La experiencia política de las mujeres del Instituto de Acción Social y Familiar (IASYF), en Mendoza (1968-1973)
Natalia Naciff[1]
Introducción
El Instituto de Acción Social y Familiar surgió en 1968, en Mendoza, como espacio de formación e investigación autónomo de instituciones formales, convocó a trabajadores/as, estudiantes, amas de casa y profesionales; allí se pudo estudiar cursos de psicología, sociología, antropología, trabajo social, derecho y otras disciplinas, conformando un programa de formación desde una perspectiva crítica y con compromiso con las transformaciones políticas y sociales. La mayoría de sus integrantes provenían del cristianismo liberacionista, la teología de la liberación y el ecumenismo.
En el seno de esta institución, de conformación mixta, varones y mujeres apostaron por investigar los orígenes y características de la opresión de género; asimismo, las mujeres de esta organización mantuvieron comunicación con organizaciones políticas y sindicales Anabella Yáñez, y Norma Zamboni, integran la organización y gestan la mayoría de las vinculaciones con otras organizaciones políticas con quienes compartían territorio. Ambas se definieron como amas de casa, con escasas posibilidades de estudiar en ámbitos formales, por el trabajo de cuidado de sus familias. Estas afirmaciones podemos encontrarlas en sus entrevistas y escritura de sus experiencias.
Los modos en que devinieron feministas las mujeres que integraron el IASYF, es la búsqueda principal de este trabajo, desde un enfoque que dé cuenta de sus experiencias políticas dentro de la organización, en medio de un escenario de radicalización política en todo el territorio argentino y en países de la región. Desde el enfoque de la historia oral y la historia desde abajo, las entrevistas han posibilitado acercase a ese pasado reciente mendocino, de mujeres que pertenecían a redes ecuménicas y cristianas liberacionistas, con un profundo debate feminista. Experiencias que habían sido entrevistadas anteriormente por sus militancias por fuera de los debates feministas: educación popular, territorio, estudiantil, ecuménica, pero no por su participación feminista.
El período que abarca las décadas del 60 y 70 en Argentina estuvo marcado por la crisis económica, el conflicto social y la inestabilidad política. Las mujeres que acuerparon el feminismo en distintos puntos del país lo hicieron en ese contexto de amplia radicalización política de la clase trabajadora.
En ese contexto de radicalización de las décadas del 60 y 70, ponemos la mirada en como los/as trabajadores/as advierten ese contexto, y en particular las mujeres que pertenecieron a organizaciones cristianas tercermundistas y liberacionistas. Es en seno de estas organizaciones donde encontraremos las primeras experiencias feministas en Mendoza, en el Centro de Investigaciones sobre la Mujer-Instituto de Acción Social y Familiar (CIM-IASyF).
La comunidad IASYF
El Instituto de Acción Social y Familiar surgió en 1968, en Mendoza, sus integrantes provenían del cristianismo liberacionista, que según Barón (2020) y Löwy (1999), no remite únicamente a los postulados compilados en el cuerpo de escritos de 1970, sino que además y tomando lo dicho por Leonardo Boff, esos escritos son el reflejo y la reflexión de una praxis previa; expresión de un vasto movimiento social que surgió a principios de los años 60 (Lowy, 47).
Según esta definición, el cristianismo liberacionista abarcó la experiencia política de sacerdotes, religiosas, órdenes, obispos, movimientos laicos, acción católica, juventudes universitarias cristianas, jóvenes obreros; redes pastorales populares, comunidades eclesiales de base (CEB); clubes femeninos, asociaciones vecinales, sindicatos obreros, campesinos.
Es la llamada iglesia de los pobres, pero como bien dice Löwy, sostenemos que la red política cristiana trascendió los límites de una institución (1999, 48), la iglesia. Se habla de cristianismo liberacionista porque es más amplio que teología e iglesia, incluye la cultura, la red social, la fe y la praxis. Es un movimiento que tiene la capacidad de movilizar a las personas alrededor de metas comunes, incluso sumándose o sumando a sus filas a otros credos o postulados políticos, como es el caso del tercermundismo en la región cuyana.
El cristianismo liberacionista como experiencia política latinoamericana da cuenta del contexto de la época, caracterizado según Barón:
por las luchas contra la dependencia y el neocolonialismo. El término liberación, en América Latina tiene un significado muy concreto, vinculado a la tradición antiimperialista y revolucionaria y a las teorías dependentistas de los años 60. El nacimiento de un cristianismo liberacionista en América latina obedeció, antes que nada, a lo que entonces se percibía como un escenario revolucionario o pre-revolucionario (2020, 330).
En el seno de esta institución de corte cristiano y liberacionista, de conformación mixta, varones y mujeres apostaron por investigar los orígenes y características de la opresión de género; producto de esa investigación y de reiterados talleres de formación y debate, surge la escritura del libro Opresión y Marginalidad de la Mujer en el Orden Social Machista, publicado en 1972. Asimismo, las mujeres de esta organización mantuvieron comunicación con organizaciones políticas y sindicales; participaron del boletín Democracia Sindical de Asociación Bancaria seccional Mendoza, con el debate Liberación o dependencia de la mujer en la actual estructura capitalista, escrito en 1973 por Anabella Yañez, una de sus integrantes. Por otra parte, Norma Zamboni, reconocida activista de Educación Popular, por su experiencia en la escuela redonda del Barrio San Martin junto al Padre Macuca Llorens, integra la organización y gesta la mayoría de las vinculaciones con otras organizaciones políticas con quienes compartía territorio. Ambas se definieron como amas de casa, con escasas posibilidades de estudiar en ámbitos formales, por el trabajo de cuidado de sus familias.
La coordinación estuvo a cargo de Anabella Yáñez y Luis Fernández Soler, acompañados por académicos, pensadores y juristas que paralelamente participaban de instituciones de educación formal como la Universidad o la Escuela de Trabajo Social, como es el caso de Ezequiel Ander Egg, Enrique Dussel, y Jorge Gissi.
Sabemos por los testimonios de Norma Zamboni en su Experiencia de cuatro años en el IASYF (1971) y en las entrevistas realizadas, que en las formaciones y reuniones una de las problemáticas que emergía y que más les aquejaba, era la situación de opresión de las mujeres, el impacto en las parejas y en las familias; en las propias y en las comunidades donde ejercían su acción militante.
A partir de esas reflexiones alrededor de la opresión femenina, en 1972, la misma Zamboni, Ezequiel Ander Egg, Anabella Yañez, Jorge Gissi y Enrique Dussel escriben el libro Opresión y marginalidad de la mujer en el orden social machista, texto que alberga debates acerca de la historia de las mujeres, la especificidad de las opresiones y dialoga con las principales discusiones de género de la época. Este texto fue una gran huella en las experiencias y genealogías feministas, como sostienen Alejandra Ciriza, en el libro “Los 70 lecturas sobre la centralidad de la política en un tiempo disruptivo” (2018), ya que es una temprana reflexión en torno a los feminismos, contemporáneo a UFA (Unión Feminista Argentina) considerada la primera organización feminista de Argentina, pero además significó un enfuerzo por poner en diálogo situado los objetivos de transformación social desde una visión anti patriarcal.
Existen además del libro, referencias ligadas al IASYF que se encuentran dentro de la publicación de la Asociación Bancaria, seccional Mendoza, número 2 del año 1973. Leemos en el boletín sindical una nota escrita por quien era el director del instituto Fernando Gonzalez Soler, llamada La comunidad IASYF, que proceden de la memoria institucional y de la reflexión de otros miembros; se destaca la finalidad de la organización, la perspectiva, su construcción basada en la empatía y en la transformación revolucionaria. La segunda referencia dentro del mismo número de la revista se titula Liberación o dependencia de la mujer en la actual estructura capitalista, y aunque es firmada como nota de la redacción, la letra e impronta de Anabella queda a la luz en su tarea de citación y referencias a Marisa Cortazzo y las Transformaciones: la condición de la mujer. Opresión y liberación y del propio libro Opresión y liberación de la mujer en el orden social machista. Estas iniciales sospechas de autoría son confirmadas luego en entrevistas a Norma Zamboni.
La importancia de estos documentos radica en el tenor de los debates desarrollados en una publicación sindical y la relación entre organizaciones de la época: sindicatos, ecumenismo, mujeres, estudiantes, etc. Es necesario señalar, en primer lugar, que las lecturas feministas de la realidad en aquellos momentos estaban en ciernes y que serán obstaculizadas e interrumpidas por la dictadura hasta el retorno de la democracia, cuando las mujeres sobrevivientes al terrorismo de estado encarnen los feminismos de los 80 y 90 y recanalicen sus deseos y posibilidades de militancia y participación. Y en segundo lugar, cabe destacar la importancia de poder releer la experiencia con una de las protagonistas a través de la historia oral.
Mis cuatro años en el IASyF, análisis de una experiencia
Norma Zamboni, fue una Educadora Popular, alfabetizadora de la Escuela Redonda en el barrio San Martín, donde desarrolló junto al Padre Llorens y Gerardo Moreno la experiencia pedagógica de comunidad y educación popular freiriana entre los años 1973 y 1975. Como integrante del IASyF, se dispuso en 1971 a realizar una sistematización de su experiencia a los cuatro años de iniciado el proceso pedagógico y político; eligió contar sus motivaciones personales, pero también realizó una detallada descripción del instituto, sus encuadres teóricos – metodológicos, las principales problemáticas, sus límites, y también sus fortalezas. Este documento fue entregado por ella misma, al momento de ser entrevistada; y en una segunda entrevista se pudo hacer una lectura conjunta, sobre todo de los aspectos inherentes a la cuestión de género.
Por ello sabemos que las actividades que realizó el Instituto fueron dirigidas a generar espacios de formación, con claros objetivos de transformación social: se realizaron cursos, seminarios, charlas, pero sobre todo se apuntó a generar un curso de orientadores/as familiares para realizar acompañamiento en organizaciones e instituciones de la provincia.
En su sistematización de experiencia nos presenta los objetivos y fines del IASyF, la concepción humanista que los alienta, los soportes antropológicos de la cosmovisión Theilherdiana del porvenir del mundo, del destino y sentido de la humanidad, el valor y la dignidad de la persona, el compromiso y la solidaridad, el espíritu crítico para abordar la realidad que les rodea, para detectar y transformar los problemas de las personas y la sociedad.
La definición de las características del orientador y la orientadora familiar contienen los conceptos y actitudes de vida que debe regir su formación teórica y su quehacer práctico; principalmente generar una actitud empática, por ello es importante que
las personas de su tiempo necesitan para integrarse en el proceso de personalización la colaboración de un técnico que haya experimentado en carne propia el desgarramiento que produce un verdadero replanteo vivencial y que sintiéndose entrañablemente unido a sus hermanos se comprometa vitalmente en la tarea de concientizarlos, al mismo tiempo que sigue su proceso de concientización -personalización (Zamboni, 1971, 2)
Para convertir las formulaciones y aspiraciones generales de la organización en términos operativos para programar formaciones sistemáticas, las personas que integraron el IASYF tuvieron que poner el énfasis en aspectos metodológicos y para ello se sirvieron de los métodos utilizados por otras profesiones afines: la pedagogía, el trabajo social, la psicología, entre otras, pero también indagaron desde un modo situado en su propia vivencia, estudiaron y experimentaron los existentes, buscando poder dar una modalidad o tónica propia al método del trabajo del orientador/a familiar.
Entre todos los objetivos de la IASYF se le dio prioridad a la formación, capacitación y desarrollo integral del estudiante del curso de orientadores y a la búsqueda de respuestas para la opresión femenina. Los contenidos de enseñanza escogidos conforme al espíritu y estilo de la fundamentación filosófica y antropológica, la particularidad de las materias en algunos casos, el enfoque especial en otras y los métodos de enseñanza diferentes al sistema tradicional de clase conferencia, le dieron una originalidad especial a la enseñanza, fomentando la capacidad creadora y estimulando el espíritu crítico. Así encontramos en las fuentes referencias a círculos, reuniones, talleres, debates y escritos sobre la opresión de la mujer en el sistema capitalista, un tema recurrente, traído por las integrantes de la organización y abordado de modo exhaustivo por todos/as los integrantes de la comunidad.
Merece un apartado especial la reflexión en torno al escrito de 1971 de Norma Zamboni, donde conjuga tanto su experiencia singular como también la experiencia de diálogo con otras mujeres donde desarrolla su práctica: las experiencias con las mujeres madres de las escuelas, con otras mujeres miembros de la organización (Anabella Yañez), en el estudio y la investigación, el tema que aparecía una y otra vez, era la opresión de género.
En la lectura del documento encontramos un apartado para sus sentires personales en la organización, dice que el IASYF vino a destrabar su frustrado deseo de estudiar y formarse, siendo una ama de casa y madre, era imposible hacerlo en instancias formales, por lo cual el instituto fue muy importante para ella y otras mujeres en su misma situación.
Norma fue al IASyF después de haber sido alumna por algunos años de la Facultad de Filosofía y Letras y de la Facultad Antropología, no pudo llevar a término estos estudios por diversos motivos, de índole personal que irá nombrando a medida que va entendiendo su situación y la de otras mujeres en la sociedad.
Entró al instituto para ver de qué se trataba, le gustó y le resultó compatible con sus obligaciones de familia, además de favorecerle el horario nocturno. En sus propias palabras, Zamboni (1971) se refiere
Llenaron lo que yo sentía como un vacío y un anhelo de capacitarme y proyectarme fuera de mi ámbito familiar y doméstico, me despertó en muchos aspectos en los que estaba aletargada, abriéndome puertas y dándome la oportunidad de conectarme con otras mujeres que como yo habían vivido la problemática y deseducación por el hecho de ser mujer, y me brindó la oportunidad y la confianza de integrar un grupo de reflexión que se sintió respetado y alentado por el IASyF[2]
Norma nos muestra las diferencias de la enseñanza formal y tradicional e intelectualista con la experiencia del IASyF: en cuanto a la modalidad de estudio, de las personas que enseñaban y aprendían, el sentido de la carrera, la relación profesor/a-alumno/a encontrada en el instituto. “Entendí a ésta (el IASYF) más satisfactoria y más humana, mientras que la otra experiencia le era ajena y descomprometida, y de alguna manera no colaboraba en la vida de las personas que no solo se dedicaban al estudio, como es el caso de trabajadores/as y amas de casa, como ella”[3]
Este último debate que hace visible Zamboni en su experiencia, podemos encontrarla analizada en profundidad en el libro Opresión y Marginalidad en el orden social Machista, donde confluyen no solo el estudio y la investigación, sino también el debate de las integrantes de la organización, el cual escribe junto a quién era su esposo y padre de sus hijos, cuyo análisis no lo abordaremos aquí.
Devenir feministas en los 70
Construir feminismos en la década del 70 en Mendoza, no estuvo exento de obstáculos, más aún en el seno de una organización mixta como el IASYF, en el contexto de un elevado nivel de conflictividad social y política, en un proceso de radicalización del movimiento obrero, y de la emergencia de diversas agrupaciones políticas marxistas y peronistas, que en muchos casos contaron con organizaciones armadas.
Es por esto que afirmamos que, en ese contexto, las mujeres que integraron el Instituto de Acción Social y Familiar realizaron el camino de muchas feministas en la época, la lectura, el debate y la difusión de los temas de la agenda feminista.
Advertimos, por un lado, que los principales temas que las aquejan como organización tienen relación al ámbito familiar, al mundo de las parejas, y esto las impulsa a pensar el matrimonio, la monogamia, la división sexual del trabajo, los roles y estereotipos, y los mitos que sostienen el patriarcado. El camino para la liberación de las mujeres, pensaron, tendría que tener una parte singular e individual de formación y toma de conciencia de la realidad; y por otro lado, una parte colectiva, en la cual poder poner en común la problemática y encontrarle solución junto con otras y otros. En otras palabras, el método de concienciación o autoconciencia que impulsaban las feministas en esos años, a través de la que realizaban la lectura y discusión de las temáticas que aquejaban a las mujeres particularmente.
En el caso del IASYF, debemos pensar que la organización era mixta, ligada al mundo del MSTM – Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y del ecumenismo, integrada en su mayoría por parejas, con el objetivo de generar un espacio de formación social, entre estos y el que más se destaca, el curso de orientadores/as sociales y familiares. Aun así, y con esas características, y atendiendo a lo que las fuentes enuncian como entrañamiento, entendemos que en esa experiencia personal y colectiva de entrañamiento empática, encontraron la conciencia de vivir en un sistema patriarcal.
Asimismo, el objetivo del IASYF fue formar y acompañar procesos colectivos, con una finalidad de transformación integral, por lo cual en ese contexto de disputas nace en Mendoza también la posibilidad de integrar los postulados de los feminismos con las demás agendas de cambio.
En aquellos años, el poder se convirtió en un campo de disputa tanto en la práctica como en el discurso, donde las nuevas generaciones y las nuevas comunidades políticas discutieron y concretaron modelos alternativos de movilización social y participación. Como sostiene Alejandra Vasallo, en este contexto, el surgimiento organizaciones feministas fue una de las múltiples formas en la que los grupos de mujeres que provenían de distintos sectores sociales y experiencias militantes lucharon por un lugar y una voz propias dentro de la política argentina en los años 70 (Vasallo, 2005, 2).
Encontraremos en este nacimiento de los feminismos, algunas experiencias de feminismos dentro de organizaciones, y también el surgimiento de organizaciones autodenominadas feministas. Desde una mirada descolonizadora del saber y el conocimiento acerca de los feminismos, pensamos que no poseen un molde de copia y que éste se calca en un lugar y otro del mismo modo, quizás puede haber algunos rasgos equivalentes en distintos puntos del mundo, como por ejemplo la práctica de la concienciación o autoconciencia, pero los matices y las formas como llegaron esas mujeres a ciertas agendas o tópicos es muchas veces inherente a cada contexto. Cuando buscamos reconstruir una genealogía situada de las luchas de las mujeres, no pretendemos solo visibilizar a un género por mucho tiempo borrado u ocultado en la escritura de la historia, además nos resulta necesario escribir una historia que dé cuenta de esa continuidad de historias fragmentadas de mujeres de sectores subalternos. Una herramienta que nos ayuda a pensar este sentido, puede encontrarse en algunas cosmovisiones comunitarias que recuperan el concepto de la femealogía de nuestras ancestras, las nombra, las reconoce y legitima su conocimiento, resistencias y sabiduría. Reconoce a las ancestras de otros territorios e invoca su energía para el fortalecimiento de la lucha contra todas las opresiones (Monzón, 2011; Cabnal, 2015). Desde ese enfoque que recupera a las ancestras, contamos la historia de las prácticas y las experiencias de mujeres en torno al Instituto de Acción Social y Familiar – IASyF; experiencias que dan cuenta de una devenir político, feminista y popular, resultado de la mixtura política, con raíces diversas, condicionada por el contexto previo a la última dictadura.
Volviendo al análisis, es necesario pensar que la existencia de esos debates al interior de las organizaciones aun siendo acotados o poco conocidos suscitaron transformaciones: en las experiencias de mujeres a corto plazo, en algunas organizaciones políticas acogiendo el debate de los tópicos anti patriarcales, y a largo plazo un cambio de conciencia frente a esta opresión especifica que no podría olvidarse. Y una muestra de ello es la existencia del IASYF, sus debates y diálogos podemos rastrearlos una década posterior en la FEC. Hubo como ya mencionamos vinculaciones, diálogos, militancias y participaciones múltiples. Como sostiene Zamboni en su entrevista:
A algunos integrantes del IASYF los encontramos también en el ILPH, en el Instituto de Liberación y Promoción Humana, como es el caso de (Oscar) Bracelis, de Ezequiel (Ander Egg), realizando cursos en ambos lugares, a (Enrique) Dussel. Yo estaba en el barrio San Martin, y allí me reunía con otras personas de otras organizaciones; Anabella participaba en talleres de estudio, y allí hace un escrito para el libro y otro para una organización. En ese momento, todos estábamos compartiendo el mismo edificio con la gente de la ecuménica (el ILPH), con Alieda (Verhoeven), con Mauricio López.[4]
Ese intercambio y convivencia entre organizaciones es una característica de la incursión de los feminismos de la época, pero también de la militancia política en general de esos años, por lo cual se podría pensar que hay una reapropiación y reaprovechamiento de herramientas conocidas. Si recuperamos lo expuesto en el apartado del Movimiento tercermundista, observamos la conformación de redes densas y extensas, donde el lugar de las mujeres es nodal.
En la articulación de las primeras organizaciones feministas, se destacaron dos mujeres: Gabriela Christeller y María Luisa Bemberg, fundadoras de UFA, ambas viajeras, trasladarían desde distintos puntos del mundo textos de diversos feminismos de la época. Se contactaban con diversos centros de estudios y militantes del movimiento de mujeres en Chile, Estados Unidos, Canadá, Francia, Italia, Gran Bretaña y España. Entre 1968 y 1971 realizaron varios viajes y así comenzaron a forjar sus contactos internacionales, mientras que al mismo tiempo reunir una vasta bibliografía con la producción más actualizada en el campo de la antropología, la sexualidad, la psicología y particularmente el feminismo de los años 60 y 70 (Rodríguez Agüero, 2017; Vasallo, 2005, 11).
UFA realizó la traducción y difusión de libros de Kate Millet, Shulemith Firestone, Juliet Mitchel o Carla Lonzi, Simone de Beauvoir o Betty Friedan. Encontramos en las fuentes de estudio del IASYF, citas de trabajos inéditos de Christeller y la mención de reuniones de estudio con mujeres que viajaban con ese propósito de provincia en provincia. Norma intenta recordar sobre estos encuentros:
Recuerdo algunos encuentros con unas mujeres, no recuerdo sus nombres, pero si recuerdo que hacíamos reuniones para leer esos libros (feministas), como te dije Anabella era la que más llevaba esas tareas, y las lecturas las pudimos poner en el libro que hicimos. Pero ella es la que más trabajaba esos temas[5].
Debemos destacar la importancia de la reunión con otras, del espacio de autoconciencia, donde las mujeres del IASYF se encontraron desde sus experiencias personales y políticas. De acuerdo al Diccionario de estudios de género y feminismos (Gamba, 2007) Ana María Bach define a la experiencia entendida en diferentes sentidos: como hecho interno, como enseñanza adquirida y/o como forma externa. Como ya hemos mencionado, la autora se concentra en la experiencia como hecho interno, concepto básico para el feminismo relacionado con los movimientos feministas radicales en la década del 70, que recurrían a la práctica de la autoconciencia o concienciación para compartir experiencias de opresión entre mujeres y juntas pensar formas de resistencias (Bach, 2007: 130).
Las mujeres del IASYF devienen a temas feministas, dentro de un gran contexto de transformación social y en crecimiento. Entre sus vivencias se encuentran aquellas experiencias de autoconciencia de la opresión patriarcal, experiencias personales y también colectivas, como hemos mencionado anteriormente, claves para las mujeres a través de las cuales se deviene algo o se activan ciertos parámetros, para vivir la realidad, no activos antes del proceso de concienciación.
Al observar el devenir y la transformación de las mujeres del IASYF en un andar feminista, es observar que este andar estuvo marcado por sus experiencias comprometido con otros activismos, la violencia estatal, la pobreza, la marginación, etc. El anclaje de las mujeres que investigamos está puesto en su subalternización y la subalternidad de las mujeres de los sectores populares a las que salían al encuentro.
Las mujeres del IASYF escribieron desde sus propias experiencias, entendiendo el peso político que tuvo para ellas crear una descripción del mundo desde la subjetividad individual y colectiva. Con Bach decimos que
La experiencia pasada o presente, vivida por cada sujeto encarnado, sexuado y situado, que a la vez es artífice y artefacto de sus experiencias, es un proceso continuo a lo largo de su existencia. La experiencia aparece como contradictoria porque puede ser a la vez singular o compartida, registrada o no en varios niveles, articulada o inarticulable, rememorada y re articulada a través de la reflexión, productora de conocimientos y producida por ellos, con el potencial de producir actos de resistencia. (Bach, 2010: 128)
Como ya hemos mencionado, Ana M. Bach sostiene que la práctica de la autoconciencia y devenir feminista muchas veces van de la mano, pero también nos expresa que la toma de conciencia puede producirse por otros medios que no sean estrictamente los de grupos de autoconciencia. La autora nos ayuda a responder sobre los feminismos y sus devenires en escenarios múltiples que se salen de los tradicionales académicos o grupos de autoconciencia, y de los modos en que las mujeres son interpeladas por el feminismo. Es el caso del IASyF, organización feminista, mixta y cristiana liberacionista.
Bibliografía citada
CABNAL, Lorena, (2010) feminismos comunitarios. ACSUR, Las Segovias.
CIRIZA, A. (2009) Intervenciones sobre ciudadanía de mujeres, políticas y memoria. Perspectivas subalternas, Buenos Aires, Feminaria Ed.
CIRIZA – GRASSELLI – RODRÍGUEZ AGÜERO (2018) Los 70, Lecturas sobre la centralidad de la política en un tiempo disruptivo, Mendoza, EDIUNC.
CIRIZA, A; RODRIGUEZ AGÜERO, L. (2015) La revancha patriarcal. Cruzada moral y violencia sexual en Mendoza (1972-1979) Avances del Cesor, V. XII, Nº 13, Segundo semestre 2015, pp. 49-69. ISSN 1514-3899 / ISSNe 2422-6580 – http://web2.rosario-conicet.gov.ar/ojs/index.php/AvancesCesor/index
GRASSELLI – RODRÍGUEZ AGÜERO, l. (2009) El testimonio como herramienta para la reconstrucción de la memoria de los sectores subalternos. En: Ciriza, A.: Intervenciones sobre ciudadanía de mujeres, políticas y memoria. Perspectivas subalternas, Buenos Aires, Feminaria Ed.
NARI, M. 1996 “Abrir los ojos, abrir la cabeza: el feminismo en la Argentina de los años 70” en Feminaria (Buenos Aires) Año 9, Nº 18-19, noviembre.
RODRIGUEZ AGÜERO, Eva Gabriela; Ciriza, Alejandra Graciela; Viajes apasionados: Feminismos en la Argentina de los 60 y 70; Tânia Navarro Swain; Labrys. Etudes Feministes / Estudos Feministas; 22; 7-2012; 1-25
RODRIGUEZ AGÜERO, L. (2013). Ciclo de protestas, experiencias organizativas y represión paraestatal: Mendoza, 1972-1976 [en línea]. Tesis de posgrado. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.889/te.889.pdf
VASALLO, Alejandra (2005), Las Mujeres dicen basta: Feminismo y movilización política de los 70 en Andújar y otras, Historia, Género y política en los 70, Buenos Aires, Feminaria.
Fuentes
Zamboni, N. (1971). Mi experiencia de cuatro años en el IASYF, texto mecanografiado facilitado por la autora.
Zamboni Norma. Entrevista realizada por Natalia Naciff en junio de 2022.






