Ante todo a la Universidad pública. Al Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, que recibió mi proyecto de investigación con generosidad y entusiasmo. A la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, por albergarme como docente e investigadora. A los docentes, personal administrativo, colegas, alumnos e investigadores de ambas instituciones con quienes he compartido y comparto inquietudes. En especial a los compañeros con los que hace más de diez años nos reunimos a estudiar y analizar la obra de Walter Benjamin bajo la dirección de Anabella Di Pego, a Paula Viglione, Constanza Storani, Matías Alvarez, Ludmila Hlebovich y al grupo extendido del resto del país con quienes participamos en congresos, jornadas e intercambios.
A Anabella Di Pego y a Emmanuel Taub directores indispensables de esta tesis, mi gratitud infinita. El acompañamiento permanente, la lectura meticulosa, sus comentarios, sugerencias y observaciones no solo me acompañaron sino que fueron imprescindibles para que esta tesis pueda plasmarse. Fuente de confianza y estímulo han potenciado mi propuesta y han enriquecido los diálogos intelectuales.
A Edgardo Castro, director de mi tesis de maestría. Un agradecimiento especial a Enzo Traverso, Alexandre Fernandez Vaz, Silvina Allegretti, Jaime Rosenfeld, Natalia Tacetta, Laura Efron, a Martina Weisz y Manuela Consonni de The Hebrew University of Jerusalem, a Francisco Naishtat, Paula Tomassoni, Alejandra Esponda, Norberto y Jaia Roguin, a los miembros del centro Sefarad Israel y a mi familia por la lectura directa o el acompañamiento indirecto, en algunos casos académico e intelectual y en otros por la escucha y el apoyo necesario en estos años de investigación y escritura.
Por supuesto, por la eterna paciencia y amor a mis hijos Imanuel, Tobías y Sarah que más allá de su voluntad quedan introducidos en el tema de investigación. Por último mi especial agradecimiento a Guillermo Beilinson por sus traducciones, su inconmensurable conocimiento de la literatura tradicional judía y por ser un interlocutor y compañero indispensable en el diálogo, en la vida y en las reflexiones cotidianas que han forjado este trabajo.







