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Las cuatro definiciones de Alberto Fernández sobre su política exterior

Alejandro Simonoff

El presidente Fernández ha esbozado diversos conceptos para definir su estrategia internacional: “dinamismo pragmático”, “idealismo realista”, “pragmatismo que no olvida los valores” y “multilateralismo cooperativo”. Como sostuvo Stephen Walt:

Todo el mundo usa teorías –ya sea él/ella lo sepa o no– y los desacuerdos acerca de la política usualmente estriban en desacuerdos fundamentales acerca de los resultados en la forma y en cómo resulta la distribución de las fuerzas básicas (Walt, 1998: 29).

Sin embargo, aquí nos encontramos con un policy marker que delinea conceptos que nos permiten observar si tienen algún grado de vinculación con las contribuciones generadas desde el ámbito académico, como así también dar luz sobre la trayectoria de su política exterior.

El análisis discursivo nos permite ver elementos interesantes para los estudios de política exterior,[1] ya que a través de aquella tarea nos hace notar que el lenguaje tiene un doble poder: el de descifrar y el de disfrazar, y esto no es un juego de palabras, sino que se trata de que aquel “no solo dice y oculta, sino que también traiciona. Esto es, el lenguaje revela lo que no pone de manifiesto, lo que se oculta detrás de lo que se dice y no se dice” (Del Águila y Montoro, 1984: 13).

Nuestro corpus documental está compuesto de cinco discursos del presidente Alberto Fernández: el de asunción, los de Apertura a las Sesiones Parlamentarias de 2020, 2021, 2022 y 2023, como así también las declaraciones realizadas a la Agencia Télam durante su viaje a Rusia, China y Bahamas en febrero de 2022.

Primera definición: el “dinamismo pragmático”

En su mensaje de asunción, Alberto Fernández definió su política exterior como un “dinamismo pragmático” caracterizado por el hecho de que la “Argentina no debe aislarse y debe integrarse a la globalización. Pero debe hacerlo con inteligencia preservando la producción y el trabajo nacional” (Fernández, 2019).[2]

Nótese aquí que no es un discurso que rechaza la globalización, sino que busca combinarla con un interés propio, y no su anulación, como lo hizo la gestión anterior: “Una Argentina inserta en la globalización, pero con raíces en nuestros intereses nacionales. Ni más ni menos lo que hacen todos los países desarrollados que promueven el bienestar de sus habitantes” (Fernández, 2019).

Esta definición nos recuerda a la realizada por Helio Jaguaribe, uno de los padres fundadores del autonomismo, cuando definió la construcción de política exterior como “una ecuación de optimización, en el ámbito internacional, de los principales intereses de un país, teniendo en cuenta sus condiciones internas y externas y los medios de acción de que dispone” (Jaguaribe, 1974: 104).[3]

Los gobiernos que ejecutaron la autonomía heterodoxa en la Guerra Fría (los de Perón, Frondizi, Illia, Cámpora y Alfonsín) se caracterizaron por impulsar una estrategia centrada en la prioridad regional y poseer un modelo económico que podía o no coincidir con las expectativas de la metrópoli, pero no cruzaban los lineamientos estratégicos del bloque y distinguían cuando estaban en juego los intereses de este último o los de la potencia hegemónica (Puig, 1984). En cambio, los occidentalistas consideraron que el país no contaba con márgenes de maniobra[4] y por lo tanto debía plegarse a la agenda de la cabeza del bloque.[5]

Desde 1945 hasta los comienzos de la primera década del nuevo milenio, las relaciones de nuestro país tuvieron una plataforma básica triangular con Brasil y Estados Unidos, donde aquellas tendencias se fueron recostando en uno u otro lado, según su orientación. Pero este campo de juego, luego de la crisis de 2008 y el ascenso de China, fue cediendo su lugar a uno romboidal, que lo reemplazó (Busso, Actis y Novello, 2017).

La construcción de la estrategia de vinculación externa se asentó en dos planos: una diplomacia comercial dinámica y la defensa de una serie de principios. La primera obedece a una integración al sistema internacional con una mirada plural –el mundo no es solo la alicaída tríada occidental, como creyó la gestión anterior–, como lo dijo en marzo de 2020:

… vamos a avanzar con una agenda sin exclusiones en la que avancemos en esquemas de asociación con países desarrollados, con países emergentes y con países en desarrollo. Por eso, al tiempo que hemos abierto nuevos canales de diálogo con potencias de América y Europa estamos trabajando activamente en reafirmar nuestras asociaciones estratégicas integrales con China y Rusia (Fernández, 2020).

Queremos rescatar aquí el “diálogo” interregional: se refirió al Acuerdo Mercosur y Unión Europea, pero como contrapeso también rescató las asociaciones estratégicas con países que no son parte de la tríada occidental.

En términos materiales queremos destacar que si bien en el primer año de la gestión de Fernández, producto de la pandemia, hubo una contracción del comercio internacional argentino del orden del 15 %, se sostuvo el superávit (cayó un 12 %); en 2021 los porcentajes subieron a un 45,1 % en el primer caso y a un 17 % en el segundo, y para 2022 los números siguieron creciendo, aunque producto de la guerra en Ucrania el superávit se contrajo casi un 50 % (por la suba de los costos de la energía); en el primer semestre de 2023, los efectos de la sequía alteraron las exportaciones produciendo un déficit de 1.200 millones de dólares.

En segundo lugar, encontramos los principios que enarbolaba el nuevo gobierno: “… la Argentina levantará alto sus principios de paz, de defensa de la democracia, de plena vigencia de los derechos humanos. Defenderemos la libertad y autonomía de los pueblos a decidir sus propios destinos” (Fernández, 2019).

La llegada del conflicto bélico en territorio ucraniano fue una oportunidad para hacer valer el principio de paz y estuvo presente en varios pasajes del mensaje al parlamento de 2022, donde ratificó la posición tomada por su gobierno el 22 de febrero:

La República Argentina, fiel a los principios de la convivencia internacional, hace un llamamiento a la paz y a la resolución pacífica de las controversias internacionales. La Argentina siempre rechazará el uso de la fuerza armada y reitera la necesidad del respeto a los principios de la Carta de las Naciones Unidas (Fernández, 2022).[6]

Creemos que esta toma de posición debió ser más enfática con respecto al principio de integridad territorial violado por Rusia –como ya el país lo había señalado en 2014 con motivo de la anexión de Crimea–,[7] por el impacto que tiene en la cuestión Malvinas. Además advirtió que esa “guerra, en un mundo que se ha globalizado, indefectiblemente genera consecuencias sobre nuestro país” (Fernández, 2022).

Sin embargo, desde ese momento, la Argentina fue adoptando una actitud crítica frente a Rusia, tanto en su voto en la Asamblea General de las Naciones Unidas –donde se exigió la detención de las hostilidades– como en la Comisión de DD. HH. del mismo organismo –donde se suspendió la participación de Moscú–.[8]

Ante la iniciativa de más de setenta países se convocó a la Asamblea General de las Naciones Unidas a una sesión extraordinaria de emergencia para tratar la intervención rusa en Ucrania. Allí la delegación argentina “condenó” la “invasión” –palabras que hasta ese momento se habían evitado–, justificándolo en el hecho de que “ninguna adquisición territorial puede ser reconocida como legal a partir del uso o la amenaza del uso de la fuerza. Es la lógica consecuencia del respeto por la soberanía e integridad territorial de todo Estado”, dijo la embajadora María del Carmen Squeff (Lugones, 2 de marzo de 2022: 28).

La segunda cuestión estuvo motivada en la denuncia de una masacre en Bucha, realizada por el gobierno ucraniano, tras la retirada de las tropas de Moscú de esa localidad, cuestión que el gobierno ruso niega. En esta oportunidad, a diferencia de la anterior cita del cónclave mundial, los votos afirmativos disminuyeron en relación con la resolución de principios de marzo y las abstenciones crecieron. Aquí, y previa conversación con el premier canadiense, Justin Trudeau, la posición de Buenos Aires avaló la expulsión, que se fundamentó en “una tradición del país en materia de Derechos Humanos”, aunque se decidió también no acompañar la expulsión de Rusia del G-20 (La Red, 7 de abril de 2022).

Cómo interpretar esos hechos a la luz de la teoría autonómica de la cual la administración del Frente de Todos ha dado muestra de cierta cercanía. Conceptualmente, la autonomía es un término relativo en donde el país periférico opta “por responder a las aspiraciones del centro” en aquellos asuntos en los cuales “los intereses cotidianos se convierten en vitales” (Puig, 1980: 152-153).[9] Motivo por el cual ese giro de los meses de marzo y abril de 2022 podría interpretarse en esa dirección, aunque existe un elemento adicional que lo tensiona, ya que en otro texto el autor rosarino señaló que “el autonomista heterodoxo no acepta que se impongan dogmáticamente, en nombre del ‘bloque’, apreciaciones políticas y estratégicas que solo consulta el interés propio de la potencia hegemónica…” (Puig, 1983: 68).[10]

Si bien el voto de la Asamblea General siguió un lineamiento a favor de la integridad territorial y no uso de la fuerza, elementos de los cuales el país ha esgrimido en la Cuestión Malvinas, en el caso de la suspensión de Rusia en la Comisión, la administración de Fernández aceptó dogmáticamente la posición norteamericana,[11] incluso alejándose de la alianza política con México, el cual se abstuvo también en esta oportunidad.

Aunque también existieron ciertos gestos en una dirección más autonómica –contraria a profundizar el aislamiento internacional de la Federación de Rusia buscado por Biden–, como el ya mencionado rechazo a su expulsión del G-20, o la reunión del embajador Villegas Beltrán, a cargo de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, con el representante de Moscú ante ese organismo, o cuando el ministro de Economía Martín Guzmán no adhirió al boicot organizado por Washington contra los disertantes del gobierno de Putin en el recinto del G-20, o la abstención en la expulsión como observador en OEA.

La defensa de la democracia tuvo un lugar especial en el mensaje al Parlamento de 2021, luego del retorno de esta en Bolivia tras el golpe de 2019.[12] El presidente argentino la pudo blandir como un éxito:

… Estamos orgullosos de nuestra política fraterna hacia el Estado Plurinacional de Bolivia. Jamás reconocimos al régimen ilegal surgido de un golpe de Estado contra Evo Morales. Le dimos cobijo al presidente constitucional derrocado, y a otros hermanos y hermanas que corrían peligro de muerte. Hoy vemos con mucha alegría que Bolivia recuperó su vida democrática (Fernández, 2021).

El triunfo de Luis Arce en Bolivia permitió al gobierno argentino aumentar sus capacidades en la región, que se mostraba complicada por la extensión de la ola conservadora.

En la defensa de los derechos humanos el país obtuvo la designación de la Presidencia del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y ha sido un reconocimiento a su trayectoria desde 1983 hasta el presente. El gobierno no solo se concentró en aquellos tradicionales de la temática, sino también a los nuevos, que ponen el foco en la discriminación por géneros y en las diversidades sexuales. El presidente en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2022 reconoció que la pandemia del covid-19:

… ha agudizado la violencia contra las mujeres, ha intensificado la estigmatización de los migrantes, las personas afro descendientes, las minorías étnicas, las personas LGBTIQ+, los adultos mayores, las personas con discapacidad, y ha ocasionado un grave impacto, en los pueblos indígenas… (Fernández, 21 de septiembre de 2022).

En función de ello, Fernández rescató la creación del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, la sanción de las leyes de Legalización del Aborto, de Atención y Cuidado Integral de la Salud y del Cupo Laboral Travesti-Trans, como parte de su agenda en temas de derechos humanos (Fernández, 21 de septiembre de 2022).[13]

También lo hizo en un plano más tradicional, cuando reafirmó su compromiso, conjuntamente con Francia –la otra impulsora del acuerdo internacional lanzado en 2015–, con la búsqueda de la ratificación de la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra la desaparición forzada de personas, el cual consideró “un instrumento crucial para la lucha contra la impunidad” (Fernández, 21 de septiembre de 2022).

La situación de los derechos humanos en la región en general y particularmente en los casos de Venezuela, Nicaragua y Cuba nutrieron la agenda del primer mandatario. En todos esos casos reclamó el principio de no intervención, buscando una solución pacífica negociada que incluya a todos los sectores y la coordinación con López Obrador.

Dentro del primer caso, no acompañó las resoluciones de OEA contra el chavismo, aunque criticó al régimen, y votó a favor del informe de la Comisión de DD. HH. de la ONU, aunque apostó al diálogo, al igual que México.[14] Como dato relevante tenemos la salida del Grupo Lima en marzo de 2021, agrupamiento que expresaba la política de Trump de apoyo irrestricto a la oposición al chavismo, que según el gobierno argentino “no ha conducido a nada” (Niebieskikwiat, 25 de marzo 2021: 1).[15]

Cuando se produjo la visita del enviado de Joe Biden, el director de Asuntos Hemisféricos del Consejo Nacional de Seguridad, Juan González, tuvo lugar una conversación “híbrida” (virtual y presencial) con el presidente Fernández, que tenía síntomas de covid; el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz; el canciller, Felipe Solá, y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, sobre la crisis en Venezuela. A pesar de la visión crítica de Washington expresada en Clarín, y si bien existieron diferentes criterios sobre el tema, se destacó que ambos países coincidían en la búsqueda de una solución negociada y “que haya elecciones libres en el país caribeño” (López San Miguel, 15 de abril de 2021: 13).[16]

En el caso de Nicaragua, tanto el gobierno argentino como el mexicano fueron endureciendo su posición contra la represión llevada adelante por el régimen de Ortega, en el plano internacional, pero siguen absteniéndose en la OEA (Beldik, 3 de julio de 2021: 13).

Finalmente, respecto de la situación en Cuba, luego de la represión de las protestas de julio de 2021 y la condena de la OEA, la Argentina y México se abstuvieron, y solo los gobiernos de Jair Bolsonaro e Iván Duke acompañaron los comunicados condenando el accionar del régimen castrista (Niebieskikwiat, 1 de agosto de 2021: 20).

Estas cuestiones volvieron con la visita del consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, ya que con ella se impugnó nuevamente el relato de la oposición política que ubicaba al gobierno argentino como parte del eje La Habana-Caracas-Managua. En la misma dirección se expresó Carlos Pagni, para quien esta visita “desmiente la imagen convencional” (sic) sobre la política externa del gobierno argentino (Pagni, 5 de agosto de 2021).[17] Frente a una situación regional complicada –Colombia, tradicional aliado de EE. UU., convulsionado, el Brasil de Bolsonaro, la debilidad del nuevo gobierno peruano–, “la Argentina es un remanso para quien mira el área pensando, más que en un alineamiento ideológico, en la seguridad continental” (Pagni, 5 de agosto de 2021).

Segunda definición: el idealismo realista

El presidente Fernández, en su mensaje de apertura de las sesiones ordinarias en marzo de 2021, precisó la línea expresada en su discurso de asunción cuando caracterizó sus vinculaciones con el mundo como de “dinamismo pragmático”, que combinaba dos planos: una diplomacia comercial dinámica y la defensa de una serie de principios (paz, democracia, derechos humanos), allí se señaló:

Construimos relaciones serias con las grandes potencias y los grandes bloques, como los Estados Unidos, China, Rusia, Medio Oriente y la Unión Europea. Dejamos atrás la política de sumisión y fotos. Consolidamos un idealismo realista y un pragmatismo que no olvida los valores… (Fernández, 2021).

En la primera oración resaltó y precisó las vinculaciones con los poderes mundiales como “serias”, no habla del “mundo” en términos genéricos e imprecisos como la administración de Macri. Además, en la segunda contrastó con ella, al calificarla como de “sumisión y fotos”, por su tendencia globalista y de marketing sin contenido. En la última, aunque utilizó categorías de las Relaciones Internacionales (“idealismo”, “realismo” y “pragmatismo”), no debemos tomarlas de esa manera, sino de una más vulgar, ya que buscó otorgarles a los “principios” el significado de objetivos y metas a alcanzar, y al “realismo” y al “pragmatismo” el de medios, y no asumirlos como un fin en sí mismo, no en el sentido que le dan los académicos en Relaciones Internacionales.

En una nota de opinión aparecida en el portal web Infobae, Fabián Calle (2 de marzo de 2021) realizó una crítica a la utilización de los conceptos de idealismo y realismo por parte del presidente desde una óptica disciplinar tradicional y clásica. Mientras que los estudiosos necesitamos de instrumentos conceptuales que le den sentido a un mundo complejo, los decisores –quienes generalmente no leen teorías de relaciones internacionales– hacen uso de ellos a través de la praxis, o desde un sentido lato de esos términos, e incluso, como reconoció Stephen Walt (1998), para comprender sus acciones hacen un uso mixto de ellos.[18]

Más allá del cambio de Trump por Biden, la agenda no sufrió modificaciones, ya que para Washington continuó siendo relevante la disputa con China[19] y la situación de Cuba y Venezuela; la única salvedad fue la promesa demócrata de volver a una estrategia multilateral. En el caso de Buenos Aires su principal preocupación es la resolución del problema del endeudamiento heredado de la administración conservadora de Mauricio Macri.

En declaraciones a Perfil el subdirector del Programa Latinoamericano del Wilson Center –lobby demócrata– y responsable del Proyecto Argentino de esa organización, Benjamín Gedan, señaló que ambos gobiernos tendrán “oportunidades” para cooperar en temas de interés de Washington como la “lucha contra la corrupción, la energía nuclear civil, la protección del medio ambiente marino y el combate contra el terrorismo y narcotráfico”. Con respecto a la renegociación con el FMI, principal preocupación de Buenos Aires, sostuvo que tanto el organismo multilateral como EE. UU. “querrán ver un rumbo sostenible para Argentina que evitaría crisis económicas y garantiza su acceso al mercado de capitales” (Beldyk, 23 de enero de 2021: 27).

¿Qué significa el retorno a una estrategia multilateral por parte de Estados Unidos? Si bien en términos generales este diseño permite reglas de juego claras y disminuir la incertidumbre internacional, no menos cierto es que si ese retorno se lleva a cabo bajo los parámetros de lo que Rodrik denominó hiperglobalización,[20], como todo lo indica, resulta un problema para Estados periféricos, como la Argentina, que vienen perdiendo capacidades frente a organismos multilaterales y empresas transnacionales.

El acercamiento al multilateralismo se fue cristalizando con el anuncio del retorno a los Acuerdos de París, que fue un signo auspicioso, y, de hecho, en febrero de 2021 Alberto Fernández recibió una invitación formal de parte de John Kerry (encargado especial del gobierno norteamericano para las cuestiones climáticas) para participar el 22 de abril de la Cumbre de Líderes sobre Cambio Climático (Página/12, 27 de febrero de 2021).[21]

La administración Fernández había manejado varios niveles de acercamiento y distanciamiento en la agenda de seguridad norteamericana bajo Trump (global, región, nacional).[22] Por ejemplo, a nivel global, si bien existe una continuidad de la caracterización de Hezbolá como organización terrorista, en julio de 2020 el presidente valoró el Memorándum de Adis Abeba de 2013 (Niebieskikwiat, 17 de julio de 2020: 1), con el cual el gobierno de Cristina Fernández intentó destrabar la cuestión de los atentados de los años noventa pero que había significado un quiebre en el uso de este tema como un linkage con Estados Unidos.

Respecto de la crisis venezolana no hubo cambios significativos con la llegada de Biden, aunque existe una actitud menos confrontativa en términos declarativos y con cambios instrumentales. Un dato importante fue la propuesta argentina de presentarse como un puente entre los sectores en disputa y alejarse de las posiciones más radicalizadas con el Grupo Lima[23] y Guaidó, por un lado; además, la crítica a la situación de los derechos humanos contra el gobierno de Maduro, por otro; y a su vez, el reforzamiento de la alianza con México para la opción regional. En ese sentido, la clave está en si su propuesta de no intervención, solución pacífica e involucramiento de todos los sectores en la resolución del problema pudo afirmarse.[24]

Tercera definición: salir de la dependencia con muchos puentes

En su gira por Rusia, China y Barbados, el mandatario argentino realizó declaraciones sobre su política exterior a la agencia oficial Télam y se generó polémica.[25] ¿Qué ha dicho? Ha señalado que “La Argentina tiene una dependencia muy grande del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de Estados Unidos. Necesitamos abrir otros puentes, y apostar por el multilateralismo, sin ser satélites de nadie” (Bimbi, 3 de febrero de 2022).

Estas declaraciones fueron criticadas desde diversos think tanks demócratas norteamericanos, que las calificaron como un “exabrupto o provocación” (Lugones, 4 de febrero de 2022: 9). Sin embargo, no hubo declaraciones oficiales del gobierno de Biden en ese sentido, solo una declaración on background para hacer saber su posición respecto del viaje, no de las expresiones (Mardones, 13 de febrero de 2022: 8).[26]

También los sectores globalistas locales reaccionaron contra aquellas declaraciones consideradas como desacertadas, improvisadas y resultado de “la subordinación del voluntarismo ideológico de un sector de la coalición gobernante” (García Moritán, 4 de febrero de 2022). Este tipo de argumentación no era nuevo y buscó utilizar la vieja y remanida acusación de ideológica respecto de una política exterior autonomista, ya que esta no se ajusta a sus parámetros;[27] desconocen de ese modo el carácter alternativo a la inserción neoliberal que proponen dichos sectores, y con ello ocultan sus propios designios.[28]

En el mismo texto se le adjudicaron al presidente cosas que no ha dicho, o hecho, como “apostar casi con exclusividad al eje Ruso Chino” (García Moritán, 4 de febrero de 2022), con lo cual se ignoran muchos de los gestos y acciones ejecutados por esta administración hacia Estados Unidos y Europa Occidental.[29]

En primer lugar, la constatación hecha por Alberto Fernández es un dato objetivo, la Argentina tiene una gran dependencia de los Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional (FMI), particularmente la tuvo en los años noventa y durante el mandato de Cambiemos.[30] Por otro lado, presentó una estrategia, como la ratificó en su mensaje al Parlamento, de características multilaterales pero también multipolares (“varios puentes”), y no de cambio de dependencia, como sugieren los críticos (“no ser satélites de nadie”).

Pero dentro de estos “varios puentes”, se encuentra el que puede ofrecer Rusia y que el pensamiento occidentalista denuncia como una adhesión a la “izquierda geopolítica que diseña sus alianzas y define sus intereses en función de un enemigo principal, los Estados Unidos” (Pérez Llana, 14 de febrero de 2022: 20).

Aunque desde posiciones claramente antagónicas con la postura autonomista declamada por la administración del Frente de Todos, las críticas se concentraron en un elemento contextual: no era el momento de hacer tales declaraciones, tanto por las negociaciones con el FMI como por la inminencia de la guerra en Ucrania, lo cual pudo resultar razonable de discutir, pero también, y sobre todo, por la cuestión más estructural: la impugnación de la búsqueda de márgenes de maniobra (García Moritán, 4 de febrero de 2022; Pérez Llana, 14 de febrero de 2022: 20).[31]

A pesar del escenario catastrófico presentado por esas perspectivas, Alberto Fernández ha tenido logros en su estrategia de inserción internacional, como la designación para conducir el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y el “desafío de presidir” la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Fernández, 1 de marzo de 2022).

La Argentina logró la primera designación debido a que para ese año, 2022, le correspondía a un país latinoamericano. Al respecto el canciller Cafiero destacó que

Argentina asumirá por primera vez en la historia la Presidencia del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Es un reconocimiento a nuestro país y su compromiso con los derechos humanos como parte de la identidad nacional desde la recuperación de la democracia (Clarín, 7 de diciembre de 2021: 14).

Es interesante esta designación por parte de la comunidad internacional, sobre todo en un rubro donde esta administración ha recibido fuertes críticas, como veremos más adelante y ya lo vimos en los anteriores informes, dado que la nominación inscribió al gobierno actual dentro de la tradición inaugurada en 1983 de defensa de los derechos humanos.

La otra designación fue la Presidencia de la CELAC, un organismo regional que excluye a Estados Unidos y Canadá, y que está conformado por todos los países de la región –salvo el retiro temporal del Brasil de Bolsonaro–. Su objetivo es la coordinación política regional para lograr el posicionamiento de América Latina a nivel global, y Argentina, además reforzó su alianza con México –anterior cabecera de la Organización–.[32] Los críticos de esta institución suelen concentrarse en la presencia de Cuba, Nicaragua[33] y Venezuela para darle un tinte antinorteamericano (Niebieskikwiat, 7 de enero de 2022: 11) y obviar la heterogeneidad de regímenes que conviven allí y que apuestan a tener un perfil propio en el sistema internacional.

El momento del multilateralismo cooperativo

El presidente señaló en su mensaje al Parlamento de 2002 que su política exterior estaba

… basada en el multilateralismo cooperativo. Apoya con firmeza la paz, la seguridad internacional, la solución pacífica de las controversias, los derechos humanos, la defensa de la democracia y el cuidado del medio ambiente. En todos los foros bregamos por soluciones cooperativas e igualitarias a los grandes problemas globales (Fernández, 2022: 9).

Ahora bien, ¿cómo se ejecuta el multilateralismo cooperativo declarado por Alberto Fernández? La respuesta nos la da por la enumeración de acciones en su agenda internacional:

Lo hicimos a partir de nuestra identidad y defendiendo nuestros intereses; alzamos nuestra voz en la CELAC, en el Mercosur, en la Cumbre de las Américas, en el G-20 y en el G-7. También aspiramos a ser parte de los BRICS; dialogamos con los líderes de todo el mundo buscando contribuir a la paz mundial y a la unidad latinoamericana (Fernández, 1 de marzo de 2023).

Como ha sostenido el internacionalista chileno Francisco Rojas Aravena, uno de los impulsores desde el campo académico del multilateralismo cooperativo, el accionar dentro de este se caracteriza por “el reconocimiento de las pautas mínimas de coordinación de políticas internacionales, vincula en esencia los cálculos de intereses individuales de los actores con los marcos institucionales en los cuales se desenvuelve” (Rojas Aravena, 2000: 53).[34] Como acertadamente apuntó Amado Cervo en este tipo de estrategia, “los intereses nacionales se diluyen en el orden creado por el multilateralismo de las relaciones internacionales, la llamada gobernanza global” (Cervo, 2003: 18).

Sin embargo, para el autor chileno:

… el crecimiento del multilateralismo cooperativo permitirá el establecimiento de regímenes internacionales con un fuerte sustento político y con capacidad de superar el déficit democrático, cuyas resoluciones y coordinación de políticas den como resultado a su vez el establecimiento de bienes públicos globales de acceso universal (Rojas Aravena, 2000: 53).[35]

En ese sentido el gobierno argentino durante el primer semestre de 2023 ha realizado la Cumbre de CELAC en Buenos Aires –evidenciando un rol de articulador de las demandas regionales–, la búsqueda de una solución diplomática a la guerra en Ucrania desde una posición neutral,[36] o la defensa de la democracia y los derechos humanos, principalmente en América Latina, buscando soluciones políticas de fondo a los desafíos que atraviesa el área en esta materia desde el principio de no injerencia.[37]

No nos resulta extraña la familiaridad de Alberto Fernández con la Escuela Chilena de Relaciones Internacionales,[38] recordemos que Carlos Ominami es un hombre de consulta del presidente (Niebieskikwiat, 6 de febrero de 2020).[39] Pero no creemos que esta elección sea azarosa, ya que dicho núcleo intelectual desde hace décadas ha estado influenciado por el globalismo asimétrico, que en este caso podría ayudarnos a comprender cierto giro que la administración ha venido teniendo desde mediados de 2022, y hemos ido registrando en nuestros informes, donde los elementos de esta categorización están constituyendo el núcleo duro de la gestión y desplazando, aunque no eliminando, los componentes autonomistas.

Conclusiones

Si bien la intención de un policy maker de definir sus acciones dentro de un marco conceptual no es habitual, nos resultó interesante, ya que nos ayuda a comprender ciertas inflexiones que se fueron dando en la gestión y tener de ella una visión más variada y rica.

A lo largo de su gestión, el presidente Alberto Fernández ha identificado su estrategia de inserción internacional en términos de búsqueda de márgenes de maniobra, la utilización de conceptos como “dinamismo pragmático”, “idealismo realista” y “pragmatismo que no olvida los valores”, que juntamente con sus declaraciones en su controvertida gira por Rusia, China y Bahamas en 2022, van en esa dirección. Pero también, la aparición del “multilateralismo cooperativo” marcó cierto cambio de preferencia hacia el No Alineamiento Activo, más próximo al globalismo.

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  1. Reconocemos la influencia del trabajo pionero en esta materia de Roberto Miranda (1988).
  2. Este es un rasgo que podemos vincular con el pensamiento autonómico puigiano que entiende la búsqueda de márgenes de maniobra dentro de un bloque, en este caso dentro de la globalización (Puig, 1984).
  3. Las acciones y definiciones de Alberto Fernández no solo pueden identificarse con el autonomismo clásico, sino también, como veremos, con el modelo del no alineamiento activo de Heine, Forte y Onimani (Frydman, 20 de febrero de 2022: 22).
  4. Tras el fin del mundo bipolar los occidentalistas mutaron en globalistas, quienes, como apuntó Amado Cervo, “extraían del liberalismo genético de sus naciones, también los consensos internos y consejos externos, la inspiración para elaborar y programar la vigencia del paradigma neoliberal de inserción internacional…” (2003: 18).
  5. Generalmente las dictaduras militares fueron más propensas a esta estrategia.
  6. En la conversación entre Vladimir Putin y Alberto Fernández en febrero de 2022 se trató el tema de Ucrania, donde el argentino le indicó esa misma posición (Página/12, 4 de febrero de 2022: 5).
  7. Eso no impidió que al año siguiente se firmara una Asociación Estratégica con la Federación Rusa,
  8. No fueron pocos los analistas que sugieren que el acuerdo con el FMI podría tener impacto, no solo en materia económica, sino también en la política internacional de Alberto Fernández (Asiain, 30 de enero de 2022: 7).
  9. Más allá de las cuestiones jurídicas que marcan claramente la responsabilidad del régimen de Putin en las acciones bélicas, no debemos desconocer una serie de cuestiones que involucran directamente a Washington, como la extensión de la OTAN, y los aumentos de los precios de la energía y los commodities que lo benefician estratégica y económicamente.
  10. Si bien aún no existen bloques rígidos como en los momentos previos a la Gran Guerra de 1914 o durante la Guerra Fría, en la actualidad observamos una predisposición al disciplinamiento de los países periféricos en torno a la hiperglobalización buscada por la tríada (Estados Unidos, Europa Occidental y Japón) desde el fin del mundo bipolar. Entendiéndola como “el proceso de ‘integración internacional de los mercados de bienes de capital’ que excluye a la mano de obra que se convirtió en un fin en sí mismo, eclipsando a las políticas nacionales” (Rodrik, 2011: 96).
  11. No exigió una verificación de los hechos a través de una comisión investigadora independiente, como hubiese sido deseable antes de tomar una resolución, agenda que había impulsado en los comienzos del conflicto desde la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos (Clarín. 4 de marzo de 2022).
  12. Con ello se diferencia del gobierno de Macri, que no solo avaló el golpe en consonancia con la OEA, sino que habría provisto de armas al gobierno ilegal para la represión (Yapur y Bertoia, 8 de noviembre 2021: 8).
  13. En esta perspectiva se puede observar ciertos rasgos de afinidad con el No Alineamiento Activo, ya que esta cuestión figura en su agenda (Forte, Heine y Onimani, 2021: 378).
  14. Como parte de esta estrategia también decidió retirarse de la demanda colectiva que motorizó el secretario general de la OEA, Luis Almagro, contra Caracas (Perfil, 26 de junio de 2021: 11).
  15. Como sostiene Joseph Nye la defensa de los derechos humanos debe garantizar la efectividad (2019)
  16. Casi en esos mismos términos lo reflejó el diario La Nación, cuando Argentina salió del Grupo de Lima (Malthus Ruiz, 25 de marzo de 2021).
  17. Muchas de estas críticas a la política de derechos humanos llevada adelante por el gobierno argentino desconocen la advertencia hecha por Joseph Nye al respecto: “… Un cosmopolita que ignora la importancia moral, legal e institucional de las fronteras no hace justicia al difícil trabajo de equilibrar los derechos en el ámbito internacional, tanto como el realista ciego que ve todo como una cuestión de supervivencia nacional…” (Nye, 2019: 101).
  18. Nuestra tarea es reconocer qué rasgos existen en cada política exterior analizada y determinar cuál es el dominante.
  19. Juan Gabriel Tokatlián sostuvo que nuestro país debe construir una “alternativa” en la disputa entre Washington y Beijín, a partir de una “diplomacia de la equidistancia” entendida no como una internalización de esta nueva guerra fría, “sino de procurar un uso estratégico de la transición de poder en marcha” (Tokatlián, 2021: 25).
  20. Este economista turco definió la “hiperglobalización” como “el proceso de “integración internacional de los mercados de bienes de capital” que excluye a la mano de obra “que se convirtió en un fin en sí mismo, eclipsando a las políticas nacionales” (Rodrik, 2011: 96).
  21. Nuevamente aparece la agenda prevista por el No Alineamiento Activo (Forte, Heine y Onimani, 2021: 378).
  22. El gobierno afirmó el no involucramiento de las FF. AA. en cuestiones de seguridad interior.
  23. Este agrupamiento se caracteriza por seguir una agenda altamente intervencionista apañada por el Estados Unidos de Trump, donde no se descartaban soluciones por la fuerza y una exclusión del chavismo en el futuro orden político venezolano. El 12 de agosto de 2020 la Argentina se sumó al Grupo de Contacto Internacional formado por la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, representantes de España, Portugal, Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Suecia, Uruguay, Ecuador, Bolivia, México y Costa Rica, que busca el acercamiento entre ambas partes.
  24. El gobierno argentino pretende ampliar ese rol de puente a la relación entre Washington y la Región (Niebieskikwiat, 1 de diciembre de 2020: 1).
  25. El viaje en sí mismo estuvo cargado de discusiones y fue objeto de críticas de los sectores globalistas. Véase por ejemplo el reportaje al internacionalista Carlos Pérez Llana en el matutino Clarín (Niebieskikwiat, 1 de febrero de 2022: 17). Es cierto que para estos sectores, uno de los aspectos nodales de la gira, la incorporación de Argentina, resultó intolerable, aunque lo que buscó el gobierno fue “estimular el flujo del comercio e inversiones y es una chance concreta para la Casa Rosada de conseguir fondos para consolidar la reactivación económica que se vislumbró en 2021…” (Revanach, 6 de febrero de 2021: 4).
  26. Para marcar cierta diferenciación con el grado de “malestar” existente en Washington, la semana siguiente cuando tuvo lugar el viaje del presidente brasileño Jair Bolsonaro a Rusia, quien se declaró “solidario” con Moscú, aunque buscó enmarcar la visita en términos estrictamente comerciales, tuvo una queja explícita (Paraguassu, 18 de febrero de 2022).
  27. Como lo hemos ya insinuado, la aceptación de una posición dogmática es típica del globalismo, no del autonomismo.
  28. Para muestra de lo que sostenemos, el autor en ese mismo artículo se lamentó lacónicamente por el diferimiento de la propuesta para ingresar a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) realizada en enero de 2022 (Clarín, 26 de enero de 2022: 6). Una de las principales instituciones que son el soporte de la globalización propuesta por la Tríada Occidental, cuestión que se visualiza claramente cuando califica como “buenas prácticas” a los instrumentos de gobernanza global neoliberal que postula esa institución.
  29. Por ejemplo, Alberto Fernández no solo se reivindicó como “americolatinista” (sic), sino también “europeísta”, reconociendo el carácter heterodoxo de su estrategia internacional (Fernández, 9 de junio de 2021).
  30. En realidad, la limitación del endeudamiento a los márgenes de maniobra del país se remonta a la última dictadura cívico-militar, y la cuestión de la dependencia, claramente, es de más largo aliento.
  31. A diferencia de las creencias globalistas que concentran todo nuestro accionar externo en el núcleo occidental e ignoran a las potencias alternativas o a la región, las propuestas autonomistas exploran todas las opciones, ya que cuanto mayor multipolaridad logre esa estrategia, más probable será garantizar sus objetivos.
  32. Fue muy significativa la nota aparecida en el periódico Página/12, cuando se realizó la VI Cumbre de la CELAC, firmada por Maximiliano Reyes Zúñiga (subsecretario para América Latina y el Caribe de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México) y Lilia Rossbach Suárez (embajadora designada de México en Argentina), donde se resaltó que la alianza con Buenos Aires en el marco latinoamericano “se guía por un claro compromiso en la construcción de consensos, búsqueda de objetivos comunes regionales y programas de cooperación para la consecución de los mismos” (Reyes Zúñiga y Rossbach Suárez, 18 de septiembre de 2021: 24).
  33. Llamó la atención el señalamiento del régimen de Ortega, ya que se opuso a la designación de Buenos Aires hasta último momento.
  34. El cambio de conceptos no ha significado una mutación significativa de sus objetivos en el diseño externo, una estrategia de inserción en la globalización que garantice los intereses argentinos.
  35. No podemos dejar de hacer notar ciertas características que emparentan esta categoría con el llamado globalismo asimétrico, entendido como la combinación de apertura económica con una integración bilateral o regional “para controlar eventuales efectos negativos” de la primera y garantizar la participación en los foros multilaterales, como modo de defender sus intereses concretos (Cervo, 2003: 17-18).
  36. Como la mayoría de los países periféricos (Gresh, 2022: 23), la Argentina se mostró celosa de los principios de no injerencia y no intervención, ya que condenaron a la Federación Rusa en las Naciones Unidas, pero no acompañó a la tríada occidental en sus sanciones de naturaleza económica.
  37. Este es un punto clave que divide las aguas entre la autonomía y el no alineamiento activo, ya que mientras que en la primera la no injerencia sigue ocupando un lugar importante en el diseño de relacionamiento externo, en el segundo se ha flexibilizado, acercándose con ello al globalismo asimétrico. Para revalorizar la posición de aquella, como recuerda la cita de Nye ut supra, la defensa de los derechos humanos no debe desentenderse de la cuestión, como así también debe proponer una estrategia efectiva para darles vigencia.
  38. Nos referimos al importante núcleo de académicos chilenos que, en el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, desde los tiempos de Luciano Tomassini hasta hoy día, fueron un sostén importante en la construcción del diseño de la política exterior chilena a partir de fines de la dictadura de Pinochet.
  39. Este intelectual chileno, junto a Carlos Forti y Jorge Heine, ha presentado una propuesta de estrategia internacional para América Latina denominada no alineamiento activo, que consiste en el “fortalecimiento de los organismos regionales, un compromiso con el multilateralismo, un plan de acción contra el cambio climático, un centro de control de enfermedades regional, una redefinición de las obsoletas nociones de seguridad nacional, un esfuerzo persistente por garantizar la equidad entre los géneros y el equilibrio de las relaciones laborales, y un no alineamiento genuino” (2021: 6). El acento puesto en el multilateralismo en la propuesta de análisis de los autores chilenos, como desde el discurso y la praxis del presidente argentino, marcaría un punto más de confluencia entre ambos registros.


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