Esta breve nota tiene como propósito explicitar criterios de edición y estilo que se han consensuado para elaborar la presente obra colectiva.
De manera general, para la transliteración de nombres y vocablos japoneses se ha optado por el sistema Hepburn moderno. Así, se utiliza la cursiva que corresponde a los términos extranjeros.
De forma complementaria, se adoptó el criterio de utilizar términos de origen japonés que se han incorporado al idioma español como “japonesismos”, y por lo cual se omite escribirlos en cursiva (sake, sushi, geisha, sakura, tsunami).
Un caso particular se corresponda a la palabra “nikkei” –referida en principio a la colectividad japonesa– que tiene origen en el idioma japonés pero ha adquirido un sentido propio en América Latina. También se utiliza el neologismo “niquey”.
Se aplican las normas de acentuación propias del español para los términos derivados de un concepto de origen japonés (por caso, sintoísmo) y para aquellos ya incorporados a nuestra lengua (samurái, bonsái).
Del mismo modo, el uso de macrón para vocales largas que se corresponde al sistema Hepburn se limita a ciertos vocablos (por ejemplo, shintō, daimyō) y se omite en el caso de aquellos de uso más habitual en español (Kyoto, Tokyo).
Lo dicho hasta aquí no evita que autores hayan optado por utilizar ambos criterios, por lo cual se podrá encontrar tanto sintoísmo como shintō, o Tokio y Tokyo, según el contexto en que se utilizan.
Cabe aclarar que el sistema Hepburn se basa en la fonética inglesa, como resulta evidente en los casos de Hirohito o “hanami”; cuando en el idioma español sería más cercano escribirlos como “Jirojito” o “janami”. Instituciones académicas de México –UNAM y Colmex– han intentado establecer una grafía basada en el idioma español, pero lamentablemente su uso no se ha extendido. Ello no es más que otro ejemplo de la hegemonía de la mediación angloparlante en el japonismo contemporáneo.
Con respecto a los nombres propios, se emplea en los capítulos 1 y 2 el orden habitual en japonés (Apellido, Nombre), mientras que en el estudio preliminar y los capítulos 3 y 4 se opta por el orden habitual en español.
Finalmente, por tratarse de una obra colaborativa, cada autor es responsable de la parte que desarrolla y ésta conserva su propio estilo de expresión.
Magdalena Villaverde (correctora)
Pablo Gavirati (coordinador)






