1. Encuadramiento general
Francisco Suárez ha ocupado un lugar singular en la historia de la filosofía que no siempre fue debidamente valorado y apreciado. Juicios similares al siguiente se repiten con relativa frecuencia: “Francisco Suárez, escritor fecundo, más elegante que riguroso, ha desempeñado sobre todo un papel de adaptador e intermediario en la historia de las ideas”.[1] A este criterio, que es relativamente deficiente, se suma otro opuesto, quizá demasiado entusiasta:
¿Qué autor del siglo XVI construyó de nuevo, y con la relativa originalidad que era posible, la Metafísica entera, elaborando una nueva síntesis filosófica conforme a las exigencias de la época, dándole solidez y verdad a toda prueba, a la par que la purificaba de los defectos que afeaban a los escolásticos decadentes [s. XIV], más que el granadino Francisco Suárez?[2]
Ambas posiciones[3] se aproximan a su figura, aunque deban ser matizadas conforme el estado de las investigaciones actuales. La elegancia de Suárez en sus escritos y la rigurosidad lógica de su pensamiento no menoscaban su originalidad especulativa. Ciertamente adaptó y transmitió ideas, pero lo hizo debatiendo entre autoridades. Su lugar en la historia de la filosofía no se reduce a ser un vínculo entre el pensamiento medieval y el propio moderno.[4] Corresponde afirmarlo del siguiente modo: el forjamiento de su propia doctrina, en diálogo con la historia de la filosofía, fue el vínculo con la posteridad.
El pensamiento filosófico de Francisco Suárez abarca diversos ámbitos: metafísica, teología, antropología, moral, derecho y política.[5] En el devenir de la historiografía filosófica se ha mostrado incansablemente la influencia de Suárez en la modernidad europea, y en menor medida, en la filosofía americana-colonial,[6] aunque esto último no siempre indique que se haya tasado con rigurosidad el debido impacto. Pero esta situación es la consecuencia de un acontecimiento previo. La pérdida de su presencia inmediatamente perceptible en la filosofía contemporánea no implicó su desaparición de las páginas de la filosofía teórica. Cual río subterráneo, sus escritos continuaron ejerciendo intermitentemente su influencia en el público dedicado al cultivo de esta ciencia, y particularmente ligado a la filosofía escolástica. Las ediciones en línea, ya disponibles, al menos, desde 2016, han facilitado que el pensamiento del Dr. Eximio y Pío –acorde con el epíteto dado por Pablo V en 1607– haya podido consolidarse nuevamente y en forma definitiva en virtud de sus tratados cada vez más consultados. Bajo este respecto, Suárez todavía hoy es un filósofo y un teólogo que continúa siendo vital para comprender el desarrollo de la filosofía. Sus tratados, diversificados en las materias antes señaladas, no siempre han gozado de nuevas ediciones críticas y de traducciones a lenguas vernáculas. Por esta razón, si bien es cierto que el interés en sus obras aumenta considerablemente,[7] también lo es que no todos sus textos han sido sopesados en la balanza de las influencias positivas que su pensar continúa ejerciendo hoy en día.
2. El lugar de Suárez en la historia de la filosofía
Francisco Suárez fue, ante todo, un eminente teólogo y filósofo que nació el 5 de enero de 1548 en Granada, España, y falleció el 25 de septiembre de 1617 en Lisboa, Portugal.[8] Sus 70 años de edad están marcados por una Europa que transita hacia una modernidad intelectual que implicará, al menos desde la filosofía moderna de raíz reformada, un rechazo hacia la escolástica católica. En efecto, el Dr. Eximio fue un convencido defensor de la fe de la Iglesia católica y romana que disputó con sus contemporáneos y predecesores. Ciertamente fue un filósofo que ejerció persuasiva influencia en vida y en la filosofía posterior. En una placa conmemorativa de la Universidad de Coímbra se lee la siguiente inscripción: “Francisco Suárez, Europae atque adeo orbis universi magister”.[9]
El carácter de Suárez y la impronta de sus escritos fueron moldeados por su ingreso a la naciente Compañía de Jesús en 1564 a la joven edad de 16 años, en la ciudad de Salamanca. Fue español, de férrea formación escolástica y jesuita en tiempos de expansión y consolidación de la propia Compañía, fundada por Ignacio de Loyola en 1540.[10] Estas características indican una diferencia con otros modos de concebirse el Renacimiento europeo en general. La particularidad estaba dada por la floreciente Compañía de Jesús en el ámbito intelectual y científico,[11] cuya revolución en el seno del pensamiento escolástico se plasmó con éxito en una trama de decisiones en la currícula educativa,[12] la fundación de colegios y los métodos de enseñanza.[13]
La Compañía de Jesús está enraizada e inspirada en el modelo educativo de la Universidad de París o modus parisiensis, aunque “hay que tener en cuenta que el seguimiento de la doctrina de Aristóteles y Tomás de Aquino en filosofía por los profesores jesuitas no era siempre totalmente a la letra”.[14] En efecto, la currícula jesuita rápidamente se adaptó a las exigencias de sus propios tiempos, sin descuidar sus estudios en materias de física, astronomía y matemáticas. Los jesuitas no repiten el pensamiento de Aristóteles o de Tomás de Aquino,[15] aunque sea cierto que acepten y enriquezcan el legado escolástico de carácter principalmente metafísico y teológico. Este último aspecto intelectual de la Compañía es próximo a Suárez. Su espíritu, a juicio de sus obras, es de carácter metafísico, esto es: la búsqueda de las causas o razones con el fin de esclarecer temas y resolver por medio de principios universales. Así lo indica su formación en la Compañía, y su ordenación sacerdotal en 1572, cuyo principal desempeño será la escritura académica.
Las Disputationes Metaphysicae,[16] publicadas en 1597 en la Universidad de Salamanca,[17] constituyen el texto fundamental de Suárez a este respecto y manifiestan complejos debates en la relación de la filosofía primera y la teología revelada.[18] En concordancia con el espíritu jesuita, la obra del granadino no repite ni comenta la filosofía aristotélica.[19] De hecho, las D. M. constituyen el primer tratado independiente que se estructura por temas y en el que intervienen reputadas autoridades. Allí se citan Platón, Aristóteles, Alejandro de Afrodisia, Agustín de Hipona, Boecio, Avicena, Averroes, Alberto Magno, Tomás de Aquino, Duns Scoto y Cayetano. Sin agotar la lista de interlocutores, a la que posteriormente aludiremos, se observará la presencia de la filosofía y la ciencia griega, la patrística, la filosofía islámica y la escolástica en todos sus períodos.
El Dr. Eximio no es ajeno a los diversos acontecimientos en materia de ciencia. La escolástica no lo separa de aquellos eventos. Por el contrario, los incluye, aunque sea para luego debatir y eventualmente rechazar o aceptar. En efecto, en los tiempos de Suárez encontramos otras figuras del pensamiento. Nicolás Copérnico (1473-1543) había fallecido pocos años atrás y había legado a la humanidad la doctrina del heliocentrismo en el texto De revolutionibus (1543), en el que defendía el movimiento triple de la tierra –traslación, rotación y declinación– y el sol como centro del cosmos.[20] En este horizonte, está Giordano Bruno (1548-1600) y posteriormente lo estará René Descartes (1596-1650). En los tres casos la educación fue de carácter escolástico. El primero fue un monje polaco que defendió la prioridad de la matemática para el conocimiento y desarrollo científico de la astronomía, y cuestionó la física observacional de arraigadas características aristotelizantes. Esta tesis, aceptada sin demasiado entusiasmo por la Iglesia y por la Compañía de Jesús solo en términos de hipótesis para su enseñanza, contradecía la armonía entre teología bíblica y filosofía aristotélica, ya defendida antaño por Tomás de Aquino. En esta área del saber interviene el jesuita Christopher Clavius (1538-1612),[21] matemático alemán de prestigio que lenta y progresivamente fue aceptando la hipótesis de Copérnico, aunque nunca llegó a aprobarla como doctrina o sistema.[22] Por su parte, Giordano Bruno, quien por breve tiempo fue dominico, renegó de la escolástica tomista y, en concordancia con el heliocentrismo, postuló la infinidad del cosmos.[23] Finalmente, Descartes, educado por los jesuitas en La Flèche, estudió acorde con las novedosas modificaciones en la parrilla de asignaturas de la Compañía.[24] Y eso incluye a Aristóteles, a Tomás de Aquino, a Duns Scoto, y las Disputationes Metaphysicae del granadino.
Suárez sabe de la incipiente revolución copernicana, aunque no la acepte y guarde silencio. Su fidelidad a la Iglesia en Astronomía era interpretada conforme con la aceptación de la armonía establecida por el Aquinate.[25] Quizá el caso del copernicanismo se deba para el Dr. Eximio a la reciente publicación de la obra De revolutionibus y el extenso período de tiempo que demoró en ser aceptada tanto por la Iglesia reformada como por la católica. Galileo Galilei (1564-1642), también partidario del heliocentrismo, contribuyó en física y matemática para su consolidación.[26] Pero esto último aconteció posteriormente a la publicación de las Disputationes Metaphysicae.
Finalmente, aunque no menor, es el lenguaje suareciano. La terminología de las D. M. modeló aspectos de la filosofía metafísica moderna,[27] y fue ampliamente debatido en la filosofía posterior católica y reformada. Y aunque ya habíamos adelantado que la historia actual de la filosofía no siempre dio cuenta de este evento, lo cierto es que los estudios sobre el pensamiento del Dr. Eximio han modificado la arena de la filosofía contemporánea a este respecto y han corregido este mal entendimiento. En efecto, vestigios del mentado acontecimiento y de diversas tesis de Suárez pueden observarse, tal como luego se verá, en Descartes, Spinoza, Pascal, Malebranche, Leibniz, Wolff, Kant, Hegel y Schopenhauer.
Los apartados precedentes han insistido en presentar una imagen, fragmentaria y sencilla, del Renacimiento intelectual según la variante constituida por la escolástica en general y la neoescolástica en particular, y en una dinámica epistémica que avanza en el tiempo y entre las universidades[28] desde París (v. g., Alberto Magno, Tomás de Aquino) y Oxford (v. g., Duns Scoto) hacia Salamanca (Francisco Suárez). Asimismo, la imagen evocada, solo en su frente, ha insinuado el significativo lugar de Francisco Suárez de una manera claramente introductoria. A continuación, nos centraremos en las tesis principales de las Disputationes Metaphysicae I-XI con el objetivo de ofrecer a los lectores una introducción a su pensamiento que oficie de guía, y no de suplencia de la obra, en lo referente a la naturaleza primera de esta ciencia y sus propiedades trascendentales.
- Belaval, Y., Historia de la filosofía. La Filosofía del Renacimiento, Siglo XXI, España, 2002, pp. 243-244.↵
- Solana, M., Historia de la filosofía española: época del Renacimiento, t. 1, Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, Madrid, 1941, p. 15.↵
- Respecto de juicios similares de entusiasmo sobre la figura de Suárez en el ámbito de la Iglesia reformada y en el catolicismo acerca de su metafísica, aunque luego matizados por una exposición metodológica, cfr. Baciero González, C., “Suárez y sus Disputationes Metaphysicae. Importancia y significación histórica”, Arbor, CLIX/628 (1998), pp. 451-471.↵
- Para una interpretación de Suárez como figura transicional entre Edad Media y Edad Moderna, cfr. Díaz Herrera, P., “¿Qué tan moderno es Suárez? Una aplicación de las vías de reflexión filosófica”, Methodus, 6 (2011), pp. 125-142.↵
- A modo de introducción al contexto de Suárez y sus posiciones fundamentales en los ámbitos mencionados supra, y con especial énfasis en la originalidad de la metafísica y su impacto en la filosofía moderna, cfr. Pérez Espigares, P., “En torno a la originalidad ontológica de la metafísica de Francisco Suárez”, Pensamiento, 78/300 (2022), pp. 1341-1362. ↵
- A modo de ejemplo e introducción se sugiere la consulta de los siguientes estudios. Para una aproximación más general, cfr. Gurrola Pérez, P., “El pensamiento en la época colonial”, Cuadernos Hispanoamericanos, 655 (2005), pp. 37-43. Y de modo regional, cfr. Dulce, M. S., “Significación del pensamiento de Francisco Suárez en el pensamiento argentino”, Sapientia, 75/245 (2019), pp. 157-174. En el orden político y legal, cfr. Perpere Viñuales, Á., “Pedro de Oñate, discípulo de Francisco Suárez en Latinoamérica. Su reflexión sobre el origen, los límites y las funciones del rey”, Cauriensia, XII (2017), pp. 213-226. Sin embargo, si bien es cierto que las investigaciones son cada vez más abundantes en lo relativo a la presencia de Suárez en el pensamiento jurídico y político novo-hispano, también lo es que no ocurriría lo mismo en lo relativo a una historiografía que señale adecuadamente la influencia del Dr. Eximio y los jesuitas en el pensamiento metafísico colonial y especulativo en general. El esfuerzo de corregir esta deficiencia ha sido tema de interés para Lértora Mendoza, C., La enseñanza jesuita de la física en Nueva España, FEPAI, Buenos Aires, 2006.↵
- Lázaro Pulido, M.; Zorroza Huarte, M. I., “Memoria peninsular de un legado para el siglo XXI: Francisco Suárez (1617-2017)”, Pensamiento, 74/279 (2018), pp. 299-318. Cfr. Prieto López, L., Suárez y el destino de la metafísica. De Avicena a Heidegger, BAC, Madrid, 2013, pp. 3-4. ↵
- Para una biografía completa de Suárez, cfr. Prieto López, L. J., Suárez y el destino…, pp. 17-99. Cfr. Salas, V.; Fastiggi, R., “The Man and His Work”, en V. Salas; R. Fastiggi (eds.), A Companion to Francisco Suárez, Brill, Leiden, 2015, pp. 1-28.↵
- Pereira, J., Suárez between Scholasticism and Modernity, Marquette University Press, Wisconsin, 2006, p. 10.↵
- Para el contexto escolástico inmediato de Suárez en conjunto con el pensamiento y la cultura de España del momento, y en concordancia con las autoridades a las que posteriormente aludiremos, cfr. Belda Plans, J., “Francisco Suárez heredero de una generación de sabios”, en V. M. Tirado (ed.), El alcance del pensamiento de Francisco Suárez: una mirada en el cuarto centenario de su muerte, Universidad San Dámaso, Madrid, 2019, pp. 16-50.↵
- Sobre el contexto de la noción de ciencia en el renacimiento aplicado a Suárez, cfr. Mendoza, J. M. F., “Francisco Suárez, ¿un científico renacentista? Estado de la cuestión en términos de aproximación bibliográfica”, Franciscanum, 174/62 (2020), pp. 1-23.↵
- Poncela González, Á., “Aristóteles y los jesuitas. La génesis corporativa de los cursus philosophicus”, Cauriensia, VI (2011), pp. 65-101. Resulta también de interés la documentación referida a la relación entre Suárez y la ratio studiorum jesuita, cfr. Forlivesi, M., “Francisco Suárez and the rationes studiorum of the Society of Jesus”, en M. Sgarbi (ed.), Francisco Suarez and His Legacy. The Impact of Suárezian Metaphysics and Epistemology on Modern Philosophy, Vita e Pensiero, Milano, 2010, pp. 77-90.↵
- Udías Vallina, A., Los jesuitas y la ciencia. Una tradición en la Iglesia, Mensajero, Bilbao, 2014, pp. 15-20.↵
- Udías Vallina, A., Los jesuitas y la ciencia…, p. 69.↵
- Para un estudio introductorio e ilustrativo de las diferencias, cfr. Fastiggi, R., “Algunos puntos de acuerdo y desacuerdo entre Suárez y Tomás de Aquino en la metafísica y la teología dogmática”, Studium. Filosofía y Teología, 40 (2017), pp. 79-84.↵
- Pereira, J., Suárez between…, p. 10: “Disputationes Metaphysicae […] it refers to 245 authors, and has 7709 citations, including 1735 of Aristotle, and 1008 of Aquinas. […] between 1597 and 1636 [D. M.] went through 17 editions”. Por lo demás, y como se verá reflejado posteriormente, el siguiente texto está basado en la edición bilingüe de la editorial Gredos y en el texto latino on line de las D. M. Con todo, la traducción no es enteramente la misma, sino que ha sido modificada cuando se ha considerado conveniente en virtud de destacar términos o frases que me parece son más fieles al latín de Suárez.↵
- Para una breve historia de los hitos principales históricos y filosóficos de la escuela de Salamanca, cfr. Pena González, M. A., “Aproximación histórica a la escuela de Salamanca”, Salmanticensis, 52 (2005), pp. 69-119. ↵
- A modo de introducción sobre el pensamiento metafísico de Suárez en contexto, cfr. Grabmann, M., “Naturaleza metodológica y actualidad de las Disputaciones metafísicas de Francisco Suárez”, Azafea. Rev. Filo., 8 (2006), pp. 149-179. Cfr. Jaume, A. L., “Algunas notas sobre el tomismo de Suárez y sus principales tesis metafísicas: un intento de clarificación”, Estudios Filosóficos, LXVI (2017), pp. 463-487.↵
- Prieto López, L. J., Suárez y el destino…, 2013, pp. 47-51: véase allí la novedad especulativa, que es la independencia de criterio respecto de Tomás de Aquino y Aristóteles, y la novedad metodológica, que es el tratamiento sobre los temas sin ser un comentario al tratado de la Metafísica aristotélica. Y en concordancia con ello, la meticulosa elaboración suareciana de los índices que acompañan la obra.↵
- Copérnico, N., Sobre la revolución (de los orbes celestes), Tecnos, Madrid, 2009, pp. XIII-LXVI. Véase en el estudio preliminar la vida de Copérnico, los avatares de la edición del De revolutionibus, y su parcial antecedente en su Commentariolus (1507), el impulso de Rheticus y la edición de Osiander.↵
- Sobre la impronta y el cuestionamiento de la matemática en la Compañía de Jesús y la figura de Clavius, cfr. Paradinas Fuentes, J. L., “Las matemáticas en la ratio studiorum en los jesuitas”, Llull, 35/75 (2012), pp. 129-162.↵
- Udías Vallina, A., Los jesuitas y la ciencia…, p. 23.↵
- Bruno, G., Del infinito: el universo y los mundos, Gredos, Madrid, 2014, p. X.↵
- Descartes, R. Reglas para la dirección del Espíritu, Gredos, Madrid, 2011, pp. X-XI. Cfr. Schmitt, Ch. B., Aristóteles y el Renacimiento, 2004, p. 122.↵
- Mendoza, J. M. F., “Francisco Suárez y su defensa de un aristotelismo metafísico-cosmológico. Un estudio de caso sobre autoridades fuentes”, Contrastes, 29/1 (2024), pp. 23-41.↵
- Para una historia de la revolución cosmológica, y particularmente del lugar de Galileo, cfr. Granada, M. Á., “La revolución cosmológica: de Copérnico a Descartes”, en J. Echeverría (ed.), Del Renacimiento a la Ilustración II, Trotta, Madrid, 2013, pp. 13-57. ↵
- Burlando, G., “Suárez y la filosofía moderna”, Educação e Filosofia, Uberlândia, 35/74 (2021), p. 1046.↵
- Sobre un detenido y sopesado estudio acerca de la traslatio studiorum como fenómeno netamente medieval desde la Antigüedad Tardía griega, latina, judía y árabe hasta el siglo XV, cfr. Florido, F., Las filosofías de la Edad Media. Crisis, controversias y condenas, Biblioteca Nueva, Madrid, 2010, pp. 89-133. Sobre el nuevo carácter de apertura de las universidades en general, el impacto de la reforma-contrarreforma, la formación científica en contacto con artesanos y el cambio de concepción respecto de los libros, cfr. Van Dülmen, R., Los inicios de la Europa Moderna, siglo XXI, España, 2009, pp. 277-286.↵






