Una hipótesis, finalmente modificada, guió el inicio de mi investigación: la influencia determinante de Kant para la construcción de la ética de Kierkegaard. Sin embargo, al realizar un recorte de los escritos kierkegaardianos, en lo que respecta a los firmados con pseudónimos de aquellos firmados bajo su nombre propio, esta idea fue refutada. Bajo esta nueva perspectiva, consideré que la influencia de Kant está presente particularmente en los escritos pseudónimos, pero bajo la condición de realizar una reelaboración del pensamiento ético de Kant. Es decir, leerlo bajo el prisma existencialista. Lo cual me ha llevado a considerar que esta recepción kantiana por parte del filósofo danés se construye por medio de dos momentos: de apropiación y de abandono. Este quiebre se da fundamentalmente ante la aparición de un concepto trascendente que conlleva el abandono de categorías propias de la modernidad. El título de este libro quizás resulte provocador en cuanto indica la presencia de dos éticas en el pensamiento de Kierkegaard en relación con Kant. Mi intención con esta afirmación es remarcar la complejidad que supone, dentro de la historia de la filosofía, asumir, sin más, aquellos discursos que sugieren necesariamente las apropiaciones y los abandonos dentro de lo que tradicionalmente se considera como el panteón ineludible de los pensadores más destacados.
El orden que he elegido pretende delimitar estas dos pretensiones, por lo cual encontrarán dos momentos en los que indago sobre los conceptos de “apropiación” y “abandono”. A la primera la titulé “El momento kantiano en el pensamiento de Kierkegaard”, ya que tiene como objetivo primordial probar que la ética de la personalidad desplegada por el juez Guillermo, el pseudónimo B autor de la segunda parte de O lo uno o lo otro (OO), tiene en la filosofía práctica de Kant su principal modelo. Considero que es posible rastrear qué es lo que Kierkegaard leyó de Kant, que su interpretación de la filosofía kantiana no es tan estereotipada como se piensa, y que los puntos que deben resaltarse y rescatarse del pensamiento kantiano se ubican en torno a los denominados “escritos poscríticos” de 1780-1790. Esto permite dejar de concebir a Kant desde el punto de vista del rigorismo y del formalismo caricaturesco para ubicarlo como precursor de la filosofía existencial centrándonos en la pretensión concreta de su pensamiento de la libertad. La libertad del sujeto es, sin dudas, el núcleo de unión de los intereses teóricos de ambos pensadores. Sin embargo, no es posible ocultar que el pseudónimo B abre una grieta entre los especialistas en la obra del danés: algunos identifican que la referencia principal es Aristóteles (Stack), otros acuden a Hegel (Stewart) e incluso hay quienes proponen a Fichte (Kosch). Mi lectura de O lo uno o lo otro ii se alinea con el grupo de intérpretes que consideran a Kant (Green, Knappe, Fremstedal) como la inspiración fundamental.
Para confirmar esta posición, a lo largo de la primera parte de este libro, expongo los conceptos que vinculan a ambos y señalo que existe un modo de entender la ética kantiana en un sentido distinto al trabajado en las lecturas tradicionales. Comienzo fijando la atención en la figura del juez y explicando las particularidades de su intervención, sosteniendo que el juez Guillermo propone una ética de la interioridad de tipo kantiano que no se expresa de forma imperativa, sino en el tono del consejo. A continuación, remarco que en OO hay una filosofía de la personalidad centrada en tres ejes: (1) la elección de la personalidad, (2) la reconfiguración del goce de la sensibilidad, y (3) la centralidad del concepto de “libertad”. Fue mi intención rescatar el rol que juega la libertad en la elección de la personalidad, explicitando las características que presenta la elección en el estadio ético, poniendo en discusión interpretaciones decisionistas e irracionalistas basadas en una lectura que no se ajusta a los intereses de la obra kierkegaardiana. Me propongo mostrar que, en el pseudónimo ético, la elección tiene, al igual que lo que sucede en Kant, el rol de operar como fundamento del sujeto ético. En ese mismo capítulo, argumento que, en contra de lo que habitualmente se cree, la sensibilidad no es rechazada ni por Kant ni por el juez Guillermo, sino que en ambos la cuestión de la felicidad individual en el mundo sensible está sujeta a la capacidad que tiene la introducción de la personalidad para transfigurar las relaciones interiores y exteriores del yo.
En el siguiente apartado, abordo uno de los principales puntos de discusión dentro de la bibliografía especializada en el danés: la cuestión del tipo de libertad esbozada en las cartas éticas. A mi entender, este debate ha pasado por alto la figura de Kant. Creo que este olvido se debe, por un lado, al lenguaje que el propio Kierkegaard utiliza y, por otro, quizás más fundamentalmente, al debate sobre la autonomía y la heteronomía. Justamente, este tema es abordado desde un punto de vista sesgado ya que la elección y asunción de la libertad por parte del individuo se realiza en un instante de autonomía plena.
El capítulo que cierra la primera parte pretende señalar los límites que el danés encuentra en la metafísica idealista. El abandono de las categorías modernas y el rechazo de la concepción del sujeto que de dichas categorías se sigue son consecuencia de la incorporación de la trascendencia. El capítulo está dedicado a mostrar la ruptura rotunda de los pseudónimos Vigilius Haufniensis en El concepto de la angustia (CA) y Anti-Climacus en La enfermedad mortal (EM) con las teorías modernas del sujeto. Me interesó, especialmente, discutir las dificultades presentes en aquellas lecturas especializadas de la obra de Kierkegaard que defienden una relación de continuidad entre la teoría pseudónima de la subjetividad y el pensamiento filosófico moderno. Las categorías éticas del discurso del juez se revelan deficitarias porque la elección del sí mismo no es suficiente para evitar el malestar existencial.
En la segunda parte de este libro, “La constitución de una teoría de la subjetividad”, propongo desarrollar, a partir de las obras pseudónimas psicológicas, una teoría de la subjetividad que rompe con el paradigma moderno. Evidenciando que Kierkegaard abandona el suelo de la filosofía práctica de la modernidad porque no encuentra en ella las herramientas necesarias para pensar la existencia en toda su complejidad y riqueza. El punto de partida de esta segunda parte lo constituye el análisis del modo en que el autor pseudónimo Vigilius Haufniensis introduce la noción teológica de “pecado”. La incorporación de esta categoría conduce a una transformación del modo en el que las obras pseudónimas conceptualizan la libertad. Este nuevo enfoque implica una nueva comprensión del yo, que alcanzará su punto máximo de despliegue y desarrollo en las páginas de EM. En este segundo momento de la pseudonimia, se abandona definitivamente la idea rectora del pensamiento ético, es decir, la noción de una autofundación del yo. En su lugar, la obra pseudónima nos invita a asumir una antropología en clave teológica que sostiene que el yo es fundado por un tercero.
A continuación, argumentamos en favor de la necesidad de una lectura conjunta del CA y EM. Lo haremos explorando de qué modo se relacionan entre sí aquellas categorías psicológicas empleadas por Haufniensis y Anti-Climacus en sus obras, a saber, la “angustia” y la “desesperación”. Por una parte, nos interesa distinguir cuál es el fin específico de cada uno de los libros psicológicos discutiendo de qué manera se relacionan entre sí la “angustia” y la “desesperación”; por otra parte, queremos mostrar de qué modo las respectivas descripciones de aquellos fenómenos psicológicos negativos contribuyen a la elaboración de un modelo de subjetividad que va más allá de los límites de la metafísica moderna.
Finalizamos esta segunda parte exponiendo de qué manera el tratamiento psicológico de la “angustia” y la “desesperación” articula una teoría del yo frustrado. Encontrarán en las páginas finales de este libro una propuesta que indaga sobre la manera en que la experiencia negativa de la angustia y la desesperación enfrenta al individuo concreto con los límites de su existencia: la dificultad a la hora de constituir su personalidad de modo conclusivo, la imposibilidad de volverse concreto sin la mediación de la trascendencia y el carácter incomunicable de la interioridad. Señalando al mismo tiempo que esta teorización de la frustración existencial supone la anticipación de ciertos desarrollos teóricos contemporáneos (psicoanálisis y teoría del lenguaje) que complejizan la noción de “sujeto”.








