Datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en su Comunicado de Prensa 396/23, “Estadísticas a propósito del día mundial de la población”, indican que, entre 1970 y 2023, la población de entre 0 y 14 años ha disminuido de 46 % a 23 %, mientras que la población adulta de entre 30 y 64 años aumentó de 24 % a 43 % (2023a, p. 3). Estos datos nos permiten observar un escenario prevalente: un país con un menor número de jóvenes y un mayor número de personas adultas, lo que se está dando de una manera acelerada. Así también, se destaca un importante aumento de la población adulta mayor (60-64 años), al pasar de 4 % a 10 % (INEGI, 2023a, p. 2). El envejecimiento demográfico implica nuevos retos sociales, culturales, educativos y de salud. Si bien podría considerarse como una oportunidad que actualmente exista un alto porcentaje de personas adultas en etapa productiva (y en un gran número sin pretensiones de jubilarse), resulta una tarea necesaria detenernos a reflexionar sobre el complejo panorama intergeneracional que a futuro se vislumbra en cuanto a las relaciones que surjan entre las distintas generaciones, dadas las circunstancias que se puedan presentar por el incremento de un grupo etario y la disminución de otro.
Actualmente, estamos viviendo una época que comienza a marcarse por ciertos determinantes entre grupos etarios: el acelerado envejecimiento demográfico nos ha mostrado las realidades a las que se enfrentan las personas adultas mayores, quienes por su condición padecen el abandono de sus familias y comunidades[1]. Tanto hombres como mujeres son estigmatizados con estereotipos y preconcepciones negativas para referir a la vejez como una etapa de la vida en “deterioro” y de “inutilidad”, pues, como indica Larrosa, “[el adulto mayor se vuelve una] carga social y económica para el Estado y sus familias […] desechos sociales, […] trastos obsoletos sin valor ni utilidad” (2007, p. 5). En contraparte, la juventud, ante la mirada adultocentrista, se visualiza como un sector rebelde, falto de experiencia, carente de madurez e irresponsable. El abandono, la falta de comprensión y el rechazo hacia el adulto mayor por parte de los jóvenes muestran las rupturas entre estos grupos etarios, dos extremos que, bajo la lógica social de la actualidad, difícilmente tienen posibilidad de reconciliación o de lograr un encuentro (Pérez, 2010). Relaciones sociales escasas, el abandono en las familias y comunidades y el aislamiento social por parte del adulto mayor y del joven están estrechamente vinculados con altas tasas de depresión, ansiedad e inclusive el suicidio (Gené-Badia et al., 2020).
Ante estas problemáticas, “tanto mayores como los jóvenes constituyen grupos de población crecientemente tutelados e institucionalizados” (Larrosa, 2007, p. 6). Programas y servicios gubernamentales han hecho de ambos sectores “clientelas” de asistencia pública y de control electoral, sometiéndolos al asistencialismo y al despojo de sus intereses e intenciones personales de crecimiento, para ser “observados y tomados en cuenta solo como potenciales votantes” (Larrosa, 2007, p. 6) o bien como dato estadístico para programas de salud o de desarrollo social como mecanismo de promoción política. Frente a estas circunstancias, surgieron las preguntas iniciales de esta investigación de intervención: ¿de qué manera se podría hacer posible la interacción de adultos mayores y jóvenes del pueblo de San Bartolo Ameyalco para que, en diálogos intergeneracionales, puedan expresar sus inquietudes, sus dudas, sus miedos, sus anhelos?; ¿qué puede aportar un encuentro intergeneracional en la relación de estos grupos etarios?; ¿de qué manera se podrían vincular las búsquedas de cada colectivo para generar propuestas de cambio y participación conjunta?
Estas nos llevaron a reconocer que es urgente volver a vertebrar a los grupos etarios, como el caso de la comunidad que se tomó para esta investigación de acción participativa (IAP). Proyecto en el que los colectivos pusieron de manifiesto dejar de separarlos, como si fueran tribus ajenas, incapaces de escucharse entre sí (Savater, 2015, p. 16). Si se busca la vinculación intergeneracional, es infructuoso trabajar sectariamente. Jóvenes y adultos mayores se observan como universos separados, distantes y lejos del entendimiento intergeneracional. Desde una visión neoliberal sectaria, las edades se convierten en brechas, en grandes obstáculos que impiden conjuntar identidades, sentimientos, pensamientos, haceres e ideales. El diálogo entre ellos se convierte en un ejercicio imposible, porque se considera inútil, a la vez que la premura y rapidez de la vida también lo impiden.
Pasado y presente antagonizan, se vuelve efímera la experiencia de la edad difuminándose obsoleta ante la voracidad de la tecnología, que ahora dicta las historias y se apodera de los saberes. Los encuentros entre generaciones se vuelven más complejos y en muchos casos imposibles: unos se aíslan en las soledades del ciberespacio, desapareciendo su presencia en el abismo de sus dispositivos tecnológicos; otros observan con melancolía su invisibilidad, su obsolescencia, su no significado ante aquellos que se niegan a mirarlos, añorando antaños donde las familias se podían ver, oír y reunir para convivir.
Las soledades, los olvidos, los rechazos y los sentimientos de exclusión en ambos sectores etarios, la necesidad del reencuentro social después de tiempos complejos como fueron los de la pandemia de COVID-19 (2019-2021), y el deseo de acompañar, dialogar, apoyar y consolar a otros después de la contingencia sanitaria fueron los principales detonantes para comenzar a gestar un proyecto comunitario intergeneracional que tendría como objetivo primordial el buscar un encuentro entre jóvenes y adultos mayores, a crear espacios de vinculación y convivencia abiertos al diálogo, donde se reaprendería a escuchar, a comprender el porqué de las omisiones, del olvido, de la indiferencia, como una vía para preparar nuestra mente y corazón para recibir y abrazar de nueva cuenta a nuestros abuelos, abuelas, nietos y nietas. Un espacio en donde no se les ponga a hacer las ocurrencias o actividades impuestas solo para perder el tiempo.
De estas intenciones comunitarias tanto de colectivos de encuentro de adultos mayores, como de jóvenes del pueblo de San Bartolo Ameyalco, se elaboró la propuesta de indagación e intervención educativa que aquí se presenta, de manera colectiva y colaborativa a la luz de las reflexiones y los cuestionamientos que siguen a continuación, formulados como preguntas iniciales en los siguientes términos: ¿qué nuevas formas de interrelación y de comprensión del contexto se darán al promover y realizar encuentros dialógicos entre jóvenes y adultos mayores del pueblo de San Bartolo Ameyalco?; ¿qué nuevas lecturas históricas, culturales y de convivencia surgirán de estos reencuentros?
El propósito de estos espacios de encuentro intergeneracional para adultos mayores y jóvenes sería el promover entre los integrantes de ambas colectividades la oportunidad de expresarse desde sus propias vivencias e historias personales. A través de un diálogo vivo (Gadamer, 1997, p. 669), que hiciera posible estimular la participación comunitaria y solidaria, entre adultos mayores y jóvenes compartiendo sus historias, comentando sus problemas, entendiendo el porqué de la separación etaria en la actualidad y buscando qué se puede hacer para erradicarla.
Dado que la IAP se nutre de las narrativas que surgen a partir de los diálogos entre grupos etarios, estas serán nuestro punto de partida y guía durante su trayecto. De sus voces se han de hilar los textos que nos hablen de sus historias, experiencias, sentires, temores e ilusiones. De su lectura, hemos de dirigirnos hacia la búsqueda de respuestas a los cuestionamientos del porqué del distanciamiento y la indiferencia entre generaciones. Escuchar y comprendernos permitirá mirarnos con ojos de compasión y ternura, entendiendo que la sociedad moderna neoliberal nos ha llevado a ser incapaces de hablarnos, de abrazarnos, de apoyarnos en tiempos donde la cultura de la violencia, competencia e indiferencia impregna todas las esferas de la actividad humana.
Para ello, la hermenéutica ha de sustentar nuestros pasos en la lectura de las narrativas intergeneracionales, ya que esta nos aporta una sólida base epistemológica para nuestro método, el de la IAP. Método en donde hemos de buscar esos puntos de encuentro que nos permitan mirarnos con compasión y solidaridad, entendiendo que somos humanos, falibles; sujetos que no nos debemos dejar cegar por nuestros prejuicios. Sino que tenemos que proceder con prudencia y empatía (Beuchot, 2021, p. 61). A través de esta manera de actuar, hemos de hallar caminos phróneticos[2] que nos permitan mirar a los otros como parte de un mundo que compartimos y que comprenderemos mejor si aprendemos y logramos dialogar de manera ética.
Para dar cuenta de lo realizado en esta IAP, en el capítulo uno se ha de encontrar el fundamento hermenéutico para el método de la IAP de esta investigación e intervención, partiendo desde un breve recorrido histórico de la hermenéutica para entender su historia y evolución a través del tiempo; de igual manera, se ha de plantear por qué la hermenéutica analógica ha de ser nuestra guía, proporcionalidad que dé sentido a la IAP como metodología transversal al proyecto de indagación intervención, y los aportes de la etnografía, como herramienta que nos lleve a sensibilizar el hacer educativo de aquel que investiga.
En el capítulo dos, se ha de explicitar el contexto comunitario en donde se desarrolla el proyecto de intervención. Así también, se han de describir los sujetos y su comunidad del pueblo de San Bartolo Ameyalco: su ubicación, sus características, su historia, sus costumbres, tradiciones, los mitos y las leyendas que cuentan las personas adultas mayores y, de algún modo, viven sus jóvenes. Los que dan sentido de identidad y vinculación entre las personas habitantes de la comunidad.
En el capítulo tres, se ha de explicitar de manera sucinta cómo es que comienzan a darse los primeros acercamientos entre colectivos de jóvenes y adultos mayores, hospitalidad generacional que se transforma en diálogo, convivencia, vinculación entre los diferentes grupos etarios.
En el capítulo cuatro, se han de exponer los primeros planteamientos para el diseño de la propuesta de intervención, los trabajos y las propuestas realizados tanto por el grupo de jóvenes como por el colectivo de adultos mayores, para buscar el acercamiento intergeneracional.
Finalmente, en el capítulo cinco, se ha de exponer cómo fue que se diseñó el proyecto de intervención intergeneracional, cuyo eje de acción sería el diálogo y la convivencia entre generaciones, y cómo se planteó y se elaboró una estrategia didáctica que diera estructura al proyecto de intervención, su calendarización y organización a partir de secuencias didácticas; para finalizar con la reflexión colectiva de las narrativas que surgieron a partir de temas detonantes como fueron la sexualidad y la muerte.
- Como plantea Rojas: “Hemos asistido a muchísimos inventos y progreso en todos los ramos: medicina, comunicación, computación, etc.; pero, al mismo tiempo, somos testigos de dolorosas contradicciones y éstas son, entre las muchas: la pérdida de valores, drogadicción, pornografía, miseria, desintegración familiar, violencia, corrupción. Todo esto ha acarreado que la convivencia en la sociedad sea más y más difícil, y que cada vez nos enfrentemos a la llamada ley de la selva, misma que dicta que sobrevivirá el más fuerte. Entre la juventud, [y adultos mayores] el escenario general es desalentador: ya no ven en la familia la célula de la sociedad y cada vez con más frecuencia se refugian en grupos no tan sanos para encontrar la comprensión y apoyo que no encuentran en casa” (2006, párr. 1).↵
- De acuerdo con Beuchot: “… el mismo acto interpretativo tiene el modelo de la phrónesis; y, en consecuencia, con ello podemos añadir que se puede cultivar la virtud hermenéutica, de modo parecido a como se cultiva la virtud de la phrónesis” (2007c, p. 522).↵






