Sobre las crisis económicas y la industria en la crisis argentina
Claudio Belini
Las relaciones entre las crisis económicas y el desempeño de la industria en la Argentina han sido tradicionalmente objeto de atención de la historia económica. Una primera interpretación del origen y expansión del sector manufacturero en nuestro país sostuvo que este proceso se inició en el marco de las crisis que afectaron a la economía nacional en 1873, 1890, 1914 y la Gran Depresión de los años treinta, momentos en que las dificultades para la colocación de los productos primarios, tanto en volumen como en valor, habrían estimulado la sustitución local de algunos productos manufacturados. En este sentido, un conjunto de estudios clásicos analizó dichas coyunturas críticas en el marco de la inserción de la economía argentina en el mercado mundial, focalizándose en el surgimiento de movimientos proteccionistas que abarcaban a amplios sectores de las clases propietarias, incluyendo a los terratenientes pampeanos (Chiaramonte, 1970; Dorfman, 1970; Panettieri, 1983). Esta primera interpretación, que vinculó el origen de la industrialización argentina con las coyunturas de crisis en el mercado internacional, fue superada hacia la década de 1970 por otra que, bajo influjo de la escuela neoclásica y de la teoría del bien primario exportable, sostuvo que el surgimiento de la industria argentina se dio precisamente como resultado de la gran expansión agroexportadora y del incremento del ingreso nacional derivado de esa exitosa inserción, lo que habría creado las condiciones para el aumento de la demanda interna de manufacturas (Díaz Alejandro, 1975).
A fines del siglo xx, un conjunto de estudios renovaron la mirada sobre el crecimiento industrial anterior a 1914.[1] Asimismo, nuevas investigaciones indagaron las etapas posteriores de la industrialización argentina, poniendo el énfasis en las políticas estatales y en las complejas relaciones entre el Estado y los empresarios. El campo de la historia industrial se renovó a partir del análisis de esas y otras dimensiones y, en diálogo con la historia de las empresas, ofreció una imagen más compleja del proceso, abandonando los relatos solo basados en datos agregados, especialmente las estadísticas sobre la evolución del producto bruto interno (PBI) y su composición y los censos industriales.[2]
Por otra parte, el mal desempeño de la economía argentina en las últimas décadas del siglo xx dio lugar a un intenso debate, desde distintas tradiciones teóricas, en torno a sus factores determinantes y los momentos de ruptura. Entre las causas, los analistas identificaron el comportamiento de las clases propietarias (los terratenientes, el empresario industrial o la clase dominante), que se habría caracterizado por estrategias de inversión que buscaban la maximización de las ganancias a corto plazo, inhibiendo, por tanto, el desarrollo de capacidades competitivas basadas en la adopción y mejora tecnológica; la fuerte dependencia del país derivada de su inserción el comercio mundial como exportador de materias primas y demandante de capitales extranjeros; la debilidad de las instituciones, que habrían convertido al Estado en un ámbito de disputa entre los sectores; el fallido intento de alentar una industrialización integrada; las políticas de redistribución del ingreso que se habrían llevado adelante a costa de la formación del capital (políticas que para ciertos autores conforman el “populismo económico”), entre otras.[3] En relación con la identificación de los momentos del declive, a partir de los sesenta, historiadores y economistas señalaron distintas temporalidades: la década de 1930, el peronismo, los años setenta —especialmente la última dictadura militar—, la década menemista o bien los años del kirchnerismo, que algunos autores identifican con la vuelta a un modelo económico semicerrado e inflacionario.
No es objeto de esta introducción estudiar estos debates. No obstante, buscamos plantear algunas cuestiones que se vinculan con nuestro análisis de las crisis económicas y el sector industrial. La historia económica argentina a partir del último tercio del siglo xix y durante el siglo xx reconoce diversas rupturas. Por supuesto, algunas de las principales han estado asociadas en primer término a la integración de la economía argentina a la economía internacional, cuyos ciclos de crecimiento y depresión fueron objeto de abundante análisis económico e histórico. Crisis económicas, financieras, cambiarias, inflacionarias, para mencionar las más destacadas, tuvieron (y continúan teniendo) un impacto mayor sobre las economías periféricas o “emergentes” (Reinhart y Rogoff, 2012). Por otra parte, el caso argentino muestra además momentos de rupturas, pero originadas en factores internos.
Asimismo, el mal desempeño económico en el último medio siglo ha conducido a los analistas a proponer quiebres más profundos, que habrían apartado a la economía local del crecimiento durante periodos más o menos prolongados, o bien rupturas cualitativas que modificaron las bases del propio crecimiento económico. En ese sentido, es claro que si el devenir argentino se asemejaba al de las economías industrializadas en términos del PBI per cápita hacia 1913, la ampliación de la brecha con esas naciones reconoce diferentes momentos entre los cuales se destacan, por ejemplo, la crisis internacional de 1929, que clausuró el comercio multilateral que había sido fundamental para una economía abierta como la argentina, y el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que aisló al país del mercado y obligó a un proceso de industrialización basado en la capacidad instalada existente. En los años cincuenta, la economía encontró otros obstáculos, como la crisis crónica del sector externo (lo que hoy se conoce como “restricción externa”), a la que se sumaron los efectos del deterioro de las capacidades del Estado para intervenir sobre la esfera económica y moderar los conflictos distributivos. En ese plano, el derrocamiento del peronismo en 1955 parece haber abierto una etapa donde la politización de las entidades empresariales y obreras y el incremento de la conflictividad social convirtieron al Estado en un espacio de disputa. Por fin, los años setenta, particularmente con la crisis del Rodrigazo y las políticas de la dictadura, inauguraron una era de estancamiento de casi veinte años, en un arco temporal que antecedió a la crisis de la deuda latinoamericana de 1982 y se prolongó hasta comienzos de los años noventa.[4]
Más cerca en el tiempo, hubo dos momentos en que la economía argentina pareció encontrar una fórmula para superar el lento crecimiento de su producto, y que ilusionaron a la ciudadanía y a los analistas por igual, que fueron los años de auge del régimen de la convertibilidad, entre 1991 y 1997, y el período de bonanza del sector externo durante los gobiernos kirchneristas, entre 2003 y 2011 (Belini y Korol, 2020). La convertibilidad permitió derrotar el régimen de alta inflación (D’Amato y Katz, 2018) y alentó un conjunto de transformaciones productivas que reactivaron la economía hasta 1997, momento en que la volatilidad de los mercados financieros internacionales, el fuerte endeudamiento local y la rigidez de su sistema monetario provocaron una recesión profunda. La etapa abierta a comienzos del siglo xxi, marcada por el auge de los precios internacionales de las commodities, entre ellas la soja, ilusionó a muchos analistas en torno de la idea de que el país iniciaría un periodo de crecimiento prolongado asociado al ascenso de China.[5] No obstante ello, ambos ciclos de crecimiento, que se produjeron bajo enfoques de políticas económicas muy diferentes —uno centrado en las reformas promercado y la apertura económica, y la segunda etapa caracterizada por el retorno de las políticas estatales— culminaron en severas crisis como las de 1998-2002 y el estancamiento económico posterior a 2011. Como han argumentado Albrieu y Fanelli (2008), en las últimas décadas, la economía argentina parecía mostrar capacidad para recuperarse de esas crisis, pero no para inaugurar una etapa de crecimiento sostenido. Según esta interpretación, una de las claves explicativas de este comportamiento estaría en la dimensión institucional y las presiones de los actores sobre el Estado para torcer políticas económicas sustentables (“el conflicto distributivo”).
Cuando Cristina Fernández de Kirchner terminó su segundo mandato, en diciembre de 2015, la economía argentina se encontraba transitando un periodo de estancamiento con importantes dificultades en el sector externo, que obligaban al control de cambios. El gobierno de Mauricio Macri implementó diferentes políticas de corte promercado que desencadenaron una gran depreciación monetaria del orden del 40 % en el 2018 y una nueva pérdida del valor del peso del 38 % al año siguiente. La Argentina solicitó y obtuvo un préstamo extraordinario del Fondo Monetario Internacional, del cual se desembolsaron unos 44.000 millones de dólares, que debido a las políticas económicas terminaron fugándose hacia el exterior o fuera del sistema bancario. El PBI se contrajo un 2,6 % en 2018 y un 2,1 % al año siguiente, en tanto que la inflación anual se aceleró, trepando del 25,5 % en 2017 al 53 % en 2019. Por su parte, la deuda pública bruta sobre el PBI pasó de representar el 56,6 % en 2017 hasta alcanzar un 89,4 % del PBI en 2019, y el riesgo país se disparó (CEPAL, 2020).
A partir de 2020, las políticas adoptadas por el gobierno de Alberto Fernández frente a la pandemia del COVID-19 generaron una aguda contracción del PBI (similar a la de 2001-2002), el incremento del déficit fiscal y una aceleración inflacionaria que alcanzó al 95 % interanual hacia diciembre de 2022. Al año siguiente, el deterioro económico se profundizó: en diciembre, la tasa de inflación alcanzó el 213 % interanual, la proporción de la deuda pública sobre el PBI fue del 158 %, el déficit fiscal primario fue de 2,7 % del PBI y se derrumbaron las reservas internacionales hasta niveles negativos. El encadenamiento y la profundización de las crisis durante la última década adquirieron un signo dramático para la sociedad argentina y abrieron paso a una nueva experiencia política. Las medidas de ajuste del gobierno de Javier Milei están provocando un derrumbe de la actividad económica que parece no encontrar un piso en los meses que van de su mandato presidencial, todo lo cual actualiza el debate sobre las causas del mal desempeño económico argentino. Claro que esa evolución negativa más reciente se está produciendo en una etapa particularmente compleja de la economía internacional, en la que existen menores márgenes de acción por parte de los países latinoamericanos, que registran un crecimiento menor desde hace una década. Basta recordar los efectos de la pandemia por COVID-19, la desaceleración de las tasas de crecimiento del comercio mundial y del producto de los Estados Unidos y China (las dos potencias con las que la región está estrechamente asociada), el aumento de la inflación de las principales economías, el debilitamiento de los flujos de inversión extranjera, la volatilidad financiera internacional, la vulnerabilidad de la posición externa latinoamericana y las dificultades de la región para la generación de empleos formales. De cualquier forma, la evolución de la economía argentina es considerablemente inferior a la de las más grandes de la región. Las permanentes dificultades de la Argentina para enfrentar los pagos de los intereses de su deuda soberana y el ritmo de incremento de los precios, que ubica al país junto con Haití, Surinam y la República Bolivariana de Venezuela en la categoría de economías con inflación crónica (CEPAL, 2024), abre nuevamente el interrogante sobre la particularidad argentina en el escenario latinoamericano.
Ahora bien, si el mal desempeño de la economía nacional ha suscitado renovados debates y análisis de la historia económica de largo plazo, menos atención se ha prestado a los episodios de crisis y su impacto sobre los sectores productivos. Este libro se propone aportar nuevas miradas y evidencia empírica sobre las crisis y el comportamiento industrial argentino. El interés por este último sector está vinculado a una perspectiva que sostiene que el fallido desenvolvimiento de la industria argentina constituye una de las claves para pensar el pobre desempeño económico del país. De hecho, del conjunto de naciones que iniciaron el sendero de la industrialización en el siglo xx, entre los que se ubicaron la Argentina, Brasil, México, China, India, Taiwán, Corea del Sur y Turquía, nuestro país constituyó el único caso en que ese proceso resultó fallido (Amsden, 2001).
La perspectiva histórica de los estudios aquí reunidos se expresa en un interés por el análisis de las coyunturas, los procesos y los actores. La selección de los episodios se basa en dos criterios. Partimos de una definición amplia de crisis económica, incorporando las rupturas de tendencias del crecimiento (originadas en el salto del tipo de cambio, la inflación o el default de la deuda externa o interna) como a los episodios de recesión, caídas del producto, de la inversión y del empleo que se producen por periodos más acotados de meses.[6] Por otra parte, seleccionamos los episodios que ya han sido identificados por la historiografía como coyunturas de cambio.[7] El libro se propone, entonces, aportar al conocimiento de las complejas relaciones entre las crisis y la dinámica del sector industrial, en un arco temporal que se extiende desde la crisis de 1890 hasta el impacto del Rodrigazo de junio-julio de 1975, que abrió una coyuntura clave para la reversión del proceso de industrialización.
Los trabajos se focalizan sobre seis momentos claves en los que las crisis económicas repercutieron sobre el sector industrial en el corto y mediano plazo, configurando nuevos escenarios de oportunidades y constricciones para el desenvolvimiento industrial. Tomando distancia de las interpretaciones heredadas, las investigaciones aquí reunidas muestran que las relaciones entre crisis y comportamiento industrial estuvieron lejos de ser lineales a lo largo del tiempo. En ocasiones, las crisis económicas afectaron profundamente al sector industrial, deprimiendo el nivel de actividad, la inversión y el empleo. En otras coyunturas, los efectos de las crisis y de las políticas económicas con las que los gobiernos intentaron enfrentarlas crearon expectativas en los sectores empresariales, abrieron nuevas oportunidades de negocios o abonaron diagnósticos sobre posibles senderos de desarrollo vinculados al mercado interno o al externo. Diversos factores permiten explicar los comportamientos disímiles: la profundidad de las crisis internacionales y sus repercusiones locales, las dinámicas de las crisis económicas e institucionales, el grado de desarrollo del tejido industrial argentino, las expectativas de los actores económicos y los estímulos ofrecidos por las políticas estatales, entre otros. En suma, las crisis fueron momentos de inflexión pero también de oportunidades y replanteos.
El capítulo de Agustina Rayes y Patricia Olguín se propone analizar el impacto de la crisis de 1890 sobre la industria vitivinícola. Dicha crisis, que fue el único episodio en que la cesación de pagos del gobierno argentino tuvo repercusiones de importancia en otras economías latinoamericanas y en el mercado de capitales británico, ha sido analizada profusamente por historiadores y economistas, quienes han sostenido interpretaciones contrapuestas sobre los factores que estuvieron en su origen. No obstante, conocemos muy poco sobre los efectos de la crisis sobre la economía real, especialmente sobre las economías regionales. Por otra parte, la historiografía sobre las economías vitivinícolas y azucareras ha presentado una imagen de su desenvolvimiento que pone énfasis en las transformaciones productivas previas a la llegada del ferrocarril y en el proteccionismo aduanero de la década de 1870. Y, por lo tanto, se ha prestado menos atención a los efectos de la crisis de Baring. En este capítulo, Rayes y Olguín presentan nueva evidencia empírica que permite ponderar el impacto decisivo de los cambios en el entorno macroeconómico producidos como consecuencia de la cesación de pagos y del complejo reordenamiento de las relaciones entre el Estado nacional y las provincias. Luego de examinar los cambios producidos en la agroindustria durante la década de 1880, el artículo estudia el impacto de la depreciación monetaria, las reformas arancelarias y fiscales de los Estados nacional y provincial sobre la producción vitivinícola; de esta forma, presentan nuevos datos sobre la evolución fiscal de la provincia y las transformaciones productivas, el nivel de protección efectiva y la creciente participación de la producción doméstica en el consumo doméstico. Las autoras muestran que, como resultado de las nuevas condiciones económicas y de las complejas relaciones entre los actores económicos y políticos, la agroindustria vitivinícola logró un mayor nivel de protección efectiva (el más alto alcanzado en los países productores y exportadores de vino), lo que le permitió al sector ganar el mercado doméstico. En este sentido, la crisis aceleró el proceso de transformaciones en la estructura productiva mendocina. El capítulo muestra cómo los estudios sobre sectores específicos pueden contribuir a complejizar la mirada sobre el papel de las crisis en el desempeño industrial.
El siguiente capítulo, escrito por Claudio Belini, estudia algunas dimensiones del impacto de la Gran Guerra (1914-1918) en la industria argentina. Luego de una breve caracterización de la expansión económica iniciada a finales del siglo xix, el estudio se focaliza en dos dimensiones: por un lado, las respuestas que los gobiernos de Victorino de la Plaza e Hipólito Yrigoyen dieron frente a la crisis de 1913-1917. Como se sabe, esta crisis fue la más profunda y duradera del periodo primario exportador, incluyendo la Gran Depresión. Se caracterizan los límites de los instrumentos y de las políticas económicas aplicadas en esos años, así como sus efectos sobre el empleo y los salarios urbanos, fundamentalmente de Capital Federal. Por otro lado, el trabajo estudia el impacto de la Gran Crisis sobre algunas de las principales actividades industriales. Si bien la Argentina poseía entonces el sector manufacturero más importante de las naciones latinoamericanas medido en términos de su participación en el PBI per cápita, se trataba de un sector poco diversificado, considerando por ejemplo la casi total ausencia de una industria textil, orientado al mercado doméstico y dependiente de las importaciones de insumos y equipos. La crisis afectó de diversas formas a los sectores industriales, permitiendo el progreso de algunas grandes empresas gracias a las oportunidades abiertas por la demanda europea y latinoamericana de algunos productos, en un proceso que distó de ser general ni duradero. Tomando distancia de la interpretación que sostiene que durante ese periodo hubo una primera sustitución de importaciones, presentamos algunas trayectorias sectoriales dando cuenta de las dificultades de la coyuntura.
El capítulo de Hernán González Bollo y Esteban Vila estudia el periodo marcado por la breve recesión de 1937-1938 y el impacto económico de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. El análisis se focaliza en el distrito industrial más importante del país, conformado por la ciudad de Buenos Aires y sus suburbios, fundamentalmente los partidos de Avellaneda, Lanús y Quilmes. Los autores sostienen que esos espacios fueron los que lideraron las transformaciones económicas y sociales asociadas a una industrialización acelerada y de alguna manera promovida por el efecto combinado del entorno macroeconómico y las primeras medidas estatales de fomento sectorial. La investigación se articula en tres dimensiones analíticas complementarias; en primer lugar, el análisis de las políticas estatales y las innovaciones institucionales que los gobiernos de Roberto Ortiz y Ramón Castillo fueron ensayando antes del ascenso del nacionalismo económico a ultranza a partir de la dictadura de 1943. Entre ellas, los autores destacan la Comisión Interministerial Permanente de Política Económica, el Comité de Exportación y Estímulo Comercial y la Corporación para la Promoción del Intercambio, esta última una sociedad anónima creada por impulso del Banco Central con el objetivo inicial de intensificar el intercambio con Estados Unidos. En segundo lugar, las transformaciones que se produjeron en el tejido industrial de esos territorios entre 1937 y 1943, con el incremento del número de establecimientos, obreros y empleados, así como una tímida pero evidente diversificación de la producción manufacturera. Por último, una tercera dimensión se focaliza sobre el impulso que tomaron las sociedades anónimas industriales, así como el papel de la inversión extranjera en un contexto expansivo. Los autores argumentan que durante esos años finales del régimen impuesto en 1932 bajo la hegemonía de la Concordancia las nuevas condiciones internacionales aceleraron los procesos de conformación de un distrito industrial vinculado a cubrir la demanda de manufacturas que ya no podían importarse, y, al mismo tiempo, a encarar la exportación de productos manufacturados a los mercados limítrofes que, en las condiciones creadas por el retiro de la oferta europea, comenzaban a cubrirse con productos locales.
El siguiente capítulo aborda otra coyuntura crítica, pero a diferencia de los dos estudios previos, esta tiene su origen en factores endógenos. María Helena Garibotti analiza la crisis de la industria textil entre finales de la década de 1940 y comienzos de los años cincuenta. Se trata del final del periodo de auge del sector manufacturero que había liderado la sustitución de importaciones. Más importante aún, la recesión industrial de 1950-1953 constituye en gran medida el final del ciclo expansivo abierto por la breve recesión de 1937-1938. Al mismo tiempo, es una crisis de nuevo tipo ya que es la primera manifestación de la nueva etapa de la economía local marcada por una estructura productiva en la que la industria crecía a tasas más altas que ningún otro sector, pero la continuidad de su expansión estaba limitada por la oferta estancada de divisas generada por el sector agrario pampeano. El capítulo analiza, en primer lugar, los principales rasgos de la crisis, con la caída de la demanda interna de textiles debido a la erosión de los salarios reales causada por una inflación de origen local, la evolución del número de plantas, el empleo y la productividad. En segundo lugar, Garibotti reconstruye cómo fue percibida la crisis por ese conjunto heterogéneo que conformaba el empresariado textil en el periodo peronista y, al mismo tiempo, analiza las complejas relaciones entre ese mundo empresarial y el peronismo en un periodo particularmente crítico y en el que la disputa por el poder político estaba en juego. La investigación aborda los dilemas que una industria fundamental como la textil enfrentaba tanto de cara al mercado doméstico como frente a las posibilidades, finalmente fallidas, de inserción en el comercio regional.
Los siguientes dos artículos abordan el impacto de las crisis económicas e industriales en el periodo de oro de la sustitución de importaciones y los dorados años sesenta del capitalismo industrial de posguerra.
El capítulo escrito por Aníbal Jáuregui analiza cómo el desarrollismo, en tanto nuevo clima de ideas y de propuestas de aliento al cambio económico y social latinoamericano, impactó en las políticas económicas y en el desempeño argentino en un periodo de dieciocho años. El arco temporal definido por el autor abarca desde el golpe de Estado de 1955 hasta el retorno del peronismo al poder en 1973. Jáuregui comienza por discutir las diferentes definiciones del desarrollismo en la Argentina y emplea el concepto de variaciones del desarrollismo a la hora de estudiar y caracterizar los enfoques de política económica y del desarrollo que los gobiernos argentinos siguieron en ese periodo. Si la definición de su periodo de análisis toma en consideración la “cuestión peronista”, es decir, el complejo dilema de cómo integrar o aislar al peronismo como fenómeno socio-político, es porque la dimensión institucional ocupa un lugar central para el autor a la hora de explicar el fracaso en encontrar una fórmula de convivencia entre el objetivo de alcanzar un régimen macroeconómico estable y al mismo tiempo desenvolver un sector industrial integrado. El autor nos muestra que ello no sucedió y por lo tanto los gobiernos argentinos debieron enfrentar los dilemas macroeconómicos heredados del periodo peronista con enfoques de política económica que en ocasiones acentuarían el conflicto. La economía argentina creció en esos años, aunque sus frutos resultaron ser insatisfactorios para los principales actores económicos y políticos. Para el autor, la inestabilidad institucional del posperonismo se tradujo en inestabilidad económica y en políticas de corto plazo que impidieron alcanzar las metas propuestas por los desarrollistas. En ese sentido, el análisis de las crisis de balanza de pagos de 1959 y 1962-1963 y los enfoques de políticas económicas de los gobiernos de turno permiten al autor mostrar las dificultades para el desarrollo industrial, en un contexto internacional favorable, cuyo deterioro hacia 1971 reduciría los márgenes de acción locales.
El último capítulo que integra el libro, escrito por Lucas Terranova, se focaliza sobre esa coyuntura crítica que marcaría el ocaso de los desarrollismos. El autor analiza cómo las transformaciones de la economía mundial, iniciadas a fines de los años sesenta con la pérdida de competitividad de los Estados Unidos frente a las nuevas potencias industriales, el quiebre del orden monetario nacido en Bretton Woods y la crisis de recursos que condujo a la estanflación en las economías centrales, se tradujeron en nuevos desafíos para el desempeño económico e industrial argentino. Luego de analizar la trayectoria de la etapa compleja de la sustitución de importaciones y matizar la interpretación que sostiene la superación de los principales problemas de la ISI, Terranova aborda los nuevos desafíos vinculados con la crisis en las economías centrales y la incipiente nueva división internacional del trabajo. Por otra parte, analiza cómo los enfoques de política económica implementados durante el tercer gobierno peronista introdujeron mayores rigideces6 y contradicciones para un desempeño económico que permitiera apaciguar las rupturas en términos del desenvolvimiento de un sector industrial complejo. La investigación se detiene en el análisis de los objetivos de las políticas económicas y los diagnósticos que los hacedores de políticas realizaban de los cambios en la economía internacional. A propósito de ello, el trabajo reflexiona sobre las condiciones de posibilidad de ese modelo industrial en una nueva economía internacional.
Agradecimientos
En la realización de estas investigaciones acumulamos varias deudas. La primera de ellas es con la universidad pública y el sistema científico tecnológico. Este libro es el resultado de un proyecto de investigación PIP 67283 “Las crisis económicas y el desempeño de la industria argentina, 1890-1982”, que un grupo de investigadores presentamos y resultó financiado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET). El proyecto tuvo sede en el Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, una unidad ejecutora de doble pertenencia del CONICET y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Nuestro equipo está integrado por investigadores de otras instituciones en las que trabajamos. A lo largo de estos tres años, los y las integrantes de este proyecto nos reunimos en diversas ocasiones en las ciudades de Buenos Aires y Mendoza para discutir en torno a los problemas de las fuentes y los repositorios disponibles para avanzar en las diversas líneas de investigación, los enfoques y las interpretaciones de la historiografía, las preguntas e hipótesis que formulamos, los avances de investigación y finalmente los resultados finales. Un agradecimiento especial debemos a Patricia Olguín, que, como integrante de este proyecto, nos recibió en la ciudad de Mendoza y obtuvo el apoyo del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA-CONICET) y de la Universidad Nacional de Cuyo para la realización de una reunión. Por otra parte, Milagros Rodríguez participó activamente de estos encuentros y su intervención fue importante en varios sentidos para el avance del proyecto.
Finalmente, quisiéramos recordar que los estudios aquí presentados constituyen el resultado de nuestra labor como investigadores y docentes en las universidades públicas y el sistema científico y tecnológico nacional, instituciones que hoy se encuentran amenazadas por las políticas de ajuste, en el contexto de una nueva y profunda crisis económica.
Bibliografía citada
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- Para estudios críticos de la bibliografía sobre la industria, véase Korol y Sabato (1990), Barbero (1998), Belini (2006) y Regalsky (2010). La renovación provino tanto de los estudios sobre las agroindustrias regionales (la vitivinicultura y la producción azucarera) como del análisis del sector industrial a partir de nuevas perspectivas centradas en la formación del mercado doméstico y la historia de empresas (Rocchi, 2006).↵
- Para un análisis de largo plazo sobre la historia industrial argentina, véase Belini (2017) y Rougier (2020). ↵
- Para un análisis de esas interpretaciones y sus autores, véase Míguez (2005).↵
- La literatura sobre la historia económica argentina es muy abundante e imposible de citar aquí. Solo para mencionar estudios que ponen el acento en diferentes momentos de ruptura, véase, entre otros, el volumen compilado por Della Paolera y Taylor (2003), que ubica el inicio de la declinación en la Primera Guerra Mundial. Cortés Conde (2005), retomando la tesis de Díaz Alejandro (1975), propone el primer peronismo como el momento de la declinación. Por su parte, desde diversas tradiciones teóricas, Basualdo (2006), Peralta Ramos (2007) y Ferrer (2012) se inclinan por la última dictadura cívico-militar. Con Juan Carlos Korol (2020) hemos estudiado el periodo 1914-2020, ponderando las etapas de la economía argentina y el quiebre de los años setenta. Para un análisis de las políticas económicas del siglo xx que identifican diversos momentos de rupturas, véase Llach y Gerchunoff (2020) y Gerchunoff, Heymann y Jáuregui (2022).↵
- Sobre las expectativas abiertas por las reformas menemistas, basta recordar el libro del historiador Paul Lewis (1993), quien sostuvo que dichas reformas parecían abrir una nueva etapa luego de la crisis originada por el intervencionismo peronista. Para las valoraciones diversas del periodo kirchnerista, podemos citar nuevamente otro volumen de Lewis (2009), en el que postulaba “la agonía del capitalismo argentino”. Desde una perspectiva opuesta, algunos autores percibieron que el ciclo de auge de las commodities había derrumbado las trabas al crecimiento. Véase Porta y Fernández Bugna (2011).↵
- Para un análisis de la historia del concepto de crisis, véase Koselleck (2007).↵
- Quedan aparte los episodios más recientes de crisis económicas, que fueron acompañados invariablemente de agudas contracciones en la industria manufacturera. Sobre el sector industrial en el periodo 1976-2010, puede verse Schorr (2004) y Azpiazu y Schorr (2010).↵








