El análisis de la cultura material
a partir de la historia oral
Octavio Armanelli[1]
Introducción
La historiografía argentina ha reconocido a los “sesenta” como una década centrada en una modernización cultural de las costumbres, y como una época de cambios en el seno de la vida privada y de instituciones como la familia y la educación (Sigal, 1991). Esto no se circunscribe solamente a Argentina, sino que fue de carácter internacional. Fue Eric Hobsbawn, en su famoso libro de “Historia del siglo XX” quien habló de una “revolución cultural” para caracterizar esos años. Sin embargo, esto no fue similar en todas partes del mundo, sino que estos cambios culturales lograron adaptarse a cada región, siguiendo las realidades sociales y políticas que se vivían en ese entonces. Específicamente para el caso argentino, la televisión, la música y la prensa gráfica fueron ámbitos que atravesaron cambios novedosos (Manzano, 2017).
Si hay algo que distingue a esta década en el plano de la prensa gráfica y el mercado de las historietas y tiras de humor, es la aparición de “Mafalda” en el año 1964. Creada por Joaquín Lavado, “Quino”, Mafalda, aun hoy es considerada la niña más importante del humor nacional. Su historia es bien conocida. Esta historia nació en 1963 por un encargo de una agencia de publicidad que preparaba una marca de electrodomésticos. Se le pidió a Quino que la publicidad debía estar protagonizada por una “familia tipo” (padre, madre y niños) y que cada nombre de los personajes comenzará con la letra “M”, en alusión a la nueva marca de electrodomésticos “Mansfield” (Cosse, 2014:33). Quino bautizó como “Mafalda” a la niña de la familia, y si bien dicha publicidad nunca vio la luz por cuestiones ajenas al personaje, los primeros bocetos fueron publicados en “Gregorio”, suplemento de humor de la revista Leoplan de Miguel Brascó, en 1964. Posteriormente, en ese mismo año fue Primera Plana quien le dio el visto bueno a una publicación regular de Mafalda.[2]
Este trabajo busca revisar la valoración que tenían los lectores de esta tira publicada entre 1964 y 1973. En este caso, la propuesta consiste en tomar como objeto de análisis a un joven matrimonio a principios de los sesenta, cuyas experiencias con la lectura de Mafalda nos invita a reflexionar que es posible hallar en las tiras cómicas de Mafalda una dimensión emocional. A partir de la reconstrucción de sus vivencias en su juventud, se buscará comprender como “Mafalda”, entendida aquí como objeto material, es capaz de ser un agente activo en la conformación de las subjetividades emocionales de los sujetos (Bjerg, 2019b).
La perspectiva teórica con la que se trabajará es la historia de las emociones. Desde mediados de la década de 1980, distintos historiadores de Europa comenzaron a investigar la idea de que las emociones poseen historia (Plamper, 2014; Zaragoza Bernal, 2013; Bjerg, 2019a). Se trata aquí de una manera de ingresar al estudio de los sujetos desde una aproximación que tenga en cuenta los procesos de formación de subjetividades entendiendo aquí que las emociones deben ser contextualizadas. Si bien, este llamado “giro emocional” se remonta a los ochenta, de acuerdo a María Bjerg, la transformación de la emoción en un objeto de investigación y la configuración de un campo específico son fenómenos que apenas se remontan a los albores del siglo XXI (Bjerg, 2019b:8). Siguiendo a esta misma autora, desde principios de siglo, la historia de las emociones ha encontrado nuevas rutas analíticas. Una de estas alternativas se relaciona con el interés de los historiadores en indagar nuevos tipos de fuentes y que éstas sean leídas desde nuevas perspectivas teóricas (Zaragoza Bernal, 2015) En las últimas décadas ha renacido el interés en la dimensión material y por las aproximaciones analíticas que consideran a los objetos como protagonistas de procesos culturales de creación de significados, que resultan de la interacción entre los sujetos y los objetos (Zaragoza Bernal, 2015; Bjerg, 2019b).
Para poder contribuir a la discusión de la relación entre la cultura material y las emociones que en ella se adscriben, se tratarán diversos aspectos del itinerario de lectura de Mafalda de los dos sujetos analizados, y que están vinculados a la formación de la subjetividad propia de cada uno de ellos.
La reconstrucción del vínculo entre Mafalda y sus lectores se basa en una entrevista realizada en abril de 2023 a nuestros protagonistas: Julio y Mariela Ramírez. Actualmente este matrimonio reside en el estado de Kentucky, Estados Unidos. Ambos emigraron hacia dicho país en el año 1984, pero la mayoría de la juventud junto con la formación universitaria de ambos fue en Argentina. Es necesario clarificar dos cuestiones con respecto al uso de la historia oral en este trabajo. En primer lugar, siguiendo a Alessandro Portelli, la importancia del testimonio oral no se vincula demasiado con la adherencia o alejamiento del hecho histórico, sino que las fuentes orales permiten el acceso a experiencias que, de otro modo, serían inaccesibles para el investigador (Portelli, 1991:42-43). Aquí la memoria cumplirá un papel muy destacado ya que el peso de nuestro presente influye en los recuerdos que puedan tener sobre Mafalda. Tampoco podrá dejarse de lado el hecho de que los entrevistados ya no son jóvenes, por lo tanto, la experiencia modifica el relato del pasado. En segundo lugar, el uso de una aplicación de videollamadas en esta entrevista colabora en la alianza entre la historia oral y las redes sociales que Favero y Robertini afirman en un reciente artículo. De acuerdo a ambos autores, la web y las redes sociales son ahora dimensiones de nuestra vida cotidiana que pueden aportar elementos de gran interés en términos de investigación del pasado reciente (Favero y Robertini, 2021:79). Aquí la plataforma Zoom, no sólo permitió la realización de la entrevista, sino que se trató de un lugar virtual en los que aparecieron recuerdos y reverberaciones del pasado reciente.
Este trabajo se divide en dos partes: En primer lugar, veremos a través de los testimonios, como la vida cotidiana y los consumos culturales de Julio y Mariela coinciden con el entrecruzamiento entre lo nacional y lo local propio de la juventud de los sesenta; posteriormente veremos cómo lo político aparece ligado a la vida universitaria y cotidiana de ambos. En segundo lugar, intentaremos aproximarnos, a través del testimonio de Mariela, la interrelación entre los sujetos y los objetos, y como estos crean significados.
Dos jóvenes entre lo local, lo internacional y lo político
De acuerdo a Valeria Manzano, los jóvenes a lo largo del siglo XX han adquirido un lugar protagónico como actores ligados a las dinámicas de modernización sociocultural (Manzano, 2017). En una línea similar, Sergio Pujol menciona, en un conocido artículo, que la juventud argentina supo ser a la vez la meta y el problema, el negocio y la subversión, el número y la diferencia (Pujol, 2007:286). En este trabajo entendemos a la juventud como una categoría compleja que debe definirse tomando en cuenta su especificidad y su lugar en la escena histórica. Por lo tanto, en este apartado se explorará la vida cotidiana y consumos culturales de los dos entrevistados.
Para el periodo comprendido entre los sesenta y principios de los setenta, Julio y Mariela Ramírez transitaban su juventud. Desde los inicios de los sesenta, la juventud estuvo a merced de las transformaciones acaecidas en la música, la vida cotidiana y los tiempos políticos que año a año iba acelerándose cada vez más, producto del peso de la proscripción del peronismo y la inestabilidad política que se traducía en intervalos entre gobiernos democráticos y golpes de estado (Tcach, 2007).
Ser joven en aquellos años implicaba ser parte del entrecruzamiento entre lo nacional y lo local (Pujol, 2007; Manzano, 2010; Manzano, 2017). Las transformaciones en la vida cotidiana, la influencia de la modernización cultural sobre la vida privada y el advenimiento de nuevos géneros musicales como el rock and roll, son algunas características notorias durante el relato de los sujetos entrevistados. El relato de Julio frente a la pregunta del entrevistador referida a los gustos musicales y literarios de ambos sujetos revela que los jóvenes de los sesenta estuvieron cruzados por lo nacional y lo internacional:
Había dos variantes, la variante de la música moderna con los Beatles, los Rolling Stones. Del otro lado era muy común tomar unos vinos con unas empanadas y estar en una peña escuchando folclore. Uno estaba balanceado entre lo nacional y lo estrictamente extranjero. En lo nacional pienso que Argentina fue cabeza de todo el rock latinoamericano y ahí estaban todas las bandas de rock de ese momento que seguíamos y ya empezaban las funciones en los estadios para escuchar esas bandas.[3]
La mención de los Beatles en los gustos musicales del entrevistado demuestra como el rock establece los basamentos para una “música joven” diferente (Pujol,2007:310). No solo era novedosa esta influencia internacional, sino que convivió con el movimiento folclórico nacional que comenzaba a conocer a grandes artistas como Horacio Guarany y Mercedes Sosa. El entrevistado, a su vez, insiste en que la música estaba “repartida” y “mezclada”:
Hubo una mezcla entre el rock internacional, el rock nacional y el folclore; estaba repartido entre esas tres cosas. El folclore con todos los temas sobre los temas sociales de la colonia, el rock nacional con los temas sociales más del día y el rock internacional que cuando uno veía las letras era otro aspecto distinto, era como que la problemática era distinta.[4]
La diversidad de temas que invaden a los jóvenes de aquella época fue manifestados a través de la música, y fue, de acuerdo a Pujol, el rock nacional el que logró aspirar a ser algo más que un estilo musical (Pujol, 2007:313-314). Los cuestionamientos a la autoridad paterna, la lucha contra el imperialismo, y la irrupción de los varones “pelilargos” son algunos de los tópicos que comunicó el rock argentino con sus letras y melodías. Las “problemáticas distintas” mencionadas por Julio aluden a que el rock internacional supo reconocer un espacio musical propio, con temas disímiles a la influencia anglosajona encarnada en Los Beatles.
Además de los consumos culturales que los sujetos aquí mencionan estar repartidos entre lo local y lo internacional, durante la entrevista se mencionó la vida universitaria en La Plata y como la política irrumpía en las reuniones estudiantiles y los espacios de sociabilidad. Mariela Ramírez, quien en los sesenta estudiaba en la Escuela de Salud Pública de La Plata, relata cómo era estudiar allí:
La vida universitaria, en esos años, era muy linda porque había mucha gente del interior en La Plata. Habían peñas, con amigos salimos a bailar, a comer, a tomar un café. Era una vida muy sana, muy linda; pero el tema político siempre estuvo presente en nuestra generación. Eran temas bastante interesantes, inclusive ir a ver una película terminaba en un café charlando y justamente viendo nuestros puntos de vistas. Siendo estudiantes nos nutrimos mucho con conversaciones, salidas, encuentros, era muy variado.[5]
De este testimonio pueden destacarse dos cuestiones que atraviesa la juventud sesentista. Por un lado, la industrialización y urbanización iniciada durante los años treinta y las políticas distributivas del peronismo provocaron cambios en la estructura social, que se vieron reflejados durante los sesenta (Bartolucci, 2017:37). El hecho de que “había mucha gente del interior en La Plata” coincide con la migración que muchos jóvenes realizaron hacia ciudades universitarias para iniciar sus estudios. Por otro lado, Mariela menciona que el tema político siempre estuvo presente en sus charlas cotidianas con compañeros. Ambos sujetos, Julio y Mariela, nunca estuvieron exentos a las consecuencias de la inestabilidad y radicalización política iniciada a mediados de los sesenta (Bartolucci, 2017). Además, la mención al debate que suscitaba ver una película no es menor ya que el cine de los sesenta logró crecer a partir de una renovación de sus temas que se vinculó con la crítica y la reflexión sobre la política y la sociedad (Pujol, 2007:307).
El “machaque”
Yo no me acuerdo cuando empecé a leer a Mafalda. No tengo una noción del tiempo exacto, no te podría decir cuando empecé, si fue en la escuela secundaria o la universidad. Si sabemos que era parte de la cultura, era casi como leer un libro, había una historia. No me acuerdo cuando empecé, pero sí sé que fui muchas veces sobre los mismos libros.[6]
Julio no recuerda cuándo empezó a leer Mafalda, frente a la pregunta de cuándo y cómo fue el primer contacto con Mafalda. Pero sí recuerda que su estructura “era como un libro”, haciendo alusión a la colección de tiras que se publicaron posteriormente a 1973.
Volver sobre la lectura Mafalda resulta común en el discurso de los dos sujetos entrevistados. Isabella Cosse en su profundo análisis sobre Mafalda destaca que la capacidad de la tira de trascender en el tiempo fue porque Quino logró observar y dialogar con la realidad a partir de una reflexión filosófica que logró iluminar la condición humana (Cosse, 2014:274). Cabría preguntarnos, entonces, si en ese iluminar de la condición humana y su circulación en tanto objeto cultural que produce sentidos dentro de la sociedad (Williams, 1994), es capaz de incidir en el sujeto que la lee y producir “cosas emocionales”.
El testimonio de Mariela resulta interesante para explorar la existencia de una dimensión emocional en la tira:
Para m Mafalda fue una especie de Biblia; como la Biblia para los cristianos, el Corán para los musulmanes y la Torá para los judíos. Nosotros no se si teníamos toda la colección, pero cada vez que volvíamos a Argentina y salía, lo comprábamos. Inclusive uno que era la recopilación de no sé qué cuantos años nos lo llevábamos, y lo teníamos en nuestra biblioteca; y si alguna vez en un comentario saltaba algo de Mafalda, salíamos a buscarlo.[7]
El recuerdo de haber leído Mafalda en momentos de la juventud lleva a esta pareja a comprar las tiras de Quino cada vez que viajaban hacia Argentina. Esto no es un simple detalle, se trata de un objeto de deseo, Mafalda aquí despierta el anhelo de regresar continuamente a sus páginas para sentir el placer similar al que puede tener un católico leyendo la Biblia. De acuerdo a Gociol y Rosemberg, con Mafalda se profundizó el pasaje de una historieta social a una historieta psicológica (Gociol y Rosenberg, 2015: 191).
Partiendo esta última afirmación de los autores, pareciera ser que Mafalda generó una introspección crítica en los valores y creencias del sujeto:
Para mí fue como un machaque porque esas cosas se decían y las palpábamos hablando en nuestras reuniones de estudiantes. Siempre los personajes a lo mejor nos hacían comparar con alguien que conocíamos. ¿Quién de nosotros no conocía a una Susanita?, o siendo mujer te sentías un poco Mafalda. Siempre los personajes nos hacían compararnos con alguien. Pero no sé cuánto de ese machaque de las historietas de Mafalda me ayudaron a mí, a lo mejor en algo, en ser lo que soy hoy; una peleadora de las causas sociales y de tratar de ver qué manera uno tiene los pies sobre la tierra.[8]
En esas viñetas dibujadas por Quino pueden verse los pensamientos, ilusiones y conflictos de una gran parte de la sociedad. Para Mariela fue un “machaque”, un golpe fuerte que te introduce a fondo en la sociedad y lo que está pasando. La comparación de la tira con una Biblia, y su reiterada lectura representada en un golpe, demuestra que la interacción entre la tira y el sujeto aquí analizado vuelve a la creación de Quino como algo atesorable. Algo que debe ser conservado con los años porque existe en él un inmenso apego a las expresiones de los personajes y los globos que los acompañan. De acuerdo a María Bjerg, los objetos son compañeros durante la experiencia vital, marcan tránsitos y provocan emociones (Bjerg, 2019: 149)
La compañía de Mafalda en la vida de Mariela continua no solo en su biblioteca sino en ella misma, en su subjetividad:
Ahora tengo como una especie de duda: ¿hasta cuándo Mafalda realmente y sus personajes me impactaron a mí personalmente y a no querer ser lo que era el otro? Ósea ¿yo quería ser una Manolita que lo único que me importaba era el dinero?, o a lo mejor yo quería ser una Manolita que si necesitaba dinero, pero también tenía que ser consciente de todas las causas sociales que nos estaban abrumando. No sé hasta cuando ese machaque, esa Biblia, Mafalda, nos ayudó a nuestra generación. No a todos claro, pero yo me siento privilegiada de ser una Mafaldita, ¿entendes?[9]
Retomando aquí a Juan Manuel Zaragoza Bernal, los objetos, esto es, la cultura material cose nuestro mundo y nuestras emociones (Zaragoza Bernal, 2015:37)
Mafalda como objeto emocional logró penetrar y coser la subjetividad de Mariela, le brindó un marco para poder pensar e interpretar su forma de ser, sus acciones y su experiencia de vida. Mariela, a su vez, como sujeto, hizo que la tira cómica esté presente en su vida, transformando continuamente el valor afectivo que ella le dio. Pareciera que existe un doble juego entre Mafalda y sus lectores: los lectores la volvieron algo atesorable, imposible de abandonar, y ella, tan solo una niña, los transformó a ellos.
Conclusiones
A lo largo de estas páginas hemos intentado hacer un acercamiento a la relación existente entre la cultura material y las emociones, y como estas logran adherirse a los objetos. En primer lugar, reconocemos y valoramos a la historia oral como una metodología adecuada para el tratamiento de la historia de las emociones. Esto no es nuevo y no es menor. Portelli en un viejo ensayo reconoce que una de las funciones de la historia oral es revelar las emociones de los narradores, su participación en la historia y el modo en que la historia los afectó (Portelli, 1991: 40). Consideramos que debe incentivarse a realizar entrevistas a sujetos, o revisitar las entrevistas ya realizadas para explorar allí en profundidad la subjetividad del entrevistado. En segundo lugar, creemos que el humor gráfico es una fuente sumamente útil para la historia de las emociones, ya que, si bien una historieta es estática y carente de sonidos y olores, busca representar la realidad a través de diversos recursos expresivos mediante los cuales el movimiento, las percepciones y las emociones pueden ser incorporadas a este lenguaje (Levin, 2015:29). Esta afirmación de Florencia Levin es interesante como disparador para pensar a las historietas y los cómics como fuentes para rastrear emociones. Sin embargo, consideramos que además de esto es necesario conocer las condiciones de producción y el vínculo que el dibujante estableció con sus lectores para así poder ampliar el abanico de fuentes de la historia de las emociones con el humor gráfico. Finalmente, a través de esta entrevista, consideramos que existe en Mafalda de Quino la capacidad de agencia sobre los modos de pensar y sentir de sus lectores. A casi sesenta años de su primera publicación y su continua vigencia en la memoria de los argentinos, resulta una tira cómica ineludible para pensar las emociones.
Bibliografía
Bartolucci, M. (2017). La juventud maravillosa. La peronización y los orígenes de la violencia política 1958-1972. Sáenz Peña: EDUNTREF.
Bjerg, M. (2019a). Una genealogía de la historia de las emociones. En: Quinto Sol, Vol.23, N° 1.
Bjerg, M. (2019b). El cuaderno azul, el perro de peluche y la flor de trencadis. Una reflexión sobre la cultura material, las emociones y la migración. En: Pasado Abierto, N° 9, Cehis UNMdP.
Cosse, I. (2014). Mafalda: historia social y política. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Favero, B y Robertini, C. (2021). Historia oral y redes sociales, ¿una alianza posible? Recorridos y experiencias en el ámbito de la historia reciente. En: Sociologie, Vol. II, N° 1, pp. 69-82.
Gociol, J y Rosemberg, D. (2015). Historia del humor gráfico en Argentina. Buenos Aires: Editorial Milenio.
Levin, F. (2015). Humor gráfico. Manual de uso para la historia. Ediciones Universidad Nacional de General Sarmiento.
Manzano, V. (2017). La era de la juventud en Argentina. Cultura, política y sexualidad desde Perón hasta Videla. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Plamper, J. (2014). Historia de las emociones. Caminos y retos. En: Cuadernos de Historia Contemporánea, Vol. 36; pp. 17-29.
Portelli, A. (1991). Lo que hace diferente a la historia oral. En: Schwarstzein, Dora. (Comp.), La historia oral, Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.
Pujol, S. (2007). Rebeldes y modernos. Una cultura de jóvenes. En: James, Daniel. Violencia, proscripción y autoritarismo (1955-1976), Nueva Historia Argentina, Tomo IX. Buenos Aires: Sudamericana.
Sigal, S. (1991). Intelectuales y poder en la década del sesenta. Buenos Aires: Punto Sur.
Tcach, C.(2007). Golpes, proscripciones y partidos políticos. En: James, Daniel. Violencia, proscripción y autoritarismo (1955-1976), Nueva Historia Argentina, Tomo IX. Buenos Aires: Sudamericana.
Williams, R. (1994). Sociología de la cultura. Barcelona: Paidós.
Zaragoza Bernal, J. (2013). Historia de las emociones: una corriente historiográfica en expansión. En: Asclepio. Revista de la Medicina y de la Ciencia. Vol. 65, N° 1.
Zaragoza Bernal, J. (2015). Ampliar el marco. Hacia una historia material de las emociones. En: Revista Vínculos de Historia, N°4, pp. 28-40.
Entrevistas orales
Julio y Mariela Ramírez. Entrevista realizada por Armanelli Octavio en la ciudad de Mar del Plata el día 2 de abril de 2023 mediante Plataforma Zoom.
- Centro de Estudios Históricos (CEHis), Facultad de Humanidades – UNMdP. Correo electrónico: octavioarmanelli@gmail.com.↵
- Para una lectura del relato completo de los orígenes de Mafalda véase Cosse (2014).
↵ - Julio y Mariela Ramírez. Entrevista realizada por Armanelli Octavio en la ciudad de Mar del Plata el día 2 de abril de 2023 mediante Plataforma Zoom.↵
- Idem.↵
- Idem. ↵
- Idem.↵
- Idem.↵
- Idem.↵
- Idem.↵






