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Agradecimientos

Llegado el momento de escribir estas páginas, no puedo expresar más que una inmensa alegría. No porque ellas simbolicen la entrega inminente de una tesis. Tampoco porque impliquen cerrar un proceso que ocupó años. Ante todo, es por tener la posibilidad de parar la pelota y encontrar un momento de reposada mirada retrospectiva, desde el cual puedo recordar a todas aquellas personas que, en diferentes momentos y situaciones, queriéndolo o no, ayudaron a que esta tesis existiera. Se trata, como acaso podría suscribir Koselleck, de la densidad de un conjunto de experiencias concretas, de momentos compartidos, de situaciones quizá corrientes y cotidianas pero que, con el paso del tiempo, cobran un valor de colección. Un pasado presente que se sedimenta, de manera más o menos visible, en el contenido de esta tesis. A ellos y ellas quiero dedicar las siguientes palabras de agradecimiento.

En primer lugar, a aquellas instituciones públicas que permitieron formarme y sustentar materialmente mi investigación. Al Estado argentino, por garantizar que desde el jardín de infantes hasta el posgrado accediera a la educación pública y gratuita, sostén incontestable de una sociedad igualitaria y democrática. A los gobiernos populares, por su inversión en la ciencia pública y su revalorización de las ciencias sociales, que implicaron hacer frente a un discurso que busca supeditar toda producción de conocimiento al criterio de su eventual rendimiento económico. Al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, por haberme brindado una beca de doctorado en la que se inscribe este trabajo de tesis. A la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, lugar que desde el grado me ha contenido, formado y permitido conocer a grandes amigos, amigas y colegas. Al Instituto de Investigaciones Gino Germani, mi lugar de trabajo y de permanente encuentro académico y humano. Al cuerpo de trabajadores/as de la maestría, quienes con su labor cotidiana garantizan que cursemos, que se entreguen tesis y que se defiendan aun en condiciones difíciles como las del último año. A Cecilia Abdo Ferez, directora de la Maestría en Teoría Política y Social y valor imprescindible del espacio de teoría política, por su predisposición permanente y su determinación para garantizarnos una cursada estimulante y significativa.

A mi director, Luciano Nosetto, cuya conjugación de pasión por la teoría política y responsabilidad para con la rigurosidad del trabajo cotidiano configura los dos polos de un imán que perdurablemente atrae a quienes trabajamos con él. Gracias a Luciano por su lectura meticulosa, sus comentarios constructivos y su guía imperturbable. A mi codirectora, Graciela Ferrás, quien desde su crítica estimulante y su vocación interdisciplinaria me ha permitido abrir nuevos horizontes de pensamiento, advertir aporías donde creía pisar tierra firme y desconfiar de aquellas certezas que inadvertidamente canonizaba. Agradezco a Graciela su predisposición al diálogo constante y su acompañamiento permanente. A ambos, por iniciarme en la labor de investigación, alimentar mi curiosidad y acompañarme no sólo desde lo profesional sino también desde lo afectivo.

A Ricardo Laleff Ilieff, quien durante mi primer año de la carrera suscitó mi entusiasmo por la teoría política y amablemente me ayudó a dar mis primeros pasos en un nuevo mundo, abriéndome las puertas de su grupo de investigación. Desde 2012 hasta el presente, Ricardo ha sido una figura fundamental para mi formación: un faro constante, un interlocutor agudo y un compañero solidario.

Quiero agradecer muy especialmente a Gonzalo Ricci Cernadas, Gonzalo Manzullo, Nicolás Fraile, Octavio Majul, Franco Castorina y Fabricio Castro: una cofradía forjada allá por 2013 al calor de lecturas y discusiones de textos de teoría política, que enseguida trascendió esas fronteras y devino profunda y genuina amistad. A lo largo de todos estos años, además de perseverar en un camino conjunto de fecunda realimentación en lo teórico, pude encontrar en ellos palabras de incentivo, abrazos reconfortantes, oídos de atenta escucha, ojos de aguda lectura y ejemplos que admiro con orgullo. A ello se añade la serie incontable de risas, acciones disparatadas y discusiones políticas apasionadas, cuyos nuevos episodios espero seguir labrando con ellos en el porvenir.

A mis queridos/as amigos/as del Proyecto de Reconocimiento Institucional «Problemas metodológicos de la teoría política», espacio de formación y discusión continua del que surgieron las intuiciones e ideas fundamentales que darían lugar a esta tesis, y en el que encontré a refinadísimos lectores de borradores de la misma. Agradezco en especial a Sabrina Morán, querida amiga con quien comparto un mismo interés por la historia conceptual y una equivalente obsesión por las cuestiones de método. Gracias por el impulso permanente, las palabras de apoyo y cariño durante la escritura y el tiempo de trabajo compartido. Agradezco al querido Tomás Wieczorek, lector implacable, observador agudo y cálida compañía a la par de la cual uno se encuentra siempre aprendiendo algo nuevo. A Cecilia Padilla, Emilse Toninello, Ramiro Kiel, Luca Zaidan, Lucía Carello y Daniela Losiggio, por los momentos compartidos y su ayuda, quizá insospechada, en las distintas circunstancias de este proceso de tesis.

A mis queridos/as compañeros/as de la cátedra de Teoría Política y Social I, de quienes aprendo cotidianamente el oficio docente. Al profesor Miguel Rossi por su generosidad, su reconfortante calma y su afectuoso acompañamiento. A la profesora Gabriela Rodríguez Rial, quien probablemente sin saberlo despertó mis primeras chispas de interés por la historia conceptual allá por 2014, y de quien seguí aprendiendo a lo largo de los años. A Tomás Ferreyra y Lucía Pinto, con quienes compartimos lecturas de Max Weber y nos une una misma pasión por la teoría política.

Quiero agradecer también a mi familia, quienes desde La Plata han sido siempre un indispensable sostén para mí. A mi madre, Graciela Arteaga, por su creencia infinita en mí, su alegría por mis pequeños logros y su perseverante lucha, un ejemplo de admiración para mí. A mi padre, Fito Aguirre, por haber generado en mí una preocupación primaria por las cuestiones políticas y sociales, su compromiso militante y su afecto descontracturado. A mi hermano, el Mumi, por tantos años y aventuras compartidas. A mis hermanos Valentín, Sofía, Ulises y Salvador, a mis sobrinos Mariano y Emilia, por el afecto de cada día. A mis primas, Maca y Eli, por la complicidad permanente. A Camillo Fiore y Lautaro Crespo, eternos confidentes y amigos de fierro desde los días del Normal 1.

A Leticia Castro, quien estuvo a mi lado durante gran parte de la escritura de esta tesis, bancándose mis vueltas y titubeos a casi todo, descifrando mis mañas y coloreando mis días grises con su cariño, su aliento y su compañía. A ella, gracias por todo.

Finalmente, quisiera dedicar esta tesis a mis abuelas, Marta Ortman y Sara Gallo, y a mi abuelo, Mario Arteaga, en quienes desde niño encuentro una fuente inagotable de contención y afecto. Ellos, además de haber sido en innumerables ocasiones mi tierra firme, son y serán siempre mi brújula personal para orientarme en el porvenir.



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