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3 Cambios en el comportamiento político y nuevas disposiciones políticas de los votantes radicales

En los capítulos anteriores se analizaron algunos cambios centrales que se dieron en la morfología de las clases medias y en los estilos de vida, con el objetivo de comprender la desvinculación electoral de los votantes fieles de la UCR, pero nos centramos en los niveles macro de análisis, alejados de los electores y de su subjetividad política. Los cambios ligados a la configuración de las clases y la transformación de los estilos de vida son fenómenos “externos” a los partidos, pero que, sin embargo, pueden influir en las prácticas y las identificaciones partidarias. En este capítulo analizaremos algunas transformaciones que tuvieron lugar en las disposiciones políticas de los afiliados radicales, y varias dimensiones del proceso de desvinculación electoral que llevó a los votantes de clase media a alejarse de la UCR. Para caracterizar el cambio en las disposiciones se utilizan los datos de una amplia encuesta realizada por la UCR a sus afiliados de la Capital Federal en 1992. Dicho relevamiento buscaba captar las nuevas demandas de los afiliados, así como mostrar la evaluación que hacían de las orientaciones partidarias.[1] La encuesta captó de manera indirecta la transformación de los afiliados que en los primeros años de la década comenzaban a retirar su apoyo al partido centenario. Reinterpretando los datos obtenidos en la encuesta, nos enfocaremos en las expectativas y demandas de los afiliados de la UCR respecto a la intervención estatal, a la formación de nuevos valores y a la evaluación del partido. Luego, a partir de los resultados electorales en las distintas circunscripciones, se abordará la merma del apoyo electoral a la UCR por parte de las clases medias.

La pérdida de votos puede considerarse como un efecto de los cambios en las disposiciones políticas del electorado de la UCR, producto de las transformaciones estructurales y de organización partidaria, ya que ambos procesos impactan en la identificación partidaria de los electores fieles. En los primeros apartados se destacó el cambio en la morfología social de las clases medias, que implicó la desaparición de ciertas fracciones tradicionales, y el surgimiento de nuevas categorías ligadas a los servicios en general y a nuevos productores culturales vinculados con el mercado global. El cambio morfológico operó en paralelo con un redefinición de los modos de vida y la diversificación los consumos y las prácticas culturales. En lo que respecta a la organización familiar y sus vínculos con el Estado, las nuevas clases medias muestran prácticas más destradicionalizadas y ligadas más al consumo de mercado que a la órbita pública. El impacto político partidario de estas transformaciones puede observarse en los resultados de la encuesta que realizó el partido a principios de los años noventa.

3.1 Cambio de valores y demandas: una nueva cultura política de los votantes

Parte de los cambios de valores y preferencias de los electores radicales comienza a manifestarse a finales de la década del ochenta y principios de los noventa. Uno de los trabajos pioneros sobre el cambio electoral fue el de Mora y Araujo (1991). En dicho trabajo se detallan algunas de las nuevas demandas sociales, en particular las referidas a la intervención estatal, que el autor denominó preferencias “privatistas”. Las mismas suponían que una creciente porción del electorado argentino se inclinaba en favor del aumento de la participación privada en los servicios públicos, y a su vez mostraba una mayor preocupación por la inflación y un mayor apoyo de los valores democráticos (Mora y Araujo, 1991:72). Dichos cambios en las preferencias políticas tuvieron posteriormente su correlato en las prácticas propias en relación al Estado. Como se analizó anteriormente, durante los primeros años de la década del noventa una parte considerable de las clases medias se desplazó de las prestaciones públicas a las privadas. Sin duda, parte del cambio fue alentado por los propios partidos que, en determinadas coyunturas, realizaron propuestas privatistas, tales como las privatizaciones del gobierno de Alfonsín y la campaña de Angeloz, en la que se postulaba la necesidad de achicamiento y reforma del Estado.

La encuesta de 1992 mostró que una parte considerable de los afiliados radicales de la Capital Federal estaba de acuerdo con las privatizaciones, aunque criticaba las adjudicaciones y el tipo de control estatal. Como puede apreciarse en el cuadro siguiente, los encuestados manifestaron la necesidad de revisar las privatizaciones y mantener el control efectivo del Estado sobre las mismas, y tan sólo un porcentaje minoritario estaba de acuerdo en anularlas. Estas posiciones deben comprenderse a la luz de las mejoras extraordinarias que tuvieron en los primeros años de la década ciertos servicios como la telefonía y la electricidad.

Privatizaciones y reforma del Estado
Revisar adjudicaciones 41.6
Mantenerlas con efectivo control y fiscalización del Estado 31.7
Anularlas 19.7
Extenderlas a otras áreas 7.0
TOTAL 100

Fuente: Rodríguez (1992).

El cambio de preferencias no supone directamente una diferenciación con el partido, ya que el mismo podría haber acompañado eventualmente dicho proceso, aunque no fue el caso de la UCR. Como se analizará posteriormente, el partido mantuvo una posición sumamente contradictoria respecto al proceso privatizador, pese a que gran parte de su electorado apoyaba dicho proceso. Estas coyunturas de “desajuste” entre las posiciones partidarias y el posicionamiento de los electores pueden considerarse, a partir de la teoría de los campos, como producto de la propia lógica de funcionamiento del campo político, en la medida en que las tomas de posiciones partidarias están primeramente determinadas por las posiciones de los competidores del campo.

A grandes rasgos, las posturas de los afiliados frente a la participación estatal eran de apoyo a la reducción del Estado y manifestaban cierto acuerdo con las privatizaciones encaradas por el menemismo. Sin embargo, también demandaban mayor control y fiscalización de los servicios privatizados. En otras palabras, un Estado reducido, pero con capacidad de regulación. Como veremos más adelante, la UCR tampoco pudo unificar una postura respecto al tipo de intervención estatal que habría de pregonar, manifestando así una importante inconsistencia programática frente al electorado.

Por otro lado, la encuesta indagó a los afiliados sobre la inclusión de algunos temas polémicos en los planes escolares como, por ejemplo, la educación sexual, la drogadicción y el SIDA. Los resultados evidencian cambios en las formas de pensar del electorado radical respecto a la organización de la familia y a los valores relacionados al sexo y los roles de género. En los cuadros siguientes pueden apreciarse sus posturas sobre la educación sexual y la ampliación de temas en los programas escolares.

Educación sexual en las escuelas
Debe incluirse a nivel primario 60.0
Debe incluirse a nivel secundario 64.7
No debe incluirse 6.7
(Respuesta múltiple, hasta 3 opciones)  

Fuente: Rodríguez (1992).

Programas educativos: SIDA, drogadicción, alcoholismo, tabaquismo
  Debe incluirse No debe incluirse 
SIDA 94.0 6.0          
Drogadicción 91.0 9.0 
Alcoholismo 84.2 15.8 
Tabaquismo 78.5 21.5 

Fuente: Rodríguez (1992).

No sólo la mayoría de los radicales capitalinos estaba de acuerdo con la implementación de la educación sexual en los colegios secundarios, sino que una parte considerable creía necesario brindarla también en el nivel primario. Sin duda, estas posiciones deben comprenderse a partir del cambio general en los estilos de vida y de la organización familiar, que supuso un debilitamiento de algunos valores tradicionales y el desarrollo de actitudes más modernas frente a un conjunto de aspectos sociales. Posiblemente, uno de los factores que más contribuyó a que se diera este cambio fue el aumento del nivel educativo y de la información a disposición de los individuos. Esta modernización de los valores se evidencia también en las opiniones respecto al SIDA y la drogadicción, dos problemas sociales que se instalaron a principios de los noventa.

Los cambios de los valores tradicionales de los afiliados quedaron también reflejados en sus posiciones frente al aborto, donde la mayoría consideró necesario que se legalizase de alguna manera.

Aborto y legislación
El aborto debe estar legalizado y sujeto a libre decisión 39.5
El aborto debe ser legal en caso de violación 31.5
El aborto debe ser legal en caso de consejo médico 30.7
El aborto no debe legalizarse nunca 13.6
(Respuesta múltiple, hasta 3 opciones)

Fuente: Rodríguez (1992).

Cabe remarcar el acuerdo mayoritario sobre la libre decisión del aborto y el bajo apoyo a su prohibición. En este sentido, es interesante el escaso peso que parece tener la identidad religiosa en las opiniones expresadas por los afilados. En el cuadro siguiente pueden apreciarse las posturas frente al aborto según edad y género.

Aborto y legislación según mujeres y varones: por edad
  Mujeres    Varones  
Edad Más de 30 Menos de 30 Más de 30 Menos de 30
El aborto debe estar legalizado y sujeto a libre decisión 39.7 46.9 46.9 48.1
El aborto debe ser legal en caso de violación 32.5 28.9 31.6 26.8
El aborto debe ser legal en caso de consejo médico 30.5 25.2 33.4 21.8
El aborto no debe legalizarse nunca 13.5 10.1 14.9 10.6
(Respuesta múltiple, hasta 3 opciones)

Fuente: Rodríguez (1992).

Si bien no pueden apreciarse grandes diferencias en las posturas según el género de los entrevistados, sí son destacables los contrastes que se dan en función de sus edades. Las generaciones más jóvenes se muestran más de acuerdo con la libre decisión del aborto y están, en términos generales, más en desacuerdo con su prohibición. Las diferencias son, sin dudas, un indicador de la transformación de los valores que se dio de una generación a otra. Las generaciones jóvenes parecen portadoras de nuevas visiones y demandas más libres de valores conservadores.

También se les preguntó a los afiliados cuáles eran sus posturas sobre los Derechos Humanos y las cuestiones ambientales. Es necesario destacar que una proporción importante de los afiliados radicales se mostraron a favor de la lucha contra la discriminación laboral de la mujer y de los homosexuales, así como de un mayor control del Estado sobre alimentos y medicamentos, y de políticas más activas frente a la contaminación de aguas y desechos industriales.

Derechos Humanos. Ranking de prioridades
Los datos se expresan en porcentajes sobre el total de consultas efectuadas
Niñez abandonada 74.0
Censura oficial 53.0
Violencia policial 52.5
Violencia familiar 42.4
Discriminación laboral femenina 33.5
Discriminación en discotecas 23.3
Discriminación a homosexuales 14.5 
(Suma en discriminación) 71.3
(Respuesta múltiple, hasta 3 opciones)  

Fuente: Rodríguez (1992).

Calidad de Vida y Cuestiones Ambientales
1 Control de calidad en alimentos y medicamentos 66.7
2 Contaminación de las aguas 60.4
3 Problema de los desechos industriales 42.4
4 Contaminación del aire 31.2
5 Ampliar espacios verdes 23.9
6 Tratamiento de residuos 23.6
7 Reserva ecológica 20.7
8 Ruidos molestos 17.9
9 Capa de ozono 16.9
(Respuesta múltiple, hasta 3 opciones)  

Fuente: Rodríguez (1992).

Teniendo en cuenta los resultados, es posible afirmar que a principios de los noventa, una parte importante de los afiliados de la UCR de la Capital Federal mostraba un conjunto de expectativas y demandas relacionadas con valores modernos, ligados a la defensa del medioambiente, y el reconocimiento de minorías y derechos de género.

En lo que respecta a la evaluación del desempeño partidario por parte de los afiliados de la Capital, en el cuadro siguiente puede apreciarse una importante caracterización negativa del rol opositor de la UCR. Efectivamente, más de la mitad de los encuestados consideraban insuficiente la actitud opositora del partido. Como se analizará posteriormente (Capítulo 8), esta evaluación negativa se corresponde con el duro enfrentamiento que se daba en la cúpula partidaria entre Angeloz y Alfonsín, que determinó que hubiese una “doble conducción” del partido con dos discursos enfrentados y contrapuestos entre sí.

Actitud opositora de la UCR
Insuficiente 55.0
Moderada 23.4
Adecuada 15.7
Exagerada 4.6
No contesta 1.3

Fuente: Rodríguez (1992).

En lo que se refiere al desempeño del Comité Capital, la mitad de los afiliados evaluó su gestión como intrascendente o regular.

Gestión del Comité Capital de la UCR
Intrascendente 27.8
Regular 26.0
Buena 22.0
Mala 12.6
Muy buena 5.1
No contesta 6.5

Fuente: Rodríguez (1992).

Las demandas y valores de los afiliados de la UCR pueden ser entendidas como producto del desarrollo de una nueva cultura política en el sentido que proponen Clark e Inglehart (2007), y que utilizó Díaz de Landa (2007) para el caso argentino. La nueva cultura política supone el desarrollo de nuevos temas y demandas, tales como las cuestiones ambientales, los nuevos derechos sociales y los reclamos de intervención estatal en nuevas áreas específicas. En el caso de los votantes radicales más jóvenes, la existencia de una nueva cultura política resulta evidente a la luz de las opiniones manifestadas sobre cuestiones relacionadas al aborto, la educación sexual, los problemas ecológicos y de consumo de alimentos. Como se mencionó antes, el desarrollo de una nueva cultura política no supone directamente la pérdida de votos, pero, sin embargo, altera la relación entre el conjunto de electores y su partido, en la medida en que se produce un creciente desfasaje entre las expectativas de los afiliados y la oferta partidaria.

Otra dimensión del proceso que es necesario mencionar, pero difícil de cuantificar, es lo que Clark denomina un menor reconocimiento de las jerarquías, en particular las vinculadas a los partidos (Clark, 2007:85). Una porción considerable de la legitimidad tradicional de los partidos se basaba en el reconocimiento de la autoridad y de la jerarquía de los dirigentes partidarios por parte de los afiliados y simpatizantes. Generalmente, el desarrollo de la nueva cultura política supone el debilitamiento de dicho reconocimiento, producto, básicamente, del aumento de los niveles educativos y del mayor acceso a los medios de comunicación. El debilitamiento de las jerarquías puede traer aparejada una actitud más crítica y más distante frente a los líderes partidarios, que, sin duda, pudo afectar el funcionamiento de la UCR, un partido que basaba la movilización de sus afiliados en convocatorias fundadas en la emotividad y la tradición, más que en la formulación de propuestas programáticas alternativas y novedosas.

3.2 La desvinculación de los votantes de clases medias de la UCR

Los resultados obtenidos en los capítulos anteriores pueden conducirnos a una primera clave interpretativa: la desvinculación electoral de los votantes fieles de la UCR en la Capital Federal estuvo condicionada por la transformación de la composición y de los estilos de vida de las clases medias y de los cambios que se dieron en la cultura política del propio electorado. En la medida en que los estratos sociales donde la UCR cosechaba sus principales apoyos se fueron modificando y los intereses y demandas de los adherentes se fueron diversificando, el partido comenzó a mermar su caudal electoral. Como veremos en la tercera parte del trabajo, esta correlación entre cambio sociocultural y pérdida de votos no basta para comprender la desvinculación; es necesario, además, analizar la dinámica partidaria en esta coyuntura de cambio. Sin embargo, la caracterización del comportamiento electoral de los votantes no puede soslayar la transformación que sufrieron las clases ni tampoco el cambio de demandas y expectativas entre los adherentes al partido. Así, en una primera instancia del análisis resulta pertinente vincular las dimensiones estructurales y culturales con el voto, aunque posteriormente se incorporarán otros elementos.

En el cuadro siguiente puede observase la disminución de los apoyos electorales a la UCR en las elecciones a diputados y convencionales durante la primera parte de la década del noventa. Analizar las elecciones a diputados y convencionales permite caracterizar el comportamiento electoral con cierta periodicidad, algo que resultaría más difícil si se analizase sólo las elecciones a presidente. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que los resultados finales sólo reflejan parcialmente, y a veces de manera muy tangencial, el comportamiento de los adherentes fieles al partido. Tomamos como referencia las elecciones de los primeros años de la década del noventa antes de la formación de la alianza con el Frepaso para priorizar el cambio del rendimiento partidario. Como veremos posteriormente, con la formación de la Alianza muchos de los electores desvinculados en esta primera etapa apoyarán electoralmente la nueva marca partidaria, pero esto no supondrá una revinculación partidaria.

Entre 1991 y 1995, el caudal de votantes de la UCR se redujo a la mitad en la Ciudad de Buenos Aires. En términos totales, en las elecciones de 1991, la UCR recibió el apoyo de 754.002 votantes, mientras en 1995 sólo cosechó 408.537 votos, lo que supone una pérdida de 345.465 votantes entre una elección y otra.

Porcentaje de votos de la UCR en la Capital Federal en las elecciones de diputados y convencionales. Años 1991/1995

1991

1993

1994

1995

40.35

29.99

19.74

20.28

Fuente: Ministerio del Interior.

En sus análisis sobre el rendimiento electoral de la UCR, Catterberg (1989) y De Riz (1991) destacaron que, a fines de la década del ochenta, el partido centenario había perdido centralmente los apoyos electorales provenientes de los sectores altos y medios altos (que se concentraron en la UceDé), así como una parte de los apoyos populares que había logrado movilizar Alfonsín en la primera etapa democrática y que retornaban al peronismo. En la elección de 1989, Angeloz obtuvo el 36% de los votos, pese al aumento de la inflación, la crisis económica y el bajo rendimiento político del final del alfonsinismo, logrando centralmente el apoyo de los electores que tradicionalmente votaban a la UCR. Son estos votantes los que comenzarán, a partir de 1991, a desvincularse del partido. En términos generales, que el núcleo de votantes tradicionales sea el último en abandonar el voto a la UCR responde al carácter duradero de la identificación con el partido. La UCR perdió, en una primera instancia, a los sectores incorporados en la década anterior, pero mantuvo a los más antiguos, al menos durante un tiempo. En su análisis sobre la crisis de las organizaciones, Hirschman (1997) afirmaba que la salida de las organizaciones depende de los grados de filiación y lealtad de sus miembros. En una situación de crisis, los primeros en abandonar son los menos comprometidos, mientras que los leales soportan por más tiempo la debacle de la organización. Este apoyo de los miembros, basado en la lealtad, da tiempo y oportunidad a los líderes de revertir la situación de crisis antes de llegar a perder a todos sus miembros (Hirschman, 1997:78). La reflexión sobre los miembros más identificados con el partido lleva a interrogarse, a su vez, por las variaciones de la participación interna. En el cuadro siguiente, se detalla la merma de votantes en elecciones partidarias en el mismo período anterior de 1991-1995.

Porcentaje de participación de los afilados en elecciones internas de la UCR en la Capital Federal. Años 1991-1995

1991

1993

1994

1995

40%

38%

23%

23%

Fuente: Clarín 25/5/91, 10/05/93, 28/11/94, 21/3/95.

Si bien encontramos una creciente desmovilización de los afiliados del partido, es interesante la diferencia entre la primera y la última elección. La participación interna se redujo a la mitad entre 1991 y 1995, una variación similar a la que se da en el caudal de votantes en las elecciones generales para el mismo período. En este sentido, puede afirmarse que la desvinculación de la UCR es un proceso que afectó tanto la participación interna como el rendimiento general del partido. Las cifras reflejan una reducción análoga de los apoyos internos y externos, lo que indica que el cambio de la relación entre el partido y su base social afectó tanto a los votantes como a los afiliados más cercanos y fieles al partido. Desde el punto de vista de la transformación en la morfología de las clases y las disposiciones políticas, el cambio en el comportamiento de votantes y afiliados puede ser interpretado como producto de la modernización de la estructura de las clases medias y de los intereses y demandas de los votantes (internos y externos). Es decir que el proceso de cambio social general afectó transversalmente a los adherentes del partido, más allá de su grado de integración y compromiso con el mismo. Como se verá posteriormente, desde el punto de vista partidario esto supone que el partido perdió efectividad política y capacidad de movilización tanto en su cúpula (dirigentes y candidatos) como en su base organizativa (referentes de comité, militantes, caudillos barriales).

Ampliando el período de análisis, puede verse que la pérdida de votantes de clase media por parte de la UCR se hace evidente entre 1991 y 2005. La formación de la Alianza le permitió a la UCR mejorar el rendimiento electoral, pero éste volvió a descender notablemente en el 2003. Como se analizará en más adelante, la Alianza operó cerrando las opciones de un electorado que se fragmentaba más que reafiliando a los electores tradicionales del partido. Efectivamente, una parte considerable de los votantes de la UCR habían retirado su apoyo entre 1991 y 1996. Como pusieron en evidencia los estudios de Cantón y Jorrat (2007), el crecimiento del Frente Grande y del Frepaso se explica, en parte, por el apoyo brindado por antiguos votantes históricos de la UCR. En 2001, luego de la ruptura de la Alianza, el rendimiento electoral de la UCR cayó extraordinariamente y el partido dejó de ser competitivo en las elecciones de la Capital.

Votos a la UCR en elecciones legislativas en la Capital Federal

grafico 3

En las teorías de comportamiento electoral, comúnmente se denomina desalineamiento a la pérdida del peso explicativo de la categoría de clase sobre los posicionamientos electorales. ¿Puede interpretarse la desvinculación de las clases medias de la UCR como un desalineamiento? En realidad, este concepto parece aplicarse mejor a la relación entre clase y voto (entre las diferentes clases y los apoyos electorales), y puede mantenerse a pesar del bajo rendimiento electoral. Siguiendo la categorización de Torrado (1996) de las distintas circunscripciones de la Capital Federal según estratos sociales, en el cuadro siguiente pueden apreciarse los distintos aportes de las clases al rendimiento electoral de la UCR.

Aporte de votos de las diferentes clases sociales a la UCR

 

1991

1993

1994

Clase alta

25.8

26.6

25.4

Clases medias

55.2

55.7

55.2

Clase baja

18.9

17.6

19.3

Elaboración propia en base a los datos de Cantón y Jorrat (2007).

Como puede apreciarse, el principal caudal de votos de la UCR provino de circunscripciones de clases medias, lo que permitiría sostener la existencia de un fuerte alineamiento entre esos sectores y el partido centenario. Sin embargo, al tomar los votos totales obtenidos por el partido, no pueden observarse variaciones entre una elección y otra. Es decir que el aporte de clase se mantiene, pese a la disminución de los apoyos electorales al partido. Para sortear este problema, en el cuadro siguiente se expresa el porcentaje de votos obtenidos por la UCR a partir del total de votos emitidos en circunscripciones de clase media. De esta manera, puede observarse la disminución de los apoyos electorales a la UCR por la desvinculación de votantes de las clases medias que, con distintas variaciones, tendieron a retirarle su apoyo entre 1989 y 2003.

Votos obtenidos por la UCR en circunscripciones de clase media

Años

Votos a la UCR en circunscripciones de clase media

Total de votos emitidos en circunscripciones de clase media

Porcentaje de votos obtenidos por la UCR en circunscripciones de clase media

 

1991

416.751

1.024.978

40.7

1993

321.660

1.047.331

30.7

1994

155.977

1.025.170

15.2

1995

116.012

1.039.327

11.1

1997

608.202

1.056.950

57.5

1999

568.876

1.082.311

52.6

2001

141.924

998.347

14.2

2003

32.076

961.791

3.3

2005

22.131

994.607

2.2

Elaboración propia en base a los datos de Cantón y Jorrat (2007).

A lo largo de la serie de elecciones puede apreciarse la desvinculación electoral de votantes de clase media. En las primeras elecciones, la UCR conquistaba poco más del 40% de los votos, mientras que, en las últimas elecciones, solamente obtuvo el 3%. Este porcentaje evidencia el agotamiento de la relación entre votantes de clase media y el partido hacia el final del período. Otro aspecto a destacar es la creciente variabilidad electoral a lo largo de las elecciones. Una importante cantidad de electores que brindaba su apoyo a la UCR se alejó del partido en los primeros años, pero retornó hacia el final de la década, para alejarse nuevamente a partir de 2001. Esto se relaciona con la notable efectividad que demostró tener la Alianza a la hora de conquistar apoyos electorales. Los porcentajes de apoyo más altos son los obtenidos en 1997 y 1999, cuando la UCR se presentó junto con el Frepaso. En estos casos, el partido no sólo recuperó sus apoyos, sino que logró sumar nuevos sectores.

3.3 Conclusión: modernización, nueva cultura política y desvinculación partidaria

Las tomas de posición de los afiliados de la UCR frente a un conjunto de temas como la intervención y control estatal, el aborto, la educación sexual, el medio ambiente y nuevos derechos pueden ser interpretados como indicadores de una nueva cultura política, asociada a la transformación de los estilos de vida de las clases medias en el marco de la globalización. Como se afirmó anteriormente, es posible hablar de modernización en la medida en que un conjunto de tradiciones y valores heredados del pasado, tales como los ligados a los roles de género, y a la conducta sexual y reproductiva van perdiendo fuerza, al tiempo que van apareciendo nuevas demandas particulares. Este conjunto de valores y actitudes están asociados a reclamos de mayor igualdad de género y libre decisión respecto a la organización familiar, así como también a una mayor apertura frente a los cambios sexuales y una mayor preocupación por nuevas cuestiones ambientales y de discriminación. El cambio es apreciable particularmente en las generaciones más jóvenes, que incorporaron rápidamente los valores democráticos y demandan mayor igualdad y libertad en diversos ámbitos de la vida social, no necesariamente ligados a la violencia estatal y la censura, que fueron los reclamos característicos de la década del ochenta. Siguiendo la conocida distinción entre valores materialistas y posmaterialistas, se pueden denominar valores posrecuperación democrática al conjunto de demandas asociadas a la igualdad de género, medioambiente, lucha contra la discriminación. En este marco, el desfasaje entre el partido y los electores se produce por la creciente distancia entre la oferta partidaria y los posicionamientos de sus electores.


  1. La encuesta se hizo en 1992 a un total de 22.868 afiliados y fue realizada por militantes del partido (Rodríguez, 1992).


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