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Introducción

Irene López, Alejandra Mailhe y Soledad Martínez Zuccardi

Como muchos libros que son fruto de un trabajo colectivo, el que aquí presentamos tiene una historia larga, estrechamente ligada a la conformación de un grupo de investigadores e investigadoras, de distintas procedencias disciplinarias (historia, letras, antropología, comunicación y musicología, entre otras), reunido en torno al afán de elaborar mapas más equilibrados de la historia cultural argentina y latinoamericana. Dicho grupo comenzó a formarse en un coloquio realizado en Tucumán en 2014, que dio lugar a otros encuentros en Tilcara (2015), Santiago del Estero (2017), Salta (2019), La Pampa (2021, con modalidad virtual) y La Plata (2023).

A partir del coloquio de 2019 en Salta, el grupo se formalizó como red, bajo el nombre de “Red de estudios interdisciplinarios en culturas y regiones” (REICRE). El objetivo de esta red académica es problematizar las producciones y expresiones culturales de las provincias y regiones argentinas, poniendo en cuestión la jerarquía entre “capital” e “interior”, y la definición simplista de “centros” y “periferias”, para restituir a estos fenómenos su carácter complejo y heterogéneo, e inscribirlos en la configuración histórica de las desigualdades del país.

La selva, la pampa, el ande: vías interiores en la cultura argentina fue el nombre adoptado para cada uno de los coloquios mencionados. Esa denominación dio título también a un primer libro, compilado por Fabiola Orquera y Radek Sánchez Patzy, y publicado por EDUNSE en 2019, que reúne trabajos de muchos de los integrantes de la REICRE.

Articulada por Ricardo Rojas y continuada por Atahualpa Yupanqui, la distinción entre la selva, la pampa y el ande –a la que alude el título tanto de los encuentros como del libro– fue propuesta como punto de partida para pensar las “regiones culturales” en tanto espacios construidos histórica y socialmente, atendiendo a sus relaciones, contrastes y tensiones.

El presente volumen (que reúne trabajos evaluados previamente por especialistas, en forma anónima) lleva el mismo título porque fue concebido como profundización de las reflexiones articuladas colectivamente en estas instancias previas. Además, los trabajos aquí compilados dialogan con otros textos también editados por integrantes de la REICRE (en algunos casos, antes incluso de la formalización del grupo), consolidando así lo que creemos es un campo de estudios fértil y comprometido, como Intelectuales, cultura y política en espacios regionales de la Argentina (siglo XX), editado por Paula Laguarda y Flavia Fiorucci (2012), Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina (siglo XX), editado por Claudia Salomón Tarquini y María Lanzillotta (2016), y Diálogos sobre cultura y región: políticas, identidades y mediación cultural en La Pampa y Patagonia Central (siglos XX y XXI), editado por Paula Laguarda y Anabela Abbona (2023). Cabe mencionar aquí también el dossier “Políticas, cultura y localidad: procesos, tramas y dinámicas de construcción de las regiones y las provincias de Argentina”, coordinado por dos integrantes de la REICRE (Claudia Salomón Tarquini y Andrea Villagrán), y publicado en 2021 en la revista Estudios del ISHIR (Universidad Nacional de Rosario).


En el primer capítulo de este volumen, Ernesto Dimas García analiza las representaciones de la alteridad indígena chaqueña, en la obra de Enrique Lynch Arribálzaga, a inicios del siglo XX. Su lectura permite vislumbrar diversas posiciones en el debate sobre la “cuestión indígena”, atendiendo sobre todo a las políticas a implementar respecto de los pueblos indígenas en esa área, en la etapa inmediatamente posterior a la conquista militar de sus territorios. El autor muestra cómo, en ese debate, Lynch Arribálzaga asume una posición particular, al proponer implementar reducciones civiles, apoyándose en argumentos paternalistas que expresan los intereses tanto de algunos intelectuales y científicos, como de la oligarquía regional (ligada a la explotación de la madera y el algodón, e interesada en que las reducciones garanticen la disponibilidad de mano de obra barata). La lectura de García devela las tensiones que anidan en ese paternalismo que “infantiliza” a las poblaciones indígenas, al concebir a la alteridad como incapaz de valerse autónomamente.

En el siguiente capítulo, Irene López aborda la escritura del poeta salteño Manuel J. Castilla, indagando en torno a la configuración de espacios y territorialidades, y destacando en especial dos modalidades contrastantes, a las que la autora denomina “territorios de la alteridad” y “territorios del paisaje”. La primera da cuenta del mundo del trabajo y la explotación, en los poemarios Luna muerta (1943) y Copajira (1949), mientras que la otra da forma a la exaltación de la naturaleza como paisaje, desde una contemplación estética que cobra particular significación en la configuración del espacio calchaquí. Este trabajo también atiende a los modos de representar al “otro” indígena ya que, en la escritura de Castilla, los sentidos adquieren diversos matices y modalidades, gracias al contraste entre sonidos y silencio, permitiendo aludir tanto a la imposibilidad –por parte de los sujetos representados– de modular una voz, como a la representación de la pasividad, según la caracterización dominante en la literatura y el pensamiento hegemónicos.

Por su parte, Jimena Sosa aborda la revista Norte, editada en Tucumán entre 1951 y 1955, por intelectuales universitarios vinculados al catolicismo, atendiendo a los condicionamientos materiales y sociales que posibilitan su emergencia, y focalizando especialmente la recepción de ideas que la revista despliega, en particular en el campo filosófico. Sosa demuestra que los autores nucleados en esta publicación periódica se presentan como peronistas, y que las actividades que desarrollan se contraponen a (o al menos, permiten matizar) la idea –muy difundida en la bibliografía crítica– de que el campo académico se encuentra en decadencia, arrasado por agentes cuyos principios se oponen al reformismo universitario. El trabajo deja entrever que, entre las publicaciones oficiales, conviven voces en pugna que intentan, por diferentes vías, consolidar un campo intelectual con debates propios (incluyendo una activa recepción crítica de la obra de Martin Heidegger, desde cierto existencialismo católico compartido).

Prolongando esta indagación en torno a los debates ideológicos durante el primer peronismo, Mailhe se centra en explorar tensiones y puntos de convergencia entre las concepciones de lo indígena, contenidas en la Revista del Instituto Nacional de la Tradición por un lado, y en el Boletín de la Asociación Folklórica Argentina y en los Anales de la misma institución por otro, atendiendo además a algunos ensayos de Juan Alfonso Carrizo y de Bruno Jacovella –ligados a la primera publicación–, y de Augusto Raúl Cortazar, vinculado a la Asociación Folklórica Argentina. Mailhe demuestra que estos autores (y las formaciones intelectuales con las que dialogan) presentan diferencias significativas en sus definiciones del folklore, en las pertenencias institucionales e incluso en las orientaciones políticas (dado que Carrizo y Jacovella actúan como intelectuales “orgánicos” del primer peronismo, en contraste con el antiperonismo dominante en el grupo con el que se identifica Cortazar). A pesar de ello, los ensayos sobre folklore de Cortazar convergen con los de Carrizo en términos generales, por el énfasis que ambos le otorgan a la base occidental y mediterránea –aunque no necesariamente a lo hispánico– en la definición del folklore del noroeste argentino (NOA). En este sentido, ambos grupos comparten una concepción eurocéntrica del folklore, hegemónica en los discursos institucionales del país, y en sintonía con el eurocentrismo dominante en la historia del folklore como disciplina “científica”.

En el capítulo siguiente, Susana Herrero Jaime compara minuciosamente dos interpretaciones de la Fiesta de San Esteban (un auto sacramental mestizo, tradicional en Santiago del Estero): la formulada por el intelectual santiagueño Bernardo Canal Feijóo (en Ensayo sobre la expresión popular dramática de 1943, y luego reproducida en Burla, credo y culpa en la creación anónima de 1951), y la reelaborada por el filósofo tucumano Gaspar Risco Fernández (en Fiesta, mestizaje y superposición cultural en el noroeste argentino de 1995), a partir del texto previo de Canal Feijóo. La autora demuestra en qué medida Risco Fernández recupera las tesis del santiagueño, pero además avanza en su problematización del mestizaje y de las consecuencias del mismo en la configuración del sujeto popular, colaborando en la construcción de un linaje de discursos para pensar la identidad cultural del NOA. En este sentido, para Risco Fernández, las mediaciones ejercidas por Canal Feijóo –entre lo culto y lo popular, lo universal y lo local, y lo nacional y lo regional– resultan claves para interpretar la región en su historicidad, incluyendo la recuperación del sustrato cultural indígena, generalmente invisibilizado.

Buscando revisitar el primer peronismo en Salta, Luciana Dimarco focaliza el proceso de expropiación del “Club 20 de Febrero”, clave en la vida urbana de la elite provincial, y simbólicamente asociado a la “Batalla de Salta” (un acontecimiento convertido en “fundacional” en la historia de la provincia). La autora interpreta la expropiación de ese club, y la refuncionalización de las celebraciones de dicha batalla, como prácticas simbólicas que le permiten, al gobierno provincial peronista, legitimarse en el “centro” del “centro”, y celebrarse a sí mismo promoviendo fiestas y actos artísticos populares. Así, para Dimarco, la disputa desatada por la expropiación implica también una disputa por la interpretación del pasado provincial, y en especial por el papel que juegan la elite y el pueblo en el proceso de emancipación.

A partir de la pregunta por cómo se forja la figura de escritor en espacios provinciales y regionales, y qué significado adquiere el lugar de origen en la obra y en las “imágenes de autor”, Soledad Martínez Zuccardi examina los casos de algunos poetas y narradores nacidos en el NOA en las primeras décadas del siglo XX, como los integrantes del grupo “La Carpa”, Elvira Orphée y Hugo Foguet. La autora muestra cómo estas figuras forjan tres modos muy diversos de ser escritor y de escribir sobre Tucumán y sobre la región, aunque convergen al darle un papel central al lugar de origen en sus construcciones autorales. El capítulo llama la atención sobre esta diversidad, y especula sobre las posibles razones de la misma, en relación con una literatura de Tucumán y del NOA que, ya desde su incipiente “profesionalización” y configuración como un ámbito específico, parece mostrar signos de una complejidad y una diversidad notables para un campo en emergencia.

Por su parte, Fabiola Orquera realiza un pormenorizado estudio sobre una obra que, a pesar de su relevancia y significación como exponente del folklore social argentino y latinoamericano, permanece olvidada, a raíz de la censura practicada por la dictadura militar, contra el arte social en Tucumán. Atendiendo en particular a la historia del disco La piel del pueblo de José Antonio “Pepe” Núñez, la autora reconstruye la escena musical del folklore de los años sesenta en esa provincia, subrayando el crecimiento y la efervescencia logradas por este género, en obras cargadas de sensibilidad social, que apelan a un discurso estéticamente elaborado y comprometido desde el punto de vista ideológico.

En el siguiente capítulo, en fuerte diálogo con el anterior, Claudio Díaz aborda la relación entre rock y folklore, comprendiendo los cruces y acercamientos entre ambos géneros desde los años sesenta. Además, el autor reflexiona sobre el modo en que, en esa relación de conflicto y de intercambio, se despliega una lucha por la apropiación simbólica de los sentidos vinculados al imaginario de la nación. Díaz se detiene especialmente en la llegada del rock a la Argentina, y en la emergencia del movimiento de la “nueva ola”, para analizar una serie de tensiones –manifiestas en las obras y en los espacios de encuentro y difusión– entre una música de y para los y las jóvenes, y las músicas populares más tradicionales.

Por último, Paula Laguarda estudia la participación de La Pampa como co-organizadora de un encuentro regional realizado en 1994, en seis provincias de la Patagonia y en doce partidos del sur de la provincia de Buenos Aires, destinado a legitimar la integración pampeano-patagónica. Correlacionando distintas escalas de análisis (nacional, regional, provincial y municipal), la autora pone de manifiesto que esa política nacional de federalización implica, en realidad, el retiro del Estado de áreas clave en la vida social y cultural, trasladando responsabilidades a las provincias, sin acompañar el proceso con un financiamiento acorde.


Creemos que esta compilación de trabajos guarda una sólida unidad en base a varios ejes temáticos, claves en las discusiones de esta red de investigación (amén de que, además, varios capítulos trazan vasos comunicantes entre sí, al abordar figuras intelectuales próximas, tradiciones representacionales complementarias, y hasta prácticas culturales de características semejantes, para asediar, desde allí, “las vías interiores de la cultura argentina”).

Un eje vertebrador de los trabajos remite a las políticas culturales implementadas por los Estados provinciales y nacionales, así como también por las oligarquías regionales, e incluso por los propios intelectuales, quienes asumen posiciones divergentes (desde el acompañamiento de los intereses dominantes, hasta la confrontación contrahegemónica). Por ejemplo, el trabajo de García (centrado en la imaginación de un modelo ideal de reducción indígena, por parte de Lynch Arribálzaga a inicios del siglo XX) pone en evidencia las polémicas acerca de qué política seguir con los pueblos indígenas, en la etapa posterior a la conquista militar de sus territorios, demostrando que las reducciones operan por entonces como tecnologías de disciplinamiento por parte del Estado y de las oligarquías regionales, más allá de los matices en cuanto al grado de tutelaje y de aculturación implementados. Proyectando el debate sobre qué hacer con los indios, en el campo intelectual y en el plano de las representaciones imaginarias, Mailhe se centra en las políticas culturales oficialistas, llevadas a cabo durante el primer peronismo por el Instituto Nacional de la Tradición, bajo la dirección de Carrizo (quien le imprime al folklore un sello claramente hispanista, que apunta a invisibilizar la gravitación de lo indígena en la configuración de la identidad regional y nacional). Esa negación simbólica de lo indígena es un trazo compartido –en parte al menos– por otros grupos intelectuales del período, incluso desde posiciones políticas antiperonistas, poniendo en evidencia en qué medida las políticas culturales estudiadas por García (para el Estado y las oligarquías de inicios del siglo XX) siguen impactando fuertemente en el campo cultural del siglo XX.

Desplazándose hacia fines del siglo XX, el texto de Orquera explora el quiebre de ese tipo de discursividades miserabilistas –que devalúan a las alteridades sociales–, al centrarse en la obra del músico José Antonio “Pepe” Núñez, atendiendo a su heroización de los trabajadores y su implementación de diversas estrategias para suscitar la solidaridad de los oyentes con respecto a los sujetos populares. En este libro, ese tipo de expresiones estéticas pueden ser pensadas como un punto de llegada, superador del legado deslegitimador previo, pero emerge precisamente cuando se prepara el brutal arrasamiento cultural implementado por la última dictadura cívico-militar, cuyo efecto desintegrador forma parte de las políticas culturales implementadas por el terrorismo de Estado, en el NOA.

Las políticas culturales de las últimas décadas resultan centrales en los trabajos de Díaz y de Laguarda que cierran el presente volumen. Considerando el rock y el folklore como campos específicos de producción discursiva, Díaz analiza las tensiones y los puntos de encuentro que se establecen, desde los años sesenta, entre el rock y las músicas populares más tradicionales, atendiendo necesariamente además a las políticas culturales implícitas en diversos festivales, implementados por varios agentes –privados y estatales–. Por su parte, Laguarda se centra en la gestación y realización del encuentro regional “Patagonia 94”, impulsado en los años noventa por la Secretaría de Cultura de la Nación, para fomentar la integración pampeano-patagónica (aunque, en la práctica, no implica una efectiva federalización de los recursos, sino más bien, por el contrario, el retiro del Estado de áreas claves en la vida social y cultural).

La representación de alteridades es otro eje presente en este libro, y constituye además una de las líneas de investigación privilegiadas en la red. En efecto, la indagación en torno a la configuración del “otro” social, en una diversidad de prácticas y discursos, articula varios de los capítulos aquí reunidos: un grupo de trabajos se centra en especial en la forma de concebir y representar a los pueblos indígenas (tal como ocurre en los capítulos de García, López, Mailhe y Herrero Jaime), al tiempo que Orquera y Díaz abordan diferentes modos de definir lo popular y lo nacional en el campo del folklore musical y/o de la cultura de masas en general.

Otro eje privilegiado en este libro es el de la espacialidad. De hecho, varios capítulos dan cuenta de la complejidad de las construcciones espaciales, en el marco de procesos signados por relaciones de poder, tensiones y disputas. Se trata de espacios que se configuran, en los discursos, como lugares, territorios, provincias, regiones y ciudades. Desde esa perspectiva, gravita un mapa simbólico siempre en movimiento, para pensar el Chaco, el noroeste argentino, la Patagonia, Tucumán, Salta, la provincia de La Pampa o ciertas capitales de provincia, así como también regiones de límites variables –y de fuerte carga simbólica– como la pampa, los valles, la puna, los cerros altos o la selva. También emergen, en los textos, los espacios de trabajo y los espacios de la vida artística e intelectual (las reducciones indígenas, los ingenios azucareros, las minas, los encuentros culturales, las fiestas tradicionales, los festivales insertos en la cultura de masas, las conmemoraciones cívicas en disputa, las redacciones de revistas o los ámbitos universitarios). Los análisis y enfoques desplegados revelan también la complejidad de las configuraciones identitarias asociadas a esas construcciones espaciales, como identidades forjadas históricamente –y por ende cambiantes–, atravesadas por diversas contradicciones y matices, y de valor estratégico en relación a determinados proyectos económicos, sociales, políticos y culturales más amplios.

En última instancia, esperamos que este libro deje entrever la vitalidad de las líneas de investigación interdisciplinaria que, en el presente, asedian el estudio de “las vías interiores de la cultura argentina”, relevando una densa trama de autores, grupos intelectuales y redes poco transitados por la investigación científica del “centro”, inspirando así una agenda federal que compense las asimetrías históricas, y suscite una mejor comprensión de problemas teóricos claves para la sociología de los intelectuales de Argentina y América Latina.



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