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Prólogo

Paula Caldo

Un prólogo es un texto breve situado en las primeras páginas de un libro cuyo fin es tanto oficiar de presentación como de invitación a la lectura. Presentar e invitar son dos verbos que proyectan prácticas diferentes sobre una obra. Es decir, por un lado, hacen explícita su existencia, pero por otro, procuran contagiar a los lectores y a las lectoras con el deseo de sumergirse en la lectura. En otras palabras, un prólogo, lejos de ser un resumen, es un texto que sugiere y motiva. Y para eso entendemos que es crucial marcar argumentos que hacen necesaria e incluso obligatoria esa lectura. Por lo cual y en las líneas que siguen nos dedicaremos a contagiar el entusiasmo de leer la investigación transformada en libro que nos ofrece Micaela Pellegrini Malpiedi.

Pellegrini Malpiedi dedicó parte de su carrera como investigadora a la realización de una pesquisa sobre la vida y la obra de Leticia Cossettini. Tarea nada sencilla en tanto las hermanas Cossettini en general y Leticia en particular han sido recurrentemente estudiadas. No obstante, las preguntas de investigación y el enfoque metodológico que construyó la autora de este libro arrojan nuevas claves de interpretación sobre la trayectoria de Leticia, pero, y lo que es más importante aún, generan una analítica que es factible de réplica en el estudio de la vida de otras maestras. Justamente porque no solo se enuncian las trayectorias de un personaje, sino también la trama analítica que permite nombrarlo.

Escribir biografías no es una tarea simple, justamente porque la sustancialidad del relato depende de la capacidad de dejar huellas de cada sujeto que pasó por la historia. Es decir, más allá de la destreza con la pluma de quien asuma la escritura y del conocimiento del contexto que se posea, es condición sine qua non contar con documentos para trazar los episodios que componen la trama de una vida. Sabido es que algunos sujetos tienen capacidad de dejar huellas y además de generar relevancia para que las generaciones posteriores decidan conservarlas a través del tiempo. Pero otros sujetos no, rápidamente sus existencias se vuelven finitas y las marcas dejadas desaparecen en simultáneo con sus vidas. A su vez, la sociedad moderna generó unas políticas de archivos que privilegiaron la conservación de documentación de carácter institucional/colectiva; las que se vinculan con prácticas políticas, económicas o bélicas y, finalmente, las relativas al universo de los varones. Esto última gravita con tal peso que, muchas veces, los mismos fondos documentales de mujeres están ordenados bajo nomencladores masculinos. En esta lógica, las marcas particulares de las mujeres, esas que se asentaron por la singularidad de la dama actuante, fueron reiteradamente desechadas. Incluso las mismas mujeres nos encargamos de borrarlas, por considerarlas íntimas y a veces detractoras de nuestra moral o proyección pública. Entonces, escribir biografías de mujeres es una tarea compleja porque implica tramitar las censuras oficiales (institucionales, sociales, entre otras), pero también las del propio género femenino.

Justamente, la riqueza del trabajo de Micaela Pellegrini Malpiedi es la destreza lograda para desafiar los límites socialmente impuestos tanto a los documentos como a la escritura biográfica específica de mujeres. A lo largo de su texto, Micaela nos presenta a Leticia Cossettini. Para la escucha argentina en general y la santafesina en particular, este es un nombre recurrentemente pronunciado. Sin embargo, la lucidez y originalidad de esta nueva investigación reside en la construcción de una entrada metodológica que discute y pone en valor los dilemas de la escritura biográfica. En otras palabras, conocemos a Leticia por el relato que la historia de la educación, basada en los documentos conservados, nos contó. Ese relato nació al calor de los vicios que expusimos renglones arriba: la historia de las instituciones fagocita el tránsito de los sujetos encorsetándolos en patrones comunes. Estas selecciones y preferencias adquieren mayor contundencia cuando de mujeres se trata. Las maestras tienen una historia que condensa en vivencias comunes, más aún si destinaron sus vidas a la tarea docente, renunciando así a los lazos maritales, a la maternidad como también a otros oficios y profesiones.

Entonces, la genialidad del trabajo de Pellegrini Malpiedi anida en la construcción de una entrada metodológica original para volver a reflexionar sobre la vida de Leticia. La autora establece una lectura a contrapelo cruzando las condiciones de posibilidad que habilita la tensión entre efectos biográficos y antibiográficos sobre la vida de los sujetos.

Es decir, si la biografía ordena de manera escrita los episodios de la vida de una persona, la antibiografía da cuenta de las manifestaciones de la sociedad que conllevan a la invisibilización de la existencia de ciertos sujetos o de ciertos episodios. Sin dudas, las mujeres en general somos víctimas recurrentes de efectos antibiográficos, en tanto la cultura moderna ponderó lo masculino como sujeto y objeto de la escritura. Sin embargo, algunas mujeres fueron capturadas por el relato biográfico en tanto familiares de varones destacados (esposas, madres, hijas, hermanas de…) o por inscribirse en colectivos sociales: las maestras, las escritoras, las periodistas, las obreras, las primeras graduadas, entre otras. Entonces, ya sea al amparo de los varones o de las instituciones se habló de mujeres en la historia. Pero el trabajo de Pellegrini Malpiedi muestra los mecanismos que solaparon las vidas singulares de las mujeres a los fines de hablar de Leticia sospechando de las fuentes, preguntándose por los relatos consabidos, intentando ir más allá pese a los silencios heurísticos, preguntándose por los motivos de esos silencios. De este modo, aunque se vuelva a afirmar la existencia de una Leticia maestra ya no tenemos frente a nuestros ojos a una heroína, sino a una docente que fue afectada por instancias sociales e históricas comunes a muchas otras mujeres del Magisterio. Micaela recupera las condiciones de posibilidad histórica para hablar de las maestras en general y de Leticia en particular. Una historia de solapamientos que, bajo sus velos, deja oculta una miríada de experiencias que aún tiene conos de sombra, no porque la existencia se niegue sino porque los criterios de conservación solo ponderan aquellos documentos que aluden a los temas de agendas que cada época fija. En otras palabras, la riqueza de este libro está en presentar a una Leticia en la intersección de la apuesta biográfica y la antibiográfica, una Leticia afectada por dramas comunes a tantas otras mujeres del Magisterio.



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