Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

VI. Entre la popularización y la festivalización de las conmemoraciones de la Batalla de Salta en el primer peronismo

Cultura tradicional y folklore en Salta

Luciana Sofía Dimarco

Entre 1946 y 1955, durante el primer peronismo en Salta, se vieron cuestionados algunos elementos en los que la elite salteña fundaba sus privilegios y su prestigio, el acceso a espacios de poder, y sus formas tradicionales de hacer política, y se implementaron medidas que amenazaron los intereses de parte de este grupo. En ese marco, el gobierno peronista local expropió el Club 20 de Febrero (en adelante, C20F), asociado por excelencia a la elite salteña, y vinculado especialmente a la conmemoración de la Batalla de Salta (en adelante, BS).

Este evento histórico (ocurrido el 20 de febrero de 1813, en la ciudad de Salta) fue un enfrentamiento bélico, en el marco de la guerra independentista, entre las tropas españolas y el Ejército del Norte (liderado por Manuel Belgrano), en el que vencieron los segundos. Desde la historiografía, se considera que esta victoria patria habría frenado el avance de los realistas, contribuyendo a fortalecer el gobierno criollo años antes de que se declarara la independencia de España.

La elite nucleada en el C20F tuvo un rol central en la conmemoración de la BS: el club no solo fue inaugurado en el marco del homenaje a esta fecha, sino que además tomó esta última como nombre, coincidiendo su fundación –el 20 de febrero de 1858– con el aniversario de dicha batalla.

Este grupo se apropió de un pasado reciente, fundamental para situar la provincia en la construcción de una tradición nacional, porque la BS era considerada la primera gloria que Salta le ofreció a la patria –lo cual entrañaba un gran reconocimiento–, y un hecho fundante de la historia y de la sociedad salteñas. Así, este grupo se autoproclamó como heredero legítimo de las glorias y del heroísmo de quienes pelearon en la guerra independentista,[1] y con el derecho y el deber de honrar esta batalla (Dimarco, 2017a, 20017b y 2018).

Por ello, todos los 20 de febrero, en los salones del club se hacía el Baile de gala, que celebraba un nuevo aniversario de la BS y de la propia institución, evocando el baile que, luego de la contienda, habrían brindado algunas familias salteñas a los jefes de ambos ejércitos, que habían depuesto su mutua enemistad. Este baile se volvió una práctica ritual sustantiva en la producción y en la reproducción del grupo nucleado en el club, y fue uno de los números centrales del programa oficial festivo hasta la primera mitad del siglo XX.

Por su parte, la conmemoración oficial de la BS, en manos del gobierno provincial, se convirtió, desde la primera década del siglo XX, en un ritual estatal por excelencia, para la celebración de la obra pública recientemente inaugurada. Además, esta ceremonia, fundamental en el proceso formativo del Estado, consolidaba la comunidad salteña: al actualizar y evocar ese evento histórico fundante, congregaban a los distintos grupos e individuos como parte de un colectivo mayor.

Ahora bien; la expropiación del C20F por parte del gobierno peronista provincial,[2] actuó como una medida de disciplinamiento social para con la elite, de reasignación de jerarquías sociales, y como una demostración de fuerzas por parte del oficialismo, ya que este espacio era asociado a la oposición y la oligarquía. Por ende, se trata de un momento clave para analizar la pervivencia y las transformaciones en las formas de celebrar tal acontecimiento, y desde allí evaluar las reconfiguraciones en los modos de hacer política, y de construir legitimidad en Salta, a mediados del siglo XX.

Este capítulo aborda estas conmemoraciones de la BS, en el marco de los primeros gobiernos peronistas. Atendiendo al modo en que se actualizaban los sentidos de esta instancia conmemorativa, en tanto ritual de Estado, y a los efectos que tuvieron las medidas del gobierno provincial contra el C20F, en el programa festivo oficial, nos preguntamos por los procesos de popularización y de festivalización de las celebraciones.

Para aproximarnos a estas celebraciones (a las prácticas conmemorativas, a los sentidos que circulaban, a los actores involucrados), revisamos las notas y las crónicas sobre la conmemoración de la BS en la prensa local (entre 1946 y 1954), y consultamos documentos gubernamentales. En definitiva, buscamos reconsiderar el primer peronismo en Salta, atendiendo a una dimensión local hasta ahora no abordada, ya que los trabajos historiográficos existentes (Michel 2004a, 2004b y 2008; Michel, Torino y Correa, 2003, y Correa y Quintana, 2005 y 2013) se centraron principalmente en la dimensión institucional partidaria y en el análisis de los conflictos electorales, dejando de lado una diversidad de aspectos, relaciones y espacios de la vida social implicados, que forman parte de las tramas políticas y de poder. Este trabajo busca entonces complementar esa bibliografía previa, y darle mayor complejidad al tratamiento de esos procesos, atendiendo al modo en que el peronismo salteño se configura también desde la densidad de ciertos entramados socio-culturales, en procesos que exceden la dimensión político-partidaria.

Memoria patria y tradición salteña

A partir de 1946, nuevos actores comenzaron a participar en los actos oficiales por la BS, organizados por la 5ª División del Ejército Argentino y el gobierno provincial[3] (entre ellos, algunos representantes gremiales, que se sumaron a la comitiva oficial). También empezó a intervenir el Instituto Belgraniano de Salta,[4] que hizo su presentación el 20 de febrero de 1951, año a partir del cual acudió al acto conmemorativo en la plaza Belgrano, con un representante encargado de pronunciar un discurso alusivo y de entregar una ofrenda floral a la estatua de Belgrano. El Instituto Sanmartiniano de Salta se unió a esos actos desde 1951, y en los años siguientes participó con un delegado que también colocaba flores en el monumento a Belgrano. Ambos tuvieron una fuerte vinculación con la 5ª División del Ejército en Salta, ya que varios militares formaron parte de esos espacios.[5]

La participación novedosa de estas instituciones, dedicadas al estudio histórico y la exaltación de la vida y la obra de Belgrano y San Martín (actuando además, probablemente, como filiales de los institutos homónimos a nivel nacional),[6] permite repensar su lugar en la construcción de ciertos hechos y personajes del pasado nacional que merecían ser celebrados como parte de la memoria nacional, ya que se erigían allí como voces autorizadas al respecto, como legítimas perpetuadoras de esa memoria, enalteciendo a Belgrano como el héroe que consagró el suelo y el pueblo salteños en aquella gloria.

Gauchos patriotas de Salta

Otra institución que se incorporó a los actos oficiales fue la “Agrupación tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes” (en adelante, ATSGG), fundada el 23 de septiembre de 1946 en la ciudad de Salta, teniendo como propósito “fomentar el culto a nuestra tradición […], con la más absoluta prescindencia de afinidades políticas ni la implantación de teorías exóticas […], teniendo como símbolo […] los colores de nuestro Pabellón Nacional”, y apelando a la necesidad de “cultivar nuestras costumbres nativas” ya que el gaucho salteño era “el más auténtico”.[7] Según Villagrán (2012), esta agrupación se constituía en la pata “güemesiana” de la elite salteña,[8] porque a partir de su creación comenzó a organizar los actos conmemorativos del fallecimiento de Martín Miguel de Güemes,[9] y a monopolizar su culto y la honra a su memoria y su gesta.[10]

La ATSGG no solo comenzó a participar, desde 1947, de los festejos oficiales cada 20 de febrero, con sus gauchos montados desfilando en los actos, sino que además organizó sus propios festejos,[11] consistentes en “fiestas gauchas-criollas” y “festivales hípicos” que se hacían en el predio de la Sociedad Rural Salteña. Contaban con la presentación de artistas reconocidos en la escena nacional y regional de música “norteña”, “indio-americana” y “criolla”, e incluían concursos de bagualas, de “bailes tradicionales”[12] –zamba, gato, chacarera– y de doma de potros.

La creación de esta institución, y las actividades que desarrollaba, se inscribieron en un momento clave del período peronista, en el que se multiplicaron las asociaciones de este tipo –junto a peñas y academias que abogaban por la defensa de la cultura “tradicional” argentina–, posibilitando la incorporación de diversos sectores de la sociedad civil al movimiento folklórico promocionado oficialmente por el gobierno peronista (Chamosa, 2012). Los centros criollos y tradicionalistas empezaron a vincularse más fluidamente con el Estado y con sus funcionarios, ya que, en las fechas patrias, desfilaban con sus escuadrones gauchos; auspiciaban números folklóricos, y ofrecían reuniones celebratorias en las que participaban los gobernantes.

Aunque se sugirió que la creación de la ATSGG habría tenido que ver con el ascenso del peronismo y el peligro que éste representaba para la elite salteña (Villagrán, 2012), y aunque el 43% de sus socios fundadores (38 de 88) estuvieran vinculados al C20F, algunos elementos permiten pensar que no había una relación conflictiva entre la ATSGG y el gobierno peronista salteño.

Si analizamos a los integrantes de la agrupación en sus orígenes, encontramos que, entre quienes estaban vinculados al C20F, varios eran importantes propietarios de fincas y productores agrícolas-ganaderos que pertenecían a o estaban relacionados con la Sociedad Rural Salteña,[13] la cual defendía los intereses de los grandes terratenientes y empresarios agropecuarios. Esta parte de los miembros fundadores de la ATSGG encarnaba el “perfil de un patrón como gaucho de campo y empresario agrícola” (Agüero, 2014: 96).

También identificamos, de entre los fundadores, a un grupo vinculado a la literatura y el periodismo salteños. Algunos eran figuras muy reconocidas, grandes escritores y poetas nacionalistas conservadores e hispanistas, como Juan Carlos Dávalos y Ernesto Aráoz; otros estaban asociados a la bohemia y a las producciones folklóricas de corte más popular, como Guillermo “Pajarito” Velarde Mors, José Solís Pizarro y César Perdiguero[14] (De la Cruz, 2011). Especialmente los dos primeros propiciaron espacios cerrados como las veladas que organizaban en sus casas, en donde se hacían guitarreadas e intercambios con artistas distinguidos del ambiente local y regional (Villagrán y López, 2017). Por último, advertimos que algunos miembros fundadores estaban vinculados con el peronismo local: Perdiguero, Julio Argentino San Millán, y posiblemente Solís Pizarro.[15]

El análisis realizado sugiere que no se trató de una institución opositora al peronismo, en tanto algunos de sus integrantes eran peronistas, y en su conformación probablemente convergieron distintos sectores y grupos de la sociedad salteña. Si bien un poco menos de la mitad pertenecía a la elite salteña y sus círculos, incluyendo algunos miembros de los sectores propietarios y empresarios agro-ganaderos, creemos que también se incorporaron sectores medios de la sociedad, posiblemente profesionales y comerciantes, aunque no disponemos de datos para 43 de los socios fundadores. En ese sentido, pensamos que el surgimiento de la ATSGG coincidió con los casos de otras instituciones tradicionalistas similares, de tipo paternalista, en las que, desde la meta común de preservar las tradiciones gauchas y el culto a la patria, los terratenientes y los notables locales organizaban a su peonada en un ámbito común, para demostrar destrezas ecuestres y otras habilidades campestres, compartiendo actividades que acortaban las distancias sociales (Chamosa, 2012). Esto les permitía, a los gauchos decentes y a los señores del campo, junto a los hombres de letras (que construían representaciones acerca de la autenticidad de los espacios rurales, y del gaucho como arquetipo de la nacionalidad y de la salteñidad), reforzar de maneras más discretas el control sobre sus peones y sus dominios. De esta manera, podía formar parte de este espacio todo aquel que compartiera la inquietud por preservar y fomentar las tradiciones y costumbres representativas de los gauchos salteños, que estuviera asociado a (o conociera) la actividad rural y el mundo del gauchaje, y demostrara destrezas.

Creemos que, si bien existía cierta heterogeneidad respecto de los fundadores de la ATSGG (desde el punto de vista de su origen social, sus vínculos familiares y sociales en general, su fortuna y su desempeño laboral), el fomento de la cultura tradicional salteña (en base a la figura de Güemes como héroe gaucho) se constituyó en un espacio capaz de conciliar diferencias, a partir de principios y de valores comunes unificadores. A la vez, instalar esta asociación entre lo gaucho y lo folklórico supuso remover nuevamente la figura del gaucho salteño como héroe (ya tamizado por anteriores reinterpretaciones), desplazándolo de las disputas entre grupos sociales y político-partidarios (en las que se inserta la expropiación del C20F), para inscribirlo en el terreno cultural (Villagrán, 2012). Desde ese corrimiento, distintos grupos y sectores socio-económicos y políticos podían integrar el mismo espacio, haciendo confluir valores y prácticas celebratorias de la tradición y la cultura salteñas diferentes (y a veces contradictorias entre sí).[16]

Respecto de los vínculos de la ATSGG con el gobierno peronista salteño, varios elementos sugieren no solo el apoyo oficial hacia ésta, sino también una mutua colaboración, que puede verse en la organización y participación de la primera en fiestas patrias y en eventos culturales y artísticos organizados por el segundo. Según testimonios, el Gobernador peronista Lucio Cornejo Linares patrocinó a un grupo de socios fundadores para que desfilaran en Buenos Aires, en la conmemoración por la muerte de San Martín.[17] En 1948, la Dirección de Asuntos Culturales (en adelante, DAC),[18] y las Comisiones Honoraria de Cultura[19] y de Folklore de Salta[20] que dependían de la primera, convocaron al presidente de la agrupación (Ricardo Day), a integrar la segunda comisión junto a otros dos miembros fundadores (Perdiguero y Solís Pizarro). Esta comisión congregó a actores de ámbitos tales como la educación, los estudios históricos en Salta y la construcción de una salteñidad más conservadora, y a figuras del mundo de las letras, de la bohemia, del folklore salteño y de la tradición gaucha, algunos más reconocidos y otros más nuevos.[21]

La creación tanto de esta repartición estatal dedicada a la cultura, como de las comisiones mencionadas, respondía a una política cultural tendiente a “propiciar la extensión popular de la cultura en sus diversas manifestaciones […], poner al alcance popular […]” el arte como alta cultura, y acercar particularmente las “formas de expresión […] de nuestro terruño” como “arte autóctono y colonial”,[22] gracias a la enseñanza artística y la participación del pueblo en eventos artísticos. Cada comisión se encargaba de un área del arte y de la cultura respectivamente. En ese esquema, la de folklore debía difundir y fomentar “las manifestaciones tradicionales regionales y folklóricas”[23] en la provincia, consideradas “raíz espiritual de la patria”,[24] en colaboración con la comisión nacional.

Resulta particularmente significativo que Ricardo Day fuera convocado en representación de la ATSGG. Esto sugiere que, aunque fuera reciente su formación, esta institución era reconocida como portadora de ciertos conocimientos, experiencia y afinidades, y que como tal, junto a los demás actores designados como conocedores de las tradiciones lugareñas, se convertía en una voz autorizada en materia folklórica, para proponer actividades de conservación y fomento del arte folklórico regional y local, y para decidir qué expresiones artísticas y tradiciones merecen el apoyo oficial.

En el marco de las labores de la DAC de Salta, la Comisión Nacional Honoraria de Folklore le había encomendado a ésta la organización de actos y conciertos artísticos, como parte de una gira oficial por el país,[25] y le había encargado a la Comisión Provincial de Folklore, la selección de un grupo de músicos y de bailarines para representar “las genuinas tradiciones tenidas por más típicas y antiguas de la provincia”, en un certamen nacionalde cantos y bailes folklóricos”,[26] celebrado en Buenos Aires a mediados de 1948. Esa embajada artística de Salta –acompañada por Perdiguero– habría estado integrada por un grupo de “gauchos” de la ATSGG, y habría participado de este acto y de otros en el marco de esa gira.[27] Así, la ATSGG no solo participó en definir las políticas folklóricas del gobierno provincial peronista, incluidos los eventos promovidos en ese marco, sino que además fue elegida como exponente de la tradición salteña para representar a Salta en eventos y certámenes organizados oficialmente.

Otra cuestión sobresaliente, que muestra la relación de colaboración y de cercanía entre el gobierno peronista salteño y la agrupación güemesiana, es el hecho de que, en el mandato de Ricardo J. Durand (entre 1952 y 1955), el Poder Ejecutivo donó el terreno y el edificio en donde la institución instaló su sede (en 1954). Esto fue posible tras la gestión de los directivos de la ATSGG, y de algunos jefes del Ejército Argentino en Salta vinculados a ella, ante el entonces Gobernador, apelando a la necesidad de contar con un lugar propio en el cual los gauchos que desfilaban pudieran reunirse y brindar almuerzos celebratorios,[28] costumbre que se realizaba después de los desfiles patrios. Durand declaró que la construcción, por parte del gobierno provincial, de la sede social de la “querida institución salteña que afinca su quehacer en la viva ejemplaridad del General Gaucho”, respondía al propósito de fomentar y custodiar la “cultura tradicional”, contribuyendo a “robustecer la acción de las instituciones tradicionalistas”.[29] Así, una vez más y de manera especial, se consagraba oficialmente esta asociación como representativa por antonomasia de los valores y las tradiciones salteñas.

La ATSGG habría inaugurado su sede el 19 de febrero de 1955, la noche previa a un nuevo aniversario de la BS. A la fiesta de apertura habrían asistido sus miembros y sus familias, el Gobernador Durand y sus ministros con sus esposas, las autoridades y oficiales del Ejército en Salta, y de la Iglesia. Resulta interesante el hecho de que esta fiesta coincidiera con la celebración de la victoria de 1813, cuando entonces ya no existía más el baile de gala del C20F, y se celebraban otras fiestas populares, lo que nos lleva a pensar si, de alguna manera, el acercamiento de Durand, y el apoyo brindado a la ATSGG –de la que varios integrantes del C20F formaban parte– no podría leerse como una forma de enfriar el asunto de la expropiación, fomentando un tipo de sociabilidad que se suponía estaba fuera de toda cuestión política, y que más bien operaba allí como una apuesta por la exaltación y la conservación de la nacionalidad y de la salteñidad, que unía a distintos grupos sociales y políticos bajo una misma bandera.

Así, las vinculaciones que trazamos, entre el gobierno peronista salteño y la ATSGG, muestran cómo –para los funcionarios peronistas– el apoyo estatal al movimiento folklórico en sus diversas expresiones –y a esta agrupación como centro tradicionalista– se había arraigado significativamente (Chamosa, 2012), poniendo en evidencia las superposiciones y coincidencias de intereses: ambos colocaban al gaucho –y en particular, al gaucho salteño– como arquetipo de la nacionalidad y de la salteñidad, y ambos buscaban conservar y transmitir la cultura criolla y nacional a través de ciertas prácticas que homenajeaban las fechas patrias y propiciaban la inclusión del pueblo. En ese sentido, el criollismo y el regionalismo forjaban un discurso que le permitía, al peronismo, vincular el campo de las luchas políticas con las luchas por la definición de un ethos nacional (Adamovsky, 2015); este discurso seguía funcionando, en esa inflexión, como un mito unificador, legitimando las instituciones estatales y los gobernantes. Esta suerte de peronización de lo gaucho, en clave de cultura nacional, se asentaba en la apuesta del peronismo por aferrar su proyecto político en ciertos símbolos culturales; de allí esta apropiación particular, que permitía incorporar la figura del gaucho –ya consagrada– en una nueva retórica sobre el ser nacional, en donde éste era colocado del lado del pueblo trabajador.

Todo el pueblo celebra

Durante esos años, el gobierno provincial promovió, como parte del programa oficial conmemorativo de la BS, algunos actos artísticos y festejos de carácter popular. Por ejemplo, en 1949 la Subcomisión de Folklore y la DAC le ofrecieron al “pueblo de Salta” un “acto folklórico” y “artístico”,[30] con entrada libre y gran presencia de público, en la Unión Sirio-Libanesa, con la conducción de Perdiguero y la presentación de artistas reconocidos en la escena regional y nacional, y un repertorio musical “indioamericano”, “de auténtico sabor norteño” y “popular”.[31] Dos años más tarde, para conmemorar la fecha patria, el gobierno provincial (con el auspicio de la DAC, de la Dirección de Turismo y de la emisora oficial “Radio Salta”), organizó un concierto de piano en el salón de fiestas del lujoso Hotel Salta,[32] que también habría contado con numeroso público.

En estos dos actos vemos representada la política cultural, pensada y promocionada desde estas reparticiones estatales, incluyendo el acercamiento de la alta cultura europea al pueblo, y la preservación de la cultura popular y folklórica (De la Cruz, 2011). La realización de estos dos actos artísticos –uno culto y otro popular– permite ver cómo se conjugan diferentes elementos en la popularización de la celebración, en los años peronistas.

A partir de 1953, comenzaron a realizarse los llamados “Bailes de la Victoria”, los 20 de febrero, con música y bailes folklóricos y populares, evidenciando cómo se fue desplazando esta celebración hacia el folklore, que pasó a jugar un papel central en estos festejos masivos.

El primer y gran “Baile de la Victoria” fue organizado por el gobierno provincial, como el número central del programa de festejos por el 140 aniversario de la BS. Tuvo lugar la noche del 20 de febrero de 1953 en la plaza 9 de Julio, en la que antes solían reunirse los curiosos a observar la llegada de los invitados al baile del C20F. Contó con la asistencia de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, de dirigentes gremiales, y con gran concurrencia del pueblo salteño. Incluyó la presentación de conjuntos y artistas locales del folklore, y bailes folklóricos y populares. La prensa lo caracterizó como una “extraordinaria fiesta popular”[33] que reunió a “millares de hombres y mujeres del pueblo que sumaron así su emocionada recordación al héroe del 20 de Febrero y sus aguerridos gauchos salteños”.[34]

Este baile resultó sumamente significativo por su inflexión folklórica, ya que además volvió a celebrarse al año siguiente de cancelada la personería jurídica del C20F, cuando éste había dejado de existir (por lo que ya no podía celebrar el baile de gala que, durante tantos años, había sido el evento de la elite nucleada para festejar la BS y el aniversario del club). Así, esta fiesta popular, abierta a todo el pueblo y de concurrencia masiva, se erigía en clara contraposición con respecto al tradicional baile del club, que se había caracterizado por ser exclusivo y excluyente. La BS ya no era festejada de forma exclusiva por la elite, que se referenciaba en la evocación del baile ocurrido luego de la batalla, sino que ahora era todo el pueblo salteño reunido el que evocaba ese suceso, y era partícipe y protagonista del baile del que por tanto tiempo había sido marginado, y lo celebraba ocupando la plaza principal de la ciudad, que remitía al centro del centro de la ciudad y de la sociedad salteña. Así, el gobierno peronista salteño se reapropiaba del sentido de esta festividad, impartiéndole una impronta más inclusiva e integradora.

Además, este nuevo “baile de la victoria” era celebrado en la plaza principal, frente al edificio expropiado del C20F, que ahora era la “casa para todo el pueblo”,[35] desde donde se abría y extendía esta fiesta a todos los salteños, desplazando el baile tradicional de la elite, y ocupando el centro de la ciudad. La elite quedaba así desplazada física y simbólicamente, y relegada a celebrar esta fecha en la “clandestinidad”.[36]

Sostenemos que este nuevo baile se constituía como una instancia clave de legitimación del peronismo salteño, pues a la vez que éste se apropiaba de hecho del centro y del corazón de las cosas (Geertz, 2000), con la incautación de las dos casas del C20F y la expulsión de esta institución del centro de la ciudad, también efectuaba una expropiación simbólica. Bailar y celebrar en la plaza este evento fundante de la historia salteña, como una victoria para todos, afirmaba la nueva soberanía del gobierno peronista y del pueblo sobre la plaza misma y sobre el centro de la ciudad, imponiendo nuevos sentidos simbólicos a este evento, pues a la vez que se desplazaba el club de ese espacio, se instauraban nuevos valores respecto del centro, en tanto este ya no era más de unos pocos, sino que era resignificado como un espacio libre de restricciones físicas y de privilegios sociales.

Al año siguiente, en 1954, se organizaron cuatro “Bailes de la Victoria”,[37] como parte del programa oficial conmemorativo, propiciados por el Concejo Vecinal de Salta (órgano de gobierno municipal, integrado por representantes de las villas vecinales de la ciudad, y presidido por el Gobernador Durand, en su carácter de intendente). Esos bailes populares se realizaron en cuatro clubes barriales y deportivos de la ciudad: Rivadavia, Central Norte, 17 de Octubre y Salta Club. El diario Norte declaraba: “Sin duda que todo el pueblo de Salta expresará en esta emergencia recordativa los lazos de solidaridad que nos unen con los antepasados que dieron su existencia por derribar la cadena de la opresión hispánica en tierra criolla”.[38] Esta experiencia resultaba novedosa porque, por primera vez, el pueblo mismo, por medio de sus delegados barriales, participaba en la organización del festejo para honrar a la BS. Y también por primera vez esta fiesta se expandía y llegaba a los barrios obreros, que representaban la materialización del programa de políticas peronistas y de los principios de justicia social, democratización y bienestar social, como espacios claves para la inserción del peronismo en la sociedad civil (Acha, 2004). Las villas vecinales construidas por el gobierno peronista no solo daban cuenta de la capacidad de acción de éste (pues el derecho a la vivienda, a la educación, a la salud, a la recreación, al deporte y a la participación política y ciudadana estaban prácticamente cubiertos en el mismo radio vecinal), sino que también marcaban la ciudad en su crecimiento, configurando nuevas formas de habitar y de crear comunidad, pertenencias sociales y lealtades políticas compartidas (Aboy, 2005). Estos espacios eran claves porque allí se entramaban alianzas entre distintas instituciones y organizaciones civiles como clubes deportivos, bibliotecas populares, sociedades de fomento, con las unidades básicas partidarias, en un complejo que le permitía al partido y al gobierno peronista tener una presencia situada, que redundaba en la capacidad de movilización, y en la generación de vías de intermediación entre la sociedad política y la civil (Acha, 2004).

Por ello, la expansión del “Baile de la Victoria” a estos clubes deportivos y barriales, propiciada por la expropiación, operaba especialmente como una forma de descentrar y de reposicionar el centro, de territorializarlo en los márgenes de la ciudad, de redistribuir la victoria, y de producir otros –y nuevos– vínculos entre gobierno y sectores populares, inscribiéndose en la construcción de un repertorio novedoso de prácticas políticas (en donde los actos públicos –y especialmente la celebración– se constituían como instancias claves para hacer política y producir Estado). Esto se veía reforzado por el hecho de que, en las ritualidades festivas, se ponía en juego estratégicamente una retórica peronista, a tono con la sensibilidad de la cultura popular del momento, clave para generar cercanía entre los gobernantes y el pueblo trabajador (Neiburg, 2003a; Plotkin, 2007; James, 2010).

Los “Bailes de la Victoria” no pueden pensarse fuera del clima de época del primer peronismo, de festivalización de la vida pública y de peronización de los festivales y conmemoraciones oficiales (Chamosa, 2012), proceso que instaló y modeló una forma de celebración asociada a una liturgia propia del peronismo, conjugando actos políticos, conmemoraciones, espectáculos artísticos, esparcimiento popular y uso estratégico del espacio público (Plotkin,1993; Neiburg, 2003; Gené, 1997; Leonardi, 2018, y Lobato, Damilakou y Tornay, 2004). Este formato de celebración y el repertorio de prácticas que incluía fue inaugurado y habilitado con la conmemoración del “Día de la lealtad” (el 17 de octubre) y del “Día del Trabajador” (el 1ero. de mayo), extendiéndose luego hacia todos los festejos promovidos por el gobierno peronista (Chamosa, 2012; Leonardi, 2018, y Lobato, 2005).

En este contexto, el peronismo promovió y organizó festivales vinculados con las economías regionales, en donde la fiesta incluía la promoción de productos agrícolas, y se proclamaban “reinas” (que luego participaban en la elección de las reinas regionales o provinciales del trabajo, que competían en la “Fiesta Nacional del Trabajo”). Muchas de estas festividades, que ya existían con anterioridad, fueron peronizadas, pues a la celebración de las actividades económicas regionales vinculadas con el trabajo rural, se agregó la celebración tanto de los trabajadores –bajo la figura del “descamisado”– como de Perón como su “liberador”. En esas fiestas se establecían vínculos con los gobernantes peronistas; se mostraban las realizaciones del peronismo, y se prometían nuevas obras públicas (Chamosa, 2012). Estas fiestas se volvieron representativas de una “forma de intervención cultural que subordinó las manifestaciones locales a las políticas diseñadas desde el gobierno nacional, que financió y fagocitó estos sucesos, revistiéndolos de un carácter singular” (Villagrán y López, 2017: 230).

Salta no fue ajena a ello, y como parte de esta peronización de las celebraciones locales –en la que se inscriben los festejos populares de la BS–, el gobierno provincial promovió algunas otras instancias festivas, como la “Fiesta del Tabaco” desde 1947[39] (con la elección de una reina, acompañada de un congreso y exposición de producción e industria tabacalera). Celebrada en Rosario de Lerma (una localidad particularmente vinculada a esta actividad), implicó la resignificación y la apropiación estratégica de la “Fiesta del agricultor” en honor a San Isidro Labrador, superponiéndose a su vez con la celebración local de la Pachamama (Rodríguez Falardo y Zilocchi, 2012).

El gobierno peronista salteño también organizó la “Fiesta de la Vendimia” en la localidad de Cafayate, realizada por primera vez 1941 y continuada hasta 1955. Esta celebración no solo se volvió ocasión para promover la vid y el vino cafayateños, sino también el turismo que comenzaba a fomentarse en la zona. Por ello, para la vendimia de 1955 la Dirección de Turismo y Cultura auspició la realización de “festejos típicos” en Cafayate, que habrían contado con gran participación popular y afluencia de turistas.[40]

La victoria redistribuida

El recorrido que hicimos por las conmemoraciones de la BS, durante el primer peronismo, permitió advertir de qué manera esta fiesta siguió siendo una ocasión propicia para la formación de estatalidad en distintos niveles, en tanto ritual de Estado que le permitía, al gobierno provincial peronista, legitimarse en el centro del centro, apropiándose de este lugar simbólico, y celebrarse a sí mismo promoviendo fiestas y actos artísticos populares, y apelando a un pasado colectivo actualizado en el presente (Balandier, 1994, y Geertz, 2000).

En el caso de la conmemoración de la BS, la fiesta popular erigía el nuevo centro del centro porque la elite salteña del C20F era desplazada y, al mismo tiempo, se desplazaban con ella las prácticas y los sentidos en torno a este suceso patrio, que antes remitían de forma exclusiva a la elite. Sostenemos que estos rituales celebratorios, que convocaban a las multitudes apelando a la sensibilidad popular, eran claves en la construcción de cierta estatalidad que ponía en el centro la idea de lo público y del bienestar colectivo. Allí se articulaban recursos asociados a la fiesta, a la movilización de símbolos de pertenencia locales, y la apropiación de los sentidos proyectados sobre la BS.

Durante esos años hubo una resignificación en clave peronista de este suceso y de sus rituales, buscando refundar el orden político gracias al carácter conciliatorio y emancipador de la BS, pero revistiéndolo además de otros sentidos como la democratización, la justicia y el bienestar social, que se materializaban en el espacio mismo de la ciudad, a través de la apertura y expansión de esta fiesta.

En especial, los “Bailes de la Victoria” se volvieron centrales en la reapropiación que realizó el peronismo de la conmemoración de la BS, y en la apropiación del centro/corazón de las cosas, dado que los bailes populares se convirtieron en una forma de abrir el centro al pueblo salteño, y de llevarlo hacia los espacios más periféricos de la ciudad. Y constituían así, un modo de extender y redistribuir la doble victoria: la patria independentista de 1813, y la peronista, también emancipatoria (incluyendo el triunfo de la justicia, la equidad, la inclusión, sobre la injusticia, la desigualdad, los privilegios y la exclusión).

El C20F fue expulsado del centro de la ciudad –y del lugar protagónico en la celebración de esta fecha histórica–, evidenciando que la disputa desatada por la expropiación incluía otra disputa, simbólica, sobre la legitimidad de la elite para definir las tradiciones salteñas y los relatos sobre el pasado provincial y su inserción en la historia nacional. Los nuevos “Bailes de la Victoria” imprimían un carácter victorioso a un sujeto antes opacado en el relato de la elite, que se proclamaba como única heredera de las glorias de la BS. Ahora todo el pueblo salteño era digno de celebrar este hecho patrio con un baile, apropiándose del mismo y multiplicándolo en las villas vecinales, espacios fundamentales para consolidar la vecindad y los vínculos peronistas.

En esta inflexión, en la que se peronizaron varias conmemoraciones patrias y de otro tipo, articulándose prácticas y sentidos previos y nuevos (que generaron un repertorio político propio), se habitó la fiesta como un espacio privilegiado desde el cual construir estatalidad, hacer política, y producir cercanía entre gobernantes y pueblo. La celebración emergió entonces como un lugar clave de formación y de sostenimiento de lealtades políticas, de nuevos modos de comunicación e intermediación política, y de lazos que igualaban e integraban a todo el pueblo, dejando atrás las diferencias y los privilegios sociales dominantes en el pasado.

Bibliografía

Fuentes primarias

Actas y discursos

Acta fundacional de la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes, 23 de septiembre de 1946, Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes.

Cornejo Linares, L. A. (1948). Mensaje del Gobernador de Salta al inaugurar el tercer período ordinario de sesiones de las HH. CC. Legislativas, Biblioteca Provincial Victorino de la Plaza (BPVP).

—- (1949). Mensaje del Gobernador de Salta al inaugurar el cuarto período ordinario de sesiones de la HH. CC. Legislativas, BPVP.

Durand, R. (1955). Mensaje de S.E. Gobernador de Salta a la Asamblea Legislativa. 1º de Mayo 1955, BPVP.

Ministerio de Gobierno, Justica e Instrucción Pública de Salta (1948). Organización del trabajo cultural. Creación de la Comisión Honoraria de Cultura de la Subcomisión Provincial Honoraria del Folklore y de la Dirección de Asuntos Culturales, BPVP.

Publicaciones periódicas

El Intransigente, 21 de febrero de 1951, Biblioteca de la Universidad Católica de Salta.

El Intransigente, 17, 20 y 21 de febrero de 1946; 17, 18, 20 y 21 de febrero de 1947, y 16, 17, 18, 19, 20, 21 de febrero de 1949, Hemeroteca del Archivo y Biblioteca Históricos de Salta (HABHS).

El Tribuno, 15, 17, 18, 19, 21, 23 de febrero; 6 de agosto de 1950; 16, 19, 20, 21 de febrero de 1951, y 15, 16, 17, 19, 20 de febrero de 1952, HABHS.

La Nación de Santiago de Chile, 20 de febrero de 1948. https://bit.ly/3BikPPK

Norte, 9, 13, 16, 17, 18, 20, 21, 22 y 26 de febrero de 1947; 17, 19, 20, 21 de febrero de 1949; 16, 18 y 19 de febrero de 1952; 19, 20, 21 y 22 de febrero de 1953, y 16, 17, 18, 19, 22 de febrero de 1954, HABHS.

Fuentes secundarias

AA.VV. (2008). El Guardamonte, Revista de la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes, nº 4.

Acha, O. (2004). “Sociedad civil y sociedad política durante el primer peronismo”, Desarrollo Económico, vol. 44, nº 174.

Adamovsky, E. (2015). “El criollismo en las luchas por la definición del origen y del color del ethos argentino 1945-1955”, E.I.A.L., vol. 26, nº 1.

Agüero, G. (2014a), De la Finca al Country. Un acercamiento a los recientes procesos de reconfiguración socio-espacial en Salta a través de los casos de La Merced Chica y El Encón Chico (1990-2014). [Tesis de licenciatura, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta, mimeo].

Andolfi (s/r). “El gaucho poeta” en Enciclopedia Digital de la Provincia de Salta. https://bit.ly/3iywKST.

Balandier, G. (1994). El poder en escenas. De la representación del poder al poder de la representación, Buenos Aires: Paidós.

Cavalletti, M. (2021). “A 100 años del nacimiento de César Perdiguero”, Página 12, 7 de mayo. https://bit.ly/3FBGg0R.

Chamosa, O. (2012). “El folklore criollo en la escena nacional” en Breve historia del folclore argentino, 1920-1970, Buenos Aires: Edhasa.

Correa, E. y Quintana, S. (2005). “Crisis y transición en la organización del Partido Peronista salteño: del comité a las unidades básicas (1949-1952)”, Revista Escuela de Historia, vol.1, nº 4.

—- (2013). “Las agencias de poder: intervenciones partidarias y formación del partido peronistas en Salta (1949-1952)” en Macor, D. y Tcach, C. (eds.). La invención del peronismo en el interior del país II, Santa Fe: UNL.

De la Cruz, L. (2011). Salta 1930-1960. Un relato de pintores, rupturas e identidades, Salta: Galería Fedro.

Dimarco, L. S. (2017a). Las conmemoraciones de la “Batalla de Salta”: el Club 20 de Febrero y su baile. Una reconstrucción antropológica de las tramas de poder en Salta entre mediados del siglo XIX y mediados del XX. [Tesis de Licenciatura, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta, mimeo].

—- (2017b). “Formando estatalidad, construyendo salteñidad, haciendo la ciudad. La conmemoración de la ‘Batalla de Salta’ a través de los festejos ‘oficiales’. Salta, Argentina (Fines del siglo XIX-mediados del siglo XX)”, Ponta de Lança, nº 11.

—- (2018). “Conmemoraciones y apropiaciones sociales conciliadoras: el caso de la ‘Batalla de Salta’”, Tramas/Maepova, vol. 1, n° 6.

Geertz, C. (2000). Negara, El Estado-teatro en el Bali del siglo XIX, Barcelona: Paidós.

Gené, M. (1997). “Política y espectáculo. Los festivales del primer peronismo: el 17 de Octubre de 1950” en AA.VV. Arte y Recepción, 7º Jornadas de Teoría e Historia de las Artes, Buenos Aires.

James, D. (2010). “El peronismo y la clase trabajadora, 1943-1955” en Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina, Buenos Aires: Siglo XXI.

Leonardi, Y. (2018). “Espacio público y cultura popular durante el primer peronismo: La “Fiesta del trabajo””, Sudamérica, nº 8.

Lobato, M., Damilakou, M. y Tornay, L. (2004). “Belleza femenina, estética e ideología. Las reinas del trabajo durante el peronismo”, Anuario de Estudios Americanos, t. 61.

López, I. (2016). “Gauchos guerreros y poetas cantores. Representaciones identitarias en las letras del folklore en Salta”, Estudios sociales del NOA, nº 16.

Michel, A. del V. (2004a). “Conflicto político y sindical en Salta (1947-1949)”, Cuadernos de Humanidades, nº 15.

—- (2004b). “Conflictos políticos en la Provincia de Salta después del triunfo electoral de Perón en 1946”, Revista Escuela de Historia, vol. 1, nº 3.

—- (2008). “Elecciones legislativas en la provincia de Salta durante las presidencias peronistas (1946-1951)”, Revista Escuela de Historia, vol. 1, nº 7.

Michel, A. del V., Torino, M. E. y Correa, E. (2003). “Crisis conservadora, fractura radical y surgimiento del peronismo en Salta (1943-1946)” en Macor, D. y Tcach, C. (eds.). La invención del peronismo en el interior del país, Santa Fe: Editorial UNL.

Neiburg, F. (2003). “El 17 de Octubre en la Argentina. Espacio y producción social del carisma” en Balbi, F. y Rosato, A. (comps.). Representaciones sociales y procesos políticos: estudios desde la Antropología social, Buenos Aires: Antropofagia.

Plotkin, M. (1993). “Rituales políticos, imágenes y carisma: la celebración del 17 de octubre y el imaginario peronista, 1945-1950”, Anuario del IEHS, nº 8.

Rodríguez Faraldo, M. y Zilocchi, H. (2012). Historia del cultivo del tabaco en Salta, Buenos Aires: Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.

Villagrán, A. (2012). Un héroe múltiple. Güemes y la apropiación social del pasado en Salta, Salta: UNSa.

Villagrán, A. y López, I. (2017). “La serenata a Cafayate. “Un regalo para el pueblo’ en el proceso de transformación de la fisionomía tradicional, Trabajo y Sociedad, n° 29.


  1. Varios socios fundadores pertenecían a familias que se vanagloriaban por su participación en las luchas independentistas (y en especial, en la BS).
  2. En 1950 se expropió la sede del C20F, ubicada frente de la plaza fundacional y central de la ciudad (9 de Julio), para convertirla en casa de gobierno. En 1952 se canceló su personería jurídica, y se confiscó el inmueble adquirido por el club, frente a la misma plaza.
  3. Además de aquellos que lo hacían desde mediados del siglo XIX: Ejército, Gobierno local, Magistratura salteña, escuelas, y pueblo en general.
  4. En esos años estuvo conformado por profesionales e intelectuales salteños, de reconocida trayectoria en la política, en el ámbito intelectual, en la educación, la cultura, las artes y la historia, desempeñándose por entonces algunos de ellos en reparticiones educativas y culturales, como miembros de las Comisiones Honorarias de Cultura y de Folklore de Salta, y miembros del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta (el cual, creado en 1937, fomentaba investigaciones históricas sobre el proceso independentista y sobre personajes locales valorados como “centrales” para la historia y la sociedad salteñas).
  5. Esto tiene sentido en tanto la BS fue construida, desde el ámbito militar, como un evento fundante de las fuerzas armadas locales. A partir de la década de 1930, su conmemoración se tornó ocasión para que éstas reclamaran honores para los héroes que derramaron su sangre en esa contienda bélica, valorada como hazaña militar del Ejército del Norte, en tanto primer ejército patrio.
  6. El Instituto Sanmartiniano (1933) había sido nacionalizado por el peronismo unos años antes. El Instituto Belgraniano nacional fue fundado en 1944.
  7. Acta fundacional de la ATSGG, 23 de septiembre de 1946.
  8. Por mucho tiempo, esta había mantenido una posición conflictiva en torno al reconocimiento del héroe gaucho.
  9. Gobernador y militar salteño, dirigió la guerra gaucha, de defensa de la frontera norte de la actual Argentina contra los realistas, reconocida como epopeya clave para el proyecto de emancipación latinoamericana de San Martín y de Bolívar (Villagrán, 2012).
  10. Entre los fundadores de la ATSGG, había dos descendientes de Güemes.
  11. Tenemos conocimiento de festejos realizados en 1947, en 1949 y en 1952.
  12. Términos utilizados en las notas y avisos de los diarios: Norte 13, 17 y 22 de febrero de 1947; 19 y 21 de febrero de 1949; El intransigente, 19 de febrero de 1949, y El Tribuno, 19 de febrero de 1952.
  13. https://bit.ly/3FzRseg.
  14. Escritor, periodista y músico folklórico, fue animador y organizador de numerosos eventos artísticos y culturales, además de desempeñarse como director de Turismo y Cultura de Salta entre 1954 y 1955 (Cavalletti, 2021; https://bit.ly/3HiDJK5).
  15. Andolfi (s/r).
  16. Villagrán (2012: 162) sostiene que las imágenes de Güemes reúnen sentidos diversos que alojan interpretaciones diferentes y contradictorias “que oscilan entre el ‘joven aristócrata’ y ‘el padre de los pobres’, y en términos raciales, desde hijo de pura raza española hasta exponente […] local de mestizaje”, y que éstos se subsumen, a partir de la estetización literaria de Juan Carlos Dávalos, en la representación mitológica de Güemes como tipo ideal salteño.
  17. Revista El Guardamonte, ATSGG, nº 4, año 2008.
  18. Dependía del Ministerio de Gobierno, a cargo del abogado y poeta Julio Díaz Villalba.
  19. La integraron actores de la intelectualidad y las artes en Salta, algunos ya consagrados –en la figura del notable y del aficionado–, y otros más nuevos, algunos profesionales (De la Cruz, 2011).
  20. Ministerio de Gobierno, Justicia e Instrucción Pública de Salta. 1948. Organización del trabajo cultural. Creación de la Comisión Honoraria de Cultura de la Subcomisión Provincial Honoraria del Folklore y de la Dirección de Asuntos Culturales. En adelante: Ministerio de Gobierno de Salta (1948).
  21. Como Perdiguero (López, 2016).
  22. Cornejo Linares (1948: 83).
  23. Cornejo Linares (1948: 83).
  24. Ministerio de Gobierno de Salta (1948: 12).
  25. Cornejo Linares (1949).
  26. Ministerio de Gobierno de Salta (1948: 32).
  27. Relato de Jorge Virgilio Núñez, socio de la ATSGG, cuyos familiares participaron de esta embajada (https://bit.ly/3VGXbED).
  28. García Bes, Tomás. “Origen de la sede social”. Escrito facilitado por la ATSGG.
  29. Durand (1955: s/p).
  30. Diario Norte, 20 de febrero de 1949. Diario El Intransigente, 21 de febrero de 1949.
  31. Diario Norte, 20 de febrero de 1949. Diario El Intransigente, 21 de febrero de 1949.
  32. Era propiedad del Gobierno de Salta.
  33. Diario Norte, 20 de febrero de 1953.
  34. Diario Norte, 22 de febrero de 1953.
  35. Gobernador Oscar Costas en diario El Tribuno, 6 de agosto de 1950.
  36. Término sugerido por algunos socios del club (Luisa, Sergio, Joaquín) entrevistados por la autora. Se utilizan nombres ficticios para preservar sus identidades.
  37. Posiblemente se hayan repetido en 1955. No tuvimos acceso a ediciones de febrero de 1955 de ningún diario local, por lo que no pudimos confirmar esto.
  38. Diario Norte, 19 de febrero de 1954.
  39. Cornejo Linares (1948).
  40. Durand (1955).


Deja un comentario