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“Si no los dejaban desembarcar… se tiraban al mar”

Historias de familias judías migrantes en La Pampa

Lisette Denis Paradiso[1]

Introducción

En este capítulo, presentaremos las voces de descendientes de inmigrantes judíos cuyas trayectorias familiares los llevaron a transitar por La Pampa. La forma en que se presentan los relatos nos permitirá ir más allá de lo meramente anecdótico para analizar las memorias familiares, dando cuenta de los procesos sociales, políticos y económicos, tanto regionales como globales, que enmarcaron cada una de las historias. Desde la década de 1970 y a partir de la ruptura de los grandes paradigmas explicativos, la Historia, entre otras ciencias, se ha enriquecido con nuevos aportes y puntos de análisis entre los que se encuentran la microhistoria y la antropología social. Estos nuevos enfoques abandonaron los análisis macro y las grandes teorías explicativas e iluminaron en cambio lo cualitativo, las vivencias y las voces de los protagonistas, en este caso, de los inmigrantes y sus descendientes. Esta nueva perspectiva permite vislumbrar los actores sociales como sujetos capaces de tomar decisiones, cuyas vivencias individuales pueden reflejar procesos generales (Bjerg, 2010).

Es a través de las memorias familiares que podemos, además, indagar en una memoria y narrativa colectiva: la de los inmigrantes judíos en Argentina. Como se ha planteado desde las ciencias sociales, la memoria constituye la base de la identidad (Candau, 2001). Entendemos por “memoria colectiva” un conjunto de memorias compartidas, superpuestas, producto de interacciones múltiples, encuadradas en marcos sociales y relaciones de poder (Jelin, 2001). Resulta valiosa especialmente la recuperación de historias familiares particulares, en tanto, como sostiene Jelin (2001), las memorias individuales están siempre inmersas en narrativas colectivas. En los casos que analizamos aquí, hablamos de “memorias transmitidas” o de sucesión (Aróstegui, 2004), ya que nos hemos basado en relatos familiares atesorados por hijos y nietos de inmigrantes.

Creemos oportuno mencionar lo que Aróstegui (2004) plantea como una relación viva, dialéctica, problemática y fructífera entre la ciencia histórica y la memoria. Trabajos como este pueden ser un punto de partida para investigaciones donde, a través de la recuperación de relatos valiosos para la construcción de la memoria, podemos también construir conocimiento histórico, especialmente sobre los distintos grupos étnicos y religiosos que se asentaron en territorio pampeano durante la primera mitad del siglo XX.

La migración como proceso nos permite, además, conocer la conexión, a través de la construcción de lazos sociales y culturales, entre espacios geográficos distantes. La diversificación y ramificación de las trayectorias migratorias de las familias aquí presentadas, y otras que no han podido ser incluidas, trazan distintos vínculos entre regiones de Europa del Este, Argentina (incluida La Pampa), Estados Unidos y Palestina/Israel. Como se ha sostenido desde la perspectiva del transnacionalismo (Sassone, 2019), estos espacios físicamente distantes se ven conectados a través del anclaje de diversos lazos familiares, culturales y religiosos.

El objetivo de este capítulo será, por lo tanto, divulgar e interpelar los relatos e historias de vida de dos familias judías que migraron a La Pampa durante la primera mitad del siglo XX. Estas historias fueron reconstruidas en el marco de un trabajo de investigación más amplio, que llevó a la realización de trece entrevistas en profundidad y a la reconstrucción de redes a partir de historias familiares de inmigrantes judíos que alguna vez se instalaron en La Pampa. Si bien todas las vivencias presentan su propia riqueza y valor individual, fueron seleccionadas solamente dos para demostrar en profundidad las variables analizadas, surgidas de la sistematización de la totalidad de las entrevistas. Los dos casos seleccionados nos permitirán ahondar en el contenido de esos ejes interpretativos que pueden interpelar, tal vez, a la totalidad del colectivo de inmigración judía en ese período.

Existen abundantes trabajos sobre la inmigración judía en Argentina en general y sobre la colonización de la Jewish Colonization Association (JCA) en particular (Avni, 1983, 2005, 2018; Levin, 2007, 2017). Sin embargo, si bien podemos encontrar una importante literatura sobre las colonias más relevantes –por su magnitud, por ejemplo, como las de Entre Ríos–, los estudios sobre la colonización judía en el Territorio Nacional de La Pampa han sido más acotados. Edgar Morisoli (1995) analizó las circunstancias medioambientales que rodearon la colonia judía Narcisse Leven, la subdivisión de tierras y la relación entre la empresa colonizadora con los colonos. Otros trabajos sobre la colonización judía en La Pampa han abordado la temática desde una perspectiva histórica-cultural (Crochetti y Altube, 1993), se ha analizado su patrimonio cultural y religioso (Hausser, 2017) y el conflicto en torno a la educación y la construcción de la identidad argentina de principios del siglo XX (Lluch, 2002; Billorou, 2021).

En el presente capítulo, buscaremos arrojar luz sobre aspectos cualitativos menos atendidos en los estudios sobre la migración judía en La Pampa, conocer historias familiares que atravesaron diferentes avatares en su proceso migratorio y analizarlas a través de distintos ejes analíticos. Para ello, en principio, presentaremos un breve recorrido histórico sobre la inmigración judía en Argentina y en La Pampa, comparando cuantitativamente el proceso migratorio de este grupo étnico con otras regiones que también fueron importantes lugares de destino. Luego, presentaremos los relatos familiares seleccionados, los cuales serán analizados a través de distintos ejes que los cruzan transversalmente, tales como las motivaciones de la migración, el desarraigo, el trauma, las redes migratorias y las trayectorias laborales. La presentación de estos relatos nos dará la posibilidad de, aunque sea brevemente, preguntarnos sobre otras cuestiones, como el transnacionalismo o las vivencias particulares de los hijos de inmigrantes.

Del antisemitismo europeo a la colonización agrícola en Argentina (1880-1940)

Narcisse Leven y Villa Alba fueron colonias judías fundadas en el sudeste de La Pampa, en el actual departamento de Hucal, durante la primera década del 1900. Según el Censo Nacional de 1914, el Departamento IV del Territorio Nacional de La Pampa –luego departamento de Hucal– era habitado por 2.231 “rusos”. Bajo esta denominación, se incluía tanto a los judíos ashkenazí –provenientes de Europa Oriental– como a los alemanes del Volga, llegados al sudeste pampeano a partir de 1905 (Rulli, 1995). Si bien las tierras de Narcisse Leven fueron compradas por la empresa colonizadora JCA en 1908, el período de instalación de colonos comenzó en 1909 y se extendió hasta 1911. Villa Alba, por otro lado, fue una fundación de colonos que habían llegado a Entre Ríos con la JCA, pero que, por problemas con dicha empresa, abandonaron el proyecto y crearon su propia colonia en 1901.

Ambas colonias estaban, entonces, conectadas directa e indirectamente a la institución colonizadora JCA, que había sido creada en 1891 por el filántropo judeoalemán Mauricio de Hirsch, como respuesta al antisemitismo que había aflorado en Europa oriental, el Imperio Ruso y Rumania, desde la década de 1880. El hostigamiento había generado una ola de emigración de judíos de Europa oriental, los cuales se concentraron primeramente en distintas partes de Europa occidental, como el Imperio austrohúngaro y Alemania. La mayoría de estos grupos emigraron finalmente a los Estados Unidos o a Palestina. Para tener una idea de la dimensión del fenómeno, en los 18 años previos a la Primera Guerra Mundial, salieron de Polonia 1.250.000 de personas judías e ingresaron a Estados Unidos un millón y medio (Avni, 2005).

La Argentina no era un punto conocido por los judíos de Europa oriental a fines del siglo XIX. El primer grupo realmente importante que llegó a la Argentina lo hizo en el barco Wesser en 1889, debido a la propaganda que el gobierno argentino había desplegado en Europa occidental con el fin de atraer inmigrantes. El destino de los pasajeros del Wesser, unas 120 familias provenientes de la Rusia zarista, no fue muy afortunado. Fue justamente la miseria de estos lo que llevó al doctor Loewenthal a sugerir la posibilidad de fomentar la colonización judía en Argentina, proyecto que fue evaluado y aceptado por el Barón Mauricio de Hirsch. Así fue como la JCA y su proyecto colonizador en Argentina permitió que la inmigración judía en el país recibiría un impulso importante.

Como sostiene Haim Avni (2005), fue la JCA la que ayudó a poner a la Argentina en el mapa como destino de la migración judía. Ente 1896 y 1914, ingresaron a la Argentina alrededor de 70.000 judíos, una cifra importante, pero bastante menor comparada al millón y medio que ingresó a Estados Unidos (Avni, 2005, 213). Si bien la mayor parte de esta inmigración se concentró en la ciudad de Buenos Aires, el destino de una gran parte fueron las colonias agrícolas en el interior del país. La JCA logró fundar colonias en distintas provincias de Argentina, mayormente en Entre Ríos –colonias Villa Clara, Lucienville y Avigdor[2], entre otras–, pero también en Santa Fe –colonias Moises Ville y Monigotes–, Santiago del Estero –colonia Clara–, Provincia de Buenos Aires –colonias Mauricio y Rivera– y el Territorio Nacional de La Pampa –colonia Narcisse Leven–. Desprendiéndose de las colonias fundadas por la JCA, se fundaron otras colonias judías independientes de dicha empresa en el Chaco –colonias Charata y Villa Ángela, por ejemplo–, cerca de Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires –colonia Médanos– y la ya mencionada colonia Villa Alba en La Pampa.

¿Qué atractivo presentaba la Argentina como destino migratorio? Desde la década de 1880, la República Argentina se encontraba iniciando un período económico marcado por un auge de las exportaciones agrícola-ganaderas. Este boom fue posible por la expansión de la frontera cerealera y la puesta en producción de las tierras a través de las denominadas estancias mixtas[3] y las colonias fundadas mayoritariamente por inmigrantes. Las colonias surgieron a lo largo de la región pampeana y se dedicaron principalmente al monocultivo de cereales para exportación, aunque también se plantaron leguminosas y lináceas (Rocchi, 2000). Los principales cultivos consistían en trigo, maíz, alfalfa, lino, avena, cebada y centeno. Con el paso del tiempo, las colonias judías se fueron diversificando y abocando a una producción mixta –agrícola-ganadera–, especialmente luego de la gran crisis de la década de 1930. Además, desarrollaron la producción lechera, avícola, la apicultura y la horticultura. Otra característica propia de las colonias judías fue la fundación de varias cooperativas –agrícolas y tamberas– que se convirtieron en fundamentales para el desarrollo del crédito y la comercialización necesarios para la producción (Silber, 1989).

La denominada Franja este[4] del Territorio Nacional de La Pampa se sumó, durante la primera década del siglo XX, a este proceso productivo. Las colonias fundadas por la JCA en La Pampa se ubicaron en el límite de la región productiva, por lo que las condiciones ambientales no eran las más aptas para la producción agrícola, si la comparamos con el resto de la región pampeana. Predominaba, en este espacio, la escasez de agua y un suelo poco fértil, compuesto por tosca cerca de la superficie, poca materia orgánica y una alta susceptibilidad a la erosión (Morisolli, 1995). A esto, pueden sumarse las plagas, sequías o inundaciones que, muchas veces, conjuraban en contra de la producción agrícola y llevaban a la deserción de colonos o al traslado de estos hacia otras colonias con mejores tierras (Schoijet, 1961).

Morisolli (1995) refiere a los criterios erróneos de asentamiento de la JCA al fundar Narcisse Leven, debido, en parte, a la desinformación sobre el lugar y al desconocimiento de sus dificultades ambientales. De hecho, según Marcos Alpersohn[5] –citado por Schoijet (1961)–, el agente enviado por la JCA para conocer las tierras podría haber recibido un soborno para afirmar que el lugar era apropiado para fundar la colonia, o podría haber sido estafado.

Mapa N° 1: Climas de La Pampa

Mapa  Descripción generada automáticamente

Fuente: Portal Educ.ar. Mapas de los climas de la Argentina.

Los primeros grupos judíos llegados a la Argentina con la JCA durante la última década del siglo XIX y la primera del XX provenían, entonces, en su mayoría, de distintas regiones del Imperio ruso occidental, más específicamente de la llamada Zona de Residencia a la que habían sido confinados los judíos. Algunas de estas regiones eran partes de las actuales Polonia, Lituania, Moldavia y Ucrania. Dentro de esta inicial fase de inmigración, previa a la Primera Guerra Mundial, es que insertamos el primero de nuestros relatos escogidos. El segundo relato se corresponde con un contexto posterior a la Gran Guerra, cuando la persecución a los judíos en Europa dejó de ser un problema circunscripto al este –Polonia, Rumania y Hungría– y se difundió también a países de Europa occidental como Austria y Alemania.

Mapa N° 2: Zona de Residencia dentro del Imperio Ruso, 1835-1917

Fuente: elaborado por Ansiedlungsrayon.svg, disponible en Wikimedia Commons (https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Ansiedlungsrayon.svg).

La década de 1920 significó, a su vez, el inicio de una nueva época para la inmigración en América, ya que vino acompañada de un aumento de los requisitos y controles a la inmigración tanto en Estados Unidos como en Argentina. La gran potencia norteamericana restringió en gran medida la inmigración a partir de 1921. La Argentina seguía manteniendo, sin embargo, una política liberal en cuanto a la inmigración: si bien en el debate parlamentario se discutía sobre las restricciones, no existía ningún tipo de limitación legal de ingreso al país por razones de raza, religión o nacionalidad –excepto para los gitanos–, ni se exigía cierto nivel de alfabetismo o requerimientos económicos. Esto sí ocurría en Estados Unidos, Australia y Canadá, donde había claras restricciones raciales, por nacionalidad, analfabetismo y situación económica (Avni, 2005).

A partir del golpe de 1930 en Argentina, sin embargo, se inició una etapa de “inmigración limitada” en tanto se aumentó en un 1100 % la tasa arancelaria para el ingreso a la Argentina. Este incremento de tasas no significó un gran cambio para el colectivo estudiado: durante el período de 1920-1930, ingresaron unos 75.505 judíos, los cuales correspondían al 4.69 % del total de inmigrantes llegados a Argentina. Así, Argentina se convertía en el país más importante de la diáspora judía, siendo superado solo por Estados Unidos y Palestina (Avni, 2005). Y es en este nuevo contexto que encuadramos las experiencias migratorias del segundo relato familiar que presentamos en este capítulo.

Llegada a la Argentina: sin vuelta atrás

Relato Nº 1

La primera historia que presentaremos es sobre la familia Lifsitz, llegada desde el Imperio ruso a la Argentina en 1906 y al pueblo de Villa Alba en 1913. Uno de los ejes analíticos que atraviesan los relatos presentados es aquel que refiere a las motivaciones de la migración. Como sostiene Avni (2005), la comunidad judía en el territorio ruso se veía motivada a migrar por las mismas razones que motivaban a otros grupos, tales como el alto crecimiento vegetativo (la población judía aumentó de cuatro millones de personas en 1880 a cinco millones y cuarto en 1897). Por otro lado, a pesar de que Rusia había dado los primeros pasos a mediados del siglo XIX para el desarrollo de una incipiente industrialización, esta aún no había impactado significativamente en las masas, ya que la mayor parte de la población seguía atada a la tierra y a la producción agrícola a fines de siglo. Sin embargo, a la población judía, se le sumaba una razón más: la violencia de los pogromos, es decir, ataques, pillaje y matanzas generalizadas contra la población. Estos afloraron a partir de la década de 1880 en distintos pueblos y regiones de Europa oriental, tal como quedó marcado en el recuerdo familiar de los Lifsitz, según lo narra su nieto.

Toda la familia salieron [sic] de Rusia, se embarcaron en Hamburgo con destino a Estados Unidos. Cuando llegaron a Nueva York… desembarcaron y no los dejaron entrar a mis abuelos porque venían con una criatura, una hija, una nena, una beba y tenía conjuntivitis y no los dejaron entrar por ese motivo, entonces los mandaron otra vez al barco. De ahí el otro puerto que tocaron fue Cuba, tampoco los dejaron desembarcar ahí. El próximo Río de Janeiro, tampoco los dejaron por el mismo motivo. Y quedaban dos puertos. El de Buenos Aires y el de Montevideo. Bueno, cuando llegaron a Buenos Aires afortunadamente los dejaron bajar.

Mi abuela decía, lo comentaba después, que si no los dejaban desembarcar en Buenos Aires o en Montevideo, no querían volver otra vez a Rusia, se tiraban al mar. Así que imagínese de qué manera vivían ellos allá, las persecuciones…

No solo el caso de mi abuelo, todos, se negaban a contar todo porque era una odisea, no tenían nada bueno para contar, así que algunas cosas salpicadas contaban.

El judío estaba muy perseguido, el pogrom, estamos hablando de la época de los zares. Los pogroms eran terribles, la persecución a los judíos. (M. Lifsitz, entrevista virtual, Santa Rosa, 2022)

Como vemos, el destino elegido por los Lifsitz era el que la mayoría de los judíos en Europa elegía: Estados Unidos. Cuando se estaba formando el proyecto de la JCA, se había considerado este país como el lugar donde desarrollar el proyecto colonizador. El barón Hirsch finalmente desistió de Estados Unidos y se inclinó por la Argentina argumentando que, al haber ya tanta población judía en Estados Unidos, podía generarse una reacción antisemita en dicho país (Avni, 2018).

El fragmento de entrevista transcripto, además, revela otra característica que distingue a la inmigración judía de otros grupos migratorios: el desarraigo absoluto y la imposibilidad de retornar. Esto es una constante en la mayoría de los relatos. Si bien se sabe que existían retornos, en la mayoría de los casos, volver no era una opción. Según datos de Avni (2005), la proporción de judíos que volvían a migrar fuera de Argentina era mucho menor comparada a la tasa de retorno del resto de los migrantes. Si bien los Lifsitz pudieron desembarcar, algunos años después, durante la Segunda Guerra Mundial y el recrudecimiento de las restricciones a la inmigración en general y a los judíos en particular en Argentina, los barcos con refugiados judíos serían impedidos de desembarcar en el país, obligando a sus familiares a saludar desde lejos a sus parientes y verlos partir de vuelta a una muerte segura en Europa (Avni, 2005).

Otro aspecto valioso para analizar con este fragmento es lo que se podría denominar el “no relato” o el silencio que surge también en casi todas las historias indagadas. Constantemente, se hace alusión a una ausencia de relato en la familia, especialmente de parte de los mayores que habían emigrado. Para Elizabeth Jelin, “los acontecimientos traumáticos conllevan grietas en la capacidad narrativa, huecos en la memoria… Es la imposibilidad de dar sentido al acontecimiento pasado” (2001, p. 9). Estos silencios o grietas se dan, en especial, en períodos históricos posteriores a grandes catástrofes sociales, masacres y genocidios. El silencio es la marca del trauma, en este caso. Es por ello que encontramos constantemente en los relatos de los descendientes de los inmigrantes la mención de una falta de narrativa en la familia sobre la vida en Rusia antes de migrar, reconociendo que tal ausencia de palabra podía derivar del dolor o el trauma vivido. Esta persecución vivida en Rusia se refleja en la historia de la familia Lifsitz, ya que algunos de sus miembros, tal como menciona su descendiente entrevistado, tuvieron que alterar los documentos y declararse católicos en lugar de judíos para poder salir de Europa. Este ocultamiento de su identidad verdadera da cuenta claramente de una situación de escape y hostigamiento.

Relato Nº 2

La trayectoria migratoria de la familia S inicia con la llegada del padre de David –el nombre ha sido alterado– desde Polonia a la Argentina en 1926. Tal como menciona David, su padre, al que llamaremos Israel, “se vino por los pogromos”. Israel arribó a Buenos Aires residiendo, primeramente y durante ocho días, en el Hotel de Inmigrantes, período tras el cual lo echaron. Al igual que en el relato anterior, el proceso migratorio de Europa a La Pampa significó, como en la mayoría de los casos, una escala previa en la gran ciudad de Buenos Aires, en este caso de dos meses. Allí, Israel buscó trabajo, “se gastó los zapatos”, pero sin éxito. Es en esta situación que un contacto le facilitaría la información necesaria para hacer su camino hacia esta nueva tierra.

Varios años después, llegaría la madre de David, también desde Polonia, en 1938. Según narra su hijo, su madre partió de Europa “en el último barco que zarpó antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial”. La familia que quedó en Polonia murió en su totalidad durante la guerra. Solo dos familiares habrían sobrevivido a los ghettos[6] y a las políticas de exterminio aplicadas por los nazis y emigrado luego a Estados Unidos. “Mi madre quedó sola en el mundo, le mataron a toda la familia, ‘como si hubiera salido de una piedra’ decía ella”.

Este desarraigo y esta pérdida de la familia es una constante en los relatos de los migrantes venidos en las décadas de 1920-1930. Los que vinieron en este período tienen muy presente la masacre de la mayoría de los miembros de sus familias que quedaron en Polonia –salvo algún que otro pariente que hubiera logrado migrar a Estados Unidos o Palestina–. El genocidio contra el pueblo judío cometido en la Segunda Guerra Mundial no está tan presente en los relatos de las personas llegadas a fines del XIX o en la primera década del XX, debido a que algunos ya habían perdido el contacto o la relación con sus familiares al otro lado del océano.

A pesar de este desarraigo inicial, quienes huían de la violencia contra los judíos en Europa encontraron libertad, seguridad y aceptación en tierra argentina, donde pudieron practicar su religión en paz. La devoción religiosa, sin embargo, propia de las primeras generaciones de inmigrantes, con el tiempo, se fue perdiendo. Así lo recuerda David, como lo expresó en una entrevista realizada a principios de la década de 1990:

Mi padre siempre me hablaba de cosas muy dolorosas… por eso mi padre se vino acá… de la persecución de los judíos en Europa. Toda nuestra familia falleció en la última Guerra Mundial. Y acá se encontró una paz, una tranquilidad. Siempre se convivió muy bien… gracias a Dios. El argentino es un hombre bueno, salvo alguna vez… a veces sí, se siente molesto alguno… pero son grupos minoritarios, en general la gente es buena. Muy agradecidos de cómo nos han tratado siempre. Además, un gran porcentaje, ya se ha casado digamos de forma mixta. Muchos de mis amigos o amigas se han casado con chicas cristianas, de enseñanza…
La tradición, en alguna medida, se está perdiendo. Porque lógicamente nosotros, las nuevas generaciones, no tenemos la dedicación que tenían nuestros padres… Mi padre… todos los sábados iba a la sinagoga que había ahí en el campo a una legua de donde vivíamos. Mi padre, todos los sábados a la mañana, así llueva o truene, iba a la sinagoga a rezar, todos los sábados. Y acudía a todas las festividades, porque se educó así. Yo ya… muy muy poco. Lo único que aprendí a hablar el idioma materno, el idioma ídish. Mi mamá sabía hablar solamente ídish y polaco, entonces lógicamente que aprendí. (David, Bernasconi, 1993)

Nueva vida en nuevas tierras

Relato N° 1

¿Cómo llegan los Lifsitz a La Pampa? Tiene mucho que ver con lo que los estudios sobre migraciones denominan “cadenas o redes migratorias”. Este concepto alude a la “transferencia de información y apoyos materiales que familiares, amigos o paisanos ofrecen a los potenciales migrantes para decidir, o eventualmente, concretar su viaje” (Pedone, 2002, p. 3). A través de la identificación de cadenas y redes migratorias, podemos abordar los vínculos entre los migrantes y el modo en que se producen las decisiones individuales en medio de condiciones estructurales (Pedone, 2010). En el caso de los Lifsitz, una relación afectiva y familiar tuvo mucho que ver con la radicación en el todavía Territorio Nacional de La Pampa. Si bien esta familia no había migrado con la JCA, otros parientes de ellos sí lo habían hecho, por lo que tenían tierras asignadas en las cercanías de Narcisse Leven, en Abramo.

Vino después la colonización de la colonia Narciso Leven en Bernasconi y Abramo, una hermana de mi abuela, siempre estoy hablando de la familia paterna, le habían asignado un campo en la zona de Abramo, eran las únicas dos hermanas que estaban acá en la Argentina y bueno, entonces mis abuelos agarraron y se vinieron a Villa Alba. Como eran las únicas hermanas que quedaban acá en la Argentina, entonces quisieron estar juntas, inclusive en el año 1918 falleció la hermana de mi abuela y está sepultada en el cementerio de General San Martín, de Villa Alba, hoy General San Martín, y mi abuela también, están las dos hermanas sepultadas en el mismo cementerio.
Mi abuelo vino con un oficio de sastre, trabajó para sastrerías importantes de la capital, como Gath y Chávez[7], Albion House, Harrods. […] No había posibilidades en esa época de vivir con la profesión esa entonces empezó como marcachifle[8]. Recorría los campos, llevando mercadería y acopiando frutos del país, aves, huevos, todas esas cosas, él viajaba en un carrito con dos caballos, mi abuela se quedaba en el pueblo, en la casa, ya instalada en un negocio y ahí nace el negocio en el año 1913 y que después lo cierra mi padre en el año 1974, o sea, 61 años con comercio en San Martín. (M. Lifsitz, entrevista virtual, Santa Rosa, 2022)

En Villa Alba, el matrimonio migrante, llegado a Argentina con una hija, tuvo dos hijos más, entre ellos, el padre de la persona entrevistada. La familia se dedicó al comercio; el negocio fundado por su abuelo en 1913 continuó en manos de su padre y estuvo abierto por 61 años en lo que luego sería General San Martín, hasta 1974. La familia, finalmente, migró en su totalidad a Bahía Blanca:

¿Por qué lo cierra? [al negocio] Porque ya era mayor de edad, se había jubilado, ya era un hombre mayor, había cumplido su etapa de producción, y… vende todo y se vienen a vivir acá a Bahía Blanca porque tanto mi hermano como yo estábamos instalados acá en Bahía Blanca, entonces, quedaban mis padres solos allá en General San Martín, ya mayores, entonces se vinieron acá a Bahía Blanca. (M. Lifsitz, entrevista virtual, Santa Rosa, 2022).

A pesar del éxodo familiar fuera de las tierras pampeanas, como todavía sostiene M. Lifsitz, criado en Villa Alba, “mi corazón está puesto en General San Martín”.

Relato Nº 2

La familia S llega a La Pampa, más específicamente a la colonia Narcisse Leven, también por contactos. En este caso, no se trataba de un contacto familiar, sino de un amigo o “paisano” que Israel conocía de Polonia, que había migrado con la JCA y con quien habría mantenido un contacto epistolar. Como narra su hijo David:

Mi papá no vino con un contingente a colonizarse. Él ya vino cuando la colonia estaba poblada. Entonces el único amigo que tenía era el abuelo de S… que eran del mismo pueblo allá en Polonia. Yo creo que se escribían, se escribían, sí, porque eran amigos de Polonia. (David, entrevista presencial, Bernasconi, 1993).[9]

Una vez llegado a la colonia, trabajó doce años de peón, desde 1926 a 1938. Para ese entonces, la colonia Narcisse Leven estaba poblada por aproximadamente 200 familias. La llegada de Israel a la colonia coincidió justo con los “años negros”, como lo narran las fuentes, producto de las malas cosechas que se sucedieron durante 1927-1928 hasta 1932-1933 (Schoijet, 1961). En 1938, logró que la JCA le diera 75 hectáreas; “donde me crie”, sostiene David, nacido en la colonia en el año 1941. Esta experiencia familiar devela una política particular de la empresa JCA. Si bien, en sus inicios, el proyecto prohibía el empleo de peones y jornaleros entre colonos, desde 1905, aplicó otro criterio según el cual aquellos que llegaran a la Argentina por su cuenta debían primero trabajar como peones en casa de uno de los colonos ya establecidos. Según su desenvolvimiento en esta posición, los administradores de la JCA evaluarían, luego, si la persona podía transformarse finalmente en colono (Avni, 2005).

Otro aspecto importante por destacar es lo reducido del tamaño de las parcelas con que iniciaban los colonos de Narcisse Leven. A la mayoría de los colonos, se les asignaban inicialmente 150 hectáreas, lo que nos permite ver que las tierras dadas a Israel, quien se sumó al proyecto colonizador por su cuenta y de forma tardía, fueron muchas menos. La JCA cedía estas tierras a los colonos con promesa de venta a 20 años más un 4 % de interés. Pero aun 150 hectáreas como unidad productiva eran insuficientes, teniendo en cuenta que la unidad económica para producir en el sudeste de La Pampa, es decir, el tamaño que deben tener las parcelas para poder desarrollar la actividad agrícola con éxito, era entre 400 y 500 hectáreas (Maluendres, 1993).

A pesar de estas limitaciones y dificultades, la familia S se abocó a construir un futuro familiar viviendo del campo. Su hijo narra las vivencias de su infancia en la colonia Narcisse Leven, atravesadas por la pobreza y las arduas condiciones ambientales que dificultaban la vida rural. Al igual que la mayoría de los judíos que migraron a la Argentina en la década de 1920 y 1930, no tenían experiencia previa como agricultores, a diferencia de los migrantes de la primera etapa traídos por la JCA, entre los cuales sí había algunos agricultores provenientes de colonias judías creadas en Rusia en torno al Mar Negro. Respecto a qué se dedicaba su padre antes de venir a Argentina, David recuerda:

Me contaba que vendían bebidas, cerveza. Tuvo que aprender a trabajar la tierra acá. Vivimos cuatro años en una choza de la compañía. A todos les dieron el mismo tipo de casa: de chorizo, masacotes de tierra y paja, forrado con chapa, piso de tierra… la cama se hundía, las vinchucas picaban y en la cama había sangre a la mañana. A mí me han picado. La vida fue muy difícil antes… Con eso levantó la casita en que vivimos hasta hoy. La revocamos… Techo con chapas. Hasta hoy tenemos esa casa… Ochenta metros hasta el agua [se refiere a la profundidad que debía tener el pozo para encontrar agua]. La gente sacaba agua con un balde, una soga larga tirada de un caballo. Hizo [su padre] una casa de adobe.
Mi padre hizo todo, todavía está el pozo donde hacía los adobes. Todavía tengo el campo, vi a mi padre sufrir muchísimo, así que todavía trabajo el campo. La JCA le dio 75 hectáreas a 6 leguas de acá, en el fondo de la colonia. A medida que se fueron [otros colonos], lo trasladaron a 2 leguas más cerca del pueblo. Le dieron 300 hectáreas en el 48. En el 50, pudo comprar las 50 hectáreas gracias a la política de Perón. (David, entrevista presencial, Bernasconi, 2021).

David recuerda que su padre viajó con un traje que le prestó un vecino –ya que él no poseía ninguno– y tardó 20 horas para ir a Buenos Aires a concretar la compra de las tierras. Como narra David, antes de que construyeran su casa con sus propias manos, la familia vivió en una choza de la compañía. En un informe, encontrado en el Archivo Histórico Provincial, de una comisión gubernamental que visitó la colonia en 1928, se describen dichas casillas, una de las cuales probablemente haya sido el hogar provisorio de la familia hasta que construyeron su propia casa. La fuente nos narra:

El pasaje denominado La Esmeralda [nombre original de la colonia Narcisse Leven] consta de 21 casillas de pared y techo de zinc, piezas de 4×4, piso de tierra, y que la Administración de la Jewish Colonization Asociation destina para albergue de inmigrantes. (Informe por solicitud de creación de Comisión de Fomento en Narcisse Leven. 2 de abril 1928).

Las memorias de David también dan cuenta de cómo pudo mantenerse la familia en el campo, agrandando la parcela inicial a medida que otros colonos abandonaban sus tierras. La situación era muy crítica para los agricultores de la colonia, que reclamaban constantemente a los administrativos de la JCA por la ampliación de sus chacras. Finalmente, fueron escuchados en la década de 1940, cuando se aprobó la “reestructuración de la colonia” (1942-1943). La aplicación de este plan consistió en un reordenamiento interno y en el traslado de 23 familias hacia otras colonias para que, los que quedaran, pudieran aumentar el tamaño de sus chacras a unas 300 o 400 hectáreas, el doble del tamaño dado inicialmente por el proyecto colonizador (Krichmar y Bursuk, 1964).

Las entrevistas realizadas a David nos permiten conocer sus experiencias de pequeño como hijo de inmigrante nacido y criado en una colonia agrícola en La Pampa. Si bien nació en Argentina, el legado familiar, la lengua, las costumbres y las prácticas hogareñas se encontraban aún dominadas por una cultura diferente a la del lugar de destino, generando distintos episodios de desencuentros y una necesaria adaptación social y cultural. La vida de un hijo de inmigrante en una colonia agrícola está marcada también por el arduo trabajo que significaba crecer en tales condiciones:

Hasta el año 50 más o menos yo me acuerdo vivíamos en una pobreza, vivíamos en una casita de la compañía colonizadora, de chorizo, los pisos de tierra lógicamente… los palos de la cama se enterraban en el piso… Y de noche cuando llovía, palanganas y ollas por todas partes. Se vivía muy pobremente. (David, entrevista presencial, Bernasconi, 1993)

Fuimos a una escuela a una legua… Cuando yo fui éramos 22 alumnos, un solo maestro daba clase a todos los grados. Vivía en la escuela. Ordeñábamos una vaca y nos daban leche. En el 52, fueron años de sequía, íbamos en un caballito flaco para ir a la escuela. Era tan filoso el caballo que había que moverse… (David, entrevista presencial, Bernasconi, 2021)

Teníamos vergüenza porque no estábamos vestidos como otros chicos. Yo me acuerdo cuando empecé la escuela, la empecé en esta escuela acá en Bernasconi… y los chicos se reían de mí porque andaba mal vestido. Mi mamá no tenía qué ponerme. Los pantalones remendados, entonces los chicos se reían de mí. Mi mamá me sacaba la ropa de noche, me la lavaba para ponérmela al otro día de nuevo. Lo primero que aprendí fue el idioma ídish, antes que castellano. Me acuerdo que yo tenía vergüenza cuando iba a la escuela, los primeros días, porque no hablaba bien el castellano. (David, entrevista presencial, Bernasconi, 1993)

A los 6 años yo sembraba. Papá araba. A los 9 años ya sembraba. Cuando iba a la escuela había una quesería. Yo ordeñaba vacas. Dejaba el tacho de pasada al ir a la escuela… Yo estudié hasta 6to grado. (David, entrevista presencial, Bernasconi, 2021).

Atado a la tierra a la que habían llegado sus padres huyendo de Europa, a diferencia de otros hijos de inmigrantes que volvieron a migrar al crecer para buscar nuevas oportunidades y dedicarse a otras actividades en ciudades y pueblos diversos, David permaneció en Bernasconi, preservando la casa de adobe que había visto construir a su padre. Al momento de realizarle la entrevista en 2021, David podría considerarse uno de los últimos colonos judíos de Narcisse Leven que aún viven en la zona.

Palabras finales

A través de las historias presentadas, pudimos conocer las vivencias particulares de dos familias inmigrantes, enmarcadas ambas en procesos más amplios, con diferentes temporalidades, de la inmigración judía a la Argentina. A pesar de sus particularidades y las distancias temporales, ambas trayectorias migratorias atravesaron en algún momento el Territorio Nacional de La Pampa, sumándose a las poblaciones judías que se habían arraigado en el sudeste en torno a las colonias Villa Alba y Narcisse Leven. La persecución y el antisemitismo europeo sobresalen como factores expulsores de este grupo migratorio que se fue insertando en la Argentina, destino posible, ahora, para la población judía europea, en gran parte, debido al proyecto de la JCA.

Las trayectorias ocupacionales difieren en ambas historias. Mientras una se abocó a la actividad comercial, la otra aceptó un destino de la mano de la producción agrícola-ganadera; pero ambas fueron posibles gracias al impulso del modelo agroexportador en la región pampeana. A su vez, ambos relatos recuperados dan cuenta de distintas vivencias traumáticas que marcaron las memorias familiares, desde el desarraigo, la migración sin posibilidad de retorno, la persecución en el lugar de origen y la pérdida de familiares debido a la masacre de judíos en Europa.

Los actuales acontecimientos de conflicto y violencia recrudeciendo una vez más en Medio Oriente, con muchas familias israelíes-argentinas afectadas, vuelve a visibilizar la construcción de los vínculos entre espacios geográficos distantes, construidos a partir de las distintas trayectorias familiares. Y, seguramente, la violencia, el trauma y la guerra volverán a marcar las historias de familias e individuos, israelíes y palestinos, afectados.

Fuentes primarias

Entrevistas al hijo del matrimonio S., residente de Bernasconi. Una realizada por la autora el 30/08/2021 y otra realizada por María Inés Altube y Silvia Crochetti entre 1992/1993.

Entrevista a M. L., residente de Bahía Blanca, nieto de inmigrantes, realizada el 16/03/2022, formato virtual.

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  1. Instituto de Estudios Socio-Históricos (IESH), FCH-UNLPam.
  2. Esta colonia representa una particularidad dentro de las fundadas por la J.C.A. ya que fue conformada bastante tardíamente (1936) y acogió a judíos alemanes que huían de la Alemania Nazi.
  3. La estancia mixta consistía en latifundios que combinaban la producción de ganado vacuno y de cereales, éstos últimos de la mano de pequeños y medianos arrendatarios (Rocchi, 2000).
  4. Por Franja este, se entiende una región de La Pampa que abarca desde el meridiano quinto hasta la isoyeta de 500 milímetros y constituye el área geográfica apta para la producción agrícola. Allí, se concentró el 90 % de la población del Territorio y fue el destino de los inmigrantes que acompañaron la fundación de pueblos y colonias a partir de la década del 1900 (Maluendres, 1993).
  5. Colono e historiador de la primera colonia fundada por la JCA en Argentina, colonia Mauricio. En sus memorias, Alpersohn presenta una mirada crítica a la colonización de la JCA, haciendo hincapié en la corrupción y mala administración de sus dirigentes.
  6. Barrios marginales donde se confinaba a los judíos en las ciudades europeas.
  7. Fundada en 1883 por el inglés Alfredo Gath y el santiagueño Lorenzo Chavez, la tienda de ropa para caballeros era una de las predilectas de la alta sociedad porteña.
  8. Vendedor ambulante.
  9. Entrevista realizada por María Inés Altube y Silvia Crochetti entre 1992/1993 en el marco del proyecto de investigación denominado titulado “Criollo y paisano en la cultura de la migración judía: Bernasconi, La Pampa” (1991), Proyecto de Cambio en la Educación Media. Comisión Curricular. Santa Rosa. Ministerio de Cultura y Educación.


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