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Ganarse la vida a destajo en el surco

El trabajo embridado de jornaleros indígenas mayas en la frontera agrícola
del noroeste de México

Oscar Sánchez Carrillo[1]

Tal como lo dijo Marx, qué sublime parece la antigua concepción que hacía del hombre el objetivo de la producción en comparación con un mundo moderno donde la producción es el objetivo del hombre, y la fortuna el objetivo de la producción.

   

Marshall Sahlins (1983, p. 100)

Introducción

El presente trabajo forma parte de los resultados preliminares del proyecto de investigación intituladoRedes sociales de intermediarios laborales entre indígenas choles y tseltales en los sistemas agroindustriales del noroeste de México”. El objetivo principal del proyecto es identificar y caracterizar el grado y densidad, composición y dispersión de las redes sociales construidas por los intermediarios laborales en las comunidades indígenas choles y tseltales del norte de Chiapas y su relación con las empresas que integran modernos sistemas agroalimentarios del noroeste de México.

El interés principal es dilucidar cómo los intermediarios laborales se posicionan en las comunidades indígenas como brokers culturales y qué mecanismos y estrategias emplean para reclutar, embridar[2] y garantizar el flujo constante de trabajadores agrícolas a las zonas de agricultura empresarial del noroeste de México, específicamente dentro del circuito migratorio Chipas-Sonora.

Durante el trabajo de campo en varias comunidades indígenas choles y tseltales del norte y selva Lacandona de Chiapas, se han recabado testimonios que evidencian una persistente migración pendular de trabajadores de las familias campesinas que, al quedarse sin fuerza laboral, recurren a la contratación de jornaleros locales para suplir a los miembros migrantes, utilizando parte de las remesas enviadas para el pago de los jornales locales. Esta migración temporal, que puede durar de seis meses hasta un año, genera cambios abruptos en los sistemas familiares indígenas campesinos, no solo en el ámbito económico, sino en otros aspectos de la vida familiar y comunitaria.

En los casos registrados, la migración temporal impacta especialmente en las actividades campesinas, que recaen principalmente en mujeres y niños. Es común observar en los hogares campesinos niñas realizando labores de cuidado de ancianos, niños pequeños o enfermos, mientras sus madres se encargan de las tareas agrícolas y domésticas. La migración se ha convertido en una estrategia de sobrevivencia para muchas familias indígenas de Chiapas, quienes dependen de los ingresos monetarios obtenidos en el noroeste para cubrir necesidades que la economía campesina no puede satisfacer.

Este panorama se observa cotidianamente en las comunidades indígenas donde la migración y sus diversas modalidades de movilidad temporal o estacional, pendular y por relevos,[3] se ha establecido como forma de ganarse la vida para la gran mayoría de los hombres y mujeres indígenas. Incluso se podría afirmar que la población chiapaneca de una u otra forma tiene como principal estrategia de sobrevivencia la movilidad para ganarse la vida, además de obtener experiencias personales en sus trayectorias laborales. Otros, en cambio, siguen los pasos de sus compañeros para conocer y estar en el mundo, como un “rito de paso” obligado de la adolescencia a la adultez. La migración hace de los jóvenes “hombres cabales”. Sin dudas, para las familias campesinas indígenas del norte y selva Lacandona de Chiapas, la migración temporal permite la obtención de ingresos monetarios que cubren una variedad de necesidades que la endeble y precaria economía campesina indígena no puede satisfacer con la venta de sus productos agrícolas y pecuarios como el café, entre otros.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2020), la población de Chiapas es de 5.748.869[4] personas, de las cuales el 46,8% son hombres y el 53,2% mujeres. La población económicamente activa ocupada (PEAO), es decir, aquellas personas mayores de 15 años que desempeñan una ocupación, fue de 2.217.149 personas, lo que representa el 38,5% de la población total del estado. En Chiapas hay 20.915 localidades rurales y 206 localidades catalogadas como urbanas. El 79% de la población vive en localidades rurales con menos de 2.500 habitantes y el 21% en localidades consideradas urbanas (INEGI, 2020).

La estructura productiva y ocupacional de Chiapas mantiene características eminentemente agrarias. Sin embargo, la persistente crisis agrícola ha propiciado una reestructuración de los sectores productivos y laborales. En este contexto, el sector primario ocupa al 28,05% de la fuerza laboral, el sector secundario al 21,70%, y el sector terciario al 50,17%, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del primer trimestre de 2024. Estos cambios han generado una compleja dinámica de movilidad y residencia entre los trabajadores y sus familias, especialmente entre los jóvenes indígenas rurales en busca de oportunidades laborales en los mercados de trabajo rurales y en la industria maquiladora en las ciudades fronterizas, tanto a nivel nacional como internacional (INEGI-ENOE, 2024)

Si bien el sector agrario en Chiapas se encuentra en una profunda crisis debido a los bajos precios del café, entre otras actividades agrícolas, también es notorio el abandono de las instituciones del Estado y la falta de políticas públicas que trasciendan los planes sexenales de los gobiernos de turno. La falta de apoyos al sector primario ha propiciado una oleada de movilidad sin precedentes en los últimos veinte años (Gordillo, 2017; Castillo y González, 2022). Miles de jóvenes se ven obligados a trasladarse a los campos agrícolas de noroeste de México, principalmente a laborar en los campos agrícolas en la cosecha de diversas hortalizas de exportación de las agroindustrias, los cuales responden a la demanda de los nichos de mercado de los países desarrollados de Norteamérica y Europa.

La población jornalera a la cual refieren los siguientes apartados es eminentemente masculina, joven e indígena, comprendida en un rango de edad de 14 a 40 años. Aunque también laboran hombres de hasta 45 o 50 años, además de mujeres jóvenes de 15 a 30 años que lo hacen como estibadoras y cocineras, quienes en una proporción mucho menor provienen de comunidades choles y tseltales de los municipios del norte de Chiapas y Selva Lacandona.

Estas poblaciones indígenas cruzan una serie de fronteras invisibles a lo largo del territorio nacional. La primera de ellas es la étnica –las identidades indígenas maya, chol y tseltal se ven trastocadas y homogeneizadas por la sociedad mestiza del noreste y centro de México–; los rasgos culturales específicos de cada grupo se borran para categorizarlos como una población indígena indiferenciada con el epíteto “los chapitas o los oaxacos”. La segunda es política: durante su periplo en la frontera norte, la población jornalera indígena se mezcla con otras poblaciones campesinas indígenas y mestizas de otros estados del sureste de México; se caracteriza por ser un sector carente de organización política o representación sindical que defienda sus derechos laborales ante los empresarios agroindustriales. La constante movilidad laboral provoca desorganización y despolitización para enfrentar el poder fáctico agroindustrial. La flexibilización laboral ocasiona una desmovilización sindical y una inercia política, y se caracteriza a estos trabajadores como no calificados por realizar actividades primarias.

La otra frontera es más sutil e imperceptible, se refiere a los límites de desigualdad y exclusión social, pudiendo definirla como la frontera del precariado rural, caracterizada por un contingente de trabajadores que viven precariamente en los límites de la sociedad opulenta de la frontera norte (Standing, 2013). Reciben salarios reducidos, viven en condiciones de hacinamiento en albergues pobres, se alimentan a duras penas en condiciones de extrema escasez durante su estancia migratoria, se transportan en autobuses inestables y de segunda clase. Además, están prácticamente excluidos de los servicios de salud y seguridad social. La frontera del precariado despoja los derechos ciudadanos fundamentales, civiles, culturales, sociales, políticos y económicos. Sin embargo, es el estrato social emergente y requerido por el capital global agroempresarial, al que se controla y se embrida mediante regulaciones a aceptar una vida de trabajo inestable y condiciones de subsistencia igualmente pobres.

El precariado rural es el resultado de la aplicación de la desregulación y flexibilidad del trabajo, pues los trabajadores son una mercancía cautiva a tiempo parcial, subcontratados para ciertas actividades de la cadena productiva, lo que se refleja en el empleo temporal pagado a destajo mientras dura la temporada de cosecha; asimismo aplican la flexibilidad funcional descalificando el trabajo jornalero como no especializado o no capacitado, la flexibilización salarial expresada en la eliminación de las prestaciones no salariales, además de la concentración y retención de salarios monetarios (Cardeillac y Rodríguez, 2022).

El precariado rural jornalero se caracteriza por relaciones de producción poco definidas, trabajo informal, inestable, con ingresos a destajo que se van reduciendo con el paso del tiempo; a la par, los trabajadores agrícolas indígenas o jornaleros no tienen un sentido de identidad ocupacional o laboral, no cuentan con una narrativa laboral y ocupacional que llene sus vidas, no tienen control sobre las mismas, sobre su tiempo libre, simplemente pretenden ganarse la vida en el surco. Sin embargo, los trabajadores no son sujetos pasivos, desprovistos de voluntad; así se verifica una estrategia utilizada para liberarse que es la fuga de los campos agrícolas, sea individual o grupalmente, cuando las condiciones laborales no son respetadas por los patrones.

El presente ensayo se divide en dos secciones. En la primera se analiza y se caracteriza la región que recibe a los trabajadores agrícolas indígenas de Chiapas. El espacio ocupado por las agroindustrias del noroeste de México se ubica en el desierto de Altar-Caborca, una región semiárida con escasos recursos hídricos, pero con tecnología altamente eficiente que lograr producir en el desierto. En esta región se ubica el distrito de desarrollo 037 Altar-Pitiquito-Caborca, constituido a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. El Gobierno posrevolucionario construyó la infraestructura hídrica necesaria para crear un polo de desarrollo agroindustrial que modernizara la agricultura de la región. Sonora pasó a ser un estado agroexportador y un polo de atracción para miles de trabajadores que laboran en las agroindustrias del Estado. Se enfatiza la relación de las empresas hortícolas ubicadas espacialmente en lo que se conoce como el polígono de La I Griega (por su forma en “Y”), perteneciente al municipio de Caborca, donde los jornaleros indígenas chiapanecos migran cada año contratados por períodos de 6 a 8 meses durante el ciclo agrícola del espárrago, la uva de mesa y las plantaciones de olivo, además de otras hortalizas de exportación.

La segunda sección se enfoca en las zonas de expulsión, analizando las causas de movilidad de los jornaleros agrícolas. Los mercados de trabajo rural están estructurados de tal forma que propician la circularidad y segmentación de la fuerza laboral según su origen étnico y sus habilidades de especialización técnico-manual; así los indígenas choles se dedican a la cosecha de espárragos y los tseltales se enfocan y especializan en la cosecha de uva de mesa, cosecha de tomate y chile. El circuito migratorio Chiapas-Sonora contrata principalmente a hombres, sin embargo, en los contingentes de trabajadores puede observarse un reducido número de mujeres jornaleras, contratadas como estibadoras y cocineras que facilitan la estancia de los hombres en los campos agrícolas. Asimismo, se analiza la relación de los intermediarios laborales indígenas como agentes que facilitan la contratación y traslado de los contingentes de trabajadores agrícolas. El intermediario es un broker cultural que al mismo tiempo es traductor cultural y miembro de la comunidad étnica; como tal sirve de bisagra entre los empresarios y las comunidades indígenas chiapanecas, utiliza diversos métodos de enganche para embridar a los jornaleros y solucionar cualquier conflicto en los procesos de producción agroindustrial.

Por último, a manera de conclusión se proponen reflexiones para comprender los significados y relaciones dinámicas de dos modelos territoriales que interactúan entre sí: el primero ubicado en la frontera norte caracterizada por una población criolla empresarial rica, moderna e industrializada. En contraste con la frontera sur reconocida por su peculiar atraso, pobreza, poblada por diversos grupos étnicos sumidos en la tradición. En este sentido las comunidades indígenas de la frontera sur atraviesan por procesos de reconfiguración social, pasando de comunidades campesinas productoras a comunidades expulsoras y reproductoras de trabajadores precarios.

Las relaciones territoriales entre el noroeste agroindustrial y el sureste campesino

En México, actualmente existen 86 distritos de riego que agrupan a más de 570 mil usuarios, cubriendo una superficie aproximada de 6,3 millones de hectáreas irrigadas. Estos distritos de riego presentan grandes diferencias en cuanto a superficie, producción agrícola y sistemas de riego (Reyes, 2009; CONAGUA, 2024). El sector agrícola mexicano es sumamente diverso y se compone de una amplia gama de unidades de producción rural, que pueden agruparse en dos grandes categorías: la agricultura campesina tradicional de subsistencia y la agricultura moderna, altamente tecnificada y comercial.

La agricultura campesina se caracteriza por su origen étnico o mestizo, con un uso limitado o nulo de tecnología moderna. Su producción está orientada al autoconsumo, destinando los excedentes a mercados locales o regionales. Sin embargo, algunos productos, como el café cultivado en Chiapas, logran insertarse en mercados nacionales e internacionales. La mayoría de estas actividades se lleva a cabo en tierras marginales y de temporal, con acceso restringido a créditos directos para la producción. Los apoyos que reciben suelen provenir de políticas públicas orientadas a mitigar la pobreza extrema y a proporcionar los ingresos necesarios para su reproducción social. No obstante, estas comunidades son depositarias de un vasto conocimiento sobre la biodiversidad biológica y agroecológica de las distintas regiones del país, lo que les confiere un valor estratégico en la preservación de prácticas agrícolas sustentables y en la conservación de la biodiversidad (Martínez, 2011; Villafuerte, 2015).

Por otro lado, la agricultura comercial en México se consolidó durante el período posrevolucionario, particularmente entre finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, coincidiendo con el auge de la Revolución Verde. Este período marcó un proceso de modernización sectorial, caracterizado por significativas inversiones en infraestructura hídrica, como la construcción de presas y de embalses, la perforación de pozos y la creación de sistemas de irrigación. Estos megaproyectos de irrigación se concentraron principalmente en el norte y noroeste del país, regiones semiáridas donde los ríos fueron represados para crear los distritos de riego (Carrillo y Rivas, 2016).

Desde sus inicios, esta agricultura comercial ha estado orientada a la exportación, con una porción menor destinada al mercado interno. Entre sus principales productos de exportación se encuentran las frutas y hortalizas, tanto frescas como congeladas. Este tipo de producción agrícola ha sido consistentemente beneficiada por programas de créditos, seguros agrícolas y el uso de agroquímicos (fertilizantes y pesticidas), así como por el acceso a semillas mejoradas e investigación biotecnológica. Estos avances han permitido obtener mayores rendimientos y, por ende, mejores ingresos para los productores. Además, la capacidad de estos productores agroempresariales para competir en el mercado internacional ha sido facilitada por la disponibilidad de una mano de obra barata proveniente de las comunidades campesinas mestizas e indígenas tanto del sur-sureste como de otras regiones del México rural. Esta mano de obra realiza tareas fundamentales como la siembra, la cosecha, el empaque y la limpieza de los productos agrícolas. Adicionalmente, han utilizado diversas estrategias de asociación, arrendamiento de tierras y agricultura por contrato para optimizar su rentabilidad y asegurar su presencia en los mercados globales (Bracamontes et al., 2007).

En resumen, las relaciones de estos modelos territoriales entre el noroeste agroindustrial y el sureste campesino de México no solo reflejan una disparidad en el acceso a recursos y tecnologías, sino también una profunda interdependencia. La producción moderna y comercial de los agronegocios se sostiene en gran medida gracias a la explotación de la mano de obra campesina, mientras que la agricultura tradicional, aunque marginada, sigue siendo un pilar crucial para la seguridad alimentaria y proveedora de productos en los circuitos cortos de comercialización y en la sostenibilidad ambiental en el país.

Figura 1. Lugares de procedencia en Chiapas y de destino en Sonora de los trabajadores agrícolas indígenas

Fuente: elaborado por Nicolás Vargas Ramírez a partir de Earth Resources Observation and Science Center (1996); INEGI (2019a, 2019b, 2019c, 2022); World Food Programme (2019).

El Valle de Caborca, Sonora

El dinamismo económico del sector agropecuario en Sonora ha convertido a esta región en un polo de atracción para trabajadores de todo el país, especialmente de los estados del sureste como Guerrero, Puebla, Oaxaca, Chiapas y Veracruz. Los trabajadores agrícolas migrantes se asientan temporalmente cerca de las agroempresas en los campos donde laboran durante las temporadas de cosecha de diversos productos.

Interesa especialmente analizar las relaciones económicas que se establecen entre las agroempresas del Valle de Caborca, específicamente dentro del distrito de riego 037 Altar-Pitiquito-Caborca, y los trabajadores indígenas choles y tseltales de Chiapas. Estas empresas, ubicadas en los ejidos situados en el vértice de La I Griega (oficialmente Plutarco Elías Calles), dependen significativamente de estos trabajadores indígenas que migran ciclo tras ciclo para laborar como jornaleros en sus campos.

Para entender mejor esta dinámica, es fundamental describir primero la estructura productiva de la agroindustria en esta subregión. El Valle de Caborca, al estar ubicado en una zona semidesértica con recursos hídricos superficiales muy limitados, ha tenido que recurrir al uso de aguas subterráneas para sustentar sus actividades agrícolas. Actualmente, en La I Griega operan 25 pozos profundos durante cada ciclo agrícola, abasteciendo así la región, que cuenta con una extensión total de 32.650,61 ha. Sin embargo, no toda esta tierra es apta para la explotación agrícola debido a las dificultades de irrigación. En décadas anteriores, se lograron irrigar hasta 12.000 ha para la producción de hortalizas. No obstante, la sobreexplotación del acuífero para fines agrícolas ha reducido la cantidad de agua disponible, lo que ha disminuido las superficies cultivadas. Actualmente, solo 4.343,77 ha están sembradas, lo que representa el 13,3% de las tierras potencialmente cultivables.

La tenencia de la tierra en esta región combina ejidos y propiedades privadas. Existen ocho ejidos que tienen en producción 1.267,65 ha de hortalizas destinadas a la exportación. En comparación, las tierras de propiedad privada abarcan 3.076,12 ha, representando el 9,4% de toda el área del polígono de La I Griega. Aunque los ejidatarios de la zona recibieron sus tierras como resultado de la reforma agraria, el trabajo de campo ha revelado que muchas de estas tierras ejidales han sido arrendadas a empresas agroexportadoras. Este proceso de arrendamiento, en muchos casos, responde a la falta de recursos y tecnología por parte de los ejidatarios para competir con las grandes agroindustrias, lo que los obliga a ceder sus tierras a cambio de un ingreso relativamente estable. Como indica el siguiente testimonio del presidente del ejido de La I Griega:

– ¿Cuánto es lo que las empresas pagan por la renta, o cómo se hace el convenio, el contrato, por temporada, por años?

– Por hectárea incluyendo los pozos, por hectárea incluyendo el agua, el contrato es por 12 años.

– ¿El pozo es parte de la renta de la tierra?

– Incluye todo, si no tienes pozo no te rentan tierra, porque ellos quieren agua. Aquí no hay agua rodada, todo es bombeo subterráneo.

– ¿Qué profundidad tienen los pozos?

– ¡Aquí esta parte que nos toca, los pozos tienen como 100 m, de perforación, hay algunos pozos que tienen 400 m o 500, nosotros tenemos uno como de 200. (…) Aquí tenemos motores de 100 caballos, allá usan de 300 o 400 [caballos] el motor, se consume mucha luz

– ¿Cuánto es el consumo de luz por un pozo?

– Nosotros aquí hemos pagado por un pozo por un mes 24 mil pesos, al mes.

– ¿Al mes, por 12 meses a año?

– Es que, según el uso, si dura prendido todo el año, cada mes es lo mismo, pero no siempre está prendido son temporadas, ahora ocupa 3 meses. Como horita es temporada de inverno la planta ocupa menos agua, menos utilizan el pozo, cuando está el calorón terminas de regar y tienes que volver a empezar, porque la plantita se marchita con el sol. Ahora toca poquito, ponle que, si son 24 en estos meses de calores, ahorita anda como a 12 o 15 [mil pesos por mes].

– ¿Entonces las empresas de espárragos se van a instalar si tienen garantía de qué pozo va a estar funcionando?

– Tienen que tener una garantía de millares de agua, sino no rentan.

– ¿Por ejemplo, los pozos que rentan que grosor tienen?

– 10 pulgadas de grosor.

– ¿De 200 metros de profundidad?

– ¡No! De 150 metros profundidad.

– ¿Cuánto es lo que la empresa de hortalizas paga, le alquilan directo al ejido, o le pagan al dueño de la tierra?

– Le pagan al dueño de la tierra, o sea, nosotros somos 40 ejidatarios, esas parcelas están accionadas a cada ejidatario, por medio del ejido te hacen un contrato, por medio del ejido con la compañía, pero estando de acuerdo todos los 40 en la asamblea firmando todos, se hace un convenio firmando, se hace un contrato por 12 años.

– ¿Y cada año se paga la renta?

– Cada año se paga.

– ¿De cuánto estamos hablando por la renta de una hectárea?

– Por ejemplo aquí, está como en 1.200 dólares la hectárea, por año.

– ¡Pero no es una hectárea!, ¿digamos un productor tiene más?

– Son 100 hectáreas, como mínimo, hay ejidos que rentan toda la tierra a las empresas.

(Entrevista al Comisariado ejidal de La I Griega, 14/02/2024).

Como se desprende del testimonio anterior, los ejidos que poseen concesiones de pozos profundos tienen una ventaja comparativa sobre otros ejidos que carecen de acceso al agua. En este sentido, las empresas ubicadas en el polígono de La I Griega tienen garantizado el acceso al agua, lo que les permite llevar a cabo una producción intensiva de hortalizas de exportación. Por ejemplo, considerando un pago de 1.200 dólares por ha, el arrendamiento de 100 ha implicaría un costo de 120.000 dólares anuales para la empresa, sin incluir el consumo de energía eléctrica necesario para operar los sistemas de riego y producción. Esta inversión es fundamental para cultivos como el espárrago y la uva de mesa, entre otras hortalizas destinadas principalmente al mercado norteamericano.

Además del alquiler de tierras ejidales, las empresas también arriendan terrenos a propietarios privados, siempre que estos cuenten con una concesión o una cuota establecida para la extracción de agua. Este acceso privilegiado a recursos hídricos, combinado con la capacidad de arrendar grandes extensiones de tierra, otorga a estas agroempresas una posición dominante en el mercado de exportación.

Según se observa en el Cuadro 1, el cultivo de espárragos en las empresas ubicadas en La I Griega consiste en la producción para exportación con mayor valor en el mercado norteamericano. Durante el ciclo agrícola 2023-2024, a pesar de que el tipo de cambio peso-dólar no fue favorable debido a la fluctuación de entre 16 y 17 pesos por dólar, las ganancias superaron los 35 millones de dólares. Este éxito comercial, a pesar de un dólar relativamente barato, demuestra la rentabilidad y la eficiencia de estos sistemas de producción y exportación de espárragos.

El cuadro también destaca la cantidad de tierras bajo control de las empresas agrícolas dedicadas a la producción de espárragos. Actualmente, se contabilizan 35 campos productores de espárragos. Sin embargo, no disponemos de información completa sobre el tipo de empresas, su nivel de organización, otros cultivos de exportación, si estas empresas arriendan más tierras en otras zonas del distrito de riego. Durante el trabajo de campo, se ha informado que grandes empresas como “La Agrícola del Desierto”, “Las Tres Californias” y “La Palpa del Desierto” poseen extensas áreas dedicadas no solo a la producción de espárragos, sino también a otros cultivos como uva de mesa y olivos, todos ellos destinados a la exportación.

Cuadro 1. Producción de espárrago en La I Griega
Número de campoTipo de tenenciaSuperficie sembrada (ha) Superficie cose-chada (ha)Rendimiento (ton/ha)Producción (ton)Precio medio ($USD /ton)Valor de la producción (USD)
Campo 1Fuera de ejidos79,6845,379,2733,0643,3431.767,16
Campo 2La Cruz del Bajio191,50144,37112.106,50124,53262.317,36
Campo 3Cerro La Herradura185,1783,9310,71.981,32117,13232.066,74
Campo 4Cerro La Herradura45,3523,488362,8021,457.781,06
Campo 5El Chihuahuense1,000,4299,000,534,79
Campo 6Fuera de ejidos91,8691,7310918,6054,3049.883,51
Campo 7Cerro La Herradura185,1783,93112.036,87120,41245.262,26
Campo 8Cerro La Herradura68,83101,249619,4736,6222.685,31
Campo 9Fuera de ejidos91,9991,869827,9148,9440.520,09
Campo 10Fuera de Ejidos45,5520,918364,4021,547.849,84
Campo 11Fuera de Ejidos87,2187,2110872,1051,5544.961,07
Campo 12Último Esfuerzo59,000,158472,0027,9013.170,07
Campo 13Fuera de Ejidos227,2678,4181.818,08107,48195.402,48
Campo 14Último Esfuerzo92,3551,048738,8043,6732.266,95
Campo 15Fuera de Ejidos70,8945,389638,0137,7224.063,52
Campo 16Fuera de Ejidos110,2754,009992,4358,6758.224,25
Campo 17Álvaro Obregón42,8924,438343,1220,286.959,79
Campo 18Fuera de ejidos0,300,2182,400,140,34
Campo 19Fuera de ejidos103,49103,498827,9248,9440,521,06
Campo 20Álvaro Obregón107,63107,639968,670,48468,22
Campo 21Último Esfuerzo70,3767,598562,9633,2818.735,24
Campo 22Último Esfuerzo22,3411,278178,7210,571.888,21
Campo 23Último Esfuerzo56,9751,235284,8516,844.796,63
Campo 24Fuera de Ejidos53,0052,968424,0025,0710.627,62
Campo 25Fuera de ejidos47,4140,498379,2822,428.504,01
Campo 26Fuera de ejidos252,08126,4782.016,64119,22240.414,61
Campo 27Fuera de ejidos70,6370,395353,1520,887.372,63
Campo 28Fuera de ejidos42,2520,248338,0019,986.753,63
Campo 29Último Esfuerzo34,4922,448275,9216,314.500,60
Campo 30Fuera de ejidos81,0441,468648,3238,3324.847,51
Campo 31Fuera de ejidos112,2355,198897,8453,0847.654,29
Campo 32Fuera de ejidos68,6214,338548,9632,4517.814,99
Campo 33Fuera de ejidos105,6987,687739,8343,7432.356,98
Campo 34Fuera de ejidos54,7237,487383,0422,648.673,46
Campo 35Fuera de ejidos21,266,927148,828,801.309,26
Total2.959,231.938,418,3124.595,4341,9835.761.266,98

Fuente: elaboración propia con información de trabajo de campo (febrero de 2024) y Market News
(https://www.marketnews.usda.gov).

En el cuadro anterior se puede observar que empresas medianas como Grupo MMM controlan los campos 1, 2 y 3, cuyas tierras pertenecen a los ejidos La Herradura y La Cruz del Bajío. La empresa arrienda estas tierras a los ejidatarios, y el pago se realiza anualmente, según indican los representantes ejidales. El total de tierras bajo el control de Grupo MMM es de 456,35 ha. Sin embargo, para este ciclo agrícola solo se registraron 273,67 ha cosechadas de espárrago, lo que representa una reducción del 40% en la producción. Las razones para esta disminución incluyen la afectación por un dólar barato, la reducción del volumen de agua disponible para este ciclo y la presencia de plagas en los cultivos. A pesar de esta reducción de tierras cultivables y de las pérdidas, se estima que el Grupo MMM obtuvo ganancias de aproximadamente 526.151,26 miles de dólares solo por la exportación de espárragos, sin contar las ganancias adicionales provenientes de la producción de uva de mesa y olivas deshuesadas, sobre las cuales no se dispone de datos precisos.

Cada campo agrícola en esta zona se encuentra bajo el control estructural de una empresa similar al Grupo MMM. En el polígono de La I Griega existen aproximadamente 35 albergues que reciben a jornaleros chiapanecos en esta área, aunque es probable que la cifra real sea mayor, dado que también existen empacadoras y empresas transportadoras que requieren mano de obra para movilizar el volumen total de hortalizas producidas en esta zona del distrito de riego 037.

En el Cuadro 2 se presenta la cantidad de trabajadores agrícolas que estuvieron empleados en los 35 campos agrícolas durante el ciclo agrícola 2023-2024. Este cálculo se llevó a cabo mediante recorridos de trabajo de campo en noviembre de 2023 y febrero de 2024, realizando entrevistas tipo censo con los mayordomos encargados de los campos agrícolas, en las cuales se preguntó específicamente por la cantidad de jornaleros trabajando en el campo y su lugar de origen.

Cuadro 2. Cantidad de jornaleros en los campos agrícolas de La I Griega
Campo UbicaciónSuperficie sembradaSuperficie cosechadaCantidad de jornaleros
Campo 1Fuera de ejidos79,6845,3756
Campo 2La Cruz del Bajío191,50144,37432
Campo 3Cerro de La Herradura185,1783,93112
Campo 4Cerro de La Herradura45,3523,4830
Campo 5El Chihuahuense1,000,4225
Campo 6Fuera de ejidos91,8691,7370
Campo 7Cerro de La Herradura185,1783,9360
Campo 8Cerro de La Herradura68,83101,24110
Campo 9Fuera de ejidos91,9991,8670
Campo 10Fuera de ejidos45,5520,9130
Campo 11Fuera de ejidos87,2187,2135
Campo 12Último Esfuerzo59,000,1514
Campo 13Fuera de ejidos227,2678,4180
Campo 14Último esfuerzo92,3551,0470
Campo 15Fuera de ejidos70,8945,3856
Campo 16Fuera de ejidos110,2754,0056
Campo 17Álvaro Obregón42,8924,4328
Campo 18Fuera de ejidos0,300,2114
Campo 19Fuera de ejidos103,49103,49110
Campo 20Álvaro Obregón107,63107,63110
Campo 21Último Esfuerzo70,3767,5942
Campo 22Último Esfuerzo22,3411,2742
Campo 23Último Esfuerzo56,9751,2356
Campo 24Fuera de ejidos53,0052,9656
Campo 25Fuera de ejidos47,4140,4942
Campo 26Fuera de Ejidos252,08126,47110
Campo 27Fuera de Ejidos70,6370,3956
Campo 28Fuera de Ejidos42,2520,2428
Campo 29Último Esfuerzo34,4922,4428
Campo 30Fuera de Ejidos81,0441,4656
Campo 31Fuera de Ejidos112,2355,1956
Campo 32Fuera de Ejidos68,6214,3328
Campo 33Fuera de Ejidos105,6987,6870
Campo 34Fuera de Ejidos54,7237,4828
Campo 35Fuera de Ejidos21,266,9228
Total2.980,491.945,332.294

Fuente: elaboración propia con información de trabajo de campo (febrero de 2024).

La cifra reportada indica que 2.294 jornaleros fueron contratados en los campos agrícolas de La I Griega durante el ciclo agrícola 2023-2024. En el caso particular de la empresa Grupo MMM, que controla los campos 1, 2 y 3, se emplearon 600 trabajadores distribuidos en los tres campos. Todos los migrantes temporales eran originarios de comunidades choles de Chiapas y llegaron a los campos a partir del mes de noviembre. Como explicaron los ingenieros del grupo agroexportador, los peones se movilizan de un campo a otro según las necesidades de las plantaciones.

Este análisis subraya no solo la dependencia de estas empresas de la mano de obra migrante indígena, sino también la complejidad y las dinámicas de la producción agrícola en esta región, donde factores como la disponibilidad de agua, las fluctuaciones del tipo de cambio y las condiciones fitosanitarias juegan un papel crucial en los resultados económicos, como indica la siguiente narrativa:

– ¿Cómo organizan el traslado de los jornaleros desde el sureste de México?

– De hecho ahorita estuve en la semana con los patrones allí vamos a traer alrededor de 12 camiones para la empresa, para el grupo MMM. Nada más, nosotros vamos a traer 12 camiones de gente. Nosotros la traemos por medio de un contratista, nosotros en esta empresa tenemos alrededor de 400 ha, las que tenemos, esas hectáreas las manejamos desde enero hasta mayo más o menos no, entonces en el caso de las uvas traemos más gente “poblana”.

– ¿De qué parte?

– Puebla de diferentes partes, ellos se encargan, es como en Chiapas, un camión sale de Palenque el contratista se encarga del traslado.

– ¿Ustedes tienen el control, o sea nada más que vengan?

– Tratamos de pedirle que sea lo menos posible gente menores de edad, por cuestión de la certificación, nosotros le damos un buen trato, como tenemos una certificación para Europa, Estados Unidos, nos piden muchas certificaciones y traemos varias que tienen la cuestión social, entonces nosotros tenemos los sellos de empresa socialmente responsable. Les damos su alimentación les tenemos sus comedores, de hecho vamos a empezar a trabajar sobre eso. Qué hacemos que nos ha dado éxito, no queremos imponerle a la gente, por ejemplo, si a ellos les gusta comer más pollo que carne, a nosotros nos gusta más la carne, lo que hacemos nosotros es contratarles cocineras más o menos [buenas] se junte con toda la bola de cabrones con los líderes de los grupos, los cuadrilleros, una cuadrilla de 10, 12 cabrones… a ver díganme qué quieren desayunar, qué quieren comer, qué quieren, o sea les hacemos un menú, no todo no, a ver lo que predomina más es eso, les hacernos tres tipos de comidas, tres tipos de desayuno, tres tipos de cena…, o sea eso es lo que nos ha dado éxito. La empresa paga bien, nosotros les damos un bono cuando terminan, a los que empiezan y terminan, les damos un bono, nosotros pagamos el camión, el traslado de ida y vuelta.

(Entrevista realizada al ingeniero del Campo 1, Coborca, Sonora, 16/02/2024)

Las prerrogativas de las empresas para acceder a los mercados globales consisten en contar con la acreditación y la certificación que avalen la producción libre de explotación laboral como “empresa socialmente responsable” (ESR) o “libre de trabajo infantil”. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja que la ética empresarial, pues las certificadoras no siempre realizan evaluaciones en todos los campos agrícolas de las mismas empresas, tampoco las llevan a cabo en cada ciclo agrícola. Las certificaciones empresariales en la agroindustria no solo califican a las empresas por buenas prácticas laborales, incluyen un conjunto de normas para regular la cadena productiva si quieren vender sus productos en los mercados internacionales. Por lo pronto, basta decir que es muy complejo analizar la certificación de las empresas agrícolas; con la observación etnográfica realizada se percibe que las normas que prohíben la contratación de trabajo infantil son muy laxas, no se cumple la normatividad, permitiendo el ingreso a los campos agrícolas a menores de 13 y 14 años de edad que llegan en los contingentes de trabajadores.

Las empresas del Valle de Caborca dependen de una compleja red de contratistas o intermediarios laborales para el enganche y contratación de trabajadores agrícolas en sus comunidades de origen, particularmente en comunidades indígenas choles y tseltales de la Selva Lacandona y otros municipios del norte de Chiapas. Cuando los jornaleros llegan a los albergues que pertenecen a las empresas, se convierten prácticamente en una fuerza de trabajo cautiva. Se les prohíbe salir del perímetro del albergue y del campo agrícola, limitando su movilidad y su capacidad de buscar mejores condiciones laborales.

El entorno desértico de la región, como se observa en la Figura 2, es extremadamente inhóspito e inseguro, lo que agrava la situación de vulnerabilidad de los trabajadores temporales rurales. Las distancias entre los albergues y los campos agrícolas son considerables, lo que dificulta el traslado de un campo a otro. Las empresas trasladan a los jornaleros dentro de los campos de La I Griega solo cuando necesitan más manos para la cosecha de un campo agrícola específico.

Todas las empresas que operan en esta zona están organizadas en la Asociación Regional de Productores de Hortalizas del Valle de Caborca y en la Asociación de Usuarios del Distrito de Riego 037 Altar-Pitiquito-Caborca (ASUDIR-037). Estas empresas funcionan bajo un esquema de agricultura por contrato y utilizan un sistema complejo de brokers para la comercialización de las hortalizas en la frontera con los Estados Unidos.

Un caso representativo que ilustra la complejidad del sistema de producción, circulación y comercialización es la empresa agroexportadora Grupo Marín, que se dedica principalmente a la producción de espárragos y otras hortalizas de exportación. Toda su producción está destinada al mercado norteamericano, con un porcentaje menor dirigido al mercado europeo.

Las empresas del Valle de Caborca tienen socios comerciales ubicados en los principales centros de acopio, donde se gestionan las exportaciones. Las aduanas desempeñan un papel crucial como centros de distribución y control de las exportaciones. Las principales aduanas en Sonora son Nogales, San Luis, Río Colorado y Mexicali, siendo esta última parte del estado de Baja California. De estas, la aduana de Nogales es la más concurrida debido a la modernización de su infraestructura ferroviaria y la construcción de autopistas de cuatro carriles, que facilitan el transporte de productos hortícolas.

Este sistema de producción y comercialización no solo muestra la dependencia de la mano de obra migrante indígena, sino también la interconexión de múltiples actores en la cadena de valor, desde los jornaleros hasta los distribuidores y comercializadores en los mercados internacionales.

Figura 2. Polígono de La I Griega, Municipio de Caborca,
Distrito de riego 037 Altar-Pitiquito-Caborca

Fuente: elaboración propia con datos de trabajo de campo y rediseñado por el Dr. Nicolás Vargas Ramírez, Técnico académico de la Unidad de Información de la Frontera Sur (UIFS-CIMSUR).

Gourmet es la empresa comercializadora encargada de la logística de empaque, traslado y comercialización de la producción de espárragos del Grupo MMM. Esta compañía no solo se ocupa de llevar el producto al mercado internacional, sino que también proporciona créditos para la compra de tecnología agrícola necesaria para el desarrollo de las plantaciones hortícolas. Esta relación simbiótica permite a los empresarios mantener y expandir sus operaciones agrícolas. El ingeniero encargado de supervisar la producción de espárragos en Grupo Marín explica detalladamente cómo funciona este esquema de colaboración:

– Mira a nosotros hay empresas que nos comercializan, o sea por ejemplo, está Ginmarra, Golbers, JMB y Gourmet. Nosotros comercializamos con Gourmet. Entonces Gourmet se encarga de la comercialización. Ellos, todos los días nos están cambiando, tienen sus contratos, se dedican a la distribución a nivel mundial. Entonces te piden lo que están vendiendo, oye quiero este empaque así, quiero este otro empaque pa allá, quiero otro empaque pa acá, y tú vas a venir y ver un empaque, y vas a ver diferentes…, oye por qué esta caja y por qué esta otra y por qué lo otro, porque así lo pide el mercado. Ellos tienen diferentes mercados, y como todo el año se dedican a comercializar, pues ya tienen sus clientes, entonces eso es más o menos lo que hay. Nosotros nos encargamos de producir, ellos nos financian; o sea financiamiento aquí en México no hay, entonces ahora el negocio no es posible, tú haces un financiamiento aquí en México cuánto es 12 o 18% de interés, en cambio si tu negocio es en dólares para qué pides a esos costos, en Estados Unidos es de 3 o 4%, la empresa saca el crédito a nombre de ellos y te lo pagan.

– ¿Eso es para sistemas de tecnificación de agua?

– Para operatividad, para avío, como quien dice es el avío y además de las plantaciones que vamos a hacer, los crecimientos.

– ¿Cuánto tiempo produce una plantación?

– Más o menos unos 10 años bien, pero tenemos unas de 10 a 12 años, 14 años.

– ¿En esos créditos está contemplado el traslado de gente de Chiapas, por ejemplo?

– ¡No! Lo que pasa, por ejemplo, él nos habilita, para los gringos es un número, tú le produces 100 cajas, por decir algo, entonces yo te voy a dar 1.000 dólares, 10 dólares por caja punto, ellos trabajan muy práctico, entonces tú ya sabes qué hacer con el dinero, oye voy a crecer aquí, necesito que me apoyes…, ¿cuánto sale el proyecto, 1 millón de dólares? No hay problema allí está, así de fácil.

– ¿Es mejor trabajar con ellos que con ACERCA? ¿ACERCA da créditos?

– ¡No! No aquí en México FIRA, ACERCA, SAGARPA (SADER) Financiera Rural, no sirven panada, así de plano, o sea si tú pides un crédito ahorita te lo van a dar en diciembre. Pa qué chingados, y luego hay que mocharse con fulano, mengano y perengano, la corrupción es…, ¡sí sacamos créditos nacionales!, pero son créditos refaccionarios, pero lo de operatividad solo con los gringos.

– ¿Cómo ve el futuro de la agricultura con esos grandes problemas del agua?, ¿qué va a pasar?

– El problema es el agua, pues nos vamos a tener que ir reduciendo, de hecho, ya nos estamos reduciendo, ese es el problema, acotando las superficies, no hay de otra, aquí todo el 100% de la superficie está tecnificada, pero de todas maneras independientemente…

– ¿Se han reducido en estos últimos 10 años?

– ¡Sí cómo no!, mucho, un pozo que hace 100 años te daba 100 litros de agua por segundo, ahorita está dando 40, o sea el más chico [empresarios] se está saliendo del mercado, los pequeñitos no alcanzan, no son eficaces en la operatividad.

(Entrevista al ingeniero de campo Grupo Agroindustrial MMM, 27/10/2023.)

La narrativa anterior evidencia cómo las comercializadoras y distribuidoras con inversiones directas en Sonora controlan la producción mediante la provisión de crédito como capital circulante. Estas empresas tienen la capacidad de otorgar o retirar financiamiento, lo que les permite estimular o desincentivar la producción de hortalizas según las demandas del mercado internacional. Además, suministran a los productores una variedad de insumos necesarios para la producción, incluyendo fertilizantes, insecticidas, tecnología y asesoramiento técnico.

Según la información proporcionada por el ingeniero de campo del Grupo Agroindustrial MMM, el crédito proveniente de los distribuidores de Estados Unidos cubre entre el 40% y el 60% de las necesidades de capital de los productores. Estas necesidades varían de un año a otro, pero el crédito norteamericano es suficiente para expandir la extensión de áreas cultivadas para el 80% de los productores en La I Griega. No obstante, también se indica que los grandes empresarios son menos dependientes de este crédito extranjero, posiblemente debido a su capacidad financiera y acceso a otros recursos.

El desarrollo de agronegocios en el estado de Sonora es resultado directo de los altos costos de producción que enfrentan las empresas norteamericanas en estados como California y Arizona. Estas empresas son obligadas a buscar nuevas áreas de producción donde puedan operar con menores costos. El noroeste de México, específicamente el desierto de Sonora y las regiones de Baja California Sur y Norte, ofrecen ventajas comparativas insuperables para los productores norteamericanos debido a la disponibilidad de mano de obra barata, abundancia de tierras y un clima favorable para la agricultura.

La zona de Caborca se volvió especialmente atractiva para las empresas agroindustriales tanto mexicanas como estadounidenses después de que el Gobierno mexicano desarrollara la infraestructura necesaria y transfiriera la administración de los distritos de riego a diversas organizaciones de productores de la región. Esta combinación de factores ha permitido que grupos agroindustriales prosperen en la producción y exportación de hortalizas, principalmente espárragos, para el mercado internacional.

La competitividad y el relativo éxito de las empresas en La I Griega no pueden entenderse sin considerar la contribución esencial de los grandes contingentes de trabajadores indígenas que, año tras año, llegan a la zona para laborar en dichas empresas. Esta mano de obra barata es una consecuencia directa de los bajos salarios que se pagan en México y del alto desempleo en los estados del sureste, regiones con una estructura productiva predominantemente agraria, escasamente industrializadas, con una población mayoritariamente indígena y sumidas en crisis económicas permanentes y desarrollo precario.

Las empresas del Valle de Caborca se apoyan en una compleja red de contratistas o intermediarios laborales para el reclutamiento y contratación de jornaleros agrícolas en sus comunidades de origen, especialmente en las comunidades indígenas choles y tseltales de la Selva Lacandona y otros municipios del norte de Chiapas.

Empresas como Gourmet juegan un papel fundamental en esta cadena logística, ya que no solo financian y proveen de insumos a los productores locales, sino que también se encargan de la distribución y venta de los productos en los mercados internacionales. Este modelo de negocio integrado permite una mayor eficiencia y control sobre cada etapa del proceso, desde la siembra hasta la llegada del producto al consumidor final.

El éxito del modelo agroindustrial en el Valle de Caborca está intrínsecamente ligado a la explotación de recursos naturales y humanos. La sobreexplotación del agua y la mano de obra barata de los jornaleros indígenas son factores que, aunque han contribuido al crecimiento económico de la región, plantean serios interrogantes sobre la sostenibilidad y equidad de este modelo.

La siguiente sección tiene como objetivo enfocarse en las comunidades del sur de México que son origen de esta fuerza de trabajo migrante. Es crucial entender las condiciones socioeconómicas que llevan a estos trabajadores a emigrar y las implicaciones que esto tiene tanto para sus comunidades de origen como para las regiones receptoras en el noroeste de México.

Las comunidades indígenas de Chiapas

Las comunidades indígenas del norte y la Selva Lacandona de Chiapas están inmersas en procesos migratorios complejos y multifacéticos. Uno de estos es el tema del presente trabajo que se ha denominado “circuito migratorio Chiapas-Sonora”, aunque no es exclusivo, existen otros circuitos o destinos migratorios: Chiapas-Rivera maya, Chiapas-Tren maya (tramo de Palenque-Escárcega), Chiapas-Ciudad Monterrey y Ciudad Villa Hermosa. Estos flujos migratorios reflejan una movilidad interna nacional exacerbada de la fuerza de trabajo migrante ya sea temporal, pendular, por géneros y relevos, marcada por la búsqueda y necesidad de trabajo y los medios económicos para ganarse la vida. El circuito Chiapas-Sonora o noroeste de México no solo incluye los campos del Caborca o Sonoyta, los jornaleros agrícolas se movilizan en una región más amplia que incluye Baja California Sur y Norte, según la demanda de fuerza de trabajo en las empresas y los acuerdos que los intermediarios laborales realizan con las mismas.

La migración de estos trabajadores agrícolas indígenas sigue dos períodos claramente definidos, determinados por las exigencias del mercado laboral rural en el noroeste de México. El primer período de movilidad se da entre octubre y enero y, el segundo, de enero a abril. Durante estos meses, se intensifican las actividades de cosecha de hortalizas destinadas a la exportación, particularmente en las plantaciones de espárragos en los campos agrícolas del desierto de Caborca. Estos sistemas agroalimentarios intensivos requieren de una gran cantidad de mano de obra para realizar labores de cosecha, limpieza, empaque y transporte de los productos destinados a mercados internacionales.

En el ciclo agrícola 2023-2024, la empresa agroexportadora Grupo MMM contrató a 600 trabajadores indígenas choles provenientes de diversas comunidades de los municipios de Sabanilla, Tila, Yajalón y Salto de Agua. Estas comunidades, junto con muchas otras del norte de Chiapas, forman parte de una vasta red de migración interna en México, donde los jornaleros agrícolas son trasladados en camiones de segunda clase desde sus lugares de origen hasta los campos agrícolas en Sonora.

Los jornaleros se congregan en puntos estratégicos en los caminos que cruzan la conexión de las cabeceras municipales de Sabanilla, Yajalón, Tumbala, Tila y Salto de Agua. Son transportados en camiones que suelen tener una capacidad de entre 40 y 45 personas. Estos camiones son contratados por los intermediarios laborales o contratistas, quienes se encargan de asegurar que los jornaleros lleguen a los campos agrícolas y el tiempo acordado con los patrones de las empresas. Un encargado de los campos agrícolas visitados describe este proceso:

– ¿Los transportistas son otras empresas?

– ¡Si!… nosotros contratamos a una empresa para que nos dé el servicio.

– ¡A eso me refiero ustedes ya no se…, o sea los camiones son otra cosa!, ¿De aquí de Caborca o de Chiapas?

– De diferentes partes, por ejemplo, hay gente, por ejemplo, hay una señora que se dedica al manejo de la gente, o sea al manejo del transporte. Ella subcontrata a una empresa X que está en Chiapas… oye mándame un camión a Palenque, por decir algo, o necesito dos camiones. Nosotros le pagamos a ella el flete, ella nos da la factura y ella se encarga de que aquí aparezcan, o sea…, tratando de que ella conoce y tratando que los camiones sean lo menos indecorosos, que lleguen, que no se descompongan.

– ¿Horita me imagino que los muchachos van a llegar?

– Ahorita no están, ahorita estamos en la planeación, quiero dos camiones, esos dos los prorrateo, yo quiero dos camiones, por decir algo…, que estén el 5 de enero aquí. Entonces salen el día 1 [de enero] son 3 días y va, sino hay problema llegan pronto, no tienen que estar el 4 yo los necesito el 5.

– ¿Usted habla directamente con el contratista de allá de Palenque?

– Yo hablo con él en diciembre, ya el 15 de diciembre o los primeros días nos juntamos el patrón, el contratista, sabes que yo quiero esta cantidad [de gente] quiero dos camiones, quiero otros 2 en cinco días más, y así otros dos hasta febrero, más o menos planeamos las necesidades.

– ¿Bueno por qué gente de Chiapas?

– Porque aquí no hay esa cantidad de gente, o sea lo que pasa es esto…, nadie es profeta en su tierra y qué sucede, la gente de Chiapas viene a trabajar. Aunque ya ahorita el narco los trae bien jodidos, antes venían se llevaban grabadoras, estereos, hornos de microondas aunque no tuvieran luz, pero les alcanzaba la lana pues…, entonces no cabían en los pinches camiones lo que llevaban de regreso, ahorita los pobres no tienen ni para el pasaje, por la droga no…, nosotros tratamos de disminuir eso…, no lo puedes evitar, no…, pero el que sí está muy pasado lo agarramos lo subimos [en un camión] y que se vaya, vamos a tener problemas…, no…, entonces eh… la gente de Chiapas o del sur…, por qué la gente del sur, porque es gente que viene a trabajar, o sea ellos están impuestos, haz de cuenta que vienen hacia el otro lado, ganan muy buen dinero.

– ¿Cuánto cuesta el camión?

– 100 mil pesos, el de Chiapas hasta aquí a Sonora 100 mil pesos. Entonces qué pasa traer 40 o 45 cabrones, imagínate cuanto sale, y otros 100 de regreso…, o sea trae 35, 40 o 45, depende. Qué hacemos nosotros: negociamos con ellos, y a ellos les conviene, quieren ahorrar que sí… empiezas a sacar porcentaje, que por ejemplo no ganan el mínimo, sino que ganan más del mínimo, empiezan el mínimo y después a ganar sus 4 mil [por semana], está bien les damos un cheque para que en 15 días manden [a sus familias] lo que manden para allá, y el otro lo mantienen como ahorro. Entonces cuando terminamos la temporada, qué sucede, ahora si tú eres trabajador y se enfermó tuvo un problema grave, nosotros aquí esta tu dinero y lo que te queda lo ayudamos para que se regrese…, ¿pero si es un huevón? Allí no aplica, aquí te pago, ahí nos vemos, aquí búscale, entonces eso sí tomamos esa medida. Entonces tenemos que lidiar con la maña, es un piche pedo cabrón que está muy fuerte. Este pinche gobierno de mierda que tenemos, o sea no pone orden, o sea están los pinches sicarios echando gasolina allí y voltean las policías y pasan…, y no hacen nada.

(Entrevista al mayordomo de un campo agrícola, Ejido La Herradura, 15/10/2023)

La selección de trabajadores de Chiapas no es casual. La falta de oportunidades laborales en sus comunidades de origen, sumada a la precaria situación económica y la carencia de trabajo mejor remunerado en sus comunidades, provocan que los jóvenes indígenas acepten contratos como jornaleros y se conviertan en una fuerza laboral dispuesta a migrar largas distancias en busca de mejores salarios. Sin embargo, este fenómeno no está exento de problemas, especialmente relacionados con el narcotráfico y la inseguridad en los lugares de destino e incluso durante el trayecto suceden muchas situaciones imponderables, accidentes, desperfectos mecánicos, extorsiones de la policía y de autoridades migratorias que confunden a los jornaleros con migrantes centroamericanos, porque muchos no hablan bien español y son amenazados con la deportación a Guatemala.

El traslado de trabajadores del sureste al noroeste es todo un reto logístico para los intermediarios laborales que deben cumplir con la provisión de la cantidad de jornaleros comprometida con las empresas. La falta de cumplimiento de la cuota pactada conlleva sanciones que pueden derivar en la suspensión de posibles contratos a futuro, e incluso en la búsqueda de un remplazo en la cadena de intermediarios laborales.

Se ha observado que la gran mayoría de los camiones se encuentra en malas condiciones mecánicas y los choferes están subcontratados en los recorridos, en el mejor de los casos llevan dos o tres choferes, pero hay ocasiones en que solo hay un chofer para un recorrido de 3.600 km.

En la misma narrativa, el mayordomo de los campos agrícolas del grupo agroempresarial mencionó la contratación de 12 camiones de Chiapas para el ciclo 2023-2024. El total de jornaleros contratados fue de 600 hombres entre 14 y más de 30 años. Los jornaleros provienen del municipio de Sabanilla, como se puede apreciar en el Cuadro 3, donde también se consignan el número de jornaleros por cada comunidad y los grupos de edad que integran los contingentes de trabajadores agrícolas.

Cuadro 3. Salarios por la cosecha de espárragos
en el Municipio de Sabanillas (2023-2024)
Comunidades JornalerosSalario por semanaPor mesPor temporada
El Calvario200260.0001.040.0003.120.000
El Paraíso140182.000728.0002.184.000
Shoctic140182.000728.0002.184.000
Shushupá120156.000624.0001.872.000
Total600780.0003-120.0009.360.000
Grupos de edadJornalerosPor semanaPor mesPor temporada
14-166888.400353.6001.060.800
17-20245318.5001.274.0003.822.000
21-23126163.800655.2001.965.600
24-30112145.600582.4001.747.200
mayores de 304963.700254.800764.400
Total600780.0003.120.0009.360.000

Fuente: elaboración propia sobre la base de información de trabajo de campo (febrero a mayo de 2024).

Los salarios recibidos son un factor determinante para que los trabajadores migren desde Chiapas hacia los campos agrícolas de Caborca, Sonora. Según los datos obtenidos en entrevistas con familias de migrantes, el salario mínimo base rondaba los 1.300 pesos semanales. Sin embargo, se incrementa paulatinamente durante la temporada de cosecha rebasando el salario mínimo de 1.800 a 2.100 pesos por semana durante la temporada alta de cosecha. Debido al pago a destajo que se ofrece en una segunda jornada laboral, un jornalero puede alcanzar hasta 4.000 mil pesos a la semana.

El pago a destajo está vinculado al rendimiento diario de un cortador, específicamente al número de cajas de espárragos cosechadas en la cuadrilla de jornaleros. La jornada base establece un mínimo de 120 cajas cosechadas por cuadrilla, que usualmente está compuesta por 12 cortadores y 2 “burreros” o recolectores más la estibadora. Estos últimos se encargan de recolectar y organizar las cajas. Si la cuadrilla logra cosechar 200 cajas en una jornada, recibirán un pago extra por las 80 cajas adicionales, a razón de 25 pesos por caja. Este pago extra de 2.000 pesos se divide entre los miembros de la cuadrilla, sumando 142 pesos adicionales al salario base de los jornaleros por día laborado. Si la cuadrilla mantiene o incrementa el número de cajas cosechadas cada día recibirá mucho más salario a destajo, lo que significa que cada jornalero al final de la semana puede obtener hasta 2.294 pesos.

Este esquema de pago permite que la empresa alcance y asegure un volumen mínimo de cajas cosechadas para la exportación, pero también implica que la fuerza laboral, especialmente los trabajadores jóvenes, se vean obligados a autoexplotarse para incrementar la productividad en cada jornada. Este fenómeno de sobreexplotación y flexibilización laboral es lo que sostiene la alta rentabilidad de las agroindustrias en el mercado internacional.

En el siguiente diagrama genealógico se muestra gráficamente una típica familia con miembros jornaleros, ilustrando las estrategias migratorias desplegadas a lo largo del ciclo doméstico de reproducción social y demográfica. Aquí, el jefe de familia y sus hijos casados forman un grupo doméstico extenso de tres generaciones, que ha migrado durante más de 18 años a los campos agrícolas del noroeste de México.

Figura 3. Diagrama genealógico de familia chol de una comunidad de Sabanilla

Fuente: elaboración propia sobre la base de trabajo de campo, febrero a mayo de 2024.

Los triángulos en color gris representan a los hombres migrantes contratados como jornaleros en los campos agrícolas del Valle de Caborca, Sonora. La primera generación inicia con EGO en color negro y la descendencia aumenta paulatinamente conforme avanza el ciclo de desarrollo doméstico iniciando en 2000; la dinámica demográfica familiar indica que cada dos años nace un nuevo miembro en la unidad doméstica. El diagrama genealógico representa a un grupo doméstico extenso que paulatinamente despliega estrategias de migración por relevos en binomios masculinos y escalonada por edades, los hombres más jóvenes nunca migran solos. Los binomios se componen de un hermano mayor y uno menor o, en su caso, el jefe de familia y un hijo mayor o menor. En una temporada migra un binomio, mientras que los otros hombres permanecen en el grupo doméstico campesino para realizar los trabajos de campo: sembrar-limpiar-cosechar la milpa y el café, sembrar-cosechar el frijolar y atender la ganadería de traspatio. En este sentido, la unidad doméstica realiza actividades sustantivas como toda familia campesina que se encuentra en una de las fases del ciclo doméstico ya sea: formación, consolidación y reemplazo o sustitución. Se retoma aquí la clásica definición de grupo doméstico de Alexander Chayanov (1985, p. 48) que indica:

El concepto de familia incluye a las personas que comen siempre en la misma mesa o que han comido en la misma olla. (…) incluye al grupo de personas que pasan la misma noche protegidas por la misma cerradura. (…) Son aún mayores las variantes en el tamaño de las familias, es frecuente encontrar que viven juntas varias parejas casadas de dos o hasta tres generaciones, unidas en una sola familia patriarcal compleja.

La definición tiene una vigencia ineludible para comprender los procesos de movilidad y las estrategias de migración empleadas por la unidad doméstica campesina, en este caso la migración es circular y por relevos, pero además es escalonada a lo largo del ciclo doméstico. En el ejemplo anterior, se muestran la fecha de inicio del proceso migratorio del jefe de familia y la paulatina incorporación de los hijos del mayor al menor, en un tiempo cíclico definido por el grupo doméstico para migrar junto con otros coetáneos de su comunidad iniciando el proceso migratorio. En algunos casos, como el ejemplo mostrado, los hijos más jóvenes migran a una edad más temprana, iniciando el proceso migratorio todavía en la niñez; esto se debe a varias causas, una de ellas puede ser la aceleración e incorporación de los miembros más jóvenes a la vida laboral, mostrando un proceso de socialización y transmisión de diversos aprendizajes y experiencias de los mayores a los miembros más jóvenes. Otra es la necesidad y requerimiento de mayores recursos monetarios para enfrentar la escasez o la crisis de la economía campesina.

Las economías campesinas están sustentadas en una base material que permite la reproducción social y cultural donde las relaciones de mercado local o comunitario carecen de sentido, pues el medio donde se desarrollan y florecen los recursos proporcionan de forma constante el aprovisionamiento de los medios materiales para la satisfacción de sus necesidades, sobre todo las alimenticias; la tierra cumple dicho objetivo esencial, además de contar con recursos como el agua, los bosques y otros necesarios que permiten la reproducción de las familias y sus comunidades.

Entonces cabe la pregunta: qué los obliga a migrar y embridarse a la maquinaria del capitalismo agroexportador. La respuesta es compleja y tiene múltiples escalas, la primera causa es la crisis agrícola, pero también están los bajos precios del café; el aumento de las plagas que afectan las cosechas que ocasiona bajos rendimientos en la producción de maíz y frijol; otro origen es la sequía prolongada y la falta de agua generalizada en los últimos años. Y uno más es la necesidad de contar con recursos monetarios para el logro de objetivos comunes.

En el ejemplo anterior, los salarios se ponen en una bolsa común y se distribuyen en diversas cajas de ahorro colectivas. Una de ellas es la inversión en la compra-venta de ganado vacuno; la venta de las vaquillas y terneras constituye una caja de ahorro viva, aunque no libre de riesgos y pérdidas imponderables. La otra es la inversión en camionetas o motocicletas que permiten la carga de los productos agrícolas y la movilidad de los miembros de las unidades domésticas. Incluso se debe considerar la adquisición de celulares y otros aparatos electrónicos, que expresan las nuevas conexiones con la cultura global.

Estas son respuestas diversas a la pregunta sobre la toma de decisiones familiares que obligan a algunos de sus miembros a migrar a las zonas agroindustriales del noroeste de México. En el caso analizado, los salarios recibidos de los migrantes temporales sumaron para la temporada de 2023-2024 mas de 100.000 mil pesos por un salario colectivo; sin embargo, hay que descontar gastos de alimentación y, entre otros, los referidos al consumo cotidiano como pueden ser medicinas, ropa, calzado, entre otros varios. Lo sobresaliente es el ahorro colectivo de los salarios recibidos por los miembros de las familias, lo cual es parte de la filosofía de vida de un colectivo que utiliza la migración para lograr los objetivos comunes y que lo ve como un sacrificio que vale la pena realizar familiarmente.

Vivir a destajo del surco implica que la migración por relevos, pendular, generacional y por géneros es una estrategia de vida de los grupos domésticos indígenas que tratan de palear la crisis permanente en la que viven. Crisis que es interpretada como aquellos procesos estructurales que están fuera del control de las personas y de las familias, pero que a la vez expresan una pérdida de confianza en los elementos que le proporcionan una relativa estabilidad sistémica y expectativas de utopías y proyectos a futuro, sean individuales o colectivos, como señala la narrativa del jefe de familia cuando inicia el proceso migratorio en 2008, las razones por las que migró dan una pauta para interpretar las condiciones de incertidumbre radical:

– Es el año que fuimos en 2008, salimos por la necesidad, porque fuimos a trabajar pues, porque dicen que hay mucho dinero, al momento de estar allá esta muy duro, las situaciones de trabajo, todo el día, entrando desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde. En la casa donde rentábamos salíamos a las 3:00 de la mañana, caminar dos horas para llegar al trabajo.

– ¿iban en carro?

– Si en carro, llegando allá se empieza a trabajar, depende lo que uno hace, limpiar, cosechar, estibar.

– ¿Ya estabas casado cuando te fuiste?

– Si ya había casado, ya tenía tres hijos, el Manuelito y a los otros dos chicos.

– ¿Como se llama el más grande?

– Carlos Manuel, el pequeño 8 años y luego sigue, este Alejandro y el otro Lisandro, si porque las otras nacieron cuando regresé.

– ¿Nacieron cuando regresaste?

– Si porque, fuimos pues por la necesidad, no hay nada pues, donde ir a trabajar, para hacer unas casas.

– ¿Hiciste tu casa?

– Sí, este…, de 10 x 5 metros, por eso decidí trabajar, porque no hay donde puedo ir a trabajar pues, aquí esta bien bajo el salario, resulta que allí, sí hay dinero, pero cuesta pa tenerlo, pa ganarlo, pura chinga de 6 a 6, todo el día.

– ¿De quién escuchabas que había dinero, de tus mismos compañeros?

– De los mismos compañeros y del contratista que los lleva, porque algunos ya llegaron pues y regresan [a la comunidad] y vuelven a regresar otra vez allá, por eso dicen…, pues que hay mucho dinero, pero resulta que allí, cuando ya estamos trabajando cuesta un chingo de 6 desde la mañana hasta las 6 de la tarde, no había buena comida y el calor era muy fuerte. Pero tenía que aguantar, quería construir mi casa, ahorrar y enviar el dinero a mi mujer, para comprar los materiales y pagar al albañil.

(Entrevista a jornalero agrícola en la comunidad del El Paraíso, mayo de 2024.)

 

La narrativa anterior proporciona una reflexión sobre los valores sociales familiares que acompañan a los trabajadores en sus periplos por los campos agroindustriales. El ejemplo expresa el significado de sacrificarse y esforzarse por un bien común como puede ser la construcción de la vivienda. Por un lado, representa las posibilidades subjetivas y objetivas para proyectar su vida en el futuro; por el otro, la estrategia y capacidad de ahorro y la inversión colectiva. La esperanza de que vale la pena vivir la vida sufriendo y soportando las condiciones de explotación tendrá su recompensa en el logro de los objetivos familiares. Este tipo de casos se repiten constantemente con diversas variaciones en las narrativas personales y familiares. Pero, ganarse la vida tienen que ver con la cooperación y empatía generadas por los compañeros de la misma comunidad que estimulan a reproducir patrones de movilidad y a unirse a los contingentes de trabajadores agrícolas. Esto da sentido a los sacrificios que vale la pena vivir individualmente, pero que al mismo tiempo son compartidos de manera colectiva.

La otra reflexión se refiere a la función social que juega el intermediario laboral o contratista quien funge de enlace entre la comunidad indígena y los empresarios agroindustriales del noroeste de México. Sin la red de contratistas como operadores locales, el sistema de producción del capitalismo agroexportador no podría funcionar. Es decir, sin brokers comerciales, de insumos, de dinero y proveedores de fuerza de trabajo barato el sistema se derrumbaría como un castillo de naipes. Como explica el ingeniero encargado de los campos agrícolas del Grupo Agroindustrial MMM:

Imagínate grupo MMM, yo veo alrededor de 1.500 ha, de grupo Maríns son 6 campos de espárrago, entonces yo veo todos de hecho, y tengo otros clientes entonces no puedo estar todo el pinche día allí, entonces tengo gente que oye quiero esto, quiero lo otro…, a mí me habla el mayordomo, está quedando mal el corte [del espárrago] me doy la vuelta y está quedando mal el corte, yo no me peleo con los trabajadores, me peleo con el contratista…, órale hijo de tu pinche madre para eso te estoy pagando, arréglame esa cuadrilla, no son todas, si traigo 10 cuadrillas hay una que está valiendo madres esa quiero que me la arregles. El contratista tiene que disciplinar a su gente. Yo no me voy a tomar medidas, hasta allí ponemos orden. Pero jamás nos vamos contra la gente, el mayordomo es el que me dice…, oye pasa esto, tenemo problemas con los cortadores. Entonces esa es la comodidad de tener un contratista, es caro, si es muy caro, te cobra 20 o 30 pesos por cada trabajador diario. Imagínate lo que gana el amigo por 600 trabajadores, nomás haciendo números parejos de 20 pesos, le pagamos 1.200.000 mil pesos en 90 días es lo que se lleva. (Entrevista al ingeniero del Grupo Agroindustrial MMM, octubre de 2024.)

 

El dinero desempeña un papel central en la relación entre el intermediario laboral, los empresarios agrícolas y los jornaleros. El dinero puede ser es un instrumento de deseo individual que motiva la envidia, la discordia y la rivalidad entre los intermediarios y un instrumento de dependencia colectiva como es el caso de los jornaleros. Los intermediarios laborales pertenecen a las mismas comunidades indígenas, hablan los mismos idiomas que sus correligionarios y por tanto son el puente cultural entre el mundo global moderno institucional agroexportador como del mundo local tradicional comunitario indígena. Es un broker cultural que traduce los significados, discursos y exigencias empresariales y además simula o enmascara las desigualdades, la flexibilidad y explotación laboral bajo formas y narrativas culturales que puedan ser comprendidas y aceptadas por los jornaleros reclutados. Tienen que demostrar su capacidad de liderazgo para comandar grandes contingentes laborales de Chiapas a Sonora.

El intermediario cultural suele estar en la base de una estructura piramidal en cuya cúspide en general hay un contratista mayor que hace acuerdos directos con los empresarios. Las redes sociales del intermediario cultural suelen estar referenciadas a una amplia constelación de parientes, amigos y paisanos dispersos en las comunidades indígenas. Dichos grupos son de hecho un contingente de trabajadores relativamente estable, con cierta confianza y lealtad al intermediario cultural, pero también con una estricta división del trabajo que cubre distintas funciones. Los nuevos integrantes de este equipo suelen pasar por un proceso de aprendizaje en los campos agrícolas para disciplinarlos y capacitarlos en las diversas actividades que deberán realizar durante la cosecha, limpieza y poscosecha de las hortalizas y los frutales. En el siguiente argumento el contratista indica cuáles son las estrategias que emplea para sostener la lealtad entre los jornaleros:

– Sí, depende del patrón, le hablo también, cómo va a ser, cómo vamos a hacer ese trabajo. Bueno y yo le digo, “no es poco salario que están pagando”. Bueno, por lo tanto, ahorita es lo que se va a hacer. Pero ya cuando hay más el espárrago, ahora sí ya cuenta con otro precio. Y es lo que hacemos y hablamos con los patrones. Bueno como ahí donde llegamos, estoy acostumbrado a negociar, a ver eso, a hacer. La primera semana nos pagan por día, de ahí ya cuando, igual, también lo veo que hay más trabajo nos dan porcentaje.

– ¿Cuánto ganan por día?

– Ciento setenta y cinco al día.

– ¿Hay chamba en la tarde?

– Ya no hay. Solo ciento setenta y cinco. Solo medio día, medio día y ya está. A veces no llegan a medio día, trabajamos y ya. Por eso me conviene, porque no es tan dura la chamba. Ahora ya cuando hay mas espárragos, ya es otra cosa. Sí, así es.

– ¿Empieza lo duro a partir de la tercera o cuarta semana?

– De la cuarta semana. Y a veces no hay chamba todavía, a veces turnamos. Una cuadrilla que va como hoy, otra que va a descansar para mañana.

– ¿Es decir, no trabajan todos los días?

– No todos los días, porque aún es la escuelita. Les tengo que enseñar cómo es el corte, cómo usar la cuchilla y como deben de ir parejos, que nadie se quede atrás.

– Y, la cosecha fuerte ¿es el segundo mes o hasta la sexta semana?

– Sí, es el segundo mes. Si es bueno el tiempo, en el segundo mes. Es que, depende también del clima, así hemos visto allá. A veces llegamos en enero, en inicio de febrero empieza la cosecha fuerte, pero casi lo vemos que no todos lo meses se hace así, a veces, llega el tiempo malo o bueno. Cuando es bueno la gente está chingona, sacan dinero, pero cuando es mal tiempo, ahí como que la gente no le cuadra pues, hay problema.

(Entrevista a mayordomo del campo 01/02/2024)

En este caso, el intermediario cultural pertenece a la misma red social, se coloca como un negociador entre el empresario agrícola y los jornaleros indígenas, la actitud es la de luchar por un salario justo, pero sin oponer resistencia a las estructuras de poder y dominación que fijan los estándares de producción. Asimismo, representa un sistema hegemónico de producción a nivel global que ha cobrado fuerza en las últimas décadas del siglo pasado y principios del presente.

Reflexiones finales

El sistema agroexportador de frutas y hortalizas frescas refleja con nitidez los profundos cambios que acontecen en qué, cómo, dónde y para quién se cultivan estos bienes, a qué mercados están dirigidos. El modelo de desarrollo impulsado en los distritos de riego, en el caso específico del distrito 037 Altar-Pitiquito-Caborca, funciona para un reducido sector de la sociedad, la gran mayoría de la población no tiene la menor posibilidad de acceso a la generación de la riqueza.

Por el contrario, el sistema de producción es insostenible a largo plazo, la extracción del agua es un gran problema que se incrementará en los próximos años. Además, los procesos de contaminación y salinización de los mantos freáticos ya están ocurriendo en los pozos de riego del distrito. Como han informado los ingenieros de los campos agrícolas las empresas no pierden, una vez que merme el agua o la fertilidad de los suelos se agote y no sea rentable producir barato,buscaránn un nuevo nicho ecológico para instalarse en nuevas tierras.

Esto significa que el sistema agroindustrial es sumamente frágil, comparativamente con la resiliencia de la economía campesina. El entorno social es otro problema, actualmente el contexto de violencia exacerbada por los grupos del crimen organizado ha propiciado mayor vulnerabilidad no solo para la población jornalera, sino para todas las empresas. La extorsión es una práctica con la que tienen que lidiar las agroempresas cotidianamente. Otro efecto es el contexto macroeconómico y el tipo de cambio peso-dólar que afecta las ganancias de la exportación, el sistema está diseñado para incrementarse y expandirse constantemente ciclo tras ciclo; si no se logra es necesario hacer ajustes en las prácticas productivas para hacer más eficiente la rentabilidad y obtener mayor plusvalía.

En este sentido, la exportación de las frutas y legumbres es un negocio cuantificado en dólares, pero los salarios de los jornaleros equivalen a pesos mexicanos; es decir, que la rentabilidad está sustentada por el trabajo barato, precario y flexible de hombres que hacen que esto sea posible. Los sistemas de intermediación laboral son muy diversos y complejos, todas las empresas dependen de estas redes de reclutamiento para controlar los mercados de trabajo agrícolas.

El intermediario cultural local ocupa un lugar importante en la estructura organizativa de la empresa pues es el enlace de contacto cara a cara con los trabajadores indígenas. Al mismo tiempo, opera de una forma informal pues no tiene contrato laboral con ninguna de las partes involucradas, las empresas no lo consideran parte de sus plantillas estables de empleados contables o de los departamentos de recursos humanos; por otra parte, no forman una agencia de contratación de trabajadores, pero tienen que validar el contrato oral con los jornaleros agrícolas de aceptar las condiciones laborales que fijan las empresas.

Todo intermediario laboral cultural pertenece al mismo tiempo a una estructura piramidal jerárquica de una cadena de contratistas, donde hay una gran competencia y rivalidad entre diversos intermediarios para lograr enganchar al mayor número de personas en sus comunidades. Los fracasos se pagan con su remplazo, porque siempre hay alguien que pueda suplir y cumplir las exigencias impuestas por los empresarios. Ellos cuentan con el capital necesario para comprar lealtades personales o remplazarlas por otras.

El mejor intermediario es el que impone control y tiene cierta habilidad para crear consensos y consentimientos entre los trabajadores en el momento de conflictos con las empresas por aumentos salariales, albergues dignos o alimentación adecuada y abundante. Esto les concede un papel protagónico en la construcción social y política del mercado de trabajo. Como indican los mayordomos e ingenieros del campo “el amigo sale caro, porque cobra por cada trabajador contratado”, pero es necesario porque es intérprete y traductor cultural de diferentes códigos y lenguajes. Su trabajo también es legitimar las desigualdades sociales y culturales reproducidas en los mercados de trabajo rural que se han fincado en dicotomías raciales: indígena/mestizo; productivas: campesino/empresario o ineficientes/eficientes; sociales: tradicional/moderno; políticas: desorganizados/organizados; económicas: sustantivistas/formalistas. Los intermediarios laborales articulan dimensiones culturalmente diferenciadas.

Por su parte, los jornaleros no son solo una masa uniforme, integran un conjunto social heterogéneo que, aunque está embridado en estructuras productivas jerárquicas y aparentemente no tiene libertad y poder de decisión, utiliza estrategias de fuga cuando las condiciones laborales no lo favorecen o, por el contrario, crea redes de solidaridad y confianza que construye desde sus comunidades, las cuales le permiten sopesar y soportar las inclemencias de la explotación y las desigualdades que le extraen su fuerza y creatividad en el trabajo. Muchos jornaleros logran protegerse de las violencias y crean estrategias de cuidado mutuo durante su periplo laboral. De tal modo que reproducen símbolos y prácticas culturales que les permiten el logro de objetivos comunes, como, por ejemplo, estrategias de ahorro colectivo, apoyo en la construcción de viviendas, o donaciones en dinero o especie en caso de accidentes o enfermedades.

Un jornalero nunca migra solo, siempre está acompañado por sus pares que le proporcionan apoyo, afecto emocional en momentos de enfermedad y soledad para soportar las injusticias de la explotación. Las redes sociales proporcionan el tamiz por donde circulan los anhelos y sueños individuales y colectivos.

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  1. CIMSUR-UNAM.
  2. Se aplica el verbo embridar en el sentido utilizado por Yann Moulier-Boutang quien señala que el “trabajo asalariado embridado” es cualquier forma de relación laboral contractual con un carácter apremiante en su forma y en la sustancia de lo que se vende (es decir, algo distinto de la pura fuerza de trabajo libre) (2006, p. 33).
  3. La migración por relevos la definió Lourdes Arizpe quien dice lo siguiente de los miembros migrantes de la unidad económica campesina: “no se separan definitivamente del grupo doméstico en el pueblo porque están actuando en función del él. En otras palabras, están cumpliendo con un papel asignado en la división de labores al interior de la unidad campesina” (Arizpe, 1980, p. 18).
  4. Esta publicación utiliza el sistema de numeración oficial de la Argentina que usa punto para los miles y coma para los decimales.


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