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3 Las concepciones antropológica, biomédica y psicológica

En este capítulo vamos a distinguir y explicar las tensiones paradigmáticas acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores que hemos reconocido en los programas de materias que versan sobre lo gerontológico en la formación docente en Educación Física en la región de América Latina y del Caribe.

Pondremos de relieve tres concepciones que se tensionan entre sí, y que nosotrxs identificamos como antropológica, biomédica y psicológica. Haremos una breve introducción que identifique las características de cada una de ellas, dando cuenta de su evidencia en los componentes de los programas. Para avanzar en esa dirección, nos apoyamos en la perspectiva argumental de investigadorxs del campo gerontológico, con lxs cuales coincidimos.

Concepción antropológica de la vejez

La cultura griega es una referencia a la cual se puede acudir para comprender la concepción de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores en la actualidad. Según el psicólogo argentino Ricardo Iacub, se pueden encontrar en las visiones —antropológicas— de Platón y Aristóteles dos líneas que determinarán el curso de las conformaciones culturales en relación con la idea de vejez que se ha perpetuado a través del tiempo (1998, p. 262). Iacub explica que la concepción acerca de la vejez en ambos filósofos era radicalmente opuesta.

En Platón

se propone que el sujeto abandone sus pasiones para alcanzar la virtud, ya que consideraba que existía una escisión entre el cuerpo y el alma frente a lo cual, para alcanzar aquel fin, resultaba necesario huir del primero para alojarse en el segundo. Aristóteles, que no establecía una división entre cuerpo y alma, supone a uno tan contaminado como el otro por los efectos del envejecimiento corporal (p. 263)

Como hemos comentado anteriormente, con Aristóteles se asiste a una concepción negativa y con Platón, a una concepción positiva del envejecimiento y las personas mayores. Sin embargo —y tal como quedó reflejado en una serie de relatos sobre diosxs, así como en diferentes tragedias—, primó sobre esa etapa la caracterización negativa y funesta (INADI, 2017). Esa concepción se prolongó a lo largo del tiempo en distintxs autorxs y con diferentes matices que nos permiten explicar los estigmas vigentes que recaen sobre la vejez en la sociedad moderna (Jiménez Alfaro, 2015).

A su vez, el modelo ideal estético corporal de los griegos fue regulando la medida de lo que era aceptable y bello, y es en ese punto que el cuerpo de lxs viejxs se alejaba radicalmente de las medidas requeridas (Iacub, 1998, p. 263).

El mismo Iacub afirma que

el envejecimiento es la aparición en lo social de un tipo de cuerpo que rompe la armonía de un ideal estético deseable o una especie de somatización que se descubre con el paso del tiempo y que, al igual que los discapacitados, con quienes se los asimila, recibe el estigma de ser distintos y, por lo tanto, no deseados y/o rechazados” (p. 264).

En concordancia con esas ideas, podemos afirmar que concepciones centradas en la desvalorización o no aceptación de los cuerpos antiestéticos [1] de la vejez aún persisten arraigadas en los discursos de la modernidad, apoyadas en el orden de lo no saludable o en aquello que no acuerda con un prototipo de normalidad. Desde esta óptica, las personas mayores también quedan marginadas en el siglo actual.

Ahora bien, situándonos en los programas de materias que hemos estudiado, queremos aclarar que sería un tanto facilista pensar que las concepciones antropológicas de los filósofos griegos pueden ser plasmadas en forma explícita y categórica en ellos. Señalamos que la denominación antropológica acuñada por Iacub tiene que ser entendida en un marco en el que los programas reúnen diversas posiciones, a veces confusas, incluyendo varias posturas en su trama. En relación con lo que venimos argumentando, no podemos dar cuenta de una traslación mecánica de las posturas de los filósofos griegos en los documentos que forman parte de nuestro análisis. Si lo entendiésemos de esta manera, nos posicionaríamos en una visión ahistórica, acrítica o ingenua que naturaliza las concepciones acerca de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores. Sí podemos advertir tendencias que concuerdan con esa concepción antropológica.

Mostramos un ejemplo a partir de contenidos propuestos en el programa del Estado Plurinacional de Bolivia: “disminución de la grasa corporal, aumento de la masa muscular, de la fuerza muscular, de la flexibilidad y de la densidad ósea. Repercusiones adicionales: mejora del autoconcepto, de la autoestima, de la imagen corporal” (2019, pp. 2-10). Podríamos inferir de esta propuesta que el modelo o el prototipo corporal de persona mayor tiene que procurar estar bajo en grasas, pero fortalecido; por consiguiente, la imagen que devuelven el espejo y la sociedad tenderá a mejorar el autoconcepto de sí mismo y fortalecerá su autoestima. Recordamos que la concepción antropológica excluye a las personas mayores, en tanto que revaloriza un patrón estético corporal que estas no cumplen.

Nos interesa traer una reflexión de la gerontóloga argentina Paula Pochintesta cuando afirma que

la construcción social del envejecimiento no es ajena a las transformaciones que el cuerpo ha experimentado en el mundo occidental y, a su vez, se encuentra coaccionada por el elevado protagonismo que cobran otros tramos vitales, en definitiva, la vejez en el mundo actual se convierte en un asunto exclusivo de las personas mayores (2012, p. 166).

En ese marco, autorxs consultadxs por nosotrxs, como Oddone (1998, 2013), Mariluz (2007, 2020) y Lalive d’ Epinay (2011) destacan que ciertas concepciones se confrontan con las correspondientes a cada periodo histórico y contexto social, aunque los modos de envejecimiento y de vejez son tan múltiples y diversos que no encajan en ningún orden que los pueda clasificar, dada su complejidad y el carácter de diferencial, tal como hemos sostenido en otros apartados y como, seguramente, lo volveremos a afirmar.

Consideramos importante aclarar que el imperativo de mantenerse joven genera mayor presión en las mujeres viejas, dados los preconceptos respecto de ellas, que se originan en una cultura patriarcal.[2]

Según Cubillos Vergara

en el juego de apariencias y artilugios, las tendencias y mandatos de la moda han operado en conexión con los modelos estéticos de la época en que se manifiestan para moldear y crear el cuerpo ideal y utópico. Al hablar de la era moderna, los límites impuestos por la religión, la moral, la cultura y la misma naturaleza se eliminaron paulatinamente gracias al creciente desarrollo de los medios de comunicación y la industria cosmética, dándose inicio a un ciclo histórico donde la belleza física, especialmente femenina, ha sido dignificada, exaltada y glorificada (2007, p. 1).

En ese orden de ideas, Vigarello en Historia del Cuerpo expresa que “la lucha contra el envejecimiento, haciendo retroceder los límites de la «tercera edad», deja campo libre a las operaciones destinadas a hacer desaparecer, atenuar o retrasar las arrugas, manchas y otros signos de decrepitud” (2006, p. 138). Durante el siglo XX el cuerpo de la mujer adquiere un status de exhibición que, para su logro, es acompañado de un tirano régimen en el orden cosmético, dietético y plástico. Es así que

la cirugía plástica/estética promueve la exhibición progresiva de los cuerpos, empezando por el cuerpo femenino, que relativiza el papel que corresponde a la cosmética y parece justificar el recurso a tipos de intervención más profundos, desde el momento en que se trata de exhibir una parte creciente, o incluso la totalidad, de su anatomía (2006, p. 144).

Con estas intervenciones se satisfacen los cánones de belleza que se particularizan en los caracteres sexuales (labios, pechos, nalgas) y en aquellos caracteres de visualización externa o que reflejan fielmente la lucha contra el envejecimiento (rostro y manos).

Cubillos Vergara explica que

en la apropiación de los imperativos de belleza, el ideal de la eterna juventud jugó un papel muy importante. El deseo de resguardar al cuerpo humano del envejecimiento permitió superar la barrera del “paso de los años”; los límites antes impuestos que supusieron la aceptación de un destino fatal de la belleza, paulatinamente se deshicieron ante los nuevos argumentos expresados en el discurso de la moda. Por esta razón, se hizo énfasis en el cuidado de los diferentes puntos del cuerpo, en especial del rostro, un “poderoso medio de seducción”, donde se reflejaban más fácilmente la edad y las terribles arrugas que tantas canas habían sacado a las mujeres preocupadas por conservar la lozanía y la juventud de su piel (2007, p. 12).

En un intento por articular esta concepción con el posicionamiento de la Educación Física tardomoderna, nos apoyamos en Crespo (2007, p. 5), quien la define por responder a las demandas actuales de la cultura globalizada, masificada por los medios de comunicación, atravesada por la lógica del consumo, y cuyas prácticas están orientadas a la adquisición de atributos físicos y una mejor apariencia. Una imagen corporal es legitimada por atributos de belleza impuestos que permiten la satisfacción del sujeto; imagen internalizada por el afuera y reforzada por la valoración directa de lxs otrxs y por mayores oportunidades sociales de éxito.

Esta Educación Física tardomoderna podría colocarnos frente a un escenario como el de la antigua Grecia, en el que la vejez y el envejecimiento rompen con la armonía y se presentan como una escena temida y una verdadera pérdida. Intenta ceñir a los sujetos (en nuestro caso, las personas mayores) a parámetros de belleza hegemónicos para exhibir un cuerpo apolíneo y estético, que se condice con valores aceptados socialmente, aspirando al sueño del rejuvenecimiento eterno.

La concepción antropológica se pone de relieve en los programas de asignaturas, cuando en sus componentes se evidencian rasgos tendientes a construir imágenes de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores que se orientan a la búsqueda de la eterna juventud. De ese modo, la actividad física o el ejercicio físico (términos recurrentes en todos los programas y usados indistintamente) se constituyen en tecnologías que pueden aplazar, negar y ocultar los rasgos de la vejez.[3] Del mismo modo, en términos que evocan un orden bélico, podría decirse que se lucha contra el paso del tiempo, contra las arrugas, contra la lentitud, etc.

Presentamos los programas de materias de los países en los que se puede inscribir su presencia: uno en República Dominicana; dos en México; uno en el Estado Plurinacional de Bolivia; uno en Colombia; uno en Brasil; tres en Argentina.

En esa línea, encontramos en un programa de República Dominicana expresiones prescriptas en el componente contenidos, tales como: “diseño de programas y métodos de entrenamiento orientados a la mejoría de la capacidad aeróbica, la fuerza, la flexibilidad y elasticidad, en el adulto mayor con base científica”; “criterios para individualizar la prescripción de ejercicio físico en personas con problemas de salud” (2018, pp. 2-7). O en programas de México, hallamos los siguientes contenidos: “requisitos para conservar un estado óptimo”; “programación y desarrollo de las actividades para el mantenimiento físico y la salud”; “características del envejecimiento por grupo de edad” (2012, pp. 1-4; 2012, pp. 1-3). Respecto de dos programas de Argentina, encontramos los contenidos “la educación física y deportiva como herramienta de integración social y el mantenimiento y/o recuperación de la condición física” (2016, pp. 2-15); también, “la optimización preventiva en adultos, la revitalización personal en mayores; mantenimiento de la forma física, respuesta y adaptación al ejercicio. Composición corporal: revisar protocolos de evaluación de variables antropométricas, utilización de bioimpedancia, antropometría, composición corporal” (2018, pp. 2-13).

En el componente objetivo general, un programa de México plantea

conocer las diferentes perspectivas en el proceso de envejecimiento para que, a través de la aplicación y desarrollo de programas de actividades físicas a personas de la tercera edad, coadyuvar en la prevención y aminoramiento de los efectos del envejecimiento, contribuyendo a la funcionalidad de las personas (2012, pp. 1-3).

Y, del mismo modo, el mismo programa en el objetivo específico propone “intervenir a través de la aplicación de programas de ejercicios físicos para contrarrestar los efectos del envejecimiento sobre las capacidades físicas y perceptivas” (2012, pp. 1-3).

En el programa del Estado Plurinacional de Bolivia se incluye una unidad de aprendizaje titulada “Biología del envejecimiento” (2019, pp. 2-10). En los “criterios de verificación de saberes esenciales” (que se proponen para el alumnado) se recomienda “identificar cómo mediante la actividad física se obtienen beneficios que previenen que el proceso de envejecimiento deteriore la condición funcional del adulto mayor evitando su aislamiento social y mejorando su calidad de vida” (2019, pp. 2-10).

En el componente fundamentación de un programa de Colombia se afirma que

la Educación física es una estrategia al alcance de nuestra sociedad y a través de la cual podemos impactar benéficamente como recuperadores o preservadores de la calidad de vida rescatando el importante papel de nuestros adultos mayores para con nuestra cultura y dinámica social (2014, pp. 2-17).

Por otra parte, en la fundamentación de un programa de Argentina se formula la siguiente pregunta con su respuesta:

¿Cómo ayuda la Educación Física? Estos procesos naturales, producto de las dificultades y trastornos que cada individuo posee, pueden ser retardados a través de una actividad física-práctica deportiva regular, ayudando a considerar los significados y valoraciones del sujeto y a mantener un estado psicológico saludable (2019, pp. 2-6).

Como cierre, la fundamentación de un programa de Brasil propone “construir y mejorar la autopercepción como factor de mejora de la calidad de vida” (2018, pp. 28-29).

Notas que describen el componente bibliografía en la concepción antropológica

Respecto de las referencias bibliográficas consideradas para encuadrar esta concepción, podríamos pensar en dos perspectivas: aquellas que la enfatizan, como los materiales de Salvador Carulla (médico psiquiatra, español); Cano Sánchez (médico obstetra, ginecólogo, español); Cabo Soler (bioquímico molecular, nutricionista y endocrinólogo, español); Alvero Cruz (especialista en Cineantropometría y Medicina del deporte, español); Arroyo, Lera, Sánchez, Bunout, Santos, Albala (especialistas en salud pública, Nutrición, Epidemiología, Genética, Biología, estadistas, chilenxs); Pardo Andreu (especialista en evaluación biológica, Química, Farmacia, cubano). También se citan trabajos de investigación de la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia (Colombia), de los que no tenemos especificaciones.

Por otro lado, están aquellas referencias que pueden servir como soporte para refutar dicha concepción o que permiten ampliar y reflexionar la temática gerontológica desde una perspectiva de comprensión más amplia, con una orientación sociohumanística. Citamos a Foucault (filósofo, historiador, sociólogo, psicólogo, francés); Goldenberg (doctora en Antropología social, brasilera), Becerril González (doctora en Pedagogía/Educación social, española); Amicco (licenciada en Trabajo social, argentina).

En atención a las editoriales de lxs autorxs, se trata de compañías internacionales. En su mayoría, para el primer grupo de autorxs, son líderes en publicaciones que atañen a la formación en Medicina, con presencia en países de habla hispana. Otras editoriales brasileras editan libros en idioma portugués, con distribución en Brasil. También se utilizan publicaciones de la web (artículos, revistas y documentos) que incluyen temas de envejecimiento en investigaciones biomédicas (Cuba) y en Cineantropometría (Revista Archivos de Medicina del Deporte).

Consideración preliminar: concepción antropológica

Nos resulta posible realizar un cierre provisorio del análisis de esta concepción, haciendo una analogía con la novela de Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray, llevada más tarde al cine y al teatro. La obra da cuenta de la obsesión de un hombre por mantenerse siempre joven, atractivo y estético, persiguiendo un ideal de juventud eternizada, dado su excesivo narcisismo.

Si tenemos en cuenta lo que fuimos contrastando en los componentes de los programas, recurrimos de nuevo al gerontólogo argentino José Yuni, quien realiza la siguiente aseveración, ajustable a lo que venimos explicando: según él, la actividad física y el ejercicio físico “aparecen como los componentes de la alquimia posmoderna que intentan restituir a las personas mayores la aparente energía vital que han perdido con los años” (2011, p. 60). En la misma línea, plantea que los modos activos de abordar esta etapa se sustentan en intervenciones racionales que incorporan productos científicos y tecnológicos (Yuni, 2011).

Los caracteres del envejecimiento se verifican en un nivel externo y visible, como las arrugas, las canas, las manchas en la piel; también, en un nivel propioceptivo y/o sensorial, que se percibe a partir del movimiento corporal, cuando acontecen cambios en las capacidades físicas (disminución de la fuerza, resistencia y velocidad).

Estos caracteres se convierten en una especie de herida traumática para las personas mayores, en el sentido de que en el siglo actual el envejecer se orienta a borrar toda huella que revele en los cuerpos el paso del tiempo. Pareciera ser que ahora en el espejo (retrato) en el que se reflejan miles de Dorian Gray los caracteres decepcionantes se suman a una idea de edad avanzada que se homologa con achaques y padecimientos, convalidando una concepción del envejecimiento que lo transforma en un pasaje hacia el retiro, el sufrimiento, el dolor y el aislamiento.

Un interesante artículo de Becerril González y Bores Calle (2018, pp. 343-344) describe, desde el punto de vista cualitativo, cómo en nuestra sociedad las personas mayores vivencian el proceso de envejecimiento o etapa del ciclo vital. En el texto lxs autorxs remarcan las diferentes estrategias (cosmetológicas, quirúrgicas, deportivas y/o recreativas) que persiguen para evitarlo, concluyendo que para las personas de edad el envejecimiento siempre es interpretado como algo negativo. La ferviente e inevitable relación del envejecimiento con cambios orgánicos lo asocia con el deterioro, unido a la enfermedad, la dependencia y la muerte. Esta batalla que se libra contra el proceso de envejecimiento intenta posponer la idea de finitud que nos acecha mayormente en esta etapa de la vida, antes que en cualquier otra, dejando de manifiesto el temor a la muerte.

En esta línea, podemos reflexionar junto con Elías, interpretando el envejecimiento y la muerte como problemas sociológicos, cuando expresa que “todos los procesos fisiológicos son bien conocidos por la ciencia y en parte se entienden bien. En cambio, se entienden mucho menos —y se toca con mucha menos frecuencia en la bibliografía científica— la experiencia misma de envejecer” (1989, p. 110). El autor critica cómo los demás grupos de edad —en palabras de Elías, “normales”— encuentran dificultad para establecer una relación empática con las personas mayores, dada la imposibilidad de lxs jóvenes de imaginar la experiencia de su propio envejecimiento. El autor ubica a las personas mayores en el grupo de los “anormales” desde la mirada de lxs otrxs, es decir, la desviación de la norma social. Tal como lo afirma más adelante “de una manera consciente o inconsciente la gente se resiste por todos los medios a la idea de su propia vejez y de su propia muerte” (p. 111). La socialización de conocimientos relativos a lo biológico, anatómico y fisiológico del proceso de envejecer y de la muerte han aumentado en los últimos dos siglos y, con ello, ha aumentado la esperanza de vida de las personas (p. 122).

Pero, por más estrategias que manipulemos para alargar la vida o retrasar la llegada de la vejez, y en algunos casos, aliviar los padecimientos en el envejecimiento, la muerte se impone como límite natural del curso de vida, teniendo en la sociedad actual la posibilidad de ser anticipada haciendo arreglos con tecnología médica necesaria (Gayol y Kessler, 2011, p. 57).

Como cierre del apartado, podemos inferir que la concepción antropológica podría inducir a las personas mayores a transitar su envejecimiento autovigilándose, buscando algún tipo de dispositivo que controle o borre las señales de la vejez, como bien podrían ser los “programas y métodos de entrenamiento”, tal como lo señaláramos en la propuesta del programa de República Dominicana (2018, pp. 2-7); o “la Educación Física recuperadora o una práctica deportiva regular retardadora”, tal como lo indicáramos en programas de Argentina (2019, pp. 2-6). Estos dispositivos permitirán darle forma a esa imagen deseada, más próxima a la belleza, a lo saludable y a lo jovial.[4]

Concepción biomédica del envejecimiento

Para introducirnos en lo concerniente a esta concepción, haremos referencia a los numerosxs autorxs que han definido y analizado la influencia del paradigma biomédico sobre las concepciones socialmente compartidas en torno a la vejez, el envejecimiento y las personas mayores. Entre ellxs podemos destacar a quienes fueron precursorxs en su identificación: Estes y Binney (1989), Menéndez (1988), Salvarezza (1991, 1992, 1998), Andrés (1995), Viguera (1999), Monchietti y Lombardo (2000), Monchietti (2002), Iacub (2006), entre otrxs. Estxs señalan que la concepción biomédica del envejecimiento lo ha homologado a una patología orgánica individual de etiología fisiológica. La copiosa y sostenida difusión de estas ideas en distintos ámbitos ha tenido numerosos efectos. Dentro del campo científico se lo conceptualiza, clasifica y válida únicamente como un problema médico; en el campo profesional, ordena jerárquicamente las disciplinas según cada abordaje, entre las de mayor o menor estatus en función de esos supuestos; y en el campo social, ejerciendo influencia sobre la construcción de las representaciones sociales en torno a la vejez, el envejecimiento y las personas mayores (Monchetti y Lombardo, 2000).

Ampliamos la idea anterior a partir de lxs investigadores Estes y Binney (1989), recuperados de Dulcey Ruiz (2013, p. 366), quienes explican la biomedicalización de la vejez, el envejecimiento y las personas mayores, señalando cómo la medicina enfocada en patologías e intervenciones orgánicas individuales se ha convertido en una fuerza poderosa y generalizada. En consecuencia, el proceso de envejecimiento y la etapa de la vejez han llegado a definirse como una progresiva declinación física, lo cual ha contribuido a que muchas personas —y más aún, profesionales— los consideren temas que se corresponden con el ámbito de la medicina. Tal forma de comprender la vejez se asocia a una concepción deficitaria del envejecimiento. Además, el entender la vejez, el envejecimiento y las personas mayores como portadores de deterioro y de patologías, fácilmente genera expectativas en la sociedad en general, y en las personas mayores en particular, coherentes con tal percepción, las que adquieren comportamientos de negación, de enmascaramiento e, inclusive, de pretexto para disminuir su actividad, la autoeficiencia y el control personal, incrementando las actitudes de dependencia.

Esta concepción genera un impacto que aún hoy percibimos en la sociedad actual, que favorecería el incremento del control social y político de la vejez, del envejecimiento y de las personas mayores (Dulcey Ruiz, 2013). Podemos mencionar, como ejemplos, el diseño de políticas públicas y sociales, o proyectos y programas de intervención sustentados en dicha concepción deficitaria.[5] Sin embargo, sería importante que las mismas fueran objeto de reflexión, mediante otras investigaciones de cuño gerontológico que reúnen otras concepciones de orden crítico como la Gerontología social crítica, la Gerontología feminista, la Gerontología posmoderna, la Gerontología educativa.

Retomando lo que hemos expresado más arriba, en el siglo XIX la vejez se convirtió en un problema científico-médico. Se instaló la concepción de la vejez como padecimiento en sí misma, a partir de un esquema rígido de salud-enfermedad.

La concepción biomédica del envejecimiento, legitimada por el orden médico higienista, expresa de manera explícita su preocupación por una salud pensada desde una faceta orgánica y se dirige a postularla promoción de conductas preventivas y de autocuidado para lograr comunidades capaces de ejercer un control sobre el estado de salubridad individual. La afirmación precedente es criticada por diferentes autorxs, como Carvalho (1998), Pedráz (1997, 2007), Branco Fraga (2005, 2006) y Bagrichevsky (2007, 2009), quienes han argumentado sobre la existencia de una natural alianza entre el pensamiento médico, la actividad física y el campo de la promoción y prevención de la salud.

De este modo, notamos que la concepción biomédica se pone de relieve en los programas de asignaturas, cuando entre sus componentes el saber de la Educación Física se aliena[6] al discurso médico y/o atiende a formas en que el cuerpo envejecido funciona o deja de funcionar. Reconocemos que se proponen taxonomías de enfermedades “prevalentes” en la vejez y en el envejecimiento, en tanto contenidos que deben ser estudiados; por ejemplo, en algunos programas de Argentina (2015), República Dominicana (2018), Estado Plurinacional de Bolivia (2919) o Cuba (2017-2018). Estas enfermedades se articulan en un discurso que condiciona la actividad física y el ejercicio físico en su posibilidad de revertir cualquier desvío que ocurra en los sistemas orgánicos/fisiológicos del cuerpo humano y sus funciones.

Nos abocaremos ahora a explicitar la evidencia empírica rastreada en los componentes de los programas. Adelantamos primero que, cuando señalemos el caso de los cinco programas de Argentina, sintetizaremos el componente contenidos en un solo bloque esquemático para no sobre abrumar a lxs lectorxs.

Respecto de los contenidos, encontramos en programas de México: “características generales de la enfermedad en el adulto mayor. Discapacidad. Directrices metodológicas para la prescripción de un programa de actividad física en adulto sano y enfermo: procedimientos, instrumentos y técnicas” (2012, pp. 1-4; 2019, p. 1-17); en el programa de República Dominicana: “teorías del envejecimiento humano. Enfermedades asociadas a la tercera edad y su relación con la práctica de ejercicio físico. Criterios para individualizar la prescripción de ejercicio físico en personas con problemas de salud. Bases biológicas del envejecimiento en humanos” (2018, pp. 2-7); en el programa del Estado Plurinacional de Bolivia: “teorías del envejecimiento. Conocimiento y control de las afecciones crónicas. Contraindicaciones de la realización de diferentes ejercicios en algunas enfermedades: hipertensión, diabetes, enfermedades cardíacas y pulmonares. Influencia de medicamentos. Reacciones adversas” (2019, pp. 2-10); en el programa de Cuba: “proceso de envejecimiento. Concepto, clasificación y cambios fisiológicos que ocurren en el organismo. Principales enfermedades. Ciencias que lo estudian” (2017-2018, pp. 2-9). Para el programa de Chile: “distinguir los riesgos que puede ocasionar la actividad física en el adulto mayor” (2019, pp. 1-3). En un programa de Brasil los contenidos son: “inmunosenescencia e inflamación senil. Prescripción de ejercicios en diferentes clases funcionales” (2016, pp. 1-2). De modo similar, en Costa Rica los contenidos del programa son: “factores de riesgo. Enfermedades crónicas degenerativas” (2018, pp. 1-16). En el programa de Panamá el componente contenido expresa: “la tercera edad. Envejecimiento: enfermedades más comunes” (2018, pp. 1-10). O en el programa de Colombia: “teorías del envejecimiento. Sarcopenia. Deterioro del cartílago articular. Alteraciones auditivas. Alteraciones visuales” (2014, pp. 2-17).

Para el caso de cuatro programas de Argentina, en el componente contenidos encontramos: “la vejez como enfermedad, déficit comportamental y desafío. Selección de prácticas deportivas para adultos y adultos mayores sedentarios, obesos, con problemas cardíacos, respiratorios, neurológicos y motores. Factores protectores y factores de riesgo: envejecimiento patológico y saludable, envejecimiento fisiológico y biológico. Enfermedades prevalentes. Afecciones más comunes del adulto. Planificación de actividades físicas para estas patologías. Teorías del envejecimiento. Enfermedades crónicas no transmisibles comunes en las personas mayores. Características generales de las enfermedades en las personas mayores: artritis reumatoidea, artrosis, hipertensión, accidente cerebrovascular, asma y ejercicio. Patogenia. Osteoporosis, caídas y ejercicio. Enfermedades cardiovasculares y actividad física. Apoplejía. Insuficiencia congestiva del corazón. Prevención de las enfermedades de las arterias coronarias. Entrenamiento y rehabilitación de pacientes con enfermedades cardíacas. Riesgo de ataque y muerte durante el ejercicio. Tabaquismo. Diabetes. Obesidad” (2015, pp. 1-3; 2019, pp. 2-10; 2019, pp. 2-6; 2019, pp. 1-6).

En un programa de Argentina, uno de los objetivos específicos de la materia se ocupa de “que el estudiante adquiera conocimientos teóricos/prácticos sobre patologías comunes del ser humano” (2015, pp. 1-3). Además, en el caso del programa de Panamá se explicita en el componente subcompetencias: “describe con precisión las personas de la tercera edad, el fenómeno del envejecimiento, los cambios anatómicos que sufre el individuo cuando envejece, así como las enfermedades que frecuentemente lo aquejan” (2018, pp. 1-10). También podemos mencionar que en el programa de Chile, en el componente señalado como aporte al perfil de egreso, el ámbito indicado para que “los estudiantes se desenvuelvan es el de las ciencias de la actividad física y salud de las personas mayores”. En el mismo programa, se presenta en el componente bibliografía complementaria, un recurso web acerca de “nutrición hospitalaria” (2019, pp. 1-3).

Tal como lo expusimos en los componentes anteriores, podemos advertir una organización homogénea de temas centrados en las enfermedades de lxs viejxs y los supuestos problemas comunes del envejecimiento. Sus procesos biológicos y fisiológicos, que lo homologan con la enfermedad, en más de una ocasión son avalados por las teorías del envejecimiento, reforzando la concepción biomédica de la vejez.

Notas que describen el componente bibliografía en la concepción biomédica

Entre lxs autorxs y textos que se usan, relacionados con esta concepción, advertimos que en el estudio fisiológico experimental de los sistemas y aparatos del cuerpo humano durante el proceso de envejecimiento, las personas mayores son pensadas teniendo en cuenta la variable edad y sus posibilidades de ejercitación física. Esta concepción se argumenta en función de estándares comparativos con otros grupos de edad, con la consecuente aplicación en forma generalizada de los resultados de esos estudios, sin reparar en lo diferencial de los sujetos.

Se citan el Manual para la valoración y prescripción del ejercicio, del American College of Sports Medicine (VV. AA., estadounidenses); Álvarez Síntes (médico, máster en longevidad y salud pública, cubano); Ceballos Arrieta y Morales (citadxs en publicaciones cubanas); Jameson (médico, estadounidense); Fauci (inmunólogo, alergista, estadounidense); Kasper (microbiólogo, inmunólogo, estadounidense); Hauser (neurólogo, estadounidense); Longo (médico, estadounidense); Loscalzo (médico, estadounidense); López Chicharro (médico y cirujano, especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte, español) y Fernández Vaquero (médica y cirujana, especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte, española); Katch (profesor en Educación Física especialista en Ciencias del movimiento, Kinesiología y Fisiología del ejercicio, estadounidense); Mc Ardle (especialista en Nutrición y Ciencias del ejercicio, estadounidense); Fustinoni y Passanante, (médicos, argentinos); Wilmore (especialista en ejercicio y Ciencias del deporte, estadounidense); Costill (especialista en Ciencias del ejercicio y rendimiento humano, estadounidense); Kapandji (cirujano ortopédico, fisioterapeuta, francés).

También se encuentran referencias provenientes de la Gerontología tradicional (más de corte clínico) y de la Geriatría: Millán Calenti (ciencias biomédicas, gerontólogo, español); Crespo (médico, psicólogo y antropólogo, español); Domínguez Ardila (médico familiar y comunitario, colombiano) y García Manrique (médico familiar y comunitario, colombiano); Martin (médico); De Nicola (geriatra y gerontólogo, italiano); Kane (especialista en salud pública y cuidados a largo plazo, estadounidense); Langarica Salazar (técnica gericultista, enfermera, mexicana); González Martínez (médico internista y geriatra, mexicano); Jáuregui (médico, argentino); Abrams (médico geriatra, estadounidense) y Berkow (médico psiquiatra, estadounidense).

También se hace referencia a recursos web en formato audiovisual para estudiar enfermedades (por ejemplo, la sarcopenia[7]), y se citan documentos de la Organización Mundial de la Salud,[8]en la categoría “temas del envejecimiento”, así como informes de la Organización Panamericana de la Salud.[9]

En atención a las editoriales que avalan a estxs autorxs, mencionamos el Colegio Americano de Medicina del Deporte de los Estados Unidos, que es una organización reconocida en Medicina del deporte y Ciencias del ejercicio, y que ha editado el Manual para la valoración y prescripción del ejercicio. En los programas advertimos que editoriales españolas y brasileras lo reeditan en sus respectivos países, ya no en el idioma de origen, sino en su propia lengua.

Otras casas matrices de origen estadounidense cuentan con una línea editorial para profesionales de la salud, y con una línea internacional cuando están enfocadas al público por fuera de ese país. De este modo, se presentan como interamericanas, estableciendo redes en los países americanos.

Aparecen reiteradas obras de una renombrada editorial dedicada a formar profesionales de la medicina, y que tiene presencia en veintidós países hispanohablantes. En menor medida, algunas editoriales son propias de los países, como es el caso de España, Argentina, México o Cuba, aunque no cuentan con el alcance geográfico del que sí gozan las anteriores.

Consideración preliminar: concepción biomédica

En los programas que se circunscriben a esta concepción, el discurso de la Educación Física se posiciona en la línea de la Geriatría, disciplina que se aboca al estudio de las enfermedades de la vejez y su tratamiento. Asimismo, autoriza una perspectiva higiénica, preventiva y rehabilitadora, que se subsume en el campo biológico. De este modo, podría concebirse que la Educación Física se asuma como una técnica que se complementa con la Geriatría, tendiente a aplazar la enfermedad. En ese orden de ideas, Leopoldo Salvarezza[10] (1998) afirmaba que si se etiqueta al envejecimiento como una patología, esta condición se traslada a todas las personas que envejecen, influyendo sobre la concepción que se forman las personas mayores sobre sí mismas, así como de toda la sociedad hacia ellas (p. 169). Para este autor, “la influencia del modelo médico hegemónico instala el énfasis en el fenómeno clínico y se torna preeminente; con este rótulo quedarían definidos los problemas del envejecimiento y sus procesos biológicos, psicológicos y sociales” (1998, p. 169).

Como bien lo indicamos, la mirada biologicista no solo no se extinguió en la actualidad sino que, por el contrario, puede ser acentuada según la impronta con la que cada disciplina y cada profesión conciban la vejez, el envejecimiento y las personas mayores. Actualmente, esa impronta se inscribe en un contexto cultural de la modernidad tardía que recrea con distintos matices esta concepción.[11]

Concepción psicológica del envejecimiento

En línea con la concepción biomédica, podemos dar cuenta de una concepción psicológica del envejecimiento que se complementa y se subsume en aquella. Desde que la vejez, el envejecimiento y las personas mayores se convirtieron en objeto de estudio para la Psicología, se construyó un discurso proveniente de sus distintas corrientes teóricas.[12] Haciendo un paralelismo con la Medicina, podemos decir que la Psicología se inclinó principalmente a describir las funciones del aparato psíquico y de sus defectos y afecciones. Desde esta perspectiva, se postuló el envejecimiento y la vejez como un periodo de pérdidas cognitivas, de disminución de las redes sociales y de un paulatino aislamiento. Así se fueron construyendo concepciones en torno a las personas mayores, que se corresponden con la idea de regresión a estadios o etapas primarias en el desarrollo cognitivo e, inclusive, de involución y declinación psíquica, depresión o soledad.

Respecto de lo mencionado anteriormente, coincidimos con la posición argumental de Lombardo, quien afirma que las investigaciones en el campo psicológico

desde una perspectiva clásica tiene raíz biologicista que plantea como aspecto central de la vejez el declive en las fortalezas físicas y psíquicas y, por lo tanto, la pérdida o deterioro de aquellos rasgos y cualidades positivas que fueron fundamentales durante la vida juvenil y adulta (2013, pp. 49-50).

En esa línea, la vejez y el envejecimiento estarían marcados por la fragilización y el desgaste en la autorregulación progresiva del sujeto. Teniendo en cuenta esto, la concepción psicológica clásica (negativa) invisibilizó los aspectos positivos de la vejez, como lo son el acopio de experiencia o la mayor disponibilidad de tiempo libre que les permitiría a las personas mayores formas amplias en la búsqueda de realización personal (2013, p. 47). Hay una frase de las psicólogas Cartensen y Charles (2007), citadas por Lombardo, que nos resulta significativa. Ellas afirman que “en gerontología parece que hasta las buenas noticias en la vejez son leídas como negativas y terminan ocultas tras el pesado velo del prejuicio y el estereotipo” (2013, p. 50). Dicho de otro modo, se infiere que en el proceso de envejecimiento no hay nada para exaltar o ponderar, tampoco, en términos psicológicos. Compartimos el razonamiento de esas autoras y, del mismo modo, nos manifestamos en contra de las posiciones prejuiciosas en torno a la vejez.

Ahora bien, las concepciones de la Psicología positiva son las que formulan Dulcey Ruiz (2005), Iacub (1998, 2011, 2013, 2015), Urbano (2010), Monchietti (2013), Krzemien (2007, 2010, 2011) y Lombardo (2013). Las propuestas de estxs investigadorxs surgen en oposición a la concepción clásica (negativa, de corte biológico), bajo las perspectivas de la Psicogerontología,[13] el Psicoanálisis, la Psicología social del envejecimiento o la Psicología del desarrollo (posterior a la década del 70). Estas perspectivas provocan un cambio en el estudio de la vejez y el envejecimiento, respecto de las concepciones teóricas del siglo XIX cuando, como lo hemos detallado, se redujo la vejez a un problema de la medicina. Intentan explicar el envejecimiento, ya no concebido como un proceso inexorable y universal de deterioro, sino que se recupera la variabilidad y la heterogeneidad en las personas de edad, quienes presentan distintos aspectos positivos (capital psíquico, bienestar psicológico y regulación emocional), en los que se resalta el desarrollo de capacidades cognitivas y la creatividad, las capacidades sensoriales y perceptivas, los aspectos comportamentales y los cambios en la identidad de los sujetos a lo largo del curso de vida (López Gómez y Marín Baena, 2016).

Entonces, para la Psicología positiva —entendiendo el envejecimiento como un proceso que completa el desarrollo humano— psicológicamente acontecen ganancias y pérdidas, entendiendo que en una adaptación exitosa se maximizan las ganancias y se minimizan las pérdidas. El psicólogo alemán Paul Baltes (1987,1997, 2003) fue quien impugnó la concepción del envejecimiento como un proceso unidimensional de pérdidas, por considerarlo multidimensional, que implica dinámicas cambiantes que se extienden a lo largo de la vida. En esa línea, algunas capacidades progresan hasta edades avanzadas, mientras que otras pueden declinar (citado por Oddone, Gastrón y Lynch, 2011, p. 82).[14]

Sin embargo, a partir de lo que se advierte en el estudio de los programas de materias en la formación docente en Educación Física, pareciera ser que durante el proceso de envejecimiento, entre las posiciones favorecedoras (ganancias, en la Psicología positiva) y las posiciones desventajosas (pérdidas, en la Psicología negativa), estas últimas tienen prioridad.

Concepción psicológica negativa

Daremos cuenta ahora de la presencia de la vertiente negativa de esta concepción psicológica, relevando expresiones en el componente contenidos. En tres programas de Argentina: “estimulación cognitiva y motricidad” (2019, pp. 1-3); “características generales de las enfermedades en las personas mayores: Alzheimer, Parkinson. Etiología. Prevención. Estimulación a través de la actividad física” (2019, pp. 1-6); “psicología del desarrollo del adulto. Evaluación de los que trae consigo la edad. De joven adulto a anciano. Cambios en la conducta. Cambios en la inteligencia. Los cambios físicos y las reacciones psicológicas” (2019, pp. 2-6). En el programa de Panamá: “la tercera edad: aspecto anatómico y psicológico del envejecimiento. Estado psicomotor” (2018, pp. 1-10). En un programa de Brasil: “cambios en el comportamiento. Alteraciones cognitivas en el envejecimiento” (2016, pp. 1-2). En un programa de Colombia: “cambios neurológicos mentales, psicológicos y cognitivos en la vejez. Cambios en el estado de ánimo (depresión–ansiedad). Alteraciones cognitivas (memoria, atención, concentración). Cambios cerebrales y nerviosos” (2014, pp. 2-17). En programas de Costa Rica: programa a) “auto cuidado y autoestima. Inteligencia emocional. Comunicación efectiva. Estimulación mental” (2018, pp. 1-18); programa b) “modalidades, técnicas y ejercicios para la mejora de cualidades físicas y cognitivas en la persona adulta mayor: entrenamiento cognitivo” (2018, pp. 1-16). En programa de Cuba: “principales cambios psicosociales, sus consecuencias. Preparación para enfrentarlos.[15] Test para evaluar diferentes aspectos en personas mayores: físicos, psicológicos y nivel de independencia” (2017-2018, pp. 2-9). En programas de México: “psicomotricidad de las personas mayores. Envejecimiento psíquico, social y físico” (2012, pp. 1-3); “valoración social, mental y funcional. Características generales de la enfermedad en el adulto mayor: cambios psicogeriátricos, demencia, Alzheimer, delirium” (2012, pp. 1-4). En un programa de Perú: “característica morfo-funcionales del adulto mayor. La cognición en el adulto mayor. Instrumentos de diagnóstico” (2018, pp. 60). En un programa del Estado Plurinacional de Bolivia: “biología del envejecimiento: características psíquicas. Implementación práctica de la actividad. Planificación de ejercicios. Repercusiones adicionales: disminución del stress, ansiedad, insomnio, mejora de las funciones cognitivas y de la socialización” (2019, pp. 2-10).

Finalmente, los programas presentan como contenidos temáticos un conjunto de modificaciones del tipo psíquico, afectivo o psicomotor, comportamientos regresivos que urge rehabilitar por medio de la actividad física, el ejercicio físico, las prácticas corporales o la Educación Física.[16]

Notas que describen el componente bibliografía en la concepción psicológica negativa

Lxs autorxs que se usan en los programas, y que pueden asociarse a una concepción psicológica negativa, provienen de textos en los que confluyen grandes campos temáticos: medicina, geriatría, psiquiatría, psicoterapia geriátrica, psicomotricidad.

Mencionamos a Álvarez Síntes (médico, máster en longevidad y salud pública, cubano); Fustinoni y Passanante (médicos, argentinos); Estrada Inda (médico, psiquiatra y psicoanalista, mexicano); Krassoievitch (psiquiatra, mexicano); Rodríguez García (médica cirujana, mexicana); Martin (médico); Katz de Armoza (psicóloga, argentina); Dreher (especialista en trastornos de la comunicación, habla y audición, estadounidense); Hill (psicólogo, sueco); Bäckman (médico, neurólogo cognitivo y neurobiólogo, sueco) y Neely (psicóloga, estadounidense); Levine (médico neurólogo, estadounidense); Schwebke (alemán); Larraburu de Vacante (sin especificaciones); Ferreiro (psicóloga, argentina); Gallar Pérez Albadalejo (médico cirujano, antropólogo social y cultural, dietista, español).

En atención a las editoriales que se circunscriben a esxs autorxs, un grupo editor de habla española se ubica en México y tiene fuerte presencia en todo el mercado hispanoamericano. Varios de los sellos son estadounidenses, con textos no traducidos, centrados en los campos de la enfermería, de la salud pública, la rehabilitación y la neuropsicología. Dos son las editoriales españolas que han realizado traducciones (en un caso, del alemán), con fuerte presencia en España y América Latina. En un solo caso se cita una revista iberoamericana de Geriatría y Gerontología, Geriátrika, de origen español, cuya última edición fue en 2006.

En los textos y autorxs anteriores podría reconocerse un paralelismo con la concepción biomédica, teniendo en cuenta que estas referencias bibliográficas estudian el envejecimiento como un proceso fisiológico asociado a la senescencia, y como un proceso metabólico asociado a la senilidad, inscripto en el acervo genético peculiar de cada individuo.

Concepción psicológica positiva

En oposición a la concepción de una Psicología negativa, de fuerte cuño biológico, en este apartado daremos cuenta de la presencia de una vertiente positiva de la concepción psicológica en los programas.

Presentamos como componente las fundamentaciones de cuatro programas de Argentina; tomamos de ellos párrafos breves, dado que las mismas son de extensa magnitud.

Primer programa, 2019:

A medida que envejecemos, resulta fundamental optimizar la utilización de recursos disponibles, sabiéndolos limitados como los temporales, los naturales y los personales. Teniendo en cuenta la perspectiva de una psicología positiva del envejecimiento, Baltes y Staudinger (2000) señalan que el curso de la vida no solo implica multidimensionalmente y multidireccionalmente, sino también selectividad, optimización, y compensación. Estos procesos de selectividad, optimización y compensación funcionan de manera activa y pasiva, consciente e inconsciente, individual y colectiva. […] La mirada de Erikson (2000) sobre el desarrollo apunta a la elaboración de una serie de estadios donde se promueven y tramitan ciertos desafíos, los cuales desencadenarán sintonía o distonía en un equilibrio siempre dinámico. Cada uno de estos pone en juego deseos y temores, seguridades e inseguridades, necesidades y carencias. Desde esta perspectiva, se piensan elaboraciones positivas en la mediana edad y la vejez, que conducen a la generatividad e integridad, o negativas que conducen al estancamiento y la desesperación. Cada una de estas elaboraciones se articula con otras anteriores, resignificándose y articulándose en diversos momentos de la vida (2019, pp. 2-10).

Segundo programa del año 2019:

Se abordarán conceptos como la Identidad pensada como una narrativa, a la que se denomina identidad narrativa según Mc Adams, 1985; Ricoeur, 1991, que aparecen un movimiento pendular y dialéctico entre lo discordante y lo concordante, lo incoherente y lo coherente, cuyo resultado son relatos variables en el tiempo y que no remiten a una identidad estática, sino a una reflexión sobre la misma, es decir, a una ipseidad según Ricoeur, 1993. […] Este estilo de vida se construye bajo el sello de la jubilación, aunque a diferencia de los modos anteriores este retiro del trabajo formal aparece acompañado de proyectos transformadores que desafían la noción de término o aun de retiro (2019, pp. 2-8).

Tercer programa, 2019:

Estos ámbitos se convierten en generadores de nuevas oportunidades de exploración de nuevas actividades, de reconocimiento de potencialidades, de construcción de nuevos lazos sociales entre pares e intergeneracionales, de aprendizaje de hábitos saludables y calidad de vida, de empoderamiento entre otros. Por tal motivo, consideramos de mucho valor las propuestas orientadas a recrear la mirada sobre la vejez, como un modo de vehiculizar los procesos de construcción de vejeces saludables y disfrutables (2019, pp. 1-3).

Programa 2020:

La conceptualización del término vejez y las valoraciones asociadas al mismo concepto plantea que uno de los factores que influyen negativamente en la aceptación de esta etapa de vida denominada adultos mayores, y en la falta de reconocimiento de las personas en cuanto tal, es decir su pertenencia a este tramo etario, es un fenómeno relacionado con la difusión de la identidad asociado a la pérdida del rol social de este grupo. Se discute esta postura y se plantea la posibilidad de revertir este proceso, incentivando la participación de los adultos mayores en redes de apoyo y a través del aporte que los otros, es decir los no-viejos, pueden hacer en base al reconocimiento y validación del adulto mayor como un par. Se entiende que el sentido de identidad personal, esto es “quien fui” ayer, “quien soy” hoy y “quien seré mañana” está conservado y que la identidad social es el componente de la función de identidad que se ve alterado (2020, pp. 1-4).

La vertiente de la psicología positiva se presenta en el componente contenidos, por ejemplo, para el primer programa: “diferentes teorías: teorías de crisis normativa; teorías sobre el envejecimiento exitoso; teorías parciales o específicas. El sentido de la vejez en el tiempo de hoy. Optimización selectiva con compensación: hacia una teoría del ciclo vital. Erikson y las tareas evolutivas. Teoría psicosocial. Las ocho etapas de Erikson. Erótica y vejez. Desafíos y logros frente al bienestar en el envejecimiento” (2019, pp. 2-10). Y también para el tercer programa: “¿a quién llamamos viejos? Teorías gerontológicas. Sexualidad y vejez” (2019, pp. 1-3). No hemos detectado en el segundo programa del año 2019 ni en el del 2020 contenidos en la concepción de la Psicología positiva entre sus componentes.

Aportamos como dato complementario que los programas primero y segundo (2019) son de la República Argentina y pertenecen a la misma institución. Queremos señalar, además, que presentan un particular posicionamiento, por el cual entienden que las personas mayores atraviesan crisis normativas e identitarias y experimentan duelos por las pérdidas que viven, aunque un conjunto de capacidades, potencialidades y reservas psíquicas les permiten a los sujetos que se encuentran transitando su vejez generar fortalezas que compensan y optimizan su tránsito por esta etapa del curso vital. Del mismo modo, ambos programas utilizan idéntica bibliografía en correspondencia con esa línea argumental.

En relación a este planteo de la Psicología positiva, nuestra hipótesis se basa en que, en los últimos quince años en la República Argentina, un grupo de investigadorxs de la cátedra Tercera edad y Vejez, de la Universidad Nacional de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Mar del Plata, ha generado una considerable y fructífera producción académica, así como congresos, seminarios y otro tipo de capacitaciones. Consideramos que estas producciones podrían haber influenciado varios campos disciplinares, entre ellos, el de la Educación Física, y que quizás algunxs profesorxs y licenciadxs argentinxs podrían justificar sus intervenciones influenciadxs por esa matriz teórica, dado que para algunxs se constituye en una consulta de referencia, tal vez ineludible. Revisada esta cuestión, continuamos con otros países en los cuales esta concepción positiva se evidencia en el componente contenidos.

Por ejemplo, en uno de los programas de México los contenidos son: “apoyo social; redes de apoyo: familiares, asociaciones y grupos de ayuda. Expectativas de vida y pronóstico” (2012, pp. 1-4); para el caso de Uruguay: “teorías psicogerontológicas. Imagen del cuerpo en el curso del envejecimiento” (2019, pp. 1-12); en uno de los programas de Brasil: “sexualidad en la vejez” (2016, pp. 1-2); para uno de los programas de Costa Rica: “el futuro y la calidad de vida del adulto mayor. Proyecto de vida: entorno (familia y ambiente) y trabajo (importancia e implicaciones). Jubilación. ¿Qué tipo de sociedad y de vida queremos?” (2018, pp. 1-18).[17]

Notas que describen el componente bibliografía en la concepción psicológica positiva

En los programas de las materias, lxs autorxs que respaldan la concepción psicológica positiva provienen de la Psicología, de la Psicogerontología y del Psicoanálisis. Dentro de estas perspectivas, la vejez y el envejecimiento son conceptualizados como una etapa de expansión y de optimización de las capacidades y reservas psíquicas.

Son citadxs Fernández Lópiz (psicólogo, psicogerontólogo, español); Iacub (psicólogo, psicogerontólogo, argentino); Ferrero (médica, argentina); Zarebski (psicóloga, psicogerontóloga, argentina); de los Reyes (socióloga, psicóloga social, argentina); Pérez Fernández (especialista en salud mental comunitaria, psicólogo, uruguayo); Fernández Ballesteros (psicóloga, socióloga, española); Correa (profesor de Educación Física, uruguayo); Beckmann Murray (enfermera especialista en Psiquiatría, estadounidense); Proctor Zentner (enfermera, estadounidense); Willis (investigadora de Psiquiatría y Ciencias del comportamiento, estadounidense); Stassen Berger (psicóloga, estadounidense).

Las casas editoras de los textos son argentinas. En un caso, uno de los sellos tiene impronta local; en otro caso, una editorial dedicada a la Pedagogía nació en nuestro país, pero fue absorbida posteriormente por un grupo editorial español con fuerte presencia en América Latina y España. Otra de las casas editoras es argentina, formadora en temas médicos y que distribuye sus obras en veintidós países hispanohablantes. Por último, los textos de origen americano citados en los programas son editados por una compañía multinacional británica dedicada a publicaciones académicas, que tiene sedes en España y Portugal, lo que permite distribuir las obras en países de lengua española.

Consideración preliminar: concepción psicológica

En lo que atañe a esta concepción, recurriremos a aquellxs autorxs que se oponen críticamente a la pregnancia de la Psicología en discursos educativos y la describen mostrando sus falencias, problemas e inconsistencias, ya que otorga una visión negativa a toda conducta que esta considere fuera de lo normal.

Por un lado, Crisorio (2003) nos permite reflexionar sobre los problemas de una Educación Física psicologizada, que se justificaría en argumentos de la Psiquiatría, de la Psicología experimental y de las Neurociencias, haciendo que la concepción sobre la vejez y el envejecimiento se oscurezca. Como también lo notáramos con la concepción biomédica, la Educación Física da lugar a un reduccionismo biologicista, que se basa en el modelo de la enfermedad, promoviendo la normalización psíquica de las personas mayores. Por otro lado, para Vigarello (2006), la psicología de corte clínico ajusta la conducta psicomotriz porque entiende que las heridas, el malestar o los afectos que emergen desde el interior del cuerpo orgánico se sustentan en los discursos de las investigaciones neurofisiológicas, que ayudarán a abrir caminos nerviosos, a contribuir con el papel de los músculos y de los movimientos en el nivel físico.

Podemos complementar las ideas anteriores con Turner, quien afirma que algunos “rótulos psiquiátricos proporcionan una etiqueta para la conducta que es juzgada socialmente inaceptable en la sociedad en general y el efecto de estas etiquetas oficiales es la exclusión social” (1989, p. 250). Si trazamos un paralelismo con la reflexión de Turner, y con lo que les acontece a las personas mayores, por ejemplo, se puede pensar en aquellas de edad avanzada que cursan demencias o en las que hay interés erótico o sexual, y a las que se las define en términos de perversión. Lo que explica este autor es que según estas posturas lo desviado es indeseable con respecto a normas socialmente aceptadas, ya sea en conductas de salud o en conductas apropiadas para encajar en un estado ideal o para un individuo promedio que no existe en una realidad concreta (p. 251).

En este sentido, observamos que algunos programas de asignaturas tensionan con el discurso de la Psicología negativa; en estos notamos que se pone énfasis en el potencial latente y la plasticidad con la que cuentan las personas mayores para afrontar situaciones vitales que surgen a lo largo del curso de vida, lo que les permite adoptar modos de transitarlo en equilibrio y con armonía. Desde esta concepción positiva son factibles de concebir otras vejeces: aquellas que se realizan desde las teorías de la actividad, que se contraponen a las concepciones de deterioro psíquico.

Conclusiones del capítulo: Educación Física, geriatría, psiquiatría y psicogeriatría

Las cuatro concepciones que hemos descripto esquemáticamente se presentarían como tensiones complementarias que se recrean en los programas de materias analizados en los doce países de América Latina y el Caribe. En mayor o menor medida, se encuentran materializadas en los distintos componentes señalados en ellos y son utilizadas para argumentar la formación docente de lxs futurxs profesorxs y licenciadxs en Educación Física. Podríamos agregar que las concepciones sobre la vejez, el envejecimiento y las personas mayores cambian, atendiendo a los fundamentos epistemológicos que justifican lo corporal en cada campo disciplinar. En línea con las concepciones biomédica y psicológica negativa, su punto de contacto es que estas identifican el cuerpo viejo pensado en términos anátomo-fisiológicos, considerando que el mismo se reduce al organismo.

Consideramos que las concepciones aquí analizadas podrían colocarse en diálogo con los estudios de Ferrante (2014; 2015), quien desde su investigación doctoral indaga acerca de los procesos de exclusión, discriminación y segregación que en las sociedades occidentales capitalistas padecen las personas con discapacidad, a partir de la percepción de sus cuerpos etiquetados como deficitarios o con discapacidades (enfermedades o patologías) y de que no se ajustan a un patrón de normalidad por “la falta, la falla, la anormalidad” (Ferrante y Venturiello, 2014, p. 46). En lo que respecta a los usos y valoraciones corporales, podemos establecer una analogía entre las concepciones que se construyen a partir de la visibilidad que adquieren los cuerpos en la vejez, tal como lo señalamos en este capítulo, con los cuerpos de las personas con discapacidad. En este punto, la autora afirma que se “esencializa al cuerpo discapacitado como asunto biológico, anormal y patético. Sin embargo, no existe cuerpo ni percepción del mismo por fuera de relaciones sociales e históricas” (Ferrante, 2015, p. 42). Cada sociedad produce los cuerpos que necesita y, hasta la década del setenta, cuando surge el modelo social de la discapacidad, los cuerpos discapacitados han sido biomédicamente producidos, desde un enfoque individual, médico y rehabilitador. Según esta autora, en el contexto de América Latina el capitalismo actual acentúa la producción de cuerpos en al menos dos sentidos: “capaces-sanos-normales, en el nivel biomédico y la mercantilización de cuerpos capaces-sanos y bellos a través de los medios de información” (p. 45). Cuando los cuerpos son portadores de una tragedia médica personal devienen en cuerpos pasivos, inactivos e inútiles que, del mismo modo que en la vejez, se convierten en destinatarios de asistencia médica. En este caso podríamos inferir que, por medio de las propuestas de la Educación Física destinadas a la población de personas mayores en los programas de materias analizados, la promesa de una rehabilitación para volver al cuerpo capaz o normal responsabiliza al individuo de su desvío social. Paralelamente, desde el saber médico y los medios de comunicación masiva

nos prometen que, si nos acercamos a cuerpos sanos-bellos, seremos más felices, más plenos. Del mismo modo se nos convence de que acercarse a tal ideal es el resultado de una decisión individual asociada al estilo de vida que elegimos desarrollar (p. 46).

Como lo venimos sosteniendo en párrafos precedentes, en las personas mayores (y en las personas con discapacidad) la apariencia corporal[18] y el rendimiento funcional los interpela a transformarse en máquinas para no descuidar se y mantenerse autovigiladxs, con el objeto de ser aceptados socialmente y de no quedar excluidos por la falla, el desgaste o el paso del tiempo. De este modo, y en función de sus argumentos, es que encontramos cierto correlato con la concepción antropológica, tal como la describimos al inicio de este capítulo. En el caso de los programas estudiados, ese modelo de concepción de lo corporal se halla fundado históricamente en los saberes científicos (Vigarello, 2005), que trascienden la Educación Física, dado que también se advierte en la Gerontología tradicional.


  1. Lo resaltado en cursiva es nuestro.
  2. Traemos a lxs lectorxs una interesante nota publicada en el diario Página 12 (30 de septiembre de 2020): “Mostrar la vejez de mujeres reales”. Disponible en https://bit.ly/3IJLiY5
  3. Se sugiere a lxs lectorxs interesadxs en la temática recurrir a Iacub (2006). El sujeto transetario, en Erótica y Vejez. Perspectivas de Occidente. (pp. 143 – 146). Buenos Aires. Paidós.
  4. Se pueden consultar varios trabajos sobre la temática, de la Dra. Paula Pochintesta (2013; 2015; 2016; 2017).
  5. Al respecto, se puede consultar la tesis para optar al grado de Magíster en Educación Corporal de Di Domizio, D. P. (2011). Políticas públicas, prácticas corporales y representaciones sociales sobre la vejez: un estudio de casos. Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
  6. La hipótesis de la alienación es ampliamente desarrollada por Ricardo Crisorio (2003) en Educación Física e identidad: conocimiento, saber y verdad. En Bracht, V. y R. Crisorio (Coord.), La Educación Física en Argentina y en Brasil. Identidad, desafíos y perspectivas. La Plata: Ediciones Al Margen.
  7. Disminución de la masa y de la fuerza muscular en el envejecimiento.
  8. La OMS es un organismo especializado, perteneciente a las Naciones Unidas y fundado en 1948, cuya autoridad directiva coordina la acción sanitaria mundial en materia de políticas públicas, apoyo técnico, vigilancia epidemiológica.
  9. La OPS también es miembro de las Naciones Unidas; su afiliación se circunscribe a la OMS. El rango de acción de la OPS se circunscribe al ámbito de los países de las Américas y dictamina por el sistema interamericano de salud.
  10. Reconocido psiquiatra y gerontólogo argentino que acuñó el concepto de viejismo.
  11. Sugerimos el reciente texto de Bravo Segal, S. y F. Villar (2020). La representación de los mayores en los medios durante la pandemia COVID-19: ¿hacia un refuerzo del edadismo? Revista española de geriatría y gerontología, 55(5), 266–271.
  12. Dado que este tema nos excede, no vamos a introducirnos en el debate o problematización de las diferentes líneas discursivas que la misma promueve.
  13. La Psicogerontología es una subdisciplina de la Psicología que estudia los procesos psíquicos durante la vejez y el envejecimiento (variables cognitivas, motoras, emocionales, etc.). Es un campo de conocimiento aplicado que intenta promover el bienestar y la calidad de vida de las personas mayores.
  14. En pocas palabras, queremos reflejar la crítica de las psicólogas argentinas Aguinaga y Tellez respecto de esta vertiente positiva en el campo de la Psicología de la vejez. Ellas sostienen que la Psicología se constituye en una tecnología, por el modo en que nomina e instituye las categorías que delimitan determinada realidad, así como por sus prácticas concretas de intervención. Respecto de estas últimas, la ciencia psicológica ha podido construir un nuevo paradigma sobre el envejecimiento y la vejez, que permite cuestionar la visión deficitaria y pasiva ampliamente extendida sobre estos tópicos. Sin embargo, es importante advertir sobre la posibilidad de que se generen nuevos ideales de vejez que tengan sobre los sujetos efectos tan aplastantes como los prejuicios que se intenta superar. Las autoras advierten que la particularidad del discurso psicológico, en numerosas ocasiones, estuvo caracterizada por una tendencia a normalizar y estandarizar la conducta y la subjetividad, con el fin de poder aprehenderla. Aguinaga C. y A. Tellez (2019). El envejecimiento desde la psicología: problemas y abordajes locales. En Iuliano, R. (Comp.) Vejez y envejecimiento. Aportes para la investigación y la intervención con adultos mayores desde las ciencias sociales, la psicología y la educación (p. 122). Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Recuperado de https://bit.ly/3sD8fqo.
  15. Nótese que hay que combatirlos.
  16. Nomenclatura usada indistintamente en los programas de las materias.
  17. México, Brasil, Uruguay y Argentina, entre otros países, forman parte de la Red Iberoamericana de Psicogerontología que ha celebrado congresos hasta el año 2015. La red fue creada en Argentina en el año 2005. En sus postulados indica la necesidad de desgeriatrizar la atención y el estudio de la población mayor; asimismo, diferenciar la Geriatría de la Gerontología y de la Psicogerontología en forma clara y evidente, con el objeto de que lxs profesionales de la salud tengan acceso a otras miradas y a otras experiencias.
  18. Sugerimos la lectura del capítulo 7 de Le Bretón, D. (1990). El envejecimiento intolerable: el cuerpo deshecho. En Antropología del cuerpo y modernidad (pp. 141-149). Buenos Aires: Nueva Visión.


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