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Resumen

Esta investigación se propone la elucidación de los conceptos provenientes de las fuentes de la tradición judía en la obra de Walter Benjamin. La tarea consiste en indagar y explicitar nociones procedentes de la teología judía que de diferentes maneras, a veces más expuestas y otras de un modo más subterráneo, acompañan los textos del autor berlinés.

Lejos de las posiciones que se instalan en la discusión de la primacía de los aspectos teológicos en oposición a los aspectos materialistas o viceversa, nuestra lectura entiende la tensión recíproca que subsiste entre ambos sentidos, pero no se emplaza allí, sino que pretende desplegar los conceptos de la espiritualidad judía con miras a ampliar la lectura y la comprensión de determinadas temáticas de su obra, en un trabajo que combina el análisis conceptual y la contextualización histórica. El nodo de nuestro interés particular es la imbricación entre lenguaje, narración y justicia que Benjamin instala en su lectura de la modernidad.

La pérdida de la experiencia es la insignia del inicio de la modernidad. El avance de las tecnologías y la aparición de la imprenta, de los periódicos y la novela modifican de manera sustantiva los modos de concebir el tiempo, así como también los nuevos medios de transporte alteran la percepción de las distancias y del espacio. Benjamin y su generación de judíos alemanes habitan en Mitteleuropa en los años de horror de las primeras décadas del siglo XX. En medio de una vida errática y de exilio, comparten su mirada de espanto y sus preocupaciones por las manifestaciones violentas devenidas del ímpetu del progreso, del esfuerzo incondicional por la homologación y por la insistencia en la clasificación.

Es a contrapelo a ello y en consonancia con conceptos ligados a la espiritualidad judía, que Benjamin atesora los tejidos de una narración artesanal que convoca a la escucha, al estar atentos, a prestar atención a las criaturas que forman parte del mundo, a oír un consejo en el devenir de la multiplicidad de las historias. Su proyecto resiste los modos estancos en que la historia fue dicha y nos insta a abordar la tarea de rememorar, de hacer justicia a aquello que no pudo ser; renovar el mundo –dirá Benjamin– es el instinto del coleccionista de libros antiguos cuyo acto se liga con el encuentro próximo al origen.

La alianza de la teología parece a primera vista extraña. Pero su mutua participación expande los límites de la inteligibilidad para la comprensión del lenguaje y de la historia. El uso de la poética forma parte de su propuesta política del decir que todo no puede ser dicho. El lenguaje mismo, la experiencia del lenguaje, de la multiplicidad de lenguajes es la expresión misma de la imposibilidad de decirlo todo.

La primera parte de este escrito contempla el contexto histórico político y una presentación de las fuentes y los conceptos centrales de la tradición judía. En la segunda parte se analizan la temática del mal y de la violencia. El tercer apartado se concentra en el lenguaje, los capítulos remiten al texto de 1916, a la traducción y a la narración en su vinculación teológica –con especial atención a la figura del Tzadik como hombre justo–. La cuarta y última parte estudia la rememoración, la tarea de una memoria colectiva como acto de justicia con el pasado pendiente, el ensayo de Kafka, los conceptos de Halajá y Hagadá y la literatura que propone el materialismo antropológico.



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