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4 Se dice de mí…

Graciela Castro

Un niño alto, flaco y cabezón, con inmensos ojos negros y húmedos, comiendo o más bien devorando un puñado de alimento para gatos: esa fue la primera imagen que Gonzalo tuvo de Vicente.

   

Alejandro Zambra, Poeta chileno (2020)

Introducción

Es posible que en varias ocasiones hayamos escuchado decir que, cuando una canción se reproduce en los estadios de fútbol –en ocasiones modificando la letra original– o también cuando la canturreamos sin conocer a sus autorxs o intérpretes, dicha melodía se ha incorporado al reconocimiento popular. Ello sería parte de la cultura popular que no precisa afirmarse en teorías para incorporarse en las prácticas sociales, solo reproducirse –la mayoría de las ocasiones– sin demorarse en análisis racionales, pues solo sus notas musicales y letras mostrarían que ya están identificando a ese colectivo social que las enuncia. Entre esas canciones se halla aquella que, aunque antigua, se inicia con ese “Se dice de mí”. Sin embargo, este texto no se relaciona con canciones, ellas funcionan como una analogía para adentrarnos en un tema que nos convoca como investigadorxs: las juventudes. Desde distantes épocas en que la generación nos ubicaba en esa franja etaria hasta la tarea investigativa que vino después, de modo reiterado más allá del tiempo cronológico, escuchamos que se califica con adjetivos que oscilan entre “idealistas”, por un lado, y “materialistas”, por el otro. De ambos adjetivos podrían derivarse otros tantos que no ahorran en describir binariamente el perfil juvenil. Ahora bien, tales descripciones responden a opiniones de adultxs, ¿y coinciden con las autopercepciones juveniles?

Como investigadorxs sabemos que es preciso superar el sentido común y no reiterar prejuicios o preconceptos. De allí, entonces, aguzar las neuronas, buscar estrategias, organizar la caja de herramientas y comenzar a desentrañar analíticamente la información que vamos obteniendo.

Tal como venimos realizando en nuestras prácticas investigativas, fuimos a buscar las voces de las juventudes que habitan en algunas ciudades de la provincia de San Luis. Nos interesaba conocer qué temas les preocupan, sus actitudes frente a situaciones sociales y políticas del país, como así también los modos en que accedieron a tales hechos. ¿Coinciden esos intereses de las juventudes con las representaciones sociales que lxs adultxs construyen sobre ellas? ¿Las preocupaciones juveniles se centralizan en aspectos individuales o consideran situaciones del colectivo social? Por otro lado, se hace preciso incluir en el análisis el contexto histórico y social contemporáneo.

Por decisión epistemológica, nos ubicamos en investigaciones situadas. El territorio supera la dimensión geográfica; comprende también la cultura, los modos de vida, los condicionantes sociales, entre otros. En el aspecto metodológico, elegimos el enfoque cualitativo, sin que ello sea óbice para recurrir, cuando la ocasión lo demande, a un enfoque cuantitativo en alguna instancia del proyecto. Y allá fuimos.

Inicio de la travesía

No es original señalar que la crisis que implicó la presencia del COVID-19 modificó los hábitos y comportamientos de la humanidad. Desde los ámbitos macrosociales hasta aquellos que comprenden los microespacios, ambos se vieron alterados en su funcionamiento. Tal transformación permite reafirmar la importancia del contexto social, económico, político y cultural en la construcción de la vida cotidiana. Esta categoría es un eje teórico central en nuestras investigaciones pues ella no constituye la simple reproducción repetitiva y monótona del comportamiento de lxs sujetos. Por el contrario, y partiendo de la propuesta teórica helleriana, propusimos entender la vida cotidiana como la esfera donde se conjugan elementos propios y externos a cada persona y en la que se construyen la subjetividad y la identidad social (Castro, 1999). Es fácil advertir en esta definición la vinculación de la categoría con un sistema abierto, por consiguiente, atravesado por aspectos que provienen del contexto social.

Si nos detenemos en la lectura de noticias, ya sean digitales o impresas, el panorama del país en la actualidad dista profundamente de mostrar tranquilidad social. Si a ello se le agregan las situaciones personales, lejos queda un paraíso. No nos detendremos en la influencia de la pandemia en las juventudes por cuanto ya la abordamos en textos anteriores (Castro, 2021; 2022a). Sin embargo, aunque las actividades retornaron a la presencialidad, la complejidad de la vida social no fue disminuyendo. En nuestras prácticas docentes en este tiempo, de modo frecuente, nos encontrábamos con estudiantes que informaban no poder asistir a todas las clases pues desde el lugar donde trabajaban les autorizaban pocos días para concurrir a la facultad. Vale señalar que, en cuanto a empleo, en la encuesta que realizamos durante el primer semestre de 2023, en la cual la mayoría ubicó su nivel educativo como universitario (sea a nivel de posgrado, grado y tecnicaturas), el 48 % describió que estudia y trabaja, mientras que el 36 % solo trabaja. Del total de ambas alternativas, el 50 % lo hace en trabajo en negro, el 38 %, en blanco, y el restante, de modo informal y temporario. Cifras similares habíamos advertido en encuestas que realizamos, como parte de nuestra tarea investigativa en 2021 y 2022.

¿Cuál es la situación de las juventudes en Argentina? Apelamos al informe publicado por Argentina Futura (www.argentina.gob.ar) durante 2023, en el cual se afirma:

En Argentina habitan áreas urbanas más de 6 millones de jóvenes entre 16 y 29 años, de los/as cuales el 52,9% (3.275.357) se vuelca hacia la actividad laboral, es decir, forma parte de la llamada Población Económicamente Activa. De este universo, 2.171.831 jóvenes se encuentran actualmente por fuera de la plenitud de derechos asociados al trabajo, en tanto 1.274.718 son trabajadores/as asalariados/as informales, 448.966 desocupados/as y 448.147 cuentapropistas.

Como en este texto no nos detendremos en el eje laboral de las juventudes, tan solo lo mencionamos para contextualizar el análisis que nos convocará en otros ejes en los apartados siguientes.

Tal como expresamos en párrafos anteriores, durante los años de pandemia, nos pareció necesario continuar con las tareas de investigación, aunque adaptando la modalidad de trabajo para obtener informaciones acerca de las características de la vida cotidiana de las juventudes. Tras el regreso a la presencialidad, entendimos que apelar nuevamente a la virtualidad era una estrategia que no podíamos desechar. Con ese sentido, en los primeros meses del año 2023, subimos a nuestras redes personales y de docencia una encuesta bajo el rótulo de “Trabajo de cuidados e involucramientos”. Si bien la recepción de las respuestas permanece abierta, en este caso recurriremos a las que ya contamos en el equipo de investigación. Los aspectos que analizaremos en esta ocasión corresponden al apartado identificado con involucramientos sociales. En él nos detendremos en aquellas preguntas que buscan conocer los temas que les preocupan a las juventudes en la actualidad; cuáles hechos o situaciones destacan en los últimos tiempos en Argentina y la manera en que accedieron a conocerlos.

De lo personal a lo colectivo

Volvemos a recordar adjetivos a los que algunos medios de comunicación y personas que no se dedican al estudio científico de las juventudes suelen apelar para representarlas: “individualistas” y “apáticos”. Tales calificativos implicarían que, cuando les consultamos acerca de los temas actuales que les preocupan, en las respuestas debieran prevalecer las cuestiones personales o individuales. Sin embargo, estas mostraron sus particularidades. La pregunta dejaba abierta la posibilidad de que colocaran no menos de cinco palabras entre sus preocupaciones. Tras la primera lectura, nos pareció apropiado organizar las respuestas en dos grupos: 1) personales y 2) colectivos. Hallamos entonces muy pocas respuestas que describían inquietudes relacionadas con el punto 1, vale un ejemplo de esto:

Me preocupa la cursada, el tiempo de estudio ya que viajo para cursar y se me complica. También los aumentos, sobre todo con lo que respecta a la comida y los servicios de transporte. Otro tema son las cuestiones de salud personales y la carga horaria que tiene mi mamá para poder cubrir las necesidades básicas, ya que es madre autónoma.

Por otro lado, la mayoría de las respuestas se ubicaron en el segundo grupo. Ahora bien, dentro de este consideramos organizar las respuestas en áreas de interés. Así advertimos las siguientes: a) económicas; b) género; c) medio ambiente; d) juventudes; e) salud mental; f) derechos sociales.

Van algunos ejemplos de aquellas áreas:

  • Económicas
    • La brecha cada vez mayor de desigualdad y pobreza.
    • La falta de trabajo. El precio de los alimentos y vestimenta. La situación actual del país. Las personas que no cuentan con recursos.
    • La economía, educación. Desigualdades. Falta de empleos. Requisitos (algunos muy tontos) para acceder a un trabajo.
  • Género
    • Techo de cristal en el área laboral, distribución de tareas del hogar y tareas de cuidado equitativo en el ámbito de las familias. Mayor concientización en las escuelas en cuestiones de género y refuerzo de ESI.
    • Mujeres víctimas de violencia. La niñez.
    • El aumento de los casos de maltrato a la mujer.
    • Violencia de género. La libertad en todos los aspectos de las mujeres, sobre todo para nuestras futuras generaciones.
  • Medio ambiente
    • El cuidado de nuestro ambiente y la educación (insuficiente) que llevamos a cabo al respecto con los niños y adolescentes.
    • Contaminación, medio ambiente, maltrato animal.
  • Juventudes
    • El avance de la derecha en el mundo y cómo afecta a los movimientos que lograron consolidarse fuertemente entre los jóvenes (como el feminismo, la lucha por los derechos de la comunidad LGBTQ+), a esto me refiero dado que en redes se ve bastante discriminación y burla a los movimientos entre jóvenes.
    • La falta de oportunidades para las juventudes, la desigualdad social.
    • Adolescentes, vínculos y consumos; relaciones familiares; inicio de la sexualidad.
    • Falta de trabajo con derechos para la juventud. Precarización laboral. Bajos salarios.
  • Salud mental
    • La falta de conocimiento sobre salud mental.
    • Salud. Recreación. Violencia.
    • Cansancio y agotamiento. Horas de ocio.
  • Derechos sociales
    • Oportunidades de trabajo, inseguridad en las calles, individualismo.
    • La brecha cada vez mayor de desigualdad y pobreza; el impacto de Javier Milei en las adolescencias (conozco muchos amigos y conocidos que piensan votarlo, aun cuando sus ideas significan retrocesos en cuestión de derechos, como en el tema de volver a penalizar el acceso a la interrupción del embarazo).
    • La economía, la inseguridad, la pobreza, el destrato a los jubilados.
    • La gran cantidad de personas en situaciones vulnerables.
    • Desempleo, el avance de la derecha, la inflación, la baja en la calidad de la vida política.
    • El respeto de los derechos humanos. La situación de nuestro país.
    • Salud. Seguridad. Justicia.
    • Estabilidad económica. Casa propia. Finalizar estudios. Acceso a salud. Formación y competitividad profesional. Acceso a justicia. Política, economía, estabilidad laboral.
    • DD. HH., violencia de género, vulnerabilidad en el acceso a derechos.

      Un primer acercamiento al tema que abordamos en este apartado nos conduce a detenernos en la representación social que, en términos generales, solemos escuchar a diario: ¿qué representación se ha construido sobre las juventudes?; dicha representación, ¿coincide con las preocupaciones de las juventudes? Apelamos, entonces, a los clásicos aportes teóricos de Moscovici (1986), en los cuales señalaba dos procesos básicos en dicha construcción: la objetivación y el anclaje. Quizá la pregunta apropiada en esta ocasión sería qué función cumple esa representación. Pues el modo en que ella se construya condicionará la manera de vincularnos con aquel colectivo, en nuestro caso las juventudes. Denise Jodelet lo interpreta en los siguientes términos: “La representación permite intercambiar percepción y concepto” (1986, 481). Se hace preciso elaborar el significado del colectivo social percibido y otorgarle sentido. Por consiguiente, y regresando a nuestro punto de investigación, cuando desde las conversaciones comunes se dirigen mensajes sobre las juventudes, van destinados a un colectivo sociogeneracional que deviene de aquellas representaciones sociales que fueron cristalizadas en ese imaginario; sin embargo, estas pueden diferir del modo en que las propias juventudes se autoperciben. Las respuestas obtenidas en nuestra herramienta de recolección de información muestran que, en cuanto a los temas que les preocupan, si bien refieren algunos temas que podríamos ubicar como “personales”, es fácil que podamos vincularlos con problemas que se generan hacia el exterior de la propia responsabilidad individual: el costo del pasaje para viajar a la facultad tanto como el tiempo que su progenitora tiene que dedicar al trabajo para poder cubrir sus necesidades básicas ponen de relieve la necesidad de retornar a la categoría central de nuestras investigaciones, la cual es la vida cotidiana, comprendiéndola como lo hicimos ya en su momento: un sistema abierto, en el sentido más amplio de aquella interpretación que Prigogine (1996) afirmó para el estudio de las estructuras disipativas y su alejamiento del equilibrio. Nos permitimos tal analogía, aunque unas categorías correspondan a la física y otra a las ciencias sociales, con el único fin de reiterar la total imbricación de los diversos ámbitos de la vida en sociedad, en los cuales todxs lxs sujetxs estamos atravesadxs por ellos.

      En el segundo apartado de nuestro análisis propuesto en párrafos anteriores, esto es, las preocupaciones colectivas, se advierte la diversidad de áreas que les inquieta. Al mismo tiempo, ellas muestran, por un lado, atender a problemáticas externas a cada persona, aunque con una importante resonancia socioafectiva, que aleja aquella representación que identifica al colectivo sociogeneracional centralizado en cuestiones individuales y, por otro lado, agregando temas que en los últimos años se fueron incorporando en la agenda pública, los cuales, en muchos discursos políticos y también mediáticos, no suelen considerarse en las representaciones sociales de las juventudes. Así sucede con aquellos relativos al medio ambiente, en los cuales, ya a nivel mundial, las voces juveniles vienen ocupando espacios protagónicos; o qué decir acerca de los que se vinculan al género y en particular a los feminismos. En este último, sin duda alguna, Argentina marcó un parteaguas en la lucha por derechos, y las calles citadinas se poblaron con mujeres, jóvenes y adultas, junto a diversidades de género que reclamaban más derechos; los pañuelos blancos se unieron amorosamente a los verdes y los glitters en los rostros anunciando nuevos tiempos en la lucha. Y, reafirmando que la vida cotidiana está en el centro de la historia, la pandemia por COVID-19 visibilizó la importancia y el cuidado de la salud mental, en particular en las juventudes, no como problemas desconocidos o rozando aspectos patológicos, sino como respuestas ante situaciones de encierro, soledad y angustia, entre otros. Entonces, ni individualistas o desinteresados ni tampoco utópicos o fantasiosos. Preocupados y atentos por la vida en sociedad. Es posible que tales actitudes se adviertan en las respuestas ante la pregunta: con relación al futuro, ¿cuál de las opciones te identifica?: a) expectativas/ilusiones; b) desencanto. El 52 % se relacionó con las primeras, mientras que el 36 %, con el segundo. Ante tales resultados, conviene atender las demandas pues las juventudes también están señalando las preocupaciones por las desigualdades sociales, la precarización laboral y la presencia de grupos de derecha y la violencia. Sin dudas la vida en sociedad viene atravesada por conflictos e intereses de grupos financieros y económicos que día tras día excluyen a mayor cantidad de la población y concentran las riquezas en pocas manos. Tal vez, como anunciaba Marc Augé,

      todos tenemos la sensación de estar siendo colonizados, pero sin saber por quién, y los ex colonizados no pueden darnos ningún consejo porque, lo quieran o no, ellos mismos están ahora embarcados en la misma aventura que nosotros (2014, 57).

      Ahora bien, ¿las expectativas y los reclamos han logrado adentrarse en la historia reciente del país? ¿Las juventudes conocen situaciones o hechos que los consideren relevantes en la vida en sociedad contemporánea? Allá nos dirigimos en el apartado siguiente.

      La calesita de la historia

      Es posible que muchxs, en días de infancias lejanas o cercanas, hayamos subido con ilusiones a asientos con formas de animales, en general caballos o autitos, y, mientras una suave música acompañaba el movimiento de girar de la calesita, extendíamos la mano intentando acercarnos a la sortija o continuar el lento circular hasta el momento de la despedida del juego. Quizá aún no había llegado el tiempo de las preocupaciones y también de las ilusiones colectivas. Con el transcurrir de los años, parafraseando una antigua película, “lo bueno, lo malo y lo feo” ocuparía la realidad. ¿Qué situaciones logran rescatar las juventudes en la historia reciente de Argentina? Tal como hicimos en el apartado anterior, ubicamos las respuestas de manera dicotómica:

      1. Favorables

      • Derechos sociales
        • El acceso a políticas de igualdad tanto de diversidad sexual como el matrimonio LGBT, y libertad de las mujeres y las luchas como el aborto.
        • El gran avance en los derechos humanos. La legalización del aborto. Los derechos de género y su avance.
        • Los derechos humanos, y la solidaridad del pueblo argentino cuando más lo necesitamos y que me gustaría que fuese más unificado y menos dividido por los medios hegemónicos.
      • Derechos ambientales
        • Las luchas sociales en defensa de los recursos naturales, el territorio y los derechos. Las pequeñas luchas con respecto a otros métodos de producción y usos sostenibles de la tierra que se llevan a cabo y que muchas veces son invisibilizados.
      • Democracia
        • La democracia.
        • Cómo actuó el gobierno durante la pandemia.
        • Vuelta a la democracia, educación universitaria, la superación de la crisis vivida en el 2001 por medio de canales institucionales, sin caer en la intervención militar.

      2. Desfavorables

      • Economía
        • Inflación, descontento social que provoca la elección de dirigentes o figuras políticas afines a la derecha.
        • Más de la mitad del país pobre, la clase media cada día más chica. Cada día se hace más inalcanzable acceder a productos básicos de la vida cotidiana, 37 tipos de cambio de dólar, fuga de capitales, restricción a la importación, explotación a los sectores agroexportadores.
        • El acuerdo (ilegítimo) de Macri con el FMI dejándonos con una deuda que supera la capacidad del país.
        • La deuda tomada con el FMI. El ajuste al bolsillo de los trabajadores. Crisis política y económica.
      • Política
        • Políticos cada vez más desvergonzados en cuanto a la corrupción y enriquecimiento desmedido. La deuda contraída a 100 años, durante el gobierno de Mauricio Macri.
        • Las presiones del F.M.I. para pagar la deuda ilegítima.
        • Las tensiones de los partidos políticos nacionales que, en busca del poder, por un lado, buscan la aprobación de otros países y, por otro, quieren mantenerse con las tradicionales prácticas prebendistas.
        • En el lado negativo, me parece importante destacar el avance de la derecha en el país, así como los discursos que se reproducen constantemente.
      • Violencia y derechos humanos
        • En primer lugar, el atentado hacia la vicepresidenta y todo el odio/violencia alrededor del tema. Fue algo totalmente repudiable y, en particular, me asustó lo que pudiera desencadenar ese ejemplo en la población (otros atentados). Y en segundo, algo que llevo muy presente es la última dictadura cívico-militar, debido a que es una marca muy dolorosa a pesar de no haber vivido lo que sucedió en esa época. Pero me impacta no solo por lo atroz y planificado que fue, sino porque sé que, si eso ocurriera hoy, tanto yo como personas a mi alrededor estaríamos en peligro.
        • El femicidio de Cecilia Strzyzowski; la violencia en Jujuy.
        • El intento de asesinato a la vicepresidenta.
        • Lo de Jujuy, terrible. Seguimos dándole poder a gente inútil. (No tengo ninguna bandera política). Reforma de la Constitución de la provincia de Jujuy.
        • Persecución política. Proscripciones y causas a dirigentes políticos. Intento de asesinato de la vicepresidenta.
        • La destilación de odio bajo la supuesta libertad de expresión, la violencia desmedida contra los DD. HH. y las mujeres por ser mujeres, etc. Luchas de género. Femicidios. Violencia institucional. El intento de magnicidio a CFK y la volatilidad económica.
      • Futuro del país
        • No hay consideración que pueda destacar del país. Que los políticos actuales arruinan el país y no hacen tanto alboroto como con el gobierno anterior. Siento que, de los candidatos a la fórmula presidencial, ninguno me representa, ni representa el país que anhelo.
        • La impunidad de la que gozan muchas personas en el poder.
        • Un desastre todo, destacable nada.
        • Muy poco respeto a las leyes, inestabilidad económica, desconfianza en las instituciones.

      Tras la lectura de las respuestas, algunas de las reflexiones del apartado anterior pueden hallar en este su continuidad. Regresemos a la pregunta original que consultaba: “Con relación a la historia reciente del país, ¿qué hechos o situaciones destacás?”. En primer lugar, nos detiene la ubicación temporal: la referencia en todas las respuestas incluye no más allá del momento de la pandemia. La memoria social se concentra en tiempos recientes. ¿Acaso esas situaciones muestran mayor gravedad que aquellas ocurridas en el país en décadas anteriores? O ¿son diferentes a aquellas, ya sea por sus causas o por lxs actores sociales implicados? Si por cuestiones de edad nacieron con posterioridad a hechos de otras décadas, ¿las familias, las organizaciones educativas, los medios de comunicación no se los informan?

      Las reflexiones nos vuelven a lecturas de otras épocas en las cuales Carlos Marx afirmaba:

      Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado (2003, 10).

      Si nos detenemos literalmente en las respuestas de las juventudes en nuestra encuesta, ello nos llevaría a inferir que la memoria social se construye más sobre situaciones ocurridas en sus tiempos vivenciales que en aquellas legadas por el pasado comprendido entre 1970 hasta la actualidad. Si señalamos esas fechas no es por un capricho de la memoria, sino por entender que situaciones del presente siguen siendo atravesadas por aquellas huellas: la dictadura fue la expresión más atroz de la violencia institucional que afectó no solo derechos humanos, sino también económicos. Los sucesivos gobiernos en etapas ya democráticas mostraron particulares perfiles; en alguno de ellos, desencantos ante las expectativas no cumplidas; en otros, banalización de las prácticas políticas y corrupción, más tarde regreso de la violencia y descreimiento del papel de los partidos políticos, luego reencantamiento con el sistema, presencia de nuevos derechos sociales y definición como política de Estado a las leyes de Memoria, Verdad y Justicia, entre otros. Ahora bien, junto a todo aquello: crecimiento de la pobreza, precarización laboral, destrucción del medio ambiente y la presencia del capitalismo financiero. Pareciese que los fantasmas del pasado continúan rondando, más allá de que transformen sus rostros y sus ropajes. Es un movimiento pendular constante: avance, retroceso y quizá avance.

      Aunque venimos solos al mundo, a poco de expulsar el primer aire de los pulmones, comenzamos a construir la intersubjetividad: la otredad se asoma necesariamente sin que ello implique total bondad; solo la necesidad de recurrir a otros para construir el sentido de lo colectivo y aprender el ejercicio de la convivencia. Luego vendrán momentos de risa, llanto, lucha o sueños, pero ya junto a otros. En esa esfera común que es la vida, el paso de la historia irá dejando su huella. Las asimetrías sociales determinan exclusiones, pero ellas no surgen por azar, se cruzan con el poder. Por ello, a través de las lecturas de Foucault, comprendimos la importancia de entender al poder más allá de la prohibición y analizarlo bajo la noción positiva de las tecnologías del poder:

      No podemos entonces hablar de poder, si queremos hacer un análisis del poder […] sino que debemos hablar de los poderes e intentar localizarlos en sus especificidades históricas y geográficas (Foucault, 1996, 56).

      Muchos años después, el mismo filósofo nos invitaba a repensar la noción de “poder” porque, indudablemente, la complejidad histórica incorporaba actores y procedimientos en las formas del gobierno. De allí la recurrencia a la noción de “gubernamentalidad”, la cual en Foucault implica

      el conjunto constituido por las instituciones, los procedimientos, análisis y reflexiones, los cálculos y las tácticas que permiten ejercer esta forma tan específica, tan compleja, de poder, que tiene como meta principal la población; como forma primordial de saber, la economía política; como instrumento técnico esencial, los dispositivos de seguridad (1999, 195).

      Sin ánimo de parecer un reduccionismo, nos detenemos en tres ejes: sujetos, economía política y seguridad. En ese entramado se van delineando las estrategias y modalidades que presenta el poder y conducen a determinar modos de subjetivación. Patricia Amigot Leache y Laureano Martínez Sordoni afirman:

      Los dispositivos contemporáneos de poder explotan y gestionan procesos subjetivos, fundamentalmente en la configuración del sujeto consumidor –el núcleo duro de la figura del ciudadano– y en la del sujeto empleado o empleable (2013, 99).

      Apelamos a otra investigadora, Patricia Collado, quien identifica de manera muy clara el significado de la gubernamentalidad en el neoliberalismo centralizando en tres elementos su extensión: “La colonización del cuerpo, del territorio y de la población” (2014, 91). Este breve recorrido teórico que intentamos, más allá de la importancia que conlleva cada uno de ellos, lo único que procura acá es poner en el debate la fragilidad de la subjetividad en este tiempo histórico, en el cual la vida cotidiana va sorteando crisis, desestructuraciones y renaceres porque los diversos elementos que la atraviesan no solo van mutando, sino condicionando modos de vivir en sociedad. Regresamos a las respuestas de las juventudes y todas ellas se pueden interrelacionar, aunque algunas se centralicen en ejes particulares. Sin embargo, entendemos, las frases muestran sociedades complejas, con dificultades económicas y desigualdades que, aunque se adviertan en el diario vivir, son consecuencias de decisiones políticas cuya resolución en muchos casos depende de organismos financieros. Nancy Fraser describe la situación en los siguientes términos:

      Hoy en día el capital recurre cada vez más a la deuda para canibalizar la fuerza de trabajo, disciplinar a los Estados, transferir riqueza de la periferia al centro y succionar valor de los hogares, las familias, las comunidades y la naturaleza (2023, 116).

      Junto a aquellas consideraciones que los aportes teóricos nos ayudan a reflexionar, advertimos otros aspectos que afectan a la construcción de la subjetividad política. Ella tiene un carácter relacional que requiere la participación en diversos ámbitos, entonces apelar a la subjetividad política agrega elementos a la configuración social, tal como proponen Duque Monsalve, Patiño Gaviria y otros, al comprender que esta “resulta de las interrelaciones de sentidos subjetivos provenientes de diferentes ámbitos de la vida social, porque lo político tiene la posibilidad de vivirse y desplegarse en esos múltiples espacios” (2016).

      Si continuamos pensando y tratando de anudar senderos analíticos, proponemos retornar a nuestra categoría central de vida cotidiana, considerando los ámbitos que en su momento entendimos apropiados para su constitución: a) laboral; b) familiar; c) cultural; d) sociedad civil; e) personal (Castro, 2000). Todos los cuales van modificando su estructura a partir de las circunstancias históricas pues, una vez más, la vida cotidiana está en el centro de la historia. De allí, en consecuencia, nos parece que agregar la subjetividad política permite considerar la presencia de “otros” en dicha construcción con el sentido del “nosotros”.

      Si volvemos a las respuestas de nuestra encuesta, leemos en ellas las opiniones de las juventudes con relación al peligro que plantea la presencia, en la vida institucional, de ideas de derecha y la preocupación de que representantes de ellas sean candidatxs en las próximas elecciones, pues implicaría la pérdida de derechos conseguidos en los últimos años en Argentina.

      Este devenir en las reflexiones nos ayudaría a comprender que las preocupaciones de las juventudes se hallan enmarcadas en lo colectivo y están atravesadas por razones macrosociales que condicionan los espacios microsociales, en cuyo entrecruzamiento la identidad social también se va construyendo en el contacto con los otros. Ir al encuentro de las propias voces, haciendo conscientes los reclamos, pero también colocando palabras propias a manera de definir situaciones que superan las necesidades individuales porque la presencia del nosotros pone en evidencia la importancia de construir configuraciones diferentes a aquellas que desde la dominación se pretende instalar.

      Ahora bien, tanto las preocupaciones que expresan las juventudes como las situaciones que resaltan en el país –las favorables así como las desfavorables– mayoritariamente se vinculan con situaciones macrosociales, aunque afectan las vidas personales. No obstante, hay dos áreas que, entendemos, vale la pena que les dediquemos algunas reflexiones. Nos referimos a temas de medio ambiente y la violencia. Aunque ninguno de ellos es reciente en el país, los últimos años volvieron a colocar a ambos en el debate público. En cuanto al primero de los temas, ya forma parte de las conversaciones cotidianas considerar la calidad de los alimentos, la falta de agua para consumo humano en varios territorios, del mismo modo que las sequías, inundaciones o fuertes tormentas que afectan las viviendas y otros bienes, tanto como a las personas. Junto a ello, sin lugar a dudas, la pandemia por COVID-19 introdujo –aunque en espacios de interés más reducidos– la identificación de algunos animales como posibles transmisores de esos virus  y de allí la necesidad de atender a las zoonosis y futuras pandemias. La alteración del medio ambiente ya no ha quedado reducida a especialistas pues sus consecuencias afectan los modos de vida de todxs. Tal como asevera Nancy Fraser, el capitalismo también afecta a la naturaleza, y es otra inquietud incorporada en las preocupaciones juveniles que está reclamando su debate público.

      El otro tema que advertimos en las respuestas se relaciona con la violencia. No vamos a extendernos en el tema pues no es el eje de este texto. Ya lo abordamos en otros escritos (2022b). Sin embargo, tampoco evitamos detenernos algunos párrafos pues la gravedad de su presencia en Argentina en los años recientes vuelve a colocar la importancia de atender cuidadosamente el peligro que encierra volver a ser testigos de situaciones que la memoria social registra con mucho dolor. Sin dudas el atentado a la vicepresidenta Cristina Fernández produjo un momento de perplejidad ante la visibilización del horror y la consideración sobre las consecuencias que, de haberse llevado a cabo ese acto, sucederían en la sociedad, lo cual remitió inmediatamente a la dictadura. Sin embargo, se escucharon voces que intentaban negar el hecho, y, a un año de ese atentado, el Poder Judicial continúa sin dar respuestas ciertas acerca de quiénes lo organizaron y quiénes fueron los cómplices. La vida ciudadana pareció seguir sin sobresaltos, y, a la par de todo ello, continuaron los femicidios, las violencias contra las infancias, contra dirigentes sociales y políticas, contra los colectivos LGTBQ+ y las poblaciones en general. Los graves hechos que en el último mes se vienen sucediendo en Jujuy pareciesen no asombrar a quienes residen fuera de esa provincia o carecen de vínculos con los grupos violentados. Sin embargo, la violencia no está tan solo en las situaciones que mencionamos. Pareciese que cada vez aumenta la cantidad de vidas “no duelables”, como afirma Judith Butler, pues, a diferencia de aquellas acciones de tiempos de dictadura, en los últimos años, la violencia también está en el Poder Judicial y sus decisiones, en las medidas económicas, pero también en las palabras. En un maravilloso texto, Cortázar (1981) se preguntaba acerca del valor de las palabras y comenzaba diciendo:

      En vez de brotar de las bocas o de la escritura como lo que fueron alguna vez, flechas de la comunicación, pájaros del pensamiento y de la sensibilidad, las vemos o las oímos caer como piedras opacas, empezamos a no recibir de lleno su mensaje o a percibir solamente una faceta de su contenido, a sentirlas como monedas gastadas, a perderlas cada vez más como signos vivos y a servirnos de ellas como pañuelos de bolsillo, como zapatos usados.

      En ese texto el escritor invitaba a reflexionar acerca del modo en que las palabras pueden apelar a la libertad y la democracia, pero corriendo el riesgo de que se transformen en clises o estereotipos vacíos de su sentido. Todxs somos testigos y escuchamos a diario mensajes de dirigentes políticxs y sociales y hasta en el habla común que apelan a expresiones cargadas de violencia, en muchos casos, aumentando día tras día su belicosidad y bravuconería como si fuese un simple juego de algún eslogan pasajero. Asistimos a diario a la violencia cotidiana bajo el peligro de llegar al acostumbramiento. Es posible que aquella frase pronunciada al finalizar el juicio a la Junta Militar también vaya siendo vaciada de significación y solo testigos y sobrevivientes valoren la magnitud del mensaje.

      Solo gritos y pocos caracteres

      El último aspecto que nos interesa considerar en esta ocasión se refiere a los medios y modos por los cuales las juventudes se acercan a los hechos que consideran de interés en el país en los últimos tiempos. Allí advertimos que el 86 % identificaba las redes sociales y las noticias en medios televisivos como las vías de acceso a la información, restando solo el 15 % que mencionaba ámbitos educativos y familiares. Nada original ni novedoso, aunque preocupante. Frente a tal situación, proponemos reflexionar brevemente considerando tres aspectos: a) qué se transmite; b) cómo se transmite; y c) quién transmite.

      Una primera cuestión nos conduce a comprender el significado de la información. En párrafos anteriores nos referíamos a la presencia del poder en la sociedad procurando el disciplinamiento social. Retornando a aquellos primeros textos foucaultianos, aprendimos la importancia del control de los cuerpos para mantener la dominación. La historia contemporánea ha ido mostrando que el disciplinamiento ya no pasa tan solo por los cuerpos, sino por la información. No únicamente quien la posee marca una diferencia, sino que también, quien cuenta con ella, establece los límites del poder. Acudimos de inmediato a Byung-Chul Han al describir la infocracia y afirmar:

      El factor decisivo para obtener el poder no es ahora la posesión de medios de producción, sino el acceso a la información, que se utiliza para la vigilancia psicopolítica y el control y pronóstico del comportamiento (2022, 9).

      No es preciso el encierro espacial, los algoritmos caminan junto a nosotros y están al alcance con poco esfuerzo físico, sin reclamar certezas y solo estar siempre presentes, sin solicitar nuestra autorización, pues ellos van decidiendo los comportamientos.

      Entonces, quien transmite puede ser un rostro o una voz que puede ser parte de un engranaje mayor en el cual, algunos, sin duda alguna, han definido de modo claro los objetivos de la información que les interesa difundir. La manera de trasmitir tiene que apelar a las emociones fundamentalmente: enojo versus alegría. La información tiene que ser breve, sin dar tiempo a la reflexión. No se precisan argumentos porque la urgencia requiere impactar al receptor. En consecuencia, hay que apelar a imágenes, en muchos casos descontextualizadas, o palabras tipo eslóganes, pero sin olvidar el disciplinamiento de las personas.

      Desde ya que la incorporación de las redes sociales y la velocidad en la transmisión de informaciones a través de los medios tradicionales de comunicación y las redes sociales también pueden favorecer la difusión de situaciones sociales relevantes, tal como sucedió ante el intento de asesinato a la vicepresidenta de la nación: la visibilización del hecho de manera inmediata no necesitó explicaciones pues cada unx fue testigo, desde su espacio personal a través de las pantallas que tuviese cerca, del regreso a la violencia. No obstante, la velocidad e inmediatez de la información no es suficiente. Si se procura conocimiento, análisis y pensamiento crítico, es preciso adentrarse en cada territorio y realidades. Sin dudas, allí los ámbitos educativos tienen su responsabilidad para aportar a conocimientos comprometidos. Es un desafío que no se debe dejar de lado.

      Reflexiones inconclusas

      Sin alejarnos del título del apartado, agregamos unas pocas anotaciones, pues la tarea investigativa continúa y en ella estar atentxs a las juventudes como eje de nuestro trabajo nos puede brindar informaciones relevantes para conocerlas y comprenderlas sin ideas preconcebidas o inferidas desde la mirada de adultxs, pero tampoco con actitudes demagógicas. Escuchar sus propias voces, tener oídos y miradas atentas, como lo demanda nuestra tarea como investigadorxs, es lo fundamental.

      Una primera reflexión nos conduce a afirmar que, más allá de ciertas opiniones que procuran mostrarlas como indiferentes, apáticas, individualistas y otros tantos etcéteras, que no aciertan en las representaciones reales, apelar a las narrativas propias del colectivo sociogeneracional nos puede acercar a entender sus ilusiones, sus proyectos, tanto como sus demandas y sus críticas.

      Las primeras lecturas de la encuesta muestran que las preocupaciones se hallan estrechamente vinculadas con situaciones que devienen del contexto, tanto el cercano como lo macrosocial. Entre tales situaciones, el aspecto económico del país se cuela en la vida personal, aunque también refieren que las circunstancias nacionales en la economía son resultantes de decisiones políticas que condicionan el presente y futuro del país. Asimismo, son el ámbito político y específicamente los actores que lo integran quienes no solo se asoman como decisores de políticas públicas, sino que también –considerando sus propuestas–, frente a algunos postulantes, advierten preocupación ante la posibilidad de perder derechos conseguidos en las últimas décadas.

      Lo que comentamos en el párrafo anterior coloca una vez más la relevancia del momento histórico en la construcción de la vida cotidiana y se comparte la aseveración helleriana en identificarla como la esencia de la historia. Junto a ello, la propuesta que planteamos en su momento de concebir tal categoría como un espacio atravesado por influencias que provienen de otros ámbitos que exceden el personal. Por consiguiente, las respuestas de las juventudes, aportadas en la encuesta a la que recurrimos, refieren que, si bien sus situaciones personales se ven afectadas, ellas son consecuencias de decisiones que provienen de otros ámbitos, en particular aquel que denominamos de la “sociedad civil” y las políticas y acciones que en ella se deciden.

      Otro aspecto que nos interesa considerar en estas reflexiones –sin que impliquen un cierre al análisis– se refiere a atender a los modos en que se construye la subjetividad política. En ella –tal como señalábamos en el párrafo anterior–, se advierte la influencia de circunstancias que atraviesan la vida cotidiana de las juventudes. El condicionamiento de los aspectos económicos y políticos en la presencia de las desigualdades es un llamado de alerta para lograr el sentido de lo colectivo, pero también la presencia en los días que vivimos de discursos y acciones de grupos de derecha, algunos también denominados “libertarios”, que proponen la destrucción de las políticas sociales y del papel del Estado y la apelación a rechazar los proyectos colectivos. No vamos a desdeñar que alguna respuesta condujo a inferir desencanto hacia las prácticas político-partidarias, tales como “Políticos cada vez más desvergonzados”; o “No hay consideración que pueda destacar del país” y “Quieren mantenerse con las tradicionales prácticas prebendistas”. Sin embargo, no son las respuestas mayoritarias, pero vale su atención, pues, en el sistema de vida en democracia, las prácticas políticas son un aspecto sustancial en su funcionamiento; ellas demandan el involucramiento de todxs lxs ciudadanxs. No obstante la representación que involucraría con rasgos negativos a lxs actorxs políticxs, también es compromiso de ese mismo colectivo ejercer esa función con responsabilidad, que incluye la formación y la búsqueda de estrategias de acercamiento a lxs ciudadanxs para dar respuestas a sus demandas. Pero también a los ámbitos educativos les compete brindar información cierta en cuanto al uso de muletillas o frases que se suelen repetir de manera habitual, pero alejadas de su real comprensión teórica, como sucede cada vez que se apela a considerar el populismo con desdén.

      El escenario que transitamos a diario pone en evidencia el riesgo del desencanto que mencionaron algunxs jóvenes en nuestra encuesta. Tal vez aún se esté a tiempo de revalorizar el valor de la vida en democracia; con nuevos problemas, nuevos reclamos, pero al mismo tiempo, buscando alternativas colectivas, con lxs nuevxs actorxs que generacionalmente asoman en el escenario público, sin desechar experiencias de otros tiempos, pero intentando reconocer la importancia de lo colectivo. El acceso al conocimiento, la formación de ciudadanos con pensamiento crítico devienen necesarios para alejar aquellos fantasmas que Gramsci anunciaba que continuaban obturando el ingreso a una época distinta.

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