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Alianzas en la construcción de los territorios

La experiencia de la EEA-AMBA
entre 2013 y 2018

Gustavo Tito y Diego Taraborrelli

1. Introducción

Es sabido que la ciencia no es políticamente aséptica. Menos aun cuando se piensa en los caminos posibles y probables para el desarrollo nacional. Allí, la definición de líneas de investigación, la extensión y la financiación de proyectos estratégicos implican la articulación de distintos actores de los circuitos políticos, académicos, productivos y sociales. La construcción de las políticas públicas es producto –nunca totalmente cristalizado y siempre en tensión– del juego de fuerzas y alianzas de distintos actores tanto públicos como privados. Por lo tanto, se puede afirmar que la política científica, como toda acción política, se basa en la capacidad de generar o movilizar aliados (Callon, 1986). En este breve ensayo serán puestos en el centro de la escena, con sus matices y realzando su incidencia en las actividades de gestión –interna y externa– de la Estación Experimental Agropecuaria Área Metropolitana de Buenos Aires (EEA-AMBA), el brazo territorial de un instituto de ciencia y tecnología. La corta existencia de la EEA-AMBA resulta sumamente ilustrativa con respecto a la importancia de la movilización de los aliados en el proceso de construcción del territorio agrícola periurbano.

Como se verá, el despliegue de las alianzas en los territorios se da en los momentos de conflicto o de crisis, al ritmo de los vaivenes de la dinámica política nacional que habilitan cambios en las estructuras que estaban invisibilizadas o marginalizadas. Dicho de otro modo, el movimiento pendular de la política nacional repercute dentro de las instituciones que trabajan construyendo el territorio, fundamentalmente en el proceso de agregación y desagregación de los aliados.

En el caso de la EEA-AMBA se podrá observar que al comienzo había una estructura de aliados cercanos y lejanos. Aliados que respondían a una forma de gestionar los territorios o a una razón político-ideológica y aliados que juzgaban en cada caso o que podían apoyar a uno u otro. Este fenómeno destaca la relevancia de los interrogantes sobre los “pasajes” políticos, así como de los motivos o las estrategias de alianzas que implementó la institución en el proceso de construcción del territorio.

Este análisis, escrito en base a la experiencia de gestión de uno de los autores, se divide en cinco partes, además de la introducción. La primera aborda la cuestión del espacio periurbano como objeto de política que justifica la decisión del INTA de crear una unidad específica. La segunda se enfoca en una subetapa inicial para dar cuenta de los hitos de su creación hasta 2013 y luego abocarse, en tercer lugar, a la etapa de 2013 a 2015. La cuarta versa sobre la reconfiguración de los ejes y las estrategias en el trienio 2016-2018. Y para concluir se reflexionará sobre las diversas modalidades de “hacer aliados” en el territorio y la necesidad de pensar la lógica de alianzas de una manera pública y persuasiva, como garantía de la estabilidad para la continuidad de las políticas en el tiempo.

2. El territorio: la gestión del espacio periurbano

Los periurbanos son un paisaje físico y social altamente heterogéneo. Partiendo desde el borde de las ciudades presentan una secuencia de intensidades decrecientes, económicas, sociales y productivas. Puntualmente, en el borde del periurbano bonaerense se superpone la expansión de nuevos frentes de urbanización dispersa (barrios cerrados, clubes de campo, hoteles, clubes y asentamientos populares, entre otros) con actividades segregadas de las áreas más densas (rellenos sanitarios, industrias contaminantes, tosqueras, ladrilleras y demás emplazamientos) y zonas de producción agropecuaria.

Hasta los primeros años 2000, la gestión del territorio periurbano bonaerense en el INTA fue enfocada principalmente hacia lo hortiflorícola. Si bien se destaca el trabajo de Prohuerta en el AMBA desde 1993, no había una gestión que tomara el área metropolitana como una unidad de intervención en su conjunto. Existían dos agencias, en La Plata y en Escobar, que dependían de la EEA San Pedro, unidad del Centro Regional Buenos Aires Norte, a más de 200 kilómetros del periurbano bonaerense.

En el INTA, el registro institucionalizado de estos espacios fue posible tras la adopción del enfoque territorial en el Plan Estratégico Institucional de 2005-2015. Desde allí fue posible visibilizar a los actores del territorio y enmarcarlos en una política territorial del INTA, rescatando así el capital humano preexistente. Como parte del nuevo tratamiento, la institución promovió la articulación de los investigadores hortiflorícolas con los técnicos de Prohuerta, abocados a la creación y el asesoramiento de huertas urbanas, comunitarias y periurbanas. Durante aquellos años, el foco estuvo puesto sobre la producción y en un conjunto de actores que desarrollaban una economía de mercado interno, vital para la reproducción de la población urbana. Esta cuestión –más allá de espasmódicos esfuerzos– era una vacancia en el INTA, mientras no existía una política institucional de intervención articulada territorialmente para ese sector del sistema agroalimentario argentino.

En este punto, la propuesta de creación de la EEA-AMBA significó una doble innovación para el INTA. A la vez que reforzó el enfoque territorial adoptado, respondió a una vacancia de política sobre un territorio ajeno al foco institucional, logrando así articular instrumentos y antecedentes del INTA en la priorización de la problemática de los territorios periurbanos, que hasta entonces era abordada de manera fragmentada. En esta última innovación, el INTA fue pionero al revalorizar el periurbano bonaerense como un territorio con especificidades propias y anticipar una cuestión que en los últimos años ha podido instalarse en la agenda social y estatal.

3. El territorio es el que manda: creación e instalación de la EEA-AMBA (2007-2013)

Tras la crisis de 2001, en Argentina se deterioraron todos los indicadores sociales y económicos. Con niveles de pobreza y desempleo inéditos, la seguridad alimentaria de los principales centros urbanos del país fue en retroceso. Allí, como parte de los mecanismos de subsistencia, muchos sectores sociales se organizaron mediante distintas modalidades: comedores colectivos, huertas familiares, comunitarias e institucionales (escuelas, jardines de infantes y centros de jubilados, por ejemplo), producción casera de alimentos y diversos modos de trueque.

Tomando nota de las consecuencias de la política nacional, durante 2005 se creó el actual Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (CIPAF) dentro de la estructura del INTA. Como parte de su agenda, desde el CIPAF se plantean los temas de la agricultura familiar rescatando lo hecho desde 1987 con el programa Minifundio. Como corolario del proceso se estableció la necesidad de trabajar la gobernanza de la producción agropecuaria en el periurbano bonaerense. La creación de la EEA-AMBA en 2007 fue un parteaguas dentro del sector público nacional, pues hasta ese momento, salvo el caso de la empresa estatal Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE), abocada a los residuos del AMBA, no existía una política específica de un organismo nacional que encarara de manera integral las problemáticas que existían en el periurbano bonaerense.

Como se mencionó, el INTA contaba con antecedentes. Por un lado, había un caudal de profesionales que de la mano de Prohuerta estaban familiarizados y sabían trabajar con las producciones periurbanas. Por otra parte, la institución contaba con las agencias de extensión del Centro Regional Buenos Aires Norte. Con estos elementos se conformó una comisión de trabajo en la que participaron todos los agentes de Prohuerta con inserción en el periurbano bonaerense, las agencias de La Plata y Escobar, que dependían de San Pedro; y el Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (IPAF) Región Pampeana. Desde la comisión se inició un arduo proceso de discusión, centrada en el papel del territorio y la gobernanza.

Las posturas dentro de esa comisión se debatían entre el espacio y la gobernanza del territorio. De las discusiones se consolidaron cuatro propuestas para presentarle al Consejo Directivo:

  1. Que el AMBA fuera una dependencia de la EEA San Pedro (Centro Regional Buenos Aires Norte), siguiendo la inercia histórica de la horticultura y negando el papel central de Prohuerta, en una suerte de Agencia de Extensión Rural más ambiciosa.
  2. Que fuera una EEA abocada a la agricultura urbana y periurbana (AUPU-AMBA), dependiendo del Centro Regional Buenos Aires Norte, ubicado en Pergamino.
  3. Que se transformara en un centro regional por sí mismo, similar al centro metropolitano del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA).
  4. Que continuara el funcionamiento de Prohuerta y la agencias tal cual lo hacían hasta ese momento.

Durante aquellos años, las mayores resistencias se encontraron entre quienes promovían que lo urbano estuviera gestionado por Prohuerta y que en lo referido al periurbano no tuviera competencias el Centro Regional.

Finalmente, en 2007 se aprobó que la intervención sobre el periurbano bonaerense se realizaría a través de una EEA especializada. La nueva EEA-AMBA –abocada a la agricultura urbana y periurbana– tuvo entre sus primeros desafíos organizar la gestión del territorio, a sabiendas de que este es dinámico y heterogéneo y que crece en forma permanente hacia el oeste, de acuerdo con la infraestructura de conectividad.

La decisión de la comisión fue priorizar dos dimensiones. Por un lado, la conectividad radial: de la zona norte a través de las autopistas y la cuenca Luján, al oeste con las autopistas y la cuenca Matanza-Riachuelo, y hacia el sur con la autopista La Plata-Buenos Aires y la cuenca del Plata. Por otra parte, organizó la presencia en tres anillos: la región urbana y el primer cordón (con el territorio de la Capital Federal), la zona periurbana y la frontera con el AMBA.

Lo destacable de esta etapa de creación fue que el criterio observó la dinámica del territorio al momento de plantear la política territorial, a diferencia de las políticas específicas que apuntan a un actor determinado o a un concepto específico.

Mapa 1: Área de cobertura de la EEA-AMBA del INTA

Fuente: Kozel et al., 2017.

Con base en estas dos dimensiones –conectividad por autopistas y dinámica por anillos– se identificaron tres ejes y tres semicírculos, y en la intersección de esos elementos se crearon las agencias de la nueva unidad del INTA. Se originaron así seis agencias: una urbana sur, una urbana oeste y una urbana norte, al igual que con las agencias periurbanas y otras análogas más rurales, para abarcar un territorio compuesto por 40 municipios y 14.000.000 de habitantes. La sede de la EEA-AMBA fue ubicada en el predio del Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias (CNIA) en Hurlingham, en proximidad con los institutos de investigación básica del INTA. La decisión estratégica consistió en generar una sinergia que vinculara a los centros y los institutos de investigación del INTA del CNIA con una política de intervención territorial. Durante esa etapa se estableció la sede, se construyó ediliciamente y se conformó el Consejo Local, que es la instancia de gestión de las unidades del INTA articulada con los actores del territorio y la población objetivo (Mapa 1). El Consejo Local se integró con representantes de la agricultura familiar periurbana (AFPU) del norte, el oeste, el sur y las zonas urbanas, del Ministerio de Agricultura, cuatro de los municipios (por el norte, el sur, el oeste y el primer cordón), de las universidades y del gobierno de la provincia de Buenos Aires.

Tras la habilitación de la EEA-AMBA se crearon agencias similares en Tucumán y Paraná (Entre Ríos). Si bien estas eran parecidas en esencia, tenían una impronta distinta, pues buscaban reforzar el papel de los agentes de Prohuerta sin abordar el periurbano integralmente, como se planteó desde un principio para el periurbano bonaerense. El planteo de la gobernanza de la EEA-AMBA proponía generar sinergias entre los técnicos hortícolas que manejaban los invernáculos, y conocían el mercado y la logística del territorio, y los técnicos de Prohuerta que desarrollaban las huertas familiares y colectivas desde hacía más de diez años.

Como se pudo observar, las primeras discusiones sobre el mejor tratamiento para el territorio periurbano pusieron en evidencia las complejidades del espacio, en el que aparecen algunos actores que refuerzan y otros que desestiman e ignoran muchas de las necesidades para la efectiva gestión de la gobernanza territorial. En este sentido, la cuestión de los aliados se podría presentar del siguiente modo: para la innovación institucional se encontraban resistencias desde algunos sectores más conservadores dentro de la estructura. Por otro lado, había una gestión mucho más proactiva y afín a la política de creación de la EEA-AMBA del INTA por parte de los miembros de Prohuerta, las organizaciones sociales del periurbano y actores del Estado nacional y referentes del proyecto de gobierno de aquellos años. La EEA-AMBA fue potenciada por la puesta en valor de las organizaciones de productores de la sociedad civil del territorio, junto con varias de las intendencias del conurbano que se vinculaban con el INTA a través del Prohuerta y que contaban con el desarrollo de las agencias locales, como Berisso, que articulaba con el Programa para Productores Familiares (PROFAM), y Moreno, con el Instituto Municipal de Desarrollo Económico Local. Ambos esquemas permitieron reforzar los argumentos proactivos al interior del INTA.

4. La consolidación territorial (2013-2015)

A partir de 2013, la EEA-AMBA encaró la gestión del territorio a través de varias iniciativas simultáneas. La estrategia diseñada planteaba la cogobernanza del territorio en articulación con los distintos actores. El planteo implicaba seis ejes:

  1. La participación de la sociedad en la cogestión, privilegiando como interlocutores fundamentalmente las organizaciones sociales y las intendencias, como la unidad de organización jurídico-político-institucional en el Área Metropolitana.
  2. La formación y el fortalecimiento institucional de las organizaciones territoriales locales.
  3. La institucionalidad, marcando la presencia del INTA en el AMBA.
  4. El diálogo con el mercado, facilitando así el acceso para los productores locales a la comercialización.
  5. La generación y cogestión del conocimiento.
  6. La gestión interna con más de 120 agentes del INTA, distribuidos en 20.000 kilómetros cuadrados.

Respecto del primer eje, la cogestión social durante ese periodo replanteó cuál sería el rol de los consejos asesores locales de las agencias de Extensión Rural, que para el INTA históricamente cumplían un rol de control social del director (una suerte de contrapeso democrático). Desde 2013, los consejos locales empezaron a ser considerados como una pieza fundamental en la gestión del territorio. Con ese cambio de visión, la gobernanza comenzó a generar una nueva red de aliados en el territorio. Se conformaron los consejos locales de las nueve agencias, en los que participaban alrededor de 20 personas en cada uno. La propuesta era la siguiente:

Llamen a todo actor del territorio de la parte privada, como los pequeños productores, los huerteros, las organizaciones de productores y las universidades con sede local. Tiene que haber un representante de cada municipio y de los organismos nacionales a los que les interese participar en cada consejo local.

La única condición era que los consejos estuvieran conformados en el 50% por personal del Estado (nacional, provincial y municipal) y en el restante 50% por organizaciones de la AFPU.

El papel de los consejos era recolectar demandas y visibilizar las actividades realizadas dentro del AMBA, con el fin de validar acciones y dar valor a la participación. De ese modo, el cambio implicó que la EEA-AMBA contara con 200 consejeros distribuidos en el territorio. En este sentido, por cada técnico que tenía la Experimental se contaba con dos consejeros más, por lo que había tres personas mirando el territorio desde sus diferentes roles y espacios institucionales.

Con ese esquema consolidado se promovió que los consejos trabajaran en el territorio rotando de locación, esquema en el que cada consejero funcionaba como anfitrión para cada reunión. Buena parte de los esfuerzos realizados durante ese período estuvo orientada a consolidar y sostener los equipos territoriales y el funcionamiento de los consejos.

Los aliados que conformaban los consejos eran las asociaciones de productores locales, ganaderos lecheros, cooperativas, huerteros, y representantes de municipios o intendentes, del Foro Nacional de la Agricultura Familiar, de la Cámara Argentina de Maquinaria de Agricultores Familiares (CAMAF), de las universidades del conurbano, de los docentes y directivos de las escuelas, de las sociedades de fomento y demás organizaciones. Además, a nivel nacional se sumaban representantes de la Secretaría de Agricultura Familiar o del Ministerio de Desarrollo Social. Las alianzas con esas organizaciones, en muchas ocasiones, lograron frenar desalojos mediante el asesoramiento técnico y jurídico de los pequeños productores. También se abordó la cuestión del trabajo infantil en las producciones hortícolas, de manera articulada con el Ministerio de Agricultura.

Con el despliegue territorial de la EEA-AMBA se propuso que en el periurbano bonaerense se mejoraran los esquemas de producción para los mercados de cercanía. En función de eso se buscaron fortalecer las producciones de alimentos y de otros tipos, como la apicultura y la floricultura. Por ejemplo, como parte de las acciones emprendidas se comenzó a trabajar el protocolo de apicultura periurbana. Del mismo modo, se alentó el viverismo a través de jornadas técnicas con sedes en distintas partes del territorio. Además, la EEA-AMBA generó una línea de trabajo para la producción animal y de otras cadenas. También se conformó la línea de trabajo de valor agregado y de los canales de comercialización de ciclo corto, a través de la promoción y la creación de ferias. Para el caso de las agencias urbanas, que no hacen agricultura, se dispuso una serie de iniciativas orientadas al agregado de valor de los productos que provenían del tercer cordón, de forma que permitieran generar canales de comercialización de ciclo corto (entre ellas se destacó la Red de Dulceras del AMBA).

El segundo eje, de fortalecimiento de las organizaciones sociales, buscó formar a los productores rurales como dirigentes sociales para la agricultura familiar. Así, se realizaron actividades de “fortalecimiento institucional” a través de una política de “puertas abiertas” del INTA a la comunidad. Este elemento estaba directamente relacionado con los ejes tercero y cuarto (de la institucionalidad y de la comercialización respectivamente) en lo que respecta a la estrategia expansiva de la gestión institucional. El objetivo de máxima era que en cada municipio del AMBA debía inaugurarse una oficina del INTA, ya fuera una sede de agencia, una oficina técnica (Varela, Berisso, Exaltación de la Cruz, Lomas de Zamora y La Matanza), un centro multiplicador de gallinas de Prohuerta, una huerta comunitaria o unidades de demostración apícola/agrícola. De ese modo, mediante el fortalecimiento de las actividades productivas se pretendía poner un límite a la expansión de la mancha urbana en el territorio.

En la misma línea, pero puertas adentro, la coordinación de la EEA-AMBA durante ese período buscó potenciar el uso del predio de la EEA en Castelar. Fue así que se creó un espacio para el compostaje, un área de pastura y un invernáculo en el que se reproducían los plantines. También se instaló un ensayo de larga duración de “horticultura agroecológica a campo”, que llegó a tener cinco años de vigencia. Todas esas iniciativas fueron posibles gracias a la articulación con las organizaciones de productores urbanos, pertenecientes a la economía social, que entraron al predio y sincronizaron con los extensionistas para sostener la actividad. En consecuencia, se conformó una sinergia con las cooperativas piqueteras y los beneficiarios de planes sociales. En el predio, incluso, se estableció una feria con el aval del Municipio (Feria ITU-AMBA), que agrupó hasta 30 puestos en los cuales microemprendedores y microproductores ponían en venta sus productos, dinamizando así la Experimental en su integración con la comunidad. Aparte de eso, durante aquellos años se inauguraron los llamados “parques huertas”, que a los miembros de la comunidad les permitían la autoproducción de alimentos, de manera que se lograba integrar a los vecinos con la institución. Durante ese lapso también se trabajó fuertemente con la comunidad boliviana, los municipios y las universidades para poner ferias en sus campus, como ocurrió con las universidades nacionales de La Matanza y de Hurlingham, sumadas a las ferias que armaron los municipios. Ese era el eje central de los trabajos de comercialización durante esa etapa de la Experimental. Los ejemplos que aquí se mencionan terminaron por consolidar un enfoque basado en la articulación y la cogestión con actores territoriales.

En cuanto al quinto eje, el de la cogestión de conocimiento, se articuló con investigadores del INTA Castelar para buscar soluciones a las problemáticas surgidas en el territorio. En esta línea, el INTA-AMBA promovió un enfoque integrador territorial y agroecológico en un encuentro de saberes popular-científico, para alcanzar objetivos de ordenamiento territorial, competitividad productiva, soberanía alimentaria, tecnologías apropiadas a la producción intensiva y mitigadores de la contaminación ambiental.

A través de estos ejes, desde la EEA se esforzó en potenciar la actividad productiva del periurbano favoreciendo la integración de los circuitos económicos internos, pues el patrón de acumulación de la agricultura periurbana tiende a quedar en el mismo sitio donde se localiza la producción.

Con relación al último eje, sobre la gestión interna, como fuera mencionado, durante ese tiempo se buscó consolidar a los equipos internos, para lo que se designaron representantes en cada una de las recientemente creadas unidades territoriales. Como parte del proceso se valoró al personal de la EEA-AMBA por expertise temática: ambiente, porcinos, veterinarios, comunicación y demás. En cada una de las oficinas se previó consolidar un equipo capaz de abordar la mayoría de las áreas de trabajo definidas en esa etapa. A modo de ejemplo, para la comunicación, los esfuerzos se difundieron en el periódico Producción Periurbana, que difundía información técnica, con material en quechua dirigido a la comunidad boliviana, con el objetivo de integrar a la población migrante, uno de los principales exponentes de la producción periurbana bonaerense.

De manera transversal a los seis ejes, desde la coordinación de la EEA-AMBA se hizo un importante trabajo simbólico en vista de recuperar grandes hitos de la historia y de la lucha popular en Argentina: desde las islas Malvinas, articulando actividades junto con el centro de excombatientes de Ituzaingó, hasta el Bosque de la Memoria del INTA y de los vecinos de la comunidad, junto con la Comisión de Reparación Histórica del INTA.

Por todo lo expuesto se puede afirmar que, durante esa etapa, la EEA encaró el desarrollo de una estructura de sostén territorial virtuosa para la generación de valor agregado y, fundamentalmente, de empleo.

5. La desarticulación 2016-2018

Desde fines de 2015 se observó un proceso de desarticulación de muchos organismos públicos y el retroceso de los espacios ganados por el Estado en la gobernanza de los territorios. La profundización de la crisis económica afectó la situación de los productores y las pymes, a lo que se sumó el desfinanciamiento de grupos del programa Cambio Rural II. Entonces se evidenció un incremento en las huertas realizadas por la clase media en el marco de Prohuerta, ante el incremento de la población empobrecida y la necesidad de producir alimentos para el autoconsumo. Al mismo tiempo comenzaron los proyectos especiales de Prohuerta que permitieron sostener a muchas de las organizaciones.

En ese contexto, en el INTA se comenzó a cuestionar la forma en la que la EEA-AMBA se venía vinculando con el territorio, buscando establecer formas de vinculación en las que el productor era quien debía acercarse a la institución para demandar asesoramiento. Dicho en otros términos, buena parte de la gestión realizada sobre el territorio fue cuestionada desde distintos espacios lo que debilitó las nuevas alianzas consolidadas en la etapa anterior.

Diferentes organismos públicos auditaron la gestión de la EEA-AMBA con crecientes requerimientos administrativos. Con ese esquema se empezó a horadar la proactividad de la gestión, y se desarticuló el esquema de alianzas construido desde la Experimental, lo que derivó en la reducción de la influencia territorial de la EEA-AMBA. Desde el Ministerio de Desarrollo Social se invalidó la firma del INTA para la certificación de las contraprestaciones de los planes sociales, por lo que muchos trabajadores se retiraban de las actividades ante el temor de perder los planes, lo que afectó el desarrollo de los ensayos. También se bajó el presupuesto, de manera que comenzaron a deteriorarse los vehículos y las instalaciones de los predios.

Pese al contexto adverso, desde la EEA-AMBA se siguieron sosteniendo los seis ejes de gestión. Asimismo, ante el nuevo escenario –político, económico, social e institucional– se desplegó una novedosa estrategia de gestión territorial que profundizó el trabajo de fortalecimiento de las instituciones y de las organizaciones de productores. Se comenzaron a realizar talleres con dirigentes de organizaciones, fundamentalmente de las zonas norte y oeste, para los que fueron convocados destacados funcionarios o exfuncionarios y profesores de universidades, quienes les contaban sus experiencias y brindaban formación a los dirigentes. Para las organizaciones de la zona sur se diseñó una estrategia de apoyo, de manera que pudieran seguir funcionando ante el panorama hostil que ofrecía la nueva política nacional. Un tercer elemento fue la elaboración de un estudio de prospectiva para el Sistema Agroalimentario del AMBA, que –con la hipótesis de la plasticidad inercial– previó una presencia de la agricultura por 50 años más en el periurbano. La contundencia del estudio de prospectiva, coordinado por el también eliminado Instituto de Investigación en Prospectiva y Políticas Públicas, fortaleció los argumentos que sostenían la presencia de la EEA-AMBA en el territorio. El cuarto elemento fue el fortalecimiento de los canales de comercialización a través de ferias y también, como parte de este eje, el impulso a la Semana de Visibilización de la Agricultura Periurbana, orientada a darle visibilidad al sector y fortalecerlo.

Otro eje de esa etapa fue la puesta en valor de los periurbanos como espacios de producción de alimentos. Se creó e impulsó la Plataforma de los Periurbanos en 2017. En este sentido, la plataforma sostuvo la necesidad de realizar políticas públicas que tensionaran un ordenamiento territorial distinto al promovido por el mercado:

Para ello, INTA propone llevar a cabo la Plataforma de Innovación para los Territorios Periurbanos con el objetivo de integrar esfuerzos en el desarrollo de tecnologías de la innovación que contribuyan a una producción agroalimentaria y agroindustrial sustentable en los periurbanos a través de la eficiencia productiva y la calidad, y que sirva para asesorar a los órganos responsables de la política tecnológica, agraria y alimentaria en los territorios periurbanos (Guerra, 2018).

La feria de productores dentro del predio de la EEA-AMBA fue auditada con múltiples requerimientos. Si bien, a pesar de ellos, esta iniciativa logró continuar, perdió fuerza al igual que otras propuestas similares. Complementariamente, en 2016 comenzaron a circular las intenciones de formar un “distrito tecnológico” en las hectáreas pertenecientes al INTA en el partido de Castelar. Eso implicó detener varias de las iniciativas y actividades programadas junto con el Municipio y la Universidad Nacional de Hurlingham. Esta situación derivó en la eliminación del criadero de cerdos y del ensayo de larga duración de la horticultura agroecológica a campo, ambos luego de 2018.

Pese a las dificultades afrontadas en este periodo, la EEA-AMBA brindó aportes sustanciales –en términos políticos y conceptuales– con los que pudo consolidar la posición de la agricultura familiar frente a la de la agricultura social que se pretendió instalar en esa etapa. Y se mantuvo el abordaje de la institución para el área periurbana.

6. Reflexiones finales

A menudo se plantea que hay que convencer para obtener aliados y reclamar lealtad para mantenerlos. La teoría y la historia de las organizaciones y de las instituciones muestran que hay dos procesos de agrupamiento político: a) el momento instituyente y b) el momento institucional (Nardacchione y Taraborrelli, 2009). Como se pudo ver en el caso de la EEA-AMBA respecto de la construcción del territorio, vale decir que en la implementación de la política no existen solamente los momentos fundacionales, sino también los momentos menos críticos, pero no menos importantes, en los que las instituciones son puestas en cuestión. Para enfrentarlos es importante desarrollar una fuerza de negociación suficiente que permita consolidar las posiciones logradas. Eso requiere de un agrupamiento político sólido, que responda de manera homogénea.

Sin embargo, como hemos visto, la frontera de los aliados es siempre móvil y presenta sus propias temporalidades. Al momento constituyente persuasivo, cuando se agrupan aliados, le sucede otro más institucional, en el cual se debe garantizar su desarrollo. Los seis ejes planteados durante la primera etapa 2013-2015 buscaron reforzar de maneras crítica y participativa el sentido del proyecto de gestión definido desde la dirección. En esa línea, los consejos asesores fueron implementados con la finalidad de consolidar el proceso de manera legítima, política y técnicamente consistente.

En el caso de la EEA-AMBA es posible observar la multiescalaridad de los procesos económicos y políticos, donde la construcción de alianzas terminó por definir y sostener los caminos posibles y probables para la cogestión de los territorios a través de una gobernanza participativa e inclusiva en el territorio periurbano bonaerense.

Bibliografía

Callon, M.: “Eléments pour une sociologie de la traduction: la domestication des coquilles Saint-Jacques et des marins-pêcheurs dans la baie de Saint-Brieuc”, en Revue L’Année Sociologique, vol. 36, 1986.

Guerra, F.: “El periurbano es un lugar para producir alimentos”, EEA-AMBA-INTA, 15 de noviembre de 2018. Disponible en https://inta.gob.ar/noticias/el-periurbano-es-un-lugar-para-producir-alimentos.

Kozel, A.; Martínez, L.; Taraborrelli, D., y Carvalho, N.: El sistema agroalimentario del Área Metropolitana de Buenos Aires: un ejercicio de prospectiva exploratoria, INTA Ediciones, 2017.

Nardacchione, G., y Taraborrelli, D.: “La importancia de los aliados: un estudio sobre el conflicto rural (marzo-julio 2008)”, Aronskind, R., y Vommaro, G. (comp.), Campo de batalla: las rutas, los medios y las plazas en el nuevo conflicto agrario, Prometeo-UNGS, Buenos Aires, pp. 119-151, 2009.



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