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Del Euskal Herria a La Pampa

Relatos de migrantes de origen vasco

Stella Cornelis y Mariana Funkner[1]

Introducción

Los procesos migratorios de personas que arribaron a Argentina desde diferentes regiones de Europa, entre mediados del siglo XIX y hasta las primeras décadas del siglo XX, han sido profundamente indagados por la historiografía. En comparación con otros grupos étnicos, como los italianos o españoles, la comunidad vasca ha captado menos la atención de las y los cientistas sociales. No obstante, podemos identificar investigaciones sobre su llegada al actual territorio argentino, en el marco de la migración española (Marquiegui, 1989; Moya, 1989). Algunas pesquisas se han enfocado en el temprano arribo de los vascos, desde mediados del siglo XIX, y su posterior inserción en el mercado laboral (Irianni, 1998).

Asimismo, se ha analizado el rol que tuvieron las cadenas migratorias (Irianni, 1995), el asociacionismo étnico y los esfuerzos por preservar su identidad (Torry, 2011) y, en ese marco, la publicación de la revista bilingüe La Baskonia (Bergareche, 2009). A partir del análisis del Euzko Deya, publicado mensualmente en Buenos Aires, De Cristóforis ha examinado el impacto de la Guerra Civil Española en la prensa vasca (2020), la asistencia femenina al exilio vasco y su propaganda en ese periódico (2023). Estudios recientes, desde una perspectiva de género, abordan la participación femenina en los periódicos vascos publicados en Argentina durante los años de la guerra civil y el régimen franquista (De Cristóforis, 2022), así como también el rol de las mujeres vascas en los procesos migratorios (Andreucci, 2022).

En el caso de La Pampa, si bien se han efectuado algunos trabajos que estudian la inmigración de origen vasco, sus tradiciones y su lengua (Bilbao, 1998; Gerardo, 2002; Reynoso Savio, 2008, 2018), son escasas las investigaciones sobre esta comunidad. Por ello, a partir de esta indagación, esperamos contribuir al estudio de los procesos de migración vasca desde una perspectiva microsocial, enfocándonos en las experiencias personales, y desde la denominada historia de las emociones.

Ese campo de estudios, relativamente reciente en América Latina (Bolaños Florido, 2016; Bjerg, 2019a, 2019b; Bjerg y Gayol, 2020; Garrido Otoya, 2020), será entonces el marco teórico de esta propuesta. En Europa, si bien es posible identificar algunos ejemplos previos, el origen de las exploraciones históricas sobre las emociones se vincula con uno de los representantes de la escuela de Annales, como fue Lucién Fevbre (Plamper, 2014). Posteriormente, con la tercera generación de Annales y su interés por la historia de las mentalidades, los estudios de la familia, de la vida privada y la historia de las mujeres –a partir de incorporación de la categoría de género–, se fue institucionalizando esta nueva línea de estudios en el campo historiográfico. En ese proceso, influyeron también los aportes de otras disciplinas, como la antropología (Le Breton, 1999), la sociología y la psicología. Sin embargo, estos estudios han demorado en llegar a los países latinoamericanos.

Así, situamos este trabajo en la intersección de las indagaciones sobre historia de la inmigración, por un lado, e historia de las emociones, por el otro. Como plantea Bjerg (2019a), las emociones son constitutivas de la vida social y, sin lugar a duda, la experiencia de migrar estuvo atravesada por innumerables sentimientos, como el miedo a lo desconocido, la incertidumbre ante los nuevos horizontes y la añoranza por los vínculos afectivos dejados en el país de origen, entre muchas otras (Fernández Vicente, 2022). Nos adentraremos en ese universo a partir de microrrelatos (Revel, 2011) que recuperen en primera persona las experiencias “al ras del suelo”, las memorias y “pequeñas” historias de vida que permiten acercarnos a los procesos desde otra perspectiva y captar la dimensión individual de las migraciones. De acuerdo con Oiarzabal (2014), buscamos rescatar “la pequeña historia de personas y lugares como una forma de luchar contra el dolor que dejan los exilios y las migraciones” (p. 112), es decir, los “tiempos rotos” o las “memorias heridas”. Relatos que forman parte de la vida cotidiana de personas y que, gracias a la historia oral, dejarán de estar silenciados (Portelli, 1991).

Así, en este acercamiento preliminar, nos proponemos interpretar, a partir del marco teórico explicitado, una serie de testimonios de migrantes vascos que llegaron a La Pampa: algunos fueron publicados por Daniel Bilbao (1998), otros se recuperaron mediante una actividad académica efectuada por un grupo de estudiantes de la licenciatura en Comunicación Social, en el año 1999[2]. Además, incorporamos el relato de Miren Alazne Iruretagoyena[3]. Debemos aclarar que, gracias a esas iniciativas, que recuperaron las voces de migrantes, pudimos acceder a una diversidad de relatos; por ello, alentamos a realizar entrevistas a personas que han vivido experiencias migratorias para preservar esas memorias. Finalmente, dialogamos con un inmigrante de la comunidad vasca que llegó a Argentina en 1957, cuya narración, al igual que la de Miren, será medular para este capítulo[4]. Consideramos necesario hacer una advertencia desde el punto de vista metodológico, ya que muchos de los testimonios utilizados no fueron recopilados por las autoras de este capítulo y, en consecuencia, no estuvieron orientados por las preguntas que nos propusimos en esta indagación. Sin embargo, pudimos extraer diversos fragmentos de esos relatos que nos posibilitaron el análisis desde la historia de las emociones.

Entonces, desde la perspectiva que propone Bjerg (2020), algunos interrogantes que guían esta investigación, e intentamos responder, son: ¿qué emociones se pusieron en juego al momento de migrar y llegar a un país desconocido? y ¿cómo se adaptaron los migrantes a las prescripciones y prácticas emocionales que regulaban la vida social en el país receptor? El asociacionismo étnico buscó preservar la identidad de los integrantes de la comunidad y, en este sentido, nos preguntamos sobre su rol en relación con las prácticas emocionales que buscaron mantener tradiciones culturales.

Este trabajo se estructura a partir de tres apartados: en primer término, realizamos una contextualización histórica sobre la llegada de inmigrantes vascos a América y Argentina, y particularmente a La Pampa. En segundo lugar, nos concentramos en los relatos en primera persona, que nos permitieron un primer acercamiento a las historias de inmigrantes de esa comunidad y los motivos que los llevaron a emigrar. Finalmente, desde la perspectiva de la historia de las emociones, efectuamos un análisis que prestó atención a la añoranza por el terruño y las costumbres cotidianas, la importancia del asociacionismo étnico para mantener vínculos y prácticas culturales, entre otros aspectos.

Inmigración vasca: América, Argentina y La Pampa

Antes de referir al arribo de migrantes de esa comunidad, debemos aclarar que el Euskal Herria, o territorio en el que se ha desarrollado la cultura vasca, es una región ubicada en Europa occidental y situada a ambos lados de la frontera franco-española en los Pirineos. Está constituido por siete provincias, tres en la zona francesa (Labort, Baja Navarra y Sola o región de Iparralde); las cuatro restantes se encuentran en España (Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra o la región de Hegoalde).

Mapa N° 1: Provincias que componen el País Vasco

Fuente: https://turismovasco.com/pais-vasco/provincias-del-pais-vasco/

La llegada de personas nacidas en esos territorios a América se remonta a la época colonial; comenzaron a arribar a partir del último tercio del siglo XVIII. Ese flujo se mantuvo durante todo el siglo XIX. Uno de los espacios que recibió mayor afluencia de inmigrantes vascos fue el Río de La Plata. A partir de 1840, podemos determinar una inmigración vasca temprana; luego, una segunda oleada entre 1870-1930, que se enmarca en las políticas del gobierno argentino a partir de la Ley de Inmigración y Colonización Nº 817 de 1876. Finalmente, los investigadores distinguen una tercera etapa, que iniciaría luego de procesos históricos como la Guerra Civil Española (1936-1939) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Son variadas las causas que movilizaron a los miembros de esa comunidad a emigrar[5]. Entre los móviles, es posible identificar problemas económicos, hambrunas, las luchas internas, parientes instalados en Argentina que informaban sobre la posibilidad de conseguir empleo, la búsqueda de oportunidades, entre otras. En el caso español, también tuvieron peso las guerras. Entre ellas, podemos mencionar, a fines del siglo XIX, la contienda bélica entre España y EE. UU. o el conflicto armado entre España y Francia contra Marruecos (1911-1927).

Los flujos migratorios de la segunda oleada están relacionados con las transformaciones que se produjeron en la economía de la región durante el siglo XIX. En lugares como Vizcaya, se desarrolló la actividad industrial, en tanto que otras zonas mantuvieron la producción agro-pastoril. El paisaje social vasco era mayormente rural; allí, el caserío fue la unidad de explotación agrícola-ganadera y también ofició como vivienda. Se encontraban alejados de los centros urbanos y permitieron la supervivencia familiar; su superficie variaba entre, aproximadamente, unas 4 a 5 hectáreas (Bergareche, 2009). Estas unidades de trabajo, producción y consumo se apoyaron en el sometimiento de la familia a la autoridad del jefe del caserío (Andreucci, 2022)[6].

Las prácticas hereditarias mediante las cuales un hijo heredaba la propiedad, marcando una desigualdad entre quien se quedaba con las tierras y los excluidos y excluidas, llevaron a aquellos y aquellas integrantes del grupo familiar sin patrimonio a buscar otras alternativas laborales y, ante ese panorama, la migración fue una opción posible (Andreucci, 2022). Además de los cambios económicos, también es posible identificar otros motivos, como los políticos, que condujeron a la salida del terruño. En este sentido, debemos recordar que, entre 1839 y 1876, se produjeron las denominadas guerras carlistas, en el marco de la sucesión a la corona española (Bergareche, 2009).

La tercera etapa migratoria de esta comunidad está relacionada con acontecimientos como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Vale aclarar que el conflicto civil que se desató en España enfrentó a la facción nacionalista, que comenzó la revuelta y estaba liderada por el general Francisco Franco, contra el bando republicano, que defendía el gobierno democrático al que los militares querían derrocar[7]. En palabras de Santos Juliá (1999), la contienda tuvo múltiples aristas porque incluyó la lucha de clases, la guerra por cuestiones religiosas, enfrentamientos con grupos nacionalistas opositores (como el catalán, el vasco o el gallego), la lucha entre contrarrevolución y revolución, entre fascismo y comunismo. Un acontecimiento traumático que perdura, especialmente en la memoria de la comunidad vasca, fue el bombardeo de Guernica en 1937.

Guernica fue considerado el símbolo del nacionalismo vasco y, al momento del ataque, el País Vasco era una zona en disputa entre nacionales y republicanos. Ante el avance de las tropas de Franco, la lucha comenzó a centrarse en la defensa de Bilbao, la ciudad más importante de la provincia de Vizcaya. Ubicada a unos 40 kilómetros de Bilbao, Guernica fue el sitio al que los soldados se retiraron para preparar la defensa de aquella ciudad y donde las personas huían ante el avance y los ataques de las tropas nacionalistas. En el transcurso del enfrentamiento, fue bombardeada por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, que apoyaban al bando sublevado. La villa prácticamente quedó destruida y gran parte de la población vasca fue asesinada. La guerra civil finalizó en 1939 con el triunfo del ejército nacionalista; el general Franco declaró su victoria e instauró una dictadura que duró hasta su fallecimiento en 1975. Las medidas dictatoriales fueron especialmente aplicadas en las provincias vascas. Se implementó una represión económica, ya que el gobierno impulsó una política de confiscaciones, expropiaciones y denegaciones de permiso para plantear actividades industriales en Bizkaia y Gipuzkoa. También las escuelas vascas, tanto privadas como públicas, fueron eliminadas y el uso del euskera fue penado por la ley. En síntesis, eran medidas que trataban de suprimir todas las expresiones culturales de raíz vasca.

Así, una vez concluida la Guerra Civil Española, muchas personas de esa comunidad se vieron forzados a exiliarse en Francia y otras salieron de Burdeos hacia Argentina, pero sin la documentación necesaria para ingresar al país. Frente a esta situación, se formó el Comité Pro Inmigración Vasca, con el objetivo principal de facilitar el ingreso a la Argentina de quienes decidieron migrar. La comisión estuvo integrada por personalidades destacadas de la política y la cultura, y fue presidida por José Urbano de Aguirre Guisasola[8]. Debemos aclarar que el gobierno argentino había implementado el Decreto 8972/1938, que buscó reglamentar la entrada de extranjeros al país con el argumento de evitar la competencia en el mercado laboral, ya que la demanda de trabajadores había descendido como consecuencia de la crisis económica de los años 30[9]. En este sentido, esa normativa y otras medidas gubernamentales buscaron restringir el ingreso de inmigrantes[10]. Ese fue el desencadenante para la conformación del comité mencionado, que buscaba ayudar a sus coterráneos. La organización contó con el apoyo del presidente Roberto Ortiz Lizardi, que era hijo de vascos, al igual que su esposa (Aguirre Guisasola, 1948, en Larronde, 2003). El mandatario promulgó, en 1940, dos decretos que facilitaron la entrada al país de migrantes de origen vasco. El primer documento establecía el permiso para:

El ingreso al país de inmigrantes vascos, residentes en España o en Francia con la documentación que posean y bajo la garantía moral y material en cada caso, del Comité Pro Inmigración Vasca, o la que en su defecto puedan suministrar los funcionarios consulares respectivos, sobre los antecedentes de buena conducta y aptitudes físicas y morales de las personas en cuyo favor interceda el citado Comité. (Decreto Nº 53.448, 1940)

Llama la atención, en primer lugar, según Aguirre Guisasola (1948, en Larronde, 2003), la excepcionalidad respecto de la comunidad vasca y, por otra parte, también resulta peculiar que el comité –integrado por hijos de vascos– tuviera la potestad de intervenir y garantizar moral y materialmente el arribo de sus paisanos. En paralelo a esta medida, se envió un barco a Marsella para facilitar el transporte de aquellas personas que desearan salir de su terruño (Cruset, 2011). En julio de 1940, frente a diversas interpretaciones del decreto presidencial, Ramón Castillo –que se encontraba al frente del Poder Ejecutivo por licencia de Ortíz– promulgó una nueva normativa que ampliaba el Decreto Nº 53.448/40. En el artículo 1, se aclaraba que el acuerdo beneficiaba “a los vascos, sin distinción de origen y de lugar de residencia”[11]. Además, resaltaba que el Comité Pro Inmigración Vasca podría “intervenir en la regularización de la situación de pasajeros vascos que ya se encuentran en el país, exceptuando el caso de los tripulantes de barco que hubieren desertado” (Decreto Nº 65.384, 1940).

Según Bjerg (2020), acontecimientos como la Guerra Civil Española o la segunda posguerra provocaron la llegada de inmigrantes a la Argentina cuyas vivencias eran muy diferentes a las de aquellas personas que habían arribado en la “era aluvial”. En ese contexto, vinieron familias o bien personas que habían sufrido el desmembramiento de su grupo familiar, debido a los conflictos de una España que se desangraba por los enfrentamientos armados y de una Europa también marcada por la ruina y desolación. De esa manera, llegaron a la Argentina, y a La Pampa en particular, hombres, mujeres y niños que salieron del viejo continente escapando de la desdicha y con la esperanza de encontrar paz y trabajo.

Con respecto a la presencia de los vascos en el Territorio Nacional de La Pampa, es posible identificar una llegada temprana. Un ejemplo de ello es el caso de José Luro, oriundo de Iparralde, quien fue designado gobernador del territorio en 1889. En la primera Sociedad Española de Socorros Mutuos de La Pampa, que se fundó en General Acha hacia 1886, también hallamos apellidos vascos que dan cuenta de la presencia de miembros de esa comunidad. Bilbao (1998) ha realizado un trabajo genealógico en el que identifica a personas de ese origen que residieron, y aún lo hacen sus descendientes, en las distintas localidades pampeanas. Según este investigador, tempranamente, comenzaron a agruparse; en 1904, se organizó la primera Asociación de Socorros Mutuos en el Territorio, denominada Denak Bat. Además, identifica nominaciones vascas en diversos petitorios o formando parte de asociaciones españolas.

Así, quienes se instalaron en La Pampa comenzaron un camino hacia el asociacionismo, con el propósito de mantener las costumbres y tradiciones que eran propias de su identidad. De ese modo, se constituyeron tres centros vascos, que aún mantienen continuidad en la provincia: el “Unión Vasca-Euzko Alkartasuna” en la localidad de Macachín, que se originó en el año 1959[12]; el “Euzko Txokoa” de General Acha, que surgió en 1965[13]; y un grupo de descendientes de vascos que comenzó a reunirse dando nacimiento al “Zelaiko Euskal Etxea” de Santa Rosa en 1992 (Reynoso Savio, 2008)[14].

Relatos en primera persona

Las experiencias de migrantes que recuperamos en este trabajo se enmarcan en la tercera etapa que mencionamos respecto de la inmigración vasca; es decir, son casos vinculados a situaciones traumáticas, como lo fueron la Guerra Civil Española y la instauración del régimen franquista. Rescatar estos relatos nos permite conocer en primera persona cuáles fueron los efectos de esos procesos históricos en las personas, recobrar vivencias y emociones que marcaron para siempre la vida de esos individuos, que se aventuraron a migrar hacia rumbos totalmente desconocidos.

Es necesario aclarar, como ya adelantamos en la introducción, que, si bien recuperaremos diversos testimonios, dos de ellos serán medulares para el análisis que realizaremos, ya que son relatos de primera mano. Las narraciones de Miren Alazne y Eloi nos ayudarán a abordar la experiencia personal en relación con la decisión de migrar y establecerse en un país desconocido. Miren Alazne nació en Zarautz, municipio situado en Gipuzkoa, el 27 de noviembre de 1935; su infancia fue dura porque estuvo atravesada por la Guerra Civil que dividió a su familia, compuesta por sus padres y sus dos hermanos. Eloi nació en 1936 en Bergara, provincia de Gipuzkoa, España. Su familia estaba constituida por sus padres y cuatro hermanos y hermanas. Hasta el momento de su migración, vivió en el Caserío Usasti, en la zona rural de Bergara, que en ese momento contaba con, aproximadamente, unos 15.000 habitantes. Pasó su infancia, estudió y luego comenzó a trabajar en esa localidad. En 1956, emigró a Argentina.

Estos testimonios serán analizados teniendo en cuenta los siguientes ejes interpretativos: migraciones familiares previas y vínculos parentales en el país de arribo y los motivos que los llevaron a emigrar, en palabras de Miren Alazne, desde sorlekua (su lugar de nacimiento en euskera).

Historias marcadas por las migraciones

En la mayoría de los relatos, se advierte que estas personas conocían de cerca la inmigración: algún familiar, generalmente un tío, había emigrado del País Vasco hacia Argentina. Uno de los casos que recuperamos es el de MB, que emigró en 1949; explicó que su tío “había ido a pasear en el año 1948” a España y

En esos días salía del servicio militar y entonces, y yo me entusiasmé para que me dieran la carta de llamada, me dieron la carta de llamada y con eso empezamos a hacer los trámites. Pero teníamos el inconveniente con mi señora de que era otra familia y entonces no servían los papeles que yo hacía, entonces nos tuvimos que casar expresamente para venir. (MB, en Amado et al., 1999)

En varios testimonios, aparece la referencia a ese familiar que, como expresó JCG, “me pidió, me envió una carta, porque entonces había que venir reclamado por quién se hacía cargo acá, incluso me mandó los pasajes” (JCG, en Amado et al., 1999).

Miren Alazne también rememoró que su tío, Juan José Peñagaricano, una vez instalado en Argentina, le comunicó al resto de la familia las posibilidades que existían en el país. Ella emigró en 1951, cuando tenía 15 años, con parte de su familia. Se dirigieron a Pilar, Buenos Aires, donde instalaron una pensión para estudiantes con comida y bar. Desde ese lugar, se trasladaron a Córdoba, donde estuvieron ocho años y, posteriormente, a Anguil –una localidad de la provincia de La Pampa–. Allí, residió unos años y, en 1972, se fue a vivir definitivamente a Macachín, otro pueblo pampeano. Esa decisión fue iniciativa de su hermano, que trató de reunir a los familiares más cercanos: “fue él que quiso juntar a la familia porque habíamos estado tanto separados […] Con la cochina guerra ya vivimos bastante separados” (Miren, 2019).[15]

Un tercer ejemplo es el de Eloi. Él conocía de cerca la inmigración; tenía dos tíos que habían migrado para no ir a la guerra en el contexto del conflicto con Marruecos. Ellos, JM y AM, llegaron a La Pampa y se instalaron en Hidalgo, y luego JM se fue a Luan Toro. Se dirigió hasta la última estación del tren porque veía la posibilidad de juntar dinero en esa zona. AM era soltero y permaneció en Hidalgo, donde había una estafeta, y residió en un campo llamado Esmeralda. AM trajo a otro hermano del País Vasco, pero por diferencias se separaron y este continuó su camino a Tucumán. Posteriormente, en 1915, otro tío arribó a Argentina, se trataba de EM.

En uno de los viajes de EM al caserío de Bergara, en el País Vasco, le dijo a Eloi y a uno de sus hermanos: “Uno de los dos se viene conmigo a la Argentina” (Eloi, comunicación personal, 2023). En 1947, en otra oportunidad, ya había traído a otro sobrino, FZ. Y era la segunda vez que hacía el planteo. Según rememoró Eloi, pensó que al que le correspondía marcharse era a él, porque su hermano todavía estaba estudiando. Eloi recuerda del viaje que “en el barco eran todos inmigrantes”. Y, cuando llegaban, los gallegos se quedaban en Buenos Aires y los vascos se iban al campo, porque no les gustaba la ciudad. Esa era la historia de su tío AM, el primero de los hermanos que había recalado en Macachín. Cuando Eloi llegó a la Argentina, esa fue su opción, aunque primero estuvo en Llavallol –Buenos Aires– con su primo JMA, trabajando como consignatario. Al año, se trasladaron a Macachín. Rememora que “todos los pueblos eran parecidos, pero aquí estaban los tíos”.

Como podemos advertir a partir de estos testimonios, los tíos solteros solían traer a varones. En este sentido, a veces se pedía ayuda a la familia y enviaban a los hombres, por esta razón EM trajo un hijo varón de cada una de sus hermanas. Algunos autores han planteado que “para los vascos tener un tío en América era casi natural” (Iriani, 1995). Generalmente, eran los varones los seleccionados para esa aventura, las mujeres quedaban en segundo plano y, si se “mandaba a pedir alguna”, era porque la familia radicada en Argentina necesitaba ayuda, relacionada concretamente con la crianza de niños, las tareas en el hogar o el cuidado de personas mayores, tal como nos relató Eloi.

En gran parte de los casos analizados, las redes parentales y amicales, que contuvieron a esos migrantes, fueron fundamentales al momento de tomar la decisión de viajar a un país desconocido. A su vez, esas redes generaron cadenas migratorias y la concentración de miembros de la comunidad en determinados puntos del territorio. Como recordó MB, cuando llegaron al puerto “nos estaban esperando en Buenos Aires, el papá de Paquita, un tío de Paquita, un primo de Paquita y una hija […] fuera de lo que es del puerto nos esperaban paisanos que se enteraron que habíamos venido”. Ello demuestra que sus familiares y coterráneos estaban presentes al momento del arribo; estas personas generaron una red de contención para quienes recalaban a un lugar que era desconocido. Esos lazos familiares fueron centrales para la llegada a determinados puntos del país receptor y, gracias a esos vínculos, pudieron instalarse y conseguir trabajo.

Hay que considerar que, en 1946, los decretos que favorecieron la llegada de los vascos fueron derogados; no obstante, se realizaron acuerdos diplomáticos como el “Convenio sobre Migración” de 1948, celebrado entre Argentina y España. Ese documento clasificaba la inmigración teniendo en cuenta las causas de llegada: “carta de llamada” –podía ser efectuada por nacionales o residentes en el país que los contratasen–; “contratada” –por organismos públicos argentinos– y “colonizadora e industrial colectiva” –con el propósito de radicarse en el medio rural por convenio con organismos públicos para la primera, y equipos completos de ingenieros, técnicos y obreros contratados por el gobierno o empresas particulares para la segunda–. También, este convenio preveía el ingreso de profesionales, con títulos universitarios (Rodríguez de Taborda, 2010)[16].

Nos referimos a este acuerdo ya que la mayoría de los relatos que estudiamos remiten a la “carta de llamada” como documento fundamental para ingresar al país. Así, se enlazaron los vínculos y redes parentales o amicales y la normativa del país que regulaba la migración. El no poseer esos contactos llevó a buscar distintas alternativas, como explicó JEL: “tenías que ser reclamado y como no teníamos nosotros ningún reclamo de ninguno, yo intenté primero ir a México y después a Norteamérica, y tampoco no daban entrada” (JEL, en Amado et al., 1999).

La Guerra Civil Española y sus consecuencias: las causas de la migración

Sin lugar a duda, la guerra y los enfrentamientos políticos motivaron la salida de muchas personas de España. Los relatos lo explican claramente: MB comentó que llegó a Argentina en 1949, su destino fue Lonquimay (La Pampa):

Nosotros ya andábamos noviando con la que es mi señora y teníamos el inconveniente de que no teníamos salida laboral […] porque no éramos adictos al régimen actual, al franquismo […]. A mis padres les dejaron bien, bien, bien en pelotas. Y no tenían ideas políticas de ninguna clase, nos sacaron el camión, un camión nuevito, nos cerraron el negocio, yo con doce años; nos precintaron las casas porque decían que allá se escondían papeles. [En] nuestra casa el segundo piso estaba alquilado a la Unión general de trabajadores, pero ahí fue todo maldad. A nosotros nos dejaron en la calle […] nos precintaron la casa. (MB, en Amado et al., 1999)

Las causas de la migración de Miren Alazne también fueron políticas, se enmarcan en el contexto de la guerra civil y el régimen dictatorial de Franco. Rememoró que durante el “franquismo era un odio, un rencor entre familias, un miedo, una miseria, hambre. Vinimos a raíz de ello como exiliados voluntarios pero, en realidad, vinimos por la guerra”. A pesar de su corta edad al momento de partir, al ser entrevistada, recordó con tristeza los años de la Guerra Civil Española, un conflicto bélico que marcó profundamente a su familia. “Fue muy dura la vida, yo nací y a los 6 meses empezó la guerra. Cuando tenía un año y medio mamá se tuvo que ir al campo a trabajar y me dejó con los padres [sus abuelos maternos]”. Antes de la guerra, el padre de Miren Alazne se desempeñaba como trabajador en la municipalidad, “fue perseguido, pero no estaba afiliado al Partido Nacionalista Vasco”. También rememora que, cuando estalló la guerra, a su familia “le requisaron todo lo que tenían ahorrado, para ellos, nosotros éramos los rojos, los comunistas”.

Debido a esa persecución por cuestiones políticas, su progenitor fue trasladado a un campo de concentración y a su madre “la mandaron al campo, la sacaron de la capital [en referencia a San Sebastián, capital de la provincia de Gipuzkoa], la mandaron allí porque si no iba a la cárcel”. Así, su madre “se pasó al Mediterráneo, a Tarragona, con una gente que conoció en San Sebastián, que fue de veraneo y se la llevaron”. Al trasladarse, tuvo que dejar a sus tres hijos, desmembrándose por completo la familia nuclear: su hermana Arantxa se fue con una tía paterna, que no tenía descendientes; Alejandro, con los abuelos paternos; y Miren Alazne, con los maternos. Aún recuerda cómo su hermano, “con 9 años caminaba 5 km de ida y 5 km de vuelta para verme, para que no me olvide de él”. Miren Alazne comentó que a su padre lo conoció cuando tenía 5 años, cuando la llevaron a la cárcel de Ondarreta. Relata que tenía una foto de sus padres en su mesita de luz,

Fui y vi que desde lo lejos un hombre me hacía así [agitando la mano]. Cuando llego a la casa me preguntan ¿y conociste a tu papá? le digo sí, creo que era él. ¿Y dónde estaba? y en un gallinero!! claro alambrado, tejido, verja, si lo que nos han hecho no tiene nombre. (Miren, 2019).

Cuando finalizó la guerra, la familia volvió a reunirse, pero sus tíos le pidieron permiso a sus padres para quedarse con Arantxa, “se habían encariñado y se quedó”. Sin embargo, el contexto de posguerra no mejoró la situación de los vascos: “fue terrorífica la posguerra. Si había un hombre en una esquina lo dejaban, si eran dos los vigilaban, si eran tres los cagaban a palos porque estaban haciendo complot. Le tocó al marido de mi hermana”. Otros no corrían con la suerte de sobrevivir, como ejemplo, Miren Alazne evocó un caso cercano a su entorno: “a la chica que vivía al lado de la casa le mataron el padre”. Sin duda, el contexto político fue una de las razones principales que estimuló a su familia a migrar.

Pasemos ahora al relato de Eloi. En 1956, con 19 años, y a pesar de no querer abandonar España, se embarcó en el Monte Urbasa, en el puerto de Santurce, en Bilbao, con su primo JMA. La travesía se inició el 24 de marzo y llegaron a la Argentina el 13 de abril. Como ya explicamos, por el contexto generado a partir de la dictadura franquista, muchas familias vascas aspiraban a que sus hijos tuvieran un futuro mejor. Pero también en las familias que habitaban los caseríos existían las leyes de “mayorazgo”, donde el hijo mayor heredaba la propiedad y se transformaba en el único beneficiario de los bienes. Como contrapartida, debía cuidar del bienestar y salud de sus padres. El resto de los herederos tenían que abandonar la casa familiar y buscar un trabajo para subsistir; en esos casos, muchos y muchas optaron por convertirse en clérigos, monjas, artesanos, mientras que otros y otras decidieron migrar.

María Bjerg (2020) plantea que las experiencias traumáticas provocaron, en muchos migrantes, además del despojo material y simbólico, alteraciones emocionales. Este fue el caso de Eloi, que, si bien la guerra civil no fue una causa inmediata para su partida, una de sus consecuencias lo alentó a emprender el viaje. El gobierno de Francisco Franco[17] fue uno de los detonantes. En ese contexto, Eloi sufrió ese despojo y algo que menciona en forma risueña es que tiene dos nombres, ya que castellanizaron su apelativo de nacimiento en el marco de las políticas de represión lingüística implementadas por el franquismo[18]. Al prohibirse el euskera, sufrió un cambio de nombre y fue obligado a llamarse de manera diferente. Rememora que “a los 17 años le dieron su nuevo documento con otro nombre”; un evento puntual de su vida que implicó una imposición que le causó dolor. Si bien él era muy pequeño cuando ocurrieron hechos traumáticos para el País Vasco, como el bombardeo de Guernica, sus padres sí vivieron esos acontecimientos y seguramente ello pesó a la hora de decidir que su hijo migrara.

Una situación similar observamos en el testimonio de Miren Alazne: “yo soy Miren Alazne y me tradujeron el nombre, me pusieron María Milagros, soy del día de la medalla milagrosa, del 27 de noviembre, me tradujeron el nombre al castellano”. También recordó con dolor su pérdida de identidad y el reclamo que realizó a las autoridades españolas cuando viajó a su país natal:

Yo cuando hice el primer viaje ya había muerto Franco. Habían cambiado un poco las cosas, cuando fui les dije quiero mi partida de nacimiento. Para entonces ya habían traducido los nombres. En el documento de Argentina figuro Milagros porque entré al país así, les pedí que les pongan los dos nombres a la partida.[19]

La eliminación del euskera y de las tradiciones vascas por parte del franquismo están presentes en el relato de Miren Alazne; al referirse al idioma, recordó “en España nos decían hablen en cristiano”. También comentó que ella aprendió los bailes en Argentina “porque en el País Vasco estaban prohibidos, sólo podían bailar fandango”.

Imagen Nº 1: Integrantes de la comunidad vasca Euzko Alkartasuna, de Macachín, bailando la jota (década de 1960)

Fuente: gentileza de María Susana Garmendia.

La persecución política-ideológica o el no estar de acuerdo con las medidas implementadas por el régimen de Franco llevaron a la decisión de migrar. Ese contexto particular de España produjo que las familias de Miren Alazne o MB perdieran su patrimonio y que tampoco tuvieran posibilidades de inserción laboral. La Segunda Guerra Mundial también impactó en las condiciones de su vida material. Los testimonios dan cuenta de esa situación de escasez:

Si al mediodía preparabas un plato de legumbres comías un plato eh, porque a lo otro que sobraba a la noche había que agregarle caldo, alguna sopita de pan tostadito y aquello era el platito de la noche. Y así no un día o dos, un año y otro y otro y otro […]. La merienda nuestra solía ser un cachito de pan porque era todo racionado, el pan te vendían racionado, un bollito para todo el día, y pagado eh, no era gratarola. En el diario decía racionamiento para toda la península ibérica, 200 grs de arroz, 200 grs de azúcar, 1/4 de aceite para todo el mes, otro tanto de legumbres y 4 papas o 5, el mercado negro era imposible. Mi papá trabajaba, era mueblero ebanista, no mueblero de carpintería, trabajaba 3 hs extra y sabes que conseguiamos con esas 3 hs extra un pan flauta. Y gracias a ese pan flauta sabíamos tener un desayuno decoroso […] aquello era pobreza en serio […] allá no podía comprar nadie porque todo era para Italia y para Alemania.[20]

Otro testimonio que da cuenta de las penurias es el de F de B (esposa de MB, que se embarcó hacia Argentina en 1949). Ella relató que los padres los acompañaron a tomar el barco y, al subir, les dieron de comer “un puchero […] nos asustamos porque no habíamos visto nunca carne”. Continuó con su narración:

Entonces cuando vimos todo eso comimos un poquito y el pan […], lo escondimos en el bolsillo al pan y cuando subimos a cubierta le tiramos el pan a los padres […] dijeron nuestros hijos no pasan más hambre, ya nos tiraron pan del barco. (F de B, en Amado et al., 1999)

Su esposo, MB, rememoró que la comida que les sirvieron en el barco tenía huesos enormes y ellos no podían manejar el cuchillo y el tenedor, ya que no estaban acostumbrados a su uso. En paralelo, recuerda una canción que se cantaba en España en ese entonces: “arriba el lord de la cuchara, abajo el lord del tenedor y gritemos todos unidos viva la internacional. ¿Por qué venía todo eso? Porque los ricos comían con tenedor, y nosotros qué…, los pobres con cuchara”.

Estos relatos demuestran cómo el hostigamiento político-ideológico y las penurias vividas por las familias, en el contexto de la guerra y la posguerra, los motivaron a buscar nuevos horizontes y mejores condiciones para su existencia.

Una lectura de los relatos en la clave de las emociones

Muchas de las palabras que utilizaron en los testimonios para describir sus experiencias evocan emociones y sentimientos. Como ya anticipamos, la guerra marcó a fuego las vidas de muchas personas e inevitablemente ellas, o sus familiares, tomaron la decisión de migrar. En el caso de MB, fue la rebeldía, según describió:

Yo no podía tener trabajo allá, por varias razones; yo había surgido rebelde desde los 12 años, me hicieron hacer rebelde […] en julio, el 18 de julio empezó la guerra […] rodearon nuestra casa de ametralladoras, porque en el segundo piso de nuestra casa estaba la unión general de trabajadores, entonces dijeron que habían encontrado listas de los que tenían los republicanos para matar, y eso es mentira […].
En el momento que rodeaban la casa recordó que él tenía unos 12 años y a esa edad “no se tiene miedo a nada [] entonces subí arriba y el cura está bendiciendo la casa [] don Luis qué está haciendo? [le preguntó MB al sacerdote, quién respondió] estoy bendiciendo para que salgan los demonios y cuando bajaron precintaron la casa. Además, les cerraron el comercio de su padre. Esa rebeldía también la demostró cuando el gobierno trató de imponer “la doctrina” en el sistema educativo.[21]
En el colegio empezaron las clases y nos ponían la doctrina [] y el maestro me decía es obligación [] Pasó el tiempo y no tomé la comunión. Entonces para buscar cualquier trabajo yo precisaba tres certificados, de la guardia civil, del alcalde y del cura [] La guardia civil me tenía que dar, nunca tuve nada con la justicia; el alcalde sabía que era un chico trabajador, honrado, me lo tenía que dar; pero el cura no me lo daba [] entonces, ¿yo que trabajo podía conseguir allí? [y él mismo respondió] lo que nadie quería, a picar piedra.

En el caso de Miren Alazne también es posible recuperar expresiones como odio, rencor, enfrentamiento entre familias, miedo, miseria; todas esas manifestaciones las asoció al franquismo. Por ello, tomaron la determinación de emigrar hacia Argentina: “vinimos a raíz de ello, como exiliados voluntarios”.

Vemos, así, cómo, en los testimonios, afloran sentimientos de rebeldía, rabia contra un sistema dictatorial, conjugados con el miedo, la carestía y la imposibilidad de mejorar sus vidas. Esto quedó en su memoria, como recordó MB:

Nos precintaron la casa. Eso no se perdona así nomás, olvidar no se hace, se puede perdonar hasta cierto punto, pero olvidar no; esos son recuerdos que quedan para toda la vida […] y eso fue lo que fue envenenandome a mí para salir de cualquier forma de allá porque yo no admitía todas esas cosas, la libertad de poder irme a cualquier lado. (MB, en Amado et al., 1999)

La indignación por las situaciones vividas y la falta de libertad fueron motores para dejar su lugar de origen y el entorno familiar y amical. La guerra afectó directamente a quienes vivían en España, pero también emocionalmente a los familiares que estaban en Argentina. Como rememoró AI, la llegada de noticias los tenía a todos en vilo:

Cuando llegaba el cartero, mi abuelo LM […] abría una carta de España y todo el mundo lloraba porque era una guerra y los Mendizabal se habían sumado todos a la resistencia contra Franco. Y en cada carta venía la anunciación de la muerte de los primos que habían quedado en Navarra. Cuentan también que un sector de la misma familia […] fue muerto en la plaza de toros, en la famosa matanza de la plaza de toros […] que Franco mandó fusilar. (AI, en Amado et al., 1999)

De este modo, advertimos cómo estas historias están atravesadas por el sufrimiento, la amargura y el disgusto de perder la vida que llevaban en el país de origen antes de estas guerras; una vida que, si bien era considerada dura en muchos casos, no por ello se la percibía como un tormento.

A partir de los testimonios, prestaremos atención a la nostalgia que generó la separación de familiares y cómo se vieron afectados los vínculos afectivos. Además, nos acercaremos al asociacionismo étnico que, si bien se constituyó para motorizar la preservación de la identidad, también puede ser considerado como una especie de refugio de las emociones. En este sentido, nos aventuramos a considerar ese entorno como una comunidad emocional, ya que favorecieron los vínculos sociales a partir del contacto cara a cara. Asimismo, vale aclarar que estas comunidades emocionales pueden ser, en términos de Plamper (2014, p. 23), “comunidades textuales” que permiten la conexión entre las personas a través de los medios de comunicación y “sin tener relaciones directas o físicas”. Finalmente, otro eje que consideramos para analizar los relatos son las acciones para mantener los lazos con el país de origen.

La nostalgia por el terruño y los vínculos que dejaron allá

Tal como plantea Bjerg (2019), partir, dejar su lugar de origen y a los familiares generó, en muchos migrantes, un sinnúmero de emociones relacionadas con la carga psíquica al momento de marchar a un país desconocido y con costumbres diferentes. La angustia por abandonar la casa natal y el desarraigo serán sentimientos que luego, ya en el país receptor, sentirán muchas de esas personas.

Según el testimonio de Eloi, “los seis primeros meses fueron terribles. Extrañaba, añoraba mi casa”. Comenta que, los primeros meses en Argentina, lloró cada noche. El tío había pedido “uno solo” de su familia y él decidió migrar en lugar de su hermano. “No es fácil salir a la aventura cuando uno está tranquilo en el lugar”, comentó. Si bien en su caso pudo insertarse laboralmente de forma rápida, ya que su tío estaba instalado con trabajo en Macachín, fue muy difícil la vida durante los primeros meses. Según nos explicó, él y sus primos comenzaron con ventaja en esa localidad: “éramos los sobrinos del tío AM, que tenía 20.000 hectáreas. El otro tío, EM, había llegado con 14 años, y se había ganado buena fama como alambrador, un oficio muy requerido en aquella época”. Y continúa su relato: “fue bajo la tutela de EM que me formé en el trabajo [en el escritorio de una reconocida institución del pueblo], de quien aprendí los valores que me rigieron durante la vida”.

Los familiares o paisanos de su mismo lugar de nacimiento fueron cruciales al momento de recepcionar a los recién llegados. Esos vínculos interpersonales, fuertes o débiles en palabras de Granovetter (1973), fueron fundamentales y actuaron como una malla de contención y apoyo emocional. Como expresó MB: cuando llegaron al puerto, “nos estaban esperando en Buenos Aires” los familiares, pero también aguardaban “paisanos que se enteraron que habíamos venido”. Seguramente, esa presencia los cobijó y ayudó a paliar la pérdida de los afectos que quedaron al otro lado del océano.

Además, debemos tener en cuenta que estas personas llegaron a un lugar desconocido y con otras prácticas culturales, a las que debieron habituarse. MB y su esposa recuerdan que tuvieron que adaptarse y ejemplifican esa situación con algunas palabras que ellos utilizaban comúnmente en España, pero que aquí tenían otro significado; cuando la gente las escuchaba, se reía de ellos. Eloi manifestó que, cuando llegó a Argentina, todas las costumbres eran diferentes, sentía la soledad, le faltaba la madre, los amigos, y el mar estaba muy lejos. “Uno siempre añora los lugares de uno”, comentó al ser entrevistado. Él tenía muchas amistades en España y, actualmente, tiene contacto con tres de sus antiguos amigos, a quienes conoció en el instituto en el que estudió. El mar también estuvo presente en el recuerdo de Miren Alazne: “Teníamos playa, montañas, buenas rutas, alameda que no era transitada, en la playa remaban, hacían tenis playero, corrían, jugaban a la pelota. Es muy del País Vasco el tema de los deportes”.

Las comunicaciones en el tiempo en el que vinieron estos inmigrantes no eran tan fluidas como en la actualidad, solamente les llegaba una carta por año, a partir de la que podían enterarse de diversas cuestiones relacionadas con sus familias. Eloi rememoró que “el contacto con la familia era poco, porque no estábamos acostumbrados a escribir”. Además, comentó que tardó 9 años en volver al País Vasco desde que se fue de su hogar: “volví y estuve 5 meses haciendo de vago”, expresa en tono risueño, para agregar que “son momentos emocionantes”. Luego, regresaba cada dos años porque para viajar se necesitaba dinero: “para viajar se tenía que tener plata, se hizo, pero en tierras”, en referencia al capital que lograron obtener en suelo argentino.

A su vez, Eloi argumenta que fue difícil habituarse a las costumbres, entre ellas, la comida: “extrañaba la comida cuando vine. En España se comía mucho poroto, lentejas, garbanzos, gallina, poca carne, pescado en fiesta”. Miren Alazne también rescata que extrañaba fundamentalmente los pescados y mariscos. Dentro de las festividades, Eloi nombró la procesión que se realizaba en Semana Santa, en su familia eran muy religiosos, asistían a misa: “mi madre era la que los hacía ir”, comentó. También en noviembre se hacían romerías en un club de su pueblo natal. Allí, se formaban noviazgos, “por eso el apellido quedaba en el mismo lugar”. En este sentido, sobre el amor, relata que “normalmente el que venía [el migrante], ya dejaba algo allá por eso la canción Maite”. En referencia a la canción popular “Maite, maite, maitia”, escrita por Urko, que describe una historia de sentimientos positivos y negativos, de amor y desamor.

En el relato, queda plasmado el desarraigo que sintieron y el costo emocional que implicó la separación de su mundo familiar y amical. También las dificultades para ambientarse a una sociedad con costumbres completamente diferentes. Vertebra el relato de Eloi la necesidad que tuvieron de mantener sus tradiciones y sus costumbres. En este sentido, comenta que algunos vascos iban a España a buscar mujer, fue el caso de su primo FZ. También ese familiar siempre tenía en mente juntar a todos los vascos, juntar las familias, para que no se dispersaran: “el que venía solo buscaba alguien de allá”, expresó.

Esa necesidad de contactarse con los coterráneos los movilizó. Nos relata que eran ocho familias en Macachín que comenzaron a juntarse. Esa zona atrajo a muchos vascos, al igual que Magdalena, en la provincia de Buenos Aires. Se desempeñaban en tambos o en actividades rurales: “pero eran épocas difíciles; se trabajaba de sol a sol”. El descanso era el domingo, cuando se iba a misa, y por la tarde se jugaba un rato al mus. No había muchas diversiones salvo que, en el pueblo, cada tanto, se organizaban fiestas como las de allá, el terruño vasco. Así, comenzaron a replicar en Macachín las celebraciones del país de origen: en junio, era la quema de San Juan; en julio, San Fermín; en septiembre, se recordaba a San Miguel de Aralar; y tampoco faltó la festividad en honor a la virgen de Aránzazu. Esos encuentros eran sencillos y congregaban a los vascos de las localidades vecinas con el propósito de cantar y bailar. Entre las canciones que recuerda, y la que más emocionaba a los miembros de esa comunidad, era “Boga, boga” (Rema, rema) la canción popular vasca de marineros, que habla de irse a las Indias y no volver más.

Además, comenta que, en los primeros años, una costumbre que tenían los vascos que estaban desperdigados era juntarse: “nos juntábamos cada 4 meses, iban a ese lado, todos tomaban, hachaban leña, comían [estábamos] tres o cuatro días de fiesta, cuando el vino se terminó”. Estos encuentros demuestran la necesidad de mantener el contacto con otros coterráneos, las costumbres y la cultura. En esos días de fiesta, “jugábamos al mus, iban a caballo o carreta y se instalaban allá”. Pero, una vez que esos primeros vascos que llegaron al país fallecieron, esa costumbre se perdió, recuerda con tristeza y añoranza.

A partir de estas iniciativas, conforme pasaba el tiempo, entre su grupo de amigos de origen vasco, comenzó a fortalecerse la idea de organizarse y “hacer algo más”. Empezaron a pensar en qué acciones podrían efectuar para preservar la cultura y las tradiciones y para convertirse en una comunidad organizada, con tantos vascos dispersos en La Pampa. De allí, surgió la idea de reunirse y crear un club que los congregara.

El asociacionismo como refugio de emociones

La creación de organizaciones étnicas en los países receptores también logró atemperar la nostalgia por el terruño y sus costumbres. Allí, tuvieron un rol muy importante las asociaciones de base étnica, mutuales y culturales. En ellas, se reivindicó:

Su cultura promoviendo la creación y recreación de tradiciones, símbolos, usos y costumbres a través de la organización de fiestas y funciones de teatro étnico, la publicación de literatura en lengua materna, y la conmemoración de fechas patrias, en las que los colectivos migratorios desplegaban en las calles una liturgia patriótica extranjera. (Bjerg, 2020, p. 8)

Miren Alazne comentó que, cuando estaba en Buenos Aires, comenzó a ir a Misa de Montserrat, a centros vascos, y a tomar un vermouth. Como argumenta Bjerg (2020), la intensa vida social impulsada por el asociacionismo era un paliativo para la ansiedad, la soledad y la añoranza, y ello también ocurrió entre la comunidad vasca de Macachín. Como expresó Eloi: “no era para juntarse 8 o 10 a jugar al mus; para eso no necesitábamos una sede”. Entre todos, pensaron en una idea que tenía que ser superadora y que no quedara solo en la colectividad. Querían armar una institución que fuera de puertas abiertas, más abarcativa, para todos los que quisieran participar sin tener que abonar una cuota. El club fue cobrando forma como centro social vasco. Así, en 1959, con su primo FZ y otros vecinos, crearon, el 28 de febrero de 1959, la comisión fundadora de la Asociación Unión Vasca Euzko Alkartasuna (Solidaridad Vasca). Varias fueron las personalidades que participaron de ese acontecimiento, entre ellos, destacamos los nombres de Iñaki Unamuno, José León Chapartegui, Felipe Zubizarreta e Ignacio Garmendia.

Entre los objetivos fundacionales de la asociación, se encuentra el agrupamiento de la colectividad, la conservación y difusión de la cultura vasca, la práctica del deporte de pelota a paleta y otras actividades como danzas y cocina vasca[22]. Como planteó Bilbao (1998, p. 47), actividades como la pelota vasca y el mus se volvieron una “cédula de identidad”; eran algo así como “momentos del alma, que transportaban al vasco a la añorada geografía del terruño”. Tampoco se desprendieron de un elemento que sigue formando parte de su atuendo: la boina.

Las primeras fiestas organizadas que recuerda Eloi son aquellas celebradas todos los 9 de julio: “el 9 de julio era el cumpleaños de Esteban Garmendia y era San Fermín. Se esperaba todo el año. Nos sentábamos a las 13 h y nos levantábamos a las 21 h”. De ese evento, participaron familias vascas de Macachín, como los Artola, Goycochea, Uribe, Garmendia, Lecea, y otros pobladores de pueblos vecinos, como los Aguirre, de Miguel Riglos. También comenta, con orgullo, que lograron organizar tres fiestas vascas: en 1960, 1962 y 1966, “que vinieron 200 vascos de allá, de Mar del Plata, Mendoza”. En este sentido, remarca el vínculo que mantenían con el País Vasco y la importancia del asociacionismo para la comunidad de ese origen en la Argentina.

Al ser la única asociación de La Pampa, hasta que se constituyó el centro de General Acha, muchos vascos arribaron a Macachín para participar como asociados y en los festejos que se proyectaron. Como plantea uno de los testimonios publicados en Bilbao (1998): “Nos ligamos mucho a Macachín, aunque había una distancia considerable, nos arrimamos mucho a Macachín […] a las fiestas vascas de Macachín había que ir” (p. 51).

Imagen Nº 2: Aizkolaris (corte de troncos)[23]

Fuente: Enrique Echenique junto a Felipe Zubizarreta y Juan José Peñagaricano. Gentileza de María Susana Garmendia.

Imagen Nº 3: Integrantes de la comunidad vasca Euzko Alkartasuna jugando al soka-tira[24]

Fuente: Fotografía preservada en el Club “El Indio”, de colonia Anguil (La Pampa), con motivo de la organización de una fiesta vasca por un vecino de esa localidad. Sin referencias del año. Gentileza de María Susana Garmendia.

La asociación Euzko Alkartasuna es una de las instituciones más importantes de ese pueblo, ya que, a partir de la iniciativa de sus integrantes –en varias reuniones, coincidieron en que la localidad necesitaba un hotel, porque a Macachín llegaban viajantes o gente a hacer negocios y no tenían dónde albergarse–, concretaron la construcción de un lugar donde alojarse. Según relata Eloi, “no había un hotel decente en 100 km a la redonda” y, así, se propusieron concretar esa obra, que llevó seis años. El 22 de enero de 1966, se inauguró el Hotel Euzko Alkartasuna, de dos pisos, con restaurante y un bar.

Luego, continuaron con varias obras más: edificaron un frontón para practicar la pelota a paleta, un hipódromo y una cancha de bochas. Teniendo en cuenta las necesidades de los habitantes de la localidad, construyeron una pileta de natación, canchas de padel, de tenis, un gimnasio y diversos salones para reunirse y jugar al mus o practicar bailes típicos vascos. Es decir que las acciones desarrolladas por esta institución van más allá de la pertenencia a la comunidad vasca.

Ese ámbito ha logrado convertirse en un centro de la diáspora, en un referente a nivel provincial y nacional. En sus instituciones, se realizan diversas actividades, desde la promoción de la cultura con la enseñanza del euskera y los bailes típicos, hasta la organización de competencias o fiestas que atraen a vascos de todo el país, como el Mundial de Mus, los campeonatos de pelota vasca o la Semana Nacional Vasca. Esa intensa actividad es fruto de la labor de Iñaki Unamuno, quien, con sus 85 años, sigue luchando para mantener intacta la cultura vasca en su comunidad de adopción.

Iñaki posee un rol fundamental en la preservación de las tradiciones y su accionar es reconocido por los habitantes de Macachín y de La Pampa. Este reconocido vecino macachinense fue declarado por la Cámara de Diputados de la provincia de La Pampa como ciudadano ilustre[25]. En 2018, en el marco del 41° Campeonato Mundial de Mus de Colectividades Vascas, la Comisión Directiva de la asociación Euzko Alkartasuna inauguró un paseo en la Plaza Independencia que lleva también su nombre[26]. Al año siguiente, en conjunto con la Municipalidad de Macachín, se emplazó en aquel paseo un busto de Iñaki Unamuno. De esa forma, autoridades y vecinos del pueblo lo homenajearon, ya que ha sido una persona clave no solo para la comunidad vasca, sino también para la localidad.

También, en 2022, Iñaki organizó un homenaje a las 154 mujeres y 302 hombres que llegaron al Departamento de Atreucó, entre 1860 y 1960. En este sentido, según About Basque Country, un blog destinado a difundir noticias sobre vascos, Iñaki tiene que estar orgulloso de haberse convertido en un modelo de los que el lehendakari (presidente) José Antonio Aguirre y Lecube pedía a los vascos –en una entrevista que realizó en radio Splendid en su viaje a Buenos Aires, en 1955–: “sed en vuestra tierra de acogida, de entre todos, los mejores ciudadanos”[27].

El asociacionismo, en sus orígenes, buscó mantener las costumbres y tradiciones y, actualmente, se mantienen esas prácticas para que las futuras generaciones las conozcan y puedan dejar ese legado a sus hijos. Al ser uno de los fundadores de esa asociación y participar de sus comisiones directivas, Iñaki Unamuno adquirió prestigio social, obtuvo reconocimiento en la esfera pública (Bjerg, 2020). Podríamos decir, como plantea Bjerg (2020), que fue un inmigrante próspero, ya que logró afianzarse en la Argentina y en cuyo horizonte el pasado y el retorno no ocupaban un lugar significativo, aunque la añoranza, el amor a la patria y el sentimiento de pertenencia al lugar de origen fueran cruciales en las tramas discursivas con las que fomentaron la cohesión de las colectividades.

Mantener los lazos con el país de origen

Los vínculos con el país de origen se mantienen porque, en muchos casos, allí también han quedado familiares, es decir que esa migración puede ser comprendida como un proceso de construcción de redes, ancladas en relaciones sociales, que se generan a través del espacio. Esto nos lleva a abordar las migraciones desde la mirada transnacional, que rompe con la idea de país receptor y emisor y presta atención a los flujos y vasos comunicantes entre uno y otro lado. Se conforman, así, comunidades transnacionales, que implican lo económico (envío de remesas, inversiones), participar en procesos de desarrollo comunitario, o conservar costumbres como el consumo de productos del país de origen (Cruset, 2011). Y, a su vez, se van creando diversas estrategias para mantener los lazos culturales.

De esta manera, es fluido el contacto con el País Vasco. En 1955, se fundó, en Buenos Aires, la Federación de Entidades Vasco Argentinas (F.E.V.A.), que nuclea a los centros originados en Argentina, y es la asociación encargada de sostener las relaciones entre el país de origen y el territorio argentino[28]. El gobierno euskera tiene una serie de políticas destinadas a la perduración y fomento de su cultura a través de diversas subvenciones a los centros vascos argentinos, que incluyen fondos de dinero para el efectivo funcionamiento de las instituciones. Además, genera diversos programas para que los jóvenes argentinos viajen a ese país a perfeccionarse, tanto en el idioma como en las disciplinas artísticas y, una vez a su regreso, apliquen todos los conocimientos en las asociaciones a las que pertenecen.

Es decir que los líderes de las comunidades buscan mantener un “contacto más formal con el terruño dejado, generando un proceso de retroalimentación entre los ‘de acá’ y los ‘de allá’ y los intereses de ambos” (Cruset, 2011, p. 123). Los vínculos son alimentados constantemente desde una y otra parte del océano Atlántico ya que, al conformarse el Gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca (CAV), a partir del Estatuto de Gernika de 1979, las relaciones con la diáspora se impulsaron con ímpetu. Desde la Secretaría de Acción Exterior del Gobierno de la CAV[29], concretamente a través de la Dirección de Relaciones con los Centros Vascos del Exterior, se trabaja para mantener ese contacto. Para encuadrar legalmente esa política, el 27 de mayo de 1994, el Parlamento Vasco aprobó la Ley N° 8/1994, de relaciones con las colectividades y centros vascos del exterior, es decir, fuera de la Comunidad Autónoma del País Vasco (Totoricagüena, 2002; Arrondo, 2007). Esta normativa buscaba generar una estrecha colaboración, tanto en lo cultural, económico y social, entre el País Vasco y los centros que habían surgido en el extranjero. De esa manera, se contribuye al fortalecimiento de las comunidades vascas, favoreciendo la cohesión interna y el asociacionismo al potenciar sus vínculos.

Vemos así, cómo, en la pervivencia de esa conexión con el terruño, tienen un rol central los centros vascos conformados en Argentina[30]. Son parte del entramado de las redes que unen al país receptor y el de origen. En ellos, se realizan diversas actividades que buscan mantener la cultura, por ejemplo, a través de la práctica de la pelota a paleta, el juego de mus, los bailes vascos y la enseñanza del euskera. Se promociona, de esta manera, una identidad vasca desterritorializada y transnacional que enlaza una población interconectada en la diáspora. Los vascos de La Pampa están físicamente conectados con el país en el que viven, pero emocionalmente con el Euskal Erria; se genera, así, una identidad étnica y otra cívica (Totoricagüena, 2002).

En el marco de esas actividades una vez al año, se celebra la Semana Nacional Vasca, en algún centro que se postula como anfitrión. Allí, se reúnen los integrantes de centros de todo el país, pero también participan representantes de la colectividad en Chile, Brasil, Perú y Uruguay. Asimismo, cuentan con la presencia de autoridades del gobierno vasco, miembros de la Universidad de Mondragón, la Cooperativa Mondragón, medios de comunicación que cubren el evento, como la Televisión Vasca (EITB), y diversas radios, integrantes de distintas asociaciones, entre otros. Cada uno de los centros concurre demostrando sus disciplinas artísticas, danzaris y cuerpos de bailes. Además, en esos encuentros, se dictan talleres de euzkera, de bailes, comidas, muestras de arte, aspectos que buscan mantener viva la cultura vasca en el territorio argentino. Hay una delegación del gobierno vasco en Argentina y los centros funcionan como embajadas culturales por el mundo.

A modo de cierre

Los factores que llevan a una persona a migrar pueden ser muchos, según Domingo Pérez y Viruela Martínez (2001); en los movimientos de población internacional, suelen estar presentes las motivaciones de tipo económico. Por lo general, en los países de origen, se mencionan las dificultades para insertarse laboralmente y, en contrapartida, en los países de destino, se presentan oportunidades de trabajo y otros atractivos que movilizan la partida. También hay que considerar otras posibilidades, como las facilidades para desplazarse, los recursos y apoyos para el traslado y la instalación en el territorio de recepción.

A partir de los testimonios que hemos estudiado, advertimos la presencia de esas motivaciones. El tema económico y la inserción laboral son tópicos que afloran en la mayoría de los relatos; no obstante, en los casos que analizamos, los asuntos políticos son clave para entender la decisión de migrar. Sin lugar a duda, la guerra civil que desgarró España, el franquismo con la implementación de políticas que buscaron eliminar la cultura vasca y posteriormente la Segunda Guerra Mundial se convirtieron en las razones centrales a la hora de buscar otros horizontes fuera de su terruño.

Además, notamos, en las narraciones, que la determinación para llevar a cabo la aventura de migrar estuvo respaldada por la seguridad que ofrecían las cadenas y redes migratorias (Pedone, 2010). En los tres relatos que hemos abordado con mayor detenimiento, se mencionaron los familiares o paisanos que tenían en Argentina, quienes, en alguna oportunidad, habían viajado a España o bien aportado información a través de cartas. Así, estos parientes los recibieron, les ofrecieron albergue y los ayudaron a insertarse laboralmente, apoyándose en esos vínculos consanguíneos o amicales. Ese entramado social previo fue crucial en el devenir de sus trayectorias, como rememoraron Eloi y MB. Una vez instalados, construyeron otras redes en el país receptor.

Como expresamos en la introducción del capítulo, este es un trabajo preliminar, donde realizamos un primer acercamiento a los relatos de migrantes, buscando interpretarlos en clave de la historia de los sentimientos. Si bien recuperamos varias narraciones en primera persona, dos de esos relatos han sido centrales. Consideramos, siguiendo el planteo de Bjerg (2020), que el régimen emocional, que alude a la nostalgia por el hogar, la conformación de comunidades que permitan generar refugios emocionales y afianzar vínculos con los coterráneos, pero también los familiares que se encontraban al otro lado del Atlántico, es una herramienta teórica que nos posibilitó efectuar nuevas lecturas sobre la historia de la inmigración.

Esas emociones se manifestaron en palabras a través de los relatos. Así, identificamos expresiones que dan cuenta de las penurias en el lugar de origen, el hostigamiento por las ideas políticas, el sufrimiento provocado por la guerra, entre otros motivos que los llevaron a migrar. Podemos imaginar cómo esa aventura generó una mezcla de entusiasmo, expectativa e ilusión ante lo nuevo por venir; pero, seguramente, también se manifestó el miedo y la incertidumbre ante lo desconocido. Todos esos sentimientos se conjugaron con la angustia y la tristeza por alejarse de su tierra de nacimiento y de los afectos que allí dejaban.

Como ya expresamos, una vez que arribaron a Argentina, tuvieron una trama de contención que ayudó a esas personas a insertarse en diversos ámbitos de la sociedad receptora. En este sentido, en los testimonios, aparecen declaraciones de gratitud hacia quienes los recibieron y les tendieron una mano en ese proceso. Acordamos con el planteo de Fernández Vicente (2022) cuando afirma que esos paisanos que esperaban a los recién llegados formaban junto con ellos una “comunidad emocional”, ya que poseían valores y estilos emocionales comunes, arraigados en grupos sociales afectivos. Las emociones propias de su comunidad de origen eran diferentes en la sociedad de destino, que presentaba otras características sociales y culturales.

Una vez instalados, tuvieron que adaptarse a prácticas culturales diferentes y, allí, asomaron otros sentimientos, como la añoranza y la nostalgia por el terruño y sus costumbres cotidianas. Para mantener vivas esas tradiciones, buscaron acercarse a sus coterráneos; uno de los caminos para ello fue el asociacionismo, que se convirtió en un espacio de sociabilidad, permitió estrechar vínculos y preservar la cultura. Por ello, nos aventuramos a plantear que fue un refugio para las emociones. La producción y reproducción cultural de la comunidad trató de resguardar, así, su identidad étnica. Asimismo, los centros vascos se convirtieron en territorios sociales transnacionales, que trascienden los límites de las jurisdicciones locales o nacionales, al mantener el contacto con Euskadi.

Bibliografía

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  1. IESH – IEHSOLP – CONICET.
  2. Este material se encuentra filmado en VHS y está disponible para su consulta en la Biblioteca Central de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam). El audiovisual recopila relatos de inmigrantes vascos que arribaron a diferentes lugares de La Pampa. Allí, se presentan diversos testimonios, como los de MB, F de B, JEL, JCG, FL, HG de A (que tenía 101 años al momento de ser entrevistada) y AI. La producción del video estuvo a cargo de Mariano Amado, Juana Jutterpeker y Laura Fortunske; también colaboró Andrea Bravo. Fue un trabajo realizado para la cátedra Comunicación y Educación de la licenciatura en Comunicación Social que se dictaba en la Facultad de Ciencias Humanas de la UNLPam, solicitado por el profesor Alfredo Alfonso.
  3. Agradecemos la gentileza de Romina Rodríguez, quien nos compartió la entrevista que realizó a Miren, para que la utilicemos en la elaboración de este capítulo. También a Lore Pacha por sus contribuciones y el aporte de información que nos ayudó a complejizar el testimonio.
  4. Para preservar su identidad, lo identificamos con un nombre de fantasía: Eloi, en euskera.
  5. Autoras como Cruset (2011) utilizan el concepto de diáspora para referir a los diferentes procesos migratorios de las y los vascos y, en consecuencia, a la dispersión de los integrantes de esa comunidad.
  6. El vocablo caserío no solamente hace referencia al espacio de labranza, ya que posee un significado mucho más amplio. Por un lado, se refiere a la construcción, a un edificio con un desarrollo arquitectónico específico; por otro lado, puede ser entendido en sentido socioeconómico como una unidad de explotación familiar. El caserío era una unidad de vida y trabajo permanente de una familia nuclear, con abuelos, padres e hijos. Según Campos López (2020), es un sistema que tiene su origen en la edad media, que se consolidó durante los siglos XII y XIII. Varios caseríos forman parte de una comunidad más amplia, es decir que constituyen aldeas. La particularidad que presenta este tipo de arquitectura rural es que aglutina en un único edificio, que puede llegar hasta mil metros cuadrados distribuidos en dos y tres plantas, una diversidad de usos y actividades: es vivienda, pero a la vez también sirve como granero, establo, entre otras funciones. El propietario del caserío tradicionalmente nombraba un heredero, mediante el sistema de mayorazgo, con el propósito de evitar la subdivisión de las tierras. Así, el propietario tenía la obligación de ayudar económicamente a sus hermanos hasta que encontraran un trabajo. Véase un estado de la cuestión sobre los caseríos como estructura arquitectónica, los elementos que lo componen, sus funciones y el modo de vida que se desarrolló en ellos en Campos López (2020).
  7. Para más información sobre este proceso histórico, consultar Pio Moa (2007).
  8. Conformaron el comité los presidentes del Centro Laurak Bat (la entidad vasca española más antigua) y del Centro Vasco Francés de Buenos Aires. Entre las personalidades que firmaron los primeros documentos, destacamos los nombres de: José Urbano Aguirre Guisasola, Ivan L. Ayerza, Adolfo Bioy, Juan B. Ibarra, Juan Esperne (presidente del Centro Vasco Francés), Elpidio Lasarte (presidente del Centro Laurak Bat), Ramón Mendizábal (presidente del Gure Echea), Nemesio de Olariaga, Fermín Ortiz Basauldo, José Cogarraga, Enrique Amadeo Artayeta, Martín Pereyra Iraola, Saturnino Zemborain, Isaac Ayerza, Mariano Olacigueri, Aurelio Payssé, Florentino Ayestarán, Raúl M. Puchulu, Luis de Ibarra y Diego J. Ibarbia. Consultar Aguirre Guisasola (1948, en Larronde, 2003).
  9. En los considerandos del decreto, se planteó que debía estimularse aquella inmigración que tuviera como propósito la colonización y “en cumplimiento del plan que el Estado se trace”. El artículo 1º establecía que los extranjeros no domiciliados en el país tenían que solicitar a la Dirección de Inmigración, por intermedio de los funcionarios consulares argentinos, un permiso de libre desembarco y hacerse cargo del costo de ese trámite. La Dirección tenía la potestad para el otorgamiento de cada permiso, previo asesoramiento de un Comité Consultivo compuesto por representantes de los ministerios del Interior, Relaciones Exteriores y Culto y Agricultura.
    Los funcionarios consulares debían remitir la documentación requerida y, además, un informe detallando las razones por las cuales el viajero solicitaba el traslado al país, la nacionalidad, ocupación u oficio, tiempo que pensaba permanecer, medios de vida y otros datos personales; también tenían que expresar su opinión sobre estas personas. El decreto detalla, a su vez, quiénes estaban exceptuados: funcionarios, autoridades de gobierno, diplomáticos, y turistas (quienes tenían que obtener el “Certificado de Turismo” que los habilitaba a permanecer en el territorio por un plazo no mayor a los tres meses). El artículo 14 dejaba en claro que el permiso de desembarco o la visa consular no aseguraba la entrada a las personas no domiciliadas en el país, si se comprobaba que su situación no se ajustaba a las leyes vigentes, entre ellas, la Ley N° 4.144, más conocida como Ley de Residencia de 1902. Consultar el Decreto 8972/1938 del 28 de julio de 1938, publicado en el Boletín Oficial de la República Argentina el 6 de agosto de 1938.
  10. En el período de entreguerras, varios países latinoamericanos adoptaron una política más dura respecto del arribo de inmigrantes, con el propósito de evitar el ingreso clandestino de refugiados, por cuestiones políticas, por ejemplo. Ese afán selectivo llevó, en 1939, a los ministros de hacienda de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay a elaborar una “Declaración sobre Inmigración”, que tenía como propósito controlar el ingreso de extranjeros, considerado “indeseable a aquél que no sea física y moralmente sano”. De ese modo, se instauró un sistema de visado. Véase sobre las normativas el trabajo de Rodríguez de Taborda (2010).
  11. Estos decretos fueron derogados en diciembre de 1946, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón. Como plantea Zanca (2014-2015), “a pesar de las gestiones de los líderes del exilio en Argentina, y de la intermediación del diputado del bloque peronista Ángel Mariategui, ‘las peticiones fueron infructuosas’” (p. 293) y se derogó su aplicación.
  12. Según Bilbao (1998), José León Chapartegui, Felipe Zubizarreta e Ignacio Garmendia fueron quienes convocaron a una reunión con la finalidad de conformar el centro vasco en la localidad de Macachín.
  13. La primera comisión directiva estuvo presidida por Francisco Galarraga y Arturo Obieta (vicepresidente); completaron la nómina Héctor Armendariz, Juan Alberto Crespo, Adolfo de Sarricolea, Aníbal Ricardo Lorda, Julián Pérez Oyhenart, Ricardo Azcona, Bonifacio Anzorena, Domingo Etchecopar, Carmelo Larrañaga, Francisco Larzabal, Miguel Arraráz, Eufracio Otamendi, Emilio Langlois y Alberto Miquelarena (Irrintzi, 1972). En sus instalaciones, se desarrollan diversas actividades deportivas; poseen una pileta de natación que fue inaugurada en 1969 y canchas para practicar fútbol, básquet y vóley. Además, tiene un campo de doma –denominado Jorge A. Segura, en honor a uno de sus fundadores–, predio que adquirieron en 1973. Desde sus orígenes, el centro ha desarrollado una actividad deportiva, cultural y social muy importante (Cornelis, 2020).
  14. El centro vasco Zelaiko Euskal Etxea (La casa vasca de la llanura) surgió con el propósito de nuclear a los descendientes de vascos de Santa Rosa y zonas aledañas. Entre sus objetivos, está la preservación de sus manifestaciones culturales, como la lengua, danzas, tradiciones, entre otros aspectos.
  15. Entrevista realizada por Romina Rodríguez a Miren Alazne Iruretagoyena, 2019.
  16. En 1960, volvió a firmarse entre España y Argentina un convenio de migración. El artículo 8º establecía que la emigración de españoles a la República Argentina podría efectuarse a partir de: “a) iniciativa espontánea; b) carta de llamada de residentes en el territorio argentino, formulada directamente o por conducto de un organismo internacional autorizado por las partes contratantes; c) contrato de trabajo individual y directo; d) programas colectivos patrocinados por Sociedades o Asociaciones de españoles residentes en la Argentina, aprobados por los organismos competentes de las Altas Partes Contratantes; e) operaciones colectivas concertadas directamente entre los organismos de migración competentes de las Altas Partes Contratantes”. Consultar el Convenio de Migración entre España y la República Argentina, Biblioteca Digital de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de Argentina, pp. 3-4.
  17. Recordemos que, durante la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), se impidió hablar en euskera, se abolieron los derechos de esa comunidad y se ordenó destruir la ciudad de Guernica. La cultura vasca “fue objeto de sospecha”, por no ajustarse a la política oficial de España (el centralismo era un ingrediente importante del régimen franquista). Los vascos debieron padecer el régimen franquista. Como consecuencia, en 1959, un grupo de separatistas vascos formó Euskadi Ta Askatasuna (ETA). El grupo llevó a cabo una campaña terrorista que duró décadas. Como comenta Miren Alazne, fue formada en la cárcel “pero, ¿por qué? por la violencia, por los maltratos, por las torturas”.
  18. El euskera estuvo prohibido por el gobierno de Francisco Franco desde finales de la Guerra Civil Española hasta el año 1977, es decir que por casi 40 años el idioma se habló al interior de las familias y se prohibió cualquier manifestación pública en esa lengua (Castro Rojas, 2019). Quienes estaban en el exilio sí se manifestaron en su idioma y por ello la importancia de mantenerlo vivo a través del asociacionismo, como veremos más adelante.
  19. Testimonio de Miren Alazne Iruretagoyena, 2019.
  20. Testimonio de Miren Alazne Iruretagoyena, 2019.
  21. Desde el sistema educativo, se buscó transmitir la ideología nacionalista y católica. Así, se reimplantó la religión en el currículum escolar, siendo obligatoria la enseñanza de la religión y la historia sagrada. En paralelo, se fomentó el patriotismo. Consultar sobre estos tópicos el trabajo de Cruz Sayavera (2016).
  22. Muchos de los juegos se vinculan con la fuerza y la competición, presentes, según Bilbao (1998), en la mitología vasca. También se relacionan con las duras condiciones del entorno físico en el que se desarrolló esa cultura, ya que muchos de los juegos que realizan en festividades derivan de quehaceres cotidianos de campesinos o pescadores, como, por ejemplo, talar bosques para obtener más tierras cultivables. Las regatas, que son una demostración de fuerza, se conectan con la tradición marinera vasca.
  23. Entre los juegos y deportes rurales vascos, se encuentra el aizkolaris (corte de troncos) realizado por aizkolariak. Consiste en determinar quién tala, con un hacha, un árbol o más troncos en el menor tiempo. Estos deportes surgieron vinculados a las tareas que se realizaban en los caseríos, aldeas y pueblos de los valles y montes de Euskal Herria. Además de los ejemplos que representan las fotografías, también se realizan el idi proba (arrastre de piedras con bueyes), gizon proba (arrastre de piedra por personas), harrijasotzaile (levantar piedras), entre muchos otros. Consultar Revista homenaje (2021).
  24. La soka-tira, o juego de la soga (similar a la cinchada). Es un deporte vasco que demuestra la fuerza física.
  25. Consultar los fundamentos del pedido de declaratoria de ciudadano ilustre, que se presentó en la Cámara de Diputados de la provincia de La Pampa en junio de 2021. La declaratoria se aprobó por unanimidad el 2 de septiembre de 2021. Resolución N° 80/2021, Cámara de Diputados de la Provincia de La Pampa, 2 de septiembre de 2021.
  26. En esa plaza, se sembró, en el año 1984, una bellota de roble traída desde Guernica; de ese modo, hay un ejemplar que presenta un contenido simbólico muy importante para la comunidad de Macachín. Esa especie representa uno de los símbolos de la cultura vasca. Esa acción se vinculó con la política del gobierno del País Vasco, que, en los años 80, envió delegaciones a diversas naciones regalando semillas del árbol de Guernica y donando material, como videos y libros, para difundir diversos aspectos de la cultura vasca (Totoricagüena, 2002).
  27. Entrevista al Lehendakari José Antonio Aguirre y Lecube en su gira americana en el año 1955, realizada en Buenos Aires (minuto 3:35 del vídeo).
  28. En el artículo primero de la Federación, se mencionan las entidades constitutivas: “Asociacion Coral Lagun Onak (buenos amigos), de la Capital Federal, Centro Laurak Bat de Capital Federal, Centro Zaspirak Bat de Rosario, Provincia de Santa Fe, Centro Basko Eusko Etxea, de la ciudad de La Plata de la Provincia de Buenos Aires, Centro Vasco Denak Bat (todos uno) de la ciudad de Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Centro Vasco Argentino Eusko Etxea de la ciudad de Necochea Provincia de Buenos Aires, Centro Vasco Todos Uno (denak Bat) de la ciudad de Temperley, partido de Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, Centro Vasco Lagun Onak (buenos amigos) de la ciudad de Pergamino, Provincia de Buenos Aires, Asociacion De Mujeres Vascas de la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe, Asociacion Union Vasca de Macachin, Provincia de La Pampa, Euskaldunak Denak Bat (los vascos todos unos), Sociedad De Socorros Mutuos de la ciudad de Arrecifes, Provincia de Buenos Aires, Fundacion Vasco Argentina Juan De Garay, de la Capital Federal, Centro Gure Etxea de la ciudad de Tandil, Provincia de Buenos Aires, Union Vasca De Socorros Muntuos de Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Centro Vasco Eusko Etxea de Villa María, Provincia de Córdoba, que en adelante se consideran fundadoras deciden agruparse y constituir el 24 de junio de 1989, por tiempo indeterminado, una Asociación Civil sin fines de lucro que se llamará Federación de Entidades Vasco Argentinas F.E.V.A. – Eusko Argentinar Bazkun Alkartasuna, con domicilio legal en la ciudad de Buenos Aires, la cual se regirá por el Presente Estatuto y por las leyes nacionales en todo aquello que no hubiera sido previsto en el mismo y que los objetivos que se mencionan en el presente son idénticos a los de la entidad que con igual denominación funcionara desde 1955” (Arrondo, 2007, p. 8-9).
  29. En 1990, se creó, en Euskadi, la Secretaría General de Acción Exterior, que se encargó del programa de relaciones con los Centros Vascos. El propósito fue consolidar y unificar las relaciones exteriores y del Gobierno Vasco en una sola área y enfatizar la importancia de los asuntos internacionales. A través de contactos locales en distintos países, facilitados por la diáspora, el Gobierno Vasco creó lazos transnacionales –políticos y económicos– con diversos actores estatales y subestatales (Totoricagüena, 2002).
  30. El primer centro vasco de Argentina, y América Latina, surgió en 1877, denominado Laurak Bat; entre sus variadas actividades, promovió la enseñanza del euskera como una forma de mantener la identidad (Arrondo, 2007; Crucet, 2011). La formación del centro estaba vinculada con una ley sancionada en España por el rey Alfonso XII, que imponía el envío de hombres para el ejército y el pago de impuestos a las provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava (Crucet, 2011).


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