La crisis de Estados Unidos, que comenzó en mayo de 1907 y se profundizó en octubre del mismo año[1], afectó negativamente a la economía mexicana. En efecto: los precios de los principales productos de exportación –plata, henequén, algodón, cobre, azúcar, ganado, caucho, etc.– disminuyeron; los ingresos fiscales se contrajeron; y las nuevas inversiones se detuvieron.
Al mismo tiempo, la desconfianza comenzó a dominar en la banca de emisión porfiriana. Los tenedores de billetes (y también los depositantes) tomaron la decisión de convertir sus tenencias en dinero, obligando a los bancos a liquidar sus compromisos de pago. Este capítulo estudia el comportamiento bancario en el momento de estrés, que abarcó los años 1907 y 1908.[2]
La exposición comienza definiendo conceptualmente dos mecanismos de “escape” del sistema ante situaciones de estrés: el prestamista de última instancia y el dealer de última instancia. Seguidamente, examinamos la crisis de los bancos de Yucatán y la actuación de tales mecanismos de “escape”. En la tercera sección, ampliamos el estudio al resto de los bancos regionales/locales: nos ocupamos de la crisis y de la aparición de un segundo dealer de última instancia. En la cuarta, mostramos las nuevas normas de 1908, dirigidas a mejorar la liquidez y sanidad de la banca emisora. Y, en la quinta, discutimos la extensión de la crisis, analizando el comportamiento de los bancos capitalinos. Finalmente, cerramos el capítulo con una breve síntesis de los hallazgos encontrados (conclusión).
V.1. Los mecanismos de “escape” del sistema ante situaciones de estrés
La banca de emisión porfiriana, como ya se dijo, era un sistema de reserva fraccionada, en el cual no existía un banco central (por lo tanto, la función de prestamista de última instancia no estaba institucionalizada). Consecuentemente, se puede suponer que se necesitaba de agentes capaces de actuar como prestamista de última instancia o dealer de última instancia en momentos de estrés.
En este sentido, el prestamista de última instancia es definido como un agente específico, o aquel que surgiese de un acuerdo entre los participantes del mercado, con la capacidad de prevenir el colapso de un sistema de reserva fraccionada y así evitar una crisis de carácter monetario. Por consiguiente, la función del prestamista de última instancia tiene un objetivo macroeconómico: otorgar préstamos (cobrando interés) a bancos con problemas de liquidez, a los fines de impedir un efecto dominó que derrumba al sistema. Seguidamente, el rol del prestamista de última instancia será mantener la confianza del público.[3]
El dealer de última instancia, por su parte, se identifica como un agente privilegiado que sale como último agente a comprar un activo al mercado. De esta forma, establece un piso al precio de los activos y evita así que se produzca un espiral degenerativo que estrangule al sistema por falta de liquidez.[4]
Como puede observarse, mientras que el prestamista de última instancia se enfoca en expandir sus activos a través de préstamos, el dealer de última instancia directamente toma posesión del activo que está rescatando.
Como se mostrará a continuación, tanto el prestamista de última instancia como el dealer de última instancia resultaron mecanismos de “escape” del sistema ante el estrés de 1907-1908.
V.2. La crisis de los bancos de Yucatán, el dealer de última instancia y el prestamista de última instancia
La historiografía da cuenta de que los bancos de la Península de Yucatán comenzaron a tener problemas de solvencia a partir del segundo semestre de 1907. La razón principal obedecía a
La dificultad en recuperar créditos de los grandes hacendados y comerciante del henequén. El precio del principal producto de exportación de la región (y la más importante exportación agrícola de México entero) había venido decayendo desde 1902. Las hipotecas que habían acumulado el Banco Mercantil de Yucatán y el Banco Yucateco se elevaban a más de 9 millones de pesos. Pero no podían cobrarlos por una serie de quiebras, la más importante la de la Casa Escalante, una de las mayores exportadoras, seguida por la firma de Thebaud Brothers.[5]
De este modo, los bancos de Yucatán tuvieron que enfrentar problemas de solvencia a partir de junio de 1907, como consecuencia de las quiebras de las principales casas exportadoras de henequén (sus prestatarios).[6] Para evitar un efecto dominó que derrumbara al sistema, el Banco Nacional les otorgó un préstamo de 5 millones de pesos a los dueños de los dos bancos, tomando como garantía las hipotecas que habían acumulado. Al mismo tiempo, el Banco Nacional envió a uno de sus directores, José María Castelló, para que tomara el control de los bancos Yucateco y Mercantil de Yucatán.[7]
No obstante, los problemas no habían concluido. A inicios de 1908, se produjo un gran desfalco (de 1.080.000 de pesos) en el banco Yucateco, que nuevamente puso en situación de estrés a la banca de la península yucateca. Acto seguido, el secretario de Hacienda pidió a los bancos de la República apoyo financiero para asistir a la entidad en aprieto. Los bancos Nacional, de Londres, Central, Agrícola e Hipotecario y de Comercio apoyaron la propuesta, e inmediatamente enviaron un telegrama a todos los bancos regionales/locales de emisión, acordando dar 0,25% del capital exhibido.[8] A pesar de cierta resistencia inicial que mostraron algunos de los bancos locales (como el Minero y el de Jalisco, entre otros), todos finalmente cumplieron el acuerdo.[9]
Juntamente, José María Castelló promovió como medida de saneamiento la fusión del Banco Mercantil de Yucatán con el Banco Yucateco, la que fue autorizada por la Secretaría de Hacienda el 11 de marzo de 1908. En ese acto, se rescindió la concesión del Banco Mercantil y se reformó la del Yucateco. La nueva entidad pasó a llamarse Banco Peninsular de Yucatán, con un capital de 16,5 millones de pesos.[10] La dirección del Peninsular quedó en manos del representante del Banco Nacional, Castelló. El Banco Nacional tenía 3754 acciones y 30.787 certificados de la nueva entidad.[11]
Como se muestra en los párrafos anteriores, existieron dos “salvatajes” a los bancos de Yucatán. El primero, protagonizado por el Banco Nacional, y el segundo, llevado a cabo a través de un acuerdo celebrado por todos los bancos de la República. El objetivo era salvar a los bancos Yucateco y Mercantil de Yucatán, a fin de evitar el colapso del sistema del que todos formaban parte. Ello se puso explícitamente de manifiesto años más tarde cuando el gerente de Banco Nacional en México expresaba “sin nuestra intervención” la crisis que en Yucatán determinó la quiebra de las casas de Escalante y Peón “habría sido una verdadera calamidad que habría alcanzado á la República entera”.[12]
No obstante, hubo una diferencia entre los “salvatajes”. En 1907, el Banco Nacional actuó como dealer de última instancia tomando posesión de los activos rescatados. En 1908, en cambio, existió un acuerdo entre todos los bancos para cumplir la función de prestamista de última instancia.
V.3. La crisis de la banca regional/local y el dealer de última instancia
V.3.1. El dinero de los bancos
Era de esperar que la desconfianza dominara en los años 1907 y 1908, por lo que los depositantes y los tenedores de billetes tomaron la decisión de convertir sus activos financieros en dinero de mayor jerarquía, obligando a los bancos a liquidar sus compromisos de pago. Un análisis detallado por región confirma esta hipótesis; si bien no contamos con información detallada acerca de los depósitos, sí podemos recurrir a los billetes en circulación y al dinero situado en la cúspide de la jerarquía (el oro).
En la región del norte, desde Sonora hasta Zacatecas, se observa una disminución de los billetes en circulación, la cual estuvo acompañada por una disminución del oro en manos de los bancos. En conjunto, las entidades emisoras de esta región perdieron un 38% del metal amarillo entre enero de 1907 y diciembre de 1908 (véase Gráfico V.1.a). El banco que más merma de oro registró fue el Mercantil de Monterrey (-59%), seguido por el Occidental (-46%), el de Nuevo León (-44%), el de Zacatecas (-44%), el de Durango (-43%) y el Minero (-40%).
En el Bajío, desde San Luis de Potosí hasta Jalisco, se observa igualmente una disminución de los billetes en circulación acompañada de una disminución del oro de los bancos. La pérdida total del dinero de alto poder en la región fue también del 38% entre enero de 1907 y diciembre de 1908 (véase Gráfico V.1.b). Las entidades que sufrieron mayores pérdidas de oro fueron el banco de Guanajuato (-66%) y el de San Luis Potosí (-51%).
En el centro, el drenaje de oro fue más grande: del 47% en total (véase Gráfico V.1.c). El banco de Michoacán perdió el 97% de dicho metal, seguido por el banco de Morelos con el 82% y más atrás por el Oriental con el 68%.
Por último, en la región del sur, también todos los bancos enfrentaron una pérdida de oro; en conjunto, dicha pérdida fue del 32% (véase Gráfico V.1.d).[13] Las mayores mermas correspondieron a los bancos de Campeche (-86%) y Oaxaca (-64%).
Gráfico V.1. Billetes en circulación y oro en poder de los bancos, enero de 1907-diciembre 1908 (millones de pesos plata)
a. Región Norte

b. Región del Bajío

c. Región Centro

d. Región Sur

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
El Cuadro V.1 presenta el ratio de liquidez de los bancos regionales/locales para diciembre de 1908, siendo: R = oro/ (billetes en circulación + depósitos[14]).
Se observa que, a pesar de la pérdida de oro que sufrieron los bancos, el riesgo de liquidez a que quedaron expuestos no fue alarmante, salvo algunas excepciones. Estas excepciones fueron el banco de San Luis Potosí (5%), el de Michoacán (1%), el de Oaxaca (4%), de Chiapas (7%) y el de Campeche (1%).
Cuadro V.1. Ratios de liquidez (diciembre de 1908)
| Bancos | R | Bancos | R |
| Región Norte | Región Centro | ||
| Sonora | 17% | Hidalgo | 33% |
| Minero | 38% | Merc. Veracruz | 17% |
| Coahuila | 23% | Oriental | 8% |
| Nuevo León | 14% | Estado de México | 15% |
| Merc. Monterrey | 19% | Michoacán | 1% |
| Occidental | 10% | Morelos | 10% |
| Durango | 11% | ||
| Tamaulipas | 40% | ||
| Zacatecas | 21% | ||
| Región Bajío | Región Sur | ||
| San Luis Potosí | 5% | Guerrero | 31% |
| Aguascalientes | 15% | Oaxaca | 4% |
| Guanajuato | 11% | Chiapas | 7% |
| Querétaro | 24% | Tabasco | 33% |
| Jalisco | 12% | Campeche | 1% |
| Peninsular | 46% | ||
Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances; Archivo Histórico del Banco Nacional de México, Actas.
De esta suerte, en el momento de estrés de 1907-1908, los bancos emisores perdieron oro (el dinero de alto poder). A pesar de ello, muy pocas entidades quedaron expuestas a niveles alarmantes de liquidez en un escenario donde dominaba la desconfianza.
V.3.2. El crédito
Como vimos en los capítulos anteriores, los bancos regionales/locales tenían la práctica de la renovación permanente de sus créditos, lo que hacía que sus carteras fueran poco líquidas. Un análisis por región exhibe resultados acordes a esto: las disminuciones del crédito no fueron muy pronunciadas. En las regiones del Norte y del Bajío, los créditos se redujeron 5% y 19% –respectivamente– entre enero de 1907 y junio de 1908; y luego comenzaron a crecer. En el Centro y el Sur, se contrajeron un 9% y 21% –respectivamente– durante el mismo período (véanse gráficos V.2.a y V.2.b). En un escenario donde dominaba la disciplina, estos porcentajes de ajuste del crédito resultaban relativamente débiles. Consecuentemente, era de esperarse que los bancos emisores perdieran oro, tal cual sucedió.
Gráfico V.2. El crédito, enero de 1907-diciembre 1908 (millones de pesos plata)

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
No obstante, cabe resaltar que la debilidad del ajuste del crédito no estuvo acompañada por pérdida de capital. Los gráficos V.3.a y V.3.b muestran tal ausencia de pérdida de capital por regiones. ¿Cómo se explica este hallazgo? En Argentina, por ejemplo, los bancos domésticos –más proclives al crédito de largo plazo– perdieron casi la mitad de su capital en la crisis de 1914.[15]
Gráfico V.3. Capital propio, enero de 1907-diciembre 1908 (millones de pesos plata). Capital exhibido. Fondo de reserva más fondo de previsión

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
La ausencia de pérdida de capital en los bancos regionales/locales porfirianos está asociada a la aparición de un nuevo dealer de última instancia. En efecto, la Secretaría de Hacienda –autorizada por decreto del 17 de junio de 1908– organizó la fundación de la Caja de Préstamos para Obras de Irrigación y Fomento de la Agricultura. La concesión fue otorgada el 3 de septiembre de ese mismo año a los cuatro bancos más importantes de la República, ubicados en el Distrito Federal, a saber: Nacional, de Londres, Central Mexicano, y Mexicano de Comercio e Industria (refaccionario). El capital social ascendió a 10 millones de pesos, representado por 100.000 acciones de 100 pesos cada una.[16] Además del capital propio, la Caja de Préstamos contó como fuente de fondos con 50 millones de pesos (25 millones de dólares) en bonos con respaldo del Estado, amortizables en 35 años y colocados en diversas plazas financieras internacionales (Nueva York, Fráncfort, Berlín, Ámsterdam y Londres).[17] Esta entidad –el primer banco agrícola– sería la encargada de absorber los créditos a largo plazo concedidos a los hacendados, que se encontraban inmovilizados en las carteras de los bancos provinciales de emisión.
Así, la Caja de Préstamos, en su rol de dealer de última instancia, salió a comprar el activo (la cartera de créditos) de los bancos regionales/locales, proveyendo de liquidez al sistema en un momento de estrés. Esto significó un gran salvavidas, lo que permite explicar por qué los bancos regionales/locales no sufrieron un colapso de capital.
V.4. La reforma bancaria: nueva normativa
La reforma a la ley bancaria de 1897, por medio de su homóloga del 19 de junio de 1908, completó las acciones de los distintos agentes que ejercieron el rol de prestamista de última instancia o dealer de última instancia durante la crisis. En este sentido, la ley de 1908 perseguía, entre otros, dos objetivos por destacar:
1- Reforzar las disposiciones de la ley bancaria de 1897 dirigidas a que los bancos emisores contaran con una cartera de activos rentables lo suficientemente líquida para que pudieran responder a los compromisos de pago (billetes y depósitos). Consecuentemente, se agregaron algunas prohibiciones a las operaciones activas de los bancos. En efecto, como vimos, la ley bancaria de 1897 establecía que los bancos de emisión podrían conceder créditos con garantía hipotecaria –que era la forma tradicional de crédito a largo plazo– “cuando expresamente lo autorice la Secretaría de Hacienda”. Aunque se ponía claramente de manifiesto que
… esta autorización no podrá darse sino con la condición de que el total monto de las hipotecas a favor del banco, no exceda de la cuarta parte del capital efectivamente pagado, y siempre que las obligaciones garantizadas se venzan en un plazo no mayor de dos años.
La ley bancaria reformatoria de 1908, por su parte, añadió la condición de que “los bancos en ningún caso podrán otorgar nuevas prórrogas en favor de sus deudores, cuando se haya vencido el plazo de los créditos hipotecarios”.[18]
También, como vimos, la ley de 1897 les prohibió a los bancos descontar documentos de créditos sin garantía de dos firmas de notaria solvencia o sin garantía colateral. Y la ley bancaria reformatoria de 1908 añadió nuevas prohibiciones, tales como “aceptar letras o libranzas en descubierto” o “hacer operaciones de préstamo, sin garantía prendaria suficiente, con personas o sociedades que no tuvieren domicilio ni negociaciones de importancia” en las plazas donde operaban los bancos.[19]
Por último, la ley bancaria reformatoria de 1908 prohibió a los bancos de los Estados adquirir acciones o bonos privados “por cantidad que exceda del 10% de la suma que en conjunto importen el capital efectivamente pagado del banco y los fondos de reserva”.[20]
2- Un segundo objetivo de la ley de 1908 por resaltar era la disminución de los costos de transformación de los bancos emisores en bancos refaccionarios, a través de la incorporación de una nueva norma. En este sentido, la ley decía:
… los bancos de emisión podrán en todo tiempo convertirse en refaccionarios, renunciando los derechos especiales que la ley les confiere, siempre que para el objeto sean autorizados por la Secretaria de Hacienda, la que cuidará de que se reforme la concesión en los términos que exija la nueva índole del banco, y establecerá las reglas conducentes para retirar o garantizar los billetes en circulación.[21]
Así, antes de la ley de 1908 los bancos de emisión que deseaban convertirse en refaccionarios tenían que renunciar a su concesión y solicitar una nueva. Con la nueva normativa, el cambio en la índole de la organización significaba una reforma de la concesión, lo que traía aparejado un ahorro de costos.
Los bancos de Campeche y Michoacán hicieron uso de la nueva normativa. El 30 de octubre de 1908 se reformó la concesión del Banco de Campeche del 11 de febrero de 1902. Y el 29 de enero de 1909 se hizo lo propio con la concesión del Banco de Michoacán del 10 de mayo de 1902. Ambos bancos, en conformidad con la reforma de ley de 1908, renunciaron al derecho de emitir billetes y celebraron un convenio con Banamex, por el cual este último se obligaba a redimir los billetes en circulación de aquéllos.[22] La salida de estos bancos contribuía a completar el saneamiento del sistema.
De este modo, la ley de 1908 incorporaba nuevas disposiciones dirigidas a aumentar la liquidez de la cartera de activo de los bancos emisores y a limpiar el sistema. Ello, a su vez, daba excelentes señales al público ante momentos de incertidumbre, contribuyendo así a evitar que el sistema colapse. En otras palabras, la nueva normativa también contribuía a dar certidumbre a los agentes, reduciendo la probabilidad de pánico.
V.5. La extensión de la crisis bancaria: ¿alcanzó a los bancos capitalinos?
Cabe preguntarnos si el estrés de 1907/1908 se circunscribió a la banca regional/local o alcanzó a los bancos capitalinos. La evidencia revela que el Banco de Londres experimentó una disminución de los billetes en circulación del 19%, acompañada de una pérdida de oro del 22% entre enero de 1907 y diciembre de 1908. Por consiguiente, el estrés llegó a esta entidad bancaria, pero en menor grado que en los bancos regionales/locales (véase Gráfico V.4.a).
En el caso del Banco Nacional, la disminución de sus billetes en circulación fue de apenas el 6% y lo llamativo es que estuvo acompañada de un aumento de la tenencia de oro del 56% entre enero de 1907 y diciembre de 1908 (véase Gráfico V.4.b). Es decir que el Banco Nacional –el banco del Estado– se convirtió en el único ganador de oro en la crisis de 1907-1908. ¿Cómo se explica esto? La respuesta está en el gran ajuste del crédito que se dio en el Banco Nacional durante el primer semestre de 1908 (véase Gráfico V.5), y que ese ajuste fue posible porque el prestatario era ni más ni menos que el Estado. En síntesis, el aumento de la tenencia de oro del Banco Nacional en plena crisis puede ser explicado porque el Estado le inyectó dinero, a través de la cancelación de sus créditos. Tener el privilegio de ser el agente financiero del Estado marcó la diferencia en el tablero con respecto al Banco de Londres.
Finalmente, ambos bancos privilegiados –Nacional y de Londres– atravesaron la crisis de 1907-1908, al igual que sus pares regionales/locales, sin pérdida de capital. De hecho, sus fondos de previsión y reserva se vieron incrementados (véase Gráfico V.6.).
Gráfico V.4. Billetes en circulación y oro en poder de los bancos capitalinos, enero de 1907-diciembre 1908 (millones de peso plata)
a. Banco de Londres

b. Banco Nacional

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
Gráfico V.5. Créditos, enero de 1907-diciembre 1908

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
Gráfico V.6. Capital propio, enero de 1907-diciembre de 1908.
Capital exhibido

Fondo de reserva más fondo de previsión

Fuente: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Balances.
Por último, en diciembre de 1908, los bancos capitalinos exhibieron un coeficiente de liquidez, para un escenario donde dominaba la disciplina, como sigue:
Bancos | R2 |
Nacional | 31% |
De Londres | 21% |
En ambos casos, los niveles de liquidez fueron buenos; y resultó particularmente alto en el caso del Banco Nacional dado que la desconfianza prevalecía.
V.6. Conclusiones
Como vimos en el capítulo anterior, la banca regional/local presentaba dos grandes debilidades: (i) exhibía un nivel de liquidez preocupantemente bajo en un escenario donde dominara la desconfianza; y (ii) tenía una cartera de activos rentables poco líquida, debido a la práctica de renovación constante de los créditos de seis meses de plazo. Consecuentemente, era de esperar que el embate de la crisis de 1907 fuera más fuerte en la banca regional/local que en la capitalina. En este sentido, los bancos Yucateco y Mercantil de Yucatán presentaron problemas de solvencia, que los llevaron al borde del colapso. A esto se le sumó el gran desfalco al Banco Yucateco. Además, el público comenzó a demandar el pago de sus activos financieros (depósitos y billetes) en dinero de alto poder, lo que produjo un importante drenaje de oro de los bancos regionales/locales.
Ante esta situación de estrés, el propio sistema generó múltiples mecanismos de “escape”. El objetivo era salvar a los bancos en problemas, a fin de evitar el colapso del sistema del que todos formaban parte. Así, se hicieron tres salvatajes, dos a los bancos de la península yucateca y uno al resto de los bancos regionales/locales. El primero fue protagonizado por el Banco Nacional, que actuó como un dealer de última instancia, tomando posesión de los activos rescatados de los bancos Yucateco y Mercantil de Yucatán. El segundo consistió en un acuerdo de todos los bancos para cumplir con la función de prestamista de última instancia, debido al desfalco del Banco Yucateco. Y, por último, se creó la Caja de Préstamos –el primer banco agrícola–, que tenía el encargo de absorber los créditos a largo plazo que se encontraban inmovilizados en las carteras de los bancos regionales/locales. Es decir, la Caja de Préstamo también actuó como un dealer de última instancia, tomando posesión de los activos rescatados de los bancos regionales/locales.
Tales mecanismos de “escape”, por una parte, evitaron la quiebra de los bancos de la Península de Yucatán, que se fusionaron y pasaron a operar con el nombre de Banco Peninsular. Por otra parte, evitaron que los restantes bancos regionales/locales sufrieran colapsos de capital cuando el público exigiera el pago de sus activos financieros en dinero. Todo ello fue completado con una nueva normativa (la ley bancaria de 1908), dirigida a aumentar la liquidez de las carteras de los bancos y a estimular la salida de aquellos que quedaron expuestos a niveles bajísimos de liquidez. Esto contribuía a dar certidumbre a los agentes, reduciendo la probabilidad de pánico.
Finalmente, el embate de la crisis de 1907 fue relativamente suave en los bancos capitalinos. El Banco de Londres perdió oro en una proporción menor que los bancos regionales/locales. Y, en el caso del Banco Nacional, sus tenencias de metal áureo aumentaron entre 1907 y 1908. Esto último se explica porque el Estado le inyectó dinero, a través de la cancelación de sus créditos, al Banco Nacional. Tener el privilegio de ser el agente financiero del Estado marcó la diferencia en el tablero con respecto al Banco de Londres.
De esta suerte, el sistema bancario de emisión pudo sortear la crisis, sin cierres y sin colapsos de capital. Ello fue posible gracias a los mecanismos de “escapes” (dealer de última instancia y prestamistas de última instancia) y también a una nueva normativa que contribuiría a sanear la parte débil del sistema. El gran ganador fue el Banco Nacional, que vio incrementar sus tenencias de oro por ser el agente financiero del Estado.
- Sobre la crisis de 1907, véase Marichal, Nueva historia de las grandes crisis financieras, cap. 1.↵
- Los principales puntos de este capítulo son tratados en un artículo por publicar, titulado “La Banca de Emisión en México y la Crisis Internacional de 1907”.↵
- Humphrey y Keleher, “The Lender of last resort”, pp. 277-278.↵
- Mehrling, Banks: “The market for liquidity”; The New Lombard Street.↵
- Marichal y Méndez Reyes, “El sistema bancario en México: El pánico de 1907”, p. 24.↵
- Resulta importante distinguir entre el problema de solvencia que enfrentaron los dos bancos con el problema de “sobrepréstamo” que incurrió el banco Mercantil (mostrado en el capítulo anterior). Obviamente la conjunción de ambos problemas debió haber colocado a esta entidad en una situación financiera mucho más delicada.↵
- Marichal y Méndez Reyes, “El sistema bancario en México: El pánico de 1907”. Véase también Barceló Quintal, “El desarrollo de la banca en Yucatán”.↵
- Es de señalar que, dentro de los acuerdos firmados por las entidades adheridas al Banco Central Mexicano, estaba uno de ayuda financiera mutua. Dicho acuerdo consistía en el compromiso de aportar efectivo por un monto no mayor al 2% de su capital propio, a fin de que la suma reunida fuera prestada con interés al banco con problema. Véanse Favre, “Los bancos en México. Organización y desarrollo”, p. 266; Connant, The Banking System of Mexico, pp. 43-44; y McCaleb, Present and Past Banking in Mexico, pp. 118-20. ↵
- Anaya, “La crisis internacional y el sistema bancario”; Marichal y Méndez Reyes, “El sistema bancario en México: El pánico de 1907”.↵
- Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Concesiones, vol. II, 1908, p. 952.↵
- Tomado de Marichal y Riguzzi, “Bancos y banqueros”, p. 225.↵
- Tomado de Marichal y Riguzzi, “Bancos y banqueros”, p. 225.↵
- Se excluyeron en el cálculo los bancos Mercantil de Yucatán y Yucateco (posteriormente Peninsular), dado que fueron tratados en la sección anterior.↵
- Para diciembre de 1908, ya contamos con cifras confiables de la cuenta “depósitos” de los balances.↵
- Della Paolera y Taylor, Tensando el ancla, p. 178. ↵
- Las acciones se dividieron en tres series: la serie A, compuesta de 1 acción perteneciente al gobierno federal; la serie B, formada por 25.000 acciones pertenecientes a los cuatro bancos concesionarios, los cuales no podían enajenarlas ni pignorarlas sin permiso de la Secretaría de Hacienda; y la serie C, compuesta por las restantes acciones, que iban a ser colocadas entre el público pero que terminaron en manos de los mismos bancos concesionarios.
Las acciones de las tres series conferían iguales derechos, excepto en cuanto a la elección del Consejo de Administración y a la facultad de veto en el seno de dicho Consejo. De los quince miembros que componían el Consejo de Administración, tres eran electos por el voto de la acción de la serie A, cinco por los votos de las acciones de la serie B, y los siete restantes por los de la serie C. La única acción que tenía facultad de veto era la del gobierno (serie A).↵ - Oñate, “Banca y agricultura en México: la crisis de 1907- 1908”, pp. 355-358.↵
- Ley General de Instituciones de Crédito, 19/4/1897, art. 30, inc. 2; y decreto que reforma la Ley de Instituciones de Crédito, 19/6/1908, art. 1.↵
- Ley General de Instituciones de Créditos, 19/4/1897, art. 29, inc. 2; y decreto que reforma la Ley de Instituciones de Crédito, 19/6/1908, art. 1.↵
- Decreto que reforma la Ley de Instituciones de Crédito, 19/6/1908, art. 29, inc. 7.↵
- Decreto que reforma la Ley de Instituciones de Crédito, 19/6/1908, art. 38 bis.↵
- Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Concesiones, vol. III, 1908, pp. 1241-1242; y vol. II, 1909, pp. 1134-1136.↵








