Las zonas de desmovilización de las FARC-EP entre excepción y normalidad
Anna-Lena Dießelmann y Andreas Hetzer
Resumen
El progreso de la construcción de paz en Colombia, sin duda, depende de la reincorporación exitosa de los desmovilizados de la guerrilla FARC-EP. Este proceso, a su vez, está estrechamente ligado a la implementación de los acuerdos de paz y de la integración de los excombatientes en los campamentos de desmovilización. Entendemos los campamentos como zonas liminales y espacios de un rito de paso que permite a un actor armado volver a la vida civil. Después de un análisis del marco legal de la implementación de las zonas de desmovilización, compartimos los resultados del trabajo de campo en los espacios transitorios de la reincorporación de las FARC-EP como espacios de la construcción de paz, que en cierta manera son el “corazón” de la transformación del conflicto armado en Colombia. Este proceso es por un lado un momento político y social que fue apoyado y observado internacionalmente, pero por el otro lado es un paso muy complejo para cada individuo que hace parte de la reincorporación. Este análisis permite acercarnos también a este nivel personal e íntimo del proceso de paz. El espacio físico de la desmovilización juega un papel central, tanto para garantizar la llegada desde el monte, como la concentración de las y los combatientes, la desmovilización, la entrega de armas y la no repetición: el campamento es el núcleo físico del acuerdo. En este espacio se plasman las diferentes estrategias políticas y sociales alrededor de la paz en Colombia. Identificamos los siguientes criterios de los campamentos comprendidos como laboratorio de paz que ayudan o dificultan la desmovilización: aporte a la cohesión social, posibilidad de generar productividad económica, flexibilidad en la disposición del espacio, presencia de espacios para individualizarse y la posibilidad de separar espacios según su función. La indagación permite deducir la importancia del campamento en el proceso de paz en Colombia.
Este artículo es un resultado del proyecto de investigación “La paz como laboratorio: análisis de las ZVTN[2] y su incidencia en los procesos de normalización de excombatientes de las FARC-EP” entre la Universidad del Valle y la Universidad de Bayreuth, que se desarrolla con el Prof. Dr. José Fernando Sánchez Salcedo y el Prof. Dr. Bernt Schnettler.
Abstract
The progress of peace building in Colombia undoubtedly depends on the successful reincorporation of demobilized members of the FARC-EP guerrilla. This process, is closely linked to the implementation of the peace agreements and the integration of ex-combatants in the demobilization camps. We understand the camps as liminal zones and spaces for a rite of passage that allows an armed actor to return to civilian life. After an analysis of the legal framework of the implementation of the demobilization zones, we share the results of the fieldwork in the transitory spaces of the FARC-EP reincorporation as spaces of peace building, which in a certain way are the “heart” of the transformation of the armed conflict in Colombia. This process is on the one hand a political and social moment that was supported and observed internationally, but on the other hand it is a very complex step for each individual who is part of the reincorporation. This analysis also allows us to approach this personal and intimate level of the peace process. The physical space of demobilization plays a central role in guaranteeing the arrival from the mountains, the concentration of combatants, the demobilization, the surrender of weapons and non-repetition: the camp is the physical core of the agreement. In this space the different political and social strategies around peace in Colombia are embodied. This space reflects the different political and social strategies around peace in Colombia. We identified the following criteria of the camps understood as peace laboratories that help or hinder demobilization: contribution to social cohesion, possibility of generating economic productivity, flexibility in the disposition of the space, presence of spaces for individualization and the possibility of separating spaces according to their function. The research allows us to deduce the importance of the camp in the peace process in Colombia.
This paper is a result of the research project “Peace as a laboratory: Analysis of the ZVTNs and their impact on the normalization processes of former FARC-EP combatants” between the Universidad del Valle and the University of Bayreuth, developed with Prof. Dr. José Fernando Sánchez Salcedo and Prof. Dr. Bernt Schnettler.
Introducción
En la actualidad surge la pregunta respecto a por qué el proceso de paz en Colombia ha progresado tan lentamente y cuáles son los motivos que llevan a muchos excombatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP)[3] a retomar las armas. Según los informes de seguimiento de los Acuerdos de Paz entre el gobierno colombiano y las FARC-EP llevado a cabo por el Instituto KROC (2019), de los 578 compromisos/disposiciones aproximadamente dos tercios permanecen en avances mínimos o no se ha iniciado su implementación. En muchas partes se intenta dar respuesta a estas preguntas desde un punto de vista político y macrosociológico, principalmente a través de estudios e investigaciones causales globales. Sin embargo, estos análisis dejan poco espacio para conclusiones respecto a lo que efectivamente sucede en la vida cotidiana de excombatientes de las FARC-EP, en concreto en los campamentos de desmovilización, los que, en este contexto, entendemos como “laboratorios de paz”. Por esta razón, nos inclinamos por una aproximación microsociológica que se ocupe del mundo de la vida concreta y de la organización de los sujetos, que, en el transcurso del proceso de paz en los campos de desmovilización, sufren una transformación de actor beligerante a actor civil.
Tuvimos el privilegio de estar en terreno en Colombia tanto durante las negociaciones de paz como en los primeros años luego de la firma, es decir, durante los primeros años de la implementación del acuerdo. A lo largo de este tiempo, acompañamos la desmovilización con diferentes intereses epistemológicos. En este sentido, analizamos la prensa nacional e internacional, visitamos constantemente varias Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN), registramos material fotográfico y en video, además de que realizamos incontables entrevistas con miembros de las FARC-EP. Asimismo, algunos excombatientes compartieron con nosotros sus documentos y grabaciones privados, lo que permitió ampliar la perspectiva del análisis. Evaluamos estos datos con diferentes grupos de investigación, presentamos los resultados para debatirlos en diversas conferencias y los discutimos tanto con colegas como con excombatientes de las FARC-EP, con expertos en Estudios de Paz y Conflicto y con miembros de las Naciones Unidas, del gobierno y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés). Todas estas experiencias nos han permitido una comprensión más profunda de lo que sucede a nivel de los sujetos individuales ubicados en los territorios de desmovilización y reincorporación. Tomando esto en consideración, pensamos que de nuestros análisis y observaciones pueden derivarse tesis más generales sobre el éxito de la transformación del conflicto en Colombia, particularmente respecto a cómo los campos de las ZVTN –como un elemento crucial de la desmovilización en Colombia– pueden aplicarse en otros países.
Es bien sabido que luego de sesenta años de conflicto armado entre los respectivos gobiernos colombianos y las FARC-EP y luego de cuatro años de negociaciones de paz, el acuerdo entre el presidente Juan Manuel Santos y las FARC-EP fue firmado ceremoniosamente en la ciudad caribeña de Cartagena el 26 de septiembre de 2016. Esto marcó el fin formal del conflicto armado interno más largo del hemisferio occidental, algo que fue aplaudido por la comunidad internacional. El acuerdo se había hecho público en agosto de 2016 y el plebiscito para su aprobación fue fijado para el 2 de octubre de ese año. El resultado de esa votación no solo sorprendió a los negociadores y abogados del proceso de paz, sino a todo el mundo: la campaña por el NO ganó con el 50,21% contra el 49,78% de la opción SÍ. Para evitar que los cuatro años de negociación terminaran en nada, el gobierno de Santos comenzó rápidamente un proceso de renegociación del acuerdo con las FARC-EP, que incluiría ahora a los partidos de derecha y de ultraderecha –quienes se encontraban tras la campaña por el NO–. Este pacto fue firmado finalmente en un acto mucho menos festivo, el 24 de noviembre de 2016, en el Teatro Colón de Bogotá, y llevó el nombre de “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera” (Charry, 2018, pp. 85-88).
Uno de los aspectos más importantes en este acuerdo fue el establecimiento de las ZVTN, creadas con el fin de garantizar el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo (CFHBD) y la Dejación de las Armas (DA), iniciar la preparación para la reincorporación de las y los guerrilleras/os a la vida civil y su tránsito a la legalidad. En total, se crearon 23 ZVTN y 7 Puntos Transitorios de Normalización (PTN) en diversas regiones del país previamente acordados entre los actores del conflicto para acoger y concentrar a las y los guerrilleras/os bajo armas. En estas zonas se conformaron campamentos para alojar a las y los combatientes y se estableció como plazo máximo 180 días de existencia. Sin embargo, su tiempo de permanencia ha sido prorrogado dos veces y a partir del Decreto N° 1274 del 28 de julio de 2017 se transformaron en Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR). El propósito de estos espacios era “capacitar a los integrantes de las FARC-EP para su reincorporación a la vida civil, preparar proyectos productivos y atender las necesidades de formación técnica de las comunidades aledañas, en un modelo de reincorporación comunitaria” (Decreto N° 0580 del 28 de marzo de 2018).
En el marco de la desmovilización de un actor bélico –en nuestro ejemplo la organización guerrillera FARC-EP– se desarrolla una transformación del “enemigo del Estado” a un actor político-civil. Una metamorfosis interesante que se demuestra en las relaciones sociales de los miembros del grupo armado en el proceso de su reincorporación a la sociedad colombiana. Por un lado, las relaciones dentro del grupo se transforman al perder la organización jerárquica justificada por el porte y uso de armas. Por otro lado, la forma de relacionarse con otros, con los habitantes de las veredas de los alrededores y con actores estatales y no-gubernamentales, lleva consigo una reinterpretación necesaria por parte de la sociedad de un “grupo terrorista” a un actor político-social legítimo. Sin este reconocimiento no se puede realmente comprender lo que está pasando dentro de los ZVTN/ETCR y el aporte de las FARC-EP a la reincorporación. En este orden de ideas, nuestra pregunta principal en este estudio se enfoca en ¿cómo el campamento de desmovilización, comprendido como laboratorio de paz, ayuda o dificulta el proceso de reincorporación a la sociedad de los excombatientes? Por consiguiente, pretendemos identificar factores favorables y adversos que facilitan o dificultan una posición firme frente a una paz estable y duradera por parte de las y los desmovilizadas/os.
Desde nuestra perspectiva, los campamentos se han convertido en lugares emblemáticos y con múltiples usos en las sociedades contemporáneas. Hay campamentos de excombatientes, como es el caso de nuestro estudio, pero también de refugiados, migrantes, víctimas de desastres, etc., que se han constituido en referentes o modelos de intervención con criterios formales de funcionamiento, como la restricción de entrada y salida, visitas reguladas, reglas internas, instituciones especializadas, y con una relación peculiar con su respectivo entorno. Los campamentos siguen la lógica de apartar personas para luego integrarlas, es decir que funcionan simultáneamente como mecanismos de exclusión y de inclusión. Precisamente por su uso frecuente en diferentes regiones y poblaciones del mundo, la siguiente investigación plantea aportar nuevos argumentos al debate académico internacional sobre su función en los procesos de socialización y configuración de sujetos y subjetividades.
Al mismo tiempo, la presente investigación retoma discusiones de la sociología del espacio y la sociología visual que empezaron a ser utilizados para el análisis de datos visuales grabados en interacciones y prácticas sociales durante varias estadías de campo. El uso de material visual como fuente en las ciencias sociales juega un papel relevante en la antropología visual, donde han desembocado metodológicas diferentes (por ejemplo, Collier y Collier, 1986). Entonces, este trabajo quiere mostrar la plusvalía de utilizar imágenes como herramientas de ampliar la comprensión de los campamentos. El enfoque al tema de la apropiación del espacio por parte de los habitantes de las zonas, las cuales eran contempladas como transitorias, nos ayuda a interpretar esta práctica como una de resistencia con el fin de permanecer colectivamente en la zona e impulsar proyectos productivos como parte de un nuevo plan de vida.
Enfoque y metodología
En este análisis de los campamentos vamos a acercarnos al espacio más íntimo del Acuerdo de Paz, a las viviendas, los espacios habitacionales, laborales, así como a las estructuras que en ellos se erigen En un primer paso, interpretamos el campamento según Giorgio Agamben como “espacialización de la excepción”, y, según Arnold van Gennep y Victor Turner, el proceso de reincorporación de los actores armados a la sociedad civil dentro de este espacio como “rito de paso”. Luego, en un segundo momento, pretendemos deducir informaciones relevantes sobre la importancia del campamento dentro del Acuerdo de Paz desde los documentos oficiales y decretos claves del gobierno colombiano. Un tercer paso nos lleva directamente al interior del campamento: el análisis sociológico de cada zona aborda la cotidianidad de las interacciones sociales entre los individuos y cómo cada uno se adapta a la nueva estructura del campamento, es decir, cada individuo tiene que enfrentar los desafíos de una nueva realidad y adaptarse con su hábitos y costumbres al nuevo espacio. Al mismo tiempo, el dispositivo del campamento requiere una adaptación individual y colectiva a las condiciones tanto del entorno natural de cada zona como de la arquitectura cambiante (de carpas a refugios de panel-yeso) y a la estructuración del espacio preestablecida. Por último, en el cuarto paso, generamos conclusiones sobre el rol de los campamentos en la transición política y personal de un actor de guerra a un actor civil desde el análisis de los datos generados en los campamentos.
Con el uso de técnicas fotográficas y de video la etnografía ha experimentado cambios fundamentales los últimos años. No solo cambian las técnicas de registro, sino, sobre todo, los métodos de análisis y la riqueza de los datos disponibles. En este sentido, la fotografía “permite la examinación microscópica de detalles mínimos que no se encuentran disponibles con métodos reconstructivos como notas de campo o entrevistas” (Schnettler, 2008, p. 59, traducción propia). Otra ventaja indudable de estas técnicas es que los esfuerzos interpretativos del investigador y la investigadora están mucho menos involucrados, aun cuando el motivo, los ángulos de la toma, la perspectiva, etc., responden a decisiones personales.
Para nuestra pregunta principal consideramos la imagen fija como instrumento de la investigación social cualitativa que facilita la investigación “microscópica” respecto al desarrollo de las interacciones y la construcción del espacio, dada su capacidad de registrar las situaciones en el transcurso en que estas se desenvuelven. De manera inductiva, a través del registro fotográfico descubrimos nuevas prácticas sociales sobre la apropiación del espacio que al entrar a los campamentos por primera vez no habíamos esperado. En este sentido, las fotografías nos ayudaron a profundizar nuestros conocimientos en torno a la transformación espacial del campamento como parte del proceso de paz.
Por consiguiente, recopilamos datos visuales tomados por el equipo de investigación, fotografías publicadas en la prensa y tomadas por las y los excombatientes en tres ZVTN y ETCR. Esto nos permite comparar el registro fotográfico de diferentes puntos de vista y momentos, sobre todo cuando no tuvimos acceso al campamento cuando las y los guerrilleras/os todavía portaban sus armas. El material visual proviene de estadías de campo en la zona “Carlos Patiño” en la vereda La Elvira, ubicada en la zona alta del Norte de Cauca, que acompañamos en el marco de la investigación desde el año 2016. La Elvira es una zona emblemática, por lo que permite reflexionar respecto al funcionamiento de las zonas de desmovilización. La segunda zona, “Simón Trinidad”, en la vereda Tierra Grata, en la parte oeste del departamento César, fue visitada varias veces por el equipo de investigación desde 2019, al igual que la zona “Amaury Rodríguez” en la vereda Pondores en la Guajira, en el noroeste del país. Elegimos los diferentes campamentos por sus diferencias con respecto a varias características. Primero, su ubicación y geografía en entornos naturales muy distintos. Segundo, por la diversidad en la estructura entre estos campamentos. Tercero, por la participación de los habitantes de las ZVTN/ETCR en la construcción de las viviendas y los proyectos de vivienda a largo plazo. Cuarto, por las diferencias en la cohesión social y la permanencia de las y los excombatientes en los campamentos hasta hoy día.
Gráfica 1. Ubicación de los ZVTN/ETCR analizados por el equipo de investigación.
Fuente: Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), 06/02/2019, con algunos cambios elaborados por los autores de este artículo. https://bit.ly/3j1ja8t.
Evidentemente, no solo abordamos nuestras preguntas de investigación a través del análisis de material visual. El conocimiento contextual que subyace al análisis de datos ha sido acumulado durante años, a través del compromiso con el proceso de paz y desmovilización. En consecuencia, lo que Schnettler (2008, p. 72) postula para los datos audiovisuales se aplica generalmente al trabajo con fotografías del terreno, a saber, que
[…] el análisis de material en video debe ser aumentado por un trabajo de campo focalizado y otras formas de investigación social (tales como entrevistas, documentos, incluso encuentros). Reducir el análisis exclusivamente al material en video y su interpretación trae consigo el riesgo de llegar a conclusiones que contradigan la situación, por ello, conduzcan al problema metodológico de perder el ‘postulado de adecuación’. (Schütz 2004 [1953]) (2008, p. 72, traducción propia)
Por esta razón, la interpretación del material visual se complementa con una triangulación de otros datos, es decir, con la combinación y la yuxtaposición de la interpretación de imágenes con entrevistas grabadas e informales y registros escritos en los diarios de campo. Es imprescindible homologar con debates de grupos y entrevistas a diferentes actores en las zonas para contrastar la interpretación de imágenes. La triangulación es necesaria para que el/la investigador/a pueda “asumir una postura autorreflexiva” y para “tener en cuenta sus presuposiciones subjetivas bajo las que él o ella misma constituye la realidad que él o ella está observando” (Schnettler y Raab, 2012, p. 108).
Primer paso: el espacio y el campamento como zona liminal
Con el fin de comprender el impacto del campamento para la reincorporación de excombatientes a la vida civil abordaremos los campamentos como dispositivos de poder, característicos de las sociedades modernas. Giorgio Agamben (2008, p. 9) define el dispositivo como la red entre los elementos de la realidad social, entre discurso, institución, espacio, marco normativo, medidas de la policía y axiomas filosóficos. Según Agamben (2004), la planificación espacial se usa como un mecanismo para la conversión estratégica del espacio en “micro-espacios”, espacios de excepción, entre ellos el campamento como figura más destacada y frecuente. El filósofo italiano define al campamento como el arquetipo del Estado de excepción y argumenta que la condición física y espacial del campamento, o campo, se plasma en las prácticas habituales en su interior. El concepto del campamento como dispositivo no solamente permite entender su interior sino también su entorno. Mientras que para Agamben, como ya se mencionó, el campamento espacializa la excepción, en este estudio, el campamento será abordado como un espacio de transición o normalización, que tiene como fin convertir a un enemigo del Estado, un actor bélico, en ciudadano con nuevas conductas y actitudes.
El interés de Agamben por el campamento se aclara en la posibilidad de desligar la definición del campo de los acontecimientos concretos de su existencia, con el objetivo de “considerar el campo […] como la matriz oculta” de la biopolítica en la sociedad moderna (Agamben, 2004, p. 175). En el ámbito internacional, los campamentos parecen haberse convertido en un modelo universal para resolver algunos problemas contemporáneos. Es el caso de los núcleos de las misiones de la ONU para solucionar las crisis humanitarias. Algunos de estos campamentos, como el Demobilization and Reintegration Centre Mutobo de la misión de la ONU en Ruanda, tienen como principal objetivo preparar a excombatientes para su retorno al país, educarlos y formarlos como ciudadanos. En Nepal y Somalia también existen campos de desmovilización para excombatientes en un contexto de conflicto interno, similar al del caso colombiano.
Para analizar el campamento en su estructura jurídica y política, Agamben toma en consideración su historia y origen. Desde esa perspectiva, el surgimiento de los campamentos no se dio en el marco de una ley de prisión prolongada, sino que se ubica en la “expansión de un estado de emergencia, con base en una guerra colonial contra una población civil en su conjunto” (Agamben, 2001, p. 43), como la realizada en 1890 en los campos de concentración en Cuba. El establecimiento de los campamentos puede ser entendido solamente desde el derecho de la guerra (ius in bello). Esto incluye, por un lado, las leyes de los conflictos intergubernamentales relacionados con la guerra, y, por otro, la ley nacional para ser capaces de imponer el estado de emergencia en caso de peligro.
Siguiendo en la línea de este planteamiento, Carl Schmitt (1996, p. 11) argumenta en Political Theology que el estado de excepción es definido por el soberano. Agamben, sin embargo, amplía la conceptualización de Schmitt: “El estado de excepción no es un derecho especial (como el derecho de guerra), sino que, en cuanto suspensión del propio orden jurídico, define el umbral o el concepto de límite” (Agamben, 2004, p. 28). Por lo tanto, el campamento es una relación entre espacio y sociedad. La “excepción” es una práctica hegemónica de territorialización, de demarcación del espacio. El campamento es una forma práctica de la exclusión mediante el ejercicio de la inclusión.
De hecho, el umbral, o el concepto de límite de Agamben, nos llevan a la idea de concebir el campamento como espacio de paso. Retomando a Marín y Espinosa (2017), entendemos la transición de las y los exguerrilleras/os como un rito de paso, conforme a la teoría de los “rites de passage” del etnólogo Arnold van Gennep (1909/2013) y el proceso ritual de Victor Turner (1988). Según Gennep, los ritos de paso marcan las transiciones más importantes en la vida humana de la sociedad. Los ritos emblemáticos son el nacimiento, la iniciación, el matrimonio y la muerte, sin embargo, otros procesos marcados de transición pueden ser interpretados como ritos. Ritos que tematizan o, incluso, efectúan un cambio, por ejemplo la transición de un periodo de la vida a otro o un cambio en el estatus social. Los ritos aportan a preservar la estabilidad de la sociedad, mientras codifican la posición del individuo en su estructura. Si bien esta investigación no discute las diferentes objeciones frente al trabajo de Gennep, adopta el concepto de “periodo liminal” de su pensamiento para el análisis de las zonas de desmovilización.

Gráfica 2. El proceso del rito de paso.
Fuente: elaboración propia.
La función principal del rito de paso es el reconocimiento colectivo de las nuevas relaciones sociales. Por consiguiente, para nuestro interés investigativo es contundente una interpretación de imágenes de los diferentes momentos en las zonas de desmovilización y reincorporación. En este sentido, definimos tres momentos del proceso de paz, o, más precisamente, de la reincorporación de las y los excombatientes a la vida civil durante su transición a la “normalidad”:
- La fase preliminal consiste en la separación de los individuos de su estatus previo como guerrillera/o y enemiga/o del Estado. Esta primera fase consiste en un comportamiento simbólico que significa la desvinculación individual o del grupo del estatus que tenía antes del ritual. Este momento corresponde al tiempo antes de la desmovilización hasta el ingreso a las zonas veredales en la así llamada “última marcha” en febrero de 2017. La más clara diferencia en el cambio de estatus consiste en la visibilidad de las y los guerrilleras/os en la esfera pública durante la marcha, es decir, la puesta en escena de un actor que antes vivía escondido en la selva y las montañas colombianas. El rito de separación comienza con la entrada simbólica a la zona, aunque la mayoría de los campamentos todavía no estuviesen construidos o su infraestructura estuviese solo parcialmente terminada. A pesar de que las y los guerrilleras/os marchan todavía de uniforme portando armas, pasan por territorio del que fuese su enemigo y comienzan su paso a la legalidad bajo condiciones anormales en el campamento. En las fotos de la gráfica 3, proporcionadas por un excombatiente de la ZVTN/ETCR en La Elvira, Cauca, apreciamos el paso desde el Punto Transitorio de Normalización y la marcha en fila india, hábito internalizado durante tiempos de guerra. Finalmente se ve la llegada al territorio donde el campamento apenas se comenzó a construir y donde no se encontraba nada más que un terreno nivelado. Por ello, según el mismo excombatiente, una parte de su frente tuvo que instalar carpas para pasar las primeras semanas en el nuevo terreno, mientras otra parte se vio obligada a regresar al PTN.
Gráfica 3. La fase preliminal en la transición de las FARC-EP. Salida de los PTN y llegada a la ZVTN en La Elvira, febrero 2017.
Fuente: fotografías del archivo personal del excombatiente VE.[4]
- La transformación a la cual se someten las y los guerrilleras/os culmina en la fase liminal, dentro del campamento. Esta fase se extiende durante el proceso de la desmovilización en el campamento, hasta la entrega de armas y la conversión de las ZVTN en ETCR el 15 de agosto de 2017. Las jerarquías anteriores se descomponen y los individuos reciben formación y capacitación para cambiar su forma de ser, de modo que se transforman de un actor armado a un actor civil. Obviamente este proceso está lleno de contradicciones que pudimos observar durante nuestras estadías de campo, es decir, restos de disciplina y organización militar internalizados hace muchos años se combinan con nuevos comportamientos más adecuados con la vida civil. En las fotos de la gráfica 4, que nos proporcionó el equipo de comunicación de la ZVTN/ETCR en Pondores, se ven las y los excombatientes, en su mayoría en ropa civil, trabajando en la construcción del campamento bajo la supervisión técnica de arquitectos e ingenieros. Esto da cuenta de personas en una posición indeterminada, ni trabajadores regulares y asalariados ni combatientes de uniforme y armas de fuego, individuos que perdieron su estatus anterior sin tener un nuevo estatus definido en la zona liminal del campamento.
Gráfica 4. La fase liminal en la transición de las FARC-EP. Momentos iniciales del campamento transitorio “Amaury Rodríguez” en Pondores (La Guajira) en fase de construcción, febrero de 2017.
Fuente: fotografías del archivo del equipo de comunicación del ETCR Pondores.
- El periodo postliminal comienza con el rito de reincorporación de las personas a la sociedad civil y conlleva la reagrupación del individuo al nuevo estatus, es decir, en el proceso de la transformación de las ZVTN/ETCR en pueblos o veredas dentro de los municipios e interacciones y actividades con la población civil desde afuera. En la gráfica 5 se ven diferentes momentos de relaciones sociales con la sociedad civil y veredas aledañas que demuestran los avances en la reincorporación. Según Turner (1988), en esta fase el actor entra nuevamente a la “normalidad” social, y vuelve a tener derechos y obligaciones, incluso con un estatus definido en la estructura social. Sin embargo, con respecto a nuestro caso consideramos esta transición todavía en proceso, es decir, indeterminada, debido a que las FARC-EP como “comunidad de características especiales” (BP, 09/04/2019) requieren un acompañamiento a largo plazo para su reincorporación exitosa y sobre todo las garantías de protección física.[5]
Gráfica 5. La fase postliminal en la transición de las FARC-EP. Diferentes actividades de integración con la sociedad civil. De izq. a la der.: visita de estudiantes en La Elvira, 13/10/2017. Torneo de fútbol entre excombatientes y veredas aledañas en La Elvira, 15/11/2018. Canelazo después de un taller de la ONU en el asentamiento El Mirador con excombatientes de Tierra Grata, 06/04/2019. Jardín infantil en Pondores, 09.04.2019.
Fuente: Material propio.
Estos momentos claves en el proceso de paz en Colombia se dejan deducir del itinerario de la desmovilización: la llegada de los miembros de las FARC-EP a los PTN, a los campamentos de concentración y a las ZVTN se cumplió entre el 7 de enero hasta el 18 de febrero de 2017. El 7 de enero llegaron 320 guerrilleras/os (frente 32, 48, 49) a la ZVTN en el norte del Putumayo. El 18 de febrero se realizó el ingreso de los últimos 300 integrantes de las FARC-EP (frente 3, 14 y 15) a la ZVTN “Agua Bonita” en La Montañita, en el departamento Caquetá. Con esta llegada se cumplieron los movimientos hacia las zonas donde había un plazo de 180 días para la dejación de armas. Según el acuerdo firmado entre el gobierno y el grupo guerrillero, las armas debían entregarse a miembros de una misión de las Naciones Unidas (ONU) en tres etapas: hasta el 1 de marzo, el 31 de marzo y el 30 de abril de 2017. Finalmente, la dejación de armas completa se aplazó debido a diversos inconvenientes y se realizó en junio de 2017. Después de la entrega de armas, el 15 de agosto de 2017, los puntos y zonas veredales se convirtieron en ETCR. Hasta la fecha, los ETCR siguen existiendo y exmiembros de las FARC-EP se agrupan en estos espacios, a los que convierten poco a poco en pueblos y veredas como resultado de un esfuerzo colectivo. Después de la capacitación y la creación de cooperativas y diferentes proyectos productivos los excombatientes, en el mejor caso, se integran cada vez más a la vida económica del país y establecen relaciones sociales con su entorno regresando a la “normalidad”. Aunque estamos conscientes de que este concepto del rito de paso parte de un proceso de paz ideal y las noticias diarias dibujan una perspectiva muy preocupante con respecto a una paz verdadera y duradera, este concepto nos ayuda a ubicar los campamentos en la fase liminal y comprender su funcionamiento dentro de todo un proceso complejo y contradictorio.
Asimismo, las zonas de desmovilización son un ejemplo paradigmático de una realidad contemporánea en cuanto transforman subjetividades –en este caso de desmovilizados– y determinan las prácticas de los individuos en el territorio habitado por ellos. Pese a que estas zonas han sido proyectadas como zonas transitorias, tienden a perdurar como “Camps-villes”, tal y como los conceptualiza Michel Agier. El antropólogo francés escribe sobre campos de refugiados en Europa y cómo estos campos “se convirtieron gradualmente en lugares de una organización perdurable del espacio, vida social y sistemas de poder que no existía en ninguna otra parte. Son dispositivos paradójicos, híbridos” (Agier, 2002, p. 322). Estas entidades se construyen con base en un asentamiento, e, incluso, desarrollan sus propias relaciones jerárquicas sociales y económicas que se distinguen de las relaciones del mundo exterior. La totalidad de estas relaciones es el núcleo de la espacialización del campo y tienen la posibilidad de transformar las relaciones de su entorno (Herz, 2008).
El campamento nunca es un lugar herméticamente cerrado y organizado, sino que es un conjunto complejo con una característica común: la clara distancia entre espacios internos y externos como criterio principal (Inhetveen, 2010, p. 18). A través de la presencia de entidades internacionales, los campamentos y entre ellos las zonas de desmovilización en Colombia están ubicados en un régimen global de procesos políticos y relaciones de poder. Inhetveen contrasta el campamento de refugiados con la “institución totalitaria” de Erving Goffman, quien se refiere a la cárcel como espacio que determina enteramente la vida del interno. Según Inhetveen, para entender la diferencia entre esta institución idealizada y el campamento moderno se requiere demostrar la interacción entre la institución y la sociedad, la administración del campamento y su entorno (Inhetveen, 2010, p. 20). Con respecto al caso colombiano, Marín y Espinosa (2017) investigan los campamentos como zona liminal dentro del espacio del conflicto, que preparan los integrantes para la paz, y definen sus peculiaridades en relación con su entorno y las organizaciones sociales locales.
En resumidas cuentas, el espacio no es una categoría absoluta, sino una construcción social, y según nuestra perspectiva, los campamentos de desmovilización “representan el último lugar de la guerra y el primero para la construcción de paz” (Marín y Espinosa Menéndez, 2017, p. 442). El espacio es una categoría relevante en la sociología, empezando con las teorías del urbanismo de Lefèbvre. Según este teórico francés, el espacio es una construcción de sus habitantes, que da los márgenes de las posibilidades y al mismo tiempo es el resultado de “pensamientos, actos de construcción y experiencias” (Lefèbvre y Roeckl, 1972). Según Harvey, otro de los primeros sociólogos que trabajaron sobre la relación del espacio y su construcción, “las formas espaciales son vistas no como objetos inanimados dentro del cual se desarrolla el proceso social, sino como cosas que contienen procesos sociales del mismo modo que los procesos sociales son espaciales” (Harvey, 2009, p. 10, traducción propia). Así, la pregunta principal es ¿cómo se construye el espacio en los campamentos? “La pregunta ‘¿qué es el espacio?’ por ello se reemplaza por la pregunta ‘¿cómo es que diferentes prácticas humanas crean y hacen uso de diferentes conceptualizaciones del espacio?’” (Harvey, 2009, p. 13, traducción propia). Conforme a Harvey, con la presente investigación intentamos analizar la relación recíproca entre el campamento como espacio predeterminado y las prácticas sociales de los desmovilizados para hacer uso de este espacio y transformarlo (Harvey, 2009, p. 13).
Segundo paso: análisis del marco legal
Según el punto 3.1.4. del Acuerdo de Paz (Adaptación de los dispositivos en el terreno y Zonas), las ZVTN tienen como objetivos “garantizar el CFHBD[6] y DA”,[7] “iniciar el proceso de preparación para la reincorporación a la vida civil de las estructuras de las FARC-EP en lo económico, lo político y lo social de acuerdo con sus intereses” y el “tránsito a la legalidad” (p. 62). En las ZVTN se realizará la “reincorporación a la vida civil” que
[…] será un proceso de carácter integral y sostenible, excepcional y transitorio, que considerará los intereses de la comunidad de las FARC-EP en proceso de reincorporación, de sus integrantes y sus familias, orientado al fortalecimiento del tejido social en los territorios, a la convivencia y la reconciliación entre quienes los habitan; asimismo, al despliegue y el desarrollo de la actividad productiva y de la democracia local. (p. 69)
Para ello, las ZVTN “son territoriales, temporales y transitorias, definidas, delimitadas” (p. 62). Lo interesante en estas definiciones es, por un lado, que la reincorporación toma también en consideración a las comunidades alrededor de las zonas de desmovilización y, por otro lado, destaca su carácter temporal y transitorio, pues en principio los campamentos no eran pensados para transformarse en sitios de larga permanencia como veredas o pueblos. Con respecto a la construcción de las ZVTN acorde con la Ley 1779 de 2016,
[…] el Gobierno nacional o los representantes autorizados expresamente por el mismo, podrán acordar con los voceros o miembros representantes de las organizaciones armadas al margen de la ley, en un proceso de paz, y para efectos del presente artículo, su ubicación temporal o la de sus miembros en precisas y determinadas zonas del territorio nacional.
Conforme a lo que acordaron las partes en el marco del proceso de paz, el gobierno al establecer las zonas debía:
- Precisar la delimitación geográfica de las zonas.
- Establecer el rol de las instancias nacionales e internacionales que participen en el proceso de dejación de armas y tránsito a la legalidad de las organizaciones armadas al margen de la ley.
- Establecer las condiciones y compromisos de las partes para definir la temporalidad y funcionamiento de las zonas mencionadas.
Mediante la Resolución 2261 de 2016, aprobada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su sesión del 25 de enero de 2016, se decidió establecer una misión política con un período de 12 meses, como componente internacional y coordinadora del mecanismo tripartito del Mecanismo de Monitoreo y Verificación del proceso de CFHBD y DA. Además, mediante la Resolución 2366 de 2017, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó una segunda Misión de Paz en Colombia, con la responsabilidad de verificar la reincorporación de los integrantes de las FARC-EP a la vida civil y las condiciones de seguridad en ese proceso.
En el Decreto presidencial 1274 del 28 de julio de 2017 se manifestó que
[…] se prorroga la duración de las Zonas Veredales de Transitorias de Normalización –ZVTN– y unos Puntos Veredales de Normalización –PTN–, hasta el 15 de agosto de 2017, con el fin de finalizar el proceso de extracción de las armas depositadas en los contenedores por parte del CI-MM&V, se dará por terminado el proceso de dejación de armas.
Para dar seguimiento al proceso de reincorporación, el mismo decreto ordena que “la Zona Veredal Transitoria de Normalización (ZVTN) y el Punto Transitorio de Normalización (PTN), una vez terminados se transformarán en Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR)”. El gobierno nacional, a través del Fondo de Programas Especiales para la Paz (Fondopaz), se obliga a disponer todo lo necesario para continuar con la implementación de los compromisos y responsabilidades derivadas del proceso de paz, incluyendo el suministro de ayuda humanitaria integral. La figura de los ETCR no se encuentra en ninguna parte del Acuerdo Final, sino que se pensó en el transcurso del proceso de la dejación de armas para realizar actividades de capacitación y reincorporación temprana. Los ETCR fueron acordados entre los firmantes de la paz y la ONU, según un comunicado de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz.
En el siguiente Decreto presidencial 2026 del 4 de diciembre de 2017 se definen los ETCR como
[…] lugares para el desarrollo de actividades que faciliten la reincorporación a la vida civil en lo económico, lo social y lo productivo de los ex miembros de las FARC-EP debidamente acreditados por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz en los términos del artículo 2 del Decreto Ley 899 de 2017 y realizar actividades misionales de las entidades del orden nacional y territorial destinadas a las comunidades aledañas.
Se prolonga la duración de los ETCR por dos años, contados a partir de la fecha establecida en el Decreto 1274. El decreto además obliga al Ministerio de Defensa Nacional, en el marco de sus competencias constitucionales y legales, a realizar las coordinaciones pertinentes para que la fuerza pública adopte las medidas de seguridad en los Espacios Transitorios de Capacitación y Reincorporación, un punto de suma importancia debido a que las y los guerrilleras/os están amenazados por otros grupos al margen de la ley.
Finalmente, el nuevo gobierno de Iván Duque, después del dialogo con los alcaldes de las comunidades donde se encuentran los ETCR, tomó la decisión de comprar la mayoría de los predios, titularlos a nombre de la Agencia de Reincorporación y Normalización (ARN) a fin de, más adelante, otorgárselos a los excombatientes. De esta forma, se establecen las bases para poder incluirlos en los Planes de Ordenamiento Territorial de cada uno de los municipios donde están ubicados. Además, el gobierno de Duque se comprometió “a prorrogar el acceso de los excombatientes a la renta básica que solo estaba pensada para dos años. La diferencia con la nueva resolución es que estará condicionada para aquellos que participen activamente de todo el proceso de reincorporación” (Semana, 30/06/2019). Esto da aliento a los proyectos productivos colectivos iniciados por parte de los excombatientes en muchos territorios. Al mismo tiempo, esta medida se puede interpretar como reacción al hecho de que los campamentos terminarán por transformarse en asentamientos permanentes, gracias a que muchos excombatientes viven en dichas zonas. Más adelante vamos a argumentar con base en los datos visuales de las estadías de campo que la apropiación del espacio en los campamentos juega un papel clave para convertir los ETCR en pequeños poblados, veredas, asentamientos o barrios.
Desde el proceso de negociación, los representantes del gobierno proyectaron el campamento como un espacio transitorio, este elemento se refleja hasta en la denominación ZVTN. Según el plan del gobierno, las y los excombatientes solo se desmovilizaron hasta la entrega de armas en el espacio temporal para salir después a una vida civil.
Tercer paso: análisis del espacio de los campamentos
La zona en su entorno geográfico
El ETCR La Elvira se encuentra en la cordillera occidental de los Andes en una altura aproximada de 2.030 metros en el departamento Cauca, municipio de Buenos Aires. El área completa es de 4,81 hectáreas, de las cuales la parte construida ocupa 14.321 metros cuadrados. La Elvira está ubicada aproximadamente a tres horas desde la última carretera pavimentada, que termina en el pueblo Timba. Desde la ciudad de Cali son casi cinco horas en transporte particular:
La única conexión es una trocha en muy mal estado, cuando subimos estuvo transitada solamente por motos, dos chivas al día (una en la mañana y una en la tarde, la hora no sabía nadie exactamente) y un carro blindado de la misión de la ONU. Nos contaron los habitantes de una finca en el camino, que después de fuertes lluvias está casi intransitable. (Diario de campo, ALD,[8] 28/03/2017)
Al lado de la carretera pudimos observar muchos cultivos de coca, hasta hoy existen, aunque han disminuido. Cuando subimos la primera vez en moto al ZVTN en marzo de 2017, todavía tuvimos que registrarnos en el control del ejército unos 3 kilómetros de distancia del campamento, al cual no pudimos acceder debido a que las y los excombatientes todavía no habían entregado sus armas.
El lote se divide en dos sectores: el sector uno contiene 190 alojamientos, una biblioteca, oficinas de administración, enfermería y primeros auxilios, cocina, comedor general y un área de esparcimiento. El sector dos se encuentra debajo de las montañas y más cercano a la vereda La Elvira. Tiene 102 alojamientos, dos aulas, comedor, cocina y terraplén para cancha deportiva. “Este último sector pertenecía a la empresa Agroforestal El Naya S.A., así que algunas casas de madera quedaron para el uso de las y los excombatientes” (Diario de campo, AH,[9] 13/10/2017). Además, en el transcurso de la desmovilización se construyó el polideportivo que hasta hoy en día se usa para torneos de fútbol y eventos para la integración con las comunidades aledañas. En cambio, la zona alta de viviendas que fue construida completamente de nuevo con panel yeso está bastante apartada. En general, la vida pública sucede en el sector del polideportivo. Observamos que esto tuvo efecto en la división de labor entre diferentes jerarquías de las FARC-EP. Por su ubicación estratégica para organizar el contacto con el público y las instituciones, los comandantes y personas con tareas específicas se mantuvieron en la zona de recepción y algunos de ellos incluso eran alojados en las casas de madera. Al mismo tiempo en la zona de atención al público “se encuentra el restaurante, la tienda, la panadería, el salón para consultas médicas y el carro móvil de capacitación informática” (Diario de campo, AH, 13/10/2017), lo que demuestra una división espacial y funcional muy marcada en este campamento.

Foto 1. Vista aérea, Pondores.
Fuente: Oficina de Alto Comisionado para la Paz. https://bit.ly/3kbsCp2.
En comparación con La Elvira, el área de Pondores solamente es de 3 hectáreas, con edificios construidos sobre 8.228 metros cuadrados. Pondores está ubicada a aproximadamente a 17 kilómetros de la cabecera municipal de Fonseca, y a 4 kilómetros del corregimiento de Conejo. De los tres campamentos estudiados es el más compacto, con biblioteca, guardería, oficinas de administración y recepción, enfermería de primeros auxilios, cocina, comedor general, aulas de instrucción y un área de esparcimiento. Todas estas instalaciones quedan muy juntas. Pondores se encuentra en el departamento La Guajira, municipio de Fonseca, con temperaturas altas y una sequía extrema en épocas de verano. Relativamente cercano se encuentra el ETCR Tierra Grata, en el municipio Manaure en el departamento César, entre la Serranía de Perijá y las montañas de la Sierra Nevada. Igualmente, las temperaturas son altas, sin embargo, la zona está en una elevación montañosa donde ventea bastante en las tardes, lo que aporta a un clima mucho más agradable. Este ETCR también está ubicado densamente en un lote de 6 hectáreas, con un área construida de 6.300 metros cuadrados. Tiene casi las mismas instalaciones que los otros dos ETCR.

Foto 2. Vista aérea al campamento de Tierra Grata.
Fuente: Hora724 Noticias, 15/10/2019.
Tierra Grata tiene la ventaja de estar ubicado cerca del aeropuerto de Valledupar, así que es muy accesible. Por esta razón, tanto Pondores como Tierra Grata, que se encuentran en la cercanía de la frontera con Venezuela, fueron visitados por delegaciones nacionales e internacionales de alto rango, como el presidente colombiano Iván Duque y el Alto Comisionado para la Paz, entre otros. En cambio, a La Elvira es mucho más difícil llegar por su ubicación y el mal estado de la carretera, especialmente en épocas de lluvia. En resumen, la ubicación geográfica de cada zona puede explicar que la presencia regular de organismos nacionales (ARN, SENA) e internacionales (Naciones Unidas) varíe significativamente, lo que tiene consecuencias a la hora de sentirse integrados y atendidos, como nos comentaron excombatientes en varias entrevistas. Pudimos observar la presencia más fuerte de instituciones en Tierra Grata, donde personal de la ARN y del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), así como la delegación de la ONU y la FAO, se mantuvieron permanentemente en el campamento, incluso con oficinas y mesas de consulta.
Muchas de las ZVTN se construyeron en zonas que anteriormente fueron zonas de guerra o “zonas rojas”, es decir, regiones con fuerte presencia de las FARC-EP. En el año 2017, pocos meses después de la llegada de las y los combatientes a La Elvira, cuando se preguntó por el campamento de la desmovilización de las FARC-EP, los habitantes de los pueblos en el camino dijeron no saber nada, la respuesta común era “acá no hemos escuchado nada de eso” (Diario de campo, ALD, 28/03/2017). Después de un año, las personas en el camino indicaron cómo llegar y la relación con el campamento parecía mucho más normalizada. Podemos inferir de nuestras observaciones que la ubicación de la zona resulta un factor favorable o adverso para primero, poder permanecer en la zona y volverla un espacio donde vivir colectivamente, y segundo, para desarrollar relaciones con actores externos clave en el proceso de reincorporación.
Infraestructura
Según el Acuerdo de Paz, los campamentos fueron construidos de manera temporal y transitoria, es decir, todas las construcciones son de baja calidad y no perdurables. Incluso, en la construcción no se había pensado el tema de la infraestructura de una forma sostenible. Sin embargo, lo que funciona relativamente bien en cada ETCR es, por un lado, el suministro de energía a través de plantas e interconexiones a la red existente de las poblaciones de los alrededores y, por otro lado, el suministro de combustible a través de tanques de reserva.
El gran problema sigue siendo el suministro de agua; sobre todo en los ETCR en el norte del país ha sido un desafío permanente. En Tierra Grata no hay un acueducto y el agua la llevaron en carrotanques que la ARN les compra a los bomberos. Como nos comenta FTG (04/04/2019), esta cantidad diaria siempre se ha calculado
[…] para las 163 exguerrilleras/os en armas que llegaron al ZVTN a finales de 2016/principios de 2017, pero ahora la comunidad es de 300 personas porque ellos han traído a la familia o forman familia con civiles. Son solo 163 beneficiados, pero toca abastecer a 300.
Por esta razón, las y los excombatientes tienen que racionar el uso de agua para fines personales y no es suficiente para regar los cultivos y cuidar a los animales de los proyectos productivos. A finales del año 2019, las y los habitantes del ETCR Tierra Grata construyeron con la ayuda de la FAO y las poblaciones de alrededor una conexión para llevar agua al campamento. No obstante, esta agua es solamente para regar los cultivos, ya que no es potable.

Foto 3. Carrotanque de los bomberos.
Fuente: material propio, 05/04/2019.

Foto 4. Obra colectiva de tubería.
Fuente: equipo de comunicación Tierra Grata, 28/08/2019.
“Cómo se logró conseguir una conexión de agua traído de las montañas altas en Tierra Grata es un ejemplo de esfuerzo colectivo” (VFAO, 6/4/2019), al igual que la apropiación de un espacio con el objetivo de hacerlo apto para los cultivos. Por la falta permanente de agua empezó el proyecto de integración comunitaria en mayo del año 2018, guiado por la FAO, con recursos del Fondo Europeo para la Paz, acompañado por la ONU, para contribuir a los proyectos productivos que son la base de la futura seguridad alimentaria de las y los excombatientes. Se pensó en construir una escuela, en adecuar una cancha de fútbol y también en el proyecto del agua. Finalmente, la obra se inició en agosto del año 2019, trayendo el agua de los caudales del río en las montañas. Cabe mencionar que las y los excombatientes del ETCR ya habían empezado antes a recaudar dinero para su proyecto de agua potable. Después de más de 1.000 jornadas entre excombatientes, miembros del ejército y la comunidad se logró traer el agua a esta tierra. Eso fue la primera condición para poder permanecer en la zona y seguir construyendo planes para el futuro de la comunidad.
En la zona árida de Pondores existe el mismo problema, pero según el excomandante BP (09/04/2019) fue un esfuerzo colectivo de los excombatientes el traer el agua de los ríos en las montañas a través de mangueras con el fin de independizarse de los carrotanques y tener agua suficiente para los cultivos. Durante nuestra estadía observamos que por lo menos era suficiente para que las y los excombatientes regaran sus huertas y pequeños cultivos frente a sus casas, al contrario que en Tierra Grata (Diario de campo, ALD, 04/04/2019). Sin embargo, a veces siguen los problemas de agua cuando los tubos se dañan o los ríos se secan en época de verano. Durante nuestra estadía se dio el primer caso, y el campamento no contaba con corriente de agua. Otro desafío en Pondores es la falta de
[…] tuberías subterráneas, por ende, no hay acueductos o cunetas para el manejo de las aguas sucias. Según los habitantes, esa situación ha traído problemas de salud pública, pues los hedores del mal tratamiento de las aguas negras han ocasionado un sinnúmero de enfermedades. (Sánchez Caicedo, 2019, p. 22)
En el sector de viviendas en La Elvira el suministro de agua no era tan precario. Según informaciones de la Oficina de Alto Comisionado para la Paz, se instalaron los tanques y se conectaron a la PTAP y a la red. Se tiene un volumen de almacenamiento total de 30.000 litros, de la siguiente manera: 5.000 litros en el tanque de la PTAP y 25.000 litros en cinco tanques de 5.000 litros. Además, se construyeron 4 zonas de campos de infiltración, 1 por cada 100 personas. Se instalaron pozos sépticos anaeróbicos de 5.000 litros, cajas de inspección y trampa de grasas. Al principio, cuando subimos la primera vez al campamento de viviendas, los sanitarios eran construidos con chapa ondulada y plásticos en muy mal estado (véase fotografía abajo). Más adelante se los reemplazó por instalaciones mucho más favorables para la higiene del campamento. En el sector cercano a la vereda se aprovecharon las instalaciones existentes debido a que antes era un campamento de trabajadores de la empresa forestal.
Un aspecto interesante de los campamentos es cómo se organizan el mantenimiento y la limpieza de los servicios. En todas las zonas, los baños fueron construidos para el uso colectivo en sitios céntricos o cercanos a las viviendas. Los habitantes nos cuentan que en Tierra Grata y en La Elvira se los organiza todavía de manera colectiva según unidades de vivienda, solo en Pondores se comparte un baño y una ducha entre cuatro/cinco personas (los nombres son escritos en las puertas) que están cerrados con candado (Diario de campo, AH, 07/04/2019). Así que cada uno/a es solamente responsable de su propio baño.
Resolver los problemas de la precariedad es parte de un aspecto más general del papel del campamento para la paz en Colombia. Mientras que el gobierno había pensado el campamento como un lugar transitorio, sin la necesidad de suministrar la infraestructura a largo plazo, las y los excombatientes que permanecen en los ETCR enfrentan la necesidad de organizar y garantizar el acceso al agua y energía permanentemente. Notamos que desde el principio existían iniciativas propias en Pondores y Tierra Grata de independizarse del suministro por parte del gobierno, teniendo en cuenta que sus comunidades siguen creciendo, sea por el nacimiento de niñas/os o por la unificación familiar. La adecuación de la infraestructura puede ser interpretada como un acto de autodeterminación por parte de las y los excombatientes y la búsqueda por una solución colectiva para problemas que afectan a todos. Este punto ilustra claramente el anhelo de los habitantes de los ETCR de permanecer en el territorio y construir un proyecto de vida a largo aliento.
Zonas de recepción y atención al público
En los tres campamentos hay zonas de recepción, empezando con letreros y señalamiento. En Tierra Grata, la entrada desde la carretera principal a la trocha de tierra que dirige al campamento está vigilada por las fuerzas militares de la décima brigada del batallón de alta montaña N° 7. Sin embargo, con el acompañamiento de las y los habitantes de la zona pasamos sin ningún registro el 4 de abril de 2019. Previo a llegar a Pondores existe también un puesto del ejército y uno de la policía nacional, aproximadamente a un kilómetro de distancia del ETCR, por el cual pasamos camino al campamento. Notamos que el ejército hizo varias veces recorridos de control en carro por el campamento sin mayor contacto con los habitantes. En cambio, en La Elvira el ejército muestra presencia con unidades móviles de brigadas de montaña, no obstante, no existe ningún puesto militar permanente (véase fotografía 5). Durante nuestra estadía incluso los soldados entraron a la zona de recepción para cargar sus celulares o comprar víveres de la tienda, sin causar ninguna incomodidad (Diario de campo, AH, 16/11/2018). Preguntando por las relaciones sociales con miembros del ejército, todos los entrevistados en los tres ETCR respondieron unánimemente de forma positiva que se respeta su autoridad y hasta se aprecia su presencia, necesaria para la protección de la comunidad de los ETCR.

Foto 5. Ejército en la carretera contiguo a la entrada a la zona de recepción durante una patrulla, La Elvira.
Fuente: material propio, 16.11.2018.
El papel del ejército para acceder a los campamentos ha cambiado significativamente en el transcurso de nuestra investigación. El 28 de marzo de 2017, cuando estuvimos por primera vez en la ZVTN La Elvira, tuvimos que registrarnos y pasar un retén militar. Al llegar a la zona de recepción nos pararon unos excombatientes y llamaron a un responsable para hablar con nosotros, pero no pudimos entrar a ninguna parte del campamento debido a que todavía no habían entregado sus armas. A partir del agosto de 2017, terminado el proceso de la dejación de armas, la entrada a los ETCR es de libre acceso, no existe ningún tipo de retén, o anillo de seguridad. Entonces nos dio la sensación de acceder a un espacio civil como cualquier otra vereda en Colombia.
Llegando a La Elvira “nos saluda un mapa del sitio en la entrada al campamento de recepción” (Diario de campo, ALD, 13/10/2017). La representación hacia afuera cambió con el tiempo, mientras que al inicio de los campamentos había letreros oficiales de la ONU y del gobierno y el ejército, estos letreros desaparecieron y perdieron la tinta, y nuevos letreros hechos por los excombatientes fueron instalados.
En el sector de recepción en los tres campamentos existe un restaurante, una tienda y un parqueadero. Tenían la función de atender al público y apartar este sector del campamento de la zona de viviendas y de excombatientes bajo armas. Los puestos de control en las entradas para regular el acceso al campamento perdieron su función. Pese a esto, en los tres campamentos notamos todavía ciertas formas de control social sobre quién entra, a través de un registro de visitantes y sus intenciones. En Pondores, por ejemplo, tuvimos que esperar la atención por parte de los comandantes para explicar las intenciones de nuestra estadía y pedir el permiso de recopilar material para nuestra investigación. De hecho, según las coyunturas y la cobertura mediática de los campamentos todavía se regula el acceso de esta manera, por lo menos en Pondores.
Hoy en día la zona de recepción tiene, en cierto sentido, la función de mantener la privacidad de los habitantes, y opera como una separación entre una parte pública y privada del campamento. La Elvira tal vez es un caso especial, porque la zona de recepción con el polideportivo siempre era pensada también para la comunidad, así que las personas entran y salen sin mayor control. Tiene también una panadería y en Tierra Grata se encuentra un tipo de oficina abierta al lado de la tienda colectiva donde se realizan reuniones con la FAO y la ONU, y la ARN atiende a los excombatientes (Diario de campo, AH, 05/04/2019). Es interesante observar que las tres comunidades de las y los excombatientes reacomodan estas zonas de recepción según sus necesidades, precisamente para atender a periodistas, investigadores, estudiantes, trabajadores, turistas, etc., es decir, mantienen las mismas instalaciones para generar ingresos y brindar servicios a los visitantes.

Foto 6. Entrada con restaurante, Tierra Grata.
Fuente: material propio, 04.04.2019.
En resumen, estos sitios de atención tenían una función clave antes de la entrega de armas, porque cumplieron con la tarea del control de acceso por parte de las FARC-EP. Después de la entrega de armas se transformaron en el primer punto de contacto entre actores civiles y las y los habitantes del campamento, aunque siguieron cumpliendo cierta función de organizar el acceso. Hoy día, la mayoría de los campamentos ya no cuentan con límites de ingreso. Por el cambio de la relación con las y los actores civiles, estos sitios perdieron su función inicial y en muchos casos las y los habitantes empezaron a convertirlos en espacios de uso común, en lugares de encuentro, con panadería y polideportivo (en La Elvira), con restaurantes y tiendas (en los tres ETCR) y muchos otros usos.
Vivienda
Un aspecto central de la posibilidad de construir viviendas durables en las zonas es la distribución del espacio entre las casas. En Pondores y Tierra Grata, las y los desmovilizadas/os definieron en conjunto con la empresa constructora la repartición del terreno y la manera de diseñar las casas. M de Tierra Grata nos cuenta (05/04/2019):
Al principio tuvimos una pequeña lucha con los ingenieros que tenían el contrato de construcción porque ellos pensaban construir todo según su concepto y nosotros tuvimos otra idea. […] Planteamos nuestro enfoque cultural para que se amoldara a nuestras costumbres como insurgencia, por ejemplo, nosotros estuvimos acostumbrados a aulas muy grandes y los ingenieros construyeron un aula pequeña. Entonces se comenzó a construir el resto de las estructuras en función de las necesidades que tenemos como organización.
En La Elvira no participaron en esta fase de la construcción, aunque las y los excombatientes narran que en cada campamento brindaron la mano de obra para avanzar más rápido en el montaje de las instalaciones, ya que en la mayoría de los casos las ZVTN todavía no estaban terminadas cuando los diferentes frentes llegaron (PE, 17/11/2018).

Foto 7. Casetas en terreno empinado en la parte superior del campamento, La Elvira.
Fuente: material propio, 13/10/2017.
Por consiguiente, en La Elvira, las viviendas están ubicadas a un kilómetro de la otra parte del campamento y, ya después de un año, fuimos testigos del estado de deterioro de estas casas. Al entrar a algunas de las viviendas abandonadas –la mayoría estaba abierta– descubrimos que el agua se había filtrado por las paredes y techos (Diario de campo, AH, 16/11/2018). En la foto 7 se puede apreciar que este problema tiene que ver con el terreno mismo y la construcción de las viviendas en terrazas sin el drenaje adecuado, que en épocas de lluvia permite que se inunden los edificios. Es más, en la siguiente fotografía se puede ver que ni siquiera se alcanzó a terminar la construcción de las viviendas dado que el ETCR estaba planeado para más de 500 personas que nunca llegaron (véase foto 8). Como consecuencia de la salida de muchas/os excombatientes para probar suerte en las ciudades o donde viven sus familias en el transcurso de los años pasados, se mudaron algunas/os de ellos hacia la zona de recepción donde la infraestructura es mejor y la interacción con las veredas vecinas y la asistencia nacional e internacional es mucho más frecuente (Diario de campo, ALD, 16/11/2018). Esto lleva consigo que la parte de arriba queda muy aislada y casi completamente abandonada.

Foto 8. Casetas inacabadas en la parte superior del campamento, La Elvira.
Fuente: material propio, 16/11/2018.
En cambio, Tierra Grata y Pondores tienen más aspecto de pueblos pequeños o veredas tradicionales. Además, la ampliación de las habitaciones en Tierra Grata debido al crecimiento de las familias solo fue y es posible porque desde el momento de la construcción se había pensado dejar espacio alrededor de las casas. De acuerdo con las y los excombatientes, no cortaron los árboles en el sitio para poder construir las casas de forma lineal y geométrica, sino que preservaron las plantas con el objetivo de tener sombra y un espacio menos recto, con más posibilidades de improvisar y adaptarlo a las necesidades. Gracias a la participación en la construcción de las casas, las y los excombatientes decidieron organizar las entradas a las habitaciones a través de pasillos al interior de las construcciones. Según los entrevistados, esto tiene una ventaja: “por un lado, las puertas al interior dan más sombra y permiten el juego de los niños adentro y, por otro lado, facilita el encuentro de las personas y el mantenimiento del colectivo por cada bloque” (SP, 06/04/2019).

Foto 9. Corredores entre las casetas con protectores contra el sol, Pondores.
Fuente: material propio, 07/04/2019.
En Pondores cuentan con 52 módulos. Cada uno de estos tiene cuatro piezas y las casas interiores son organizadas por pasillos hacia adentro, que no estaban cubiertos al principio. Sin embargo, para protegerse del calor, algunos habitantes los arreglaron con materiales improvisados (véase foto 9). Además, las casas permiten juntar dos habitaciones con una puerta o la extracción de una pared, así que las parejas juntaron sus habitaciones privadas para tener más espacio entre dos personas. Para protegerse del calor en el interior de las casas, los excombatientes pusieron unos techos falsos, una adaptación a las condiciones climáticas. Una excombatiente compartió su opinión al respecto: “Al principio era difícil acostumbrarse a dormir en una casa. Hace mucho calor adentro y extraño la brisa en la noche en la selva. Además, nos dio miedo porque no se puede ver lo que está pasando alrededor” (YE, 28/03/2017). Entonces, la adecuación de las casas tiene la función de acostumbrarse al nuevo entorno.
Con respecto a la organización del espacio en Pondores hay que mencionar una característica particular, la cual consiste en el parque o plaza central del pueblo con un árbol gigante y bancos de madera. Durante la construcción, se decidió dejar un espacio libre entre las casas, la biblioteca y la sala de reuniones. Este espacio sirve como punto de encuentro y en la tarde algunas/os excombatientes aprovecharon a disfrutar la brisa fresca (Diario de campo, AH, 07/04/2019). Otro elemento interesante, tanto en Pondores como en Tierra Grata, son los murales y las casas pintadas, algo que en La Elvira no resulta tan común. Adicionalmente, con pequeños jardines, plantas y otras formas de decoración, las y los habitantes de las tres zonas se apropian de su espacio, pero debido al abandono de la zona de vivienda en La Elvira, solamente se lo distingue en el sector de abajo.
Foto 10. Jardines alrededor de las casas, Tierra Grata.
Fuente: material propio, 06/04/2019.
Los campamentos, planeados y construidos para cumplir con la finalidad de dar alojamiento durante 120 días a las y los excombatientes, hoy cumplen una función central en el proceso de paz. Sus habitantes han manifestado la necesidad de tener espacios colectivos donde pueden permanecer a largo plazo. El proceso de re-construir los campamentos en un tipo de veredas y asentamientos formalizados, es un indicador de resistencia en contra de la individualización de las y los excombatientes. La posibilidad de transformar estos campamentos en espacios adecuados para cumplir con las necesidades básicas depende de las condiciones y de la participación en cada ZVTN y ETCR. Donde las FARC-EP participaron de manera proactiva en la planeación del espacio, se han generado condiciones más favorables para diseñar espacios adecuados.
Otra observación que surgió del análisis de las fotografías y que se aclaró en muchas entrevistas es el efecto de la vivienda a la horizontalidad de las nuevas relaciones sociales entre las y los excombatientes. En los campamentos donde las y los excomandantes tienen una vivienda desigual a las demás personas, todavía se mantiene una diferencia más notable entre los rangos sociales, parecidos a los rangos militares, o sea, una estructura más jerárquica. Algo tan básico como la vivienda personal en un campamento puede resultar un elemento de distinción social.
Comedor y cocina
Durante los primeros meses, la preparación y el consumo de las comidas era una tarea colectiva. “Hemos seguido nuestra tradición, entre todos preparamos la comida tres veces al día, hombres y mujeres eran iguales” (RE, 13/10/2017). En todos los campamentos se encuentran cocinas amplias y comedores para cientos de personas. Con la llegada de familiares, las compras individuales y la construcción de pequeñas cocinas en las habitaciones particulares, los comedores van perdiendo su función. En el año 2019, en La Elvira solo se usa para eventos grandes, para visitantes, como una especie de cafetería. En Pondores se usa como sala de encuentro y en Tierra Grata hay todavía unos pocos hombres solteros que contratan a una persona para la preparación de la comida en el comedor. “Hoy cocino para cuatro compañeros, que todavía no han logrado encontrar una mujer” (ITG, 06/04/2019). Estos lugares, al inicio de los campamentos, eran lugares de encuentro y de intercambio colectivo, había turnos de atención para la cocina y televisión. Hoy son lugares un poco abandonados, ya que cada persona tiene su estufa y sus víveres en su habitación privada (véanse fotos abajo). Este hecho se puede interpretar como consecuencia del agrupamiento en habitaciones según parejas o núcleo familiar, lo que representa un desafío para la cohesión del colectivo. Además, en algunas habitaciones detectamos televisores (Diario de campo, AH, 07/04/2019), otro indicador que demuestra el repliegue hacia lo privado.

Foto 11. Cocina abandonada en el sector de viviendas, La Elvira.
Fuente: material propio, 16/11/2018.
Al llegar a los campamentos, las y los combatientes vinieron cargando sus estructuras, dinámicas jerárquicas, formas de organizar la vida cotidiana y más. Estas experiencias de la lucha armada y la vida colectiva predominaron en el diseño de los campamentos donde fue posible participar en la forma de construcción. La costumbre de preparar la comida juntos, tener turnos de cocina, la repartición de tareas para organizar la sobrevivencia en la selva se manifestaron, por un lado, en los espacios y su concepción y, por otro lado, en la apropiación del espacio. Cocinas compartidas y comedores amplios fueron una exigencia durante la construcción de las ZVTN. En los primeros meses, el colectivo mantenía la estructura militar y el reparto de tareas. Sin embargo, con el tiempo empezaron a cambiar los espacios y las relaciones internas entre las y los excombatientes. Se deja observar una interacción recíproca entre la pérdida de cohesión social y política y el abandono de los espacios comunitarios como la cocina y el comedor. La relación social se plasma en el uso de los espacios compartidos y al revés. El espacio de los campamentos hoy día favorece el individualismo. Hay una dependencia directa entre el espacio y la constelación social, tal vez esta relación puede explicar por qué después de ya varios años en los campamentos, la división de labores está disminuyendo, mientras que la privatización entra a los espacios. Cabe mencionar que también tiene efecto en la equidad de género y el así llamado feminismo insurgente, es decir, en la ideología, pues según nuestras observaciones las personas que hoy día preparan las comidas y lavan la ropa son casi exclusivamente las mujeres.

Foto 12. Habitación privada con estufa y nevera, Pondores.
Fuente: material propio, 08/04/2019.
Jardín infantil
En Pondores, el jardín infantil es un elemento importante de la integración con la comunidad. Niños y niñas de las veredas vecinas pueden visitar el sitio y así las y los excombatientes han construido un espacio de mucha utilidad para las comunidades aledañas, debido a que en toda la región faltan estos servicios. “Algunos niños vienen en burra desde su vereda” (JP, 08/04/2019), tienen que recorrer varios kilómetros todos los días, no hay servicio de transporte público o escolar. Cabe destacar que el jardín infantil es aprobado y certificado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), así que paga a las tres personas encargadas y suministra los alimentos para la preparación del almuerzo. El jardín es de suma importancia debido al crecimiento de la comunidad y la cantidad de partos desde que llegaron las y los excombatientes al campamento. Según la maestra del jardín, una excombatiente que hizo su tecnicatura en Pedagogía Infantil con el SENA en la cabecera municipal Fonseca para trabajar formalmente en el jardín infantil, llegaron más de 200 personas en armas a Pondores en febrero de 2017. Hoy son muchos más habitantes y nacieron 20 bebés en la comunidad. Al jardín, que abre entre las 7:00 am y las 12:00 pm, vienen alrededor de 12 a 15 niños del total de 40 entre 1 y 6 años (JP, 08/04/2019).
Foto 13. Niñas y niños del pueblo aledaño visitando el jardín infantil en el campamento, Pondores.
Fuente: material propio, 08/04/2019.
Entonces, “el jardín infantil es imprescindible para la comunidad de excombatientes y el contacto con las comunidades vecinas” (JP, 08/04/2019). Libera a las mujeres de sus obligaciones como madres por un cierto horario del día, durante el cual pueden realizar trabajos en los proyectos colectivos. En cambio, en Tierra Grata, si bien existe un edificio de un jardín infantil, este no está funcionando debido a la falta de certificación por el ICBF. “Muchas excombatientes tienen bebés pequeños y varias mujeres civiles han llegado con hijas e hijos de sus compañeros excombatientes” (JP, 08/04/2019). Cabe destacar que Tierra Grata cuenta con un pequeño parque infantil en la zona de recepción al campamento. La situación más complicada para las familias existe en La Elvira, donde no existía algo así, lo que, según un habitante de la zona, “resulta en la ida de algunos excombatientes a otros lugares donde existen condiciones más favorables para niños” (JP, 08/04/2019). En las visitas de la zona se podía comprobar que en La Elvira existen muy pocas familias con niños a diferencia de los ETCR en el noreste del país. “Muchas/os niñas y niños están jugando en las canchas en Tierra Grata” (Diario de campo, ALD, 05/04/2019).
La fundación de un jardín infantil, con todo el proceso de profesionalización del trabajo con niñas y niños que conlleva, da cuenta de un cambio muy profundo en la estructura interna del grupo de excombatientes. La nueva vida civil demanda una división de las labores y una especialización en varios campos de la cotidianidad que antes en el grupo militar ilegal no era una necesidad. Incluso, la profesionalización de tareas y trabajos de la vida civil puede generar un desequilibrio entre diferentes excombatientes. De un momento a otro, cobran importancia la formación regular, los estudios previos, la flexibilidad de adaptarse, etc. No solamente dan un reconocimiento dentro del propio grupo, sino que facilitan la posibilidad de encontrar trabajo fuera del campamento y generar ingresos estables. Por lo tanto, en primer lugar, el jardín infantil se puede interpretar como la primera institución en el ETCR por esfuerzo propio que cumple con todos los reglamentos legales del Estado nacional, es decir, es una forma de adaptarse a un marco legal existente. En segundo lugar, así se abre la posibilidad de que las mujeres madres puedan dedicarse a otras labores dentro de la comunidad. En resumen, el jardín infantil es uno de los elementos que indican un cambio de la zona de desmovilización a una estructura aldeana. Desde otra perspectiva, es un ejemplo de la descomposición de la unidad del grupo guerrillero, porque este espacio responde a una necesidad de pocas personas. En otras palabras, donde antes los espacios comunes, como el comedor o los baños, correspondían a necesidades compartidas, durante la adaptación a la vida civil, hay un cierto nivel de diferenciación de necesidades y proyectos de vida.
Espacios públicos y de entretenimiento
En los tres campamentos hay espacios para hacer deporte, el fútbol es de suma importancia, como en todo el país: “nosotros excombatientes amamos el fútbol” (PE, 17/11/2018). Tiene un rol importante tanto para el mantenimiento en forma de las y los excombatientes como para el contacto y la interacción con civiles. Hombres y mujeres excombatientes forman equipos e invitan o participan en torneos con otros equipos de su respectiva región. “Participan más equipos de mujeres que de hombres en el torneo en La Elvira, hasta hay equipos mezclados” (PE, 17/11/2018). En Pondores y Tierra Grata se han organizado canchas de tierra en los terrenos en frente de la zona de viviendas. Solamente en La Elvira tienen el privilegio de jugar en el polideportivo de concreto con techo, el cual se usa también para eventos de música o danza. En Pondores la gente usa las trochas alrededor de los baños y viviendas para trotar temprano en la mañana (Diario de campo, ALD, 08/04/2019). “Antes eso era muy importante, existía el deber de estar en un buen estado físico, en la selva nos tocó caminar mucho, con todo el equipaje de mínimo 20 kilos. Éramos muy fuertes físicamente, tanto hombres como mujeres” (VE, 16/11/2018). Hoy día, “a algunos compañeros les cuesta mucho cambiar sus costumbres, así mantienen con la rutina diaria, se levantan a las 4, salen a trotar a las 5…” (EP, 07/04/2019).
Aparte del deporte existen otras formas de entretenimiento que requieren espacios especiales y que influyen en las reglas de convivencia. En Tierra Grata y Pondores construyeron edificios para habilitar un bar donde se puede jugar billar o sapo. Son lugares de encuentro en la noche en los que se permite escuchar música a volumen alto hasta cierta hora. Con respecto a la división del espacio es interesante observar que están ubicados a unos 500 metros de distancia de las viviendas para no molestar a las familias y niñas y niños.
La creación de la JAC fue el resultado de necesitar normas de convivencia. Tenemos normas aprobadas por la comunidad. Es importante para el buen vivir y participación de la comunidad. […] Quien no respeta estas reglas y el horario establecido, tiene que pagar una multa. Lo mismo en la zona de esparcimiento donde se permite la parranda de los habitantes. (JTG, 06/04/2019)
Están separados del resto del campamento de la misma manera. También existen canchas de tejo y en Tierra Grata mantenían una gallera. Según el representante de la policía nacional en Tierra Grata “van a retirar la gallera porque piensan que no debe haber un lugar donde se están matando animalitos si esto es un territorio de paz” (PPol, 04/04/2019). Nos comentan además en la tienda y el bar que la venta y el consumo de alcohol son restringidos y limitados a ciertos días y horarios.
Para todas y todos los excombatientes es una experiencia nueva la de dividir el día en horarios de trabajo y horarios de tiempo libre, pues en la vida militar la misión requería una disciplina absoluta del grupo. “Tener tiempo libre es algo que teníamos que aprender. Antes, los comandantes nos dijeron hasta la hora de deporte, hoy se necesita una motivación intrínseca para mantener el estado físico” (IP, 09/04/2019), comparte una excombatiente y explica que antes, en la guerra, el tiempo era controlado más rígidamente, que había momentos de diversión, de cantar juntos y presentar danzas y teatros. Una excombatiente comenta con una sonrisa: “¿No notaron que todos nos engordamos bastante?” (YE, 04/12/2018).
Por consiguiente, con la desintegración de las jerarquías militares, también se transforma el uso del tiempo libre y la diversión. La diversión y la recreación ya no son elementos colectivos de la vida cotidiana, sino que cada quien puede buscar entretenimiento según su necesidad y gusto personal. De ahí vienen nuevos conflictos, antes no conocidos, como conflictos por ruidos de fiestas u otras necesidades divergentes. No obstante, los códigos de convivencia acordados entre todas y todos en las asambleas demuestran nuevas formas de organización con una participación más amplia que reemplazan las instrucciones por parte de las y los comandantes o personas de altos rangos en la vida militar anterior (BP, 09/04/2019). O sea, la vida civil permite crear nuevos espacios que están organizados y regulados por nuevas capacidades organizativas del colectivo. Esto es un ejemplo en torno a la dialéctica de construcción de espacio a través de prácticas sociales, lo que mencionamos en la parte teórica.
Espacios comerciales
Según estadísticas oficiales, alrededor de 1600 miembros del partido FARC tienen empleos formales en instituciones del Estado, como la Unidad Nacional de Protección, la agencia para el desminado, la ARN o en las Unidades de Trabajo Legislativo de las diez curules otorgadas en el Congreso. Pero esas son situaciones excepcionales. La mayoría de las y los excombatientes de las FARC-EP se integra a la vida civil individualmente y, colectivamente, bajo esquemas de cooperativas de trabajo asociado y en forma muy ligada a los territorios donde alguna vez vivieron la guerra.
De hecho, el alto grado de organización colectiva y productiva en Tierra Grata se afirma en el manejo del restaurante y de la tienda del ETCR donde los excombatientes se dividen las tareas y turnos. “Es mejor darles la oportunidad a excombatientes en tareas como administrar la tienda antes que darle la oportunidad a un civil. […] La tienda aporta dinero para trabajos o eventos que toque pagar en la comunidad” (RTG, 05/04/2019). Así sucede también en el restaurante. Ambas instalaciones se encuentran en el sector de recepción en la entrada al campamento antes de llegar a los edificios de vivienda.


Fotos 14 y 15. Restaurante y tienda colectiva, Tierra Grata.
Fuente: material propio, 04-05/04/2019.
En Pondores hay una tienda de interés colectivo en la zona de entrada al lado del parqueadero y varias tienditas particulares dentro de las habitaciones del campamento. Cabe destacar que en Tierra Grata y Pondores estas tiendas son espacios de encuentro e interacción debido a que hay un televisor y se puede jugar dominó o cartas (Diario de campo, ALD, 08/04/2019). Para el funcionamiento del restaurante en Pondores, que se encuentra en el mismo edificio que la tienda, se contratan civiles de los pueblos cercanos, sobre todo para atender a los visitantes de la zona. Además, existe otro espacio donde en la noche algunas mujeres venden perros calientes y cervezas, es decir, en Pondores existen muchas más iniciativas propias de negocios pequeños e ingresos particulares.
En La Elvira el restaurante y la tienda no cumplen la misma función como lugares de encuentro. La tienda funciona de manera particular y no se mantiene permanentemente abierta. El restaurante se encuentra en una de las cabañas de madera y los ingresos son colectivizados. Igual que en Pondores existen iniciativas propias de ingresos, como la panadería, comida rápida y la peluquería, donde se ofrecen servicios al público y a otras/os excombatientes. En general, estos negocios solamente funcionan cuando hay eventos. En la vida cotidiana no son lucrativos porque casi no vienen personas fuera del ETCR y quedan pocas/os excombatientes en la zona.
Proyectos productivos colectivos
Como parte del proyecto de turismo y de atención a los visitantes que trabajan y pasan las noches en el campamento (por ejemplo, profesores, ingenieros, periodistas, investigadores), todos los tres ETCR disponen de hospedajes. En Tierra Grata es un espacio muy amplio en la entrada a la zona de viviendas en el mismo edificio en el cual está el museo fariano. Hay varias habitaciones con camas y las habitaciones llevan nombres (Diario de campo, ALD, 04/04/2019). En Pondores solo hay dos habitaciones para visitantes, quedan un poco más escondidas dentro de las casas de los excombatientes. En ambos ETCR las y los visitantes pasan la noche en las mismas casas de panel yeso y techos de asbesto que los excombatientes, es decir, se ha utilizado el espacio que era pensado para ellos mismos para atender al público. En La Elvira nos ofrecieron unas carpas grandes con cuatro camas al lado del polideportivo donde también se alojaba un ingeniero. Solamente cuando había grupos grandes se aprovechaba la zona de viviendas arriba, donde hay muchas casas desocupadas.
Como ya hemos visto, en los tres ETCR existen diferentes proyectos productivos colectivos. Hay que distinguir claramente las huertas, jaulas y jardines de pequeña escala que se producen para el autoconsumo. En todos estos casos las y los excombatientes, muchas/os de ellos de origen campesino, se han apoderado de los terrenos disponibles para cultivar verduras o criar gallinas. Según un excombatiente en Pondores (véase foto 16), el trabajo en la finca le sirve para “matar el tiempo” (CP, 09/04/2019) porque no hay nada más que hacer. Quiere decir que no todos están involucrados en proyectos productivos o capacitaciones y todavía aprovechan la renta básica para su sustento.
Foto 16. Cultivos de verduras/plátanos y crianza de gallinas, Pondores.
Fuente: material propio, 09/04/2019.
Aparte de estos pequeños cultivos hay varios proyectos destacados, tal vez los más avanzados son los de Pondores, donde 34 excombatientes y 8 miembros de la comunidad trabajan en una granja de 10 hectáreas, a unos 20 minutos fuera del campamento. La Granja Integral Nueva Colombia es uno de los cinco proyectos que hacen parte de la Cooperativa Multiactiva para la Paz de Colombia –Coompazcol–, que cuenta además con unidades productivas de Confecciones, Abono Orgánico, Ebanistería y Turismo. En la granja producen plátano, tomate, cebollín, maíz, yuca, pimentón, pepino, fríjol y ají. Además de servir para el consumo de las y los exguerrilleras/os de la zona, venden cerca de 680 kilos de esos productos al Programa Mundial de Alimentos (PMA) cada semana, para proveer a centros educativos de La Guajira, departamento que se ha caracterizado por los altos índices de desnutrición infantil. Lo que suena como una historia de éxito enfrenta el desafío de riego en una zona sumamente árida. Además, la finca no pertenece al terreno del ETCR y está alquilado, lo que no da una certeza de ingreso para el futuro (FP, 09/04/2019).
Otro proyecto prometedor en Pondores es el taller de confecciones “Fariana”, con sus instalaciones dentro del ETCR. Según el director, en el año 2019 la sastrería todavía no tenía clientes fuera de la comunidad. El proyecto fue financiado por las Naciones Unidas y tiene 12 afiliados, 11 mujeres y un hombre encargado de la comercialización de los productos. Unas mujeres ya sabían coser en su tiempo de combatientes y otras tuvieron que cumplir unas capacitaciones con el SENA (DP, 08/04/2019).
Foto 17. Taller de confecciones “Fariana”, Pondores.
Fuente: material propio, 09/04/2019.
Además de estos dos grandes proyectos que cuentan con apoyo internacional, tanto en Pondores como en Tierra Grata las y los excombatientes usan el espacio del ETCR para diferentes cultivos y cría de animales, en la mayoría de los casos no adecuados para su comercialización exitosa. La restricción del agua en Tierra Grata limita el éxito de los intentos de emprendimiento. Salvo por la cuestión comercial, la adecuación del terreno para estas iniciativas es una clara muestra de búsqueda de ocupación y planes de vida para permanecer en el territorio bajo condiciones inciertas.
En el territorio del ETCR La Elvira no existen tantas iniciativas de agricultura como en Pondores y Tierra Grata. En La Elvira igual que en Pondores existe una finca alquilada fuera del ETCR donde trabajan y viven unos 10 a 15 excombatientes que se encargan de los cultivos de café. Como en Pondores y Tierra Grata, en La Elvira las y los exguerrilleras/os y miembros de la comunidad se han asociado para producir. Concretamente, 120 excombatientes de las FARC-EP y varios agricultores se agruparon para producir café orgánico y es uno de los proyectos productivos de la cooperativa CECOESPE. El proyecto busca hacer más rentable para el campesino la producción del grano al eliminar la intermediación en la comercialización y darle control a la comunidad en los esquemas de producción. Por ello, la cooperativa adquirió una molina y empacadora. El café “Un tinto por la paz” recoge el grano de las veredas del municipio y lo trata para venderlo en las ciudades. Lograron un acuerdo comercial con la multinacional italiana Illycaffé para venderle parte de la producción, y están trabajando en otras alianzas (PE, 17/11/d2018).
Cada excombatiente tiene la opción de realizar un proyecto individual para lo cual recibe 8 millones de pesos colombianos, así como está garantizado en los Acuerdos de Paz. No obstante, según nuestra experiencia en los campamentos, hay muchas personas que decidieron inyectar este dinero a las cooperativas existentes con la esperanza de que en un futuro les compense la inversión. Como mencionamos arriba, estas formas de asociarse colectivamente no involucran a todas y todos, debido a que muchos ya han generado ingresos de otra manera. Pero no es ningún secreto que la oportunidad de poder permanecer en el ETCR depende del éxito de estas iniciativas, sobre todo a partir del momento en que el gobierno quite la renta básica a las y los excombatientes. O como lo condensa el excomandante BP (09/04/2019): “Si no alcanzamos a garantizar un futuro económico, nos sale de las manos”. Por esta razón es clave comprender que el campamento siempre era y todavía es más que una simple instalación para concentrar a excombatientes de las FARC-EP, porque desde el principio las y los habitantes de los ETCR usaron la tierra disponible en sus alrededores e incluso alquilaron terrenos como intentos de emprendimiento. Entonces, la garantía de tierra en los ETCR para viviendas y cultivos es de suprema importancia para que los laboratorios de paz sigan existiendo. En este marco debemos analizar también la apuesta colectiva de construcción de viviendas en terrenos comprados por las y los excombatientes en Pondores y Tierra Grata.
Museos y espacios de memoria

Foto 18. La casa de la memoria desde afuera, Pondores.
Fuente: material propio, 08/04/2019.
En los tres campamentos existen espacios de memoria que muestran la vida guerrillera y la historia de las FARC-EP. En Pondores y Tierra Grata están en funcionamiento y se encuentran en buen estado. Hay personas responsables del mantenimiento y horarios de atención cuando haya personas interesadas, de tal manera forma parte del proyecto de turismo. En La Elvira había iniciativas de construir un museo parecido, sin embargo, no fue terminado. Pero hay un espacio en una de las casas en el sector de viviendas donde se conservan objetos de la guerrilla.
En los tres campamentos existen otros espacios adicionales de memoria, por ejemplo, para la lucha de las mujeres farianas y para el día de derecho universal de los pueblos a la rebelión armada en Tierra Grata. Son espacios de comunicación interna, para la propia memoria, mientras que el museo es un espacio de comunicación pública para visitantes.
Adicionalmente, en Tierra Grata y Pondores existen reconstrucciones de la vida guerrillera en el monte. En Tierra Grata hay hasta un ejemplo de una letrina. Los sitios que quedan cerca del ETCR se pueden visitar con un guía y hasta se ofrece como hospedaje para grupos. En Pondores, este sitio queda cerca de la finca arriba mencionada. A pesar del espacio limitado para una comunidad creciente, en Tierra Grata y Pondores las y los excombatientes dan mucha importancia a mantener su propia memoria y transmitir su versión de la historia a un público interesado. Cuidan estos lugares como parte de los proyectos de ecoturismo, los cuales no existen de esta forma en La Elvira. Es más, estas reconstrucciones de campamentos en el monte no tienen ninguna función interna para cuestiones de memoria, sino que se dirigen exclusivamente a las y los visitantes: “No le decimos campamento guerrillero sino campamento Tierra Grata Ecotur”, resalta el guía exguerrillero F en Tierra Grata (04/04/2019).


Fotos 19 y 20. Reconstrucción de campamentos de las FARC-EP en el monte, Tierra Grata.
Fuente: material propio, 06/04/2019.
La “musealización” de la propia historia y del propio pasado se deja interpretar de varias formas. Por un lado, la conservación de pocos elementos de la vida guerrillera en un espacio explícitamente construido para este fin implica una cierta distancia respecto del pasado y marca un paso en la transformación hacia un nuevo capítulo en la vida del individuo y la organización. En estos museos, la vida durante la guerra contra el Estado adquiere un cierto nivel de normalidad. Por otro lado, la manifestación de un sitio como un museo representa el nuevo sedentarismo de un grupo que antes se tenía que mover mucho por el monte. La organización de los objetos en el museo resignifica estas cosas cotidianas y les da un significado generalizado, es decir, el catre de un compañero en particular ya no es de él, sino que representa de forma general cómo las y los guerrilleras/os han dormido en sus campamentos móviles. La importancia que la mayoría de las y los excombatientes les da a estos espacios de memoria está en contradicción con el estado de mantenimiento de algunos de los sitios, sobre todo en La Elvira. “Es algo nostálgico, ver como todo era antes”, explica un excombatiente (ETG, 06/04/2019), “pero ahora hay que ver más hacia el futuro”. Otra explicación para el mal estado de varios de los campamentos es la falta de utilidad para el grupo exguerrillero. Fueron construidos para turistas, que hasta hoy día no aparecen en una cantidad significativa en los campamentos.
Conclusiones: el campo como condición para la paz
En general, la indagación permite deducir la suma importancia del campamento en el proceso de paz en Colombia. Tanto en los documentos previos al acuerdo como en el propio Acuerdo de Paz, el espacio de desmovilización juega un papel central. Para garantizar la llegada desde el monte, la concentración de las y los combatientes, la desmovilización, la entrega de armas y la no repetición, el campamento es el núcleo físico del acuerdo. En este espacio se plasman las diferentes estrategias políticas y sociales alrededor de la paz en Colombia. Donde las y los excombatientes permanecen y pueden contar con cierta solidaridad de sus compañeras/os, podemos observar formas de espacialización que aportan a la transformación del campamento en una vereda. Retomando la idea de Harvey, según la cual el espacio es un resultado de prácticas y experiencias sociales consciente o inconscientemente, las y los habitantes del campamento crean una nueva realidad espacial a diario. Por ejemplo, la creación de huertas y cultivos alrededor de las casas o pintar murales es una práctica de resignificar el campamento temporal y transitorio como algo propio donde cada uno configura el espacio según sus necesidades. Al mismo tiempo, el intercambio con las comunidades aledañas supera el concepto del campamento como práctica de la exclusión mediante el ejercicio de la inclusión, según Agamben. El concepto de Agamben nos permite ampliar la perspectiva del campamento como elemento de la excepción, dado que en nuestro caso el campamento representa el limbo entre ilegalidad y legalidad, entre excepción y regularidad, a saber, una transformación espacial desde la excepcionalidad hacia la normalidad. El estado de excepción dentro del campamento al inicio del proceso de paz se viene permeando con momentos de normalidad hasta hoy. Así, paso a paso, se genera un nuevo espacio, que ya no es afuera de la ley, pero, según el excomandante BP, mantiene su peculiaridad como “comunidad especial”. En este sentido, la convivencia con civiles en el campamento y los contactos con personas fuera del campamento a través de ejercicios de integración –por ejemplo, torneos de deporte, trabajos conjuntos o los niños que visitan el jardín infantil– aportan cada vez más a “normalizar” las relaciones sociales sin perder de hoy a mañana la identidad guerrillera, como muestran las casas de memoria. Estas relaciones sociales contribuyen a la expansión del campamento –por ejemplo, a través de las fincas– e incrementan la permeabilidad de sus límites. Mientras que al principio las y los guerrilleras/os controlaron estrictamente tanto los contactos hacia afuera como el acceso al campamento y existía un anillo de seguridad vigilado por las fuerzas públicas, en el transcurso de los tres años pasados observamos una apertura paulatina del campamento. Así, la zona liminal pierde sus características de condiciones anormales y las FARC-EP se asignan un nuevo estatus social como partido y comunidad civil.
Aunque las condiciones de vida y la infraestructura en Pondores y Tierra Grata no son tan favorables, el colectivo se mantiene mucho más cohesionado que en La Elvira. Según las y los entrevistadas/os, un factor clave es la permanencia de los comandantes de alto rango en los dos ETCR hasta hoy en día. Reconocidos ahora como líderes sociales por las y los excombatientes, juegan un papel importante en la organización política, social y espacial del campamento. El sostenimiento de la cohesión social es un elemento esencial. En algunos campamentos fue posible fomentar las relaciones entre los excombatientes y transformar la estructura militar de la guerrilla en una jerarquía política y social, como existe en cada pueblo. No es sorprendente que estas zonas funcionen hasta hoy día mejor que otras. En una de las zonas, por ejemplo, cada mañana a las 5 de la madrugada los comandantes invitan a las y los habitantes del campamento a una lectura de la situación política mundial actual. Este debate es un momento clave en la rutina cotidiana de las y los desmovilizados, además porque durante la militancia en la guerrilla, este análisis era un espacio importante de formación. De esta forma, los responsables no solo intentan guardar un hábito, sino también transformar esta costumbre de la vida de guerra que ha sido importante para los contactos sociales frente al nuevo espacio. En este sentido un excombatiente explicó: “Yo me quedo acá por mi comandante. Nos dicen qué tenemos que hacer” (EP, 07/04/2019).
Entonces, la transformación en una entidad civil es un proceso lento y permeado por los hábitos de la vida anterior, es decir, ciertas formas de jerarquía y autoridad militar se mantienen y brindan seguridad para los bajos rangos. Además, parecen de suma importancia los proyectos colectivos de vida que convencen al individuo frente a opciones individuales fuera de la realidad de los ETCR. Esto hemos encontrado a partir de los proyectos productivos vinculados a la cooperativa que tienen sus huellas espaciales dentro y fuera de los ETCR. Por consiguiente, es evidente la importancia de apoderarse del espacio para tener donde vivir. Como explicó la presidenta de la Junta Acción Comunal en Tierra Grata:
Desde el primer momento cuando llegamos a la ZVTN como terreno alquilado por parte del Estado decidimos quedarnos y poco después creamos la figura de la Junta Acción Comunal con el fin de participar en espacios políticos oficiales y hacer valer nuestros intereses. (JTG, 06/04/2019)
Partieron del concepto según el cual la vida colectiva en las zonas apoya a la reincorporación personal, y no al revés. O en palabras de otro excombatiente (RTG, 05/04/2019): “Lo que quiere el gobierno es que nosotros cada quien ya se abra a hacer lo que quiera, en cambio la visión aquí es que peleamos juntos, por nuestro futuro de vida, y así es que nos hemos mantenido”. Por consiguiente, la organización social del campamento en sus diferentes expresiones –JAC, comité de género, partido FARC, proyectos productivos, asambleas de convivencia, etc.– tiene consecuencias para el control social y de la misma manera para la división de labores, es decir, la estructura funcional del campamento en transición hacia una vereda. En retrospectiva, la participación de las y los excombatientes de Pondores y Tierra Grata en la construcción de las viviendas se convirtió en una práctica colectiva de poder adaptarse al terreno y ajustar el espacio a las propias necesidades. Con esta afirmación se puede entender la apropiación del espacio como forma de resistencia frente a soluciones individuales y temporales. Los campamentos se han convertido en unos campos de la lucha cotidiana por la solución colectiva[10] del conflicto y la sobrevivencia política y económica de las FARC-EP.
En este orden de ideas, el proyecto de construir vivienda duradera en Pondores y Tierra Grata parece como otra medida que continúa la transformación del campamento en una vereda y la posibilidad de salir de la fase liminal del proceso de paz. Proponemos debatir el concepto de Gennep y Turner con respecto al “rito de paso” teniendo en cuenta la realidad del rito no terminado en nuestro caso. Mirando retrospectivamente el proceso de paz, se podría considerar la entrega de armas como el rito de paso –aunque por propia voluntad de las FARC-EP sin una puesta en escena pública– hacia la normalización de las relaciones sociales y del propio campamento. No obstante, de manera crítica problematizamos que este rito solamente concierne a la transición militar, pero no a la reincorporación y normalización política, económica y social de las FARC-EP. Analizando los decretos oficiales, el gobierno consideraba al inicio este rito y el tránsito a la legalidad como objetivo principal del campamento, sin embargo, un proceso tan complejo como la reincorporación requiere varios pasos más[11] para hablar realmente de la fase postliminal.[12] Durante la desmovilización y la apropiación del campamento podemos observar los aspectos del rito de paso, con la diferencia de la infinidad espacial. En vez de salir del campamento como de un “blackbox”, la propuesta de las y los excombatientes de permanecer en ellos conlleva una prolongación del último paso del rito. En este sentido, en septiembre de 2019 se presentaron los diseños definitivos de las viviendas que construirán las y los excombatientes de las FARC-EP de los ETCR de Pondores y de Tierra Grata en el marco del proyecto Ciudadelas de Paz, apoyado por el Fondo Europeo para la Paz. Según los planes, este proyecto tiene contemplada la construcción de 350 viviendas, de las cuales 150 serán en Tierra Grata (César) y 200 en el corregimiento de Conejo (La Guajira). Esto significa que en el caso de Tierra Grata se quedan en el mismo territorio después de la construcción del acueducto y en el caso de Pondores salen a otro predio empezando con una ciudadela nueva. En marzo de 2020, empezaron con la preparación del terreno y la construcción.
En resumen, a la pregunta ¿cómo el campamento de desmovilización comprendido como laboratorio de paz ayuda o dificulta el proceso de reincorporación a la sociedad existente?, podemos contribuir con diferentes criterios para responderla.
- El campamento como dispositivo ayuda a la reincorporación siempre y cuando aporte a la cohesión social del colectivo, y brinda de esta manera la oportunidad de un proyecto de vida permaneciendo en el territorio.
- El éxito depende de la posibilidad de generar productividad económica para poder independizarse de manera colectiva de los subsidios del Estado. Sobre todo, las personas que no cuentan con posibilidades individuales de formalizar su estudio o vida laboral, por el tiempo prolongado de pertenencia a la guerrilla, o por hacer sido privado de la libertad por mucho tiempo, necesitan una perspectiva de estabilidad en la vida legal.
- El espacio requiere de una cierta flexibilidad para dejarse adaptar a las nuevas necesidades que ocurren en el transcurso de la transformación, como el cambio de comedores colectivos a cocinas privadas, construcción de jardín infantil, etc.
- La transformación de un actor guerrillero enq un actor civil conlleva la profesionalización de trabajos y carreras. Mientras que en la guerra todas y todos eran primeramente soldados de las FARC-EP, ahora importan mucho más los intereses personales. El campamento tiene que brindar espacios para individualizarse, como talleres de madera o costura, etc.
- El campamento debe contar con la posibilidad de separar espacios según su función, como para descansar, entrenamiento y diversión, etc.
Desde luego, esta explicación da por sentado que las y los excombatientes en la mayoría de los casos estuvieron mucho tiempo de su vida en la región donde se encuentra el ETCR, y así se identifican de cierta forma cultural y geográficamente con el territorio. Los frentes que reclutaron personas de todo el país y eran enviados a los ETCR lejos de su territorio de acción militar tienen muchas más dificultades de adaptarse y arraigarse en los nuevos territorios. Como planteamos al inicio, pretendemos exponer con este artículo que el análisis sociológico del espacio requiere datos visuales para observar detalles que enriquecen el trabajo comparativo. Aprovechamos las estadías de campo que nos dan la oportunidad de atravesar el espacio y experimentarlo de primera mano. Sin embargo, para evitar conclusiones equivocadas en la interpretación de la imagen lo triangulamos con informaciones secundarias de otros informes y de entrevistas guiadas y narrativas con los excombatientes que habitan el territorio. Estamos convencidos de que este acervo de material empírico nos dio buenos resultados en torno a la comprensión del papel del campamento para el proceso de paz en Colombia y otros países. Para futuras investigaciones esperamos trabajar de manera comparativa procesos similares en otras regiones con el fin de llegar a conclusiones más amplias para la resolución de conflictos armados.
En conclusión, la creciente desintegración de los campamentos en muchos ETCR es un importante indicio de la pérdida de la cohesión colectiva de las FARC-EP y del fracaso del proceso de paz con las FARC-EP en su conjunto, lo que se demuestra de manera clara dado el número de disidentes y el rearme de algunos frentes. Según el censo socioeconómico de las FARC-EP presentado en julio de 2017, había 8.185 personas en las ZVTN y PTN, mientras que según la ARN en abril de 2020 no más de 2.877 personas todavía residen en los antiguos ETCR. Estas cifras demuestran la falta de perspectivas en los ETCR. Justamente por esta razón comparamos los diferentes campamentos con el objetivo de identificar factores favorables y adversos para una posición frente la paz por parte de las y los desmovilizadas/os. Si los ejemplos positivos de los campamentos en Pondores y Tierra Grata también fracasan y decaen, otra condición fundamental para una paz estable y duradera estará en riesgo de no ser cumplida. Precisamente por esta razón, el gobierno de Duque diseñó en 2019 una política de reincorporación a largo plazo con el objeto de finalizar la etapa transitoria de los antiguos ETCR y brindar soluciones permanentes a las y los excombatientes que decidieron permanecer en la legalidad. El gobierno nacional se dio cuenta de la importancia de adquirir los predios para una reincorporación exitosa, a fin de generar arraigo socioeconómico por medio del acceso a la tierra, la vivienda y proyectos productivos. Supuestamente va a correr mucha más agua por el río hasta que los ETCR restantes se hayan transformado completamente en corregimientos.
Referencias
Documentos oficiales
Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, ed. por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, Bogotá 2017.
Decreto Presidencial N° 1274 del 28 de julio del 2017.
Decreto Presidencial N° 2026 del 4 de diciembre 2017.
Decreto Presidencial N° 0580 del 28 de marzo del 2018.
Informe anual del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Colombia del 2 de marzo de 2018. Consejo de Derechos Humanos, 37° período de sesiones, N° A/HRC/37/3/Add.3, traducción no oficial.
Ley 1779 del Congreso de la República de Colombia del 11 de abril 2016.
Resolución 2261 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 25 de enero de 2016.
Resolución 2366 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 10 de julio de 2017.
Entrevistas
Representante de la Policía:
PPol, 04/04/2019.
Representante de la FAO:
VFAO, 6/4/2019.
Excombatientes:
FTG (encargado de Ecotour), Tierra Grata, 04/04/2019.
MTG (equipo de comunicación), Tierra Grata, 05/04/2019.
RTG (encargado de la tienda), Tierra Grata, 05/04/2019.
JTG (Junta Acción Comunal), Tierra Grata, 06/04/2019.
STG (Comité de Género), Tierra Grata, 06/04/2019.
ETG (excombatiente), Tierra Grata, 06/04/2019.
ITG (simpatizante venezolana), Tierra Grata, 06/04/2019.
SP (excombatiente), Pondores, 06/04/2019.
EP (expreso político), Pondores, 07/04/2019.
FP (campesino y fundador del programa de turismo), 08/04/2019.
JP (maestra jardín infantil), Pondores, 08/04/2019.
DP (director de la sastrería), Pondores, 08/04/2019.
CP (campesino y excombatiente), Pondores, 09/04/2019.
IP (excombatiente), Pondores, 09/04/2019.
BP (excomandante), Pondores, 09/04/2019.
YE (expresa política), La Elvira, 28/03/2017 y 04/12/2018.
RE (excombatiente), La Elvira, 13/10/2017.
LE (responsable de formación), La Elvira, 13/10/2018.
VE (excombatiente y panadero), La Elvira, 16/11/2018.
PE (excomandante y representante de proyecto productivo), La Elvira, 17/11/2018.
Bibliografía
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- Agradecemos la traducción del alemán de algunas partes de este texto a Sebastián Martínez Fernández.↵
- Zonas Veredales Transitorias de Normalización.↵
- El objeto del siguiente estudio es la guerrilla de las FARC-EP, cuyos excombatientes se han sumado al proceso de desmovilización y desarme. Como resultado del punto 2 del Acuerdo de Paz sobre la participación política, se creó el partido de las FARC (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común), el cual tiene participación política legal y está representado en el Congreso y Senado de la República con curules garantizadas. Además, desde el inicio de las negociaciones de paz, ha habido un número no despreciable de guerrilleras/os disidentes que se han resistido al proceso de paz, no han participado en el programa de desmovilización (FIP, 2018) y siguen operando como frentes independientes y como estructuras armadas ilegales en territorio colombiano. En octubre de 2017, “la Defensoría del Pueblo señaló que (…) 800 excombatientes de las FARC-EP, aproximadamente el 11 por ciento, habían formado o habían ingresado a otro grupo armado ilegal o criminal” (Informe anual del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, 2018, p. 6). Por último, están las FARC-EP, que se pronunciaron en julio de 2019 anunciando la continuación de la lucha armada en respuesta a la traición del Estado al Acuerdo de Paz de La Habana defendiendo, según ellos, el derecho legítimo a la rebelión armada.↵
- Por la privacidad y seguridad de las personas entrevistadas y consultadas solamente mencionamos la primera letra del nombre de la persona. La segunda letra se refiere a la vereda dónde está ubicado el campamento: La Elvira (E); Pondores (P); Tierra Grata (TG).↵
- Según la Misión de Verificación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Colombia, desde la firma del Acuerdo de Paz el 26 de septiembre de 2016, 248 excombatientes han sido asesinados hasta finales del año 2020 (Telesur, 08/01/2021). ↵
- Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo.↵
- Dejación de las Armas.↵
- ALD = Anna-Lena Dießelmann.↵
- AH = Andreas Hetzer.↵
- Tal cual como mencionamos en la introducción del artículo quizás el punto más importante del proceso de desmovilización de las FARC-EP es la apuesta colectiva de transición a través de los campamentos, pues históricamente los procesos de paz con otras guerrillas o Grupos Armados Organizados al Margen de la Ley favorecían más bien una reintegración o reincorporación individual.↵
- Sin embargo, durante la existencia de los campamentos el gobierno ha cumplido algunos de sus compromisos del punto 3 del Acuerdo de Paz en torno a la importancia de la reincorporación socioeconómica de las y los excombatientes, hecho que resalta el último informe del Instituto KROC (2019, pp. 5-6): “el proceso de reincorporación socio-económica de los exintegrantes de las FARC-EP, tras varios retrasos y dificultades, está empezando, tímidamente, a tomar velocidad. En los últimos meses se ha acelerado el proceso de aprobación de proyectos socio-económicos colectivos e individuales de reincorporación”. De hecho, la Agencia de Reincorporación y Normalización (ARN, sin fecha) distingue entre medidas “de corto, mediano y largo plazo, que les permitirá a las FARC incorporarse a la vida civil”.↵
- Por cierto, en nuestra opinión lo mismo puede decirse del término ‘postconflicto’, el cual el propio gobierno colombiano y muchas/os representantes internacionales intentaban determinar en el discurso público sobre el proceso de paz.↵

















