Matías F. Carpignano
Resumen
Los resultados del censo del año 2020 dejaron en evidencia que, a lo largo de las últimas dos décadas, hemos sido testigos de un cambio demográfico extraordinario en los Estados Unidos que tiene como protagonista a la población latina. Hoy en día son más de 62 millones las y los ciudadanos que se identifican como parte de este grupo étnico y que representa a un 18 % de la población del país. Este ensayo tiene como objetivo analizar las implicancias de esta nueva configuración demográfica en el plano político interno. A tal propósito se proporciona una breve reseña histórica de la población latina en los Estados Unidos y se analizan sus principales características socioeconómicas, políticas y culturales.
Palabras clave
Latino, cambio demográfico, población, censo, Estados Unidos.
Abstract
The results of the 2020 Census made it clear that over the last two decades, we have witnessed an extraordinary demographic change in the United States, with the Latino population as the main protagonist. Today there are more than 62 million citizens who identify themselves as part of this ethnic group, which represents 18% of the country’s population. This essay aims to explore the implications of this new demographic configuration at the domestic political level. To this end, a brief historical review of the Latino population in the United States is provided, as well as an analysis of its main socio-economic, political, and cultural characteristics.
Keywords
Latino, demographic change, population, census, United States.
Introducción
La alta heterogeneidad demográfica que hoy en día impera en los Estados Unidos es el resultado de una diversidad cultural que se ha visto en permanente evolución desde sus primeros días como nación. Los datos del censo del año 2020 han dejado en evidencia en qué medida a lo largo de las últimas dos décadas hemos sido testigos de un extraordinario cambio demográfico que tiene como protagonista a la población latina. Hoy en día este grupo étnico representa el 18 % de la población del país (en 1990 era apenas el 6 %), y son más de 62 millones las y los ciudadanos que se identifican con este grupo étnico. Por su parte, otras proyecciones vaticinan que, para el año 2060, los latinos serán más de 110 millones (Zong, 2022).
En una sociedad en la que “cada 30 segundos un latino o latina cumple 18 años y se convierte en elector” (Argüello, 2023), es entendible que se despierte incertidumbre en torno a las implicancias actuales y futuras de este recambio demográfico. Naturalmente, hay expectativa de que tenga incidencia en las agendas institucionales (por ejemplo, partidos políticos, poderes del gobierno), especialmente en términos de la intensidad y la eficacia de la promoción de determinadas políticas públicas, tanto en el plano doméstico como en el exterior (Eberstadt, 1998), sin embargo, aún es temprano para definir el rol y la influencia de este grupo étnico.
En consideración de lo expuesto, es válido e imperante analizar estas implicancias. A ese propósito, este ensayo cuenta con tres apartados. El primero incluye una reseña histórica del desarrollo del ethos y la cultura latina en los Estados Unidos, analizando los principales hitos de este grupo poblacional desde sus orígenes hasta la actualidad. A continuación, el segundo apartado tiene por fin llevar a cabo una descripción detallada de las principales características demográficas, socioeconómicas y culturales de la población latina de los Estados Unidos. Por último, se presentan las principales conclusiones y reflexiones sobre la base de la evidencia analizada.
Historia de la población latina en los Estados Unidos
La historia de la población latina tiene raíces profundas que se remontan a la época colonial. A lo largo del siglo xvi, la Corona española comenzó a explorar y levantar los primeros asentamientos en el territorio que hoy en día conforman los estados de Arizona, California, Florida, Nuevo México y Texas. Con el correr del tiempo, estos campamentos prosperaron y pasaron a convertirse en poblados y fortificaciones desde los cuales la potencia europea ejercía un control efectivo sobre la mayor parte de la extensión territorial de Norteamérica.
El siglo xix traería aparejados dos conflictos bélicos que resultaron críticos en la reconfiguración geopolítica del territorio norteamericano y serían la piedra angular sobre la cual se construiría posteriormente la identidad y cultura latina. En primer lugar, la guerra de Independencia de México en el año 1821. Tras la victoria mexicana sobre la Corona española, el nuevo Estado tomó el control sobre vasta parte del territorio del noroeste del continente americano. En segundo lugar, la guerra mexicano-estadounidense, que concluyó en el año 1848 con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo. La anexión de los territorios de California, Nevada, Utah, Nuevo México, las mayores partes de Arizona y Colorado, y partes de las actuales Oklahoma, Kansas, y Wyoming tuvieron un efecto crítico a nivel demográfico para los Estados Unidos, ya que marcó el inicio del proceso de la asimilación de los pobladores de esos territorios y sembró la semilla desde la cual comenzó a desarrollarse el ethos latino en el proyecto del país norteamericano.
Otro punto crítico en la constitución y el desarrollo del ser latino se dio a partir de los primeros años del siglo xx, que se vieron marcados por un vertiginoso aumento de la inmigración mexicana y latinoamericana. Los Estados Unidos, caracterizados en ese entonces por una economía pujante y con centros urbanos en plena expansión, se presentaban como el refugio ideal para miles de ciudadanos latinoamericanos que escapaban de la dura crisis económica y la terrible hambruna que vivían en sus países de origen tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Por otra parte, es necesario destacar el hecho de que gran parte de la inmigración mexicana de ese entonces era una consecuencia directa de los tiempos violentos y la persecución política que se vivían en el país fronterizo tras el estallido de la Revolución.
El rápido crecimiento poblacional estadounidense como consecuencia de la inmigración masiva naturalmente despertó la reacción de los sectores más conservadores del arco político. Esto se materializó con la sanción de la Immigration Act en el año 1924, que estableció cuotas para el número de inmigrantes sobre la base de su nacionalidad. Sin embargo, estos filtros no aplicaban a los países del hemisferio occidental; por lo tanto, la expansión de la población latina en los Estados Unidos prosiguió a ritmo acelerado. Según los datos del censo de 1930, aproximadamente 1,4 millones de mexicanos –esta era la denominación racial utilizada en ese entonces– residían en el país. Estos se localizaban principalmente en los estados de Texas y California (Saenz, 2010), y sus principales actividades económicas eran la agricultura, la construcción y los trabajos manuales, que en ese entonces abundaban en los grandes distritos urbanos.
La llegada masiva de inmigrantes latinos no estuvo exenta del despertar de una oleada de discriminación y racismo similares a los que habían experimentado otros grupos de migrantes en los siglos anteriores. Durante los años 60, se producirían los primeros intentos de autoorganización y movilización por parte de la comunidad latina en los Estados Unidos. El principal exponente fue el Movimiento Chicano, que aglomeraba a distintas organizaciones que abogaban por la igualdad de derechos, la abolición de leyes segregacionistas y la inclusión de los latinos en las comunidades locales. Los principales focos de protesta se dieron en los grandes distritos urbanos del sudoeste del país, así como también en asentamientos rurales en los que predominaban los trabajadores latinos. Tras dos décadas de lucha activa, entre sus principales victorias figuran la creación de escuelas bilingües y biculturales, la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores agrarios y el conseguimiento de una mayor representatividad en las instituciones de gobierno.
El boom demográfico de la población latina se dio a finales del siglo xx. Entre 1970 y 1990, el número de hispánicos (denominación oficial utilizada en ese entonces) en los Estados Unidos pasó de 9,1 millones a un total de 22,4 millones (US Department of Commerce, 1993). La oleada migratoria de los años 80 fue sin duda un parteaguas en la historia de la comunidad latina. En primer lugar, porque se tradujo en una diversificación de este grupo demográfico, y, si bien México mantuvo su lugar como lugar de origen primario, aumentó notablemente el número de inmigrantes provenientes de Puerto Rico, Cuba y otros países de América Central. Por otro lado, los datos indican que en ese entonces este grupo demográfico demostraba un alto grado de concentración, dado que 9 de cada 10 latinos se localizaban en apenas 10 de los 50 estados del país. Los estados con mayor porcentaje de población latina en ese entonces eran California con un 34 %, Texas con un 19 %, Nueva York con un 10 % y Florida con un 7 % (ídem, 1993).
El cambio paradigmático en términos migratorios se vio reflejado con la sanción de la Immigration Reform and Control Act en el año 1986 durante la presidencia de Ronald Reagan. Esta pieza normativa tenía por objetivo regularizar el estado legal de todos los inmigrantes indocumentados que hubieran ingresado a los Estados Unidos antes del 1 de enero de 1982. En contraparte, la norma estableció la obligatoriedad del requisito de un permiso especial para la contratación de trabajadores inmigrantes, así como también sanciones para los empleadores que lo infringieran. A su vez, la nueva regulación trajo aparejada una intensificación de la vigilancia y la seguridad en las fronteras del país.
Durante los años 90, la comunidad latina siguió creciendo y diversificándose. El fin de la Guerra Fría y el inicio de la etapa de unipolaridad supusieron un escenario que potenció la inmigración latina hacia los Estados Unidos, la de tipo legal, pero especialmente aquella de carácter ilegal. Por lo tanto, en el seno del Congreso, se dio lugar al tratamiento de distintas iniciativas que tenían por objeto proveer un nuevo marco legal al país. Cabe destacar la Immigration Act de 1990, que elevó los cupos de inmigrantes admitidos; la Violent Crime Control and Law Enforcement Act de 1994, que simplificó los procesos de deportación para crímenes agravados y dotó de mayores recursos a los controles fronterizos; la Illegal Immigration Reform and Immigrant Responsibility Act de 1996, que añadió nuevos supuestos para los casos de deportación e inadmisibilidad; y la Nicaraguan Adjustment and Central American Relief Act de 1997, que autorizó las solicitudes de asilo para los ciudadanos nicaragüenses, salvadoreños, guatemaltecos y cubanos que hubieran escapado de la pobreza y la violencia en sus países de origen en los años 80.
La llegada del nuevo milenio fue un momento crítico en la historia de la población latina. Los resultados del censo del año 2000 indicaron que los más de 35 millones de latinos pasaron a ser la primera minoría étnica del país. Entre los sucesos principales de las tendencias demográficas de inicios del siglo xxi, destaca que por primera vez la tasa de natalidad superó a la inmigración como factor explicativo del crecimiento de la población de este grupo demográfico. De igual manera destaca el “proceso de desconcentración poblacional” por medio del cual los latinos migraron de los estados del sudoeste hacia condados y ciudades de las diferentes latitudes del país en donde su presencia era anteriormente limitada o inexistente. Por último, en esta década se produjeron algunas mejoras en la calidad de vida, especialmente en la tasa de escolaridad. Sin embargo, también hubo retrocesos en algunos indicadores socioeconómicos, como en el nivel de ingresos promedio por familia, ligado indiscutiblemente a la crisis financiera del año 2008.
La década del 2010 posiblemente sea la que mayores cambios registró en términos de calidad de vida para este grupo étnico. En primer lugar, el fin de la crisis subprime y la reactivación económica global tuvieron un impacto particularmente positivo sobre los indicadores socioeconómicos de la población latina, que en ese entonces representaba a más del 67 % de la fuerza laboral local (US Department of Labor, 2010). Esto se vio reflejado también en una sustancial reducción del número de familias latinas que vivían bajo la línea de pobreza, que para 2019 alcanzó su mínimo histórico (Statista, 2022). Por otra parte, hubo políticas públicas que beneficiaron especialmente a este grupo étnico, como, por ejemplo, la Affordable Care Act de 2010, impulsada por la administración del presidente Barack Obama, que garantizó el acceso a la salud a más de 4,2 millones de adultos latinos (NBC, 2015). En términos de desarrollo humano, las mejoras más importantes de la población latina se registraron en los indicadores relativos a la educación y a la calidad de vida (Lewis & Gluskin, 2018).
Principales características sociodemográficas de la población latina en la actualidad
Como se menciona al principio de este ensayo, hoy en día los Estados Unidos cuentan con un panorama poblacional altamente heterogéneo. Y la población latina no es la excepción. Su composición ha evolucionado enormemente a lo largo de los años, al punto que hoy en día los sujetos que la componen exhiben características socioeconómicas y demográficas tan variadas, que incluso algunos sectores académicos se han planteado la necesidad de segmentarla en sus estudios para obtener información más precisa. Independientemente de este debate que hoy en día está en curso, en este apartado se analizan algunos de los principales rasgos y las tendencias registradas en el último tiempo de este grupo poblacional.
Estados Unidos es hoy más latino que nunca antes en su historia. El censo del año 2020 reveló que la población latina creció aproximadamente un 20 % en la última década, pasando de 50 a más de 60 millones. Hoy los latinos conforman aproximadamente el 18 % de la población total del país y se han constituido como la primera minoría étnica, sobrepasando a otros grupos como los asiáticos y afroamericanos (López, Krogstad & Passel, 2022). El hecho de que 1 de cada 5 ciudadanos sea de origen latino no debe pasar inadvertido, considerando las estimaciones y proyecciones que indican que esta tendencia no desacelerará en los años venideros.
Su crecimiento no se detiene y se mantiene a un ritmo acelerado. La tasa de crecimiento latina (26 %) es mucho mayor al promedio nacional, que se sitúa en el orden del 7 %. Durante la última década, fue uno de los grupos étnicos de más vertiginoso crecimiento (19 %), superando a otros como los afroamericanos o blancos, y ubicándose en segundo lugar solo por detrás de los asiáticos (23 %) (ídem, 2022).
El crecimiento de la población latina se explica principalmente por los nacimientos en el país. La alta tasa de natalidad fue el factor más determinante del rápido crecimiento de este grupo étnico durante los últimos 30 años, al punto que hoy en día la inmigración ha quedado ampliamente relegada en términos relativos. Tan solo en la última década, por cada 90.000 inmigrantes latinos que ingresaban al país, en promedio nacían 940.000 bebés latinos cada año (Ídem, 2022).
La población latina es mayoritariamente joven. De acuerdo a los resultados del último censo, la edad mediana se estima en 30 años. Esto supone un valor prácticamente 50 % inferior al de la población blanca no hispana, que asciende a 44 años.
Actualmente el idioma de preferencia de los latinos es el inglés. A nivel general, hoy en día el idioma más hablado en el país es el inglés (78,2 %), mucho más que el español (13,2 %) (The World Factbook, 2023). En la población latina, la proporción es ligeramente inferior, ya que el 62 % afirma utilizar mayormente el inglés, mientras que un 38 % opta por el español. A su vez, un 36 % sostiene utilizar indistintamente ambas lenguas (Krogstad & Barrera, 2015). Vale remarcar también el hecho de que, en el segmento poblacional de entre los 18 y los 25 años, la preferencia por el idioma sajón es ampliamente superior (36 % vs. 22 %), aunque también hay un 42 % que declara ser bilingüe (ídem, 2015). Otro importante dato a considerar en términos idiomáticos es que los latinos nacidos en los Estados Unidos muestran una facilidad y capacidad superior para el habla del inglés (89 %) con respecto a los inmigrantes (34 %) (Krogstad, Stepler & López, 2013).
La población latina se encuentra en proceso de dispersión por todas las latitudes del país. La situación actual es drásticamente diferente a la de 1990 –cuando aproximadamente el 90 % de los latinos se concentraban en nueve estados–; sin embargo, la tendencia a la concentración se está disipando. No obstante, todavía el 60 % de los latinos reside en los estados de California, Texas, Florida, Nueva York y Arizona. En los grandes centros urbanos, viven aproximadamente unos 37 millones de latinos, mientras que el resto se dispersa en diferentes ciudades y pueblos a lo largo del país. A nivel subestatal, los condados cuentan la historia de la diáspora: en la última década, el crecimiento poblacional fue mayor en los condados con predominancia latina. Sin embargo, en términos relativos, la variación fue superior en aquellos con un menor número de residentes latinos (Passel, López & Cohn, 2022).
México y América Central son todavía los principales lugares de origen. La población latina en los Estados Unidos está compuesta por personas de diferentes orígenes. Predomina por amplia diferencia aquellas provenientes de México (59,5 %) con respecto a las originarias de Puerto Rico (9,3 %), El Salvador (4 %), Cuba (3,8 %), República Dominicana (3,8 %), Guatemala (2,8 %) y Colombia (2,2 %) (López, Krogstad & Passel, cit., 2022).
Persiste la desigualdad en términos económicos y de nivel de vida. Según datos del Departamento de Trabajo, en el año 2020, aproximadamente 20 millones de latinos formaban parte de la fuerza laboral, y se espera que esta cifra aumente a 35 millones para el año 2030 (Dubina, 2021). No obstante la gran importancia de los latinos para la economía de los Estados Unidos –actualmente generan aproximadamente 2,8 billones de dólares en actividad económica (Argüello, cit., 2023)–, aún hoy en día persisten las grandes desigualdades económicas. Esto se ve reflejado en la tasa de pobreza de la población latina, que, en el año 2021, prácticamente duplicaba la de la población blanca y no hispana (17 % vs. 8,2 %). Sin embargo, el cuadro de la situación no estaría completo si se omitiera el dato de que desde 2010 el número de familias latinas que viven bajo el nivel de pobreza al día de hoy se ha reducido en un 10 % (Statista, 2022).
En términos de educación terciaria y universitaria, los latinos han hecho importantes progresos en las últimas dos décadas. No obstante los efectos negativos de la pandemia de covid-19, la tasa de matriculación universitaria se ha mantenido estable y hoy es de aproximadamente 3,7 millones, lo que significa una duplicación respecto a la de inicios de siglo. Sin embargo, en términos comparativos respecto a otros grupos étnicos, la población latina reporta la menor tasa de inscripción entre jóvenes de entre 18 y 24 años. Esto se explica principalmente debido a las dificultades para acceder al financiamiento de sus estudios, pero también a la necesidad de unirse al mercado laboral apenas terminada la educación secundaria (Mora, 2022).
El cristianismo es todavía la fe predominante, pero algo está cambiando. No obstante las tendencias generales hacia la secularización, la mayor parte de los latinos mantiene la fe cristiana como uno de sus rasgos identitarios. Para el año 2018, un 72 % se identificaba como cristiano, lo que representa una caída de diez puntos con respecto a la década anterior (Smith et alter, 2019).
El Partido Demócrata tiene mejor imagen entre latinos. El 60 % asegura que es el partido que mejor representa sus intereses, muy por encima del Partido Republicano, para el cual esta cifra es apenas del 34 % (Krogstad, Edwards & López, 2022).
Más allá de los avances conseguidos, persiste la subrepresentación en el Congreso. A pesar de ser la primera minoría del país y de haber sido un grupo electoral crítico en las elecciones presidenciales de 2020 y las legislativas del año 2022, hoy en día apenas el 7,9 % de los miembros del Congreso son latinos (Guarino, 2023). Independientemente de esto, la actual legislatura marca un hito en cuanto al número de congresistas latinos electos, que asciende a 47.
Conclusiones
En las páginas anteriores, se analizó la historia de la población latina en los Estados Unidos. Partiendo desde sus orígenes, analizamos cómo este grupo poblacional fue uno de los principales protagonistas de la evolución del panorama social y económico del país a lo largo de su existencia. Posteriormente, se describieron las principales características y rasgos sociales, económicos, culturales y políticos de las más de 60 millones de personas que hoy en día conforman este grupo étnico.
En resumen, este ensayo ha servido al fin de ilustrar la profundidad y la magnitud del cambio sociodemográfico que se está produciendo hoy en día en los Estados Unidos. No es el primero en la historia del país, y probablemente tampoco será el último. Sin embargo, el auge de la población latina abre la oportunidad de repensar una serie de conceptos que se suelen atribuir al país norteamericano y de plantear la posibilidad de que un cambio demográfico pudiera devenir en un cambio sistémico-institucional.
Las estimaciones del censo indican que, a más tardar para 2045, la población blanca ya habrá pasado a ser minoría. ¿Qué expectativas se tienen para ese entonces? ¿Qué rol revestirá la población latina en el plano político, más allá de un papel previsiblemente mayor en el plano económico? Por el momento, pese al vertiginoso crecimiento que ha experimentado este grupo étnico, persiste aún la subrepresentación en el seno del Congreso, en el Poder Ejecutivo y en la política partidaria. ¿Podrán las instituciones responder a la nueva composición demográfica y subsanar esta falencia? Por otra parte, la población latina tiene características culturales particulares, heredadas del siempre presente ethos hispánico, ya sea en el plano idiomático como en el religioso. En los estados del sudoeste –lo que podríamos llamar el punto de partida–, así como también en los grandes distritos urbanos del país, la integración social de la población latina ha sido exitosa en términos generales, pero ha conllevado un largo proceso de luchas, reclamos y conquistas. ¿Será igual en el caso de las pequeñas comunidades frente a la actual diáspora latina, o las nuevas generaciones nacidas en territorio estadounidense lograrán una asimilación más fluida respecto a los latinos inmigrantes?
Por último, cómo se construirán ontológicamente los Estados Unidos frente al nuevo mapa demográfico. ¿Podrá el mito del “excepcionalismo americano” perpetuarse sobre esta base, o el país cambiará tanto que se desconocerá a sí mismo y deberá repensar sus cimientos y principios fundacionales?
Todas estas interrogantes parecen difíciles de contestar con la información que hoy está disponible, ya que en gran medida parece apenas reflejar la punta del iceberg. En el pasado las instituciones de los Estados Unidos se han probado capaces de absorber la diversidad, generar espacios de inclusión y enriquecerse de ella, incluso frente a cambios demográficos mucho más repentinos que este. Esta transición no debería ser una excepción a la regla; sin embargo, son muchos los factores económicos, sociales, políticos y culturales que jugarán un rol crítico en el éxito final de este desafío para los años venideros.
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