: “En años de dictadura, el seminario que daba Enrique [Pezzoni] en el Joaquín V. González era un milagro: vendaval de ideas y audacia […]. Era temerario: con el Joaquín entonces repleto de hijas de militares, mostraba sin disimulo el profundo asco que le daba el gobierno. Los más inquietos asistíamos como oyentes y seguíamos yendo incluso luego de aprobar” (Gigena, 2018).
En esta universidad, su audacia es similar. Su perfil de lector, docente y traductor cosmopolita abre líneas de trabajo en varias direcciones. En lo inmediato, su seminario actúa como un dispositivo de actualización teórica y metodológica ineludible. No propone un tema, sino un problema que le interesaba en esos años: la categorización de la literatura fantástica y los distintos enfoques críticos que intentaban definirla. Cada unidad del programa se centra en una perspectiva de la crítica contemporánea (genérica, sociohistórica, estructural y posestructural) e incluye narraciones de Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Virgilio Piñera, José Bianco, Henry James, Felisberto Hernández y Robert Louis Stevenson. La novedad del planteo didáctico es tan movilizadora como la puesta en escena de la caja de herramientas críticas de alguien que ocupa, en forma simultánea, muchas facetas de la producción cultural: docencia, investigación, traducción, edición, difusión, gestión e, incluso, mecenazgo (Williams, 1981). Esta última dimensión es uno de los efectos no inmediatos, pero más perdurables de su seminario. Abre las puertas a las clases que Josefina Ludmer dictaba en la “universidad de las catacumbas” (Villalonga, 2022) y recomienda a Saúl Sosnowski la incorporación de Graciela Salto, recién graduada del profesorado pampeano, como estudiante en el departamento que dirige en la Universidad de Maryland. Este gesto sienta las bases de la formación de quienes integrarían el equipo docente de las literaturas latinoamericanas y delinea un modo de trabajo crítico reconocible en las décadas siguientes. En esos años la universidad de Maryland es un influyente núcleo de producción crítica. Sosnowski edita la revista Hispamérica y convoca al departamento que dirige a muchos de quienes viven en el exilio. Ángel Rama, entre los más destacados, tiene la oportunidad de enseñar en ese lugar desde 1980 hasta 1982, cuando el gobierno estadounidense decide no renovar su visa. A su vez, entre 1984 y 1994, Sosnowski es el artífice de cuatro célebres encuentros sobre “Cultura y democratización en el Cono sur” (Garategaray, 2019). Este ambiente de efervescencia cultural en el que participan profesores y conferencistas como José Emilio Pacheco, Jorge Aguilar Mora, Richard Morse, Carlos Altamirano, Tomás Eloy Martínez o Efraín Kristal junto a jóvenes de Argentina, Bolivia, Costa Rica, México, Perú, Puerto Rico o Venezuela que preparan sus maestrías y doctorados ofrece un lugar único para la circulación de la literatura y la crítica latinoamericanas.
Este espacio, caracterizado por un alto nivel de institucionalización y disponibilidad de recursos humanos, materiales y simbólicos, entra en relación con la universidad pampeana entre 1985 y 1986 y, muchos años después, mantiene todavía lazos de cooperación intelectual.[13] El vínculo es producto de la mediación de dos agentes expertos en movilidad académica y traducción cultural: Pezzoni y Sosnowski. Ambos ocupaban posiciones destacadas en el campo latinoamericanista por su ubicación en diferentes, aunque complementarios, centros de producción y diseminación del conocimiento; algo que, antes de internet, implicaba la posibilidad de acceder a bibliotecas, archivos y financiamiento. Por contraste, las carencias bibliográficas y pedagógicas de una universidad creada apenas una década antes en una provincia que contaba con poco más de doscientos mil habitantes eran muy notorias. La desigualdad se compensa mediante la transformación de los saberes en movimiento. Leandro Rodríguez Medina (2014) llama “traducción asimétrica” a este proceso de cooperación transnacional por el cual la fotocopia del libro de un teórico puede moldear un campo periférico a través de circuitos de apropiación y uso diferentes. De hecho, Felisberto Hernández y Virgilio Piñera, entre otros ejemplos, llegan a la UNLPam en fotocopias y circulan así durante décadas. La primera edición de La ciudad letrada de Ángel Rama, publicada en Hanover en 1984, viene en una valija como un preciado recuerdo de viaje y sus copias se multiplican por muchos años para uso de las cátedras. Severo Sarduy se hace presente en las célebres anécdotas de Pezzoni en los recreos de sus cursos y la narrativa del cubano se transforma en el tema de la primera tesis doctoral escrita por una de las docentes de Literatura Latinoamericana I (Bertón, 2010). Es una traducción asimétrica en la cual la escasez y la desactualización de los fondos de las bibliotecas universitarias de provincias y el desfasaje tecnológico se salvan con estrategias de adaptación, uso y apropiación diferenciada de los saberes en movimiento. La circulación no es unidireccional, como la piensa Mignolo (2000), sino que los libros y las ideas se desplazan de modo incompleto, se fragmentan y redistribuyen en formatos y materialidades que responden a lógicas de lectura y escritura diferentes (Chicote y Göbel, 2017). La literatura latinoamericana no es ajena a esta circulación disruptiva y apropiación multidireccional. Por el contrario, en el diseño y la organización de los programas de estudios de los años siguientes se hace visible este mecanismo, ya sea en la delimitación de problemas, en la apropiación de marcos teóricos, en la definición de criterios metodológicos y en la formación de especialistas.
Agentes de integración docente e intelectual
Una tercera etapa (1986-2004), ya en democracia y al ritmo de la enorme producción crítica poscolonial generada alrededor de 1992 por la evocación de la llegada de los europeos al continente americano, se caracteriza por la renovación de los contenidos y la bibliografía de estas asignaturas, una creciente profesionalización e incremento de la planta docente, el inicio de investigaciones específicas sobre el campo disciplinar y la publicación de los primeros resultados producidos. Intervienen de modo decisivo, además, la expansión de internet y la consecuente posibilidad de acceso remoto a la bibliografía, la articulación transversal de distintas cátedras y departamentos universitarios en respuesta a los cambios que trajo la Ley de Educación Superior de 1995 y la creación de posgrados con un entronque curricular en los estudios latinoamericanistas.
El año 1986 marca un punto de inflexión en estos procesos. La planta docente se modifica con un impacto perdurable en la organización de las cátedras. En abril de ese año, Silvia Calero asume como profesora titular de Literatura Iberoamericana I y Literatura Iberoamericana II en reemplazo de la docente inicial, Luisa Pérez de Monti.[14] El cambio se produce en años de tensión en las universidades nacionales dada la necesidad de lograr la ansiada normalización después de los sucesos de la década anterior. Graciela Salto regresa de su estadía de posgrado en Maryland con un título de maestría orientado a la literatura latinoamericana y Diana Moro se gradúa como profesora en Letras en la UNLPam. Al año siguiente, en 1987, ambas se incorporan a las cátedras dirigidas por Calero: Moro, como ayudante de primera, y Salto, como jefa de trabajos prácticos en las dos cátedras. Se forma así un equipo docente virtuoso que sintetiza las tradiciones descriptas e incorpora otras propias del proceso de normalización universitaria, ya que Moro se había destacado como líder estudiantil en los años anteriores. En esa fecha era secretaria general del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Humanas (CEFCHU) y, desde esa posición, había cumplido un papel importante en la renovación del claustro docente (Monasterolo, 2024, p. 114; Redondo, 2008). Se encuentran, por lo tanto, dos ingresantes al campo académico con habitus muy diferentes que, con la mediación estratégica de la profesora titular, aprenden a integrar un equipo respetuoso de las trayectorias previas y dispuesto a potenciar el trabajo en común. Por entonces, Calero poseía ya una amplia experiencia en docencia e investigación en el instituto mencionado: “Era un permanente motor de acciones en los espacios en los que se desempeñaba. Siempre surgían, de su actividad e iniciativas, equipos de jóvenes docentes, grupos de estudio” (Gigena, 2023).
Así es también su accionar en la UNLPam donde, desde 1982, tiene a su cargo diversos seminarios del ciclo de licenciatura. Cuando asume las cátedras que, en el plan aprobado en 1984, se denominan Literatura Iberoamericana I y Literatura Iberoamericana II, produce un quiebre fundamental respecto de las prácticas docentes anteriores. Amplía el espectro de referencias a partir de las cuales selecciona las obras que integran los programas; repone fuentes que los mecanismos de la represión habían desplazado del foco de análisis, como Aimé Césaire, Frantz Fanon, Roberto Fernández Retamar o Darcy Ribeiro; y establece un corpus que, sin omitir clásicos del latinoamericanismo, incorpora textos muy disruptivos como el relato autobiográfico del esclavo cubano Juan Francisco Manzano, por mencionar solo algunos contenidos de sus programas.[15] Las clases eran un oasis de productividad crítica y lecturas esclarecedoras en un clima pedagógico afectivo reconocido por estudiantes y colegas. Los cinco años que tiene a su cargo el dictado de estas asignaturas, hasta marzo de 1990, son cruciales para la formación de un equipo de cátedra sólido y comprometido con la docencia, pero también para la promoción de actividades de investigación, de extensión y de formación de recursos humanos. En 1989 las tres integrantes del equipo docente presentan en las Segundas Jornadas de Investigación de la Facultad de Ciencias Humanas la ponencia “El personaje negro como ideologema en la narrativa latinoamericana del siglo XIX”, esbozo de un proyecto de investigación impulsado por Calero que no pudo concretarse debido a su renuncia al cargo en 1990 para concentrar sus tareas en la ciudad de Buenos Aires. Antes de irse, dicta con el mismo equipo el seminario “Etnocentrismo en la literatura hispanoamericana” que despierta gran interés entre estudiantes y docentes que buscan actualizar sus conocimientos después del oscurantismo anterior.
La pregunta por lo latinoamericano era acuciante en esos años. Las nociones de “región cultural”, “unidad en la diversidad” y “transculturación narrativa”, propuestas por Rama en 1982, eran un estímulo para el análisis de la complejidad inherente a las culturas del continente. En 1983 se había realizado en Campinas el encuentro de especialistas que marca la agenda crítica de los años siguientes. El debate en torno a la conceptualización de la literatura latinoamericana, coordinado por Ángel Rama, Antonio Cândido y Ana Pizarro, y publicado en el Centro Editor de América Latina por Susana Zanetti, sintetiza en su título –La literatura latinoamericana como proceso (1985)– los desafíos implícitos en la enseñanza y la investigación de literaturas producidas en sociedades multilingües y pluriculturales que no habían alcanzado todavía un nivel de estabilidad conceptual (Gómez et al., 2024). Esta discusión coincide con un movimiento teórico de mayor alcance orientado a discutir las premisas de la expansión del capitalismo y del colonialismo eurocéntrico. En esos años confluyen varias líneas de investigación cuyos resultados forman, en poco tiempo, un corpus de textos ineludibles. En apenas dos años se publican los libros de Jesús Martín-Barbero De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía (1987); Aníbal Quijano, Modernidad, identidad y utopía en América Latina (1988); Julio Ramos, Desencuentros de la modernidad en América Latina. Literatura y política en el siglo xix (1989), y Néstor García Canclini, Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad (1990), entre algunos de los más destacados. En todos, con distintos acercamientos, matices y diferencias, se pone el acento en el desfasaje entre la modernidad europea y los tiempos culturales de América Latina; la impregnación de la cultura letrada por las estrategias y procedimientos de lo popular y lo masivo; y, por extensión, en la necesidad de estudiar la escritura en su trama con la oralidad. El estudio de Martín Lienhard La voz y su huella: Escritura y conflicto étnico-social en América Latina (1492-1988), publicado por Casa de las Américas en 1990, es, en este sentido, un ensayo clave que anticipa, en pocos años, la enorme producción de estudios decoloniales.
El alejamiento de Silvia Calero coincide con este momento de auge y renovación de los estudios latinoamericanistas. Su legado docente facilita la continuidad del equipo que, ante su ausencia, queda a cargo de Graciela Salto, promovida a la categoría de profesora adjunta para el dictado de las dos cátedras.[16] En 1988 había obtenido una beca de iniciación a la investigación en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) con la dirección de María Teresa Gramuglio y la codirección de Silvia Calero para realizar el Doctorado en Letras en la Universidad de Buenos Aires. El año en que asume las cátedras obtiene también la beca de perfeccionamiento y viaja con regularidad a la ciudad de Buenos Aires para cumplir con los requisitos de su formación doctoral y entrevistarse con sus directoras y la consejera de estudios, Ana María Barrenechea. Esta movilidad contribuye de modo estratégico a la actualización y al perfeccionamiento de las cátedras a su cargo, ya que puede acceder a las bibliotecas y hemerotecas más completas de la especialidad y, al mismo tiempo, frecuentar las clases de literatura latinoamericana coordinadas por Susana Zanetti, Noé Jitrik, Celina Manzoni y sus respectivos equipos docentes. Son años de aprendizaje acelerado y de búsqueda de una adecuada transposición didáctica en la UNLPam. En 1995 ingresa a la Carrera de Investigador Científico y Tecnológico en Conicet. Este organismo funciona como otro núcleo de vinculación académica e intelectual dado que, hasta el año 2008, es la única investigadora del área de Ciencias Sociales y Humanidades con sede en la facultad. A su vez, implica una apertura a espacios de circulación e intercambio teórico que se entrecruzan y convergen con los anteriores. Gramuglio cumple un papel fundamental en este proceso articulador. Su agudeza crítica, formación teórica y rigor metodológico son decisivos en el aprendizaje de modos específicos de trabajo en la investigación, pero más aún en la valorización de la docencia universitaria como un dispositivo para la intervención en el campo intelectual. En un momento en que tantas figuras como ella, desplazadas y censuradas durante años, podían volver a las aulas, la clase ofrecía un lugar donde el despliegue teórico y el compromiso crítico se transformaban en un nuevo tipo de activismo.[17] En el círculo cercano a Gramuglio, se destaca su amistad con Susana Zanetti. Se habían conocido en el Centro Editor de América Latina y, desde entonces, mantenían una perdurable relación afectiva, que combinaba el disenso crítico con el respeto intelectual (Gramuglio, 2017). Zanetti viene a Santa Rosa en noviembre de 1993 para participar en el Quinto Congreso de Literatura Latinoamericana organizado por el Instituto de Historia Americana de la UNLPam.[18] Es un año antes de la publicación de su ensayo “Modernidad y religación: una perspectiva continental (1880-1916)”, que aparece en la historia de la literatura coordinada por Ana Pizarro una década después de los debates de Campinas. Allí Zanetti propone uno de los conceptos más perdurables de su legado que se convierte en un clásico de la historia intelectual y marca un modo de pensar la cultura del continente que Zanetti combina, además, con una incansable práctica religadora. Al año siguiente vuelve a La Pampa para dictar un curso en el que enfatiza la singularidad de la “expresión americana” y ofrece una selección de textos poco estudiados en los cursos de grado. La definición de la literatura latinoamericana seguía en debate. La necesidad de adecuar los planes de estudios a las pautas establecidas en la Ley Federal de Educación de 1993 fomentaba discusiones sobre la validez instrumental de cada área disciplinar para la formación docente.[19] Es un momento de incertidumbre y conflicto en las universidades nacionales debido a las adecuaciones exigidas por la Ley Federal y la correlativa de Educación Superior promulgada en 1995.
En el umbral del 2000 se producen movimientos que tienden a enfrentar estas dificultades, potenciar las líneas de trabajo iniciadas y abrir proyecciones institucionales. En 1997 se decide crear la revista Anclajes en el Instituto de Análisis Semiótico del Discurso y la mayoría de las personas que habían tenido injerencia en estas redes de vinculación latinoamericanista integran el Consejo Asesor de la publicación: Ana María Barrenechea, María Teresa Gramuglio, Saúl Sosnowski y Susana Zanetti, entre las mencionadas en este capítulo. Pocos años después, María Herminia Di Liscia, secretaria de Investigación y Posgrado en ese momento, propulsa la creación de la primera carrera de posgrado de la facultad: la Maestría en Estudios Sociales y Culturales que, con la dirección de Dora Barrancos, recibe a su primera cohorte en el año 2000. Rita De Grandis, profesora de la Universidad de British Columbia en Canadá, dicta uno de los seminarios iniciales y lo dedica a la literatura de América Latina: “Bajtín en la tradición latinoamericana y los estudios culturales”. De Grandis había integrado la planta docente de esta universidad antes de exiliarse a fines de 1976. Su regreso como profesora invitada tiene un valor de reparación afectiva e ideológica visible en la cantidad de personas inscriptas en el seminario y en los lazos que la docente restablece con la facultad. La revinculación se había iniciado unos años antes con su ingreso al Consejo Asesor de Anclajes y la edición del cuarto volumen, dedicado a las relaciones entre el cine y la literatura y publicado también en el año 2000.[20] Su viaje refuerza estos vínculos y proyecta otros que favorecen el proceso de internacionalización con el ingreso de la profesora María de los Ángeles Carbonetti en la Universidad de British Columbia para realizar sus estudios de doctorado.[21] En el año 2000 se produce también un encuentro de gran efecto religador entre las universidades nacionales. Se organizan en Tucumán las Primeras Jornadas Nacionales de Reflexión “La enseñanza de la literatura latinoamericana en la universidad”, con representantes de Buenos Aires, Comahue (sede Zona Atlántica), Córdoba, La Pampa, Mar del Plata, Morón, Río Cuarto, Tucumán y Salta (sede Tartagal).[22] La oportunidad de confrontar experiencias y comparar las estrategias adoptadas por cada cátedra ante las políticas educativas neoliberales promueve vínculos interinstitucionales duraderos; en especial, entre las universidades con índices de matriculación, retención y egreso y plantas docentes similares como es el caso de la UNLPam y la sede CURZA de la universidad del Comahue ubicada en Viedma. Los cambios producidos en los años noventa plantean dos desafíos fuertes en estas universidades: a) la defensa del papel formador de la literatura, en especial, la latinoamericana, y b) la formación de recursos especializados. En relación con lo primero, ese mismo año 2000, el equipo docente de la UNLPam dicta un curso extracurricular orientado a la formación de docentes para el nivel primario titulado “La literatura Latinoamericana en el contexto educativo” que es el inicio de una línea de trabajo de larga duración.[23] En relación con lo segundo, se emprenden actividades orientadas a la formación de especialistas mediante varias estrategias concatenadas: la adscripción de estudiantes a las cátedras y su inserción eventual como ayudantes ad honorem; el bosquejo de temas vinculados con sus intereses que funcionen como líneas de ingreso a la investigación; la postulación de estudiantes a las becas de iniciación y perfeccionamiento creadas en la facultad en esa época; la postulación a becas de otros organismos de financiamiento; y la dirección de proyectos orientados a promover su formación de posgrado. En 2001 Graciela Salto comienza a dirigir el proyecto “Las actitudes lingüísticas en la literatura latinoamericana”, que actúa como espacio de formación general y puerta de ingreso a la investigación de egresadas del profesorado que, pocos años después, se convertirían en auxiliares docentes de estas asignaturas.[24] En el 2000, Sonia Bertón obtiene la beca de iniciación de la facultad cuando ya ocupa una ayudantía ad honorem en Literatura Latinoamericana I; en 2001, lo hace María Pía Bruno y en 2003, María Virginia González. Las tres delinean problemas y corpus vinculados con la narrativa cubana. A su vez, en el año 2000 la UNLPam ingresa en el Programa de Cooperación Interuniversitaria INTERCAMPUS financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional. Es así como la planta de docentes auxiliares accede a su primera experiencia en el exterior: Diana Moro realiza una estadía en la Universidad de Santiago de Compostela (2001); Sonia Bertón, en la Universidad de Sevilla (2001); María Virginia González, en la Universidad de Oviedo (2002). Entre junio de 2002 y junio de 2006, la cátedra de Literatura Latinoamericana II queda a cargo de la profesora Marta Urtasun, de la Universidad de Lomas de Zamora, quien mantiene la estructura de los programas e incorpora textos y perspectivas críticas innovadoras. Urtasun se había formado y seguía vinculada con Jorge Lafforgue, un reconocido profesor y editor con extensa trayectoria en el mítico Centro Editor de América Latina donde había coincidido con Zanetti. En consecuencia, esta nueva tradición se articula muy bien con la impronta del programa vigente en ese momento y con la formación de las profesoras integrantes del equipo.
Esta trama de vínculos y relaciones afiliativas entre agentes de mediación, religación y estructuración de la literatura latinoamericana en la UNLPam pretende resaltar los modos de trabajo colaborativos que permitieron desarrollar y consolidar el área disciplinar.[25]
Profesionalización del equipo docente y redes de intercambio académico
Una cuarta etapa (2005-2020) se caracteriza por la consolidación y expansión nacional e internacional del proceso iniciado en los albores de la democracia. En 2005 se regulariza mediante concursos la planta docente de las asignaturas y la universidad participa en programas orientados a la formación de posgrado que facilitan la titulación doctoral de las auxiliares y abren líneas de investigación sobre las literaturas del Caribe y Centroamérica todavía vigentes. En este proceso se institucionalizan vínculos preexistentes con algunas universidades y se abren otros con redes del país y del exterior, traducidos en la firma de convenios, la organización de reuniones científicas, la edición de libros y publicaciones periódicas, entre otros indicadores del trabajo académico.
En el año 2005 la facultad organiza concursos de auxiliares docentes en las dos asignaturas. En Literatura Latinoamericana II, la profesora Diana Moro regulariza su cargo de jefa de trabajos prácticos, después de más de una década de antigüedad, y, en Literatura Latinoamericana I, lo hace Sonia Bertón, quien se había incorporado poco tiempo antes. A su vez, ingresan otras dos ayudantes de primera: María Pía Bruno en Literatura Latinoamericana I y María Virginia González en Literatura Latinoamericana II. De ese modo, se produce un incremento sustancial en la planta docente y se logra conformar un equipo de trabajo que, con pocas modificaciones, se mantiene hasta la actualidad. A fines de 2020, María Pía Bruno solicita licencia cuando asume como secretaria de Investigación y Posgrado de la facultad. En su lugar, se incorpora la profesora Rocío Mallía y, en 2003, la doctora Rosario Pascual Battista ingresa como auxiliar docente interina en Literatura Latinoamericana II. Esta última incorporación se produce después de las jubilaciones ordinarias producidas en los últimos años. En 2021, se retira Salto y Diana Moro asume la titularidad de la cátedra hasta 2023, fecha de su propia jubilación. Desde entonces, María Virginia González es la profesora adjunta a cargo del dictado de esa asignatura y Sonia Bertón continúa en Literatura Latinoamericana I.
La formación de posgrado de las auxiliares es una de las metas definidas por el grupo docente cerca del año 2000. La facultad ofrecía en esa época dos instancias de perfeccionamiento vinculadas con la literatura: la Especialización y la Maestría en Estudios Sociales y Culturales. En esos dos ámbitos, las auxiliares acceden a seminarios ofrecidos por figuras relevantes del campo intelectual: Eduardo Grüner, “Ideología y cultura en el capitalismo moderno” (2000), “Mundialización, postcolonialidad y conflicto cultural” (2001) y “Arte, poder y conflicto cultural. La mirada de la Antropología Política sobre la relación Arte/Sociedad” (2002); José Amícola, “Autobiografía y subjetivación” (2003); Daniel Balderston y José Quiroga, “Sexualidades en relación” (2003); Susana Cella, “Las poéticas y la nación: perspectiva a la literatura cubana (2004); Ana Pizarro, “Problemas de cultura latinoamericana en la modernidad tardía” (2005); Miguel Dalmaroni, “Figuras del presente: teorías sociales de la literatura como arte en el horizonte del giro cultural” (2008); María del Pilar Vila, “El ensayo literario Latinoamericano de entresiglos” (2008); Enrique Foffani, “Poesía Hispanoamericana y el proceso de secularización del sentido. Revisión crítica e historiográfica del Modernismo, Postmodernismo, Vanguardia y Postvanguardia” (2009); Analía Gerbaudo, “Metodología de la investigación literaria” (2009); Susana Zanetti, “Los libros, la lectura y los lectores en América Latina” (2011), entre otros. Estos seminarios ofrecen una puerta de ingreso a los estudios de posgrado y facilitan la transición a las universidades donde las auxiliares completan sus estudios de doctorado.
Otros factores contribuyen también en esta transición. En primer lugar, los vínculos de colaboración establecidos con espacios curriculares de la facultad que convergen en el primer proyecto cofinanciado entre la universidad y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Técnica (ANPCyT): el PICTO “Políticas de la escritura y la figuración literaria en América Latina” (2005-2010) codirigido por Graciela Salto y José Maristany. En segundo lugar, las redes de articulación disciplinar y religaciones formadas en la década anterior, como las sostenidas con Noé Jitrik, Celina Manzoni, Susana Zanetti, María Teresa Gramuglio, María del Pilar Vila o Rita de Grandis que facilitan la definición de temas y dirección para los doctorados en ciernes. En tercer lugar, la integración en equipos de investigación financiados por el Conicet potencia las relaciones interinstitucionales, en especial, con la Universidad Nacional de La Plata. A partir de 2005 comienza una relación perdurable de colaboración con ese centro académico visible en sucesivos proyectos de investigación integrados por docentes de varias universidades nacionales (La Plata, La Pampa, Mar del Plata, Rosario, entre otras).[26] Es el inicio de una relación de cooperación estratégica que conlleva la dirección y codirección de tesis y becas durante la década siguiente. En ella participan dos agentes religadoras decisivas para el éxito de esta relación: Gloria Chicote y Susana Zanetti. La primera, desde su posición de directora del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales, IdIHCS, de doble dependencia (Universidad Nacional de La Plata-Conicet). La segunda, como profesora y editora de prestigio que opta por culminar su trayectoria profesional en esa universidad. En cuarto lugar, se establece, en forma paralela, una intensa relación con el Grupo de Estudios Caribeños fundado en 2005 por Celina Manzoni en el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Buenos Aires.
Los cuatro factores enumerados confluyen en la formación doctoral de las auxiliares docentes de literatura latinoamericana que se inicia alrededor de 2003 y concluye una década más tarde con títulos de la Universidad Nacional de La Plata y la dirección de especialistas de distinta procedencia. En 2010, Sonia Bertón culmina su doctorado con la tesis “La construcción de la subjetividad en la narrativa de Severo Sarduy”, dirigida por José Amícola (UNLP) y codirigida por Graciela Salto;[27] en este caso, con becas de Conicet obtenidas entre 2003 y 2008. En 2013, Diana Moro termina su doctorado con la tesis “La narrativa de Sergio Ramírez y las significaciones de la figura de Rubén Darío en la constitución de la literatura nicaragüense”, dirigida por Susana Zanetti (UNLP) y Rita de Grandis (UBC, Canadá). La tesis se edita como libro en una universidad de Estados Unidos (Moro, 2015) y varios de los avances parciales se seleccionan para integrar el sitio destinado al autor en la Biblioteca Virtual Cervantes.[28] En 2006, el Conicet abre la convocatoria a becas en Áreas de Vacancia Geográfica (AVG) y la UNLPam integra la lista de universidades seleccionadas. Esta oportunidad de financiamiento acelera la presentación a la convocatoria de las dos auxiliares en etapa de formación y de una egresada reciente con interés en la literatura latinoamericana. Como resultado de esta convocatoria, María Virginia González defiende, en 2013, su tesis de doctorado “Construcción identitaria en la narrativa escrita por mujeres cubanas”, dirigida por Celina Manzoni (UBA) y codirigida por Alejandra Mailhe (UNLP-Conicet); en 2015, se doctora María Pía Bruno con la tesis “Imágenes de la patria en el romancero cubano del siglo XIX”, dirigida por Gloria Chicote (UNLP-Conicet); en 2018, logra su doctorado Rosario Pascual Battista con la tesis “Poética y tradición cultural en la obra lírica de José Emilio Pacheco”, dirigida por Carolina Sancholuz (UNLP-Conicet). En los dos últimos casos, con la codirección de Graciela Salto. A su vez, en 2012, la doctora Bertón culmina su posdoctorado en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba; en 2022, la doctora Pascual Battista, su beca posdoctoral en Conicet; y, en 2025, la doctora González termina también su posdoctorado en Córdoba. Se cumple así una de las metas establecidas por el equipo docente una década atrás.
Este proceso de formación doctoral y posdoctoral se logra mediante las estrategias de colaboración interinstitucional detalladas, junto a otras que, en forma paralela y articulada con las anteriores, amplían y refuerzan las prácticas de cooperación. Desde 2010 en adelante, el esfuerzo se concentra en la integración de redes académicas, la organización de reuniones científicas, la edición de publicaciones interinstitucionales y la promoción de vínculos con centros académicos del exterior. La universidad integra, desde ese año, la Red Académica de Docencia e Investigación en Literatura y Cultura Latinoamericanas Katatay fundada en 2005 por seis universidades nacionales (Córdoba, Comahue, La Plata, Mar del Plata, Rosario y Tucumán). En 2017 se suma, además, a la Red de Estudios Transareales y Transculturales de Centroamérica y el Caribe (Red Transcaribe) dirigida desde Costa Rica por Werner Mackenbach. Esta vinculación potencia la coorganización de cuatro ediciones del Congreso Internacional “El Caribe en sus literaturas y culturas” (2010, 2015, 2018, 2024) y de las jornadas periódicas de la red Katatay (2011, 2012, 2014, 2016, 2018, 2023, 2025); el simposio “Literatura e integración regional en América Latina” (2010); el workshop “Lenguas y literaturas en el Caribe: avances en docencia e investigación” (2012); el encuentro “Políticas de archivo: una biblioteca para América Latina” (2016); el workshop “Cartas letradas: el intercambio epistolar entre intelectuales iberoamericanos en la primera mitad del siglo XX” (2018); el encuentro virtual “Experiencias en investigación literaria: elección y diseño de corpus” (2021). En estas reuniones participan docentes de la mayoría de las universidades nacionales de la Argentina y de muchos centros académicos del exterior que facilitan la circulación multidireccional del conocimiento y la formación continua de las docentes e investigadoras de literatura latinoamericana.
A modo de conclusión
Los cincuenta años transcurridos desde el inicio de la enseñanza de la literatura latinoamericana en la universidad estuvieron signados por varios factores: la necesidad de actualizar los procesos de enseñanza y aprendizaje a las demandas socio-educativas y políticas de cada momento; la impronta de los estudios y la crítica literaria latinoamericanistas durante los primeros años de la democracia y la mediación de figuras docentes e institucionales que facilitaron y tradujeron el paso de una formación inicial a otra basada en estándares académicos de nivel internacional. Además, se produjeron transformaciones en la tecnología de acceso, uso y difusión del conocimiento literario que compensaron, en parte, las limitaciones propias de una universidad alejada de los centros académicos y sujeta a las restricciones económicas y financieras de las universidades públicas argentinas. Fue un proceso lento, pero continuo, salvo la inmovilidad de los contenidos curriculares entre 1971 y 1985. En ese período inicial, existía una única profesora. A partir de 1986, en cambio, se forma un equipo docente que, a los cincuenta años de creación de la facultad, está integrado por seis doctoras en Letras; dos de ellas, con títulos previos de especialistas; una, con título de maestría en una universidad del exterior; tres, con formación posdoctoral. Respecto de la investigación –el segundo índice de institucionalización establecido por el proyecto INTERCO-SSH– el equipo de las asignaturas registra, desde 2001, dieciocho proyectos de investigación: ocho, acreditados en el Instituto de Investigaciones Literarias y Discursivas de la UNLPam; siete, en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales, de la Universidad Nacional de La Plata, y tres, en el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Buenos Aires; siete de ellos, financiados por el Conicet; tres, por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Técnica; uno, por la Universidad Nacional de La Pampa, en el programa de Proyectos orientados a la Investigación Regional, y los restantes, por el Programa Nacional de Incentivos a los Docentes-Investigadores. A su vez, el equipo obtuvo veinticinco becas: diez de iniciación y perfeccionamiento; ocho de doctorado; una de posdoctorado; y seis de intercambio en instituciones del exterior. Respecto de la publicación –el tercer índice considerado– se cuenta con más de cien publicaciones distribuidas en libros y revistas de la especialidad y un centenar de presentaciones y conferencias en reuniones académicas en el país y en el exterior: Alemania, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, España, Francia, Grecia, México, Nicaragua, Noruega, Perú, Portugal, Suecia, Suiza y Uruguay. Además, el equipo participa en la edición de la revista Anclajes desde su fundación en 1997 y, en la actualidad, asesora otras diez revistas académicas del país y del exterior. En cuanto al cuarto índice previsto –la organización profesional– se mantienen convenios orientados a la docencia e investigación en literatura latinoamericana con las universidades nacionales que integran la red Katatay y se participa en actividades de intercambio con el Grupo de Estudios Caribeños con sede en la Universidad de Buenos Aires, el Centro Regional Zona Atlántica (CURZA) de la Universidad Nacional del Comahue, y la Subsede La Pampa de la Cátedra UNESCO para la Lectura y la Escritura. En síntesis, se ha alcanzado un grado de institucionalización e internacionalización alto para una disciplina que se enseña en una universidad alejada de los centros de referencia académica. Sin embargo, la continuidad de este proceso se ve amenazada por las actuales políticas de desfinanciamiento de las universidades públicas y del sistema de ciencia y tecnología en la Argentina.
Referencias
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- Las autoras son docentes e investigadoras en Literatura Latinoamericana I y Literatura Latinoamericana II. Universidad Nacional de La Pampa. Facultad de Ciencias Humanas. Departamento de Letras. Santa Rosa, Argentina. Integran, además, el Instituto de Investigaciones Literarias y Discursivas (IILyD) en la misma universidad. Correos electrónicos: gsalto@hotmail.com; diana.morog@gmail.com; soniaberton@gmail.com; piabruno@yahoo.com.ar; vicky_bono@yahoo.com.ar; pascualbattista.rosario@gmail.com. ↵
- El Instituto Provincial del Profesorado logró el estatuto de Facultad de Ciencias Humanas el 2 de octubre de 1970. El proceso se explica en la introducción a este volumen y, con más extensión, en la edición de Silvia Crochetti (2008) a propósito de los cincuenta años de la Universidad Nacional de La Pampa. ↵
- La fluctuación entre los nombres también estuvo presente en otras cátedras universitarias del país. Un detalle de la variación de nombres en la Universidad de Buenos Aires, por ejemplo, consta en Gerbaudo (2024, p. 153).↵
- La Universidad Nacional del Litoral también adoptó esa denominación en el plan 1991. Ambas universidades suelen compararse en la medida en que su creación forma parte del llamado Plan Taquini y tienen varias características en común (Gerbaudo, 2024, pp. 221-222).↵
- El concepto “transición democrática” proviene de la fundamentación de Cecilia Lesgart (2002).↵
- Se usa el término “institucionalización”, según los cuatro parámetros estipulados por el proyecto INTERCO-SSH: docencia, investigación, publicaciones, organización profesional (Heilbron et al., 2017).↵
- Esta situación contrasta en mucho con lo ocurrido en el mismo período en las cátedras de Literatura Argentina de la misma universidad, donde la actualización teórica y metodológica de la profesora Hebe Monges logra sortear las restricciones descriptas y despliega un interesante panorama didáctico. En el capítulo de este libro firmado por Redondo, Maristany y Oliveto, la profesora Susana Berdasco manifiesta el malestar estudiantil con Pérez Monti en 1973. ↵
- Entre agosto y noviembre de 1974, Lía Susana Montero ocupa la jefatura de trabajos prácticos en Literatura Hispanoamericana.↵
- La búsqueda de “modernización” es uno de los objetivos explícitos del plan de estudios aprobado en 1975: “Preparar al futuro profesor para seguir más tarde estudios de especialización en las ramas modernas de la lingüística y la literatura” (Resolución del Rector Normalizador de la UNLPam 206-75). Los contenidos mínimos de Literatura Hispanoamericana I en ese plan demuestran la intención de introducir cambios que no se correlacionan con los contenidos del programa de estudios. El plan propone: “Elementos para una literatura auténticamente latinoamericana: antecedentes coloniales. La literatura indígena como apertura. Las crónicas de españoles y de indios. […] Literaturas indigenistas, agraristas, cosmopolitas, costumbristas, etc.”. ↵
- La perspectiva sociológica y antropológica de García Canclini en estos años puede constatarse en la entrevista realizada por González et al. (2023). Por su breve, aunque productiva trayectoria en la UNLPam se lo designó profesor honorario (Resolución n.° 213 del Consejo Superior, 3 de diciembre de 2003). ↵
- Así recuerda Annick Louis el momento en que Enrique Pezzoni asume la dirección del Departamento de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en 1986.↵
- “Desatada la persecución y decretadas las cesantías de docentes en el grueso de las universidades nacionales, muchos emigraron a otros centros educativos y la UNLPam fue receptora y absorbió esa corriente de profesores e investigadores que quedaban sin trabajo, que eran perseguidos o se les cerraban las puertas por sus ideas […] Otros que no sufrían directamente la ola represiva decidieron buscar nuevos aires más tranquilos” (Asquini y Dal Bianco, p. 64).↵
- Saúl Sosnowski integra el Consejo Asesor de la revista Anclajes desde su creación en 1997; ha coincidido con Graciela Salto en la organización y participación en distintas reuniones de la especialidad junto a Roxana Patiño, también graduada en la Universidad de Maryland (Jornadas Katatay, Córdoba 2011; Congreso Celehis, Mar del Plata 2017; Congreso Desmadres, Buenos Aires, 2023, 2024). ↵
- La docente enfrentó acusaciones de delación por parte de colegas de la universidad y otras instituciones educativas. Por esta razón, en 1986, el Consejo Académico impidió su presentación a los concursos en ciernes (Monasterolo, 2024, p. 114). En la última década, su nombre reapareció entre las personas civiles que colaboraron con la represión, según consta en las declaraciones de testigos del juicio de la Subzona 14 II realizado entre 2017 y 2019 en el Tribunal Oral Federal de la Provincia de La Pampa.↵
- La mayoría de estos textos llegan también en fotocopias. Una crítica reconocida que fue su estudiante en esa época recuerda que la fotocopia, además de una necesidad material, era una de las tantas astucias didácticas de Calero para sortear los problemas que se presentaban: “durante la dictadura […] nos daba a leer textos críticos de autores prohibidos sin otra precaución que sacar sus nombres de las fotocopias” (Gigena, 2023).↵
- Salto permanece en ese cargo, regularizado por concurso en 1999, hasta 2014, cuando obtiene el cargo de profesora titular regular en Literatura Latinoamericana II. En oportunidad de una licencia, Enrique Foffani dicta Literatura Iberoamericana I en el primer cuatrimestre de 1998. Entre 2002 y 2006, durante los cuatro años en que Salto ocupa el Vicedecanato de la facultad, Marta Urtasun dicta Literatura Latinoamericana II. A partir de 2015, Sonia Bertón asume el dictado de Literatura Latinoamericana I, ya que Salto concentra su actividad en Literatura Latinoamericana II y Conicet hasta su jubilación en 2021. ↵
- Gramuglio integró el consejo editorial de Punto de vista desde el primer número publicado en 1978. Su trayectoria, marcada por su formación en la Universidad Nacional del Litoral, el célebre manifiesto firmado con Nicolás Rosa, “Tucumán arde” (1968), el magisterio de Adolfo Prieto, su participación en el Club de Cultura Socialista, el diploma al mérito de la Fundación Konex 2016, entre tantos otros hitos, recibió un justo reconocimiento en los últimos años. ↵
- Otras figuras del latinoamericanismo, como Noé Jitrik y César Aira, participaron también en ese congreso, junto a quienes, en la década siguiente, habrían de integrar las cátedras de muchas de las universidades del país: Graciela Barbería, Teresa Basile, Susana Cella, María Coira, Beatriz Colombi, María Laura de Arriba, Aymará de Llano, Amalia Iniesta Cámara, María Marta Luján, Mónica Marinone, Mónica Scarano, Silvia Tieffemberg, Gabriela Tineo, Alejandra Torres, entre otras y otros.↵
- Un panorama de este proceso puede consultarse en varios capítulos de este libro en los que se alude al trabajo institucional realizado bajo la dirección de Sara Melgar como parte del Proyecto 491 “Mejora de la Calidad de la Enseñanza y la Formación Docente en Ciencias Humanas” del FOMEC. ↵
- La revista está disponible en acceso abierto en https://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/anclajes. En este libro, Melina Caraballo dedica un capítulo a la publicación.↵
- Carbonetti dictó Literatura Iberoamericana I y II, entre 1991 y 1992, durante la licencia por maternidad de Graciela Salto. En 2004 obtuvo su doctorado en la University of British Columbia, Vancouver, con la tesis “Distinción y periferia en el discurso de la prensa ilustrada: Plus Ultra (1916-1930)”. Desde entonces, ocupa distintos cargos de docencia, investigación y extensión en la misma universidad.↵
- En las segundas jornadas, realizadas en la Universidad de Mar del Plata en 2001, no se discuten los programas de estudios sino los proyectos de investigación de cada cátedra. Las dificultades económicas de ese período influyen en la discontinuidad de estas jornadas. ↵
- Además de su trabajo docente y de investigación en literatura latinoamericana, Diana Moro estuvo a cargo de dos asignaturas prácticas de la formación docente en lengua y la literatura. Desde 2009 codirige, inclusive, la Subsede La Pampa de la Cátedra UNESCO para el Mejoramiento de la Calidad y Equidad de la Educación en América Latina con base en la Lectura y Escritura. En el mismo sentido, desde 2015, Sonia Bertón también está a cargo de la asignatura Práctica Educativa III.↵
- El proyecto, como los siguientes, se acredita en el Programa de incentivos a docentes-investigadores creado en 1993 en el ámbito de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Cultura y Educación.↵
- Coincidimos con Miguel Dalmaroni en que “la ética de la enseñanza, puesta en práctica en cada acción del trabajo, deberá proporcionar a estudiantes y docentes elementos para la construcción de una memoria de la buena enseñanza. Formar docentes (como es el caso de nuestra labor en facultades de profesorados de la universidad) es permitir que el estudiante se apropie de ejemplos de docente, de ‘modelos’ memorables y amables de maestras y maestros” (2013, p. 144).↵
- El PIP 5076, “Un mapa cultural de lectura: circuitos cultos y circuitos populares de mercado en la literatura argentina, 1880-1930; vinculaciones con América Latina y España”, dirigido por Gloria Chicote y Miguel Dalmaroni, inicia la relación interinstitucional.↵
- En 1986, José Amícola dicta en la UNLPam la asignatura “Literatura Universal Contemporánea” inaugurada por Pezzoni en 1986. Desde 2006 integra, además, el Consejo Asesor de la revista Anclajes.↵
- Biblioteca Virtual Cervantes. Biblioteca americana, http://www.cervantesvirtual.com/obras/autor/moro-diana-irma-74445 ↵






