1. Suárez y la filosofía precedente
La presencia insoslayable de las D. M. en la metafísica moderna fue oportunamente advertida por Heidegger[1] en su intención de aprehender con claridad meridiana el giro especulativo que explicaría el cambio de mentalidad entre Medioevo y Edad Moderna, posicionándose ante la historia del pensar mediante el entendimiento del vocablo metafísica como onto-teología. La intervención heideggeriana señalaba la importancia del tratado en cuestión como culminación del pensamiento escolástico donde, según su comprensión onto-teológica, acaecía visiblemente el olvido del ser y objetivación de Dios. Empero, como ha señalado oportunamente Filippi, “es altamente dudoso, si no francamente falso, que la diversidad histórica de tales doctrinas haya asumido siempre una estructura onto-teo-lógica”.[2] La oscuridad que relegaba al olvido las D. M. fue también rectamente señalada por Gilson, quien colaboró en la clarificación metafísica de las nociones de esse y essentia al indicar el gozne que estas ocupaban en la historia de la filosofía y su particular deuda con la propiamente medieval, según aquella expresión que reza: “Y todo esto debido a Avicena, que engendró a Escoto, el cual engendró a Suárez, que engendró a Kleutgen; y la lista sigue abierta”.[3]
La temprana intervención de Heidegger y Gilson sobre la figura metafísica de Suárez significó un estímulo oportuno para estudiosos de la filosofía medieval según tres coordenadas: (a) revisión de la tesis heideggeriana, (b) las D. M. en sí mismas, (c) el Dr. Eximio y la escolástica, particularmente crítica o tardía. En atención a tales indicaciones, la conclusión de los datos históricos se convirtió en los preliminares y el criterio adecuado de los estudios contemporáneos: las D. M. manifiestan la interrelación de las épocas medieval, renacentista y moderna.
Escolástica medieval y escolástica salmantina renacentista configuran el pensamiento filosófico barroco[4] del granadino. Allí, una obviedad que no ha sido considerada con el debido detenimiento según las fuentes de las D. M. Bajo este respecto, la afirmación pertinente se desdibuja en un horizonte cuasi vacuo. Aristóteles, Avicena, Averroes, Alejandro de Hales, Tomás de Aquino, Duns Scoto, Enrique de Gante, Fonseca, Cayetano, Flandria, Iavello, Soto y Soncinas son algunos de los nombres más recurrentes. Pero el listado es insuficiente y precisa ser revisado. En 1948 Uturrioz[5] publicó un enjundioso artículo en esta dirección cuyos datos fueron iterados parcialmente por Prieto López.[6] En aquella investigación quedó expuesto un índice completo y definitivo de las autoridades citadas por Suárez, ordenadas según el criterio de veces que intervenían en la prosa de las D. M. Con diferente fortuna en los estudios contemporáneos, el juicio que le cupiere al listado continúa siendo el mismo: confirmar cada vez las fuentes de la obra en cuestión. No hay otros pronunciamientos al respecto. Solo la consolidación de las autoridades fuentes, que amplían las ya mencionadas. Pero en ningún caso se presenta un índice actualizado y detallado de autores y tratados.
La edición Vives, impresa y contrastada por Rábade Romeo et alii,[7] como aquella otra versión digitalizada on line de Salvador Castellote y Michael Renemann,[8] adolecen de un índice adecuado de fuentes. Solo encontramos una dedicación similar a la que aquí pretendo parcialmente presentar en el tratado De anima, cuyo aparato crítico se debe a los esfuerzos del mismo Castellote.[9] En razón de esta eventualidad me ha parecido adecuado listar por separado[10] las autoridades y los tratados fuentes de las D. M. I-XI, pensados reiteradamente por Suárez con la intención de ampliar el sustrato dialógico de las Disputationes.
El índice de fuentes clarifica las bases textuales sobre las que emergen las D. M. y colabora decisivamente en la compleja orientación interpretativa de la obra. A este respecto no parece existir, según Fernández Burillo,[11] unanimidad consolidada, aunque ello no impida cierto cauce común en permanente movimiento reflexivo. La detenida hermenéutica de selectos tratados de las D. M. –II, XXVIII, XXX, XXXI– pone de manifiesto, a la vez, un sustrato común y una divergencia en la interpretación de los textos. En tales tratados se cimientan las conclusiones de Gilson tan diferentes a las de Heidegger, quien lo hace fundamentalmente sobre los libros XXVIII y XXI.
Las fuentes de las D. M. iluminan una segunda cuestión que merece debida consideración. Asistimos a la determinación acaecida en el pensamiento metafísico del granadino según la cual su novedad especulativa[12] giraría hacia su decisiva presencia en la modernidad en virtud de una precisa reconsideración y apropiación de tesis metafísicas escotistas, aunque ello signifique cierta paradoja. En efecto, así como Suárez se ha declarado fiel lector y continuador del pensamiento de Tomás de Aquino sin haberlo aparentemente criticado,[13] así también su lenguaje conceptual y objetivo en su noética[14] y metafísica está próximo a aquel de Duns Scoto,[15] a quien eventualmente critica.[16] Sin embargo la pretendida distancia –por momentos muy acentuada– de la filosofía de Tomás de Aquino y la proximidad determinante establecida con Escoto no siempre proyecta suficiente claridad sobre los restantes pilares que sostienen el pensamiento suareciano. Hay una dialéctica permanente de concesión y confutación expresada sobre el parecer de tratados y autores que ejercen una persuasión absolutamente convincente. De acuerdo con ello, las D. M. establecen relaciones escolásticas de autores, pues Tomás de Aquino suele ir acompañado de Cayetano y Silvestre de Ferrara, mientras que Duns Scoto, de los escotistas Durando y Trombeta.
Ahora bien, los LIV tratados que componen la monumental obra de las D. M. suarecianas ofrecen una amplísima variedad de autores y textos pertenecientes a una tradición filosófica y teológica que no se restringe ni se adapta a los cánones contemporáneos. En esta obra se menciona la Trinidad, los ángeles, la ciencia de Cristo, el conocimiento por la fe[17] y otros tópicos que habitualmente no incluiríamos en una obra metafísica actual. El índice de fuentes antiguas, medievales y renacentistas que ofrecemos al lector, y reducido a los libros indicados, recoge una muestra de tales afirmaciones. Por lo demás, las únicas autoridades no citadas son los concilios y otros documentos afines.
Para una adecuada disposición de los textos, puntualizamos los criterios utilizados: 1. autores y tratados son mencionados en lengua latina para su mejor localización; 2. el orden seguido es cronológico –y no alfabético–, y está orientado a poner al descubierto un auténtico conocimiento de la historia de la filosofía; 3. con respecto a las ediciones: (a) se han priorizado las propias de los siglos XV al XVI en razón de la cercanía con la vida de Francisco Suárez y la posibilidad de haberlas utilizado; (b) se han colocado la edición crítica o las ediciones modernas cuando las hubiere, sin que ello signifique imperativo alguno; 4. en ocasiones no he podido determinar la referencia exacta, por lo cual he colocado entre ( ) aquellas cuestiones que me han parecido probables (prob.). Finalmente, dejamos constancia de que la tabla cronológica ofrece una aproximación a las D. M. según un criterio cuantitativo (cantidad de obras que Suárez conocía de los autores), y solo indirectamente un criterio cualitativo (autores mejor ponderados que otros).
- Heidegger, M., Ser y tiempo, Madrid, Tecnos, 2000, p. 32: “en la acuñación escolástica pasa la ontología griega en lo esencial por el camino de las Disputationes Metaphysicae de Suárez a la metafísica y la filosofía trascendental de la Edad Moderna, y determina aún los fundamentos y las metas de la lógica de Hegel”.↵
- Filippi, S., “La metafísica medieval y la crítica de Heidegger a la ontoteología”, Anuario Filosófico, 51/3 (2018), p. 579. Cfr. Poncela González, Á., “Presencia y disposición de las Disputationes Metaphysicae de Francisco Suárez en el proyecto-existenciario de Martin Heidegger”, Veritas, 56/2 (2011), pp. 178-205.↵
- Gilson, E., El ser y los filósofos, Eunsa, Pamplona, 2005, p. 146.↵
- Esposito, C., “Suárez, filósofo Barroco”, Cauriensia, XII (2017), p. 33.↵
- Uturrioz, J., “Fuentes de la Metafísica de Suárez”, Pensamiento, 4 (1948), pp. 37-39. ↵
- Prieto López, L., Suárez y el destino…, pp. 161-163.↵
- Suárez, F., Disputaciones metafísicas, Gredos, Madrid, 1960-1966.↵
- Cfr. Disputationes metaphysicae: versión digitalizada on line según la colaboración de S. Castellote, M. A. Renemann, J. P. Doyle y J. P. Coujou en 2005 (https://homepage.ruhr-uni-bochum.de/Michael.Renemann/suarez/).↵
- Suárez, F., Commentaria una cum quaestionibus in libros aristotelis De Anima, Labor, Madrid, 1978. ↵
- Cada tratado de las D. M. tiene su propio índice en virtud de la problemática a considerar. Podrá notarse, gracias a esta decisión, que hay obras conocidas por Suárez para debatir diversos temas, y que sin embargo no las cita en orden a tal fin, sino, ante todo, para otros tratados. Aunque las obras versen sobre los mismos temas, solo considera algunas de ellas y desplaza autores y textos a su conveniencia. De modo que la consideración específica de autores y textos obedece, en la mente de Suárez, a la mejor explicación pertinente según el caso. Por lo demás, la decisión de publicar un solo índice que abarque autores y textos traería el inconveniente de localizar en las D. M. detalles que en esta oportunidad buscamos ilustrar.↵
- Fernández Burillo, S., “Las Disputaciones metafísicas de Francisco Suárez S. J., su inspiración y algunas de sus líneas maestras”, Revista Española de Filosofía Medieval, 4 (1997), p. 68.↵
- Boulnois, O., Être et représentation, Épiméthée, Paris, 1999, pp. 479-493: a. el objeto del pensamiento como pensable, b. la noción de ente incluida en la representación, c. la esencia formalmente construida desde conceptos a priori y su existencia y unicidad demostrada a posteriori, d. la inclusión de Dios en el concepto de ente. ↵
- Mendoza, J. M. F., “Sobre los nombres de la filosofía primera en el proemio a las Disputationes Metaphysicae de Francisco Suárez”, Revista Española de Filosofía Medieval, 25 (2018), p. 162.↵
- Prieto López, L., “Ockham, Suárez y Descartes: transición de las noéticas tardomedievales a la filosofía moderna”, An. Sem. Hist. Filos., 33/1 (2016), p. 44; Prieto López, L., “La impronta escotista en la metafísica de Suárez: conocimiento intuitivo, actualidad de la materia prima e hipostatización del accidente”, Logos. An. Sem. Met.”, 50 (2017), pp. 214-217.↵
- Esposito, C., “Ens, essentia, bonum en la metafísica de Francisco Suárez”, Azafea. Rev. Filo., 6 (2004), p. 39. ↵
- Suárez, F., D. M. II, 5, 5: “Differentiae ultimae et non ultimae explicatio Scotica impugnatur.— Hanc opinionem Scoti merito impugnant thomistae”.↵
- Salas, V., “The Theological orientation of Francisco Suárez’s Metaphysics”, Pensamiento, 74/279 (2018), p. 12.↵






