Valeria Llobet[1]
El registro elegido por el equipo que produjo este libro, la voz, la primera persona, el testimonio, registro que es expresión de la experiencia, individual y colectiva, es imprescindible en relación con la dimensión sociohistórica del tiempo presente. La mirada a través de las memorias y las trayectorias de “hacedores”, de “pioneros y pioneras”, es también un proceso de establecimiento de una suerte de política de la memoria. Es un proceso de historización personal que al mismo tiempo entra en diálogo con el presente, con los debates políticos actuales, con el “estado de cosas” en relación con el pasado reciente (Traverso, 2011)[2].
El libro dialoga con la enorme importancia que el espacio biográfico ha adquirido en la vida académica y en la vida política, en sus dimensiones teóricas, estéticas, éticas y políticas. Como señaló Arfuch (2002)[3], el “espacio biográfico” altera las esferas de lo público y lo privado, en tanto lo biográfico ha servido de sustento a la afirmación de identidades colectivas y a la ampliación y reconocimiento de derechos.
Lo biográfico es también un ejercicio de memoria. Una memoria como afección y como afectación. El libro nos ofrece unas biografías construidas en torno a la memoria como trabajo, como rememoración y no como emergencia casual del recuerdo, como un esfuerzo afectivo y reflexivo; una memoria como prospectiva, memoria del por-venir. Los trabajos de memoria de este libro son profundamente políticos y éticos, y trazan así una herencia que, parafraseando a Marisa Graham, elige con convicción la incomodidad. Se trata, como se señala en la introducción, de historias de vida diversas conectadas por el territorio de los afectos y las ternuras.
¿Qué hacías en ese momento? se preguntó Estela de Carlotto. Una tortilla que se me quemó. Como dice Wislawa Szymborska[4], en su poema Día 16 de mayo de 1973
Una de esas muchas fechas
Que ya no me dicen nada.
A dónde fui ese día,
Qué hice, no lo sé.
Esa minucia de lo cotidiano donde emergen las singularidades y la Historia pasa a ser eso, tratar de recordar qué hacía “en ese momento” para que el “acontecimiento” pase a ser un evento en nuestra vida, un hecho propio. Mucho se ha teorizado sobre el modo de recuperar lo histórico a través de su expresión biográfica, a través del modo en que lo narran y lo expresan las personas. Pero también, pensar cómo hacer de “la historia” materia biográfica, hacer de eso que puede ser un evento extraordinario, un hito, ni más ni menos que el contexto de la tortilla quemada.
Estos trabajos de la memoria muestran los atravesamientos y las diversas trayectorias de las biografías activistas: aquellas que se fermentan en la infancia al calor de los avatares de la orfandad propia, las sensibilidades religiosas que conducen a un activismo conectado con su tiempo histórico, las formaciones personales y la influencia del exilio republicano, el atravesamiento trágico de la dictadura y las vidas arrancadas de cuajo. Exilios, desapariciones, cárceles y resistencias en estas tramas biográficas atravesadas por la pasión ante la injusticia, la lucha contra las desigualdades, la pasión por la democracia.
Y estas biografías, este punto de mira elegido por el libro para pensar la CDN en la Argentina, también recuperan y construyen una clave de lectura que importa destacar. No sólo como aproximación micro a la hechura de la historia. También como aproximación local a nuestra construcción Argentina y Latinoamericana de la CDN. La densidad y la minucia que aporta la mirada de los actores a las conexiones con el ámbito internacional de la contienda por los derechos humanos durante la dictadura y la lucha dada en el contexto de la recuperación democrática posterior, permite no sólo comprender la relación entre los conflictos locales y una especie de “ámbito propicio” internacional para sostener y validar tal lucha.
Al contrario, presenta la política de la CDN, las dinámicas de debates, alianzas y atolladeros que rodearon su redacción. Presenta el complejo escenario de recepción internacional de las violaciones de derechos humanos y de la represión dictatorial. Las disputas entre quienes proponían el derecho a la identidad y los actores preocupados por sostener la adopción internacional son relatadas de primera mano y actualizan las claves de lectura de la convención. Esto es, el libro restablece el hecho de que la CDN no es un texto extranjero que se deposita sobre un yermo terreno local.
Así como el relato de Brasil en la voz de Claudia Fonseca (2004)[5] nos reveló que el Estatuto da Criança expresó un proceso local en el que luego sus actores “se toparon” con la CDN y se sorprendieron con las coincidencias, así también el relato de Norberto Liwski nos trae la memoria de la Carta de los Derechos del Niño latinoamericano, desarrollada previamente a que se sancione la CDN y que podemos expresar como propiamente poscolonial, situada, dando cuenta desde el arranque de una identidad mestizada y desigual. “Soy de tez morena”.
El atravesamiento de los acontecimientos históricos con la biografía, la construcción de nodos con densidad política en estos cruces aparece en el texto en todo momento. La red de resistencia y activismo de los exiliados parisinos y su relevancia para colocar la definición de la desaparición forzada en el ámbito internacional de los derechos humanos, es tal vez uno de los ejemplos más acabados y brutales del libro.
Pero también lo es el carácter marcadamente transformador y revolucionario del que dotaron a la CDN quienes protagonizaron estas batallas. La revolución en la calle y en la casa. Una convención que interpele a les niñes como sujetos de derechos implicó este largo camino de disputas con lo que Bustelo llamó el madreteresismo, contra el adultocentrismo, contra una forma de familia que deniega la autonomía del niñe, como señaló Nelly Minyerski. La CDN en nuestro país es así parte de la textura de instrumentos y disputas que buscaron, desde la recuperación democrática, la mudanza de esa forma de familia autoritaria y patriarcal que había sido el interlocutor principal de la dictadura, esa familia “católica y con valores” a la que el régimen dictatorial interpelaba para llegar hasta las minucias de la vida cotidiana con las redes de control y la represión.
Importa entonces recordar, en este preciso momento, que los actores que se ampararon en la convención para denegar a las niñas y mujeres el derecho al aborto son los mismos que más de 30 años atrás se oponían a la suscripción de la convención en pos de sus ideas sobre el no nacido, como nos advierte Bustelo.
Este libro es el mejor homenaje posible a nossa convención. Homenaje académico, político y poético guiado por esa misma pasión por la justicia que, parafraseando a Andrés Rivera[6], se hacen carne en una ciudad que habrá matado a la utopía, pero no mató su memoria.
Diciembre 2020
- Docente e investigadora de la Universidad Nacional de San Martín.↵
- Traverso, Enzo (2011) El pasado. Instrucciones de Uso. Buenos Aires, Prometeo Editorial.↵
- Arfuch, Leonor (2002) El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea. Buenos Aires: Fondo de cultura económica.↵
- Szymborska, Wislawa (2013) Poesía no completa. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.↵
- Fonseca, Claudia (2004) “Os direitos da criança. Dialogando com o ECA”. En: Fonseca, Claudia; Terto, Veriano y Farias, Alves (orgs.) Antropologia, diversidade e direitos humanos. Diálogos interdisciplinares. Porto Alegre, UFRGS Editora. pp. 103- 115.↵
- Rivera, Andrés (1993) La revolución es un sueño eterno, Buenos Aires, Alfaguara.↵






