Matthieu Hubert y Ana Spivak L’Hoste
La noción de Antropoceno plantea que los impactos de las actividades humanas, en particular desde la revolución industrial, son lo suficientemente significativos para ser considerados como una fuerza geológica. Este planteo despliega cuestiones sobre la sostenibilidad de nuestros modos de vida y la responsabilidad de la humanidad en la preservación de los ecosistemas y el planeta. La idea fundamental del Antropoceno es que las actividades humanas han provocado cambios ambientales a gran escala, como el cambio climático (variabilidad del clima, crisis hídricas, incremento de fenómenos extremos, etc.), la contaminación del aire y el agua, la pérdida de biodiversidad o la deforestación. Cambios que se han ido acelerando post revolución industrial y, fundamentalmente, a partir de la segunda mitad del siglo XX, en paralelo a la proliferación de innovaciones tecnológicas, a la intensificación de la producción y el consumo y al aumento sostenido de la población mundial. Desde esta perspectiva, estos cambios en el ambiente, producto de la acción humana, son tan profundos que dejarían una huella geológica duradera en la Tierra (es decir, una huella que podría detectarse en futuros registros geológicos). La profundidad de los mismos, sumada a su creciente aceleración y a las consecuencias que ya pueden observarse en la vida cotidiana desde hace varias décadas, han conducido a pensar el ambiente, o al menos algunos fenómenos de transformación y deterioro en torno a él, como un problema de carácter social y una cuestión política de primer orden.
En muchos países, la preocupación por las consecuencias negativas de la actividad humana en el ambiente, lo que aquí consideramos la base del problema ambiental[1], muchas veces caracterizado en términos de irreversibilidad y de urgente tratamiento, se refleja cada vez tanto en las agendas de la movilización social como en aquellas de las políticas públicas, las legislaciones a diversas escalas y las educativas. En esta última dirección, por ejemplo, Argentina sancionó en 2021 la Ley N° 27.621 para la Implementación de la Educación Ambiental Integral, una ley orientada a incorporar los paradigmas de la sustentabilidad a través de un enfoque que fomente una relación armónica entre los seres humanos y su entorno natural. Esta normativa en materia educativa, que se suma a un conjunto de leyes ligadas al ambiente y enmarcadas en el artículo 41 de la Constitución Nacional, busca promover una comprensión profunda de los efectos considerados como problemáticos de la actividad humana así como una participación activa de los individuos y las comunidades en la toma de decisiones relacionadas con el mismo. Desde esta perspectiva, el propósito es alimentar un cambio en la forma en que nos percibimos a nosotros mismos como parte de un sistema interconectado para favorecer la adopción de comportamientos y prácticas sostenibles que contribuyan a la conservación del ambiente y la mejora de la calidad de vida en el presente y considerando las generaciones futuras.
El problema ambiental, calificado mayormente en términos de crisis (ecológica, climática) e incorporado a múltiples agendas, se traduce en retos de dimensiones y alcances a distinto nivel (local, global, ambos a la vez). Los artículos que conforman este libro exploran algunos de esos retos sumando reflexiones que, desde distintas perspectivas del análisis social, aporten elementos tanto para la comprensión como para la participación activa y crítica que plantean tanto la agenda educativa, a la que hacíamos referencia en el párrafo anterior, como la científica. Con ese propósito los textos dan pistas, con foco en temas y objetos de análisis específicos, sobre el papel actual de las ciencias sociales en el abordaje del problema ambiental, así como sobre las incumbencias o contribuciones analíticas de sus enfoques y disciplinas. Asimismo, los textos se proponen avanzar sobre los fundamentos que guían la producción de investigación social sobre este fenómeno. Así, considerándolas en su conjunto, ¿las ciencias sociales tendrían como propósito informar y denunciar las desigualdades de las sociedades que se derivan de las expresiones concretas de dicho problema? ¿Deberían generar insumos que apuntalen la formulación de políticas destinadas a mitigar o erradicar los diversos efectos negativos de las actividades humanas sobre el ambiente? ¿O sería menester, en cambio, que examinen la difusión de las ideas ecológicas y prácticas sociales más virtuosas para el ambiente en las sociedades y proponer vías alternativas para alcanzar una auténtica justicia ambiental?
Como veremos a lo largo de los capítulos, los distintos caminos que se tomen para reflexionar y delinear respuestas a estas preguntas, y abrir nuevos ejes de discusión, son complementarios. Y también necesarios, considerando la urgencia que ha asumido, para múltiples actores, el problema ambiental en las últimas décadas. Porque si algo es evidente es que no alcanza simplemente, como en el pasado, de encontrar una perspectiva unívoca o una posición definida que permita particularizar el abordaje al problema ambiental desde las ciencias sociales, demarcándolo del utilitarismo de las perspectivas económicas y del individualismo de las miradas de la psicología. Este campo de investigación se ve en la premura de reinventarse en profundidad para desempeñar un papel crucial en la precisión y comprensión de la complejidad de dicho problema, así como en la elaboración de herramientas que contribuyan a avanzar sobre eventuales soluciones posibles.
Mientras que las ciencias naturales han focalizado, y continúan mayoritariamente centrándose, en explorar y explicar los aspectos biofísicos del ambiente, las ciencias sociales han comenzado, en línea con esa reinvención necesaria, a desarrollar herramientas para examinar las dimensiones humanas, sociales, económicas y políticas que atraviesan sus problemáticas (Fischer, 2000; Corburn, 2005, Hess, 2007; entre otros). Desde distintas disciplinas, o porque no desde miradas con foco interdisciplinar, comenzaron a avanzar en múltiples direcciones, cruzando a veces inquietudes, problemáticas de investigación y enfoques (Arpin et al., 2023). Sin ser exhaustivos, cabe nombrar, en esta introducción, algunas de esas direcciones que serán mencionadas en los distintos capítulos del libro, como la ecología política, que oscila en las intersecciones entre el pensamiento crítico y la acción política (Leff, 2006), o los planteos de la sociedad del riesgo que inauguró Ulrich Beck (1998). Según Leff, la ecología política se ha ido forjando a partir de conceptos provenientes de distintas disciplinas, mayormente sociales, para nombrar y caracterizar a “los conflictos derivados de la distribución desigual y las estrategias de apropiación de los recursos ecológicos, los bienes naturales y los servicios ambientales” (2006: 22). Y, agrega Martínez-Alier, reconocido referente de estos estudios, del también desigual reparto de las cargas de la contaminación (1997). Por su parte, las investigaciones enmarcadas en la perspectiva de Beck consideran, como señala el autor, que el riesgo -y la incertidumbre radical que deriva de este riesgo- es la principal característica de la sociedad industrial moderna (1998). En esa línea, los estudios sobre el riesgo abordan, principalmente, el cambio cultural vinculado con una nueva conciencia del peligro tecnológico que se configura en relación a una serie de acontecimientos asociados a los avances de la tecnología que tuvieron efectos a escala global (el accidente nuclear en Chernóbil, por ejemplo).
El problema ambiental también ha sido abordado, desde lo social, con foco en otras temáticas. Vale mencionar, a modo de presentación somera, los trabajos que estudian cómo influyen los factores sociales, culturales, económicos y psicológicos en las elecciones individuales y colectivas en materia de consumo y uso de los recursos naturales (Kollmuss y Agyeman, 2002; Jackson, 2005; Vlek y Steg, 2007, entre otros). Estos trabajos aportan datos tanto para entender comportamientos como para promover otros más sostenibles en términos ambientales. También se destacan estudios sobre cómo se formulan, aplican y evalúan las políticas públicas relativas al ambiente y cómo influyen los conocimientos producidos por las instituciones científicas en las decisiones y los resultados de dichas políticas (Barbier et al., 2021; Al Dahdah, 2021; Boutaric, 2022, entre otros). Los trabajos que avanzan en esta línea contribuyen a identificar campos de vacancia de conocimiento y a proponer soluciones frente a las múltiples manifestaciones del problema ambiental. En esa misma dirección, las ciencias sociales comenzaron a delinear herramientas analíticas para comprender mejor las representaciones sociales del ambiente y ayudar a elaborar estrategias que sensibilicen a la opinión pública y apuntalen una vigilancia ciudadana respecto de los problemas que se configuran en torno a él (Charvolin, 2023; Mélard y Gramaglia, 2023; van Tilbeurgh et al., 2023, entre otros). Estas herramientas analíticas complejizaron, por ejemplo, el estudio de la participación pública y los movimientos de protesta relacionados con el ambiente (Akrich et al., 2010; Allen, 2018) así como la evaluación de las repercusiones sociales, económicas y culturales del problema ambiental en comunidades, grupos vulnerables y, posiblemente, las generaciones futuras (Martinez-Alier, 2002; Walker et al., 2003). Además, subrayaron la necesidad de incorporar las desigualdades socioeconómicas y los efectos de la contaminación en la salud al estudio de las relaciones sociedad-ambiente (Jouzel y Pélisse, 2021; Daniel, 2021).
Finalmente, las ciencias sociales también han desempeñado un papel clave en dos campos de estudio específicos. Por un lado, el de la educación y la formación profesional en materia de ambiente, en el cual aportaron a desarrollar conocimientos expertos capaces de sensibilizar y cambiar comportamientos (Campagnone et al., 2018, entre otros). Por otro lado, en el de la conflictividad socioambiental, su configuración, su relevancia para el estudio social y sus efectos, campo con un sinnúmero de avances destacados en Argentina y en el mundo que aquí solo mencionamos debido a que será eje de reflexión en varios de los capítulos que componen esta selección.
Así, al centrarse en las dimensiones humanas del problema ambiental, las ciencias sociales han complementado a los estudios centrados fundamentalmente en el carácter biofísico provenientes de las ciencias naturales. Generaron, desde sus herramientas analíticas, insumos tanto para la reflexión sobre las relaciones entre sociedades y ambientes, su pasado, su presente y sus posibles futuros, como para la elaboración e implementación de políticas públicas orientadas a frenar o reducir su creciente deterioro.
Sin embargo, este papel de complemento de las ciencias naturales no resultó del todo satisfactorio. Las últimas décadas se han puesto en evidencia las lagunas o puntos ciegos de la mayoría de sus teorías para alcanzar una comprensión más profunda de las relaciones entre sociedades y naturalezas y los problemas que derivan de ella. Han surgido entonces nuevas preguntas. ¿Qué ocurre con el resto del mundo vivo, no humano, también constitutivo del ambiente? ¿Y con el mundo no vivo que también lo integra? ¿Qué ocurre, por ejemplo, con los límites que impone ese mundo no humano (vivo o no) al progreso técnico que pretende orientar el devenir de las sociedades y a sus proyectos de modernización? O, reformulando la pregunta anterior, ¿cómo hacemos para repensarnos, y repensar lo social en términos de ese progreso o esa modernización que requiere de elementos de la naturaleza (los llamados “recursos naturales”) que son agotables? Tales cuestiones no han sido aún lo suficientemente atendidas por la mayoría de las teorías de las ciencias sociales, más centradas en la emancipación de los individuos frente a las desigualdades sociales –un desafío mayor para nuestras sociedades- que en intentar conceptualizar sobre el mundo no-humano y la relación que tenemos los humanos con él.
Ahora bien, más allá de las limitaciones teóricas producto de ese recorte del problema ambiental, ha habido algunos avances orientados a complejizar los retos ecológicos de la actualidad y cuestionar su abordaje fundamentalmente antropocéntrico. En esa línea, se han propuesto una serie de pistas analíticas que este libro pretende seguir y, en algunos aspectos, ampliar. Pistas para profundizar, en particular, sobre la relación entre seres vivos (humanos y no humanos) que han marcado nuevos rumbos en las agendas contemporáneas de la investigación social. Estos trabajos hacen hincapié –o al menos tienen en cuenta- en las dimensiones relacionales del mundo vivo. Procedentes de campos como los estudios sobre animales (Mouret et Lainé, 2023; Porcher et al., 2023), los estudios ambientales (Germain y Granjou, 2020; Benvegnu et al., 2023) y los estudios sobre ciencia y tecnología (Akrich et al., 2010; Charvolin y Heaton, 2023, entre otros) ofrecen descripciones detalladas de distintas especies –ya sean animales, plantas, virus o microbios- y de sus relaciones con los seres humanos, con el fin de mostrar los complejos enredos que conforman y las múltiples interdependencias que nos unen a todas las especies vivas (Descola, 2014; Brives y Zimmer, 2021). Esta renovación teórica es acompañada de una indistinción conceptual entre los organismos vivos y los artefactos técnicos, que a menudo se agrupan también bajo la noción, de “no humano”. Propuesta originalmente en el contexto de la teoría del actor-red (Latour, 2006), esta noción no sólo engloba indistintamente a las entidades naturales y los objetos productos de las actividades humanas en una única categoría analítica, sino que además considera a estos seres como entidades activas capaces de producir diferencias y moldear su entorno. Desde esta perspectiva, todos los componentes materiales de nuestras sociedades y de sus entornos naturales son agentes con capacidad de acción.
Considerando los avances y desafíos planteados en los párrafos anteriores, este libro se propone, desde diversos enfoques y objetos de estudio, ahondar sobre dimensiones y conceptos para el abordaje del problema ambiental desde las ciencias sociales. En esa dirección, la primera parte del texto examina distintas formas en que se ha problematizado la relación entre naturaleza y sociedad, desde los enfoques dicotómicos hasta los enfoques socioambientales más complejos. La segunda parte se centra en el rol que juegan los conocimientos en el análisis, pero también en la acción social vinculada a las formas en que se expresa y activa el problema ambiental, desde la configuración y los efectos de las controversias científicas hasta la valorización de los conocimientos locales en las formas de pensar o gestionar conflictos socioambientales. En ese marco, los aportes de cada capítulo no tienen como objeto profundizar casos de estudio específicos sino introducir y reforzar discusiones generales y transversales que hacen al problema ambiental. Tiene como objeto, más precisamente, echar luz, a partir de esas discusiones, sobre las contribuciones que realizaron, que pueden continuar haciendo, las ciencias sociales para generar insumos tanto para su comprensión como para contribuir a discutir el presente de los deterioros del planeta producto de la actividad humana y delinear rumbos alternativos.
Primera parte. Mirando las relaciones entre naturaleza y sociedad. De las dicotomías a la configuración del ambiente como problema
En línea con aportar discusiones generales y transversales para abordar el problema ambiental, la primera parte del libro examina, como anticipamos, las distintas formas en que se ha problematizado la relación entre naturaleza y sociedad. Se recorren los pasos que se han dado desde los primeros planteamientos dicotómicos entre ambos conceptos. Una dicotomía que establecía aquello que podía ser analizado desde las ciencias sociales (lo social) del análisis de lo natural que las excluía. Esta primera parte también se adentra en el entramado que conforman lo social y lo natural y en la revalorización de las ciencias sociales en el abordaje del ambiente, a partir de las concepciones, usos, apropiaciones y tensiones que organizan sus relaciones. En esa dirección, se hace foco especialmente en el estudio de los conflictos socioambientales y los modos de organización, protesta y resistencia adoptados por colectivos sociales en búsqueda de soluciones frente a distintas expresiones locales que asume el problema ambiental, así como en las ambiciones y limitaciones de las políticas públicas de desarrollo sostenible y preservación de los ecosistemas.
En esa línea, el primer capítulo, “Claves para el estudio del problema ambiental” de Laura Mombello y Ana Spivak L’Hoste despliega una serie de dimensiones posibles que subrayan los distintos tratamientos del problema ambiental desde las ciencias sociales: ecosistémicas, procesos de producción, capital y trabajo, reproducción social, salud, cuidado, ordenamiento territorial y la articulación geopolítica, entre otras. El texto muestra como estas dimensiones se articulan y tensionan de maneras específicas en las escalas en las que se expresan las distintas manifestaciones del deterioro ambiental: local, nacional, regional o trasnacional. En tanto el estudio del problema ambiental requiere de la concurrencia de saberes y conocimientos propios a diferentes campos y disciplinas, las autoras proponen profundizar sobre algunas conceptualizaciones provenientes de la perspectiva de los derechos que resultaron fundamentales para que adquirieran protagonismo en las agendas públicas.
El segundo capítulo, “Movimientos sociales y riesgo. Algunas pistas para el análisis de la conflictividad socioambiental” de Luciana Moltoni, Agustín Piaz y Ana Spivak L’Hoste, propone pistas para el análisis de conflictos socioambientales. Esto es, aquellos episodios o procesos que involucran conflictividad social con eje en distintas expresiones del problema ambiental. El texto se orienta en dos direcciones: por un lado, presentar herramientas conceptuales para el análisis de situaciones en que esta problemática deriva en conflictos que involucran distintos actores, naturaleza, formas y proyecciones de vida, por otro lado aplicar, a modo de ejercicio heurístico, algunas de esas herramientas al estudio de conflictos socioambientales específicos. Conflictos socioambientales que, en todos los casos, alcanzaron alta visibilización en la esfera pública argentina durante las últimas décadas.
El capítulo siguiente de Edith Carolina Pineda Pinzón, titulado “Género, ambiente y feminismos: perspectivas plurales desde mujeres diversas”, presenta reflexiones sobre la relación entre género y ambiente como campo de estudio. Dichas reflexiones se estructuran a partir de dos dimensiones. Se trata, por un lado, de recorrer el desarrollo de los marcos teóricos ecofeministas que permiten recentrar preguntas y perspectivas para el análisis de la relación entre género y ambiente. Y, por el otro, se recorren los aportes de esos marcos teóricos para el abordaje de la acción colectiva y el protagonismo de las mujeres en conflictos socioambientales en la región. Desde estas dimensiones, el texto plantea una mirada a los ecofeminismos como campo de estudio que complejiza el abordaje del problema ambiental identificando, asimismo, casos emblemáticos de luchas ambientales protagonizadas por mujeres y su relación con la construcción de los feminismos denominados comunitarios y populares.
El último capítulo de esta primera parte, “Reflexiones en torno a la Ley de Bosques: ¿ordenar el territorio como estrategia de conservación?” está escrito por Ana Eljall y Cecilia Gárgano. El mismo se apoya en el análisis de una herramienta legal que involucra la gestión de la naturaleza, más específicamente la Ley de Bosques (Nº 26.331/07), para profundizar sobre la tríada producción-conservación-sostenibilidad, conceptos caros a dicha gestión. Las autoras muestran como esta ley, que tiene como objetivo principal proteger a los bosques nativos frente al avance de la frontera agropecuaria, explicita un entramado que es permanentemente disputado desde diversos sectores: entre ellos, diversos tipos de productores, pobladores, organizaciones de la sociedad civil, sectores empresariales y el propio Estado. El capítulo reconstruye la trayectoria de esa ley e indaga en el mapa de actores implicados y sus posicionamientos para abrir la discusión sobre sus efectos.
Segunda parte. Mirando las relaciones entre ambiente y conocimientos. Desde las controversias expertas hasta la valorización de los conocimientos locales
Los textos que componen la segunda parte del libro se concentran en el rol que juegan los conocimientos en las definiciones y las conflictividades ligadas al problema ambiental. En ese sentido, sus autores orientan sus trabajos en torno a las formas en las que se puede conocer al ambiente así como a la jerarquización de los saberes que lo tienen como eje. Los trabajos abordan, por una parte, las controversias entre conocimientos expertos, la distinción entre conocimientos expertos y legos (o locales) y, más generalmente, la dimensión epistemológica del problema ambiental. Por otra parte, dan cuenta del papel que tuvieron algunos campos interdisciplinares, como los estudios sobre ciencia y tecnología, los estudios ambientales o los estudios sobre animales -un conjunto de campos (relativamente) recientes que reflexionan sobre las fronteras lábiles e inestables que separan lo humano y lo no humano.
El primer capítulo de esta parte, “Controversias en el conocimiento experto: la dimensión epistemológica de la cuestión ambiental” de Matthieu Hubert y Martín Prieto aborda los conflictos de la ecología política desde la óptica de cómo se organizan y disputan en nuestras instituciones el conocimiento experto y las formas de validación de saberes sobre el ambiente. Esta indagación tiene como objetivo entender cómo las trayectorias de conflictos por el saber impactan en las trayectorias sociales y políticas que marcan el terreno del problema ambiental. Por un lado, el artículo analiza cómo ha sido problematizado el rol del conocimiento experto en las controversias socioambientales. Por otro lado, presenta algunas claves de reflexión sobre la dimensión epistemológica del problema ambiental y sus implicaciones políticas.
El capítulo siguiente, de Edith Carolina Pineda Pinzón y titulado “Los conocimientos locales en las problemáticas socioambientales”, aborda distintas perspectivas alrededor de la caracterización de los conocimientos que poseen comunidades étnicas y campesinas y el lugar que dichos conocimientos ocupan en la gestión ambiental. El texto propone un acercamiento a las principales discusiones, consensos y disensos conceptuales que, desde una lectura crítica a la racionalidad moderna, reflexiona sobre la validez de estos conocimientos locales en lógicas de jerarquización de conocimientos y de negación de la diversidad cultural. Asimismo, enfatiza la importancia de la valoración de estos conocimientos y su relación con el problema ambiental en su caracterización global, resaltando el papel de los mismos en términos de garantía de derechos de los sujetos colectivos, así como de diálogo y retroalimentación con otros sistemas de conocimiento.
El capítulo “Biodiversidad y plantas nativas: definiciones, percepciones y perspectivas ambientales” de Mariana Kameniecki y Mariana Smulski aporta una mirada sobre la pérdida de biodiversidad vegetal como consecuencia de la acción humana. El texto aborda miradas expertas de distintas disciplinas en torno a las relaciones naturaleza y sociedad que habilitan conceptualizaciones problemáticas sobre el ambiente. En particular, repone la forma en que grupos expertos analizan los efectos de la introducción de especies vegetales foráneas tanto sobre la salud humana como sobre los procesos vinculados al cambio climático. Recuperando posiciones analíticas de las ciencias sociales, el texto indaga asimismo sobre la distancia entre los saberes expertos y las percepciones ambientales considerando la forma en que distintos grupos sociales comprenden y significan los problemas del entorno e invitando a problematizar la relación de las sociedades con los elementos de la naturaleza que utilizan para sostenerse y reproducir.
También en línea con la reflexión en torno a los seres vivos humanos y no humanos, el último capítulo de este libro, “Animales y ciencia. Comer, pensar y vivir” de Luana Ferroni y Mariana Smulski, presenta un recorrido por distintas propuestas teóricas de las ciencias antropológicas que han abordado las relaciones entre animales y personas en el estudio de diversas sociedades. En línea con algunas de las dimensiones de la relación entre las sociedades y naturaleza sugeridas en el capítulo que inicia esta compilación, se profundiza sobre la definición de lo humano en el pensamiento y la ciencia modernos que articula la dicotomía naturaleza/sociedad modelando tanto formas de pensar ambas dimensiones, sus vínculos como las incumbencias disciplinares para estudiarlos. El artículo muestra cómo fueron cambiando los abordajes sobre los animales ante los desafíos analíticos que se abrieron con la crisis de ese paradigma dicotómico moderno. A esos fines, incluye distintos casos de estudio en los que se exponen las principales problematizaciones sobre los vínculos entre animales y humanos en distintos contextos en la actualidad.
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- Por problema ambiental, entendemos la producción conjunta de las definiciones del problema en sí, formuladas más o menos explícitamente por los distintos actores involucrados, y de los conocimientos, imaginarios, normas y dispositivos sociotécnicos (entre otros elementos) que permiten considerar su posible resolución. De este modo, nos acercamos más al concepto de problematización, tal como se define en la teoría del actor-red y de la sociología de la traducción (Callon, 1984), que se diferencia, en particular, de los enfoques de las ciencias políticas que conciben el problema público (ambiental, en este caso) como algo dado que los actores consideran desde distintos puntos de vista, en función de sus intereses y marcos de interpretación (Laurent, 2017: 17).↵






