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Reflexiones del autor

Me gustaría dirigirme a ustedes en estas líneas, comentándoles lo que ha significado para mí en estos años haber investigado en profundidad sobre la diplomacia parlamentaria y sus características, pero especialmente sobre sus ventajas, que potenciadas podrían transformarse en una herramienta estratégica para el accionar del Poder Ejecutivo en un ecosistema internacional global, complejo e interdependiente.

Comenzar a trabajar en un ámbito de vacancia de una disciplina conlleva una enorme dificultad. Está todo por construirse y discutirse, definiciones conceptuales, categorías y dimensiones, correlaciones entre variables y explicaciones; en síntesis, se trata de edificar conocimiento en el ámbito de la disciplina en cuestión. Ese es el camino que decidí transitar lentamente a partir de mi tesis doctoral, con mucha cautela y seriedad desde el momento en que elegí acercarme al tema a analizar en sus comienzos, y luego cuando decidí realizar una mayor inmersión en el campo a través de estadías posdoctorales que llevé a cabo en el exterior tanto en España como en Italia. El tema seleccionado fue mi tesis doctoral en Relaciones Internacionales. Como bien saben, las tesis doctorales son trabajos de investigación que deben cumplir tanto con el rasgo de la distintividad, así como con la construcción de conocimiento en un área en particular, y eso es principalmente lo que intenté aportar, con un enfoque de abordaje desde el ámbito legislativo que a mi entender enriquecía la perspectiva seleccionada, ya que los trabajos que se presentaban al respecto o no existían o eran de difícil acceso, a lo que se sumaba una visión centralizada de Malvinas desde el Poder Ejecutivo y nuestra cultura política, lo cual era entendible desde el sistema político presidencial argentino. A su vez, la selección de la unidad de análisis coincidió con transformaciones en la inserción internacional argentina y en la estructura organizacional del ámbito en el cual me desempeño: el Senado de la Nación. En relación con la primera, suponía una manera de interactuar con el mundo diferente, de mayor diversificación de vínculos políticos, económicos y comerciales, que promoverían una visión de las relaciones internacionales plural. Respecto al segundo, lo enunciado con anterioridad tuvo un impacto en el Senado de la Nación y se reflejó en la aparición de la Dirección General de Diplomacia Parlamentaria, que nucleaba gran parte de los vínculos y las actividades que llevaba adelante la Cámara de Senadores. Ello no solo era trascendente en relación con denominar estas prácticas en esos términos, sino con reconocer que estas forman parte de la costumbre de la Cámara, pero no habían caído bajo esa denominación. De esta manera se planteaba un nuevo escenario y, por ende, un camino por transitar.

Mi puesto de trabajo en el ámbito de la Presidencia Provisional del Senado de la Nación me permitió tomar conocimiento de las transformaciones que acaecían en materia de relaciones internacionales. Ello, sin lugar a dudas, contribuyó mucho en la elaboración de mi trabajo y en mi formación profesional. De esta manera, en los meses siguientes, realicé una profunda recolección y selección de información, que requirió de un gran esfuerzo cualitativo personal, no solo por lo que significó el tiempo que le dedicaba a la investigación y a cotejar información, sino también por la responsabilidad de realizar un trabajo serio lo más objetivo posible que aportara conocimiento y una visión alternativa a la unidad de análisis tradicional.

Gran parte de ese trabajo lo encaminé en mis estadías de investigación en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) en el año 2016, ya que no logré encontrar en nuestro ámbito doméstico varios trabajos de referencia que aporten los elementos que estaba buscando. Pero también enfrentaba nuevas dificultades, me refiero a si las definiciones conceptuales y las características de la diplomacia parlamentaria que los autores españoles referenciaban podrían adaptarse a mi trabajo y al Congreso nacional argentino. Había que ganar en flexibilidad y generalidad, para perder en precisión y poder avanzar en la construcción del objetivo.

De esta manera, concluí la investigación y pude defender mi trabajo doctoral, sin saber que estaba abriendo la puerta a algo nuevo que me llevaría por senderos que jamás pensé transitar. Así, una vez finalizado el trabajo de investigación, decidí ahondar más en el tema, ya que había recopilado mucha información y nuevos acontecimientos nos atravesaban en relación con las Malvinas que podrían ser vistos desde la diplomacia parlamentaria, como en el caso del ADN de los caídos en el conflicto del Atlántico Sur. Así fue que profundicé mi investigación nuevamente en la Universidad Complutense de Madrid en el año 2018-2019 y a posteriori en el marco del posdoctorado en Derechos Humanos y Nuevas Tecnologías de la Universidad Di Reggio Calabria del año 2022. Tuve la oportunidad de contribuir nuevamente al campo con una nueva publicación en la reconocida revista Relaciones Internacionales del IRI-UNLP titulada “La contribución de la diplomacia parlamentaria al derecho internacional humanitario: el caso del ADN de los caídos en Malvinas”. Estas investigaciones contaron con un complemento indispensable en la vida académica: las publicaciones en libros y revistas, tales como en el Honorable Congreso de Perú (2023), en su revista Cuadernos Parlamentarios, n.º 29, donde publiqué “La diplomacia parlamentaria como herramienta estratégica del Poder Ejecutivo”, en la revista Casus Belli (2021) de la Facultad del Ejército (FE) y de la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF), donde publiqué “La Diplomacia Parlamentaria en el Senado de la Nación” (el caso de Malvinas), y finalmente en los libros Malvinas y el Atlántico Sur (2020), donde escribí “La diplomacia parlamentaria de Malvinas en el Senado de la Nación, el caso de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto”, y en la obra Contrapuntos para comprender las relaciones internacionales en el siglo xxi (2020), donde tracé una mirada de la disciplina en el capítulo llamado “Pensar las relaciones internacionales desde la diplomacia parlamentaria”.

Hubo ámbitos donde pude explicar y transmitir mis ideas, y, en esos intercambios con los alumnos y oyentes, atesoré disparadores para nuevas reflexiones sobre la política exterior y la diplomacia parlamentaria, como por ejemplo durante la invitación que me realizó el año pasado la Universidad de La Sapienza de Roma (2024), en el marco del Doctorado en Derechos Humanos, donde diserté sobre la contribución de la diplomacia parlamentaria al derecho internacional humanitario. El Senado de la Nación (2024) también fue un espacio donde pude exponer mi visión. El año pasado en el salón azul, en el marco de la Diplomatura Universitaria de Formación Continua en Derecho y Gestión Parlamentaria del Senado, brindé una charla sobre diplomacia parlamentaria y relaciones internacionales, así como también una clase hacia el final del año sobre el mismo tema en ese ámbito. Años anteriores participé en varias ponencias, como por ejemplo en el Instituto Gioja de la UBA (2021), en las jornadas de Malvinas que organizó GIPEA (2022), y como expositor en el 40.º aniversario del conflicto del Atlántico Sur llevado a cabo por la Escuela Superior de Guerra (2022).

El mundo se está transformando a una velocidad impensada. El conflicto se asienta como una constante, conjuntamente con la interdependencia económica y las rivalidades geopolíticas. Las formas de interactuar de los Estados se van adaptando a nuevos entornos complejos y mutan constantemente. ¿Cuál es la contribución que puede aportar la diplomacia parlamentaria al Poder Ejecutivo en la inserción internacional de los Estados en un actual contexto de inseguridad y conflictividad? La diplomacia parlamentaria es una herramienta estratégica que puede transformarse en una instancia clave para aminorar tensiones y producir acercamientos entre Estados y otros agentes no estatales, proyectando una reducción de la incertidumbre. Las características que pregona este instrumento estratégico son generalmente conocidas, pero algunas de ellas, sobre las que pude ahondar un poco más, porque se han destacado por sobre el resto en mis investigaciones, creo que aportan una fuente poco conocida y, de esta manera, se transformaron en elementos claves para el mundo de hoy. Me refiero particularmente a tres:

  1. “Adaptación a diversos entornos;
  2. Instancia previa de diálogo al Poder Ejecutivo;
  3. Informalidad en su metodología”[1] (Salimena, 2022: 14).

Estos tres elementos característicos, a mi entender, posicionan a la diplomacia parlamentaria como un instrumento que puede aportar elementos concretos para afrontar las amenazas y los riesgos que vivimos y que el mundo requiere mitigar. El foco de atención debe estar en cómo articular estrategias y tácticas conjuntas entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo para desplegarlas en la práctica. Ahí reside el quid de la cuestión. No es un tema menor, considerando que, en el caso de nuestra política exterior, hay factores domésticos históricos, culturales y constitucionales que condicionan y centralizan el manejo de la política exterior quitando de la escena a otros actores domésticos.

Sin embargo, el entorno internacional fluctuante y la demanda interna creciente de participación de los actores involucrados en la política exterior exigen una participación creciente de estos. El sistema presidencial condiciona el posible desarrollo de la diplomacia parlamentaria, pero no lo limita, es decir, la complementariedad que hay entre ambas y la construcción de una agenda compartida, pero con autonomía a la vez para el Poder Legislativo, inyectan un elemento que puede disminuir los potenciadores de riesgos, como la interdependencia y la globalización.

Quiero destacar que la cuestión de la complementariedad no es un tema menor para la discusión entre la diplomacia tradicional y la del Poder Legislativo. Están aquellos que sostienen que no necesariamente esto es así y que puede no haber una complementación, en este caso el Congreso, el cual gozaría de cierta autonomía y confección de una agenda de relaciones internacionales independiente del Poder Ejecutivo. Eso es relativamente cierto, ya sea por temas de ingeniería constitucional o por prácticas políticas. No lo discutiré aquí, sino más adelante, pero debe decirse que las acciones que lleve a cabo en materia de política exterior el Congreso no pueden oponerse u obstaculizar la diplomacia tradicional; de lo contrario, tendríamos una paradiplomacia, entendida esta en términos tradicionales como una diplomacia paralela a la oficial.

Lo que presentamos a continuación son investigaciones que se han desarrollado en contextos diversos en los últimos años. La primera de ellas y más extensa fue mi tesis doctoral, donde intento reforzar cuatro constructos teóricos a lo largo de la investigación. Luego presento una serie de papers académicos en donde pude continuar con la línea de investigación planteada desglosando cuestiones centrales tales como definición y componentes de esta, categorías, características y análisis de casos. De esta manera, pueden ser entendidos como líneas que profundizan y complementan el conocimiento adquirido en la tesis, pero que a la vez conllevan reflexiones críticas que tienen como finalidad generar conocimiento dentro del campo que ayude a avanzar a construir mayores cimientos. El ejemplo claro lo constituye la definición misma de “diplomacia parlamentaria”, la cual debió ser reformulada en investigaciones posteriores y adaptada a las prácticas del Congreso de la Nación, al igual que algunas de las características estudiadas, que, en el caso analizado, presentan algunas diferencias con las presentadas en general por algunos autores del campo.

En relación con la cuestión Malvinas, se seleccionó este eje temático no solo por ser uno de los principales intereses vitales de la política exterior argentina y, por ende, un elemento estructural en nuestra agenda, sino porque resulta ser un tema que nos atraviesa socialmente a todos los argentinos, y a los diversos partidos políticos. En este sentido, las tareas del Congreso en relación con este tema resultan no ser tan conocidas como las desarrolladas por el Ejecutivo; sin embargo, no por ello son menos importantes. La riqueza tanto de los debates mantenidos en el marco de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto, como de los encuentros establecidos en el marco de los organismos internacionales y regionales, y la confección del Grupo Parlamentario de Amistad argentino-británico (GPA) a partir del año 2016 muestran una pluralidad de interacciones y ramificaciones de la diplomacia parlamentaria que complementaron tareas del Poder Ejecutivo, así como también dejaron entrever en algún período en particular un manejo de la agenda de Malvinas con un fuerte empuje desde el ámbito del Poder Legislativo. Todo ello nos conducirá a pensar en la diplomacia parlamentaria como una herramienta estratégica para el Poder Ejecutivo, que puede mejorar la imagen del país en el exterior al proyectar seriedad y defensa concertada de los intereses nacionales.


  1. Este punto se relaciona con lo que algunos autores de la diplomacia parlamentaria describieron como una de sus características claves: la informalidad. Un factor vital para la diplomacia parlamentaria que se vincula con la capacidad de adaptación a los diversos entornos.


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