Crisis total, sufrimiento animal y activismo vegano
Natalia David[1] y Diego Zenobi[2]
Caminar por las calles de Buenos Aires puede transformarse en una experiencia fuera de lo habitual cuando nos topamos con enormes grafitis que declaran “Violencia es comer animales” o bien frente a carteles pegados en las paredes de la ciudad que nos muestran a dos tiernos cerditos mirándose con amor o a una vaca colgando de un gancho desangrándose en un matadero. ¿Qué hay detrás de estas imágenes? ¿Quiénes y de qué maneras impulsan este trabajo de valorización de los animales como personas no humanas? Impulsada por esas preguntas, una de nosotros[3] se comenzó a vincular con las personas encargadas de llevar adelante algunas de esas campañas de difusión de la causa animalista. A partir de entonces y por espacio de cuatro años, se desplegó un vínculo con integrantes de estos grupos que se construyó en el marco de un trabajo de campo etnográfico. Así, nos propusimos participar de la vida social de estos grupos a lo largo de un período de tiempo extendido sin predeterminar cuáles serían los espacios y actividades en los que nos implicaríamos. Así fue que participamos de ferias, festivales, charlas, encuentros, en resumen, de las actividades en las que estos activistas del movimiento antiespecista concretizan a los animales como “víctimas”.[4]
Al hablar de “valorización” nos referimos a un proceso político a través del cual se despliegan una serie de acciones orientadas a establecer la priorización, relevancia o importancia de ciertos objetos, relaciones sociales, problemas, cuestiones, etc., en una determinada arena. Esta mirada supone entender al valor en un sentido productivo, creativo, relacionado con la importancia que las personas, en este caso los activistas veganos, dan a sus acciones, relaciones y proyectos de futuro (Graeber, 2018).[5] En ese marco, si la política es entendida como una lucha por establecer qué es el valor, esto es, qué es lo socialmente necesario, cuáles son aquellas metas merecedoras de un proyecto vital (Graeber, 2018), el compromiso con la causa animalista implica, entonces, un trabajo destinado a valorizar a las personas no humanas y a las prácticas que hacen de ellas, “sujetos de una vida”.
En lo que sigue de este capítulo mostramos que en aquel contexto se enmarca un trabajo colectivo orientado a redefinir las relaciones entre lo comestible y lo no comestible (Sahlins, 1988). A tal fin los activistas despliegan dispositivos de sensibilización como las “campañas” y “pegatinas” que exponen públicamente el sufrimiento animal y muestran la centralidad de las emociones valoradas por ellos (Traïni, 2011). Si bien al desplegar luchas y causas públicas la dimensión estratégica es relevante y ha sido el foco de la atención de los estudios sobre activismos y militancias durante décadas, cabe ampliar la perspectiva a la hora de abordar el papel de ese tipo de dispositivos. Lejos de limitarse a una cuestión estratégica, “campañas” y “pegatinas” contribuyen al aprendizaje de las competencias y del saber hacer propios de la actividad militante y del activismo (Traïni, 2011). Finalmente, aquí sugerimos que a través del proceso de valorización de los animales como personas no humanas, estos activistas se convierten en los representantes de un cierto “grupo” animal que, sin tener voz propia, los tiene a ellos como sus portavoces.
“Crisis total” y personas no humanas
Para quien vive en la ciudad y quiere entrar en contacto con los activistas veganos, esta no es una cuestión complicada. Llegar al lugar que funciona como sede de dos organizaciones veganas le resultará sencillo, ya que el mismo está ubicado en una zona céntrica de la Ciudad de Buenos Aires, el llamado Barrio Norte. Allí se concentran numerosos pequeños locales, muchos de los cuales son talleres de artistas, diseñadores, artesanos, librerías o disquerías “alternativas”. Entre ellos se encuentra el local de Voicot, un grupo creado en 2013 por una pareja de publicistas y fotógrafos vinculados al mundo del cine. Allí comercializan indumentaria propia, libros en castellano importados desde España y stickers con consignas antiespecistas. A pocos metros, en otro local del mismo pasillo de la galería, Difusión V ofrece una propuesta algo diferente. Las paredes están completamente cubiertas por afiches (que forman parte de campañas de denuncia contra el sufrimiento animal), y los mismos stickers que se venden en el local de Voicot, pero que aquí se entregan a cambio de una colaboración. Frente a la puerta, un gran cartel de la campaña “Veganismo es Amor” sintetiza la consigna del espacio, expresando la definición política y afectiva de su activismo. Voicot y Difusión V están estrechamente relacionados. Difusión V puede entenderse como un “desprendimiento” de Voicot, en particular como su “ala activista”.
Estos suelen ser los puntos de encuentro habituales para la realización de actividades impulsadas por esos grupos. También fue el punto en el que nos encontramos con varios activistas animalistas con el objetivo de asistir al evento que se realizaría por los 20 años del Festival de Arte Callejero Latinoamericano en el Museo Comunitario Isla Maciel, ubicado en Dock Sud, Avellaneda. El viaje hasta el Museo fue largo: se trató de un desplazamiento desde el norte opulento de la ciudad, hacia el primer cordón del conurbano sur de la provincia de Buenos Aires. El paisaje era bien distinto, ya que se trata de una zona humilde, atravesada por el Riachuelo, los depósitos industriales y descampados, calles rotas y basurales.
El festival reunía a artistas, colectivos y activistas que trabajan desde el arte callejero como Tinta Migrante y Espacio Barracas, con el fin de debatir sobre diversas luchas actuales. Otros grupos que participaban en el encuentro habían surgido en los barrios aledaños y estaban dedicados a abordar problemáticas relacionadas con la vulnerabilidad y la pobreza. En las paredes del local se exponían fotografías y afiches con una fuerte impronta militante articulando las luchas del antiespecismo, feminismo, ambientalismo, pueblos originarios y por los derechos humanos. Aquel día estaba prevista la realización de varias actividades entre las que destacaban las charlas que se ofrecerían en el anfiteatro, en las que cada organización participante presentaría brevemente su trabajo.
La representante elegida para hablar en nombre de Difusión V fue Florencia, quien forma parte de la organización como integrante de una de las “células”, en este caso la de Mar del Plata. En efecto, la participación en el activismo vegano puede darse a través de grupos con cierta organización a los que llaman “células” ubicados en diferentes ciudades, así como a través de una red de activistas “independientes” que no forman parte estable de ningún colectivo. Aquella tarde, las palabras de Florencia fueron elocuentes y definitivas. El diagnóstico era urgente: el sistema de producción capitalista, al que denominó “sistema miseria”, está en una situación crítica a causa de la explotación tanto de animales y de humanos como de la tierra, y todo ello se expresa en el estado de emergencia climática. Según Florencia “estamos en estado de emergencia climática y estas industrias, como la ganadería, la pesca, el agronegocio son los principales responsables de esta crisis” (Difusión V, Festival de Arte Callejero Latinoamericano, 09/2023). Desde aquí, el veganismo no se presenta únicamente como una práctica ética hacia los animales, sino que forma parte de un cuestionamiento al sistema global de producción y consumo que degrada el ambiente. En este sentido Difusión V es “un movimiento interseccional que lucha por la liberación animal, humana y de la tierra”[6] ya que entiende que, como dijo Florencia, “la opresión es una sola (…) hay que actuar… si no lo hacemos nosotros ahora, ¿quién lo va a hacer?, ¿cuándo?” (Difusión V, Festival de Arte Callejero Latinoamericano, 09/2023).
Si bien la noción de “crisis” ha sido movilizada para dar cuenta de situaciones muy disímiles y ha circulado por las disciplinas más diversas (economía, medicina, psicología, historiografía), en el campo del ambientalismo, este diagnóstico implica “una crisis ambiental que es significada como si fuera, justamente, total: una crisis a nivel planetario, global, que pone en riesgo no sólo a la especie humana sino a la totalidad de la vida, y que implica dimensiones éticas, morales, económicas, biológicas, políticas, culturales, sociales”, esto es una “crisis total” (Koberwein, 2022: 503). Esta amplitud de la crisis a la que se enfrenta el mundo, implica para Difusion V involucrarse en otras luchas más allá de la animalista. Una de las articulaciones más estrechas se da con el colectivo internacional Save Movement con el que mantienen un vínculo de colaboración sostenida y con la expresión local del movimiento XR. Otras alianzas de nivel local son las que mantienen con colectivos activistas tales como Acuerdo Basado en Plantas, Movimiento de Mujeres y Diversidades Indígenas por el Buen Vivir, Vuelve el Monte, Mar Libre de Petroleras, Ecos de Mar, entre otras. Por ello participan de protestas muy diversas como aquella en contra de la exploración petrolera en la costa marplatense, impulsada por el gobierno nacional y la empresa noruega Equinor. En esa ocasión, Difusión V aportó afiches tipográficos con títulos como “El mar no se vende, se defiende” y “No a las petroleras” junto con los hashtags “#Oceanazo” y “#Atlanticazo”, con imágenes de animales bañados en petróleo. Asimismo participó de la campaña en apoyo al Movimiento de Mujeres y Disidencias Indígenas por el Buen Vivir, en el marco de las movilizaciones y vigilias encabezadas por el Tercer Malón de la Paz en Tribunales en 2023.
Hay categorías muy concretas que dan cuenta de aquella forma de entender la situación crítica tales como las de “punto de no retorno”, “huella de carbono” y “prácticas ecocidas”. Muchos de estos conceptos provienen de diferentes tipos de saberes, algunos de ellos científicos, tales como estudios de biólogos, geólogos, ecólogos, ingenieros forestales y agrónomos. En el marco de la socialización y formación como activistas veganos, la lectura y comprensión de saberes de las ciencias biológicas, ciencias sociales, saberes filosóficos o humanistas en general son valorados positivamente.
En el contexto de una situación de crisis que involucra a diferentes especies, durante la charla Florencia destacó la necesidad de comprometerse con la causa animalista,
Ya no como defensores de los derechos de los animales o de la naturaleza, sino como animales y como naturaleza en defensa propia, y de todos los seres con los que co-existimos [creando] nuevas formas de vincularnos entre nosotres, con las demás especies y con el mundo que habitamos entre todes (Difusión V, Festival de Arte Callejero Latinoamericano, 09/2023).
Si el valor se concreta siempre en relación a una totalidad más amplia en la que se inserta (Graeber, 2018), aquí la valorización de los animales como personas no humanas se da en el contexto de una totalidad en “crisis”.
Como actividad final para el encuentro en el Museo Comunitario Isla Maciel, la representante de Difusión V propuso realizar una “pegatina” en las paredes de las escaleras de entrada a la institución. La propuesta funcionó como una invitación a adentrarse en lo que hace el grupo e introducir sus propias producciones gráficas y las que difunden, promoviendo que los demás participantes se acercaran, las observaran, las tuvieran en sus manos y eligieran cuáles pegar. Se buscaba fomentar una “apropiación activa” de esa forma de intervención. Más abajo nos detendremos en las “campañas” y en las “pegatinas” como dispositivos de intervención pública.
Continuidades humanos/no-humanos: “empatía” y compromiso vegano
La identificación con la causa animalista y el eventual compromiso activista con esa lucha son producto de un proceso de incorporación de información, conocimientos y saberes que se da a lo largo del tiempo. Como parte de los conocimientos que se incorporan a través de la socialización en el activismo vegano, se destaca el concepto de “disonancia cognitiva”. Ese concepto proviene del campo de la psicología social y fue acuñado en 1957 por León Festinger en su libro Una teoría de la disonancia cognitiva, en el que desarrolla una serie de reflexiones críticas sobre la ingesta de carne. En dicha obra, el autor plantea que las personas experimentan un malestar psicológico y eventual estrés o angustia cuando sus prácticas no se condicen con sus creencias más profundas. A través de aquel concepto, los animalistas intentan responder una paradoja inquietante: ¿cómo es posible que demos valor máximo a la vida, cuidemos tiernamente de nuestras mascotas, nos indignemos frente al maltrato animal, pero, al mismo tiempo, comamos animales que han atravesado tortura y sufrimiento físico y emocional? La respuesta viene de la mano de la “reducción de la disonancia” a través de la cual las personas contamos con la capacidad de dejar de lado cierta información contradictoria, minimizando las inconsistencias a las que nos enfrenta la vida cotidiana. En palabras de Florencia, la activista marplatense, se trata de “un mecanismo de nuestro cerebro para poder sobrevivir a eventos traumáticos” (Difusión V, Festival de Arte Callejero Latinoamericano, 09/2023). Esto explicaría lo que desde Voicot llaman “nuestra ignorancia asentida”[7] que explica que la enorme mayoría de la población viva “con los ojos cerrados” frente a la cuestión del sufrimiento animal.
En otros casos la disonancia cognitiva puede iniciar el camino hacia la “empatía” con la causa animalista al permitir la identificación emocional de las personas humanas con el sufrimiento animal. La “empatía” es posible porque entre personas humanas y no humanas hay una serie de continuidades. Como parte de los conocimientos que incorporan los animalistas, se destacan algunas posturas filosóficas “anti-especistas” que cuestionan la barrera entre humanidad y animalidad. Entre esas lecturas se destaca la obra de Tom Regan (1983) y Peter Singer quien en su icónica Liberación animal (1975) cuestiona al “especismo” como “(…) un prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de nuestra propia especie y en contra de los de otras”. Como parte de estas filosofías antiespecistas, Gary Steiner (2008) entiende a la “sintiencia” –categoría que se difundió en el campo de la neurociencia, la etología y la biología evolutiva– como “una capacidad que comparten todos los seres para los que tiene importancia luchar por la vida (…) independientemente de que el ser en cuestión tenga un juicio reflexivo” (Steiner, 2008: 11). Entonces, se trata no sólo de la capacidad de sentir sino que la “sintiencia” engloba otras capacidades que posicionan a los animales como seres interesados por sus vidas. En términos de uno de los filósofos preferidos de los animalistas, todo esto implica considerar a los animales como “sujetos de una vida” (Regan, 2004).
La empatía es considerada como el primer paso necesario para “sacarse la venda y abrir los ojos” (Difusión V, Festival de Arte Callejero Latinoamericano, 09/2023). El reconocimiento del sufrimiento del animal hace posible que surja, se reconozca, se exprese el sufrimiento humano. Y existe un fundamento científico para esto ya que tanto los animales como los seres humanos compartimos un sistema nervioso central que hace posible que unos y otros sintamos dolor, placer y miedo: “Si vamos a lo científico, los animales tienen cerebro, sistema nervioso central… Yo puedo empatizar con el dolor físico, porque yo también lo siento del mismo modo, entonces puedo pedir empatía, puedo decir que ‘veganismo es empatía’” (Difusión V, Festival de Arte Callejero Latinoamericano, 09/2023). Esta empatía entonces, estaría fundamentada en la inexistencia de las fronteras entre animalidad y humanidad, esto es, en las variadas continuidades que existen entre personas humanas y no humanas tales como la capacidad de sentir dolor, emocionarse o de ser personas (humanas y no humanas) comprometidas con el mundo que nos rodea.
De la misma manera que en el caso de quienes se movilizan y reclaman “justicia” en el nombre de víctimas humanas que han sufrido algún tipo de daño (Pita y Pereyra, 2020), los integrantes de estos grupos animalistas hablan de la necesidad de transformar el dolor de las personas humanas por la situación de las personas no humanas en una fuente de motivación:
Pasar de los sentimientos a la acción, de la angustia a la acción, de la desesperanza a la acción (…) A mí me pasa que cuando salgo a pegar afiches, o sea, en ese momento es como que dejo todo ahí, ¿no?: la angustia, la tristeza, y… por eso hago cosas, porque, sino me vuelvo loca (Difusión V, Festival de Arte Callejero Latinoamericano, 09/2023).
El activismo vegano, entonces, implica una forma particular de entender la relación entre el sufrimiento humano y el animal, como una relación basada en la continuidad entre unos y otros. Este activismo se sostiene en la estructura de nuestros cuerpos y conciencias que, en tanto animales, compartimos con las personas no humanas. Se da entonces un proceso a través del cual los animales son entendidos como personas no humanas pero además las personas humanas no están separadas de los animales ya que compartimos ciertas características que son presentadas como continuidades. Así, estos activistas acercan a los animales hacia los seres humanos pero también se da el proceso inverso, por el cual los seres humanos son asumidos en su animalidad.
“Campañas” y “pegatinas”: el cuerpo animal como territorio del sufrimiento
Como parte de una serie de actividades programadas por la conmemoración del Día del Animal en 2023, Difusión V organizó una pegatina. Participar de una actividad de este tipo junto a las personas con las que realizamos nuestra investigación implica atravesar una serie de tensiones e incertidumbres sobre cómo actuar, cómo observar, cuándo intervenir, si tomar notas o no, y si participar plenamente o mantener cierta distancia. Estas dudas se intensifican cuando la actividad en cuestión puede implicar alguna transgresión al orden público tal como pegar afiches en lugares no habilitados a tal fin. Con estas inquietudes en mente, nos encontramos con un grupo de cinco integrantes de Difusión V en una zona céntrica de la ciudad de Buenos Aires a fin de participar en la actividad propuesta.
La dinámica de la pegatina era precisa: a medida que avanzábamos por la zona, íbamos buscando las paredes más adecuadas para emplazar los carteles. Difusión V tiene un documento llamado “Código para organizadores”[8] en el que se explicitan las reglas que establecen dónde se puede pegar afiches y dónde no hacerlo. Los lugares prioritarios son las paredes abandonadas, lugares de uso común, sobre afiches viejos y sitios visibles con mucho tránsito, preferentemente en lugares altos para darles mayor visibilidad y durabilidad. Asimismo se establecen los lugares donde no deben pegar tales como las casas particulares, paredes limpias, vidrieras comerciales, murales de artistas, grafitis, señalética pública y sobre afiches de otras luchas sociales. Además de estas reglas explícitas existen otras implícitas vinculadas con el conocimiento práctico y los contextos particulares. Por ejemplo, es necesario respetar ciertas alturas –como en el caso de los carteles con código QR que puede ser escaneado– y se discuten colectivamente cuestiones estéticas: qué combinaciones de colores son más efectivas, si repetir o no ciertas imágenes, o qué posición otorgarle a cada pieza. Una vez definido el lugar y aprobada la superficie, que debe ser apta para que el engrudo haga bien su trabajo, se pasa el pegamento con el rodillo, se posiciona el afiche en la pared y después se vuelve a pasar engrudo por encima del mismo para fijarlo y aplanarlo. Aunque parece simple, esto requiere cierta técnica y coordinación, ya que no es fácil evitar que el engrudo salpique o que el afiche se arrugue. Lo que estábamos haciendo con la pegatina era, concretamente, darle vida a una “campaña”.
Las diversas “campañas” que diseñan y ejecutan estos grupos funcionan como dispositivos comunicacionales con una lógica propia, una estética específica, un público definido y un modo particular de intervención. Cada una tiene como objetivo visibilizar una problemática, generar reflexión, provocar incomodidad o reforzar vínculos con públicos afines. En particular, se enfocan en personas que ya muestran alguna preocupación por la cuestión animal, a quienes llaman poseedores de un “germen” inicial. Estas cuestiones no son nada nuevas para los fundadores de Voicot que las piensan y diseñan ya que son cuestiones propias del campo de la publicidad, el cine y la fotografía.
Esa noche íbamos a difundir principalmente dos campañas. Una de ellas denunciaba las prácticas de la empresa Mercado Libre en relación a la comercialización de animales en la plataforma, exigiendo que no se los trate como mercancía.[9] La otra campaña se llamaba “Tóxico” y respondía a lo que llaman “contrapublicidad”, que consiste en intervenir carteles publicitarios especistas –como los de hamburguesas u otros productos animales– pegando encima mensajes que cuestionan su mensaje original. Esta forma de “publicidad negativa” es la contracara necesaria del proceso de valorización de los animales. En efecto, la valorización de ciertos objetos, relaciones, etc., comporta la ‘valorización negativa’ de otros (Balbi y Gaztañaga, 2024).
Las campañas que condensan más claramente las posiciones de estos grupos son: “Sienten”, “Personas” y “Esclavas”, y “Extremistas” y “Fundamentalistas”. En la campaña llamada “Sienten”, la vida de los animales es retratada en entornos que representan plenitud y libertad, mediante descripciones y recursos estéticos que destacan sus capacidades de comunicación, bondad y sociabilidad. Esta representación se basa en el concepto de “sintiencia” referido más arriba.
Siguiendo estas ideas, en esa campaña los animales son representados como seres felices, disfrutando de su hábitat natural en un estado de libertad y armonía con la naturaleza y luciendo contentos, como en el caso de los cerdos, que aparecen recostados el uno sobre el otro en un gesto de amor y compañerismo. Se trata de las imágenes más elegidas para las pegatinas, debido a la fuerza simbólica y emocional que implican. Su potencia radica en la representación positiva de estos seres sintientes, dotados de subjetividad, capacidades afectivas y de construcción de vínculos sociales. Esta representación se aleja del sufrimiento y la victimización para resaltar la plenitud de una vida en libertad.

Fuente: Organización Difusión V, Campaña “Sienten”.[10]
Un examen amplio de las diversas maneras en que los promotores de la causa animalista movilizan, combinan, debaten e impugnan ciertos registros emocionales (Traïni, 2011) muestra que, en ese camino, otro tipo de emociones cobra relevancia. Se trata de aquellas que colocan en el centro el sufrimiento animal. En ese sentido, otras campañas tales como “Persona” y “Esclavas” se caracterizan por una serie de fotografías que presentan retratos de animales como gallinas, vacas y cerdos en granjas, feedlots, traslados en camiones, etc. Denuncian la artificialidad de los ambientes en que viven, la falta de estímulos naturales y la exposición constante a luces artificiales, sonidos o espacios reducidos, que son entendidos como factores “estresantes” disparadores de enfermedades, patologías y de comportamientos no naturales. Estas campañas denuncian la coacción de la libertad y de la vida en entornos naturales, refieren a eventos traumáticos que acontecen desde el nacimiento de los animales hasta su muerte, como la separación de las vacas de sus terneros poco después de su nacimiento, lo que es asumido como un evento estresante tanto para la madre como para la cría. Muestran a los animales apretujados en espacios reducidos, incómodos, gritando y, a través de sus miradas, se apela a gestualidades humanas que relacionamos con el miedo, la desesperación y el agobio. Se pretende expresar la capacidad de los animales al intentar trascender las barreras entre especies, evidenciando su deseo de no estar en esos espacios y de buscar la libertad. Se priorizan los primeros planos y retratos de rostros ya que se pretende movilizar la empatía en el espectador, estableciendo un paralelismo entre las expresiones faciales y las reacciones emocionales de los animales con aquellas expresiones propias de rostros humanos de quienes experimentan situaciones de angustia y estrés. Por ello la pregunta que orienta la campaña es: “¿Qué pasaría si les viéramos la cara a los demás animales?”.[11]


Fuente: Organización Difusión V, Campaña “Persona” y “Esclavas”.[12]
Finalmente, la tercera forma de representar el sufrimiento animal consiste en exponer públicamente la muerte en los mataderos con las campañas denominadas “Fundamentalistas” y “Extremistas”, que exhiben imágenes que evocan el “horror” y el “asco” de esos espacios. Las fotografías muestran a los animales degollados, colgando de ganchos en los mataderos y frigoríficos, llevando al extremo la idea de la muerte animal como parte de una “industria del dolor”.[13]

Fuente: Organización Difusión V, Campaña “Fundamentalistas” y “Extremistas”.[14]
La apelación al cuerpo transformado en el “territorio del sufrimiento” (Fassin, 2018) como prueba de la victimización, es un tópico extendido entre quienes denuncian el daño en el caso de las personas humanas (Fassin, 2018). En estas campañas se trata de una variación de aquella misma cuestión, pero enfatizando las continuidades entre humanos y no humanos a fin de despertar en el público la empatía que ya ha despertado en los activistas animalistas. En virtud de aquellas continuidades entre animales y humanos que son asumidas como un punto de partida, las campañas y pegatinas serían una eficaz herramienta para contribuir a que las personas se “saquen las vendas de los ojos”.
El hecho de que los integrantes de Voicot y Difusión V pongan en juego las emociones que atribuyen a los animales en la medida en que se trata de personas no humanas, expresa el hecho de que esos animales sienten, pero no hablan. Se trata de víctimas por las que hablan otras personas (humanas), víctimas que no pueden expresar su sufrimiento ni sus necesidades con palabras, pero que sí pueden hacerlo a través de las palabras de otros que sienten lo mismo que ellas. Estos activistas pueden reclamar ser, entonces, “la voz de los que no tienen voz” (García Cano, 2012).
Entre el sufrimiento y la explotación
Como acabamos de señalar, la expresión del sufrimiento humano y animal forma parte central de las campañas y pegatinas de Voicot y de Difusión V. Sin embargo, si bien en estas campañas las emociones son movilizadas activamente (Latté, 2015), se evalúan los contextos y momentos en que deben exponerse de tal o cual modo, ya que unas y otras formas de mostrar el sufrimiento son expuestas de modos diferentes según las audiencias y los contextos en que se despliegan.
Durante las pegatinas de las que participamos, se hizo evidente que hay campañas que requieren cuidados específicos. A la hora de decidir dónde colocar los afiches más explícitos, suele haber intercambios a fin de evaluar la cantidad, el lugar y la forma de exhibirlos, algo que no ocurre con otras campañas. Estos debates revelan la gestión cuidadosa de las imágenes que son consideradas como las más extremas. Por ejemplo, en las ferias veganas estas campañas no suelen colocarse sobre las mesas de exhibición, ya que se asume que el público que asiste ya adhiere al veganismo, por lo que mostrar imágenes de mataderos resulta innecesario e incluso doloroso. Esto es lo que nos explicó un integrante de Difusión V que está a cargo del local y de las mesas en las ferias. Él señalaba que estas imágenes están pensadas principalmente para contextos donde predomina el público no vegano como ferias ecológicas y ambientalistas. De este modo, la selección y la exposición de estas imágenes no solo responden al objetivo de visibilizar su causa sino también a la suposición de que existe cierta sensibilidad compartida entre organizadores y participantes de esos eventos. Pero además de ser una cuestión que es objeto de evaluaciones, cuidados y debates entre Voicot y Difusión V, el asunto también comprende sus vínculos con otros grupos animalistas.
Aquella noche en que salimos a pegar afiches por la ciudad, pudimos conocer la existencia de posturas diversas al interior del campo animalista sobre el tema del sufrimiento. En esa ocasión se plantearon inquietudes por algunos grupos de activistas que señalaban a quienes se enfocaban en el sufrimiento animal y los llamaban, de modo acusatorio, “bienestaristas”. Es el caso de Diálogo Animal, que se autodefine como un “colectivo de activistas abolicionistas veganos por el respeto al valor moral de las personas que no son humanas”,[15] dedicado a educar sobre veganismo y derechos animales. Desde su perspectiva, enfocarse en el sufrimiento animal no contribuye a educar adecuadamente sobre el veganismo. Proponen evitar lo que señalan como una confusión entre “una dieta basada en plantas con el principio de justicia que representa el veganismo”. En este sentido, sostienen que “El vegetarianismo; la salud; el medio ambiente; la anti crueldad; imágenes violentas, no conducen al veganismo”,[16] ya que esos enfoques, según su mirada, no cuestionan de manera estructural la utilización de los animales como recursos. La postura sobre la sintiencia y el animal como persona no humana, ya sea sociable y feliz o bien despersonalizado y sufriente, puede ser puesta en cuestión. Sostienen que el uso de imágenes que evoquen sentimientos, pero especialmente de aquellas que muestren violencia y sufrimiento, puede resultar confuso ya que implicaría luchar por una mejora en la calidad de vida de los animales, pero no así por la abolición de su consumo: una vez que cesare el sufrimiento, la explotación podría continuar sin ser puesta en cuestión. Por otra parte, señalan a las posturas que enfatizan en la sintiencia animal como antropocéntricas:
Si los activistas deciden que lo importante a denunciar es el maltrato mediante imágenes y descripción detallada de ello, entonces están determinando cuáles intereses son más importantes para los demás animales, están decidiendo que es más importante no sufrir para ellos que ser usados sin sufrimiento. Están haciendo una valoración desde el exterior, de una cuestión que corresponde al valor interior de esos sujetos.[17]
Mientras que la expresión del sufrimiento humano y animal forma parte central de las campañas y pegatinas de algunos grupos que consideran válida y legítima la movilización de esas emociones, en otros casos esto es puesto en cuestión. Así, en el marco de la causa animalista, la movilización de cuestiones emocionales puede ser el eje de formas de acusación o de impugnación y ello no contribuye necesariamente a la construcción de vínculos, sino que puede provocar conflictos e incluso romperlos (Zenobi, 2020). Ello ocurre por ejemplo cuando algunas personas pueden ser etiquetadas como “extremadamente sensibles” y hasta “irracionales” (Groves, 2021), ridiculizadas y parodiadas, por traer temáticas que algunos consideran fuera de las agendas políticas de urgencia y relevancia o bien como “violentas” por exhibir fotografías y filmaciones en donde se muestra a los animales en situaciones extremas, que resultan muchas veces perturbadoras y provocativas. Esto da cuenta de la evaluación que hacen los propios activistas de los dispositivos de sensibilización que despliegan (Traini, 2011). Estas tensiones muestran, ora por su aprobación, ora por su rechazo, el potencial del sufrimiento en la creación de comunidades morales conformadas por los defensores de las víctimas no-humanas que luchan por el reconocimiento social de los animales sufrientes (Carman, 2017).
Cierre: la valorización de los animales en contexto
Como señalamos al inicio de este capítulo, los procesos de valorización pueden conectarse con la política en tanto esta implica el reconocimiento de aquellas cuestiones que hacen que la vida merezca ser vivida (Graeber, 2018). Esa valorización implica, en un sentido analítico, una proyección hacia el futuro de los activistas involucrados en la lucha animalista a través de la cual ellos concretizan creativa e imaginativamente sus proyectos vitales. Esto implica, ya no en un sentido analítico sino en un sentido sustantivo, una defensa del “derecho a la vida” de las personas no humanas que es llevada adelante a partir de acciones específicas que posicionan a los animales como víctimas.
A diferencia de la literatura académica sobre formas de violencia que implican la deshumanización de ciertos grupos sociales —su tratamiento como “ratas”, “cerdos”, “perros”, “parásitos”, etc.— a fin de tornarlos “seres matables”, aquí hemos realizado un recorrido inverso para comprender cómo se produce socialmente la idea de los animales como personas y, en particular, como víctimas, a fin de impugnar precisamente ese carácter. En ese camino, los mecanismos de sensibilización como las pegatinas, las charlas o la contrapublicidad no son meras herramientas de difusión, sino que se trata de dispositivos que materializan —tanto en el espacio urbano como digital— una forma específica de entender las relaciones entre humanos y animales. A través de los mismos los activistas no sólo visibilizan el sufrimiento animal, sino que proponen una reconfiguración de las fronteras morales que definen lo comestible y lo no comestible, lo matable y lo no matable.
En este escenario el tratamiento de los animales como víctimas tiene varias aristas, de las cuales la exhibición del sufrimiento es quizás la que condensa las mayores tensiones. Las controversias en torno del sufrimiento y la explotación muestran que existen constricciones contextuales y morales que limitan la llamada “capacidad de agencia” así como la “creatividad” de los actores sociales. Esto es, los procesos de valorización se despliegan en condiciones sociales que establecen ciertos límites y ejercen presiones concretas (Balbi y Gaztañaga, 2024). En este sentido, los dispositivos de sensibilización puestos en juego no aparecen simplemente como medios de acción estratégica sino que constituyen elementos clave de un aprendizaje de las competencias y del saber hacer propios de la actividad militante y del activismo: control y modulación de las emociones, desarrollo de capacidades argumentativas, técnicas de movilización, conocimientos jurídicos y administrativos, anticipación de las reacciones de la policía, de las audiencias o de los periodistas (Traïni, 2011).
Al valorizar a los animales como personas no humanas y al hablar en nombre de quienes no pueden hacerlo, los activistas veganos toman el lugar de quienes contribuyen a la formación de un grupo de víctimas (Barthe, 2023). En efecto, lejos de constituir un “grupo” o “colectivo”, los animales lo son desde la mirada de quienes, al definirlos como sujetos de su intervención, también pasan a constituirse en sus portavoces, sus representantes (Bourdieu, 2005). Esto tiene el doble efecto de reificar al “grupo” animal, así como el de investir y crear al grupo de representantes que habla por ellos. Sin embargo, hemos observado diferencias al interior del mundo animalista. Todo proceso de valorización tiene su revés en un proceso de desvalorización o bien de valorización negativa (Balbi y Gaztañaga, 2024). Siguiendo esta idea, las formas de movilización y denuncia que aquí abordamos marcan una diferencia con aquellas formas de “proteccionismo” en las que la valorización de los animales implica una supuesta desvalorización de la vida humana (Carman, 2017). Aquí no es la vida humana lo que es desvalorizado, sino, en cambio, se observa que mientras algunos se centran en una valorización negativa de las prácticas que generan sufrimiento y dolor animal, otros lo hacen valorizando negativamente la explotación en sí misma, desvalorizando la cuestión del sufrimiento como un tema prioritario a ser denunciado por el que valga la pena movilizarse.
Referencias bibliográficas
Balbi, F. A. y Gaztañaga, J. (2024) La productividad social de los procesos políticos: Miradas antropológicas. Buenos Aires: Antropofagia.
Barthe, Y. (2023) “Elementos para una sociología de la victimización”. En Zenobi D. (Comp.). Víctimas: debates sobre una condición contemporánea. Buenos Aires: Teseo.
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- Profesora en Ciencias Antropológicas, Instituto de Ciencias Antropológicas (ICA), Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), Universidad de Buenos Aires (UBA).↵
- Doctor en Antropología Social, Universidad de Buenos Aires (UBA). Investigador del CONICET en el Instituto de Ciencias Antropológicas (ICA-FFyL). Docente de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), Universidad de Buenos Aires (UBA).↵
- Si bien a fines de la fluidez narrativa usaremos la primera persona del plural el presente trabajo está basado en los materiales de campo elaborados entre 2020 y 2023 por Natalia David para su propia investigación. Agradecemos los comentarios realizados por Adrián Koberwein al borrador de este capítulo.↵
- Los movimientos de lucha por la liberación animal surgen popularmente en las décadas de los 70 y 80, en Europa y Estados Unidos (Gómez, 2022). Su aparición en América Latina y en Argentina (Carman y Berros, 2024; López Manfre, 2019; Méndez, 2023; Santalalla, 2018), se desarrolla a partir del siglo XXI impulsada por redes colectivas de activistas y organizaciones diversas enmarcadas en diferentes corrientes éticas (Méndez, 2020). Este movimiento puede ser abordado como una formación multiescalar transnacional (Sassen, 2007) debido a la interconexión en red de diferentes grupos. Los estudios sobre el tema han abordado el veganismo como un estilo de vida (Gheihman, 2021) tanto como su relación con el activismo y los compromisos políticos (Kalte, 2021).↵
- Esta mirada se apoya en la “teoría etnográfica del valor” de David Graeber (2018), quien se propuso combinar de modo original las nociones sobre el valor en su sentido sociológico, económico y lingüístico.↵
- Fuente: Página Web Difusión V. Disponible en: https://www.difusionv.com/↵
- Fuente: “La industria del dolor”, Voicot. Disponible en: https://www.voicot.com/single-post/2019/03/30/la-industria- del-dolor↵
- Fuente: “Código para organizadores”. Disponible en: https://www.difusionv.com/_files/ugd/6e7d8b_cfc57c705e104fe485889a518067e7b3.pdf ↵
- Ver: https://www.instagram.com/p/CsFA1DSOmjY/?img_index=1 ↵
- Disponible en: https://www.difusionv.com/recursos ↵
- Fuente: Voicot: https://www.instagram.com/voicot/reel/C7CF_KArhCd/↵
- Disponible en: https://www.difusionv.com/recursos↵
- Fuente: Voicot: https://www.voicot.com/single-post/2019/03/30/la-industria-del-dolor ↵
- https://www.difusionv.com/recursos↵
- Disponible en: https://no.mbre.es/@DialogoAnimal ↵
- Fuente: fragmento de historias de la red social Instagram, 07/2024. Disponible en: https://www.instagram.com/dialogoanimal/ ↵
- Ibídem.↵






