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Consideraciones finales

Como se ha visto a lo largo de las presentes páginas, este libro se abordó desde un enfoque teórico, bosquejando los principios rectores en la confección, la organización, la estructura, el funcionamiento y la gestión de la Universidad Obrera Nacional, como también su impacto en el contexto sociopolítico en que le tocó existir. Aunque la Universidad Obrera Nacional abrió sus puertas en 1953 y su proyecto de creación fue aprobado por el Congreso de la Nación en 1948, la idea de una universidad técnica centrada en las necesidades de un proyecto de país industrialista en torno a las Fuerzas Armadas, el movimiento obrero y la Iglesia católica ya venía sonando históricamente en las mentes de muchos. Tomando estas inquietudes, nos topamos con la trascendencia que tuvo la creación de la Universidad Obrera Nacional para el proyecto de país iniciado con la revolución del 4 de junio de 1943, para ponerlo en diálogo con las continuidades y rupturas de su contexto histórico durante su creación, consolidación y reconversión en la Universidad Tecnológica Nacional. Durante este período observamos que, a partir de la revolución del 4 de junio de 1943 y de la asunción de Perón como secretario de Trabajo y Previsión, surgió una relación innovadora entre el Estado, el movimiento obrero, la Iglesia, la universidad y las Fuerzas Armadas como factores de consulta para la creación de un nuevo sistema de educación superior técnico planificado que sirviera de base para la concreción de la Argentina industrial fundamentado en los planes quinquenales, la ley Guardo como origen de la nueva universidad argentina, la ley n.º 13.229 de creación de la Universidad Obrera Nacional y todo el corpus jurídico impulsado por el peronismo en la Constitución de 1949. Estos factores de poderes se encauzaron en el Consejo Nacional de Posguerra (Guardo; 1948; González, 2011; Perón, 1998; Pezzano, s. f., 1951).

Con el surgimiento del peronismo en 1946, al asumir la presidencia tras el triunfo electoral, Juan Domingo Perón adoptó el modelo del Estado de bienestar centrado en la necesidad estratégica de la expansión industrial en torno al desarrollo y fortalecimiento de la pequeña, mediana y pesada industria conducida por las Fuerzas Armadas como medio de fortalecimiento de la independencia económica para activar el mercado interno y alcanzar una más equitativa redistribución de ingresos. Para lograr este fin, había que centralizar el sistema de educación superior técnico en torno al Estado y crear una universidad técnica que formase las mentes y los corazones del estudiante-obrero con una nueva clave culturalista del ser nacional y la enseñanza religiosa para tener mano de obra altamente calificada según las necesidades históricas de la Argentina industrial. Como consecuencia de esta política de necesidad estratégica, surgió, con la ley n.º 13.229, la Universidad Obrera Nacional bajo la órbita de la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional y la concepción peronista, tomada del pensamiento del Gral. Savio (1973), de movilización industrial como medio de fortalecimiento de nuestros intereses nacionales bajo el marco de la Guerra Fría. De este modo, la nueva universidad argentina de Perón intentó ser un sistema universitario propio sobre las bases de las necesidades estratégicas de su proyecto de país y la Comunidad Organizada como instrumento de posicionamiento internacional de potencia industrial iberoamericana fortalecido por una alianza con Chile, Paraguay y Brasil, según el paradigma geopolítico de la Tercera Posición (Revistas de la Universidad Obrera Nacional, n.º 1 y 3, 1953[1]; Rossi, 1953).

Teniendo en cuenta este diagnóstico situacional, afirmamos que la Universidad Obrera Nacional nació con la idea de ser una universidad del trabajo para una industria naciente y vanguardista que, dentro de un contexto de posguerra beneficioso para la Argentina, empezó a necesitar una nueva estructura y organización productiva más eficiente y competitiva que la aportada por la universidad técnica reformista. Por esta razón, su objetivo fundacional sería formar no solo técnicos, sino técnicos de fábrica que practicasen la virtud en la esfera de la cultura y la ciencia porque, si la universidad no ayudaba a conformar el alma de hombres buenos que supieran hacer por sí las cosas, estaría proveyendo armas a charlatanes y generalizadores. Solo de esta forma, la Universidad Obrera Nacional enmendaría los errores de la universidad técnica reformista, que se basaba en cursos con excesos de alumnos con una base inadecuada de ingeniería enciclopédica para las Ingenierías especializadas, que estaban alejadas del contacto directo con la industria y las necesidades de sus ramas y del país en un contexto de posguerra que alteró las relaciones entre industria, Estado y universidad.

Pero estos objetivos estratégicos jamás se lograron canalizar por varias razones. Por un lado, los dirigentes obreros no tenían la capacidad intelectual para hacerlo, y, por otro, los docentes estaban formados tradicionalmente bajo el esquema enciclopedista (Pezzano, 1951; Reglamento de Organización y Funcionamiento, 1953; Revista de la Universidad Obrera Nacional, n.º 5, 1954; Vilella, 2010).

La metodología didáctica de clases dialogadas rompió con el esquema tradicional de la clase magistral, en donde el profesor expone y el alumno solo se limita a escuchar, achicando de este modo la brecha entre saberes teóricos y prácticos de profesores y alumnos. Sus planes de estudio de carga horaria vespertina de cursada pensados para el nuevo sujeto pedagógico emergente del proyecto de país de la Argentina industrial, denominado “estudiante-obrero”, con una carga laboral que le impedía cursar y trabajar en la universidad tradicional, fueron fundamentales para la formación integral técnica. Gracias a las fuentes secundarias consultadas, pudimos llegar a la conclusión de que, por la formación recibida en la Universidad Obrera Nacional, aunque sus planes de estudio eran más cortos en carga horaria que los de la universidad tradicional, los aspirantes provenientes de los circuitos educativos del segundo ciclo de la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional o de las escuelas industriales de la nación, al ingresar con saberes prácticos adquiridos por la experiencia laboral, en la práctica si hubiera habido egresados de la Universidad Obrera Nacional, habrían salido al mundo laboral con un perfil más integral en su formación teórica-práctica. Cabe mencionar que un alto número de egresados del segundo ciclo de la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional postergaron sus estudios universitarios debido a que pudieron, por la formación recibida en el nivel medio, acceder a trabajos de calidad y bien remunerados.

La Universidad Obrera Nacional fue pionera como universidad del trabajo en América Latina, a pesar del excesivo control institucional por parte del peronismo. Precisamente, los duros cuestionamientos provenientes de todo el arco opositor político y académico al peronismo se basaron en la denominación de “Obrera”, en la composición del alumnado y en el tipo de modelo de formación de las ingenierías impartidas en esa casa de estudio. Siendo muy significativa la metamorfosis sufrida por la institución en torno al modelo institucional y su currículum, al caer el peronismo y reconvertirse en la Universidad Tecnológica Nacional. Al evolucionar en el tiempo, la Universidad Tecnológica Nacional se fue pareciendo cada vez más al resto de las universidades nacionales, con un modelo institucional distinto como consecuencia de procesos y proyectos de país diferentes a los que tenían el movimiento obrero y los estudiantes-obreros durante el período 1943-1955. Pero la fuerte identificación de los estudiantes-obreros con la Universidad Obrera Nacional, tras haber logrado la democratización universitaria por medio de una cultura popular, fue muy difícil de erradicar en el alumnado y el cuerpo de profesores, a pesar de la desperonización de la educación técnica superior bajo el modelo reformista y la reimplementación de la Ley Avellaneda como políticas de Estado educativas impulsadas por la Revolución Libertadora. Estas políticas fracturaron a la Universidad Obrera Nacional, lo que impulsó la resistencia del cuerpo de profesores y del movimiento estudiantil. La ex-Federación Argentina de Estudiantes de la Universidad Obrera Nacional logró la jerarquización mediante el cambio del currículum y la autonomía bajo una perspectiva reformista. Aunque el proceso de formación integral de las ingenierías de fábrica no logró sobrevivir, sí lo hizo la institución, aunque con características distintas del modelo fundacional. Este alejamiento del modelo fundacional se debió exclusivamente a un afán de supervivencia para conseguir los objetivos planteados por el movimiento estudiantil, pero la fisonomía del alumnado seguía siendo la misma que en tiempos del peronismo (Castellani, 1953; Facio, 2017; Pezzano, s. f.; Pirovano, 1953; Mantellini y Vilella, 2009[2]; Revista de la Universidad Obrera Nacional, n.º 1, 1953)[3].

La experiencia del proceso de formación integral de las ingenierías de fábrica, con sus fortalezas y debilidades, a pesar de que no hubo ningún egresado de la Universidad Obrera Nacional con el título de ingeniero de fábrica, promovió en la práctica, entre 1953 y 1955, la movilidad social, al abrirles sus puertas a los hijos de los obreros marginados hasta ese entonces del sistema de educación superior, y mejores salarios, por proveer un capital humano altamente calificado; efectos que las antiguas experiencias sindicales y anarquistas de formación superior técnica como la Universidad Obrera Argentina de Mario Bunge (2014) no pudieron lograr. El perfil del estudiante-obrero tenía tipologías distintas al resto de las universidades nacionales. La Universidad Obrera Nacional era una institución policlasista, cuyo acceso estaba condicionado por su condición de estudiante-obrero, independientemente de su clase social. La edad promedio de sus estudiantes-obreros era de 30 años, y la mayoría tenía familia. La presencia obrera era pequeña en comparación al total de los alumnos. Solo los egresados de las escuelas de fábrica eran de corte netamente obrero, y llegaban a representar el 20 % del total, y los alumnos de las escuelas industriales provenían de hogares que, aunque modestos, no se los podía calificar de proletarios, y representaban el 80 %. También había alumnos, como era el caso de Ridner, que tenían sus propias fábricas o que, incluso, eran empresarios, como los hermanos Abravanel (CNAOP II, 1956; Koc, 2021; Mahaler, 2016[4]; Leis, 2016[5]; López, 2016[6]; Revistas de la Universidad Obrera Nacional, 1953-1954).

De esta manera, tomamos distancia de las visiones historiográficas que argumentan que su creación correspondió a un proyecto demagógico clasista con la intención de segmentar la educación superior técnica. En relación con lo anterior, las fuentes orales consultadas en línea o por Zoom expresaron el orgullo que sentían de estudiar en la Universidad Obrera Nacional y en la Universidad Tecnológica Nacional. En este sentido, recalcamos que nos ha parecido significativo haber explorado la vida institucional de la Universidad Obrera Nacional a través de los testimonios de testigos claves (Barnator, 2009[7]; Mantellini y Vilella, 2009[8]; Vilella, 2009[9]; Pezzano, 1951, s. f.; Silva, 2020[10]).

Pero el problema central que solucionar en la Argentina de posguerra era la cuestión social, que estaba íntimamente ligada con la debilidad estructural por parte del Estado argentino de resolver el flagelo del pleno empleo y la producción por medio de un sistema de formación técnico-industrial que activase la pequeña, mediana y pesada industria. Y para aliviar este flagelo, fue creada la Universidad Obrera Nacional. Pero, para que se pudiese hablar de la cuestión social en el sentido moderno como lo entendía el peronismo en el siglo XX, era menester que hubiesen ocurrido ciertas transformaciones económicas, tecnológicas y sociales, unidas al desarrollo de la gran industria que transformarse el sistema económico de una economía rural basada fundamentalmente en la agricultura y el comercio heredera de la Edad Media en una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada.

Este proceso de transformación económica, social y tecnológica se inició en la segunda mitad del siglo XIX en Gran Bretaña, y se extendió a gran parte de Europa y a la América anglosajona entre 1820 y 1840, donde se terminó consolidando, y luego llegó a la Argentina para finales del siglo XIX. A raíz de este fenómeno, denominado Revolución Industrial, que alteró las relaciones de poder entre capital y trabajo y así produjo una brecha aún mayor a la existente entre ricos y pobres, surgió una clase nueva y aparte, que es la clase obrera industrial o, en términos del marxismo, el proletariado, planteado en cierto modo como nación histórica. Frente a esta realidad, sería necesario repensar de arriba abajo, no ya en el plano engañador de la política pura, sino en el plano social, la cuestión obrera para darle por fin un contenido real.

Pero los primeros que pondrían sobre la agenda de la política internacional estos problemas estructurales serían Marx y Engels (2011) con El manifiesto comunista. Como respuesta a las premisas esbozadas por el marxismo, surgió en torno a la Rerum Novarum de Leon XIII (1891) el catolicismo social, que es un movimiento de acción social organizado en torno a una dimensión educativa integral del obrero que nació como respuesta de desarrollo integral de la cuestión social causada por la secularización, el positivismo científico, el liberalismo y la pobreza estructural como consecuencia de la modernidad y la Revolución Industrial, además de establecer las relaciones integrales de la persona humana dentro del todo orgánico social. Sus referentes eclesiásticos más importantes los encontramos en el obispo de Maguncia, Mons. Ketteler, y en el cardenal Manning, arzobispo de Westminster. La Rerum Novarum enfatizó el primer método sistemático de abordaje integral de la cuestión social desde una perspectiva humanista trascendental. Pío XI denominaría como la “carta magna de acción social de los católicos”. Este documento fue influenciado por una serie de actuaciones y estudios de católicos sociales: del cardenal De Bonald de Lyon, del cardenal Manning, arzobispo de Westminster, del cardenal Gibbons, arzobispo de Baltimore, del marqués De la Tour du Pin, Balmes, de Donoso Cortés y de De Mun (De Andrea, 1954; Garric, 1943).

En la Argentina, esta obra se vería canalizada por medio de los Círculos Católicos de Obreros, creados por el P. Federico Grote, quien vio en la obra de su maestro Ketteler en Alemania el modo de formar cristianamente a las masas obreras para que alcanzasen la salvación mediante el perfeccionamiento de su dignidad por medio de una sólida base espiritual. En 1884, este sacerdote alemán se instaló en Argentina, y volcó su misión sacerdotal en el campo social. Otra figura de relieve que asumió la dirección de los Círculos Católicos de Obreros (1912-1916) y cuyo magisterio, a través de sus discípulos, influyó en el diseño de la política industrialista de la revolución del 4 de junio de 1943 fue Alejandro Bunge, quien colaboró en este proyecto social conjuntamente con su antiguo profesor, Emilio Lamarca, con el padre Franceschi en la Liga Social Argentina, y con el padre Grote. Estos espacios de reflexión de la cuestión social, bajo la influencia de la encíclica Rerum Novarum y del pensamiento del sociólogo francés Fréderic Le Play, despertarían y conciliarían los intereses empiristas del joven Bunge con el reformismo social de connotación moral.

Pero, dentro de este movimiento católico naciente en Argentina, surgirían dos actitudes del entendimiento religioso humano, en su manifestación concreta del orden político al abordar la cuestión social, entre otras diferencias teológicas, filosóficas y políticas, con respecto a los valores morales propuestos por el mundo moderno que nació cuando la Reforma Protestante, la Revolución francesa, las revoluciones liberales del siglo XIX y la Revolución Marxista desvanecieron definitivamente la idea de cristiandad, y que son el nacionalismo católico y el catolicismo liberal o democrático. Estas dos corrientes se encuentran en constante tensión dentro de la Iglesia, porque los primeros atienden a la estructura dogmática y los segundos se preocupan por la adaptación al mundo moderno en perspectiva axiológica (Blanco et al., 2000; Bressi, 2017; García Escudero, 1954; López, 2012; Méndez, 2012; Perpere Viñuales, 2012; Resico, 2012).

La cuestión social, por tanto, implica un perfeccionamiento integral trascendente de la persona y de los pueblos, sin caer en la dialéctica axiológica del mundo moderno, y esta fue la gran deuda de los Círculos Católicos de Obreros y del catolicismo social argentino del siglo XX: no conseguir dar una respuesta definitiva, perdurable e integral a la cuestión social en Argentina, sin perder su impronta sobrenatural, convirtiéndose en la práctica en un arquetipo de abstracción evangélica que no logró una evangelización efectiva del movimiento obrero. Debido a esta falencia, el régimen peronista (1946-1955) presentaría un serio desafío intelectual y político para monseñor De Andrea y la corriente social del catolicismo en Argentina. Históricamente, hasta la aparición de Perón como secretario de Trabajo y Previsión Social del gobierno de la revolución del 4 de junio de 1943, el movimiento obrero argentino se caracterizó por tener una impronta anarquista y comunista. Como consecuencia de esto, el tema medular de la cuestión social fue ganar la calle, tanto para el catolicismo social de los Círculos Católicos de Obreros, como para el movimiento obrero y hasta para el peronismo. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social en 1943 y después desde el Estado en 1946, el peronismo incorporaría el tema a su discurso oficial, especialmente en lo referente a la justicia social, desplazando al catolicismo social de su bandera al peronizar al movimiento obrero. A diferencia de la concepción peronista de justicia social, el modelo de reforma social integral formulado por el catolicismo social se edificaría en torno a un orden social fundado en el orden natural y las jerarquías sociales regulado por la ley natural eterna que entrase en armonía con el orden sobrenatural en pos del bien común, apelando a la educación social católica como medio de evangelización de la cuestión social y el desarrollo integral de los pueblos, a través de tres pilares: el patronato, el círculo obrero de estudios y la pedagogía activa. Las realizaciones sociales, el mejoramiento en el bienestar general de las clases populares, la reconversión ideológica del movimiento obrero y un Estado más presente en la vida económica serían factores que a priori eran positivos durante el peronismo y que luego se transformaron en vana retórica y espejismo de un sistema de poder carente de libertad y encumbrado en el populismo, más bien cercano a la demagogia, que tampoco daría una respuesta integral y perdurable a la cuestión social y chocaría abiertamente con la Iglesia católica debido al monopolio estatal de la educación y al adoctrinamiento. Dentro de este contexto de tensión y quiebre con la Iglesia católica, la Universidad Obrera Nacional también se vio afectada (Bosca, 2012; Bressi, 2017; 2022; López, 2012; Pío XII, 1929).

Si bien las políticas públicas educativas peronistas de nivel superior para la Universidad Obrera Nacional no siguieron al pie de la letra los lineamientos estratégicos de Pezzano (s. f.), ni tampoco de la filosofía perenne del ser tomista o la enseñanza religiosa debido a las mezquindades propias del peronismo y de la oposición política y académica, con la implementación de la ley de creación de la Universidad Obrera Nacional se logró que la formación técnica industrial fuera considerada por el Estado como actividad estratégica de interés nacional. A pesar de este escenario, mucho no se sabe del éxito real de la Universidad Obrera Nacional, porque fue un proyecto inconcluso, tanto por la caída de Perón como por el hecho de que, al final de su gobierno, este se enfrentó con la Iglesia y muchos de los cuadros intelectuales católicos claves en la confección del sistema de educación superior peronista también se pelearon con él. Sí podemos afirmar que el aporte más importante de la Universidad Obrera Nacional a la formación del estudiante-obrero y al sistema de educación superior técnico en la historia argentina fue la redefinición del concepto de “cultura popular” empleado por la universidad reformista, dentro de un sistema de educación técnico insistido por la Iglesia católica y las necesidades socioindustriales de la nueva Argentina de Perón de que la ciencia y la cultura fueran del pueblo y del hombre que trabajaba bajo un modelo de formación integral al servicio del bien común.

Por esta razón, las propiedades, características, necesidades de ascenso social del nuevo sujeto pedagógico del estudiante-obrero surgido del movimiento obrero por medio de una educación regionalizada de alta calidad técnica en torno al proceso de formación integral de las ingenierías de fábrica dentro del cuadro de la Argentina industrial repensaron a las instituciones educativas técnicas existentes, herederas de la tradición liberal y reformistas. Los distintos factores e influencias que confeccionaron el sistema de educación superior técnico argentino, a partir de concepciones distintas de proyectos de país y muy especialmente por el contexto histórico en que se llevaron a cabo, afectaron al modelo institucional de universidad técnica propuesta por cada gobierno, con sus problemáticas políticas y sociales; alejándose de este modo de la verdadera política de Estado de interés estratégico que la Argentina necesitaba y necesita para su desarrollo como potencia iberoamericana, por geopolítica, historia y economía e industria, que es un sistema de educación superior técnico de formación humanista integral que coordine complementariamente y simultáneamente tanto a las ingenierías de fábrica como a las ingenierías generalistas.

Sin embargo, hasta el quiebre definitivo de Perón con la Iglesia católica en 1954, prevaleció un posicionamiento oficial de tensión e intento de quiebre con la universidad reformista que, con la aparición de la transversalidad peronista de los años sesenta y setenta, se terminaría olvidando, reformulando las políticas públicas educativas históricas de educación superior del peronismo en sintonía con la tradición reformista, lo que daría forma a un nuevo modelo de universidad nacional y popular más cercano a la modernización cultural de corte materialista que se vería masificado durante los 12 años kirchneristas (Bressi, 2022; Castellani, 1953; Conditi, 1953a[11]; Di Gianni, 1953[12]; Koc, 2018; Pezzano, s. f., 1951; Pirovano, 1953; Pronko, 2003).


  1. Ver en el anexo analítico: Anónimo (1953). La Tercera Posición en la prédica y el ejemplo de Perón. Revista de la Universidad Obrera Nacional, 1(1), 19-20 y anónimo (1953). Artífice de la unidad continental. Revista de la Universidad Obrera Nacional, 1(3), 7-8.
  2. Entrevista (en línea) a los ingenieros Héctor Mantellini y Víctor Vilella en 2009 publicada por la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad Tecnológica Nacional sobre la explosión de la industria nacional, un contexto que hizo necesaria a nuestra universidad en el 2009.
  3. Ver en el anexo analítico: Perón, J. (1953). La Ciencia debe estar al servicio del pueblo. En Revista de la Universidad Obrera Nacional, 1(1), 14-16.
  4. Entrevista realizada por el Dr. Sebastián Koc para su tesis doctoral sobre la Universidad Obrera Nacional, el 8 de junio 2016 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En Koc, S. (2021). De la Universidad Obrera Nacional a la Universidad Tecnológica Nacional (1948-1959). Universidad Nacional de La Plata. En t.ly/9uo1a.
  5. Ídem.
  6. Ídem.
  7. Entrevista (en línea) al Ing. Julio Barnator publicada por la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad Tecnológica Nacional sobre los comienzos y los protagonistas oficiales de la Universidad Obrera Nacional y la Universidad Tecnológica Nacional en el 2009.
  8. Entrevista (en línea) a los ingenieros Héctor Mantellini y Victor Vilella en el 2009 publicada por la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad Tecnológica Nacional sobre la explosión de la industria nacional, un contexto que hizo necesaria a nuestra universidad en el 2009.
  9. Entrevista (en línea) al Ing. Víctor Vilella publicada por la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad Tecnológica Nacional sobre el concepto de “ingeniero de fábrica” en el 2009.
  10. Entrevista (por Zoom) realizada al Ing. Enrique Silva por Hernán Bressi sobre los comienzos y los protagonistas oficiales de la Universidad Obrera Nacional y la Universidad Tecnológica Nacional el 20/09/2020.
  11. Ver en el anexo analítico: Conditi, C. (1953a). Hombres buenos. Revista de la Universidad Obrera Nacional, 1(1), 13.
  12. Ver en el anexo analítico: Di Gianni, J. C. (1953). Función social y técnica de la Universidad Obrera Nacional. Revista de la Universidad Obrera Nacional, 1(3), 11-12.


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