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7 La salida de la tradición radical y el voto a otros partidos

Es posible dividir el desempeño electoral de la UCR entre 1983 y 2003 en tres períodos. El primero se extiende a lo largo de la década del ochenta, cuando logra ampliar su base de apoyo en los primeros años y conservar el promedio histórico hacia el final del período. El segundo, a partir de 1991, en el cual disminuye su caudal tradicional hasta la formación de la Alianza. Por último, un tercer período que va desde 1997 y hasta 2003, donde consigue dos triunfos electorales y posteriormente desaparece como partido predominante en la Capital Federal. Podemos caracterizar al primero como un período en el que conserva su base de apoyo constante, aunque pierde los electores sumados en el 83; al segundo, como de dispersión de su base tradicional; y al último, como un período en donde los apoyos se muestran variables y eclécticos y el partido no parece contar con una base social consistente de apoyo electoral.

Nos centraremos ahora en los cambios en las opciones electorales de los votantes radicales. Tomaremos particularmente el segundo y tercer período enunciados anteriormente. El retiro del apoyo electoral en los primeros años de la década del noventa puede caracterizarse como la primera etapa de desvinculación. La segunda, mucho más intensa, tuvo lugar entre 2001 y 2003 y estuvo ligada a la crisis de la Alianza y la posterior división partidaria. Esta primera etapa es de gran importancia, ya que el voto a Menem resulta paradigmático por tratarse de un candidato del peronismo, en tanto el voto de las clases medias al Frente Grande y al Frepaso es significativo en la medida en que modificó el peso electoral del radicalismo en la Capital Federal, evidenciando la mutación política de los electores del radicalismo[1].

El proceso de disgregación del electorado radical durante los primeros cinco años del menemismo debe interpretarse a la luz del debilitamiento del partido durante la última etapa alfonsinista y de la crisis posterior a la derrota del 89. Como se mencionó anteriormente, las duras luchas internas y las distintas posturas frente a las reformas impulsadas por el gobierno impidieron que el partido ofreciera una oposición unificada y coherente frente al oficialismo. A mediados de la década, el pacto de Olivos profundizó aún más los enfrentamientos partidarios y situó a la UCR frente a sus electores como un partido más asociado al oficialismo que de oposición. Para Fidanza (1998), el Pacto de Olivos contribuyó a una notable pérdida de votos del radicalismo y la aparición de un “votante radical desilusionado” que migrará a nuevas opciones electorales. En una encuesta realizada en la Capital Federal días después de la elección a Constituyentes de 1994, los votantes radicales daban cuenta del alejamiento del partido.

¿Por qué razones no votó a la UCR en las últimas elecciones?*

Se siente defraudado por el partido 

28

El partido no tiene propuestas 

23

Los candidatos no eran buenos 

23

Desacuerdo con el pacto de Olivos 

13

La UCR dejó de ser oposición 

9

Los problemas internos del partido

4

Otras razones 

10

*Base: los que votaron a la UCR en 1993 y a otro partido en 1994.
**Los porcentajes suman más de 100 porque se aceptó más de una respuesta por entrevistado (Fuente Fidanza 1998).

7.1 Afinidades electivas: El voto al Frente Grande–Frepaso

Como afirmaron Cantón y Jorrat (2007), el crecimiento electoral del Frente Grande (FG) y el Frepaso en la Capital Federal estuvo ligado directamente a la pérdida de votos de la UCR. En este sentido, los mayores aportes electorales de ambas agrupaciones provinieron de exvotantes radicales. En términos políticos, tanto el Frente Grande como el Frepaso disputaron con la UCR el voto de las clases medias de la Capital Federal. En su interesante análisis de las elecciones de 1995, Gervasoni (1998) construye una tipología de votantes fugados de la UCR y que apoyaron electoralmente al Frepaso y a Menem, y capta de forma general el proceso de conversión. Refiriéndose a los votantes radicales que apoyaron al Frepaso, afirma que este grupo de radicales desencantados tienen un nivel socioeconómico y educacional por encima del promedio, provienen de una tradición radical y, si bien manifestaban una imagen mala del PJ y de la reformas económicas, evaluaron al Frepaso como la mejor opción de oposición, posiblemente a partir del Pacto de Olivos y la inconsistencia del discurso partidario (Gervasoni, 1998:16).

La oposición a la corrupción del gobierno de Menem y la renovación política son los principales rasgos tanto del FG como del Frepaso que destacan los exvotantes radicales. En este sentido, no encontramos diferencias importantes en la percepción de esas agrupaciones. Ambas fueron evaluadas en términos positivos porque representaban una renovación y un enfrentamiento al menemismo. En el caso de la UCR, los exvotantes afirman que el partido perdió su lugar de oposición al apoyar las reformas de Menem, no luchar contra la corrupción y tampoco renovarse, lo que, según ellos, motivó el retiro de sus apoyos electorales.

¿Por qué dejaste de votar al partido?

Es que el radicalismo ya venía en decadencia, era un desastre y no me convencía ninguno, y por eso yo voté al Frente Grande en el 92 ó 93, no me acuerdo. Me parece que ese espacio le traía un poco de renovación a la política por fuera de Menem, de Alfonsín y Angeloz. Pero, además, yo creo que eran tipos capaces, más allá de lo que pasó después. Graciela y Chacho, y toda esa gente que estaba con ellos, yo creo que eran buenos tipos, que eran honestos, y que, bueno, después les explotó la cosa (Juan, 50 años, profesor de secundario público, 2009).

Un cambio importante en el imaginario radical es la pérdida por parte de la UCR del valor que históricamente le había sido acordado como partido de oposición y como defensor de la legalidad y la buena administración. El pacto de Olivos y el apoyo a la reelección de Menem son los aspectos más criticados de la UCR a mediados de los noventa. En este sentido, el FG y el Frepaso aparecen como representantes de los principios que anteriormente eran adjudicados a la UCR, pero sólo en términos de lucha contra la corrupción y en tanto defensores de valores morales.

“Yo definiría el Frepaso como el partido que se animó a denunciar la corrupción del menemismo y a reivindicar también los derechos humanos, todo esto en un momento donde nadie lo hacía. Hay que acordarse que el radicalismo transaba con Menem y no lo denunciaba, y ya los peronistas ni se preocupaban por los Derechos Humanos, después del indulto nadie dijo nada. En eso, creo yo, estuvo la fuerza del Frepaso, lucha contra la corrupción y justicia. Esas ideas fueron la base de la Alianza, pero eso es otro tema, me parece” (Carlos, 47 años, abogado, 2009).

La pérdida de valor de la UCR implicó también que, en la percepción de los votantes, el partido resulte asociado con el gobierno de Menem. Posiblemente, las críticas frepasistas a la vieja política, que incluía tanto al radicalismo como al peronismo, promovieron una visión de confluencia de ambos partidos. Ligado a esto, las distinciones que oponían al radicalismo con el peronismo se debilitaron. La sospecha de corrupción política de una parte de los votantes radicales no sólo recayó en los funcionarios menemistas, sino también en los dirigentes radicales.

“Es que el pacto con Menem no se tendría que haber hecho. ¿Cómo le van a dar la reelección? El tipo se estaba afanando todo y vos le das la reelección. No podés. Por eso la gente los dejó de votar y está bien. Después vino el Frepaso, y se opuso a eso y bueno, la gente les creyó y yo también […]. El Frepaso creo que vino como a reformar la política y era como necesario, había mucha corrupción y mala administración, y de todos, afanaban los radicales y afanaban los peronistas, y eso de renovar me pareció bien. Después gobernando fueron un desastre, pero bueno” (Julio, 43 años, empleado, 2003).

“El Frepaso ganó en la Capital, venía haciendo buenas elecciones, o sea una tenía el sentimiento de que era la nueva fuerza, que estaba en el cambio y que iba a marcar su impronta en el gobierno. Nunca me esperé que con el radicalismo fuera a hacer el desastre que fue la Alianza” (Felisa, 61 años, Felisa, médica, 2003).

Sin duda, la pérdida del crédito partidario del radicalismo estuvo ligada a la competencia con un nuevo partido que reivindicó también la defensa de la ley y la buena administración, y compitió por los mismos votantes de la UCR. Además, la salida de la tradición radical estuvo también motivada por el cambio de posición de la UCR en el espacio político, cambio que fue percibido por los electores radicales como una anuencia al gobierno de Menem. Por otro lado, puede encontrarse una “afinidad electiva” entre ciertos valores del electorado radical y el tipo de oposición que realizaron el Frente Grande y el Frepaso. El acento moral y las denuncias contra la corrupción resultaron afines a las disposiciones de los electores radicales, que ya no depositaban en el partido centenario esos valores. En los exelectores radicales continuó existiendo sin duda una “sensibilidad republicana” ligada a las nociones de ética pública, defensa de la ley y orden administrativo que estos nuevos partidos supieron movilizar a su favor, debido a que esas ideas y valores ya no estaban asociados directamente a la UCR.

A partir del apoyo de electores radicales al Frepaso es posible entrever las relaciones entre la UCR y su base social, y el desarrollo que tomó la misma. Teniendo en cuenta el conjunto de valores y principios reivindicados por el partido y reconocido por sus votantes, resulta evidente el carácter formativo de valores democráticos y republicanos que tuvo la UCR sobre su base de apoyo y, posiblemente, sobre sectores más amplios. La UCR (y en particular el alfonsinismo) ejerció un efecto democratizador sobre las clases medias y, posiblemente, sobre una parte importante de la sociedad en general, y esto resulta uno de sus grandes aportes históricos como organización política. El aspecto interesante que debe remarcarse es que gran parte de las clases medias aparecen ahora como portadoras de esos valores, pero ya desvinculados de la UCR; valores y principios que, además, son reclamados por otros partidos. Así, se podría afirmar que la socialización política del partido sobrevive a la identificación partidaria. ¿Cómo es posible comprender esta paradoja? Lo que parece haber desaparecido en estos votantes es la idea de partido asociado a estos principios. En este sentido, el voto al Frepaso puede ser tomado como un indicador de despartidización de las clases medias. Se disuelve el vínculo con la UCR, pero queda un conjunto de principios que los electores ponen en funcionamiento para comprender y evaluar el campo político.

7.2 El apoyo a Carlos Menem en 1995

Como sostuvo Sidicaro (1995), Menem fue reelecto en 1995 con el apoyo de las clases populares y de algunos sectores de las clases medias y altas. En la Capital Federal, parte de ese apoyo provino de las clases medias que anteriormente votaban a la UCR. Aunque minoritario, este apoyo resulta particularmente interesante, porque implicó el voto a un candidato peronista por parte del electorado que, supuestamente, se encontraba en las antípodas de ese movimiento, y esto revela algunas de las transformaciones profundas que sufrió el electorado típico de la UCR. Retomando el análisis de Gervasoni, en su tipología del voto a Menem sitúa un conjunto de electores radicales que, si bien apoyaron a Alfonsín y Angeloz, manifestaron una ideología privatista y una opinión altamente positiva de Menem y de la política económica oficial (Gervasoni, 1998:15).

Generalmente, a la hora de justificar su voto a Menem, los exradicales alegan razones tales como la estabilidad, las privatizaciones y el consumo. Podemos categorizar el apoyo de gran parte de los exvotantes radicales a Menem como una valorización positiva de la modernización económica y social. En este sentido, es el cambio en los modos de vida lo que se revaloriza de la gestión menemista. Los viajes al exterior, el uso de tecnologías, el funcionamiento de los servicios son ejemplos comunes de esta transformación. Por otro lado, cuando se interroga a los adherentes radicales sobre su voto a un candidato peronista, la mayoría afirma que Menem no es peronista o no se corresponde con esa tradición. Creemos que es necesario vincular en el análisis ambos fenómenos: la transformación de los modos de vida y la percepción de Menem como no peronista. El primero de ellos nos remite al cambio sociocultural de las clases medias durante la década del noventa, y el segundo, a las transformaciones que se dieron en el campo político.

“Sí, lamentablemente yo lo voté a Menem para la segunda presidencia. Para la primera no, por supuesto. Creí que realmente había hecho un buen gobierno y que le tenían que dar otra oportunidad y me equivoqué muy mal. No creí que Menem fuera peronista, aunque parezca mentira. Para mí Menem era menemista. […] Menem le sacó el alambre de púas al país. Permitió que tuviera teléfono. Mirá, yo tenía un sueño recurrente cuando era joven. Un teléfono negro que sonaba y cuando yo iba a atender se callaba. Le busqué miles de interpretaciones con mi terapeuta. Un sueño recurrente que me persiguió toda mi vida. Y era un problema de comunicación, se llamaba ENTEL. Cuando privatiza Menem y logro tener teléfono, nunca más vuelvo a tener el sueño. El problema era ENTEL, no era ningún problema psíquico, ningún trauma. El trauma me lo había producido ENTEL. Y yo creí en Menem porque al principio los trenes funcionaban, creí porque tenía televisión por cable, me gustaba escuchar la CNN, me gustaba ver los pantallazos de la televisión alemana en español. Podía escuchar la BBC, podía escuchar la RAI. Podía enterarme de lo que pasaba en el mundo. Con el gobierno de Menem se abrieron las puertas y no lo negamos. Entró la globalización en el país. También entró mucha porquería importada. Como también en la época de Martínez de Hoz. Pero se abrió el mundo a nuevos mercados y se abrió a un mundo de conocimiento que era necesario. Sacaron los alambres de púas. Por eso lo voté. Después me quise morir, cuando me di cuenta de la corrupción, de las armas, de la muerte del hijo” (Ana, 50 años, maestra, 2007).

Los cambios de los modos de vida de las clases medias ligados a las nuevas formas de consumo y a la globalización cultural y tecnológica, entre otros factores, fueron interpretados positivamente por muchos electores, más allá de si resultaron “ganadores” o “perdedores” del modelo. Cuando se los interroga sobre los cambios que afectaron sus formas de vida durante los noventa, generalmente los comparan con sus formas de vida en los años anteriores. Los consumos limitados y los deficientes servicios estatales aparecen entre los aspectos más criticados. La rápida ampliación del consumo en los primeros años de la década, luego de control de la inflación y el mejoramiento de algunos servicios producto de las privatizaciones, generó un contraste extraordinario con el periodo alfonsinista. Pero, sin duda, los cambios en el campo político también contribuyeron a hacer que percibieran al menemismo como un gobierno no peronista. La transformación del discurso tradicional del peronismo, las políticas liberales y el debilitamiento del poder de los sindicatos, entre otros factores, contribuyó a modificar las ideas y las visiones que tenían los electores radicales de los gobiernos peronistas. Así, en la evaluación del gobierno de Menem que realizan los exvotantes radicales ya no priman las ideas antiperonistas anteriores.

“Menem, en su momento, me gustó, y me gustó mucho, y yo estaba bien con Menem, personalmente yo, humildemente, durante el primer gobierno de Menem, yo estaba mejor que ahora mil veces, sin embargo, ahora le tengo una rabia bárbara por lo que hizo últimamente, y porque no me gustó que se llevara la plata de la gente… obvio, él nunca dijo eso, y entonces por eso me gustaba; nos engañó, nos mintió, nos manejó, nos engrupió… y después se le salieron todos los trapitos al sol y ahí se me vino el ídolo al piso en la segunda presidencia… la primera etapa de él me gustó mucho, yo hasta me acuerdo los discursos, pero ya después cuando empezó toda esa parte, cuando le mataron al hijo, ahí ya me pareció que no… y él sigue queriéndonos convencer” (Carlos, 57 años, empleado, 2003).

En síntesis, podemos afirmar que la modernización de los modos de vida y los cambios dentro del peronismo debilitaron extraordinariamente el imaginario radical y contribuyeron a que exvotantes del partido votaran a Carlos Menem. Las visiones más tradicionales sobre el peronismo, que suponían el “desorden y el caos”, “el autoritarismo” y el “gobierno de los sindicatos”, tendieron a desvanecerse, fomentando el cambio electoral de los adherentes radicales. En este sentido, Palermo y Novaro (1996) también dieron cuenta de la transformación de los “esquemas de reconocimiento” que trajo aparejada el menemismo. En este sentido, sostienen que dicho gobierno contribuyó al “reemplazo de la clásica oposición entre peronistas y antiperonistas, entre liberalismo y nacionalismo, planteó la oposición entre cambio y atraso. Las interpelaciones a los trabajadores fueron sustituidas por un difuso “hermanas y hermanos”, mientras la libre empresa y el mercado remplazaban a la comunidad organizada y al Estado Protector” (Palermo y Novaro, 1996: 30).

Es necesario destacar que muchos de los exradicales que votaron al FG–Frepaso o a Menem entre 1993 y 1995, posteriormente apoyaron a la Alianza. Sin embargo, esto no supuso un regreso a la vieja tradición partidaria. Estos apoyos electorales se caracterizaron por su debilidad y fluidez. El rápido retiro de los votos en las elecciones de 2001 y 2003 evidenciaron que la UCR ya no contaba con una base sólida de apoyo electoral en la Capital Federal.

7.3 El apoyo a la Alianza en 1999: Un voto de confianza activa

La formación de la Alianza logró suscitar cierto entusiasmo en el electorado de la Capital Federal, que evaluaba en términos negativos los últimos años de la gestión menemista. La percepción crítica del gobierno se basaba en un conjunto elementos como la corrupción, los problemas económicos como la desocupación y la recesión, y un conjunto de cuestiones vinculadas más al desempeño de las burocracias estatales como ligadas a la educación y la justicia. La coalición entre la UCR y el Frepaso sintetizó ese conjunto de problemas en su propio nombre: Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación. Pero, lejos de ofrecer un programa sistemático y coherente de gobierno, los integrantes de la Alianza tendieron más a acompañar y reproducir las mismas críticas del electorado hacia el gobierno que a proponer formas de solución a esos problemas en caso de acceder al poder.

En este contexto, resulta innegable que el voto a la Alianza estuvo motivado, principalmente, por la oposición al menemismo. Ahora bien, la cuestión más importante para nosotros surge del análisis del vínculo entre la UCR y sus electores en la elección de 1999. Uno de los puntos más destacados por nuestros entrevistados es que su voto estuvo orientado en contra de Menem y por la confianza que les despertaban sus principales candidatos, Fernando De la Rúa y Carlos Álvarez; es decir: un vínculo más personalista que partidario.

¿Votaste a la Alianza?

Voté a la Alianza. A mí me gustaba muchísimo Chacho Álvarez, es un tipo que no sé si decirte que me defraudó, pero es un tipo que para mí es un tipo inteligente, realmente De la Rúa no me gustaba. Porque yo creo que más que votar a la Alianza, voté una vez más en contra de Menem, yo nunca lo voté a Menem, ni en el año 95, aparte tenía un montón de gente cercana que lo votó a Menem porque, supuestamente, estábamos viviendo en una panacea, que yo no la veía tan así, te repito, yo veía que las cosas a mí me iban bien, pero tampoco tan bien, tenías acceso a cosas. (Diego, contador público, 40 años, 2006).

En la interna con Chacho voté a De la Rúa, por su propia trayectoria. Siempre fue un político recto, claro, honesto. Y si bien en la UCR creo que había muchos inoperantes y hasta corruptos, creo que en ese momento, en el 98 ó 99, De la Rúa era como una garantía frente al menemismo. Chacho también me gustaba, pero “Chupete” había hecho una gestión bastante buena en la Ciudad. Comparado con Domínguez, ¿no? (Ricardo, 50 años, comerciante, 2007).

¿Qué significa votar en contra? Desde nuestro punto de vista, significa votar sin identificación partidaria, en el sentido de Cambpell. Como mencionamos, la identificación partidaria supone el reconocimiento de un vínculo con el partido que implica un lazo afectivo, el autoposicionamiento en una tradición, y un conjunto de ideas y posturas relativamente estructuradas frente al campo político. El apoyo a la Alianza no contó con ese conjunto de predisposiciones y elementos que suponen una relación de identificación partidaria.

Las posibles impresiones de los electores sobre el proceso de formación de la Alianza pueden ser extremadamente variables y, sin duda, están condicionadas por las evaluaciones negativas del resultado del gobierno y la crisis final del 2001. Resulta necesario, entonces, tomar en cuenta las prácticas electorales y la trayectoria electoral de los entrevistados, para caracterizar el cambio del vínculo entre la UCR y sus electores. Si, entre 1983 y 1989, la UCR pudo mantener un caudal de votantes en la Capital Federal cercano al 40% en elecciones, a partir de 1991, el apoyo electoral y la participación interna comienzan a reducirse de forma notoria. Así, una parte de los electores tradicionales de la UCR se desplaza hacia el Frente Grande, en 1993, y hacia el FREPASO y el peronismo en 1994 y 1995. La Alianza suscitó el apoyo de un conjunto de electores que, anteriormente, ya se habían alejado de la tradición radical. Además, los lazos de identificación partidaria, los grados de lealtad y la estructura de disposiciones radicales se habían debilitado ya durante el menemismo, dando lugar a nuevas prácticas electorales. Retomemos, entonces, la pregunta inicial: ¿cómo puede definirse el vínculo entre la UCR y sus electores en la elección de 1999? Podemos comprender la relación entre la Alianza y sus electores, particularmente aquéllos de origen radical, utilizando el concepto de confianza activa. Giddens define la confianza activa como un tipo de relación social en la cual la confianza depositada en las instituciones o los partidos adquiere un carácter contingente y contextual. Para el sociólogo inglés, este tipo de relaciones son propias de órdenes sociales en los cuales las tradiciones se debilitaron y las relaciones de lealtad anterior ya no condicionan la acción (Giddens, 1996:100). En este sentido, es útil a la hora de comprender el apoyo electoral de individuos cuya identificación partidaria se había atenuado, cuya tradición electoral se había debilitado y cuyos esquemas interpretativos del mundo político se habían transformado. Además, caracterizar el vínculo entre la Alianza y sus electores de confianza activa nos permite comprender también el rápido retiro de los apoyos electorales en 2001. Efectivamente, la vertiginosa pérdida de votos de la Alianza evidenció la debilidad y fluidez de los vínculos de confianza activa.

7.4 Elegir en la división: El voto a R. López Murphy y E. Carrió

Antes de analizar los apoyos electorales al ARI y RECREAR, es necesario reflexionar sobre el método de entrevistas, la indagación de acontecimientos pasados y las condiciones de la memoria. Un hecho llamativo promueve esta reflexión: una parte considerable de los entrevistados no recordaban a quién habían votado en el 2003, pese a poder rememorar con facilidad su voto de 20 años atrás.

Cuando comenzamos a realizar las entrevistas a votantes radicales, albergábamos serias dudas sobre la viabilidad de las mismas, ya que implicaba indagar a los entrevistados sobre sus conductas pasadas en base a sus recuerdos. Estas dudas desaparecieron rápidamente, cuando comprobamos que la mayoría de los afiliados y adherentes radicales recordaban no sólo sus trayectorias electorales, sino también distintas elecciones, candidatos, campañas, etc. Se pudo constatar, además, que la claridad de los recuerdos variaba en función de la identificación partidaria y del compromiso con el partido. Así, los afiliados tenían más nociones históricas que los simples adherentes y votantes ocasionales. Siguiendo la vieja noción de círculos de Duverger, se puede afirmar que militantes, afiliados y adherentes responden a diferentes tipos de integración partidaria, y que la memoria política varía en función de la integración del grupo político, como tempranamente lo manifestó Halbwachs (2004:30). De esta manera, la capacidad de recordar no sólo está dada por la lejanía del hecho que se trata de rememorar, sino también por la relación del entrevistado con el grupo al que pertenece; en este caso: al radicalismo o la tradición radical.

Como mencionamos, un conjunto importante de entrevistados no recordaba a qué candidato había votado en el 2003. Si bien todos negaban haber apoyado a Moreau, no recordaban con certeza si habían apoyado a Carrió, López Murphy o a un candidato del peronismo. El primer aspecto a tener en cuenta es la cantidad de partidos y candidatos que se presentaron en el 2003. Sin duda, la fragmentación del campo político operó dificultando la memoria. Por otro lado, es necesario relacionar la identificación partidaria con la memoria. Efectivamente, el vínculo con el partido se había disuelto antes de la formación de la Alianza y, para 2003, se había agotado ya el sentido de pertenencia a la UCR de la mayoría de los votantes radicales. La falta de memoria respecto a la elección presidencial puede ser entendida a la luz del debilitamiento del compromiso y de la identificación con la UCR, en particular, y con los partidos, en general. Esto no significa, por supuesto, que los electores no recuerden nada de la coyuntura, sino que el voto resulta más azaroso para los votantes que ya no manifiestan un interés en el partido o sus dirigentes. Digamos, por último, que la viabilidad de los métodos no está dada, solamente, por las potencialidades de los instrumentos, sino también por las características propias de los objetos que se indagan y que, por lo tanto, resulta necesaria una reflexión sociológica sobre las características de los instrumentos y las condiciones de posibilidad de su utilización y resultado.

El voto al ARI y a RECREAR estuvo motivado más por el capital político de sus líderes que por un reconocimiento a las agrupaciones. Las figuras de Ricardo López Murphy y Elisa Carrió fueron asociadas positivamente a un conjunto de ideas y valores cercanos al radicalismo, pero también reconocidas por su ruptura y oposición al viejo partido.

“Voté a Lilita porque me parece una persona confiable, que denunció la corrupción, que luchó contra los negociados. Me parece que ella fue como una renovación y nos trajo esperanza de cambio, de renovación. […] Creo que Lilita es una persona íntegra, de moral, de valores y que denunció la injusticia, la corrupción, incluso dentro de la UCR, y eso es valorable porque siempre es más difícil luchar contra tus supuestos compañeros” (Marcela, 42 años, maestra, 2006).

“Bueno, para mí Ricardo López Murphy representa la seriedad del político honesto. Me parece que es una persona que creyó en la necesidad de recuperar las instituciones cuando todo estaba tan, pero tan en crisis, hace dos o tres años. Creo que es un profesional formado y que puede gestionar, pero que como radical medio típico es alguien que va a hacer las cosas por derecha, digamos, respetando la ley, el orden. Pero eso te digo que voté a López Murphy” (Sebastián, 57 años, empresario Pyme, 2006).

Un conjunto de ideas y principios fueron asociados con los dos candidatos: defensa del orden y la ley, moral y ética pública, lucha contra la corrupción, capacidad intelectual para ejercer el poder, etc. Si bien algunos votantes identificaban a los candidatos como de izquierda o derecha, los principios mencionados antes se repetían de forma constante.

Estos principios están cercanos al viejo sistema interpretativo radical, pero ya no aparecen ligados directamente a la UCR. En ese sentido, puede hablarse de un proceso análogo al descripto respecto al voto al Frepaso, pero que ahora se caracteriza por un apoyo menos estable. Se puede afirmar, por último, que esos partidos suscitaron una confianza mínima en los electores, inferior incluso a la suscitada por la Alianza. Efectivamente, ARI y RECREAR desaparecieron rápidamente de la escena electoral debido a la extrema fluidez de sus apoyos. La habilidad política de Elisa Carrió consistió en buscar alianzas con otros dirigentes y sumar partidos más pequeños para conservar cierto rendimiento electoral y sortear relativamente el problema de la volatilidad.

7.5 Conclusión: cambiar el voto

El cambio de comportamiento electoral y la desvinculación partidaria son fenómenos correlativos a la conversión de las disposiciones políticas. Sin los esquemas interpretativos y los mapas cognitivos que sostenían la identificación partidaria radical, el apoyo electoral se desplaza hacia otras ofertas, pero pocas veces esto da lugar a una reafiliación. En este proceso de transformación de los electores, la oferta electoral de los partidos competidores tiene un rol central a la hora de promover y objetivar la metamorfosis del votante. Para no caer en un determinismo absoluto de los cambios sociales sobre el voto, o en una especie de poder incondicional del discurso partidario para promover el apoyo –que tendría la posibilidad de modificar los esquemas de pensamiento, una vez enunciado–, es necesario analizar los cambios en la trayectoria electoral de un grupo relacionando el estado de las disposiciones en una coyuntura política determinada con las interpelaciones partidarias.

A mediados de la década del noventa, la identificación con la UCR se encontraba debilitada como producto de la erosión de las creencias y disposiciones de los votantes radicales. La estrategia del menemismo de presentar el período alfonsinista como el caos y el desgobierno, además de resaltar al extremo las virtudes del modelo, contribuyó a aumentar al descrédito de la UCR y a atraer apoyos electorales. Por otro lado, el candidato radical H. Massaccesi no pudo contrarrestar esa caracterización general del partido que realizaba el oficialismo, ya que en el tramo final de la campaña era su propia gestión provincial la que parecía un caos producto de las protestas por la falta de pago a los empleados del distrito. Por su parte, el Frepaso tuvo, sin duda, una importancia mayor a la hora de promover el cambio electoral de los votantes radicales. Al caracterizar el pacto de Olivos como un acto espurio entre los dos partidos mayoritarios, ejerció un efecto de realidad y de legitimación del discurso frepasista que desde tiempo atrás venía denunciando el agotamiento de los partidos tradicionales y la necesidad de renovar la política. De esta manera, el cambio en el voto tradicional se concretiza en el apoyo a otros partidos, y la principal condición de este cambio es el debilitamiento de la identificación partidaria. En esta dialéctica, la oferta electoral potencia el debilitamiento de las identificaciones, contribuyendo al cambio del voto.

A partir de las dos condiciones del cambio electoral (desconversión partidaria/apoyo a nuevos partidos), fenómenos, ambos, que se retroalimentan, es posible comprender los apoyos a la Alianza como un voto de confianza activa. Es decir: un tipo de vínculo electoral temporal y débil, propio de votantes reflexivos, en los que el peso de las tradiciones políticas se vio reducido. La Alianza no fue un nuevo partido o un espacio duradero de construcción política, sino una estrategia electoral exitosa que les permitió a los jefes de ambas agrupaciones llegar al poder. Luego del fracaso de su gestión, los grados de confianza del electorado hacia ambos partidos se debilitaron aún más, e invirtiéndose lo suficiente como para generar lo que, alterando la fórmula de Giddens, se puede denominar una desconfianza activa hacia los referentes políticos. Es decir: un tipo de rechazo más o menos generalizado a los dirigentes partidarios.


  1. Gervasoni (1998:15) describe a los votantes “desencantados” de la UCR, que en las elecciones presidenciales de 1995 votaron al peronismo o al Frepaso, como electores de nivel socioeconómico y educacional por encima del promedio, que en su mayoría habían apoyado a Angeloz, en 1989. En su mayoría, mostraban una actitud privatista, aunque también crítica del modelo, y se volcaron principalmente al Frepaso.


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